Un poco bastante tarde, lo sé y lo siento. Pero les recompenso con este capítulo muuuuy extenso. Ya me dirán lo que piensan.
Gracias enormes a todas las que me siguen leyendo y comentando. Gracias a genievieve7, hime no bara, lily masen, kairi1196, the lady nott, nicole shbrcopg y matocro. diez mil gracias a todas por seguir estando al pendiente de esta historia y darme ánimos y aliento. Gracias igual a quienes me mandaron sus buenos deseos, las cosas con mi pareja han mejorado mucho, por si tenían pendiente jajaja.
No saben cuanto significa para mí el que sigan regresando a leer esto, les juro que sin su respuesta en cuanto a visitas, reviews, favoritos y alertas, yo no tendría la motivación para seguir. Me da mucho gusto darme cuenta en el contador de visitas, que a pesar de que no actualizo tan seguido, se registran visitas a capítulos anteriores y en general a todo el fic. mil gracias! Aunque por ahí me causa un poco de curiosidad el capítulo 11 que siempre registra más visitas que los demás y no sé por qué. Si a alguien le gusta mucho, díganme que es lo que les hace querer releerlo y así poner más de eso, jeje.
En fin, que hay Cedric-Ginny para rato. Espero que les guste este capítulo.
TO BE WITH YOU
By Aurum Black
Capítulo 15
To be with you
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Ginny despertó lentamente, suspirando con fuerza tras haber dormido plácidamente. Por un par de minutos se mantuvo sumida en un bello sopor donde no había nada más que tranquilidad. Estiró un poco su cuerpo, de forma pausada sin querer regresar a la realidad. Giró sobre sí misma para quedar de lado y entonces su razón comenzó a hacer acto de presencia, dándole el conocimiento de quién era y dónde estaba. Se dio cuenta entonces que se encontraba desnuda y entonces vino a su mente el último recuerdo antes de caer dormida: Cedric. Cedric sobre ella, Cedric bajo ella, Cedric a su lado, Cedric estrechándola, Cedric acariciándola, Cedric besándola... sus labios, sus manos, su cuerpo, todo él... Cedric, Cedric, Cedric...
Suspiró con fuerza, sintiendo un anhelo inmenso por los momentos vividos la noche anterior. Él la hacía sentir tan viva que ya lo necesitaba de una forma incontenible. Buscó a tientas el cuerpo del hombre que la había llevado al éxtasis incontables veces, pero enseguida se percató de que se encontraba sola en su cama. Se sentó cubriéndose el pecho desnudo con el edredón y dio un vistazo rápido a la habitación, pero no encontró presencia alguna de Cedric. Entonces volteó hacia la enorme ventana y pudo ver el hermoso panorama de la ciudad, observando que allí afuera estaba nevando ligeramente. Volvió a recostarse, hundiéndose entre el suave colchón, cerrando los ojos y recordando. Volvió a suspirar de forma profunda, mientras deseaba con todas sus fuerzas volver al momento de sus recuerdos. No había palabras suficientes para describir lo increíble que había sido volver a estar con Cedric. Si había considerado la primera vez como estupenda, la de la noche anterior había sido mil veces mejor, había sido más personal, más íntima. Más mágica. Se sentía tan irreal... ella y lo que Cedric convertía de ella misma. Se sentía tan extraña, creyendo todo demasiado bizarro como para ser real. Pensó por primera vez en la razón por la que había llegado a aquel departamento y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Sacudió la cabeza alejando esos pensamientos que no quería mantener y prefirió centrarse en el hombre que la había hecho olvidar al mundo entero.
Cedric Diggory, ¿dónde estaría en ese momento? Lo esperó durante un par de minutos, ansiosa por abrazarse a su cuerpo una vez más pero él no volvió, así que Ginny un poco impaciente, se levantó y al no encontrar su ropa en el piso, se puso la camisa que le había quitado a Cedric la noche anterior. Lo imaginó volviendo y desabotonándole la prenda en esa forma tan delicada pero audaz en que hacía todo. En un segundo sintió el deseo arder dentro de sí misma, ansiando y necesitando una vez más de él, sin embargo cuando volvió la vista hacia un lado, pudo observar con detenimiento la pequeña mesa redonda junto a la ventana. En ella había una charola con un plato de hot cakes y una taza de humeante té. Al lado había un vaso con una flor de pétalos amarillos y una nota con su nombre. Ginny se acercó y la desdobló, para encontrar el mensaje: "Tuve que ir al hospital. Siéntete como en tu casa. Volveré pronto". Con una sonrisa tonta, sintió su corazón palpitar de forma inesperada y entonces tomó la flor y aspiró su aroma.
Sin más que hacer y sin poder resistirse, se sentó frente aquella curiosa mesa redonda a mirar el panorama de la ciudad mientras se deleitaba de buena gana con el desayuno que le había preparado Cedric. Apreciaba y agradecía el detalle pero hubiera preferido que no hubiera tenido que irse y que estuviera allí con ella. Siguió esperándolo un rato más, pero para cuando dejó el plato vacío se dio cuenta que tal vez tardaría más en llegar, así que fue a buscar su pequeña maleta y decidió darse una ducha. Al entrar al cuarto de baño encontró colgado su vestido en un pequeño ropero. Acarició la suave tela de la falda, sin saber cómo recordaría de ahora en adelante aquella prenda. ¿Debía considerar ese vestido como de buena o mala suerte?
