Lo siento mucho, chicas. Odio dejar pasar tanto tiempo entre actualizaciones, y créanme que no es por colgada o desinteresada. Les juro que pienso todo el tiempo en escribir, pero no he podido hacerlo mucho, además de que cuando lo intento no tengo la inspiración suficiente. Sé lo que quiero para el capítulo, sé a donde quiero llegar, pero al sentarme a escribir me ha estado costando mucho definir las escenas. Ya me dirán ustedes si se nota forzado o está fluido.
He estado intentando escribir por lo menos dos veces a la semana pero cada que lo intento termino con apenas unos cuantos párrafos. Es por eso que tuve que cortar este capítulo antes de lo que lo tenía planeado, porque me puse a ver un video de - posible spoiler de The vampire diaries - compilaciones de momentos de Stefan y Caroline 3 me siento muy enamorada de ellos en este momento, y la verdad es que ya sólo veo la serie para que algo entre ambos pase - fin del posible spoiler.
Pero en fin, perdón por el off topic. El punto es que corté este capítulo faltándole poco menos de la mitad que trnía pensado, por lo que espero que el siguiente no tarde tanto en estar listo, aunque será muy corto, les advierto. Empezaré a variar más en longitud de capítulo y no de tiempo de publicación porque sino nunca acabaré este fic, y no queremos eso.
bueno, basta de blah blah blah. Mil gracias a genievieve7, kairi1196, lily masen y nicole shbrcopg por el aguante hasta ahora. Ustedes son mis ganas de regresar a esto. Espero que les siga gustando la historia y que me sigan motivando. Recuerden que sin ustedes no me inspiro. Saludos y un enorme abrazo a todas.
TO BE WITH YOU
By Aurum Black
Capítulo 16
La pieza faltante
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Faltaban unos escasos minutos para que dieran las 7 de la tarde, su hora de encuentro con Luna, y los nervios le estaban comiendo por dentro. Ginny había pasado todo el día anterior y gran parte de ese mismo dando vueltas de un lado a otro, preocupada por ese repentino mensaje que tanto Cedric como ella habían recibido de su vieja amiga Luna Lovegood. Ginny estaba prácticamente segura de que Luna se había enterado de alguna forma de que ambos se habían vuelto a ver, y no sólo eso sino que estaba al tanto de todo lo que había sucedido entre ellos.
-Tranquila-dijo la voz de Cedric a su espalda, saliendo al balcón en donde ella estaba, parada en una esquina en donde no llegaba aquel sillón acolchonado que rodeaba el demás borde del balcón. No volteó a verlo y simplemente se quedó con los codos recargados en el borde, mirando hacia la calle, llevándose a los labios una vez más el cigarrillo que sostenía entre los dedos, aspirando de él con lentitud. Había pasado la mayor parte del día en aquel lugar, fumando, vaciando su mente por completo. Entonces sintió un estremecimiento al notar el cuerpo de Cedric acercándose al suyo, colocándose justo detrás de ella, arrinconándola en la esquina del balcón. Él apoyó las manos en el barrote, una a cada lado de ella, provocando que Ginny sacara el humo de sus pulmones con un gemido silencioso al sentir su cercanía, ese aroma varonil, el calor que emanaba de su cuerpo y la forma tan extraña en que ella se sentía absolutamente protegida entre sus brazos. Entonces sintió la mano de Cedric sobre la suya, robándole el cigarrillo de entre los dedos, al mismo tiempo que acercaba los labios a su oreja para susurrarle - No deberías fumar.
Ella sintió un estremecimiento recorrerle la espina dorsal, desarmándola por completo. Si no fuera porque el cuerpo de Cedric la sostenía acorralada, hubiera desfallecido de placer. Se sintió ridícula al reaccionar de esa forma por un simple roce, pero es que Cedric era un hombre que provocaba demasiado con tan poco. Ginny recargó la espalda sobre el pecho de Cedric, sintiéndose inevitablemente contenta de que él volviera del hospital. Giró la cabeza para verlo a la cara y entonces él se llevó el cigarrillo a los labios, aspirando de esa forma tan enigmática como lo había visto hacerlo tres años atrás, cuando lo había conocido, cuando la inocente joven que había sido en ese entonces, había quedado deslumbrada por la personalidad de Cedric, tan atractiva y sensual.
-Es culpa tuya- le dijo volviendo a mirar hacia la calle - fuiste tu quién me enseñó a fumar ¿lo recuerdas?
