Notas de la apenada autora: Bueno chicas, no sé dónde meter la cabeza jeje. Desaparecí tres meses, como bien me lo hizo notar la bonita Lily Masen, pero bueno ¿qué les puedo decir? El montón de excusas sí tengo: Primero no me llegaba la inspiración y luego gracias al cielo me llegó una oportunidad de trabajo y el tiempo para escribir me quedó muy escaso. También está el hecho de que he tenido un montón de líos y dramas con mi pareja, han sido meses muy difíciles y tristes, pero bueno, nada que no pueda solucionarse. Lo único bueno de todo esto es que tengo un montón de material para escribir jajajaja xD
Como sea, creo que mis excusas no nos ayudan ni les interesan, el caso es que volví. Muchos millones de miles de gracias a Matocro, Hime no Bara, Lily Masen, Bery Castel, The Lady Nott, y Kairi1196 por sus halagadores reviews. Me han hecho muy feliz con sus palabras, gracias por seguir leyéndome y seguir creyendo en mí como escritora de fanfic. :') Les mando un abrazote.
No encuentro otra forma mejor para pedir disculpas por mi ausencia que traerles el siguiente capítulo, recién salidito del horno. Creo que no es la gran cosa pero bien, ya ustedes me dirán qué les ha parecido. Espero que les guste y que sigan enamorados de esta pareja tal y como yo lo estoy. Las leo abajo :)
TO BE WITH YOU
By Aurum Black
Capítulo 14
Año nuevo
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Hold on little girl, show me what he's done to you…
Aguanta pequeña, muéstrame lo que él te ha hecho…
Cedric caminó por las calles de Londres cubiertas de nieve, observando las luces provenientes de los hogares llenos de risas y de familias compartiendo juntos la víspera de año nuevo, sin poder evitar sentirse solo. Llevaba en la mano una botella del vino más caro que había encontrado en la tienda, el cuál había comprado dispuesto a compartir con sus compañeros del hospital en una fiesta a la había sido invitado, pero repentinamente a medio camino hacia allá, había decidido dar media vuelta y volver a su departamento, no sabía bien por qué. Tal vez la fecha lo ponía demasiado triste, tal vez extrañaba mucho a su padre, tal vez se sentía demasiado vacío como para estar con alguien en ese momento. Tal vez hacía mucho frío.
Se subió el cuello del abrigo y después entró a la primera tienda que encontró y llenó una bolsa con toda la comida que se le antojó, dispuesto a atiborrarse para celebrar el nuevo año que iba a comenzar. Por si las dudas, compró otra botella de vino considerando que tal vez le haría falta para sobrellevar la soledad que se le avecinaba aquella fría noche. La soledad, la desilusión, la tristeza, el vacío... ¿Por qué se sentía tan inconforme con su vida si tenía todo lo que alguna vez había soñado? ¿Si tenía todo por lo que muchos matarían? ¿Por qué se sentía tan incompleto? Tal vez debía escuchar a su madre y considerar que era tiempo de sentar cabeza y buscar pareja. Aunque honestamente... No tenía interés en nadie. Por lo menos en nadie que no fuera ella. Ella. Cerró los ojos y suspiró. Casi podía aspirar su perfume, casi podía imaginar sus facciones a la perfección. Sacudió la cabeza levemente, animándose a sacarla de su mente a pesar de que en su interior quería seguir pensando en ella. Pero no, no debía. No cuando le había dado un número equivocado y después no había a tener noticias de ella en dos meses. No ahora que ella había dejado muy claro que no tenía interés en él.
Al salir de la tienda apuró el paso, sintiendo que ya necesitaba una copa de vino con urgencia. Llegó a su edificio y subió los escalones de dos en dos mientras metía una mano dentro del nudo de su corbata para aflojarlo. Se había vestido elegante y todo para nada. Bufó con desilusión, exasperado consigo mismo. Se sentía solo y en lugar de pasar aquella noche en una fiesta rodeado de gente, había preferido regresar a su departamento donde nadie lo esperaba. Tal vez debió haberse ido con su madre, y así no se sentiría tan patético. Tal vez debería regresar a Francia o tal vez debería regresar a América... Tal vez era momento de aceptar que Inglaterra ya no era más su hogar... Tal vez lo mejor sería empacar sus cosas y volver por donde había regresado.
Subió el último escalón y giró hacia el pasillo que llevaba a su departamento, pero al hacerlo se encontró con algo que lo dejó helado. Alguien. Ella.
