Nota: Hola a todos, aquí estoy de nuevo. Muchisisisisímas gracias a mis queridas lectoras amables y maravillosas Valery Ahn, The Lady Nott, Kairi1196, Dark Ryuk y LilyMasen por sus reviews. Sin sus palabras de aliento no tendría el ánimo para continuar escribiendo. Mil gracias de nuevo! Les mando una mega mega abrazo.

Sé por ahí que aveces les digo que pasarán pronto ciertas cosas y nomás no hay nada claro, pero les juro que no miento. Lo que pasa es que pienso en una escena o parte que será corta y de pronto me extiendo inexplicablemente y los hechos se van atrasando. Me acuerdo de una frase que solían decirme en la prepa y que me gustaba decir de mi: que siempre me extiendo como verdolaga jajaja. Ni siquiera sé si las verdolagas se extienden pero supongo que es así jajaja

Otra cosa: por si alguien no se ha dado cuenta, publiqué el prólogo de un nuevo fic que he tenido en la mente por muchos años, literalmente AÑOS. El detalle es que la pareja es Harry/Ginny y estoy consciente que a muchas lectoras de este fic no les agrada... pero bueno, si hay algunos fans del Hanny leyendo esto los invito a pasarse por allá. Les prometo que no van a arrepentirse. Y a los que no son fans, pues si en una de esas se animan por allá los espero. ;)

Eeeeen fin mis chicas queridas, las dejo con el capítulo. Y no duden en decirme si aún sigue gustándoles o ya lo sienten aburrido o tonto o poco interesante. Cualquier opinión es bien recibida. Saludos!


TO BE WITH YOU

By Aurum Black

Capítulo 12

Y cómo es él

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Hermione y Ginny no tuvieron ánimos para seguir platicando ni de ese ni de ningún otro tema en particular, y tras esperar unos minutos a que Harry se encontrara ya acostado, intercambiaron una mirada de preocupación y luego se marcharon a dormir. Ginny no se animó a externarle todas sus dudas, pero seguramente las compartía, aunque no creía que tuviera la misma ansiedad e incertidumbre que ella. ¿Qué tanto habría escuchado Harry de su conversación? Era obvio que había escuchado algo, aunque no estaba segura de qué. Se exprimía los recuerdos intentando recrear la plática completa en su mente, pero la verdad era que no se acordaba exactamente de lo que habían dicho. Recordaba que había comentado su preocupación acerca de si Cedric estaría al tanto de los artículos de Rita Skeeter y de si era esa la razón por la cual no la había llamado en todo ese tiempo. Luego Hermione le preguntó que si se había enamorado de él y finalmente recalcó con bastante énfasis que había pasado la noche con él. Una pequeña parte de sí misma esperaba que Harry hubiera interpretado de otra forma lo de la noche con el susodicho, pero en el fondo sabía que era demasiado pedir. Así que se encontraba casi segura de que Harry sabía que había pasado la noche con alguien, pero ya que eso no era novedad esperaba que no causara problemas. Lo que en verdad le preocupaba a Ginny era si él había alcanzado a enterarse de la identidad de la persona en cuestión. Recordaba que habían mencionado el nombre de Cedric, pero no recordaba a qué alturas de la conversación. Rogaba a Merlín que no lo supiera, pero al final terminó por decirse y convencerse a sí misma que lo que hiciera con su vida no era de la incumbencia de nadie más, y mucho menos de Harry.

-¿Crees que le haya contado a Ron lo que escuchó? –Le preguntó a Hermione por la mañana, al otro día.

-Lo más seguro es que no haya escuchado mucho –contestó intentando reconfortarla, pero no funcionó como hubiera deseado pues ella no podía dejar de preocuparse –Y si así fuera no tienen por qué meterse. Es más, si Ron me pregunta voy a negarlo todo y diré que Harry se lo inventó.

Ginny le sonrió con agradecimiento.

-No te preocupes, Hermione. No quiero que te metas en problemas por mi culpa.

-Pero fue mi culpa, yo fui la que habló de más.

