Hola queridas y bonitas lectoras. No me he olvidado de ustedes y de seguir escribiendo. En realidad estaba a punto de seguir escribiendo este capítulo pero recordé que les había prometido publicar más seguido aunque fueran capítulos más cortos, así que decidí traerles este mini cap. Lo bueno es que pronto estará el siguiente, no se me desesperen.

Perdón por tardar en actualizar y perdón si el capítulo no está a la altura de los demás, pero es que he tenido ciertas altibajos emocionales. Sé que tal vez no debería venir a decirles mis problemas y que igual y a nadie le importan pero igual los voy a escribir xD jaja. Bleh, en realidad no ha pasado nada malo, es sólo que he estado desempleada durante los últimos meses y eso me baja un montón el ánimo y no estoy en modo feliz para escribir. Desearía aprovechar mi tiempo libre pero estoy demasiado preocupada, es algo que no puedo evitar... en fin. Le corto a mi blah blah blah y prosigo.

Muchas muchas muchísimas gracias a Bery Castel, Lily Masen, The Lady Nott, Valery Ahn, Dark Ryuk y Mary 021, mis bonitas lectoras incondicionales no saben cuánto las aprecio. Sin ustedes este fic no habría llegado hasta este punto. Gracias de nuevo y espero que les guste. Prometo que el siguiente estará pronto.


TO BE WITH YOU

By Aurum Black

Capítulo 10

Volviendo a la realidad

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Cuando Cedric despertó, la luz ya bañaba por completo su habitación a pesar de que aún tenía cerrados los ojos. Los apretó con más fuerza negándose a ver el día y cuando estuvo a punto de girar su cuerpo y enterrar su cara entre las almohadas, se percató de que había algo que le estorbaba. O alguien, más bien. Abrió los ojos con brusquedad al recordar todo lo que había sucedido la noche anterior y entonces volteó hacia su costado, tan sólo para encontrarse con esa menuda pelirroja durmiendo plácidamente. Intentó girarse con cuidado para no despertarla, pero sus cuerpos estaban tan juntos y sus piernas tan entrelazadas que al primer movimiento ella ya se encontraba despertándose. Sintió cómo estiraba su pequeño cuerpo al momento en que soltaba un murmullo suave, casi como un ronroneo y entonces ella volvió a acomodarse sobre su pecho, abrazándolo, aún sin abrir los ojos. Él la sostuvo entre sus brazos y la apretó con delicadeza, acariciando con suavidad su piel. Entonces vio algo en el hombro de Ginny que le llamó la atención. Era una marca profunda, una cicatriz que iniciaba en su clavícula y se perdía en la espalda. La recorrió con un dedo con mucho cuidado pero no hubo signos de dolor de su parte.

Después de un rato volvió a cerrar los ojos, dejándose perder en ese momento y en todos los recuerdos de la noche anterior, embriagándose de la felicidad y plenitud que le producía el calor emanando del cuerpo de Ginny. No supo cuánto tiempo estuvieron así, no supo ni siquiera si se habían vuelto a dormir. Lo siguiente que supo fue que una alarma proveniente de algún lugar lo hacía volver a la realidad. Fue cuando se deshizo del abrazo y se sentó con brusquedad.

-¿Qué pasa? –preguntó Ginny con voz adormilada

-Esa era mi tercera alarma… Ya es tarde ¡muy tarde!

-¿Qué? –Musitó ella despertando de golpe, sentándose también, cubriéndose el pecho con el edredón -¿A qué hora suena tu tercera alarma? –preguntó mientras él se levantaba y se ponía encima su bata de dormir.

-La tercera suena cuando ya debí haberme ido. Es para cuando se me hace muy muy tarde. Debería estar en San Mungo desde hace media hora.

Ginny giró la cabeza buscando algún reloj y cuando lo encontró pegado en la pared casi se desmaya.

-¡Mierda! –dijo pasándose una mano por el cabello que tenía bastante alborotado –Yo debería estar en el ministerio desde hace media hora también –Se levantó de pronto envolviendo su cuerpo con el edredón y levantando del suelo su ropa interior mientras él sacaba ropa de sus cajones –No puedo irme así... y ya no me da tiempo de ir a mi departamento... ¿puedo bañarme aquí? –Cedric se detuvo con una toalla en la mano y volteó a verla con indecisión.

