Hola mis niñas y niños lectores. Es muy tarde y sé que tardé en publicar pero espero que valga la pena la espera. Diez mil millones de gracias a matocro, the lady nott, dark ryuk, valery ahn y mary021 por sus reviews. Este es para ustedes.
TO BE WITH YOU
By Aurum Black
Capítulo 8
Sálvame
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Cedric había vuelto a su departamento con cierto tipo de preocupación, pues no le parecía muy adecuado haber dejado sola a Ginny. Sin embargo tuvo que recordarse que ella no estaba sola. Estaba con su amiga Granger y además en un hospital lleno de sanadores y enfermeras. Era demasiado tonto y egocéntrico pensar que si no estaba él significaba que la dejaba sola, sin embargo le hubiera gustado que así fuera para poder tener una excusa para quedarse con ella.
Sabía que no debía tener ese tipo de pensamientos, pero había pasado las últimas horas a su lado, tan sólo observándola dormir, admirando su belleza y sintiendo deseos de proteger su fragilidad. Finalmente cuando ella despertó, las circunstancias giraron de una forma que ninguno de los dos anticipó, y sin saber muy bien cómo, él había terminado besándola. Aún no podía creer de dónde había sacado el valor y la motivación para hacerlo, pero se agradecía a sí mismo por ello ya que no sabía ni quería pensar en si alguna vez volvería a verla después de que saliera de San Mungo.
Mientras se daba una ducha no dejó de pensar en ella y en todo lo que habían vivido tres años atrás. Recordando cada plática y cada momento, repasando en su mente todo lo que le había maravillado de aquella dulce e inocente niña. Su espontaneidad, su sencillez, su sonrisa… sobre todo su sonrisa… En ese entonces ni siquiera se detuvo a meditar lo que estaba pasando entre ambos y lo que ella le había hecho sentir. Aunque hubiera querido no lo hubiera podido descifrar. Sin embargo durante el tiempo que estuvo en América se dio cuenta que había sido algo muy profundo e intenso, algo que nunca más volvería a experimentar. No sabía qué era lo que tenía Ginny, pero había conseguido robarle el sueño de muchísimas noches. Mientras más días pasó tan lejos de Inglaterra, más se convenció de que se había enamorado de ella. Durante un tiempo conservó la esperanza de regresar y retomar su historia donde la habían dejado, pero casi enseguida su ilusión se despedazó cuando Luna le informó que Ginny había comenzado a salir con Potter. Entonces supo que sus posibilidades con ella se habían reducido por completo hasta desaparecer. Así que le pidió a Luna que no le volviera a mencionar nada concerniente a Ginny, ni su vida, ni sus pláticas, ni siquiera su nombre. Fue algo muy estúpido, egoísta e inmaduro, pero estaba dolido, desilusionado y no sabía que más hacer. Además no había sido fácil, sobre todo por la testarudez de su amiga.
Cedric sonrió al recordar a Luna. Primero lo había amenazado para que no se acercara a Ginny y al final, cuando él ya se encontraba en América y decidió confesarle a Luna lo que sentía en realidad… ella pareció cambiar su forma de pensar. O tal vez simplemente se sintió culpable o arrepentida por haberse entrometido entre ambos, nunca lo supo. Más tuvo que aguantar las constantes primeras pláticas en que no dejaba de mencionar a Ginny cuando ya no había nada que hacer. Cuando ya no existía un "quizá". Con el tiempo dejó de estar en contacto con Luna y bajo la idea de que ya no volvería a ver a Ginny, la fue olvidando.
Pero eso no era cierto. Los hechos de las últimas horas le habían dejado claro que no la había olvidado. Tal vez la mente olvida pero no el corazón. Salió del baño azotando la puerta tras de sí, maldiciéndose internamente por pensar cosas tan cursis y absurdas. Seguramente la soledad ya le había freído el cerebro. Sin embargo por más que intentó pensar con la cabeza fría no pudo evitar llegar a una conclusión: que obviamente quería volver a verla. Tras varios minutos de meditación decidió que debía invitarla a salir, nada muy formal ni que pudiera intimidarla. Sólo un par de conocidos que no se han visto en mucho tiempo y se ponen al día con sus vidas mientras toman un inocente café. Nada difícil. No tenía por qué serlo, sólo debía actuar natural y… claro… esperar que ella aceptara. Debía convencerla (y tal vez convencerse a sí mismo también) de que sólo sería una salida de amigos, pues después de todo podía ser lo único que debía esperar de ella, ya que lo que sabía de su vida era muy difuso y en gran medida sólo eran chismes de una revista.