La bolsa de papel que llevaba en la mano cayó al piso mientras él apuraba los pasos que la separaban de ella. Ginny Weasley se encontraba en el piso, justo enfrente de su puerta. Al llegar a su lado, se inclinó junto a ella y enseguida pudo darse cuenta que se encontraba llorando con fuerza. Ella no pareció darse cuenta de su presencia hasta que él la tomó de la barbilla y le alzó el rostro para mirarla a los ojos. Esos preciosos ojos color chocolate que se encontraban inundados en lágrimas. Pero eso no fue lo único que vio. Había varios cortes en la piel de su rostro por los cuales finos hilos de sangre brotaban, el más grande de ellos estaba en su ceja y el otro en su labio inferior, que temblaba. Sin pensarlo más, él la tomó de la cintura y la ayudó a levantarse. Abrió la puerta de su departamento y cuando estuvo a punto de cargarla ella negó ligeramente con la cabeza y entró con paso firme pero apoyándose de él. Sin decir nada, la llevó hasta la mesita redonda donde solía tomar té, y la sentó en uno de los bancos. Enseguida volvió a salir al pasillo y con un encantamiento se apresuró a levantar sus compras que habían quedado regadas en el piso y las hizo levitar de regreso a la bolsa y luego a su mano. Antes de entrar reparó en la presencia de una pequeña maleta que debía pertenecerle a Ginny. Sin hacerle ninguna pregunta, la tomó con la mano libre y entró a su departamento cerrando la puerta tras de sí y haciendo a un lado todo lo que cargaba. De inmediato volvió junto a Ginny que se encontraba sollozando en silencio, con la mirada perdida hacia el suelo. Cedric sintió que su corazón se encogía de angustia y entonces volvió a alzarle el rostro justo como lo había hecho momentos atrás cuando la encontró en el pasillo.
-¿Estás bien?
Ella negó con la cabeza, apretando los ojos con fuerza mientras las lágrimas surcaban sus mejillas y se hundían en su cuello.
-¿Qué… qué te pasó? –preguntó en voz baja acariciando su piel con el pulgar con suma delicadeza, evaluando la gravedad de sus heridas y entonces ella dio un respingo de dolor cuando él tocó su labio –Lo siento –susurró él, pero ella no reparó en su disculpa. Se llevó un par de dedos al labio lastimado haciendo una mueca de dolor al contacto y al separarlos observó unas pequeñas manchas de sangre en ellos, claramente sorprendida. -¿Cómo te hiciste esto? –insistió él con la preocupación desbordando su voz, reprimiendo el impulso de preguntar "¿quién te hizo esto?", pero ella no contestó. Antes de darse por vencido resolvió que debía asegurarse que no estaba lastimada de algún otro lado -¿Tienes más heridas?
Ginny volvió a negar con firmeza, así que él ya no quiso insistir más. En lugar de eso, convocó con la varita un pequeño botiquín de primeros auxilios y lo dejó en la mesita. Deliberadamente rozó con el dorso de su mano el brazo desnudo de Ginny y lo encontró helado. Se quitó el abrigo con un par de movimientos y se lo puso sobre los hombros a ella, para después comenzar en su labor de sanación. Con mil preguntas en la mente que no sabía cómo formular, limpió la sangre del rostro de Ginny con un trozo de algodón mojado con toda la delicadeza y suavidad que le era posible. Aunque claramente podría hacer aquello con magia, quería tener una excusa para seguir sintiendo su piel bajo sus dedos y a ella no pareció molestarle aquello, aunque honestamente no parecía estar allí del todo. Ella cerró los ojos y se mantuvo así durante esos efímeros minutos en que él se dedicó a curarla. Tomó una pócima espesa y con la yema de sus dedos la extendió por la superficie de los cortes en el rostro de Ginny. Afortunadamente ninguno de ellos era profundo y tardarían muy poco en cerrarse por completo sin dejar rastro de su existencia.
-Esto va a dolerte un poco ¿sí? –le advirtió justo antes de comenzar a untar la pócima en su labio. Ella abrió los ojos y asintió levemente, dedicándole una sonrisa triste. O el intento de una sonrisa, más bien. Aquello en lugar de reconfortarlo, le partió el corazón. Sentía ganas de abrazarla, de acunarla, de sanarla. Acarició su labio con lentitud mientras ella lo observaba fijamente por primera vez desde que la había encontrado. Si le dolió no lo supo ya que ella no dio señales de queja. Tal vez estaba pasando por otro tipo de dolor más fuerte que acaparaba su atención. Recordó por un segundo la imagen de ella en el suelo del pasillo frente a su puerta, y se preguntó ¿qué cosa tan horrible pudo haberle pasado para que la encontrara así?