Cuando estuvo bajo el chorro de agua no pudo evitar recordar la mañana en que ambos se ducharon juntos. De forma deliberada se tardó buen rato bañándose, esperando que Cedric regresara y la alcanzara allí, pero él siguió sin aparecer. Para cuando se encontró vestida con prendas abrigadoras, se sentó en la cama sin saber qué más hacer. Y entonces, sin poder advertirlo, los recuerdos anteriores a Cedric se agaloparon en su mente y en su corazón. Recordó a Harry tratándola como basura, ofendiéndola y lastimándola, recordó a su familia, a su mamá defendiéndolo ciegamente mientras la echaba de su casa, y luego a Harry nuevamente, pero esta vez aceptando su infidelidad. Aceptando que no la amaba y que nunca lo había hecho. Las lágrimas recorrieron su rostro de forma inesperada, sorprendiéndola. Apretó los ojos y limpió su cara, deseando olvidar todo, deseando con todas sus fuerzas que Cedric volviera pero enseguida deseó lo contrario. Ya no quería seguir haciendo el ridículo frente a él, ya no quería que siempre la encontrara en esas pésimas condiciones y darle motivos para pensar que lo usaba o que utilizaba el llanto para obtener su consuelo y su lástima. Entonces se levantó y salió de la habitación, para luego ir a aquel balcón en el que habían estado la ocasión anterior. Ginny se sentó mirando hacia la calle, sintiendo los pequeños copos de nieve posarse sobre su cabello, tratando de pensar en nada en particular para ya no seguir llorando. Tenía que reprimir todos los recuerdos y todo el dolor, así que se centró en un punto en el horizonte mientras dejaba su mente en blanco, sin querer pensar y sin querer sentir más. Después de un largo rato, sin saber bien por qué, pensó en Hermione. Su pobre amiga había peleado con Ron por culpa suya, al igual que sus padres. Sin quererlo, todos los recuerdos volvieron a su mente sin poder evitarlos, sintiéndose ansiosa y desesperada, sin saber qué iba a ser de su vida de ahora en adelante. Maldijo al cielo porque aquella tranquilidad y plenitud que había sentido al despertar, se habían esfumado por completo como si hubieran existido en un tiempo lejano y no aquella misma mañana. Ahora se encontraba llena de una tristeza de la que no sabía si algún día podría deshacerse.
Con la varita hizo aparecer un pergamino y una pluma, para escribirle una carta a Hermione.
Querida Hermione:
Estoy bien...
Suspiró con fuerza sin creerse su propia mentira y luego miró a su alrededor. Pensó entonces en que si quería realmente desaparecer por un tiempo para que no la encontraran, necesitaba despistar a todos. Además necesitaba proteger a Cedric. Tachó las palabras, y volvió a comenzar.
Querida Hermione:
Estoy a salvo. No te preocupes por mí. Sí, estuve donde te lo imaginas pero ahora creo que voy a tomarte la palabra y saldré del país un tiempo. Quiero alejarme de todo y todos, espero que lo entiendas. Siento muchísimo no haberte dicho la verdad cuando sucedió, o cuando me lo preguntaste... cometí un gravísimo error al mantener todo oculto y ahora lo estoy pagando y lo peor es que estoy arrastrando a mucha gente conmigo. No tienes idea de lo mucho que siento haberme entrometido en tu relación con Ron. Por mi culpa están separados y no sé qué hacer, más que irme lejos. No te molestes con él, ambas sabemos quién es el que le llena la cabeza de basura. Es con él con quien debes enojarte...
No sé qué más decirte, no sé si tenga caso hablar ahora. Espero que cuando me sienta mejor y vuelva, podamos hablar claramente. Por ahora... sólo quiero desaparecer. No sé qué hayas arreglado con Tonks, pero iré a verla para pedirle vacaciones, esas que tanto me ha ofrecido y que con mucho esfuerzo me he ganado pero hasta ahora había rechazado...
Gracias por tu apoyo y gracias por ayudarme a ocultarme de todos. No sé si sea mucho atrevimiento pero quiero pedirte un último favor. Por favor protege a Cedric. Usa tus contactos para que ni Harry ni mi familia den con él. Él no tiene culpa de nada y ni siquiera está enterado de todo este caos, lo único que hizo fue ayudarme y lo último que quiero es causarle problemas. Por favor, haz lo posible para que no se vea en medio de este lío.
No te preocupes por mí. Te escribiré en cuanto pueda.
Te quiere, Ginny.
Y sin más preámbulos, desapareció del balcón. Llegó a una oficina postal mágica en las afueras de Londres, escondida detrás de una veterinaria muggle y mandó la carta a Hermione, esperando que creyera que saldría del país. Entonces se apareció en la casa de Tonks, esperando encontrarla y para su fortuna así fue. Había pensado en decirle mil mentiras, pero ninguna le convenció a sí misma, así que cuando tuvo a su jefa frente a ella, le contó todo. Tonks la hizo pasar a su casa y sentada junto a ella, mirando al suelo, le contó los hechos sucedidos el día anterior. Le dijo que había peleado con su familia y que Harry había provocado la pelea, que su madre la había corrido y que al final había tenido una pelea más con su ex prometido. Lo único que no le dijo fue aquel secreto que había guardado tanto y que tras ser revelado un año después había causado tantos conflictos. No sabía si algún día podría aceptar ante alguien, de su propia boca lo que Harry le había hecho. El tan sólo pensar en ello la hacía sentirse la persona más estúpida e insignificante del planeta. A pesar de no saber todos los detalles, Tonks no preguntó más y accedió de buena gana a darle un mes de vacaciones, una semana más de lo que tenía estipulado; así que Ginny le agradeció enormemente no sin antes hablarle también acerca de su viaje ficticio al extranjero.
De vuelta al edificio de Cedric, caminando por la acera cubierta de nieve, Ginny comenzó a considerar la opción de salir del país de verdad y no sólo como un señuelo. Debía alejarse de todo y aunque Cedric la hacía sentirse viva de una forma que no podía alcanzar a comprender, no podía negar que de alguna forma lo estaba utilizando. Para no caer perdidamente en el abismo. Aunque no lo hacía con mala intención, sabía que no era justo para él. Cedric era joven y exitoso, estaba en la cumbre de su vida y el tener que hacerse cargo de ella, con todos sus problemas y sus demonios a cuestas, era simplemente inmerecido para él. Sobre todo porque como le había dicho a Hermione un tiempo atrás, después de su relación con Harry, Ginny no se creía capaz de volver a entablar alguna relación seria con alguien, nunca más en la vida. Harry la había lastimado demasiado, la había roto y no creía que algún día podría volver a estar bien. Ginny no tenía nada que ofrecerle a Cedric, y en cambio él tenía todo lo que cualquiera podría pedir. Tal vez lo mejor sería salir de su vida lo más pronto posible, antes de que él siguiera haciendo más por ella y ella tuviera más por lo cual sentirse en deuda con él, sin saber cómo pagarle.