Cuando estuvo acostado en su cama supo que no podría engañar a nadie que lo conociera. Para su fortuna no había mucha gente que lo conociera bien en Inglaterra, así que el único problema era que no se podría engañar a sí mismo. Era más que obvio que no quería solamente la amistad de Ginny. Ella le fascinaba. La había gustado tres años atrás, pero ahora le parecía demasiado atractiva. No sabía a ciencia cierta si era por todo ese tiempo que no la había visto y por la añoranza de lo que había sucedido entre ellos, o porque simplemente su belleza había florecido abruptamente. Ginny le atraía sobremanera y sin embargo ese no era su mayor problema. ¿Qué iba a hacer si comenzaba a sentirse enamorado de nuevo? Apagó las luces con su varita y se acomodó para dormir mientras pensaba que ese ni siquiera era el mayor de los problemas. El peor escenario era que él volviera a sentirse enamorado y que ella no le correspondiera. Tras un par de segundos el cansancio recayó sobre él envolviéndolo en un sueño muy profundo.
Un par de horas después se despertó sintiéndose nervioso. Desde que salió del hospital no había pasado un minuto sin pensar en Ginny, y no sabía si ella lo recordaría siquiera. Le llevó poco tiempo estar listo y después de comer algo ligero, regresó a San Mungo. Se sentía demasiado ansioso, pero tenía que controlarse y pasar a revisarla. No sabía cómo la encontraría, ya que había tenido unos altibajos de humor demasiado drásticos, así que decidió ser cauteloso. Pero cuando se encontró frente a la puerta de su habitación, escuchó algo que lo dejó helado.
-¡POR MERLÍN GINNY! –gritó Granger desde dentro-¡POR MERLÍN!
-¿Qué? –dijo Ginny entre risas
-¡¿Cómo que qué?! ¡Besaste a Cedric Diggory! ¡Y los dos estaban en paños menores!
Cedric contuvo la respiración completamente asombrado.
-¡Diablos Hermione! ¿Quieres que todo el hospital se entere?
¡Estaban hablando de él! ¡De ellos dos! Precisamente de un momento específico en que habían estado en paños menores. Se quedó intrigado. Se podían estar refiriendo a dos situaciones en particular: o al juego en casa de Bob o a cuando la sedujo en su propio departamento después de la fiesta de despedida de Ethan. Cedric se acercó un poco más a la puerta pues habían bajado la voz.
-¿Pues qué podía yo hacer?- escuchó decir a Ginny -Me había quedado en shock mientras el juego seguía. Me temblaba todo y Cedric me ponía más nerviosa porque no dejaba de mirarme con su estúpida y seductora sonrisa. No tienes idea de cuántas ganas tenía de lanzarme sobre él otra vez…
Definitivamente se referían al juego en casa de Bob. Entonces Cedric retrocedió con una sonrisa triunfal en el rostro. No sólo se encontraba pensando en él, sino que le estaba contando a su amiga pasajes de la historia entre ambos y parecía que con lujo de detalle. Decidió dejar que su plática siguiera y regresar a revisarla después. A pesar de que deseaba seguir escuchándola, se dirigió a otro lugar del hospital, sin poder evitar la sonrisa que Ginny acababa de describir como estúpida y seductora. Suspiró extasiado mientras se disponía a atender a otros pacientes. Tal vez el destino iba a darle una nueva oportunidad.
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-Wow –dijo Hermione con expresión abatida después de que ella acabara de contarle toda su historia con Cedric tres años atrás -¿Así que sólo se fue… y ya?
Ginny asintió con pesar. Se fue y ya. No hubo más. Su corta historia apenas iba comenzando cuando súbitamente terminó.
-¿Y ya? –insistió Hermione como negándose a creer lo que le afirmaba -¿Se acabó? ¿No regresó?
-No, no volví a verlo, no pasó nada más. Después que él se fue yo… -Ginny suspiró con tristeza–Pasé meses sin dejar de pensar en él. Llegué a creer que nunca podría olvidarlo… hasta que…
-Harry… -susurró Hermione uniendo las piezas faltantes. Ginny asintió.