Cuando terminó de curarla, guardó todo de vuelta en el botiquín y lo cerró con deliberada lentitud, sintiéndose muy nervioso y preocupado. Cuando volteó a verla se encontró de frente a su abrasadora mirada. El rostro de Ginny se encontraba seco y sólo un poco rosado en las partes donde había tenido los cortes. Sus ojos se encontraban sumamente hinchados a causa del llanto, pero ella ya no lloraba. Sin embargo su mirada seguía como perdida a pesar de que esta vez lo miraba fijamente. Era una mirada que estaba triste, vacía. Sin poder resistirlo se acercó más a ella y la envolvió en sus brazos, acunando su cabeza con una mano y apretándola contra su pecho. Cedric la sintió sollozar, la sintió temblar y entonces la abrazó con más fuerza. Ella se aferró a él de forma enérgica, allí sentada le rodeó el torso con los brazos enterrando el rostro en su pecho mientras sacaba todo lo que tenía dentro. Él acarició con una mano aquel sedoso cabello que tanto le fascinaba y con la otra recorrió su espalda intentando reconfortarla. Su abrigo estuvo a punto de resbalar, pero él volvió a acomodárselo ya que conforme pasaban los minutos la noche se iba tornando cada vez más fría, sin embargo el sentir la cercana presencia de Ginny le hacía sentir una calidez que no podía describir. Ginny lloró y siguió llorando durante un tiempo que a él se le hizo eterno. La abrazó con toda su alma, sin hacerle preguntas, sin decirle nada. Simplemente la rodeó en silencio mientras ella lloraba todo lo que podía un ser humano ser capaz de llorar. Poco a poco se fue calmando y su respiración se fue controlando hasta que Cedric comenzó a pensar que se había quedado dormida. Después de otro largo rato se removió contra su pecho indicándole que seguía despierta y se apartó de él con timidez. Volvió a mirar su rostro y lo encontró bañado en lágrimas. Convocó una caja de pañuelos y se la ofreció. Entonces decidió apartarse un poco para darle espacio y que ella pudiera recobrar la compostura. Se dirigió a la cocina y por primera vez reparó en la fecha que era y en los planes que tenía para aquella noche antes de haber encontrado a Ginny. Guardó todo lo que había comprado en el refrigerador y en la alacena y dejó las botellas de vino sobre la mesa para después pasarse las manos por la cara y luego por el cabello sin comprender realmente qué era lo que acababa de suceder. Cerró los ojos y se recargó con ambas manos sobre la mesa, sintiéndose en extremo egoísta por sentirse alegre de que Ginny estuviera allí, de que hubiera acudido con él. Por los motivos que fueran, por cualquiera que fuesen sus razones… el simple hecho de verla lo hacía sentirse bien. Aunque odiaba verla de esa forma. Si por él fuera, si en sus manos estuviera, haría cualquier cosa con tal de volver a verla sonreír. Como en los viejos tiempos, como tres años atrás cuando la había conocido y se reía de todos sus estúpidos chistes. Él suspiró cansado, con desilusión. Maldiciendo a la vida por lo que hacía con las personas. Él ya no hacía chistes estúpidos y ella ya no sonreía.
El sonido de unos tacones acercándose lo hizo alzar el rostro y abrir los ojos, tan sólo para encontrarla en la entrada de la cocina. Apenada, tímida, hermosa. Triste, tan triste, pero ridículamente hermosa. Por primera vez reparó en la ropa que llevaba puesta. Un elegante vestido que le llegaba a las rodillas, dejando ver la palidez de sus piernas. El cabello iba arreglado en un peinado que en algún momento había sido muy estilizado, pero ahora se encontraba un poco desaliñado, lo cual de alguna forma la hacía ver más linda. Por Merlín, ¿por qué era tan hermosa? Era un ángel, era un sueño, era lo más deslumbrante que había visto en su vida. Ella se envolvió más con el abrigo de Cedric, cosa que hizo que su corazón saltara estúpidamente y luego se acercó hacia él con timidez. Carraspeó un poco para aclararse la garganta.
-Gracias… -susurró con la voz muy ronca intentando dedicarle una sonrisa pero fallando colosalmente -Yo… siento todo esto…
-No te preocupes… -susurró él sin saber qué más decir pero sin dejar de mirarla fijamente.
Ella lo observó un par de segundos y de pronto sus mejillas se sonrojaron
-¿Ibas a salir a algún lado? Mierda, perdón por haberme presentado de esta forma… Tal vez deba irme…
-No –dijo él con más volumen de lo que había pretendido –En realidad no iba a ningún lado, venía a pasar la noche aquí… solo.
-¿Seguro?
-De verdad –le dijo sonriendo de lado muy levemente, casi imperceptible.
De pronto reinó un diminuto silencio en que él no pudo quitarle la vista de encima, a pesar de que su cerebro le decía que debía dejar de hacerlo. Ella se arrebujó más entre su abrigo un poco incómoda y entonces carraspeó.