-Las dos hablamos de más…

-Pero yo hablé muy fuerte, si no me escuchaba Harry alguien más lo hubiera hecho…

-No debimos platicar de ese tema aquí donde hay tantos oídos –reconoció Ginny con pesar.

-Y tantas orejas extensibles –dijo con una sonrisa su cuñada –Esas cosas están regadas por toda la casa.

-Tienes razón –asintió riendo –No podemos decir secretos en la casa que funcionó de fábrica oficial del producto número uno en espionaje. La próxima vez que queramos mantener algo en privado, vayamos a donde están las gallinas…

Esa mañana cuando bajó a desayunar, tardó sólo unos minutos en darse cuenta que el ambiente en la madriguera había cambiado. De forma muy sutil, pero lo había hecho. Y todo a causa de la presencia de Harry. Todos los días anteriores había disfrutado cada momento, sintiéndose tan cómoda y segura, como si nada malo hubiera pasado y el tiempo sin haber ido a la madriguera no hubiera importado, pero ahora sentía la incomodidad demasiado tangible. Los mimos y la forma consentida en que todos la trataron los días anteriores de pronto fueron desvaneciéndose. Ya no era más la hija perdida que volvía a casa. Parecía que la presencia de Harry les recordaba a todos que ella se había alejado.

Ginny lo odió con todas sus fuerzas. Por haber vuelto antes, por tener un lugar que no merecía dentro de su familia, por respirar el aire que ella respiraba, por existir. Lo odiaba y odiaba la forma en que la ignoraba como si fuera un cuadro en la pared, como si no hubiera pasado las semanas anteriores torturándola e insultándola con cada palabra. Odiaba que no tuviera los pantalones de enfrentarla como lo hacía cuando su familia no estaba presente. Y odiaba que pudiera ser capaz de ser tan falso y tan diferente de la persona que en realidad era. Allí era todo risas y amabilidad. Una máscara de pura falsedad.

Aunque si era positiva e intentaba hacer a un lado sus malos pensamientos, las cosas no estaban tan mal. Su mamá seguía haciendo su comida favorita y seguía contenta de que estuviera en su casa, y su papá seguía abrazándola con ganas, mientras que sus hermanos seguían hablando con ella de forma agradable. Además claro de que no tenía que verle la cara a Harry las veinticuatro horas del día. Agradeció en silencio que él no le hubiera hecho mención a nadie de lo que había escuchado de su conversación con Hermione, por lo que terminó concluyendo que no se había enterado de nada, o por lo menos no lo había entendido. Una pequeña parte de sí misma se desilusionó al llegar a esa conclusión, sorprendiéndola. ¿Acaso quería que Harry SÍ se hubiera enterado de que había estado con Cedric Diggory? ¿Acaso una parte de ella aún quería darle celos? Lo meditó por un par de segundos y terminó por reconocer que no se trataba realmente de ponerlo celoso, sino de causarle dolor. Quería verlo sufrir, quería que pagara por lo que le había hecho y seguía haciéndole. Quería venganza, pero no sabía si era capaz de ir por ella. Sabía en el fondo que si lo intentaba, sería ella quien terminaría más desgastada. Terminó entonces por concluir que lo mejor era evitar las confrontaciones y dejar de darle tanta importancia. Si lograba dejar de prestarle atención y terminar por ignorarlo cada que lo viera, entonces se sentiría cada vez mejor.

Esa misma tarde antes de la cena, pasó un rato muy agradable con su madre mientras preparaban toda la comida que se pondría en la mesa para deleitar a toda la familia. Habían planeado una tarde de mujeres, sólo que Hermione se había ido a ver a sus padres por lo que sólo quedaban ellas dos. Molly Weasley era una mujer muy cariñosa y aunque a veces resultaba de actitudes anticuadas y severas, al final siempre le ganaba su gran corazón.

-Ay hijita, no has estado comiendo bien –le reprochó con un toque de preocupación maternal en su voz

-Claro que sí mamá –mintió ella aunque sabía que su madre no iba a creerlo aunque fuera verdad.

-Estás más delgada que antes. Y más pálida -Esta vez Ginny no supo qué decir. O más bien no se atrevió a negar algo que era bastante obvio a simple vista -¿No estarás enferma?