-Yo había perdido el interés por Harry y de alguna forma eso lo motivó para insistirme e insistirme. Me buscaba constantemente, se portaba amable y comprensivo, llegaba cada día con todo tipo de regalos y sorpresas… Hizo todo lo posible para conquistarme hasta que acepté ser su novia –dijo con tristeza y bajo la vista hacia sus manos –La verdad al principio de nuestra relación aún seguía pensando en Cedric, pero lo alejé de mi mente en cuanto Harry me propuso matrimonio. Fue tan inesperado para mí, como salido de la nada… de golpe volví a ilusionarme y terminé enamorada de Harry otra vez.
-¿Así que de eso se trata? –dijo de pronto Hermione
-¿Cuál? –preguntó confundida volteando a verla
-Estás usando a Cedric.
-¿De qué hablas?
-Estás esperando que la historia se repita. Por eso te vi besándolo, porque quieres darle celos a Harry y que vuelva a querer estar contigo ¿O me equivoco?
-¡Claro que te equivocas! –soltó Ginny con indignación- No lo hice a propósito hace tres años y mucho menos esperaba repetirlo, no tenía idea de que Cedric estaba en el país… ¿Cómo te atreves a pensar que yo haría algo así?
-No lo dije para ofenderte, Ginny –le dijo suavizando su voz –Perdón… es sólo que ya ni siquiera sé que pensar. Todo lo que me contaste hoy… no sé… a veces siento que no te conozco –Ambas se quedaron en silencio por un momento y Ginny desvió la mirada sin saber qué contestarle- Por favor háblame, dime qué sientes…
-Hermione… -susurró ella negando con la cabeza
-¿Por qué Harry y tu rompieron su compromiso?
Otra vez el silencio reinó por unos instantes que se sintieron eternos. Ginny soltó un suspiro de frustración. No podía hablar, no podía contarle la verdad a nadie.
-Perdóname tú a mí, pero no puedo hablar de eso. No voy a hacerlo nunca.
-¿Por qué eres tan testaruda? –Espetó Hermione levantándose y dando un par de pasos dentro de la habitación –Yo sólo quiero ayudarte, quiero entenderte… ¿Por qué te empeñas tanto en hacerte la víctima?
-¿Hacerme la víctima? –Gritó y después soltó una falsa carcajada –¡No soy de piedra Hermione! Si me lastiman me duele, yo no fui la culpable de que él… -se detuvo un segundo con el corazón acelerado –¡Fue él quien me lastimó!
-Eso es lo que tú dices…
-JA. Ahora resulta que la historia es al revés ¿no?
-Pues por lo menos hasta donde yo sé, sí. Tu nunca me has querido contar tu versión de los hechos, entonces sólo puedo quedarme con la versión de Harry.
-¿Qué diablos estás insinuando?
-No lo insinúo, es la verdad. A diferencia de ti que nunca has podido sincerarte y sólo contestas con evasivas todo el tiempo, Harry me ha abierto su corazón y me ha contado lo que siente...
-¿Pero qué mierda te ha dicho? ¡Seguramente son mentiras!
-No es sólo lo que él me ha dicho, sino lo que todos vemos.
-¿Todos?
-Tus hermanos, tus padres, tus amigos cercanos… ¿Crees que soy la única que se entera de tus borracheras y tus acostones con medio mundo?
-Pero yo no…
-¡Despierta Ginny! Si no te acercas a decirnos la verdad no podemos adivinarla y nos quedamos con los chismes y habladurías. ¡Ponte en nuestro lugar! Si tú te alejaste de todos y has adoptado una vida de desorden mientras Harry continua entrando a la casa de tus padres ¿Qué quieres que pensemos?
-Yo esperaría que no se metieran en lo que no les incumbe
-¡Por favor! Ya madura y acepta que fuiste tú la culpable de que tu relación con Harry terminara.
Fue como un golpe sordo en el pecho que la dejó sin aire. Abrió la boca con incredulidad pero no pudo emitir ningún sonido… así que eso era lo que pensaba su propia familia. Una cosa era que lo sospechara, pero ahora Hermione se lo comprobaba. Dobló sus rodillas y las acercó a su pecho abrazando sus piernas y hundió la cabeza sobre ellas. Claro que era su culpa, pero no por las razones que ellos seguramente creían. Su vida era un desastre y todo por no haber tenido los pantalones para gritarle al mundo lo que Harry Potter le había hecho. Se quedó ahí concentrándose en su respiración. Un momento, mil momentos más. Sin saber exactamente cuánto tiempo más había pasado, se oyó que alguien llamaba a la puerta con un par de golpes secos.