-Recuerdo todo lo que tenga que ver contigo.
El corazón de Ginny latió emocionado, pero fue sólo durante un instante. Ella misma lo obligó a detenerse. No podía permitirlo. No podía ilusionarse una vez más. El amor la había destruido una vez en el pasado, no podía dejar que una emoción de momento volviera a hacerlo. Aunque claro, no estaba siendo justa con Cedric. Él no era como Harry, de hecho él no era como ningún otro que hubiera conocido antes. Él era honesto, recto, cariñoso, tierno, sincero...y si de algo estaba segura Ginny era de que Cedric Diggory nunca le haría daño. Aún así... era imposible para ella abrir su corazón, no después de todo lo que había sufrido. Y sin embargo, se encontraba allí entre sus brazos y no tenía ni la más mínima intención de apartarse de su lado. ¿Estaba siendo egoísta? Claro que sí, pero también sabía que sin el apoyo y la compañía de Cedric, seguiría dando tumbos por la vida sin fuerza y sin ilusiones. En aquel momento Cedric era su salvavidas y no iba a dejar que nadie se lo quitara, ni siquiera su amiga Luna Lovegood.
-Es hora de irnos -dijo Cedric como adivinando el pensamiento de Ginny -Ella asintió, girando para quedar frente a él. -¿estás nerviosa?
-Un poco...
-No lo estés, no creo que Luna sepa que tu y yo-
-¿Y por qué otra cosa nos citó juntos? -lo interrumpió mordiéndose el labio
-No lo sé, ya sabes que está loca. -Ginny soltó una risa corta y entonces él le pasó una mano por el cabello con ternura -De todas formas si nos llega a decir algo, simplemente lo negamos y ya. No hay de que preocuparse...
-No entiendes -le contestó rodeándolo con sus brazos y mirándolo fijamente a los ojos- Me preocupa que quiera separarme de ti, como la vez anterior.
Él le sonrió de forma encantadora y Ginny se sintió un poco culpable por ilusionarlo, sin embargo adoraba a aquel hombre cuando le sonreía. Se veía aún más irresistible.
-No va a hacerlo... La vez anterior se entrometió bajo la excusa de que "quería protegerte" de mí. Esta vez no va a tener pretexto -Ginny le sonrió con cariño. En verdad era cierto que ahora era Cedric quien la estaba protegiendo de todo lo demás. -De cualquier forma estamos sólo suponiendo, no sabremos con exactitud qué es lo que quiere Luna hasta que la veamos... tal vez sólo nos extraña.
-Tal vez- contestó ella no muy convencida y luego suspiró con fuerza como para darse valor -Ya es hora -recalcó -Tú adelántate y yo llegaré un poco después.
-Perfecto -le dijo volviéndole a sonreír de esa maravillosa forma en que la hacía suspirar. Entonces le dio un beso en los labios, suave, corto, pero cargado de infinita ternura. Y en unos instantes desapareció, dejándola sola en aquel balcón. Ginny no pudo evitar fumarse otro cigarrillo antes de irse, con los nervios de punta sin saber qué ocurriría en aquel reencuentro. Pensó al final, que Luna no tenía forma de entrometerse entre ellos. Ella ya no era una chiquilla ilusa y tonta, sino más bien todo lo contrario; y si Luna se había enterado de que Cedric y ella "estaban juntos", entonces simplemente habría que afrontarlo como una decisión de ambos. Sin embargo, había otra cosa que le causaba cierta incomodidad, y eso era todo lo que le había ocultado a Luna acerca de su vida, todos los hechos e hilos enmarañados de los últimos meses: su accidente, su reencuentro con Cedric, que él la había salvado, los problemas en su familia, que la habían corrido de su casa... había tanto que Luna no sabía, pero tenía miedo de levantar sentimientos que poco a poco había ido enterrando. Sin demorarse más, apagó su cigarro y desapareció del balcón con destino a Brick Lane.
Cuando caminó hacia la entrada del café en que Luna los había citado, pudo ver por la ventana del local que en una mesa del rincón ya se encontraban Luna y Cedric. Ella sonrió al verlos platicando con entusiasmo y entonces apuró el paso. Antes de llegar, Luna ya la había visto y le hacía señas con la mano a modo de saludo, con una sonrisa radiante en los labios. Cuando llegó a donde estaban, su amiga la recibió con un abrazo muy efusivo.