Caminó un rato más ya que de la nada, había vuelto a pensar en su familia y había vuelto a llorar. No podía dejar de sentirse deshecha al recordar la mirada avergonzada con la que su madre la había visto y la bofetada que le había dado. Más que dolerle físicamente, le había golpeado en el alma. Su propia madre le había dado a entender que era una cualquiera y que prefería a alguien que no era hijo suyo, sobre ella. ¿En qué momento se había distanciado tanto de su madre? De su padre que no la había defendido, que no había dicho ni una palabra a su favor para interceder por ella y simplemente se había limitado a ver cómo la corrían de sus vidas. Al igual que sus hermanos... Ninguno había hecho el esfuerzo de comunicarse con ella, de preguntar si se encontraba bien. Años enteros de convivir juntos y ahora se había convertido en una desconocida para todos.
Ginny se sentó a llorar en la banca de un pequeño parque hasta que el sol desapareció por el horizonte. Tenía tanto miedo de la vida y del mundo, pero a la vez se sentía vacía. Lo único que deseaba era desaparecer. Se dio cuenta entonces que se encontraba empapada a causa de la nieve y sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, presa del frío. De pronto deseó con todas sus fuerzas entrelazar su cuerpo al de Cedric, sentir su calor y su protección, y estuvo realmente tentada a correr hacia él, pidiéndole consuelo una vez más, pero se obligó a sí misma a no hacerlo. No quería seguir dándole esa impresión a Cedric. No quería que creyera que sólo lo buscaba por el sexo. Se quedó un buen rato más, sentada en ese mismo lugar, hasta que decidió que ya no quería estar más allí. Apareció frente a la puerta de Cedric, sin saber si debía entrar o no, pero entonces se dijo a sí misma que debía agradecerle por todo y despedirse de él antes de irse.
Cuando cruzó la puerta, un delicioso aroma a limón inundó sus pulmones y entonces lo vio dentro de la cocina, moviéndose de un lado a otro. Ella caminó hacia donde estaba él, sin dejar de dedicarle una mirada cargada de ternura.
-Estaba preocupado por ti -le dijo mirándola fijamente
-Yo... lo siento -dijo con voz ronca cruzándose de brazos.
Enseguida Cedric la secó con un hechizo y le puso enfrente una taza de té, junto con una rebanada de pay de limón, recién horneado. Ginny sonrió fugazmente sin poder reprimirse. ¿Acaso Cedric no podía dejar de ser tan jodidamente perfecto? Luego suspiró llenándose de tristeza.
-¿Estás...? -preguntó él pero se detuvo -¿Cómo te sientes?
Ella se encogió de hombros y bajó la vista.
-Ha pasado tanto... y aún no logro asimilarlo. Debo alejarme...
-Lo sé, es cuestión de que pase un poco el tiempo y puedas-
-No -lo interrumpió ella -Me refiero a que creo que debo irme un tiempo –Se quedó en silencio unos segundos y luego alzó el rostro para mirarlo de frente- Estaba pensando en salir del país...
-¿Qué?
-Vengo a despedirme. –soltó de forma decidida. Él se quedó en silencio observándola fijamente, claramente sorprendido pero sin atreverse a decir nada más. Algo en el fondo de su corazón había esperado que él la detuviera pero parecía que no sería así. -Muchas gracias por todo, Ced. No sé qué habría hecho de no ser por ti. -Ella lo observó detenidamente, pero no hubo gestos ni palabras, sólo más silencio. Carraspeó un poco desilusionada y bajando la mirada dijo: -Yo... iré por mis cosas...
Y dejando el pay y el té intactos, se fue por su maleta, dejándolo como petrificado. Pero cuando salió de la habitación de Cedric, lo encontró de frente cortándole el paso.
-No te vayas –dijo con mirada suplicante. El corazón de Ginny dio un gran salto, sin embargo se obligó a no hacerle caso o acabaría arrepintiéndose de su decisión.
-No quiero causarte más molestias...
-En ningún momento lo has hecho...
Ginny le dedicó una sonrisa triste, intentando decir algo pero sin ocurrírsele qué. Cedric era el hombre de los sueños de cualquiera y ella era nada. Se había convertido en un fantasma.
-Ced, sé que quieres ayudar pero ya no puedo aprovecharme más de ti…
-¿De qué hablas? –preguntó contrariado –Tú no has hecho nada malo, sólo has tenido momentos difíciles... Y te juro que no es molestia el tenerte aquí.
Ella suspiró cansada.
-No me encuentro bien, Ced. No soy la mejor compañía ahora... tengo tantos problemas, tengo demasiados sentimientos encontrados y ya no quiero seguir perdiendo el control frente a ti.
-Ginny, todos perdemos el control alguna vez, eso es normal…
-No, Ced. Yo estoy más allá de lo normal… estoy…muy rota. Necesito irme.
-No... -susurró él acercándose a ella tomándole el rostro entre sus manos. Ginny jadeó al sentir su contacto y casi de inmediato sintió el deseo despertar dentro de su cuerpo. ¿Cómo era posible que aquel hombre despertara sus sentidos con tan sólo un roce? -No te vayas ahora que hemos vuelto a encontrarnos...
Ella se soltó de su contacto, pasándose una mano por el cabello, angustiada.
-¿Es que no lo ves? No tengo nada que ofrecerte -dijo con la voz quebrada -No estoy en condiciones de tener nada, con nadie... lo que ha pasado con nosotros... Merlín, lo de anoche fue maravilloso, pero no quiero confundirte ni confundirme... no puedo darte nada y no es justo para ti...
-No pienses en eso, no te preocupes por mí...
-No Cedric, por favor entiende que no quiero lastimarte.