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Cedric había atendido a una gran cantidad de pacientes en tan sólo un par de horas, cosa que atribuyó a su buen humor. Sin embargo no se esperó que ese buen humor cambiara súbitamente tras decidir que era momento de ir a ver a Ginny. Escuchó las voces desde antes de llegar a su puerta pero no prestó atención a lo que decían, hasta que se encontró con el puño a punto de tocar la madera y la mención de su nombre lo detuvo.
-Estás usando a Cedric.
-¿De qué hablas?
-Estás esperando que la historia se repita. Por eso te vi besándolo, porque quieres darle celos a Harry y que vuelva a querer estar contigo ¿O me equivoco?
-¡Claro que te equivocas! No lo hice a propósito hace tres años y mucho menos esperaba repetirlo, no tenía idea de que Cedric estaba en el país… ¿Cómo te atreves a pensar que yo haría algo así?
Escogió el peor momento para ir a verla. Sin tocar la puerta, retrocedió un paso con las palabras de Granger repitiéndose una y otra vez en su cerebro. Estás usando a Cedric. No. Se dijo sacudiendo la cabeza, ella no le haría algo así, por lo menos no conscientemente. Frunció el ceño inconforme. Ese último pensamiento no le gustaba, no quería que ella lo usara de ningún modo. Sin embargo sabía que Ginny no pretendía usarlo porque a) en verdad no sabía que él había vuelto y b) él la había besado a ella y no al revés.
-¿Por qué Harry y tu rompieron su compromiso?
Cedric volvió a prestarle atención a la conversación. Volvió a acercarse a la puerta, esperando expectante por la respuesta que le causaba tanta curiosidad y después de un silencio prolongado escuchó decir a Ginny:
-Perdóname tú a mí, pero no puedo hablar de eso. No voy a hacerlo nunca.
Entonces dio media vuelta y volvió a alejarse de aquella habitación, sintiéndose arrepentido y avergonzado por haber estado husmeando. Regresó a atender a un paciente más, pero ya no se encontraba feliz sino desconcertado. Había sido demasiado positivo con respecto a Ginny y era demasiado iluso esperar salir con ella aunque fuera sólo como amigos. Ella traía a cuestas una relación de la que no se podía deshacer y no era el momento ideal como para entrometerse. Le hubiera gustado seguir recibiendo más pacientes pero la sanadora encargada de llevar el registro de enfermos lo presionó hasta que no tuvo más remedio que regresar otra vez, en un tercer intento para revisar a Ginny y saber si ya se le podía dar de alta.
Esta vez cuando llegó a la puerta sólo había silencio y entonces se animó a tocar un par de veces. No obtuvo respuesta así que abrió con cuidado, para encontrar a Hermione en una esquina de la habitación y a Ginny abrazando sus piernas, sentada sobre la cama. Levantó la cabeza al escuchar el crujido de la puerta y al verlo entrar se acomodó correctamente.
-¿Cómo estás? –le preguntó acercándose a ella
-Bien. Sólo que estoy… cansada –le dijo con voz apagada –Bueno, no cansada de agotamiento o dolor sino que estoy cansada de estar aquí... –volteó a verlo con una mirada llena de tristeza -¿Ya puedo irme?
Le hubiera gustado ofrecerle algún tipo de consuelo, pero en lugar de eso sólo se limitó a decir:
-Eso es lo que vengo a revisar, si todo está bien te daré de alta hoy mismo.
En ese instante entró a la habitación Annia llevándole los papeles que debía firmar y llenar. Hermione pareció aprovechar la presencia de la chica para disculparse y salir un momento, dejándolos en la labor de revisar a Ginny. Entre Annia y él la recostaron, la escanearon con sus varitas y la llenaron de hechizos mientras pequeñas luces entraban y salían de su pequeño cuerpo.
-Auch –dijo ella ante el hechizo que Annia le había hecho en un costado -¿Qué fue eso?
-Una costilla que no había quedado bien reparada -le contestó Annia con voz amable
-Wow ¿Me rompí una costilla?
Cedric no pudo evitar notar el asombro inocente de su voz. Sonrió casi sin querer.
-En realidad fueron cuatro -aclaró Annia mientras seguían revisándola.
-¡¿Cuatro?! ¡Uf!... Debió haber sido un accidente horrible.
-Lo fue -afirmó Annia con reproche -No te imaginas lo mal que llegaste.
-No debió ser tan malo...
-Ya lo creo que sí... ¿Verdad Cedric?
Ginny volteó a verlo como esperando que le diera la razón y le dijera que no había sido nada grave. De verdad no tenía idea de lo cerca que estuvo de morir.