-Ced yo…
-¿Sí?
-Cometí un error… al darte mi número –El rostro de Cedric se puso muy serio, sintiendo un agujero en el estómago ante aquellas palabras, sin embargo Ginny se dio cuenta de inmediato y hablando a trompicones quiso enmendarlo –No, no me refiero a que haya sido un error, sino que yo cometí un error… Quiero decir que, te di un número equivocado… bueno, sí era mi número pero…-Cedric frunció el ceño confundido y entonces ella suspiró- El día que estuve en San Mungo internada yo… rompí mi celular por accidente y cuando te di ese número había olvidado que ya no lo tenía… -Él no emitió palabra, asimilando lo que le confesaba, entendiendo la razón por la cual nunca pudo ponerse en contacto con ella en esos dos meses –Y luego cuando me di cuenta de mi estupidez ya había pasado mucho tiempo... pero quise buscarte, hablé al hospital pero tú estabas de descanso… y… soy una idiota…
-No lo eres –le dijo sonriendo sin poder evitarlo, sin poder contener la alegría que le daba oír que ella lo había buscado. Pero el semblante de Ginny seguía triste, como si no pudiera olvidarse de aquello que le había sucedido esa noche, como si una parte de su mente estuviera en otra parte, muy lejos de allí -¿Estás bien?
Ella se abrazó a sí misma y se estremeció negando con la cabeza.
-Creo que no… -susurró muy bajo cerrando los ojos con fuerza –Perdón por haber venido así, yo… creo que lo mejor será irme, no debí molestarte… -Entonces se quitó el abrigo y lo dejó encima de la mesa. Pero cuando apenas había dado media vuelta, él ya se había acercado para tomarla de la mano y detenerla con fuerza.
-Déjame ayudarte… -le dijo haciéndola girar para que quedara justo frente a él
Ella le sonrió y por primera vez lo hizo de forma auténtica, aunque tuvo corta duración fue una sonrisa natural y verdadera.
-Ya has hecho demasiado, no tienes idea de cuánto…
Ahí viéndola a los ojos y teniéndola tan cerca, sintiendo su mano entre la de él, un impulso sobrehumano se apoderó de su razón, incitándolo, animándolo a hacer cosas con las que había fantaseado durante esos últimos dos meses. Y de pronto un ruido proveniente de la ventana los hizo dar un brinco a ambos, rompiendo la cercanía que no se habían percatado existía entre ellos. Él caminó hacia la ventana y encontró una lechuza gris con un pergamino en el pico. La maldijo internamente y estuvo a punto de hacerlo en voz alta, pero en lugar de eso sólo tomó el rollo justo a tiempo, unos segundos antes de que el ave volara en dirección al cielo.
-Es para ti… -dijo él tras ver el nombre de Ginny escrito en la superficie del papel
Ella abrió levemente los ojos con sorpresa como no sabiendo qué esperar, pero se acercó extendiéndole una mano muy temblorosa. Él le entregó el pergamino que ella abrió allí mismo y leyó con nerviosismo. Cedric sólo pudo observarla en los escasos minutos que le tomó leer y asimilar el mensaje que seguramente debía llevarle malas noticias, ya que la descolocó de inmediato.
Ginny releyó una y otra vez aquella carta de Hermione, sin poder creer lo que le informaba, sin querer creerlo. ¿Cómo era posible que todo se hubiera ido a la mierda en un abrir y cerrar de ojos? ¿Cómo era posible que Harry siguiera causándole tanto daño? Volver a pensar en su simple nombre hizo que un nudo en el pecho se le formara. Volvió a leer el pergamino:
"Querida Ginny:
Merlín, no sé qué decirte. Todo esto es un caos. No sé donde estás, aunque creo saberlo, o por lo menos lo sospecho. Tal vez lo mejor sea que no me lo digas, ni a mí ni a nadie. La versión que daré es que saliste del país por tiempo indefinido... y tal vez es lo que debas hacer, pero lo dejaré a tu consideración. No te preocupes por tu trabajo, yo hablaré con Tonks y me encargaré de todo. Deja todo en mis manos. Oh cielos, durante todo este año no pude ser la amiga que necesitaste, y por eso trataré de recompensarte un poco ahora. Moveré cielo, mar y tierra en el ministerio para que nadie te encuentre, ni siquiera Harry, por eso quédate tranquila, nadie va a encontrarte hasta que tu lo decidas...
No sé de qué manera pedirte perdón, todos cometimos errores... espero que algún día puedas perdonarme por no prestar la suficiente atención, por no haberme dado cuenta de las cosas, por haberte culpado de tanto... Espero que cuando te sientas mejor podamos platicar de todo esto, si es que aún quieres hacerlo.