-¡Te extrañé mucho! -chilló Luna con la emoción desbordándose por su voz
-Yo también -contestó ella apretando con fuerza a su amiga
Después de unos segundos más, se separaron y entonces la pudo observar con detenimiento. Había pasado casi un año desde la última vez que la había visto y sin embargo se conservaba casi exactamente igual, lo único que había cambiado era que su cabello iba un poco más recortado de lo que siempre solía usarlo. Lo demás era lo mismo: su sonrisa radiante, el brillo soñador en sus ojos, su voz suave pero insistente. Ginny no pudo controlarse y volvió a abrazarla, sintiendo un poco de culpa por haberla frecuentado tan poco en los últimos meses.
-¿Cómo has estado, Gin?
Ella suspiró sacudiendo la cabeza, pero sin dejar se sonreír por volver a estar con Luna.
-No hay adjetivo para poder describirlo...
-¿Por qué? ¿A qué te refieres?
-Es una muy larga historia...
-¿Pero estás bien? -preguntó Luna entre preocupada y confundida
-Ahora lo estoy -contestó con una sonrisa tímida.
-Ok, pero ni creas que te salvarás de contarme hasta el último detalle.
-En cuanto se pueda lo haré.
-Perfecto... Ahora, ¿recuerdas a mi buen amigo Ced?
Ginny volteó a verlo por primera vez y se encontró con esa sonrisa que le hacía temblar las piernas. Se permitió imaginar cómo sería ese momento si lo volviera a ver por primera vez después de tres años y entonces sintió su corazón revolotear emocionado por el recuerdo de lo que habían vivido esos días en París.
-Ginny Weasley -pronunció Cedric como si hiciera con su voz una reverencia, haciéndola sentir un cosquilleo en su cuerpo -Qué sorpresa encontrarte después de tanto tiempo.
Ella sonrió de forma divertida mientras él le tendía la mano y ella la estrechaba sintiendo un escalofrío al entrar en contacto con su piel.
-La sorpresa es mía, Cedric Diggory. Pensé que nunca más volvería a verte...
-Ya ves, la vida nos lleva por caminos muy extraños.
-Si bien lo recuerdo tu eres un experto en caminos extraños. ¿Esta vez de qué parte del mundo vienes llegando?
-Oh ¿es que acaso no lo sabes?- intervino Luna con voz impaciente, haciéndoles señas para que tomaran asiento en la mesita redonda, y entonces los tres quedaron uno a cada lado de otro. - Ced lleva en Londres poco más de dos meses.
-¿De verdad?-preguntó Ginny intentando sonar sorprendida.
-Blah blah, eso no importa ahora- dijo su amiga con desenfado -En realidad esperaba que ustedes dos se hubieran encontrado en estos dos meses para así evitar este aburrido momento del reencuentro y los saludos y las preguntas.
-Y yo esperaba que hubieras dejado de ser así de imprudente y molesta -le reprochó Cedric
-Oh vamos, ¿qué más necesitas decirle a Ginny aparte de "hola"?
-Que con los años se ha vuelto más hermosa.
Él la miró directo a los ojos y le sonrió, mientras ella se sintió flotar por un segundo.
-Cuidado, Diggory -le dijo Luna apuntándole con un dedo -No dejaré que arruines mi reunión -Él sin embargo no respondió y se limitó a resoplar por lo bajo, mientras Ginny intentaba controlar los latidos de su corazón- Antes de que sigan con sus cursilerías, hablemos de lo importante.
-¿Y eso es...? -preguntó Cedric frunciendo el ceño
Pero Luna no contestó y en lugar de eso se limitó a poner la mano derecha sobre la superficie de la madera, tamborileando los dedos con un movimiento exagerado.
-No puede ser... -susurró él muy bajo
Ginny tardó un par de segundos más en comprenderlo. Fue como un déja vù. Un fino y elegante anillo de compromiso reposando en un delgado dedo de piel pálida, sólo que esta vez no le pertenecía a ella. Sintió un golpe sordo en el pecho, como un vacío absorbiéndole desde dentro al observar ese anillo tan parecido al que una vez Harry Potter le había dado y con el que le había hecho poner todas sus esperanzas en una vida llena de amor. Ginny sintió una gran tristeza al pensar en todos esos planes de boda que alguna vez había tenido y que no se habían podido llevar a cabo y que seguramente nunca lo harían. Sintió una gran desolación al recordar lo maravillosamente feliz que había sido cuando Harry le había dado el anillo de compromiso. Entonces volteó a ver a Luna y la vio sonriendo ampliamente, lo que la hizo volver a la realidad. Luchó con todas sus fuerzas contra los recuerdos para enterrarlos de vuelta al pasado, e hizo acopio de toda su voluntad para mostrar una sonrisa en su rostro y enfocarse en el momento presente.