-Sí, pero necesito bañarme primero—

-No, yo necesito entrar primero –lo interrumpió ella –Tuve tres días de descanso, no puedo llegar tarde hoy…

-Y yo estoy en mi primera semana en el hospital, tampoco puedo llegar tarde…

-Pero…

-Espera, sólo estamos perdiendo el tiempo… -se quedó pensativo por un par de segundos y luego añadió: -Tomemos la ducha juntos- Ella se quedó en silencio no muy convencida por su propuesta, sonrojándose levemente pero sin dejar de mirarlo -Después de lo que pasó ayer no debería haber problema –dijo él con un atisbo de sonrisa –Y además el tiempo corre y si no nos apuramos llegaremos aún más tarde...

-Está bien, está bien -accedió ella mientras caminaba detrás de él hacia el baño. Cedric le ofreció una toalla y luego fue a abrir la regadera. En unos segundos se había quitado la bata y ya se encontraba bajo el chorro del agua –Cierra los ojos y voltéate –dijo ella de pronto.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Tú hazlo

Él obedeció a regañadientes y entonces la escuchó acercarse.

-Para tu información te vi desnuda ayer, no sé cuál es la diferencia con hoy.

-Que si volvemos a hacer lo de ayer entonces ninguno de los dos llegará a su trabajo.

-Qué buena idea ¿Y si faltamos hoy? –bromeó él buscando a tientas la botella de shampoo.

-No lo creo –dijo ella con una risa. Entonces él sintió una de las pequeñas manos de Ginny posándose en su espalda y empujándolo con suavidad, haciéndole sentir una corriente eléctrica por toda la piel –Esa es tu parte, quédate ahí y no voltees.

Estuvo a punto de protestar pero con ese breve roce se había percatado de que sus argumentos eran verdaderos. Si se empezaban a tocar o tan sólo a mirar, aquel juego no haría más que empezar y entonces faltar a su trabajo no sería una simple broma, sino que sería algo que ninguno de los dos podría evitar. Mientras se bañaba intentó despejar su mente y pensar en cualquier cosa que no fuera la cercanía y desnudez de Ginny, pero era imposible, sobretodo porque sentía brotar chispas del contacto que hacían al moverse y chocar levemente. Y aunque la tentación lo inundaba horriblemente, no abrió los ojos. Sin embargo nada podía hacer por su imaginación que se encontraba volando alto, llenando la obscuridad, mostrando en su mente la imagen de Ginny bajo el chorro de agua cayendo de la regadera, limpiando su cuerpo de forma sensual. Imaginó su blanca piel mojada, y su roja cabellera cayendo por su espalda, donde una larga cicatriz aparecía a la altura de su hombro y entonces la curiosidad lo tentó.

-¿Qué te pasó en el hombro?

-¿Me estás viendo? –le recriminó ella

-No, vi la cicatriz hace un rato cuando estábamos en la cama…

-Oh vaya… -dijo ella un poco apenada y luego se quedó en silencio unos segundos haciéndole pensar que no iba a contarle, pero enseguida volvió a hablar –En mi primera misión resbalé por esquivar un ataque y entonces el hechizo rebotó sobre un librero que me cayó encima, casi logré evitarlo pero al final terminé con una gran herida. Se veía bastante horrible… –dijo ella con una risa –Y el dolor era diez veces más feo…

Él sonrió para sí mismo al escuchar la emoción en su voz, como si se tratara de algún logro cumplido y no de un accidente.

-Si quieres puedo darte un ungüento que quita hasta la más horrible cicatriz del mundo…

-¡Oye! Mi cicatriz no es horrible, es heroica.

-No me refería a tu cicatriz –dijo él entre apenado y divertido –Lo que quise decir es que hace desaparecer cualquier marca.

-Pero yo no quiero deshacerme de mis cicatrices. Las conservo como recuerdo…

-¿Tienes más? –preguntó sorprendido

-Un montón –afirmó casi con orgullo –Mira -Él abrió los ojos con lentitud preguntándose si podía voltear a verla, sin embargo no tuvo que hacerlo ya que ella tenía el brazo alzado a la altura de su cabeza, dejándole ver un larguísimo pero delgado rasguño en el antebrazo, casi imperceptible – Ese me lo hice el día que rescaté al hermanito de Annia. Hubo un ataque al vecindario donde vive y su niñera salió corriendo dejándolo solo. Después de ese día se quedó sin trabajo –contestó con un resoplido y entonces giró el brazo mostrándole otra marca en la muñeca, esta vez en forma circular y de tamaño más pequeño –Esta me la hice la primera vez que fui a Holanda. Los tipos que perseguíamos nos lanzaron pequeñas llamitas de fuego y una me cayó en la mano. Después terminaron quemados por el mismo hechizo que no pudieron controlar… En fin –dijo ella quitando el brazo de su vista –El punto es que mis cicatrices no sólo son horribles marcas, sino que son recuerdos importantes y significan mucho para mí… tal vez es tonto pero ¡Por Merlín! –dijo ella de pronto con un grito ahogado