Me duele decirte esto después de todo lo que sucedió en casa de tus padres, pero creo que lo mejor es que lo sepas de una vez. Después de que te fuiste, tu padre se puso como loco pidiendo la cabeza de Harry y tu madre lo enfrentó por defenderlo, sin creer que lo que escuchamos de propia boca de Harry fuera verdad. Ambos pelearon y en este momento tu padre está haciendo sus maletas. Por otro lado Ron corrió a buscarte y se encontró con Harry... el muy hijo de puta... el malnacido le dijo que le hiciste un imperius para que dijera lo que dijo, para que aceptara que te engañó hace un año y que tu lo descubriste... pero que nada de eso es verdad... y el imbécil de tu hermano le ha creído... Para cuando leas esto tal vez ya me encuentre de camino a casa de mis padres, he terminado con nuestro noviazgo de forma indefinida pues no podré soportar tanta estupidez de parte de Ronald... Esto no es culpa tuya, es decisión mía. Y es a causa de tu hermano, de nadie más.
Por favor, tómate todo el tiempo necesario para calmarte, para recuperarte si es posible. Creo que en estos momentos todos necesitamos dar unos cuantos pasos atrás para darnos cuenta realmente de lo que ha sucedido... Si necesitas de mí ya sabes dónde estaré. Te quiero amiga, siempre serás una persona muy importante para mí...
Hermione"
Las lágrimas volvieron a rodar por las mejillas de Ginny sin poder contenerlas. Sus padres iban a separarse por su culpa. El noviazgo de su hermano y Hermione iba a destrozarse también por su culpa. Soltó un sollozo y se cubrió la boca con una mano para ahogarlo
No. La culpa no era de ella. La culpa era del hijo de perra de Harry Potter, que aún después de todo tenía el descaro de decir que ella le había mandado un imperius. ¡Era el colmo! ¡el maldito colmo! Sin poder contenerse arrugó el pergamino entre sus dedos y luego comenzó a romperlo con desesperación y con coraje. Con mucho odio. Y cuando estuvo a punto de desfallecer unos brazos la envolvieron, sujetándola, dándole soporte. Unos brazos que aquella noche estaban convirtiéndose en su salvavidas personal. Por un instante olvidó todo tan sólo para centrarse en la manos que se posaban alrededor de su cintura y la apretaban con delicadeza, pero enseguida los recuerdos y los problemas volvieron a agaloparse en su mente para hacerla temblar de dolor. Volvió a llorar, aunque esta vez las lágrimas ya no salían de la misma forma. Tal vez ya se había secado por dentro. Se limpió el rostro con descuido y trató de salir del abrazo de Cedric, completamente avergonzada por el espectáculo que estaba dándole.
-Debo irme...
-No- Él no la soltó. Tomó su rostro entre sus manos y lo sostuvo para que lo viera a los ojos. Unos ojos castaños que le infundían algo parecido a la esperanza. En ellos encontró una ternura indescriptible, y mucha preocupación. -No puedo dejar que te vayas en este estado- La caricia de los dedos de Cedric en su cuello la hizo bajar la guardia un poco, rindiéndose ante él, enormemente agradecida porque estuviera a su lado en ese momento -¿Qué pasó? -Ginny suspiró cansada sin saber qué decir -Tienes qué decirme algo, lo que sea. No puedes esperar que me quede tan tranquilo después de todo esto... -Pero ella siguió sin emitir palabra alguna y entonces una fuerza que no sabía de dónde provenía lo hizo hablar. Sin pensarlo, sin meditarlo, le preguntó muy bajo:- ¿Es por él?
Ginny se quedó petrificada, mirándolo fijamente a los ojos sin poder creer lo que acababa de escuchar. ¿Él? ¿Sabría acaso Cedric de sus problemas con Harry? ¿Pero cómo...? No, no había forma. Aunque... ¿a quién más podría referirse si no a Harry? Era obvio que hablaba de Harry. Y entonces casi sin darse cuenta, Ginny asintió levemente con la cabeza mientras una solitaria lágrima volvía a brotar por la comisura de su ojo. Él enterneció su mirada aún más y le acarició la mejilla suavemente con el pulgar.
-¿Qué fue lo que te hizo? -susurró Cedric tal vez más para sí mismo que para ella. Tal vez no sólo refiriéndose a lo que había ocurrido aquella noche, sino a lo que había hecho de ella en esos tres años que no la había visto. ¿Qué había hecho de esa alegre y dulce chica que había conocido? La de radiante mirada y deslumbrante sonrisa...