-¡No puede ser! -repitió Cedric con voz más fuerte, soltando una risa y levantándose para abrazar a Luna.
Entonces Ginny reaccionó. Vio a Luna ampliamente emocionada, estrechando a Cedric mientras ambos seguían dando expresiones de sorpresa. Al verlos tan felices, regresó a la realidad y le sonrió contenta a su mejor amiga. Enseguida se levantó también y después de que Cedric la soltara, la abrazó con fuerza.
-¡Vas a casarte! -le dijo entusiasmada
-¡Lo sé!-chilló ella con júbilo
-¿Pero cuándo? ¿Y en dónde? Por merlín, ¡hay que hacer todos los preparativos!
Luna le sonrió, soltándola y volviendo a sentarse, mientras Ginny y Cedric la imitaban.
-Tranquila, ya está todo preparado. Mi prometido y yo lo habíamos estado hablando durante mucho tiempo y ayer por fin me dio el anillo. Nos casamos en seis meses.
-¿Qué? -dijeron Ginny y Cedric al mismo tiempo.
-¿Por qué esperar tanto si ya lo tienen todo planeado?
-Cuestiones de trabajo de mi prometido, estará muy ocupado hasta entonces.
Ginny le sonrió, sintiendo un pinchazo de tristeza en el corazón. Luna oficialmente había entrado en la fase en que una mujer dejaba de llamar a su pareja por su nombre o cualquier otra forma, para referirse por completo a él y en todo momento como "Mi prometido". Ella también había pasado por esa fase.
-¿En qué dices que trabaja Gerard?-preguntó Cedric
-Cosas del ministerio de magia Francés -Contestó sin interés en ahondar en el tema -Lo que importa ahora es ustedes. Se preguntarán por qué los he citado a ambos- Ginny sintió un nudo en el estómago. -Quiero que sean mis damas de honor -dijo con una muy amplia sonrisa y la emoción desbordando de su voz.
Cedric comenzó a reír de forma divertida mientras Ginny se relajaba por completo.
-¿Quieres que YO sea tu dama de honor?- inquirió Cedric riendo- Sabes que haré todo lo que me pidas, pero déjame decirte que luzco horrendo de vestido.
Los tres rieron al mismo tiempo.
-No seas idiota, Ced -dijo Luna- No es una broma, de verdad quiero que sean mi dama y mi damo, si así lo prefieres. Ustedes son las dos personas más cercanas que he tenido en la vida y quiero que estén ahí conmigo -Los miró a ambos de forma expectante -¿Qué dicen?
-Por supuesto -susurró Ginny conmovida
-Estoy dentro -dijo Cedric asintiendo -pero no usaré vestido...
-Claro que no -replicó Luna casi escandalizada -Pero vestirás de colores a juego con el vestido de Ginny -Ella lo volteó a ver casi de forma inconsciente y le sonrió. Aquella idea le gustaba y por la sonrisa que le dedicó de vuelta, parecía que a él también -Ya vi unos cuantos diseños, pero quiero que tu lo elijas.
-Claro, ¿cuándo los vemos?
-Ese es otro punto que quiero tocar con ustedes. Necesito que vayan a Francia en un par de semanas. Haremos una pequeña cena para anunciar nuestro compromiso, nada muy grande, sólo familiares y amigos cercanos. ¿Qué les parece si aprovechamos para ocuparnos de su vestimenta?
-Por mí está bien -contestó Cedric -pero que sea un fin de semana porque es cuando descanso.
-Perfecto, ¿Ginny?
-El día que me digas estaré allí.
-¿No es genial? -aplaudió Luna emocionada -Nosotros tres en París como en los viejos tiempos -Los dos le sonrieron -Bueno, y mi prometido.
-Si sigues llamándolo así voy a terminar fastidiándome -inquirió Cedric dedicándole una mirada de advertencia.
-Tendrás que soportarlo, Ced -dijo Ginny riendo
Entonces el timbre del celular de Luna resonó antes de que ella pudiera replicar algo.