-Por Dios, Ginny. No soy ninguna víctima, sé cómo te encuentras y sé que estás pasando por momentos difíciles, en ningún momento te has aprovechado de mí. Tú has venido a buscarme y yo he accedido de buena gana...
-Pero...
-Pero shhh -le dijo poniendo un dedo sobre sus labios para luego acariciarle la mejilla -Sé que no estás en condiciones de nada y en ningún momento te he exigido algo, ni lo haré. Pero no estoy dispuesto a dejarte ir. -Ginny lo miró fijamente, sin saber qué responder. -Por lo menos espera unos días a tranquilizarte un poco, a que asimiles bien todo y cuando te sientas un poco mejor si aún quieres irte entonces lo entenderé. Pero por favor no te vayas ahora, no así -le dijo acariciando su cabello. Ella se quedó en silencio perdiéndose en el inmenso océano que eran esos ojos castaños. -Por favor -volvió a insistir él y ella sin pensarlo más, simplemente asintió con la cabeza. No podía contra él, ni contra esa extraña fuerza que la atraía hacia su persona. Entonces supo que no iba a irse porque en realidad no quería hacerlo.
-Gracias -fue todo lo que dijo con una débil voz. Él le sonrió con timidez para luego quitarle de la mano su maleta y dejarla en el suelo.
-Además -añadió él haciendo uso de su última carta -Luna me matará si se entera que te dejé ir en estas condiciones...
Ginny sonrió inesperadamente, bajando la guardia por completo.
-Luna nos matará si se entera siquiera de que nos hemos vuelto a ver. No quiero ni pensar en el escándalo que armaría…
Él soltó una risa suave, y sin saber por qué Ginny se sintió bien al escucharla.
-Es por eso que agradecemos que esté muy lejos en estos momentos... -De pronto Cedric la tomó de la mano y la guió de vuelta a la cocina -Ven, no dejaré que desprecies mi pay.
-Gracias pero no tengo hambre -dijo convencida pero aún así se dejó llevar.
Él volteó a verla de forma aprensiva.
-¿Has comido algo en todo el día?
Ella se sorprendió al darse cuenta que tenía prácticamente el estómago vacío y no lo había notado. Durante el último año había convertido sus hábitos de alimentación en un gran desastre.
-Me comí los hot cakes que dejaste...
-Y sería perfecto de no ser porque desde eso han pasado más de doce horas...
Ginny bajó la vista avergonzada.
-No me había dado hambre...
-No es excusa, debes comer por lo menos tres veces al día. Algo que sospecho no haces muy seguido...
-¿Por qué lo dices? -preguntó volteando a verlo contrariada
-Porque cuando estuviste en San Mungo tus estudios mostraron bajas defensas. Y aunque eres hermosa, no se puede negar que estás muy delgada...
Ella sintió brincar su corazón un instante por el cumplido, pero enseguida recordó a su madre preocupándose por la misma razón que Cedric, antes de que todo el caos sucediera y sin poder evitarlo se puso triste.
-Mi madre me dijo lo mismo hace un par de días... -confesó de pronto con voz triste -quería llevarme a San Mungo porque estaba preocupada por mí.
Cedric le dedicó una sonrisa triste y le tomó las manos.
-Entonces cuídate. Hazlo por ella -Ginny asintió suspirando con fuerza y luego él la hizo sentarse frente a la mesa, volviendo a ofrecerle el pay y el té que calentó con un hechizo rápido. Sin mucho ánimo se llevó un pequeño trozo de pay a la boca, llevándose una agradable sorpresa.
-Cielos, Cedric. Esto está delicioso.
Él le sonrió ampliamente, mientras la observaba engullir toda la rebanada con renovado ánimo. Cuando terminó le ofreció una rebanada más que ella se comió con gusto. Desde que se habían reencontrado, Ginny no había parado de repetir que era un desastre y poco a poco él lo había ido comprobando. Sin estar realmente seguro de sus razones, Cedric sentía la necesidad de ayudarla a arreglar ese desorden en el que se había convertido su vida, y estaba convencido de que podría lograrlo, eventualmente. Por algún motivo que probablemente hasta ella desconocía, Ginny había acudido a él y él no iba a descansar hasta volver a ver en ese rostro la radiante sonrisa de la que se había enamorado tres años atrás. Cedric no dejaba de pensar que ese reencuentro no era casualidad. Su accidente, que él la atendiera, que él la salvara y que ahora ella siguiera acudiendo por ayuda... todos esos eventos le hacían pensar en una fuerza poderosa más allá de ellos mismos, algo muy parecido al destino. Era como si la vida que los había separado una vez, ahora les estuviera dando otra oportunidad. Y aunque sabía que Ginny se encontraba incompetente en el aspecto sentimental, él no tenía reparos en esperar a que ella tuviera su duelo y que con el tiempo fuera curando sus heridas. Él iba a ayudarla, no le importaba esperar el tiempo que fuera necesario... esperaría hasta que Ginny se sintiera en condiciones de permitir enamorarse una vez más. Por ahora, dejaría que las cosas se dieran solas. Él le había dicho que nunca le exigiría que algo entre ellos pasara, y así sería. Sin necesitar de demasiado, Cedric se encontraba convencido de que era Ginny a quien quería, sin embargo dejaría que fuera ella quien tomara la decisión de intentar algo juntos. Estaba seguro de que lo único que necesitaba era tiempo y calma en su vida, Cedric quería estar con ella y esperaba desde el fondo de su corazón que poco a poco ella también sintiera lo mismo.
I'm the one who wants to be with you
Deep inside I hope you'll feel it too
Waited on a line of greens and blues
Just to be the next to be with you
Aquella noche, Cedric decidió darle su espacio para demostrarle que no esperaba de ella más de lo que pudiera darle. Así que la dejó dormir en su habitación, mientras él se quedaba en el sofá de su sala. Sin establecer ningún otro contacto físico, sólo le deseó buenas noches y ambos se acostaron en lugares diferentes. Aunque habría deseado repetir lo de la noche anterior, él se había obligado a no presionarla, a no seducirla y esperar a que ella se sintiera lista, ya que seguramente todo el día se había encontrado muy confundida.