-Llegaste con un pulmón perforado -dijo él mientras hacía que se sentara nuevamente y proseguía con los hechizos de sanación - con los huesos de tu brazo y mano destrozados, una pierna aplastada, varios órganos lastimados y las cuatro costillas rotas.
Ginny abrió los ojos y la boca en una mueca de sorpresa, como negándose a creerle. No pudo apartar la vista de su cara y la expresión que fue cambiando mientras iba asimilando sus palabras. Después bajó la vista y no dijo nada más. Él siguió observándola atento, preguntándose que estaría pensando.
-Te faltó mencionar la lesión del cerebro -añadió Annia de pronto, haciendo que Ginny volteara a verla -Tuviste suerte de que Cedric estuviera aquí, porque los demás sanadores no hubieran podido reparar eso.
-¿De verdad? -le preguntó Ginny girando su cabeza para verlo a lo que él sólo se encogió de hombros. Aunque era cierto, prefería ser modesto. Ginny sólo suspiró - Gracias... -susurró de pronto -A ambos, yo... no sé qué más decir...
-Pues no digas más, sólo promete que no volverás a conducir tan mal -le contestó Annia con una sonrisa y entonces tomó varios papeles que había ido llenando y después de despedirse de Ginny, salió de la habitación.
A pesar de que se habían quedado solos, Ginny sintió que Cedric se encontraba en otro mundo. Ella volvió a recostarse mientras lo veía ensimismado en su labor de sanador. Murmuraba hechizos, esperaba un par de segundos y luego hacía anotaciones en varios papeles. Le pareció adorable la cantidad de concentración que mostraba, sobre todo le encantó la forma en que arrugaba su frente al pensar. Ginny pensó que le daba un aire de sabiduría. Se permitió desear por un segundo que ojalá nunca hubiera tenido que irse a América a hacer su maldita especialización... aunque enseguida se dio cuenta que esa especialización era esa la razón por la que seguía viva. Siguió absorta con su mirada posada en él, en su cara, en su cabello, en sus manos. Alcanzó a leer el bordado de su bata que rezaba S. C. Diggory y entonces sintió la necesidad de preguntarle por su vida. Quería saber cómo había estado y qué había hecho en todo ese tiempo, pero después se arrepintió. No sabía si podría escucharlo decir que tenía una vida maravillosa. Se alegraría por él, claro. Él se merecía eso y muchísimo más, pero no estaba segura de si quería escucharle hablar de alguna novia… o tal vez una esposa y hasta hijos... Pero entonces dio un respingo mudo. ¡Él la había besado! ¡La había besado y tal vez tenía una esposa!... Ojalá no estuviera casado porque no le gustaba arruinar matrimonios, cosa que a cierta sección de chismes de Corazón de Bruja le gustaba afirmar. No pudo evitar mirar sus labios. Esos cálidos y dulces labios…
Bueno, pensó, tal vez podría hacer una excepción con Cedric a pesar de que estuviera casado... Y entonces reaccionó, ¿Qué demonios estaba pensando? ¿Cómo que una excepción? Sacudió la cabeza sintiéndose avergonzada de sí misma y luego sin poder detenerse, volvió a clavar su mirada en él, pero esta vez él pareció notarlo y la atrapó viéndolo.
-¿Qué? -le dijo con un atisbo de sonrisa en el rostro
-¿Qué de qué? -respondió ella a la defensiva intentando no sonrojarse. Él sólo rio y entonces tomó una carpeta de la mesa y acomodó los nuevos papeles en ella.
-Hay una duda que quisiera que me resolvieras -le dijo él sentándose en una de las sillas junto a su cama.
-Ok -contestó ella con nerviosismo sin saber qué esperar.
Él tomó la carpeta y la dejó sobre la cama, junto a sus piernas.
-No entiendo por qué tu expediente está lleno de registros de heridas simples, como rasguños o golpes leves... pero al analizarte el hechizo que ayuda a saber las curaciones que has tenido, arroja muchas otras lesiones recientes que son más graves, como quemaduras o huesos rotos y todos esos muestran rastros de que no fueron sanados en un hospital...
Se quedaron en silencio por un instante en el que ella esperaba poder quedarse sin contestar, pero la mirada de Cedric era abrasadora y entonces supo que no se iría sin una respuesta.
-Vas a regañarme. Mejor dejémoslo así...
-Ginny...
-Ash, está bien... -le dijo a regañadientes - La verdad es que a veces yo... me curo sola. Digo, no es la gran ciencia, un hueso roto o una herida tonta ¿para qué quitarle el tiempo a los sanadores con algo que puedo reparar yo misma? Además… sin ganas de ofender, pero no soporto los hospitales.