-Hablando del rey de Roma -murmuró -Disculpen -y entonces se levantó para alejarse de su mesa y contestar su llamada, dejándolos solos.
De forma inmediata, Ginny sintió la mano de Cedric sobre la suya, rodeándola de forma tierna y cautelosa.
-¿Estás bien? -le preguntó en un susurro mirándola fijamente.
-Sí ¿por...?
-Todo esto... debe traerte recuerdos
-Supongo -contestó encogiéndose de hombros -No puedo evitarlo, pero... sólo debo dejarlos pasar y seguir adelante.
Cedric le dio un apretón afectuoso y ella le sonrió de lado con tristeza, pero no dijeron más. Antes de que Luna volviera, él la había soltado y habían ordenado bebidas. Durante las siguientes horas platicaron de mil historias, aunque en su mayoría fue Luna quien habló, contando historias de ella y su dichoso prometido. De cómo se habían conocido, de la forma en que se habían enamorado y de los planes que tenían para su boda. Luego les preguntó acerca de sus vidas, pero fue Cedric quien tomó la palabra, haciendo que Ginny le agradeciera internamente ya que ella no tenía ni un poco de ánimos para hablar de ella misma.
-Entonces, Ced... -dijo Luna de forma despreocupada -¿Alguna mujer en tu vida en tu vuelta a Londres?
-La verdad... No. Me he enfocado en el trabajo.
-¿Ah sí?
-Sí, hay demasiado qué hacer en San Mungo, ya sabes cómo son los hospitales y necesitaba de mucho tiempo para acoplarme a tod-
-¿Ni siquiera citas esporádicas o encuentros casuales?-preguntó interrumpiéndolo
-No- Contestó con voz firme mientras Ginny bebía un sorbo de su té para disimular su incomodidad. Se había puesto nerviosa a pesar de que sabía que no tenía por qué. Si Luna supiera algo no habría esperado dos horas para reprocharles, sin embargo su insistencia le dejaba muchas dudas. Entonces su amiga chasqueó la lengua con impaciencia.
-Eres un grandísimo mentiroso, Cedric Diggory.
-Yo no...
-Y a las pruebas me remito -Luna sacó de su bolso un ejemplar de la revista Corazón de Bruja del mes de enero y entonces Ginny casi suelta la taza de entre sus manos. Abrió los ojos como platos mientras Luna hojeaba la revista, sin saber qué decir o qué hacer. Se quedó petrificada. Sin embargo cuando Luna encontró la página que buscaba, se encontraron con un pequeñísimo artículo con apenas unas líneas de título que rezaban: "Cedric Diggory se divierte en Inglaterra", junto a unas cuantas fotos de él besando a una atractiva chica bajo la lluvia, pero la chica no era Ginny. En realidad no se parecía en absoluto a ella, pero claro que había sido ella. Las observó fijamente para corroborarlo. Eran las fotos de aquella noche en que había ido a buscarlo al hospital, pero alguien había cambiado su aspecto por completo. Su mente trabajó de manera acelerada y entonces pensó en Hermione. Nadie más podría haberlo hecho. Hizo una nota mental para agradecerle el gesto con un regalo. Muy grande -¿Qué tienes para decir, Ced?-musitó Luna entrecerrando los ojos -¿Quién es ella?
Cedric bebió un sorbo de su taza con lentitud, tomándose su tiempo para responder. Se inclinó sobre su silla y se encogió ligeramente de hombros.
-Sólo una chica que atendí en el hospital.
-Pero ¿quién es?
-Eso no importa...
-Claro que importa ¿la volviste a ver?
-Para dejarlo claro, no volví a saber de ella -dijo intentando sonar despreocupado, sin dejar de pensar en su mentira y en la razón por la que le ocultaban todo a Luna. A pesar de que le hubiera encantado romper la distancia que lo separaba de Ginny, abrazarla y decirle al oído lo hermosa que lucía con las mejillas sonrosadas y los labios fruncidos; entendía que era muy difícil describir los hechos de los últimos meses entre ambos. Pensó que si era difícil para Ginny descifrar lo que estaba sintiendo en esos momentos, sería muy injusto pedirle que se lo explicara a alguien más. Porque ¿qué podrían decir? No estaban saliendo oficialmente y sin embargo estaban desarrollando una relación muy cercana e íntima. Pensó entonces que definitivamente lo mejor era seguir manteniendo todo oculto, hasta que todo se solidificara un poco.