Ginny le sonrió con cariño

-Para nada, estoy muy bien.

-Pero por si las dudas deberíamos ir mañana a San Mungo a que te hagan una revisión.

Un plato se le resbaló de la mano sin querer y se estrelló en el piso haciéndose pedacitos.

-¿Qué? –preguntó de pronto sintiéndose nerviosa –No, no, no.

-Una consulta de rutina nada más.

-Estoy perfectamente bien –contestó tajante mientras levantaba y reparaba el plato con la varita

-Pero no está de más que vayamos...

-Nada de San Mungo, no iré y punto.

Se imaginó por un momento qué pasaría si llegaba con su madre y se encontraba a Cedric. O si por alguna coincidencia del destino, terminaba enterándose de que había volcado su coche por conducir de manera brutal y casi se mataba. No sabía cuál de las dos cosas le daba más nervios, pero no iba a dejar que ninguna de las dos pasara, y mucho menos las dos juntas.

-¿Por qué te pone nerviosa ir a San Mungo? –le preguntó Molly mirándola con escrutinio, como si intuyera algo. Maldito fuera ese sexto sentido de las madres.

-No me pone nerviosa –contestó ella tratando de sonar despreocupada –Es sólo que no me gustan los hospitales.

-Ya sé que no es divertido pero es por tu salud…

-Mami, mi salud está perfecta –le dijo tomando una de sus manos con ternura –Ya no quiero ir a San Mungo porque me la paso llevando heridos cada que hay misión. Y siempre que voy los sanadores me obligan a pasar a revisión.

-¿En serio?

Ginny asintió.

-De verdad. Me hacen estudios cada que pueden y estoy sana. Muy muy sana –Su madre la miró entrecerrando los ojos como si siguiera sin creerle–Aunque sí me han dicho que debo comer mejor y sanamente –aceptó a regañadientes.

-Lo sabía –le dijo con una sonrisa de triunfo -A tu madre no se le escapa una

-Lo sé –aceptó ella entre risas –Aún sigo sorprendida de todas las veces que atrapaste a Fred y George en sus travesuras, no sé cómo los descubrías.

-Es como un don que se tiene con los hijos. Sientes una gran conexión con ellos desde que los llevas en el vientre. Con los gemelos fue más intenso que con todos los demás, no sé bien por qué…

-Seguramente porque eran unos diablillos desde ese entonces –le dijo imaginándoselos en la barriga de su mamá.

-Todos ustedes fueron unos diablillos desde siempre. Y a todos los quise desde el momento que supe que iba a tenerlos –dijo suspirando –Es la alegría más inmensa que se puede tener en la vida. Sentir que llevas a un pequeño ser dentro, es maravilloso. Y a partir de ahí es una vida completa de velar por cada uno de ellos. Es una tarea que parece interminable… pero en fin –dijo saliendo de pronto de su ensoñación –Todo eso lo entenderás cuando tengas tus propios hijos -Ginny dejó de sonreír de golpe –Cosa que espero sea muy pronto, o no alcanzaré a conocerlos…

Ginny sintió una punzada de tristeza en el pecho al recordar esos sueños tan lejanos que alguna vez había tenido en los que le ilusionaba convertirse en madre. Pero eso había sucedido en una vida diferente, cuando era feliz y no se encontraba rota por dentro. Destrozada a causa del hombre que se suponía iba a ser el padre de aquellos hijos que tanto había imaginado. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos y entonces trató de aparentar tranquilidad y desinterés.

-No exageres mamá, aún estamos todos a tiempo –y entonces decidió cambiar la conversación antes de que tornara hacia ella –Aunque yo creo que los que no tardarán en darnos la sorpresa son Ron y Hermione.

Su madre se sobresaltó y dejó caer el cucharón que tenía en la mano. A pesar de que su mamá tenía un gran aprecio por Hermione, al final no podía olvidar que Ron y ella no tenían planes de casarse propiamente, como ella hubiera deseado. Sabía lo que debía estar pensando. Un hijo fuera del matrimonio no sería agradable para ella. Entonces comenzó a enlistar las razones por las cuales su hermano y su amiga deberían casarse, cosa que hizo sentir mal a Ginny por usarlos como vía de escape. Al final terminó contándole la historia de cómo ella y su padre se conocieron y se enamoraron y después terminó olvidando su enojo para terminar contándole historias de sus hermanos fallecidos, riendo ante las anécdotas divertidas que tenía de su infancia.