Él soltó una risa suave pero sacudió su cabeza.
-¿Y entonces por qué vienes tan seguido?
-Porque no vengo sola. Cuando vengo al hospital es porque traigo heridos de alguna misión. No vengo a que me revisen a mí... pero la gente del hospital insiste, sobre todo Annia, así que... dejo que me curen -se encogió de hombros mientras él la miraba con una sonrisa que no pudo devolverle aunque lo intentó.
Justo en ese momento apareció Hermione con ropa suya para que pudiera cambiarse. Cedric la hizo firmar los papeles del alta de Ginny y cuando ella estaba esperando algún tipo de plática o despedida especial, tal vez hasta algún abrazo, él sólo dijo:
-Si llegas a sentirte mal no dudes en venir.
Y tras dedicarle una sonrisa amable salió de la habitación dejándole un pequeño vacío en el estómago. Unos minutos después, Hermione y ella dejaron San Mungo.
Su aparatoso accidente le había dado derecho a tres días de incapacidad en el trabajo, sin embargo a mitad del primer día sintió deseos de mandar al diablo sus días de descanso y regresar al ministerio de lo aburrida y sola que se sentía. Se abstuvo de hacerlo porque seguramente Tonks la mandaría de regreso en cuanto entrara a la oficina de aurores y también porque no quería ver a Harry. Si pensarlo la ponía tan mal, no sabía qué pasaría cuando volviera a tenerlo frente a ella. Se sentía tan estúpida por haber reaccionado así al verlo con Cho Chang, sentía tanta vergüenza por haber llorado frente a tanta gente por su causa… Lo peor de todo es que sabía que Harry le haría pagar por ese momento de debilidad. Él aprovecharía para burlarse de ella en cualquier oportunidad pues le había demostrado lo mucho que le seguía importando, dándole el poder para jugar con ella todo lo que quisiera. Por más que se hiciera la fuerte y tratara de mostrarle indiferencia ya no podría engañarlo más.
Con cada hora que pasaba iba sintiéndose peor. No podía dejar de pensar cosas y no podía dejar de sentirse patética, sola y triste. No tenía a nadie con quien estar. No tenía amigos sinceros y su propia familia pensaba lo peor de ella. Tres días pasaron en los que apenas salió de su propia cama, en los que no comió prácticamente nada y en los que estuvo llorando bastante. No quería estar con nadie pero tampoco quería sentirse tan solitaria y abandonada. Era su tercer y último día de incapacidad y se encontraba acostada deseando que el reloj avanzara más rápido, para que la noche terminara de caer y pudiera regresar a su rutina de trabajo, a sus misiones que eran lo único que la mantenía con ganas de seguir levantándose cada día. Quería que alguien la abrazara y le diera consuelo, pero ella misma se había encargado de alejar a todas las personas que se preocupaban por su vida. Hasta Hermione había puesto cierta distancia desde que salieron del hospital, aunque por un lado agradecía que le diera espacio así no tendría que soportar la presión que le hacía para que hablara de Harry.
Por más que intentaba parecía que no podía dejar que su vida y pensamientos giraran en torno a él. A veces era presa de ataques de ansiedad que sólo podía calmar fumando, un hábito que adquirió cuando terminó con Harry. Justamente estaba en la tarea de buscar su cajetilla de cigarros cuando encontró un paquete en una pila de correspondencia acumulada desde quien sabía cuándo. Quitó el papel de un jalón y se encontró con un objeto dorado y brillante en forma de una mano sosteniendo una varita. Parecía que le habían enviado el premio que no había podido recoger en la gala de aurores, pero al ver la pequeña placa que debería decir "Futuro más prometedor" se llevó una sorpresa. Sobre las letras grabadas en la placa se encontraba sobreescrito al descuido el mensaje "Peor novia del mundo". Ginny se quedó observándolo como si no pudiera asimilarlo. Entonces un pergamino que se había quedado en el papel se elevó a la altura de su cara y formando una especie de boca comenzó a emitir un mensaje. Era la voz de Harry. El mismo tono de ebriedad que había escuchado horas después de su accidente. Decidió que no debía prestarle atención, así que se apresuró lo más que pudo a tomar su varita y hacer explotar el estúpido papel, sin embargo no pudo evitar escuchar frases como "El peor error de mi vida", "Me alegro de ya no estar contigo", "No eres mujer suficiente para mí" y "Eres un desastre y por eso nadie te quiere".