Ginny por su parte agradeció el gesto de Cedric de mantener un poco la distancia, ya que necesitaba aclarar todo lo que estaba pensando y sintiendo. Sin embargo, allí acostada mirando el techo de la habitación, se encontró añorando sus besos y sus caricias, sintiendo la necesidad de encontrar su cuerpo junto a el de ella. Estuvo muy tentada de salir a buscarlo, de pedirle que volviera a hacerla sentir, pero se obligó a quedarse en la cama pues no quería que él pensara que se quedaba en su casa sólo para eso.
Al siguiente día, al despertar, Ginny volvió a encontrar el desayuno listo, aunque con la ausencia de Cedric. Él había vuelto a irse temprano a San Mungo y ella sin mucho por hacer, se sentó a devorar lo que él le había preparado. Al terminar, tardó un largo rato dándose un baño para luego curiosear un rato las cosas que había en el departamento de Cedric. Encontró sobre todo muchos libros de sanación y medicina, y para su sorpresa varios recetarios de cocina. Luego se sentó en la sala a ver un poco la televisión pero nada pudo captar realmente su atención. A decir verdad lo único que podía pensar y sentir era esa infinita tristeza que parecía acompañarla todo el tiempo. Intentó distraerse un poco más pero no lo consiguió. Después de eso, no sintió ganas de hacer mucho, ni de salir a ningún lado, así que se dedicó a observar el mundo exterior desde el balcón de aquel departamento. Eso era lo único que la hacía poner su mente en blanco por completo. Sin tener un conocimiento real de cuánto tiempo había pasado y casi sin darse cuenta, se quedó dormida.
Así fue como la encontró Cedric. Por un minuto creyó que ella se había ido, ya que no la había encontrado en su departamento, pero cuando salió al balcón la vio acurrucada en el sillón, sumida en un sueño tranquilo. A pesar de que no era su rama de énfasis, Cedric conocía lo básico acerca de psicología. Sabía que dos de los síntomas principales de la depresión eran la falta de apetito y el sueño excesivo, cosas que Ginny padecía. Se sentó junto a ella y la observó fijamente, deseando poder abrazarla. Por la mañana había deseado despedirse de ella, pero no había querido despertarla. Había querido decirle que no tardaría tanto y que aunque no quería dejarla sola ya había quedado de ir al hospital aunque no le tocaba presentarse, al igual que el día anterior. Sin embargo, al terminar su jornada normal, para sorpresa de todos sus compañeros esta vez no se había quedado a trabajar horas extra. A diferencia de todos los días desde que había vuelto a Inglaterra, durante esos dos días, Cedric había esperado y contado cada hora que faltaba para salir del hospital. Necesitaba estar con Ginny y hacerle compañía, distraerla de sus problemas. Ayudarla a salir de la depresión. Afortunadamente ya era viernes y podría estar con ella hasta que fuera lunes. Sus compañeros también se mostraron sorprendidos cuando él anunció que no iría sábado y domingo, ya que aunque no era obligatorio para los sanadores ir (a menos que les tocara guardia), Cedric se había presentado en San Mungo todos y cada uno de los fines de semana desde que había empezado a trabajar allí. Cedric prácticamente vivía en el hospital, porque no tenía mucho que hacer fuera de él y porque además, amaba su profesión. Sin embargo en esos momentos una fuerza incontenible le hacía desear estar con Ginny más que cualquier otra cosa en el mundo. Se quedó ahí un rato más, observándola y luego observando ensimismado hacia el exterior, un gusto que ahora ella parecía compartir con él. No se dio cuenta cuando ella despertó, hasta que sorprendiéndolo lo tomó de la mano.
-Por Merlín, me asustaste.
-Lo siento... -le dijo con una sonrisa tímida, sentándose junto a él -No supe cuándo llegaste.
-Hace un rato -Se quedaron en silencio observando juntos hacia el horizonte, ella pensando en nada, y él en algo para distraerla a ella -Tengo una idea, vamos a cenar, conozco un lugar genial a unas calles de aquí.
-No lo sé...
-¿En qué quedamos acerca de alimentarse bien? -le dijo mirándola con reproche
-No se trata de eso, sino que... no sé si sea conveniente salir juntos -Cedric hizo un gesto de sorpresa y ella se apresuró a añadir -Me refiero a que no quiero meterte en líos.
-¿Qué líos?
Ginny suspiró cansada y decidió contarle la verdad.
-La pelea en mi casa, con mi familia... todo eso comenzó con unas fotos que Harry llevó. Fotos de ti y de mí... juntos... esa noche fuera de San Mungo, besándonos y desapareciendo. Dijo que aparecerán en el número de este mes de Corazón de Bruja.-Cedric la miró estupefacto, completamente sorprendido.
-Entonces... ¿fue por mí? ¿Se pelearon contigo por mi culpa?
-No... eso sólo fue el inicio, fue la excusa de Harry para comenzar la pelea... y él... está loco, Ced. Tengo miedo de lo que pueda hacer si se entera de que estoy contigo.
Cedric cubrió una de las manos de Ginny con las suyas y la miró enternecido.
-No te preocupes, yo voy a cuidarte. Él no va a hacerte nada...
Ella sonrió de lado y negó con la cabeza.
-No tengo miedo por mí, él ya no puede causarme más daño del que me ha hecho. Por quien temo es por ti, no quiero que te haga algo...
-¿Qué podría hacerme? Tal vez sea un loco, pero no es estúpido.
-No lo sé, Ced. No lo conoces, no sabes en qué monstruo se ha convertido. Él disfruta con lastimar a la gente a su alrededor.
Cedric la observó fijamente, completamente conmovido, sintiendo unas ganas inmensas de abrazar a Ginny y de un sólo roce poder sanar todas las heridas que Potter le había causado. Alzó la mano hasta su rostro y acarició su pálida piel, mirándola directamente a los ojos, que se encontraban acuosos.
-¿Qué fue lo que te hizo? -susurró sin poder evitarlo. Ella suspiró cerrando los ojos con fuerza, negando con la cabeza.