-Ya veo -contestó Luna bajando la mirada. Cedric la observó y pudo ver un poco de desilusión en su amiga. Le sonrió de forma automática. Luna había pasado el último año aconsejándole que iniciara una relación formal y tratando de emparejarlo con varias mujeres y sin embargo él nunca se había sentido motivado a hacerlo. Hasta ahora... -Qué lástima, había esperado que por fin encontraras a la indicada -Cedric resopló por lo bajo de forma graciosa -No puedo creer que aún sigas soltero
-No empieces, Loony.
-Es que Ced, es absurdo.
-Absurdo es que me molestes tanto. Eres peor que mi madre.
Luna bufó rodando los ojos.
-Eres imposible, Diggory -Entonces se dirigió a Ginny quien intentaba por todos los medios pasar desapercibida -¿Puedes creerlo, Ginny?
-¿Humm?
-¡A Ced! -musitó indignada -Tiene a cientos de mujeres detrás de él y el idiota prefiere seguir soltero...
-No son cientos -replicó él
-Pues son bastantes. ¿Sabes cuántas enfermeras y doctoras del hospital San Louis se la pasan extrañándote y hablando de ti?
-Claro que no, no inventes cosas.
-¡Yo no soy una mentirosa! ¿Recuerdas a Maggie?
-¿Eh? -preguntó Cedric poniéndose rojo de repente
-La sexy sanadora del piso de pediatría. No tienes idea de cuánto quiere volver a verte -Ginny sintió algo pesado caer en su estómago. Algo que no supo describir al instante y que tuvo miedo de reconocer. Se removió incómoda en su silla y miró al techo intentando parecer desinteresada en el tema. Pensó en ir un momento al baño o fingir una llamada, pero una fuerza que no sabía de donde provenía la hizo quedarse en su lugar, pues quería seguir escuchando -Ha pasado un mes entero molestándome porque no le contestas el teléfono y quiere que le de tu dirección de aquí.
Cedric resopló cansado.
-Sólo salimos...
-Un par de veces, sí -lo interrumpió Luna con impaciencia -No sentiste química con ella, ya lo sé. Pero créeme que me estás preocupando y esa mujer me está cansando. Si no le contestas para decirle que sí o que no, lo que tu quieras, entonces terminaré dándole tu dirección.
Cedric se pasó una mano por el cabello con descuido.
-Está bien. Pero deja de molestarme ya.
-Lo consideraré. Pero de verdad Ced, pon atención ¿Tienes idea de cuántas enfermeras, doctoras y pacientes de San Mungo deben tener los ojos puestos en ti?
El corazón de Ginny cayó de su pecho a su estómago. Sin poder evitarlo miró a Cedric con angustia. Luna tenía razón, Cedric era un hombre ideal y el mundo lo notaba. Las mujeres lo notaban de forma inevitable y lo peor era que ella... no tenía forma de competir. No en las condiciones en las que estaba, con el alma llena de grietas.
A pesar de que la conversación cambió de tema y se extendió por otra hora más, Ginny no dejaba de pensar en un rincón de su cerebro en lo horrible que sería para ella perder a Cedric ante alguien más. Había creído que Luna era el obstáculo que se interpondría entre ellos, tal vez hasta llegó a considerar a Harry enmedio del camino, pero nunca se había detenido a pensar en que Cedric podría estar con otra mujer. Salir con ella, enamorarse. Ginny ya lo había dejado claro: no estaba en condiciones de tener ninguna relación y no tenía nada para ofrecerle a Cedric, no de la forma en que cualquier otra podría hacerlo. Y lo peor de todo era que Cedric estaba en todo su derecho de irse con alguien más, dejándola a ella igual que como la encontró.
Al final de la noche, Luna se despidió de ellos dos con la promesa de que se volverían a ver en unas semanas en París para su cena de compromiso. A Ginny se le ocurrió la idea de tomarse una foto con ella antes de que se fuera, para así mandársela a Hermione y que creyera que había estado en Francia, visitando a su amiga. Cedric decidió adelantarse y se marchó antes que ellas, así que Ginny caminó con Luna unas calles, dándole un resumen rápido de lo que había sucedido con su familia y con Harry, pero como Luna ya debía marcharse, le prometió hablarle por teléfono al día siguiente para contarle todo con detalle. Su mejor amiga desapareció en un callejón vacío, no sin antes abrazarla con fuerza y maldecir a Harry Potter. Cuando se fue, Ginny caminó sola durante varios minutos, preguntándose si lo mejor sería no volver al departamento de Cedric Diggory.