-¿Qué pasa? –preguntó él con desconcierto, girando su cuerpo hacia ella pero con los ojos cerrados sin saber si ya tenía permitido verla o no-¿Ginny?

La sintió acercarse un poco, y sintió cómo lo tomaba del brazo para hacerlo girar lentamente y hacer que le diera nuevamente la espalda.

-Ay Ced, dejé toda tu espalda rasguñada –contestó avergonzada, pero él sólo soltó una carcajada divertida aunque cargada con cierto alivio y no dijo más, volviendo a la labor de enjuagar su cuerpo. Sin embargo sentía los dedos de Ginny recorriendo con suavidad su espalda -¿Te duele?

-No –contestó con la voz ronca, siendo demasiado consciente del contacto de la mano de Ginny con su piel. Entonces se giró para quedar de frente a ella y abrió los ojos sin importarle que no debía hacerlo –Ni siquiera me di cuenta de cuando lo hiciste.

A pesar del agua que caía sobre su cara, Cedric pudo ver cómo ella se sonrojaba.

-La verdad yo tampoco me di cuenta –le dijo con una sonrisa tímida pero rodéandole el torso con las brazos para poder volver a acariciar con los dedos las marcas de su espalda de las que él no estaba consciente – Tal vez puedas usar tu ungüento para borrarlas

-O tal vez decida conservarlas –contestó sonriendo, acercándose a ella lentamente, dando una mirada lenta a su cuerpo desnudo –Ya sabes, como recuerdo de algo importante…

Eliminaron el espacio entre ellos con un movimiento rápido y entonces se besaron. Con el agua proveniente de la regadera cayendo sobre ellos, haciéndole recordar por un momento al beso que se habían dado bajo la lluvia, pero con la abismal diferencia de que ahora se encontraban completamente desnudos. No supo bien quién de los dos había comenzado, pero sin quererlo de pronto ya se encontraban acariciándose uno al otro, con sus cuerpos suaves y resbaladizos siendo recorridos por manos ansiosas, intensificando el beso. Un beso que no tenía sabor, un beso limpio, bebiendo el agua de sus respectivos labios y dejándose llevar por la pasión una vez más. Una voz en una zona muy profunda de su cerebro le dijo que debían parar, pero en ese momento no creía que podría encontrar una razón lógica para dejar de aferrar la esbelta cintura de Ginny. En el momento en que ella rodeó con ambas manos su trasero, dejó de pensar por completo. Y cuando estaba a punto de hacer que se recostaran en el piso del baño para hacerlo ahí mismo, un sonido reverberó proveniente de algún lugar en su departamento, repicando cada vez más fuerte. Entonces se soltaron de golpe, con la respiración agitada.

-Es la cuarta alarma –susurró él muy bajo sin saber bien por qué.

-Diablos –musitó ella pasándose las manos por el cabello empapado dejándole ver esos pechos que tanto había disfrutado –Ya es muy tarde –le dijo dedicándole una mirada de disculpa y preocupación. Cedric creyó ver algo de angustia en su rostro, aunque no sabía si se debía a la hora que era o a que deseaba continuar con lo que estaban haciendo- Debo vestirme…

-Claro. En un momento salgo –le contestó mientras la veía salir de la regadera y envolver su cuerpo en la toalla que le había dado. Sin decirle más se dirigió al dormitorio de Cedric, cerrando la puerta al salir.