-No... no puedo hablar de eso... nunca.
Cedric rompió el contacto y no insistió más, quedándose en silencio por varios minutos más, mientras ella parecía recobrar la compostura. Respiró profundamente durante varios minutos, dándole la impresión a Cedric de que volvía a encerrar todos esos sentimientos y pensamientos que le hacían mal.
-Ginny, linda... -ella abrió los ojos y lo miró fijamente -no me lo tomes a mal, es sólo una opinión... -ella no contestó pero tampoco le impidió seguir hablando, así que él decidió proseguir -No creo que sea sano para ti reprimir todo lo que sientes. Debes hablar, debes sacar todo... Una vez alguien me dijo que los recuerdos hay que aprender a domarlos, porque de esa forma no nos lastiman. Pero si en lugar de eso sólo los encierras, entonces cuando se abre la puerta donde los guardas, salen como caballos salvajes a patearte el alma. (1) -Ella seguía sin emitir palabra, pero lo observaba con un brillo diferente en su mirada, o eso creía ver -No digo que me lo cuentes a mí, ni que lo hagas ahora... sólo... no te cierres al silencio para siempre -Y entonces ella bajó la mirada. Fue toda la respuesta que obtuvo de Ginny, así que preocupado por haberla incomodado ya no quiso decir más, aunque en realidad ya no había más por decir. Todo era decisión de ella y no iba a presionarla más ni a volver a tocar el tema. Se quedaron otro rato más allí, en absoluto silencio, mientras el sol comenzaba a ocultarse cuando de pronto a él se le ocurrió algo -Tengo una idea... según lo que recuerdo los aurores aprenden todo acerca de disfrazarse ¿o no?
-Sí... -contestó ella saliendo de su aturdimiento
-¿Qué tan buena eres para eso?
-La mejor -dijo con una sonrisa, comprendiendo de inmediato lo que se le había ocurrido a Cedric. Y era en realidad una idea increíble. Ginny cambiaría su aspecto por completo para salir a cenar con Cedric y de esa forma no sólo evitarían ser vistos juntos sino que también despistaría a quien pudieran encontrarse, pues creerían que él estaría saliendo con alguien más. Por medio de una serie de encantamientos, Ginny había cambiado su larga y pelirroja cabellera por una rubia muy corta, además de transformar por completo sus facciones y alargar un poco su estatura, para no dejar lugar a dudas de que era en realidad ella. Todo aquello la distrajo bastante de todo, como si hubiera tenido por unas horas un objetivo al cual aferrarse. Gracias a eso y a la amena compañía de Cedric, tuvo una noche bastante agradable y por un momento hasta llegó a olvidar sus problemas. Él mantuvo la conversación centrada en sí mismo, contándole de sus experiencias en América, manteniéndola muy entretenida. Para cuando volvieron a su departamento, él volvió a quedarse en el sofá mientras ella dormía en la habitación. Esta vez ella ya ni siquiera se permitió pensar en buscar el contacto físico con él y se convenció a sí misma de que era mejor mantener las cosas así, con una distancia prudente. Sin embargo no podía dejar de pensar en él y todo lo que estaba haciendo por ella. Tardó buen rato en conciliar el sueño, sin poder sacar de su mente las palabras de Cedric: "Hay que aprender a domar los recuerdos". Nunca nadie le había dicho algo así, ni siquiera Luna. En cambio siempre había escuchado que debía olvidar, superar todo y seguir adelante como si nunca hubiera pasado. Y ahora con él... sus palabras la hacían ver todo de forma diferente. Sin dejar de pensar en él, cayó en un profundo sueño.
Al siguiente día, Cedric volvió a prepararle el desayuno pero esta vez estuvo con ella todo el día, cosa que agradeció internamente. Y es que su sola presencia parecía infundirle fuerza. Disfrazándose una vez más con el aspecto de la noche anterior, salieron a un supermercado cercano y compraron un montón de cosas con las que de vuelta en su departamento, prepararon juntos la comida. A Ginny le fascinó realizar aquella actividad con Cedric, ya que nunca había hecho algo así antes. Cada minuto que pasaba, agradecía a Merlín no haberse ido de allí. Aunque era inevitable para ella recordar a ciertos ratos aquel fatídico día en que su madre la había echado de su casa, él lograba arrancarle sonrisas que la hacían olvidar su tristeza por un instante. Aquella tarde cuando de pronto se había quedado sentada, abrazando sus piernas y sintiéndose triste por recordar todo, él la había tomado de la mano y le había preguntado que si quería ir a un lugar especial. Ella sin mucho qué decir, sólo se encogió de hombros y se dejó llevar. Sin esperar a que ella se disfrazara, aparecieron juntos en un hermoso bosque cubierto de nieve, en el cual no necesitarían esconderse.
-Mi padre solía traerme a patinar aquí... -y entonces la dirigió hacia un inmenso lago completamente congelado. Con un hechizo hizo aparecer un filo de hielo bajo los zapatos de ambos y tomándola de la mano la guió hasta la pista natural. Jugaron un buen rato y patinaron y cayeron entre risas de ambos. Ella se sintió realmente agradecida con él por su presencia, por su compañía, por todo lo que estaba haciendo y logrando con ella. Casi podía sentir que estaba logrando que olvidara todo lo que atormentaba su mente, aunque en realidad había algo que nunca podía olvidar y que siempre tenía presente. No pudo evitar pensar en lo que Cedric le había dicho la noche anterior. Necesitaba hablar, sacar todo lo que estaba reprimido en su corazón o seguiría haciéndole daño. Desde que él le dijo aquello no pudo dejar de imaginar ese secreto escondido en lo más recóndito de su alma, arañando, lastimando, destrozándola. Necesitaba hablar pero no sabía si sería adecuado, no sabía ni siquiera cómo sacar el tema. Cedric pareció darse cuenta de su dilema interno y le preguntó si le pasaba algo, sin embargo ella no se animó a decir nada y simplemente negó con la cabeza, sin saber cómo comenzar a hablar, pero sintiendo que necesitaba hacerlo, justamente en ese momento y justamente en ese lugar.