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Cedric estaba un poco preocupado. Había pasado ya casi una hora desde que él se había marchado de aquel pintoresco café de Brick Lane, esperando que Ginny llegara casi inmediatamente después de él, pero ella no había aparecido. Primero pensó que se había quedado platicando un rato más con Luna y el tiempo se les había pasado sin darse cuenta pero después no pudo evitar sentirse angustiado. ¿Le habría pasado algo malo? Decidió controlar sus nervios y seguir esperando, sin embargo no podía dejar de tamborilear los dedos sobre el sofá en el que veía la televisión sin prestarle atención. De pronto escuchó un ligero toque en la puerta, tres golpes secos y él brincó de su asiento y corrió hacia la puerta. Al abrirla se encontró con un borrón pelirrojo que se le echó encima. No tuvo tiempo de pensar, no tuvo tiempo de siquiera reaccionar. En un segundo, Ginny se había lanzado a besarlo, rodeándole el cuello con sus brazos, empujándolo al interior del departamento, cerrando la puerta tras de sí con un golpe. Lo único que pudo percibir de sí mismo fue un alivio enorme al volver a verla y sentirla junto a él. Lo siguiente que supo fue ese maravilloso olvido en el que se sumía cuando la besaba.
Ginny lo besó. Unió sus labios a los maravillosos labios de él y lo saboreó con lentitud, disfrutándolo. Colocó sus manos en la nuca de Cedric y acarició su piel con los pulgares, recorriendo su cuello y luego acarició ambos lados de su rostro. Recorrió sus facciones con un suave toque y luego dejó que sus dedos se perdieran en los filamentos de su cabello. Ese mar castaño, suave, eterno. Porque Ginny tenía miedo, tanto miedo de perderlo. Aquella tarde había sentido celos de mil mujeres imaginarias, intentando conquistar a ese hombre perfecto que tenía frente a ella. Su hombre. Algo que nunca podría aceptar de su propia boca, pero que sentía así en su pecho con todas sus fuerzas. Cedric era suyo, lo había sido cada noche que habían pasado juntos, conociéndose, intimando. Le era imposible pensar que él podría entregarse a otra de la forma en que lo hacía con ella. Ginny quería que fuera suyo, sólo suyo y de nadie más.
Y sin embargo, sabía que eso era imposible... Era injusto, absurdo, egoísta.
Pero no podía alejarse de él. Cedric era adictivo, sus besos suaves, apasionados; sus manos recorriendo su espalda, su lengua acariciando la suya despertando un placentero escalofrío en su interior. Ginny no tenía el valor para decirle lo que sentía, así que dejó que su cuerpo y su alma hablaran, diciéndole con el corazón las palabras que hervían dentro de ella:
Te necesito
Lo besó infinitamente, muy despacio, empujándolo hasta que él quedó con la espalda recargada en la pared.
No me dejes nunca
Bajó sus manos por el pecho de Cedric, desabotonando su camisa en el camino, aprovechando para acariciar su suave piel con los dedos.
Por favor mírame a mí y sólo a mí.
Sus manos bajaron y rodearon su torso, hasta que llegaron a su trasero, aferrándolo con fuerza, apretándolo contra ella para sentir su erección en todo su esplendor, haciéndolo jadear.
Eres mío.
Sus dedos recorrieron el contorno del pantalón de Cedric, hasta llegar a la zona delantera, donde desabrocharon el cinturón y luego bajaron el cierre con un firme movimiento, para poder escabullirse dentro de su bóxer y acariciarlo allí dentro mientras movía sensualmente la lengua dentro de los labios de Cedric y él suspiraba de forma entrecortada.
Mío.
Entonces dejó de besarlo y lentamente fue bajando, agachándose. Regando besos en su pecho y luego en su abdomen, recorriendo con su lengua el camino hasta llegar al tesoro. Con ambas manos bajó el pantalón y el bóxer de un sólo tiro.
Sólo mío.
Cedric cerró los ojos extasiado, jadeando sin poder hilar ninguna idea coherente. Sus nudillos estaban tensos, su cuerpo temblando y una zona en especial se encontraba firme, muy firme. Allí donde Ginny recorría con esa lengua exquisitamente provocativa y esas manos que parecían conocer exactamente qué era lo que él quería. Cedric bajó la vista por un segundo y se encontró directamente con su mirada sensual, haciéndolo sentir ruborizado. Enseguida volvió a cerrar los ojos mientras intentaba no gritar de placer. Y lo único en lo que podía pensar era en ella. En sus manos, sus labios, su lengua...