A veces las palabras duelen más que los hechos, y sí, las estúpidas palabras de Harry se le clavaron en el alma como cuchillos afilados. Las lágrimas volvieron a caer sin anticipación como por milésima vez en ese día y sin poder hacer algo más, terminó desplomándose de rodillas en el suelo llorando desconsoladamente.
"Eres un desastre y por eso nadie te quiere".
Las palabras se enterraron en su corazón mientras sollozaba violentamente. Buscó con desesperación su cajetilla de cigarros y sin importar que el humo inundara su departamento lo encendió sin siquiera preocuparse por abrir alguna ventana o mandar un hechizo para ventilar el lugar. Se concentró por varios minutos en su respiración mientras fumaba, dejando que el sabor mentolado del cigarro llenara su garganta, abandonándose al relajamiento que le producía cada inspiración. Entonces decidió que debía salir a dar una caminata.
Con tan sólo su varita y la cajetilla de cigarros en la bolsa de su abrigo, caminó varias calles observando cómo el último rayo del sol se escondía en el horizonte y la noche bañaba el cielo. Sin saber bien por qué de pronto se encontró apareciendo en los terrenos cerca de la Madriguera. Extrañaba tanto a su familia. Observó la deforme casita irradiando luz por sus ventanas y se acercó sigilosamente. Se preguntó si alguien estaría pendiente de la manecilla que llevaba su nombre en el reloj de su madre. Se preguntó si ese alguien se daría cuenta de que ahora indicaba "En casa". Cuando estuvo bastante cerca se escondió detrás de un árbol y pudo ver a través de la ventana de la cocina que estaban preparándose para cenar. Sus padres, algunos de sus hermanos con sus respectivas novias (entre ellas Hermione) y para su desconsuelo, Harry. Había albergado una pequeña esperanza de poder entrar a su casa pero no podría hacerlo estando él. Entonces dio media vuelta y comenzó a alejarse pensando en que había dado a cambio su propia familia tan sólo para que él estuviera bien. Cuando Harry le rompió el corazón y rompieron su compromiso ella no quiso decirle la verdad de lo sucedido a nadie de su familia pues no quería que le dieran la espalda y terminaran odiándolo. Después de haberse comportado como la peor mierda con ella, Ginny aún pensó en él con amor. Él que toda su vida había sido huérfano y nunca había conocido lo que era pertenecer a una familia, había encontrado eso mismo en los Weasley, que lo recibieron como un hijo más. Ella lo amaba tanto que no estaba dispuesta a quitarle la única familia que conoció en su vida por lo que decidió alejarse de ellos en lugar de él. Y ahora ahí estaba un año después, cenando con ellos felizmente mientras ella se encontraba destrozada por sus propias palabras y sin ningún lugar a dónde ir. Lloró mientras le pedía al cielo poder dejar de amarlo, poder dejar de pensarlo y olvidarlo para siempre. Quería olvidar. Olvidar al mundo entero y a su patética vida. Aunque fuera tan sólo un momento, sólo necesitaba olvidar…
Y entonces recordó que unos días antes había podido olvidar todo por unos instantes en el momento en que Cedric Diggory la había besado. Se tocó los labios intentando recordar pero eso no era suficiente. Sin pensarlo más desapareció de donde estaba al mismo tiempo que las primeras gotas de lluvia comenzaban a caer.
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Durante los últimos días había pensado constantemente en Ginny Weasley y no podía evitarlo. Aunque tal vez la razón era que no quería evitarlo. Había estado a punto de invitarla a tomar un café pero se había arrepentido después de escuchar su conversación con Granger. Él no quería ser usado para darle celos a Potter, así que prefirió no forzar las cosas y a final de cuentas terminó por dejarla ir sin siquiera darle un apretón de manos.
Había estado tentado a buscarla o preguntar por ella bajo la excusa de que quería saber cómo seguía de salud, pero siempre terminaba arrepintiéndose. Si tan sólo dejara de pensar en la sensación de su suave piel…
Salió del hospital entrada la noche pues no había querido irse hasta atender al último paciente pendiente. Cuando atravesó por el escaparate que daba a la calle muggle de Londres se llevó una sorpresa al darse cuenta que llovía copiosamente. Buscó a tientas su varita para poder hacer aparecer algún paraguas o hacer algún encantamiento que lo mantuviera seco, pero entonces vio una menuda figura recargada en la pared a unos pasos de distancia de la entrada de San Mungo. Parpadeó un par de veces creyendo que su mente le estaba haciendo una broma, pero no era así. Era Ginny. Con la espalda en la pared y una rodilla doblada, completamente mojada, tenía los ojos cerrados mientras se llevaba un cigarrillo a la boca. ¿Era su imaginación o se veía gloriosamente sexy?