Ginny la miró todo el tiempo con fascinación. Con un cariño infinito. De pronto se sintió horriblemente culpable por haberse alejado tanto tiempo de ella y de su demás familia. En un arrebato de sentimentalismo la abrazó inesperadamente, pero su mamá le devolvió el abrazo de forma instantánea como lo hacía cuando era una pequeña niña. Se prometió nunca más volver a alejarse de ella. Nunca debió hacerlo y no dejaría que volviera a pasar.

Cuando llegó la hora de la cena, Ginny se apresuró a poner la mesa y cuando todos los demás comenzaban a llegar a la cocina, se vació accidentalmente un trozo de pay sobre la blusa. A ella no le habría importado quedarse así, pero su madre la mandó a cambiarse y de paso a lavarse. Suponía que era una de esas cosas que a las madres les gustaba mandar a hacer, ya que pudo haber limpiado el desastre de su ropa con la varita y además pudo haber comido sin lavarse, puesto que ya acababa de hacerlo minutos antes. Decidió no discutir con ella y así aprovechaba para librarse de tener que seguir poniendo la mesa. Sabía que su mamá encontraría quién lo hiciera.

En cuanto entró a su dormitorio y escuchó la puerta cerrarse se quitó la blusa por la cabeza con un ágil movimiento.

-¿Así de directos vamos a ponernos? –dijo una voz desde la ventana, haciéndola dar un respingo. Ella no había advertido la presencia de Harry hasta que habló.

-¿Qué haces aquí?–siseó molesta cubriéndose el pecho con la blusa- Vete

- Antes no decías lo mismo –le dijo acercándose a ella –Antes te gustaba meterme aquí a escondidas y recuerdo que era bastante bienvenido.

-Largo de aquí – musitó fulminándolo con la mirada. Ginny tanteó sus bolsillos buscando su varita pero entonces recordó que la había dejado en la cocina y entonces maldijo por lo bajo. Él soltó una carcajada mordaz mientras seguía caminando hacia ella. La mente de Ginny se nubló con preocupación y entonces retrocedió instintivamente.

-¿Por qué te alejas?

-Porque no te quiero cerca.

Él se detuvo de golpe antes de llegar a ella y la sonrisa se esfumó de su rostro.

-Me pregunto a qué se deberá eso –dijo con fingida meditación –A qué o a quién –añadió fulminándola con la mirada. Una mirada que no pudo sostener.

Lo sabe, él lo sabe. Pensó Ginny horrorizada.

-Dime, ¿quién es tu nueva distracción?

-No sé de qué hablas, si no te importa quisiera cambia—

-No te hagas la tonta. Te escuché hablar con Hermione.

-No sé qué habrás escuchado o entendido, nosotras no hablábamos de nadie

-¿Y tú crees que soy idiota, o qué? Dijiste que no podías enamorarte de alguien por haber estado una vez con él

-Yo no…

-¡No tengas el descaro de negarlo! ¿Con quién te estás revolcando?

Ginny le soltó una cachetada con toda su fuerza. Él se tomó la mejilla pero le sonrió de forma burlona lo que la hizo enfurecer más.

-Nada de lo que haga es de tu incumbencia

-Claro que lo es…

A Ginny le dieron ganas de seguir golpeándolo pero en lugar de eso sólo se quedó mirándolo con lástima y con odio.

-¿Qué es lo que te molesta más? ¿Que me acueste con otras personas o que exista la posibilidad de que sea feliz con alguien que no seas tú?

La mueca burlona de Harry se ensanchó, pero pudo ver en sus ojos algo diferente que no tenía que ver nada con la burla.

-¿Así que vas enserio con este tipo? ¿Eres "feliz"?... Pobrecita Ginevra... –dijo riéndose con sorna –Crees que alguien va a querer algo serio contigo, pero la verdad es que los hombres sólo se acercan a ti porque es bien sabido que eres una cualqui—

Esta vez la bofetada le volteó la cara y le borró la sonrisa de inmediato. No sabía por qué él no se había defendido. Tal vez nunca hubiera esperado que ella reaccionara de esa forma y la verdad es que a ella misma le había sorprendido bastante.