-Oh Ginny -susurró sin poder contenerse, colocando suavemente ambas manos en la cabeza de ella, acompañándola en su movimiento de atrás hacia adelante, excitándolo aún más, si es que eso era posible. Entonces ella gimió, haciendo un sonido tan sexy y atrevido que Cedric no pudo contenerse más. La necesitaba desesperadamente y de inmediato. La separó de él e hizo que se irguiera, la desvistió casi arrancándole la ropa y con una prisa desmedida terminó de quedar desnudo, mientras ella no dejaba de regar besos y caricias por toda su piel, volviéndolo loco. La tomó de la cintura y la giró para que esta vez ella quedara recargada en la pared, acarició velozmente el contorno de su figura, mientras le subía ambas manos por encima de la cabeza, aferrándola de las muñecas con gentileza. La observó por un momento embelesado por su cuerpo, sintiendo esa excitación salvaje por protegerla, por darle placer, por unirse a ella de forma infinita. Con una mano mantuvo las muñecas de ella aferradas sobre su cabeza y con la otra acarició uno de sus pezones, mientras la besaba con pasión. Ella volvió a gemir y él supo que ya no podría contenerse más. Bajó la mano hasta llegar a su zona íntima y la encontró maravillosamente mojada. Entonces la levantó del piso y la llevó hasta el sofá, con una rapidez casi involuntaria se hizo de un condón y se lo colocó.
-Ced, te necesito... -susurró ella mirándolo extasiada, diciendo lo que él pensaba y entonces con un movimiento la penetró, logrando que ambos jadearan de placer. Él se movió sobre ella con lentitud, mirándola a los ojos, conectando su mirada con la de ella de una forma indescriptible. Un calor inmenso llenó su pecho mientras ella se aferraba a sus brazos, sin romper el contacto visual.
Y por un momento, ese infinito momento, Ginny se sintió completa. Poderosa. Invencible. Cedric estaba mirando a su alma y ella lo estaba dejando entrar por completo. Poco a poco él fue haciendo el movimiento más y más rápido, sin dejar de mirarse, excitándose mutuamente uno al otro con sus gestos de placer.
-Cedric -gimió ella llegando al éxtasis -No me dejes nunca...
-Nunca -repitió él apretando los dientes, mientras embestía el último movimiento que los dejó a ambos aferrándose uno al otro dentro del orgasmo.
Cedric se desplomó sobre ella, increíblemente satisfecho, como nunca antes en su vida. Y Ginny finalmente apretó los ojos, disfrutando de los últimos espasmos de placer que él le había brindado. Cedric tuvo cuidado de no recargar todo su peso en Ginny, pero ella parecía ocupada intentando controlar su respiración. Él simplemente salió de ella y echó al piso el condón, para luego recostarse a su lado en el sofá, abrazándola. Ginny se recargó sobre su pecho, inundada por completo de una bella sensación de tranquilidad. Era indescriptible, la forma en que Cedric la hacía sentir. Era como si el mundo fuera perfecto, como si todo estuviera en su lugar. Allí en sus brazos, se sentía ella misma una vez más.
A pesar de que hacía un poco de frío, ninguno de los dos quiso moverse y simplemente entrelazaron sus cuerpos desnudos aún más. Cedric la estrechó entre sus brazos, aspirando el embriagante aroma de su cabello rojo fuego. Ella era como un sueño para él, alguien irreal, una presencia casi divina. Había algo en Ginny que se acoplaba perfectamente a él, que lo hacía necesitarla de una forma desesperada. Después de tantos años y tantas mujeres en su vida, ella era la luz que más había brillado para alumbrar su viaje, era la pieza faltante dentro de sí mismo que tanto había buscado y nunca antes había encontrado. De algún modo era como si Ginny fuera su complemento perfecto y no entendía del todo por qué, no sabía cómo explicarlo y tal vez ni si quiera quería entenderlo, simplemente quería vivirlo.
Pues creo que me ha gustado, ¿qué opinan ustedes?
recuerden que mientras más opinen, más rápido estará el siguiente capítulo. O por lo menos a eso me comprometo.
saludos!