Él se quedó como tonto mirando la madera por varios segundos, como esperando a que regresara. Entonces se dijo que debía controlarse, y por eso decidió esperar un poco más a que ella se vistiera porque si salía y la encontraba desnuda o semidesnuda, no podría responder por sus actos. Se mantuvo unos momentos más mojándose mientras veía un punto fijo en la pared, sonriendo al pensar en la pasión que desbordaban al besarse. Después de un rato cerró la regadera y comenzó a secarse lentamente. Al parecer ya no estaba muy preocupado por la hora, pues de cualquier forma ya iba a llegar demasiado tarde. Esperaba que las horas extra que había hecho los días anteriores en el hospital sirvieran para compensar su impuntualidad. Cuando estuvo seco se miró al espejo colgado de la pared y se giró para intentar ver los rasguños que le había hecho Ginny. Él también dio un grito ahogado de sorpresa, tal y como ella había hecho al ver su espalda, ya que toda se encontraba surcada por líneas de color rojo intenso de una gran longitud. La piel se veía bastante hinchada pero él no sentía nada de dolor. Más bien le excitó pensar en la idea de Ginny enterrando las uñas en su espalda como respuesta al placer que le había brindado.

Sacudió la cabeza para dejar de pensar en ella y entonces comenzó a vestirse. Cuando salió del baño se preguntó si se habría tardado demasiado ahí dentro, pues Ginny ya se había ido. De pronto sintió un vuelco en el pecho, un vacío en el estómago, creyendo que se había ido a escondidas avergonzada de lo que había ocurrido entre ellos, pero después pensó que si estuviera arrepentida no se habría quedado a dormir, ni lo hubiera abrazado de la forma tan tierna en que lo hizo al despertar, ni tampoco lo hubiera besado y acariciado en la ducha con tanta efusividad. A pesar de todo eso, le hubiera gustado volver a verla antes de que se fuera y preguntarle si podían volver a verse. Ahora ella se había ido y no sabía cuándo volverían a encontrarse.

Abatido, se sentó en su cama sin hacer, testigo mudo de todo lo que habían vivido la noche anterior. Giró su cabeza y entonces para su sorpresa encontró en su almohada una hoja de papel con la frase "Hay que repetirlo" escrita en ella, seguida de un número telefónico. Cedric dejó la hoja en el buró y se levantó con una sonrisa enorme en el rostro que sabía sería muy difícil de quitar.

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Ginny se encontraba atravesando el atrio del ministerio, decidida a no correr, como si llegar una hora tarde fuera lo más normal del mundo. Intentó no pensar en el posible regaño de Tonks, sacando a su jefa de su mente y prefiriendo pensar en Cedric. Había considerado esperarlo pero ya era demasiado tarde y él no había dado señales de salir del baño. Además no tenía idea de qué iba a decirle. Por temor, había estado a punto de irse de su departamento sin despedirse por completo, pero sus ganas de volver a verlo habían sido más fuertes y entonces se había decidido a dejarle escrito su número telefónico en una hoja de papel, sin embargo no sabía qué más añadir a la nota… Pues después de todo ¿qué podía decirle?... Después de aquella maravillosa e interminable noche llena de suspiros y gritos ¿qué podía agregar?

"¿Gracias por el mejor sexo de mi vida?" Demasiado sincero. No se sentía tan abierta a confesar algo tan íntimo, aunque por la forma en que ella había disfrutado seguramente Cedric debía intuirlo.

"¿Mi vida era una mierda hasta que me besaste?" "¿Viví mucho tiempo sin realmente vivir hasta que volví a encontrarte?" "¿Gracias por sacarme del profundo sueño en el que estaba sumida?" Demasiado cursi y desesperado. Todas las frases que se le ocurrían le parecían cada vez más absurdas… y sin embargo todas eran reales. Al final se había decidido por una frase que no sonara tan desinteresada pero que tampoco sonara demasiado urgida. Por Merlín, cuánto hubiera deseado simplemente quedarse acostada en su cama abrazada a él y no tener que lidiar con los problemas de su vida. Cómo le encantaría seguir atrapada en la burbuja que rodeaba a Cedric y no tener que enfrentar el regaño de Tonks y peor aún, tener que soportar al imbécil de Harry Potter burlándose de ella por haber hecho el ridículo en la gala de aurores. No quería volver a la realidad. Sus pasos se fueron haciendo más cortos mientras se iba acercando a su oficina, rehusándose a regresar al vacío desordenado que era actualmente su vida. Quería regresar a la felicidad y olvido que le causaban los besos de Cedric. Tenía ganas de ponerse a llorar y a patalear justo como hace un niño cuando no quiere entrar a la escuela. Sin embargo siguió caminando y al entrar a la oficina llena de cubículos pertenecientes a los aurores, soltó el aire que contenía en los pulmones, aliviada al ver el lugar de Harry vacío. Tal vez era su día de suerte y había decidido dejar de ser un grano en el trasero de la gente. Se dirigió a su pequeño cubículo y se sentó frente a su escritorio al tiempo en que Greg, uno de sus compañeros aurores se acercaba a ella con cara de preocupación.