Ginny se aferró a él, tomándolo por los costados del saco, sin atreverse a mirarlo a los ojos y en lugar de eso perdiéndose en un punto fijo dentro de los colores de su corbata. No quería hablar, pero a la vez sentía una necesidad de hacerlo. Después de haber guardado tanto tiempo un horrible secreto, esa noche por fin había explotado y había sido desastroso. Intentar no pensar en ello y suprimirlo en sus adentros no había funcionado, tal vez hablarlo lo haría desaparecer.
-Él... -comenzó con voz ahogada -Él me... hizo algo... muy horrible... hace más de un año -pero entonces no pudo continuar y comenzó a sollozar con fuerza -No, no puedo hablar de eso... -dijo entre más lágrimas -Cedric la abrazó entonces arrepintiéndose por haber sacado el tema a la luz y sin ánimos de preguntarle más sólo se dedicó a consolarla, pero ella siguió hablando con la cara contra su pecho -Hoy provocó una pelea en mi casa, con mi familia. Mi mamá me corrió... y peleamos... y ahora mis padres van a separarse por mi culpa... Todo es un desastre -chilló hipando con fuerza
-Ya linda, tranquila -le dijo apretándola más -Todo va a estar bien
-No...
-Sí lo estará, sólo necesitas que las cosas se calmen un poco
-No... -repitió ella testaruda y entonces él resopló
-Eres igual de necia que Luna, por eso se llevan tan bien.
De pronto Ginny soltó una risa ligera, rompiendo por completo con el contraste de cómo se sentía. Por unos segundos todo volvía a estar bien. Por unos segundos regresó en el tiempo tres años a cuando su mayor preocupación era que Luna los descubriera besándose.
El corazón de Cedric dio un pequeño brinco de alegría al escuchar el sonido de su risa y entonces se separó un poco de ella para poder mirarle la cara.
-Esa es la sonrisa que... -me enamoró, estuvo a punto de decir pero se detuvo -que debes tener siempre -se apuró a arreglar.
Ella lo miro triste pero sin dejar de dedicarle una tímida sonrisa mientras volvía a limpiarse las lágrimas del rostro.
-Ced ¿crees que habría problema...? ¿Puedo quedarme aquí unos días?
-Los que necesites -Le dijo sin poder contener esas ganas de acercarse a ella y adorarla. Y entonces sin poder evitarlo, la besó. Sus sentidos se intensificaron al unísono, queriendo con toda su alma prolongar el contacto con sus labios, pero de pronto ella se separó y dio un paso atrás. La había tomado por sorpresa, sin haberlo anticipado y eso la había hecho sentirse viva por un momento. –Discúlpame Ginny, no quería incomodarte…
-No es eso.
-¿Entonces?
-Es sólo que no quiero que pienses que vine sólo a eso, como la vez anterior…
-En ningún momento lo pensé. Perdóname por el atrevimiento.
Ginny volvió a reír un poco, sintiéndose poco a poco relajada. Olvidándose por un segundo de todo.
-Tu siempre tan correcto y tan…
-¿Tan qué? –dijo con una sonrisa divertida al ver que ella bajaba sus murallas un poco
Tan perfecto, pensó ella, pero no se atrevió a decirlo.
-Tan tú -Él dio un paso al frente acortando la distancia entre ellos nuevamente, pero ella pareció adivinar sus intenciones –Ced, no creo que este sea el mejor momento, yo… no me siento bien…
-Ok, ¿qué quieres hacer entonces? Vamos a algún lado, hay un millón de fiestas en la ciudad esta noche –Ella negó con la cabeza con desánimo -¿Quieres cenar? ¿Quieres salir a caminar? Sólo di a dónde quieres ir y lo haremos.
-Lo siento, no tengo ganas de nada…
-¿Quieres que te deje sola?
-¡No! –gritó de pronto sorprendiéndose a sí misma, repentinamente muy asustada ante la perspectiva de perder lo único que la mantenía a flote aquella noche -No te vayas –le dijo en voz baja mirándolo a los ojos, sintiendo una fuerza atrayéndola hacia él, hacia aquel chico que le había hecho ver la vida de un modo diferente tres años atrás, aquel chico que le había robado el corazón de forma tan inesperada. Vio sus hermosos ojos castaños que transmitían tanta ternura, pensando que nadie más en su vida la había mirado de esa forma. Vio su cabello obscuro con destellos claros incitándola a revolverlo de la forma más salvaje y vio esa expresión de concentración en su rostro que tanto le gustaba y entonces se dio cuenta que haber llegado con él era la mejor decisión que pudo haber tomado. Se acercó lentamente, se estiró un poco sobre sus pies y entonces esta vez fue ella quien lo besó. Primero con cautela y luego con fervor, necesitando de él, de todo lo que significaba. Enseguida él la tomó de la cintura con una mano y con la otra la tomó del cuello para acercarla más, para no perderla. Con una avidez impresionante sus dedos bajaron por el hombro hasta el tirante de su vestido para descubrir su piel, y al dar un pequeño vistazo se encontró con algo que lo hizo romper el beso.