-Lo que haga con mi vida te vale. Si soy feliz y si estoy con alguien, es MI problema. Tú ya no me importas –soltó de pronto envalentonada por su furia –Tú ya no significas NADA para mí.

Los ojos de Harry se llenaron de coraje, infundiéndole un terrible miedo pero estaba decidida a no mostrárselo. Con un movimiento él le arrancó la blusa de las manos, que era con lo que se cubría y la tomó de la cintura, haciéndola dar un jadeo de sorpresa. En un instante sus manos acariciaron su espalda con un suave roce y sus labios se posaron en su cuello para recorrer su piel en un camino ascendente. Ginny perdió la voluntad y el sentido por un momento y entonces cerró los ojos mientras dejaba salir un suspiro y posaba las manos en el torso de él. Harry separó el rostro de su cuello y luego volvió a inclinarse acercándose al rostro de ella para besarla. Pero cuando se encontró a menos de un milímetro de sus labios, se detuvo y comenzó a reír. Fue entonces cuando ella reaccionó y dio un paso hacia atrás avergonzada.

-Lo bueno es que ya no significo nada para ti –dijo entre carcajadas llenas de crueldad. A Ginny se le aguaron los ojos sin que pudiera evitarlo, lo que lo hizo reír aún más fuerte. Sin decir nada más y sin dedicarle una última mirada, salió de su habitación. Sin advertirlo, comenzó a llorar. Se puso ropa limpia y luego se tendió en su cama, mientras las lágrimas bajaban por su rostro en absoluto silencio. Era una estúpida al creer que podía enfrentarlo. Debió haberse ido en cuanto lo vio llegar. Nunca podría deshacerse del poder que él tenía sobre ella. Lo odiaba con todas sus fuerzas.

Minutos después alguien tocó a su puerta pero ella no contestó.

-Ginny –era su madre -¿No vas a bajar a cenar?

-No –replicó ella intentando que su voz no sonara angustiada

Entonces escuchó que se abría su puerta y alguien entraba.

-¿Qué haces? ¿Por qué no quieres cenar? ¿Te sientes mal?

Ginny respiró intentando controlar sus emociones.

-No tengo hambre.

-¡Pero si no has comido nada en horas!

-Se me fue el apetito al preparar tanta comida.

Su madre se acercó a la cama y se sentó junto a ella que enterró la cara en las almohadas para que no la viera llorar.

-¿Estás enferma? Voy a llevarte a San Mungo.

-No mamá –dijo irguiendo la cabeza para verla –Estoy bien…

Su madre vio su rostro lleno de lágrimas y entonces le acarició el cabello.

-¿Qué tienes, hija?

Ginny pudo ver la preocupación de su madre palpando la superficie de su rostro y pudo sentir el inmenso amor que le profesaba. Tenía ganas de regresar en el tiempo y que su mayor problema fuera que sus hermanos no la dejaran jugar con ellos. Su mamá le dio un beso en la frente y no siguió insistiendo. Ginny tenía ganas de confesarle todo. Toda la verdad. Quería decirle que Harry la había humillado minutos antes y que era un falso, un impostor. Quería decirle lo mal que la trataba en el trabajo y quería decirle lo que le había hecho hacía un año… Pero ¿le creería? Ginny la miró a través de las lágrimas deseando con todas sus fuerzas que su mamá fuera como Hermione y reaccionara bien ante todos los secretos que guardaba. Se dio valor a sí misma y cuando le volvió a preguntar qué era lo que tenía, se animó a contestar.

-Tuve una discusión con Harry… -fue todo lo que se atrevió a decir. Sin embargo su madre simplemente le dedicó una mirada de ternura y comprensión, esperando a que siguiera hablando pero ella no lo hizo.

-Voy a subirte algo para que cenes aquí.