-¿Dónde has estado? –le preguntó en voz baja

Ella le dedicó una sonrisa cansada. A Greg le gustaba Ginny y él había hecho todo lo posible por ganársela, sin embargo a ella simplemente no le interesaba. No es que no fuera atractivo, pero había algo que odiaba por completo de su personalidad y eso era la falsedad e hipocresía que le había notado muchas veces. Por ejemplo, él siempre llegaba con ella a quejarse y hablar mal de Harry, pensando seguramente que era lo que ella quería escuchar al ser su ex. Sin embargo en cuanto Harry se aparecía, Greg lo saludaba como si fuera la máxima autoridad en el ministerio y siempre se mostraba tan desesperado por caer en su agrado, riéndose de sus chistes y festejándole cualquier comentario aunque fueran horrible.

-Tuve que atender unos problemas –le contestó encogiéndose de hombros –Le avisé a Tonks de ello.

-Pero Tonks no está ahora.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Ella salió hoy a una junta clasificada ultra secreta en la que debían estar todas las personas importantes del ministerio.

-Y entonces…

-Dejó a alguien a cargo…

-No –susurró Ginny llenándose de terror, anticipando lo que Greg iba a decirle.

-A Potter

Ginny tragó saliva con nerviosismo, respirando para controlarse a sí misma. ¿Por qué estaba tan preocupada? Él no podía hacerle nada. Tonks sabía de su accidente y de sus días de incapacidad, él no podía regañarla por ello, ni mucho menos hacer algo más extremo como despedirla. Él no tenía poder sobre ella. Ya no más.

-Supongo entonces que debo empezar a trabajar –le dijo Ginny a Greg como restándole importancia a la noticia que le había dado -¿Alguna otra cosa que me haya perdido?

-No, pero…

-Pero debo terminar mis reportes atrasados –lo cortó ella –Gracias por tu cooperación Greg, que tengas un bonito día –añadió sumergiéndose en su labor de revisar los papeles de las misiones que debía llenar, mientras el muchacho daba media vuelta y regresaba a su propio escritorio.

Pasaron varios minutos en los que ella mantuvo su mente absorta en su trabajo, una de las poquísimas actividades de su vida que la hacían sentir bien. Mientras llenaba una hoja de datos se percató de la presencia de alguien a su lado pero no despegó la vista del papel, creyendo que volvía a ser Greg.

-Vaya, qué bueno que te dignas a volver con nosotros –dijo la voz ácida de Harry haciendo que ella diera un respingo.

Atinó a seguir con la vista clavada en el papel, mientras seguía escribiendo, rogándose a sí misma mantener el control.

-Tonks me dio permiso de faltar.

-Es lo que me dijo… aunque no quiso decirme el motivo.

-Porque no es de tu incumbencia –soltó ella sin poder evitarlo.

Harry soltó una carcajada divertida, casi cruel que la hizo apretar un puño llena de coraje.

-Tengo que hablar contigo, ven a mi oficina.

-Estoy ocupada –musitó ella apretando la pluma entre sus dedos.

-Cuando acabes de hacer esto tan importante que estás haciendo, ve a verme.

-¿Para qué?

-Lo sabrás cuando estés en mi oficina.

-Ni siquiera es tu oficina.

Harry se inclinó de pronto sobre su escritorio, borrando su sonrisa burlona del rostro.

-YO estoy a cargo hoy, SOY el jefe hoy. Te quiero en 5 minutos en MI oficina ¿entendido? –Ginny apretó los labios con tanta fuerza que le dolieron pero no le gritó los mil insultos que pasaban por su mente -¿Entendido? –repitió Harry alzando la voz.

-Entendido – dijo mirándolo a los ojos por primera vez, con la rabia contenida, haciendo uso de todo su auto control. Entonces él se alejó de su cubículo y se dirigió a la oficina que no era suya sino de Tonks.

Qué maldito patán, pensó Ginny. ¿Cómo pudo haberse enamorado de alguien tan despreciable como él? No le importaba pasar unos cuántos días en Azkaban si a cambio pudiera mandarle de vez en cuando un cruciatus. Como seguramente iba a desear en los siguientes minutos. Suspiró cansada. Tal vez si se dedicaba a pensar en Cedric mientras estaba en la oficina de Tonks podría pasar por alto todo lo que Harry tuviera para decirle. Sin embargo en cuanto puso un pie en la "oficina de Harry" y cerró la puerta detrás de sí, olvidó por completo la idea de pensar en Cedric.