-Por Merlín, Ginny ¿qué es esto?
Ella se quedó confundida por unos segundos y después lo comprendió. De prisa se subió el tirante ocultando los pequeños moretones que tenía en el hombro.
-No es nada, no importa…
-Claro que importa ¿quién te lastimó? ¿También te hizo lo de la cara?
-¿Qué? No –dijo ella cruzándose de brazos, caminando lentamente alejándose de él, con él siguiéndola muy de cerca –Lo de la cara fue un accidente, Hermione hizo volar una puerta y los pedazos me golpearon la cara…
-¿Y tu hombro? –preguntó sin dejar de perseguirla hasta que se encontraron de vuelta en la sala del departamento
Ginny no sabía qué decir. Era muy obvio que eran las marcas que unos dedos habían dejado al ejercer presión, pero no tenía el valor para aceptarlo.
-Fue un forcejeo mientras peleábamos, ni siquiera me di cuenta quién lo hizo… -mintió bajando la vista mientras Cedric se quedó en silencio observándola fijamente –No importa, ni siquiera me duele –le insistió intentando convencerlo –Es mi piel que es demasiado sensible. Cualquier rasguño se marca horrible, mira.- Y entonces extendió el brazo frente a él y se pellizco la piel cerca de la muñeca. El lugar quedó muy rojo, como si le hubieran pegado y casi sangrado y la marca no desapareció -¿Lo ves?
Cedric relajó su semblante y la tomó de la mano antes de que pudiera bajarla. Se acercó y beso aquel lugar donde ella se había pellizcado. Depositó después suaves besos alrededor de toda su muñeca y fue recorriendo con un camino de tiernos besos la longitud de su brazo por la parte exterior hasta llegar a su hombro. Se colocó entonces detrás de ella y bajó el tirante con una agonizante lentitud, desperdigando suaves besos en todos sus pequeños moretones mientras ella suspiraba extasiada. La abrazó por la cintura mientras comenzaba a besar su cuello con dulzura que se fue convirtiendo en rebosante pasión mientras ella ladeaba la cabeza al lado contrario para darle mejor acceso a los labios y a la lengua de Cedric que la hacían perder el control. Luego él levantó el rostro y ella giró la cabeza hacia él, quedando a milímetros de distancia uno del otro.
-Déjame ayudarte –le susurró él contra sus labios, haciéndole llegar su fresco aliento –Déjame hacerte olvidar todo.
Y entonces Ginny se abandonó a él, dejándose caer a sus pies, dispuesta a entregarle todo, dispuesta a dejarse salvar por él. Se besaron con lentitud, con suavidad. Cedric la separó y la giró con un movimiento tan sólo para seguir besándola, esta vez de frente. Le acarició el rostro, teniendo cuidado en pasar los dedos por su cabello rojo fuego mientras ella lo rodeaba aferrándolo del torso. Le sorprendió de pronto sentir sus manos desfajándolo para después colarse por debajo de su camisa y acariciar la piel de su espalda, estremeciéndose por completo ante su contacto. Una llama en su interior se encendió, volviéndose loco por querer tenerla. La tomó de la cintura y la cargó hasta llevarla a la mesita donde la había curado y la sentó encima. El botiquín cayó al suelo con un estruendo pero no le prestaron atención. Estando de pie frente a ella, Cedric se colocó entre sus piernas y la besó fervientemente, intentando fundirse con sus labios, mordiéndolos, succionándolos, hasta que la voraz lengua de Ginny logró colarse entre su boca, provocándolo. Ella enredó sus dedos dentro de su cabello, acercándolo más, como si hubiera forma posible de fundirse con él. Sin dejar de besarla, las manos de Cedric entraron por debajo de su bonito vestido, acariciando sus suaves piernas, y fueron subiendo lentamente mientras el deseo de Ginny iba incrementando de forma exponencial. Cedric rodeó uno de sus muslos con una mano mientras que sacaba la otra de debajo del vestido y la colocaba en su espalda que se había arqueado. Entonces besó su mandíbula y lentamente fue bajando por el cuello hasta llegar a su escote. Los dedos en la espalda encontraron el cierre del vestido y lo abrieron de un sólo movimiento y entonces el tirante cedió, dejándole a la vista el espectáculo visual que era el redondo seno de Ginny. Tan cremoso, tan pálido, tan redondo. Ella suspiró al sentir la lengua de Cedric atacar su pezón, lamiéndolo y encendiéndola más, sin saber cómo es que aquello era posible. De pronto se apartó de ella, dejándola con la respiración agitada y rogando por su cercanía.