Y entonces se retiró dejándola sola con sus pensamientos. No sabía a ciencia cierta qué había pasado por la mente de su madre, pero agradecía que no siguiera insistiendo y que la dejara cenar en su habitación. Tal vez era la conexión especial que tenían las madres con sus hijos, tal vez su mamá iba a entenderla y apoyarla incondicionalmente, lo único que debía hacer era abrirle su corazón. Esa noche no hablaron más, Molly Weasley sólo se limitó a dejarle la bandeja con comida y después de abrazarla y decirle que la quería, se marchó. Toda la noche Ginny se la pasó meditando si sería prudente contarle a su mamá todos los secretos que guardaba en su corazón. Antes de caer dormida decidió que debía arriesgarse.

Sin embargo al día siguiente cambió por completo de opinión. Los Weasley se encontraban en la sala de su casa platicando y jugando en diversos grupos frente a la chimenea de la casa, pero Ginny no podía dejar de ver a uno en específico. Aquel día Harry no se había separado de su madre ni un segundo. La abrazaba y le hacía cariños como ninguno de sus hermanos, como si fuera un hijo sumamente agradecido. Ginny los vio durante horas charlar y charlar muy entretenidos y divertidos, y los vio sonreír mientras ella sentía hervir la furia por dentro. Lo más horrible no era que Harry se comportara como un joven modelo, educado y amable, sino que su madre se desviviera por él. Le servía constantemente de la tarta que había preparado sólo para él y lo miraba como si fuera el muchacho más gentil y agradable que hubiera pisado la tierra.

-Yo también siento celos a veces, pero luego se me pasa –le dijo Fred sentándose junto a ella que veía hacia la otra esquina de la sala donde se encontraban Harry y su madre.

-¿Qué dices?

-Que a veces me pongo celoso de cómo trata mamá a Harry.

-Ahh…

-Honestamente, Ginny –dijo de pronto George sentándose al otro lado –Creo que mamá nunca te aceptará a ningún otro novio que no sea Harry.

-Míralo, creo que lo quiere más que a nosotros… -añadió Fred riendo.

Ella hubiera replicado algo, pero en el fondo sabía que sus hermanos tenían razón, aunque lo dijeran en broma. Sin esperar a que siguieran hablando, se levantó y salió de la casa. Caminó por un rato tratando de no pensar en nada, pero fallando. Daba igual si su madre no le aceptaba a alguien que no fuera Harry, de cualquier forma no creía llevar a nadie nunca más a su casa. Tal vez moriría sola. Nunca iba a encontrar a nadie… el único hombre que la había hecho volver a sentir bien, no había vuelto a buscarla. Por un segundo imaginó a Ced yendo a la madriguera a pasar la navidad con ella y convivir con su familia. Lo amarían. Harry era basura comparado con él… si tan sólo le dieran una oportunidad. Y si tan sólo él la hubiera buscado…

Regresó a su casa cuando ya había obscurecido y entonces su madre la reprendió.

-¿Dónde andabas? Tuvimos que empezar a cenar sin ti –ella sólo se encogió de hombros y se sentó a la mesa –Le dije a tu padre que fuera por ti pero prefirió jugar con ese cacharro muggle que no sabe usar.

-Sí lo sé usar –replicó él y luego volteó a verla –Hija, tu tefélono ya no sirve. Te marqué pero una señorita me dijo que tu número ya no existe. Yo le dije que sí existe, que es tuyo pero no me hizo caso y todas las veces que hablé me dijo lo mismo… Estas cosas muggles son cada vez más raras…

De pronto Ginny abrió los ojos llena de sorpresa. ¡Qué idiota! Se apresuró a devorar su cena lo más rápido que pudo y luego tomó el teléfono de su padre y se lo llevó a escondidas a su recámara, donde se encerró y se protegió con el encantamiento muffliato. Marcó a su propio número de celular y efectivamente la llamada no entraba y la grabación repetía una y otra vez que ese número no existía. ¡Cómo lo pudo haber olvidado…! El día de su accidente Harry le había marcado ebrio y ella había estrellado su celular contra la pared. No había hecho el esfuerzo por recuperarlo y como nadie nunca le hablaba, no se había dado cuenta que le hacía falta. Pero sí que le hacía falta. Muchísima. ¡Qué estúpida había sido! Le había dado ese número a Cedric y seguramente él había marcado pero se había topado con la sorpresa de que no existía. Por eso no la había contactado, al final de todo. Esa era la razón… O eso se animaba a creer.