Entonces sin realmente pensarlo, se acercó a él y lo abrazó con cuidado, sintiendo que de inmediato le respondía el abrazo. Ginny alzó su rostro y él comprendió enseguida lo que pedía, así que se inclinó y posó sus labios sobre los de ella tiernamente, esperando su reacción, pero ella se separó de inmediato para luego aferrarlo con más fuerza y hundir la cara en su pecho. Contrariado, simplemente la estrechó con cuidado, sin preguntar nada más. Y entonces, de forma inesperada ella comenzó a hablar.
-Él me engañó -dijo de pronto con voz ahogada
-¿Qué? -preguntó en un susurro, bastante confundido, pero entonces en un par de segundos lo comprendió todo.
-Harry... me engañó con otra -Cedric cerró los ojos, abrazándola con más fuerza, creyendo que era todo lo que ella podría decir, pero para su sorpresa siguió hablando -Él me pidió matrimonio y luego comenzó a engañarme -dijo sin poder evitar el llanto -Me dijo que me amaba pero estaba saliendo con otra... y yo no lo sabía, estaba ciega de amor por él, yo creía en él -sollozó con fuerza, temblando de pies a cabeza -Y el día de nuestro aniversario, yo quería prepararle algo. Había estado planeando ese día con tanta ilusión... Pedí permiso en el trabajo, y le hice creer a Harry que me había ido a una misión para darle la sorpresa -entonces se detuvo y comenzó a llorar con fuerza. Cedric acarició su espalda intentando reconfortarla, pero ella no parecía advertir su contacto -Llegué a la casa en la que vivíamos juntos, la que habíamos comprado entre los dos... me di cuenta enseguida que algo iba mal, lo supe de inmediato, supe que debía irme pero no lo hice...subí a nuestra recámara y al abrirla... los vi. Ahí estaba él, en nuestra cama... con... otra -Cuando lo dijo, se dio cuenta de que las lágrimas habían cesado. Su cuerpo temblaba y los espasmos la recorrían, pero su rostro ya no tenía lágrimas, sólo estaba el rastro de ellas. Con un valor que no supo de donde salió, siguió hablando -Él intentó arreglar las cosas y regresar conmigo durante una semana. Después de eso sólo obtuve humillaciones, insultos, mentiras... Nunca supe por qué lo había hecho, hasta hace un par de días, cuando peleamos... él me confesó que no me amaba y que nunca lo hizo. Yo me alejé de mi familia y de mis amigos... de todo. Y nunca le dije la verdad a nadie más que a Luna, guardé el secreto durante un año por vergüenza y dolor... y ahora Hermione, Ron y mi padre lo saben. Ellos lo escucharon cuando Harry y yo peleamos... pero ni mi madre ni Ron quisieron creerlo. Ahora están separados por mi culpa, Hermione dejó a Ron y mi padre se fue de la casa... Todo es mi culpa. -Cuando terminó de hablar se dio cuenta que su voz había ido cobrando fuerza y que ya no lloraba. Se sintió muy sorprendida por ese hecho, ya que siempre temió de aquel momento, creyendo que se haría pedazos del dolor y del llanto. Y sin embargo lo único que sentía era vacío. Aunque su cuerpo seguía temblando. Cedric la abrazó suspirando, sin saber qué decir, sin saber qué más hacer. Lo había tomado totalmente desprevenido con su confesión. -No tienes idea lo horrible que es amar a alguien profundamente y encontrarlo con alguien más... te rompe por completo, te deja frágil para siempre...
-No es así -dijo él de pronto separándose un poco de ella para poder verla. Aunque tenía una expresión de tristeza no lloraba como las noches que había acudido a él. Tal vez, pensó, ya había llorado lo suficiente, todo lo que una persona podría llorar. Entonces la tomó de la barbilla y le alzó el rostro -Eres la mujer más fuerte que he conocido. -Ella negó ligeramente con un gesto -Lo eres -reafirmó él -No tienes idea de la fortaleza y la tenacidad que veo en ti. Después de todo lo que acabas de contarme, estás aquí... sobreviviste, Gin. Eres maravillosa, eres invencible. Después de todo lo que sufriste, estás de pie, dispuesta a seguir adelante...
-No sé si podré hacerlo...
-Lo harás. Ya diste uno de los pasos más difíciles, empezar a cerrar ese capítulo. Se acabó, Gin. Vas a recuperarte, te lo prometo. -y entonces le dio un suave beso en los labios.
-Pero no se qué haré sin mi familia...
-Sólo necesitas darles tiempo... ya recapacitarán.
-Eso espero...
-Así será -y entonces volvió a abrazarla, dándole un beso en la frente.
Stand up little girl, a broken heart can't be that bad
When it's through, it's through
Fate will twist the both of you
Cuando regresaron al departamento, Ginny no dejó de sentirse extraña en ningún momento. Todo había sido tan irreal. No podía creer que después de un año de silencio, tras un par de días de estar con Cedric, por fin había confesado todo y le resultaba más extraño aún que eso no la había destrozado por completo, como había creído durante tanto tiempo. Por el contrario, ahora que ya no escondía en su corazón aquello que la atormentaba, se sentía ligera, liviana... libre. Aquella noche mientras se encontraba sola en la cama de Cedric, no pudo conciliar el sueño durante varias horas, sintiendo un vacío inmenso dentro de su ser. No podía dejar de pensar en que por fin seguiría adelante y no podía dejar de pensar que todo se debía a Cedric en gran medida. Trató de dormir durante un tiempo más, pero al no lograrlo, se levantó con decisión de la cama y salió de la habitación. Sin preguntarle e intentando no despertarlo, se acomodó junto a Cedric en el sofá, sin embargo él se despertó de inmediato.
-¿Qué sucede? -susurró aún medio dormido en la obscuridad
-Lo siento, yo... no quería estar sola esta noche.