Se acercó a ella cubriéndose la cabeza con un brazo para sorprenderla y hacerle dar un respingo. Sus ojos se abrieron al notar su presencia pero no emitió palabra alguna. Sus ojos se veían hinchados como rastro de que hubiera estado llorando. Observó su rostro por un instante y entonces pensó que podría estar llorando en ese momento pero la lluvia ocultaba sus lágrimas.
-¿Estás bien? –le preguntó con suavidad
Ella apretó los ojos mientras volvía a llevarse el cigarro a la boca y negaba con la cabeza. Cedric se preguntó si estaría allí por él… Tal vez se sentía enferma… ¿pero entonces por qué no había entrado al hospital?
-¿Quieres que te revise?
Ella volvió a negar con la cabeza. Esta vez Cedric pudo ver cómo brotaba una lágrima de la comisura de su ojo y entonces dejó de intentar cubrirse de la lluvia. No sabía qué era lo que le pasaba pero sí sabía que no podía dejarla allí.
-Tus cigarros son de niña –le dijo al observar el rollito en su mano, haciendo alusión a la idea de Luna de que los cigarros mentolados no son cigarros reales. Había esperado que ella le sonriera, pero lo único que consiguió como respuesta fue un sollozo. Entonces él se acercó y la tomó del rostro con cuidado, haciendo a un lado el cabello mojado que se pegaba a su piel. A pesar de que estaba empapada, el contacto con su tez era abrasador -¿Por qué estás aquí Ginny?
Ella lo observó fijamente y tras un segundo en que sintió que miraba a su alma, alzó el rostro hacia el de él y sopló el humo que quedaba dentro de su boca directamente hacia su cara. La lluvia lo disipó enseguida pero había captado el mensaje. En lenguaje de fumadores significaba algo especial. Un gesto que él mismo había usado con ella siglos atrás. Aquella ya no era la misma chica risueña y radiante, en cambio parecía haber perdido la chispa y las ganas de vivir. En esos últimos días él se había negado a contactarla por miedo a que lo usara. Y sin embargo se encontraba allí mirándolo fijamente con una infinita tristeza. Era imposible que aquel ángel roto quisiera usarlo. Lo miraba con angustia, casi con súplica. A Cedric le recordó la mirada de los pacientes que están a punto de morir y le ruegan con ese gesto que los ayude... Así lo miraba Ginny, pidiéndole a gritos mudos que la salvara.
Se inclinó hacia ella con avidez y sin soltar su rostro la besó. Probó en sus labios el sabor de la sal, no sabía si proveniente de sus lágrimas o de la propia lluvia. La besó abriéndose paso al aliento mentolado de su boca, y acariciando apasionadamente sus labios con la lengua. Entonces ella se estremeció soltando un pequeño gemido que le excitó una zona en su pantalón.
Se separaron con la respiración entrecortada y luego se miraron fijamente. Esta vez había un atisbo de sonrisa en el rostro de Ginny. No supo explicarse por qué pero le parecía que era una expresión de alivio. Cedric no sabía que significaba pero antes de poder pensar algo más, ella se acercó y le dio un beso corto en los labios. Él enarcó una ceja interrogante y ella solo asintió para depués entrelazar los dedos con una de sus manos y con la otra acariciar su pecho con suavidad. Él no dudó más y capturó sus labios nuevamente, besándola con deseo, ansioso por poder hacerla suya por completo.
Volvió a separarse apenas un milímetro de ella, para poder buscar su varita y tras apretar su cuerpo contra el de él, desaparecer de aquel lugar dejándolo desierto. Ella había acudido a él por consuelo, y él se lo iba a dar.
Bueno, no tengo mucho más que decir. Espero que les haya gustado, por favor hagan a esta escritora de fic feliz y dejenle un review. Porfis.
Gracias de nuevo a matocro, the lady nott, dark ryuk, valery ahn y mary021, las quiero! Perdon por no contestarles el review pasado pero de verdad no me fue posible. Les prometo que les contestaré el nuevo q dejen y será muy largo.
Aún espero sus recomendaciones de alguna otra página de fics y les hago la invitación a que me agreguen a facebook. díganme como las busco o busquenme como Aurum Black.