Antes de arrepentirse marcó el número telefónico del hospital de San Mungo. Le preguntó a la joven que había respondido que si la podía comunicar con el Sanador Diggory. Ella la hizo esperar un par de minutos mientras contactaba al ala de urgencias donde él trabajaba. Cada segundo se le hacía más largo que el anterior. ¿Estaría molesto por haberle dado un número que no servía? ¿Habría él llamado siquiera? ¿Qué iba a decirle? ¿Estrellé mi teléfono contra la pared y luego te escribí que me llamaras a ese número? Sonaba tan estúpido… pero lo más estúpido era que era la verdad. De pronto la chica volvió a hablarle tan sólo para decirle que el Sanador Diggory había tenido unos días de descanso y que regresaría en un par de días después. Ginny suspiró abatida aunque un poco aliviada, dejando que su nerviosismo se apagara dándole paso a una ligera desilusión. Le dio las gracias a la chica y cuando ella le preguntó que si quería dejarle algún recado o por lo menos el nombre de quien había llamado, Ginny se negó y simplemente dijo que volvería a hablar en unos días. Decidió esperar a que pasara año nuevo y a volver a su rutina normal para poder hablar con él desde la comodidad de su departamento. O tal vez, si se animaba terminaría yendo a verlo.

Los últimos días del año fueron más o menos lo mismo, conviviendo con su familia, con Harry ignorándola frente a todos y siendo grosero cuando estaban solos, por lo que ella se la pasaba evadiéndolo y luchando por ignorarlo también. Lo bueno era que Hermione había vuelto a la madriguera y pasaba mucho tiempo platicando con ella. Por un momento le recordó a su amistad y relación que tenía con Luna y decidió escribirle una carta, puesto que era prácticamente seguro que su amiga había intentado comunicarse con ella al celular que ya no tenía. Consideró por un momento contarle todo por lo que había pasado últimamente, pero decidió sólo contarle que se encontraba mejor que antes y estaba decidida a componer su vida, que la quería y extrañaba mucho y que no se preocupara por ella. Se despidió deseándole lo mejor a ella y a su novio Gerard. Le hubiera gustado mucho contarle de su experiencia cercana a la muerte pero eso implicaría relatar su reencuentro con Cedric y no quería soltar una bomba así de grande de forma escrita. Además no sabía cómo habían quedado y tendría que esperar unos días más para volver a verlo o por lo menos hablar con él.

El 31 de diciembre Ginny se levantó más temprano de lo normal con un poco de inquietud en su interior. Sin embargo era algo bueno. Se sentía ansiosa por terminar ese año que había sido en su mayoría malo. Estaba emocionada por darle vuelta a la hoja y comenzar desde cero. Se sentía bien, a pesar de todo. Sentía que iba por el camino correcto. No había sido todo perfecto pero por lo menos había recuperado a su familia, había abierto una brecha de sinceridad con Hermione y esperaba que las cosas mejoraran con el paso del tiempo. Por lo menos ya no se sentía sola y abandonada, por lo menos esta vez recibiría el año nuevo en familia y no en una oficina vacía.

Bajó a la cocina aún en pijama para el desayuno que su madre ya se encontraba preparando y se dispuso a ayudarle, cuando de pronto vio en la mesa una pila de revistas de Corazón de Bruja y varias más esparcidas en desorden. Parecía que su mamá era seguidora acérrima y no se perdía de ningún número. Resopló molesta al pensar que era probable que se tragara todo lo que Rita Skeeter escribía de ella. Ginny pensó por un momento en todas las personas que eran víctimas de sus artículos, puesto que no era la única ni con quien más se ensañaba. Esa maldita mujer no se tocaba el corazón al considerar que todas esas personas que masacraba en sus escritos tenían familia.

-¿Para qué es todo esto? –preguntó Ginny señalando las revistas en la mesa

-Estoy buscando una receta para la cena de hoy, sólo que no la encuentro, no me acuerdo en qué número la había visto.