-Ven aquí -le dijo ofreciéndole sus brazos y envolviéndola dentro de ellos haciéndola sentirse protegida. En ese lugar fue que ambos se quedaron dormidos casi enseguida y así fue como despertaron. Esa mañana, Ginny decidió prepararle el desayuno a él y no al revés como había sucedido hasta ahora. Para su desgracia, el fin de semana había terminado y Cedric debía volver al hospital. Sin embargo ya no se sentía tan sola. Por alguna razón, hablar le había hecho el mayor bien que podría haber imaginado.
Esa misma noche, Ginny ya no permitió que él se quedara en el sofá y ambos durmieron en la cama, nuevamente abrazados. Y a la siguiente noche fue ella quien despertando repentinamente en la obscuridad, sin planearlo y sin anticiparlo sintió que necesitaba de él. En la penumbra, logró verlo profundamente dormido y no quiso despertarlo, sin embargo no pudo evitar acercarse a su cuerpo y darle un suave beso en el cuello. Luego se inclinó sobre él para besar sus labios. Cuando se separó, pudo ver sus ojos abiertos, mirándola fijamente, llenos de deseo. Un deseo que había estado latente, esperando por ese momento.
Y entonces se besaron. Apasionadamente, necesitándose uno al otro de una forma indescriptible. De un movimiento ella estuvo sobre él, sintiendo la enorme excitación de Cedric, igual de intensa que la suya. Unos cuantos días de recato, de cautela y de distanciamiento, los habían llevado hasta aquello. Se besaron con avidez, casi con desesperación. Cedric se sentó, con ella encima y le quitó todas las prendas de un jalón, dejándola desnuda de la cintura para arriba. Con un par de movimientos más, ella hizo lo mismo. Cedric la tomó de la cintura con ambas manos mientras besaba sus redondos pechos, haciéndola suspirar de placer. Ella lo aferró del cabello, hundiendo sus dedos en él. Se acariciaron, se estrecharon, sintiendo que necesitaban aún más. Con otro movimiento, ahora ella se encontró acostada sobre el colchón, con él encima. Con manos ansiosas, jaloneó el pantalón de su pijama y la dejó con las puras bragas, mientras ella tironeaba del pantalón de él y lo instaba a quedar en ropa interior también. No hubo palabras, ni hubo más preámbulos, sólo caricias desesperadas y besos desenfrenados. Con unos cuantos jalones más, ambos quedaron desnudos en cuestión de segundos. Unos instantes después, se encontraron practicando ese ritual de vaivenes y suspiros. Ginny enroscó sus piernas alrededor del torso de Cedric, mientras él se movía suavemente sobre ella, besándole el cuello de una forma muy sensual. Ella enterró los dedos en su espalda, mientras observaba el techo llenarse de unas invisibles estrellas. Cuando Ginny creyó estar a punto de explotar, él se separó de ella, y casi de forma inmediata cambiaron los roles, quedando él abajo de ella.
Cedric la observó, sentada sobre él, con esa piel blanca resplandeciendo en la obscuridad. Con esos bellos pechos en los que le gustaba perderse, embelesado por su movimiento de arriba hacia abajo. Acarició el contorno de sus muslos, subiendo hasta llegar a su trasero, aferrándola con energía, ayudándola a moverse, hundiendo sus dedos en esa suave piel. Cuando el movimiento se hizo más intenso y Ginny llegó al extremo, se inclinó sobre su cuerpo, quedando pegada al torso de él, encogiendo su cuerpo a causa del placer. Él tardó tan sólo un par de segundos más en acompañarla al cielo. Y después de eso se quedaron un momento en esa posición, abrazados, tratando de calmar su respiración.
Durante aquellas horas de supuesto sueño, se despertaron uno al otro un par de veces más, sintiendo en el fondo que nunca era suficiente. Se besaron, se acariciaron, se recorrieron por completo, conociéndose aún más. Al final de todo muy entrada la madrugada, ya ni siquiera se molestaron en vestirse, y se quedaron dormidos con sus cuerpos entrelazados, exhaustos por la pasión desbordada.
Por la mañana cuando era hora de levantarse, Cedric se mostró renuente a despertar y simplemente la abrazó con fuerza, como diciéndole que no quería separarse de ella. Y a pesar de que a Ginny le hubiera gustado aquello, sabía que debía ir al hospital. Así que lo obligó, prácticamente a despertar. Mientras él se preparaba para el trabajo, Ginny se levantó, envuelta en una bata de Cedric, a hacer el desayuno. Cuando él llegó a la cocina, lo primero que hizo fue atraparla con un ansioso beso. La estrechó con fuerza y acarició su cuerpo por encima de la seda haciéndola encenderse de deseo. Justo cuando estaban a punto de perder el control una vez más, algo los hizo detenerse. Un par de lechuzas entraron por la ventana abierta, y las hubieran ignorado de no ser porque llevaban cartas idénticas, dirigidas una a cada quien. Cedric había intentado seguir, pero Ginny se encontraba intrigada y hasta cierto punto temerosa, así que lo obligó a detenerse, sintiendo un mal presentimiento. Con manos temblorosas abrió la carta que llevaba su nombre y leyó el mensaje:
Querida Ginny:
Estoy en Londres. Necesitamos vernos, mañana a las 7pm en el café de Brick Lane.
Besos, Luna.
-Es Luna-dijo ella de pronto girando el papel en busca de algún otro mensaje pero no lo encontró-Quiere verme mañana...
-A mi también-dijo el mirándola fijamente, levantando la vista de su carta -A las 7 en un café de Brick Lane.
Bueno, ¿qué opinan? Hablen ahora o callen para siempre.
(1) toda esa frase de los recuerdos domados proviene de un libro llamado Donde habitan los ángeles de Claudia Celis, bastante hermoso y bastante triste. Lo recomiendo ampliamente.
(2) No tengo idea donde es Brick Lane, sólo busqué café en Londres en google y fue lo primero que me salió, jaja. No manden tomates si no es así.
(3) El capítulo obtiene su nombre de la canción en la que está inspirado este fic, al igual que los fragmentos en cursiva durante el capítulo. To be with you de Mr. big, una canción realmente hermosa y tierna que deberían escuchar.
Y por último, saludos a todas! Espero sus reviews :)