-Expediente de Ginevra Weasley –dijo él mirándola con una mueca de burla desde la silla de Tonks, mientras le dictaba a una vuelapluma que escribía sobre una libreta que flotaba mágicamente –Tiene tres días de descanso por razones desconocidas y al siguiente día llega una hora tarde.

-Tonks me dio permiso –dijo ella casi en un susurro, sabiendo que las peleas con Harry eran extenuantes.

-Pero Tonks no está a cargo hoy. Pensé que eso había quedado claro -Ginny volteó a ver el suelo mientras se mantenía en silencio, pensando que tal vez así él la dejaría en paz lo más pronto posible. Pero en el fondo sabía que no era así –Bueno, pero toma asiento… qué descortés estoy siendo –dijo soltando una risa mientras ella se sentaba justo frente a él con cierta reticencia.

-¿Y bien? –preguntó ella impaciente

-¿Por qué pediste tres días de permiso?

-¿Eso es lo que quieres con tanta maldita urgencia?

-Cuidado con cómo le hablas a tu jefe. Recuerda que todo va directo a tu expediente de conducta.

-Tú no eres mi jefe, que estés a cargo por un día no significa que puedas…

-Claro que puedo –le dijo interrumpiéndola con voz enérgica -¿Quieres dirigir una misión importante algún día? Entonces compórtate y obedéceme -Ginny cerró la boca, guardando todos los gritos en su interior, diciéndose a sí misma que no debía estropear su carrera profesional por culpa del patán que tenía enfrente - Eso es – dijo Harry volviendo a sonreír –Volvamos a empezar, ¿por qué faltase los pasados tres días?

-Asuntos personales –dijo ella aguantando la rabia

-¿Qué asuntos personales?

-Estuve enferma

-Ah ¿de verdad? Qué raro, la última vez que te vi estabas en perfectas condiciones de salud. En la gala de aurores ¿recuerdas? –Ginny lo miró con odio pero no contestó -¿Recuerdas?- insistió él de forma incisiva –De hecho, creo que quedo pendiente entre nosotros una plática y una visita al hotel… lástima que tuvieras que salir tan deprisa a "enfermarte" en cuanto viste a mi querida acompañante… -Ginny se levantó aguantando las lágrimas que amenazaban con aparecer ante la mención de aquella noche. Ginny recordó lo miserable que se sintió en ese momento y tuvo ganas de salir corriendo, pero en su lugar caminó despacio hacia la puerta –No te di permiso de salir… ¡Ginevra!

Ella se detuvo y giró lentamente hacia él.

-Esto no tiene nada que ver con mi trabajo, así que voy a irme. Acúsame, repórtame, haz lo que quieras, pero sabes que no tienes poder aquí. Tú no eres el jefe y aunque estés a cargo por un día, es Tonks quien tiene la última palabra y a la única a quien le debo explicaciones. Así que, con su permiso, jefe. –dijo dándole un tono despectivo a la última palabra y cuando tuvo la mano en la manija de la puerta, él habló y ella lo escuchó aún dándole la espalda.

-Perfecto, sólo quiero recordarte algo que tú y todos allá afuera saben. Algún día yo seré el jefe y tendré todo el poder. No lo olvides.

Ginny cerró los ojos con angustia reflexionando en la realidad de sus palabras.

-¿Algo más? –le preguntó con voz altanera, tratando de ocultar todo el miedo que sentía.

-Sí. Tonks regresará hasta la próxima semana así que estaré a cargo por más de un día. Quiero que para mañana tengas listos todos los reportes en los que te atrasaste por faltar y también quiero que te ocupes de todos los míos. –Ginny se quedó mirando la puerta y no contestó - ¿Algún problema?

-No, no lo hay.

-Entonces ponte a trabajar.

Ginny salió de la oficina con el ánimo por los suelos, pensando no sólo en los días cargados de trabajo y miseria que le esperaban, sino también en los años que debería pasar bajo el yugo de Harry cuando se convirtiera en jefe, porque aunque quisiera negarlo en el fondo sabía que era algo inevitable.


¿Crucio colectivo a Harry?

Sé que fue cortito pero espero que haya sido interesante. Hagan feliz a la escritora de este fic y déjenle un review. Anden, anden, anden.