Cedric la observó, despeinada y sacudida por el deseo, sin poder creer que tanta belleza fuera real. Entonces ella lo sacó de su adormecimiento, jalándolo de la corbata y atrayéndolo hacia sí misma. Con un par de forcejeos deshizo el nudo y luego le quito el saco. Con sus piernas lo acercó más hacia ella y entonces pudo sentir su excitación palpitando. Lo tomó de la nunca con ambas manos y lo besó con pasión, pero de forma lenta y suave, tal como él le había enseñado a hacerlo. Acarició con la lengua su labio inferior y mientras fue bajando por su cuello, sus dedos fueron desabotonando su camisa, siguiendo el camino de piel que ardía ante su contacto. Beso su pecho con sensualidad mientras él soltaba una maldición por lo bajo y cuando alzó la vista lo encontró con los ojos apretados y el ceño fruncido. Ginny sonrió de forma amplia por primera vez aquella noche, al darse cuenta lo mucho que le gustaba ese hombre frente a ella. Porque ya no era un muchacho, era todo un hombre. Completo, maduro, experimentado y todo suyo… Besó su mandíbula mientras sus traviesas manos se aventuraban a desabrochar su cinturón. Lo observó soltar un gemido mudo cuando sus dedos bajaron el cierre de su pantalón y acariciaron su parte íntima para luego bajarle el bóxer de un tirón. Ginny se quedó observándolo embelesada mientras él se sacaba los zapatos y luego dando brincos graciosos terminaba de quitarse toda la ropa. Antes de poder decirle algún cumplido por su impresionante cuerpo, él la cargó entre sus brazos. Ella le rodeó el cuello con los suyos y de un ágil movimiento dejó caer sus zapatos al suelo, mientras la llevaba a su recámara. Ese mismo lugar en el que ambos se habían entregado a la pasión una vez dos meses atrás. En esta ocasión las cortinas de su ventana se encontraban descorridas, dejándoles ver la hermosa vista de la ciudad, llena de luces y colores, coronada por una hermosa luna resplandeciente, cuya luz se filtraba por la ventana iluminando todo el lugar de una forma mágica.
Cedric la depositó en su cama y la desnudó lentamente, disfrutando de cada parte de su piel y de su cuerpo, acariciándola y besándola con toda la ternura y con todo el cariño que sentía por ella; y cuando la tuvo al natural no pudo hacer otra cosa más que admirarla. La observó todo lo que quiso, y parecía que ella hacía lo mismo. Ginny no se cansaba de recorrer el cuerpo de Cedric, tan varonil, tan torneado. Se descubrió amando los suspiros bajos y las maldiciones que lanzaba él cada que lo besaba en zonas sensibles. Se descubrió queriendo sentir más de él y se descubrió queriendo perderse infinitamente en sus caricias y en sus besos. Él era su válvula de escape de ese mundo, él era su salvavidas, su guardián. Allí en su cama bajo la luz de la luna, con Londres como testigo, Cedric Diggory le hizo el amor de la forma más impresionante. Porque no había otra forma de describirlo. Aquello no era simple y burdo sexo, no. Aquello era algo más profundo, más íntimo y personal. Era algo tan intenso y tan hermoso que Ginny sintió ganas de llorar pero esta vez de felicidad. Y ella se entregó a él por completo, le entregó su alma y la dejó a su resguardo porque sabía que nadie más en el mundo podía mantenerla protegida como él lo haría. Al llegar al orgasmo él la amó en secreto y ella le correspondió sin realmente saberlo mientras los fuegos artificiales en el cielo anunciaban la llegada de un año nuevo.
Después de darle unas cuantas revisadas creo que el capítulo me ha gustado más de lo que había pensado, espero que a ustedes también :3
Muchas muchas muchas gracias si han llegado hasta aquí y espero que me sigan dejando sus reviews con sus opiniones ya que son muy importantes para mí. No crean que abandonaré este barco, no, nunca. Aunque tarde siempre regresaré. Aún tengo mucho por contar de esta pareja, aún hay mucho de ellos dos, sobre todo ahora que pasaran mucho tiempo juntos :O :O :O
Jejeje, gracias de nuevo a mis chicas Matocro, Hime no Bara, Lily Masen, Bery Castel, The Lady Nott, y Kairi1196 por sus reviews, enormes gracias. Espero leerlas pronto de nuevo.
Saludos ;)
P.D. La primera línea al inicio del capítulo es la primera línea de la canción de Mr. Big que le da título a este fic: To be with you 3