-¿Por qué no haces lo de siempre?

-Porque quiero hacer algo diferente, ¿te importaría ayudarme?

-¿A qué?

-A buscar la receta -Ginny frunció los labios, reticente. No quería ni siquiera verlas de lejos, mucho menos empezaría a hojearlas. Su madre la observó durante unos segundos y luego añadió: -Las recetas vienen al final, no tienes por qué revisarlas todas.

Ginny carraspeó incómoda. Había entendido lo que su madre le había querido decir. Ahora estaba completamente segura de que su mamá estaba al tanto de todo lo que se decía de ella. Sin embargo Molly no dio señal de tocar el tema, cosa que agradeció, aunque al final le quedaba la duda de si en verdad creía lo que leía de su hija. Ginny se sentó a regañadientes y se puso a revisar algunas de las revistas en busca de la receta que su madre quería, pero seguía sin encontrarla. De pronto la puerta de la cocina se abrió y vio a Harry entrar, con pequeños copos de nieve salpicando su cabello. Apartó la vista de él lo más rápido que pudo y se dispuso a ignorarlo mientras él platicaba amenamente con su madre.

-¿Qué es esto Molly? –preguntó señalando con la cabeza la mesa llena de revistas -¿Un nuevo club de lectura?

Su madre rio fascinada por su comentario, como si fuera lo más gracioso que había oído en su vida.

-No hijo, estamos buscando una receta…

-¿En corazón de bruja? –preguntó escéptico –Pensé que esa revista sólo trataba de noticias y cotilleo del mundo mágico.

Ginny se quedó inmóvil esperando algún comentario en su contra pero nunca llegó. En cambio se acercó a la mesa y comenzó a dar un vistazo a las revistas con poco interés.

-En realidad tiene variedad la revista –dijo su madre con una risa nerviosa mientras cambiaba el tema de conversación -¿Quieres desayunar Harry?

-Claro…

-¿Qué quieres que te prepare?

-Lo que sea está bien, cualquier cosa que prepare le queda bien –dijo en tono demasiado adulador.

Su madre siguió en su labor de preparar el desayuno, mientras ella seguía en silencio tratando de lucir invisible aunque estaba consciente de que Harry reparaba en su presencia por completo.

-¡Mire Molly! –dijo de pronto tomando una revista –Estoy en la portada de este número.

Ambas voltearon de forma instantánea, aunque Ginny se reprendió mentalmente por prestarle atención.

-Claro hijo –dijo su madre complacida y orgullosa- En ese número hablan de la misión que lideraste en Escocia y del evento de caridad que organizaste.

Harry rio igualmente complacido

-Tenemos a una gran fan de la revista aquí ¿verdad?

-Sólo un poco –le dijo riendo igual mientras Ginny les lanzaba una mirada de desdén a ambos por lo bajo. Entonces volvieron a quedarse en silencio por un momento hasta que Harry volvió a hablar.

-Vaya, vaya, vaya… -dijo tomando otra de las revistas de entre el montón. Ginny no pudo evitar levantar ligeramente la vista y entonces se quedó helada. La imagen de Cedric Diggory se encontraba en la portada –El premio a la sonrisa más encantadora –Ginny apartó la vista de él, antes de que clavara su mirada en ella y decidió actuar como si no le estuviera prestando atención. Si lograba controlar su nerviosismo nada tenía que salir mal –Parece que ya le dan el premio a cualquier pelmazo –dijo alzando la voz.

-Es que no pueden seguir dándote el premio a ti –le dijo con cariño su madre

-Muy cierto –contestó con suficiencia –Aunque por lo menos deberían reservarlo para los que se quedan en el país y no huyen como ladronzuelos –musitó dándole énfasis a la última oración, sin embargo Ginny siguió sin dar señas de prestar atención.

-¿Es que no te has enterado?-preguntó de pronto su madre.

Ginny apretó los puños con fuerza.

-¿De qué?

No. No. No.

-Cedric Diggory ha vuelto a Inglaterra.


OMG! ¿Qué opinan? Hablen ahora o ... hablen ahora jaja. Los espero con sus reviews!