Hola a todos y todas.
Tengo unos cuantos anuncios qué hacer. Para empezar siento un poco la tardanza, y disculpen si este capítulo tiene typos o mala ortografía. Mis ojos están cerrándose del sueño pero no quiero ir a dormirme sin haber publicado el nuevo capítulo, así que aprecien mi esfuerzo, jeje.
En segundo, mil ochomil gracias a Lily Masen, Kairi1196 y LadyAnneMarie por sus bonitos reviews del cap pasado. De verdad gracias enormes por seguir leyéndome y poniendo su tiempo en mí. Abrazo gigante para ustedes.
En tercer lugar, quiero hacer un espacio para hablarles de algo muy personal. Hace poco más de un mes murió alguien cercano a mí. Por causa de las circunstancias y las formas es una muerte que me ha calado hasta lo más profundo, sin poder entender muy bien por qué. Los días pasan pero me siento diferente. Siento que esta ausencia en mi vida me está cambiando con cada día que pasa. Y sí. También afectó en mis planes de escribir esto. Pero ahí voy. Sé que tengo un compromiso con ustedes y por eso me he forzado a escribirles el capítulo, por el apoyo que me han brindado a lo largo de todo este tiempo. Espero que no se note muy forzado y de ser así, espero que sepan comprenderme.
Por eso mismo tal vez notarán que ya no soy más ABlack. Ahora firmaré bajo el nombre de Delilah Lannister. Porque ya no soy la misma y necesitaba aceptarlo para seguir adelante. Es una transición más que nada necesaria para mi mente.
Pero bueno, espero que el capítulo les guste. Mil gracias por leerme.
TO BE WITH YOU
By Delilah Lannister
Capítulo 22
Cualquier cosa puede pasar
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El viernes por la mañana, Ginny despertó más feliz de lo habitual. Habitual, claro, refiriéndose a la época que incluía a Cedric en su vida. La felicidad había entrado a ella de forma tan inesperada y repentina, que a veces sentía como si nunca hubiera estado ausente.
Sin embargo, esa mañana la felicidad se sentía diferente. Sentía que había algo diametralmente diferente a todos los demás días. Desde la noche anterior, pudo notar que algo había empezado a ponerse en marcha, algo pequeño había dado un salto convirtiéndose en algo cada vez más grande. No sabía cómo ponerlo en palabras exactas, pero de alguna forma estaba segura en el fondo de su alma que aquella noche lo cambiaría todo por completo. Tal vez estaba exagerando, pero no podía evitar que la cena de San Mungo de esa noche le causara una mezcla delirante de emociones. Por una parte se sentía ansiosa y llena de nerviosismo, pero por otro lado se sentía ilusionada y feliz.
No podía asegurarlo al cien por ciento, pero sentía que esa cena marcaría la diferencia en su relación con Cedric. No quería adelantar las cosas, pero tenía las sospechas de que Cedric usaría el evento para dar el siguiente paso. ¿Por qué lo pensaba así? No entendía porqué, pero lo presentía como algo real. Incluso, por un par de segundos, llegó a pensar que iba a hacerlo a mitad de su departamento la noche anterior cuando le había pedido que lo acompañara al baile. Cuando él tomó su mano entre las de él y la miró directo a los ojos, con nerviosismo atravesando su garganta, creyó que iba a pedirle algo aún más importante. Por un segundo creyó que le pediría que fuera su novia o alguna cosa romántica o cursi del mismo estilo. Su corazón brincó dentro de su pecho emocionado, y su estómago revoloteó enamorado. Le era fácil admitir que nunca antes se había sentido así, como si nada más en el mundo importara, como si todo fuera sencillo y hermoso, como si fuera por la vida caminando sobre nubes y respirando arcoiris. Estaba total y perdidamente enamorada de Cedric Diggory. Se sentía como en otra vida, se sentía como en otra eternidad. Nada ni nadie podría arruinar aquel maravilloso y prometedor día. Porque estaba decidida; si él no daba el primer paso, lo haría ella. La noche anterior, cuando creyó que Cedric iba a pedirle que fuera su novia, se dio cuenta que en realidad ansiaba que así fuera. Deseaba con todas sus fuerzas que la proposición saliera de esos labios que tanto amaba besar, imaginándose la pasión desmedida con la cuál aceptaría sin dudar ni un segundo. Estar con Cedric era lo que en verdad quería. Estaba completamente segura. Era momento. El luto guardado había sido suficiente, su periodo de duelo oficialmente había llegado a su fin y era momento de seguir adelante, de ir más allá. Era hora de darle a Cedric el lugar que merecía, el lugar que se había ganado a base de confianza y cariño, de protección, de amor.
Cedric por su parte pasó toda la mañana dándose valor a sí mismo para cometer la locura que su corazón le instaba a realizar. La parte racional de sí mismo le pedía que no hiciera un gran alboroto del baile de San Mungo, que simplemente se comportara normal y que mantuviera la velada como algo casual, un evento al que dos amigos acuden a divertirse y solamente eso; pero entonces su mente comenzó con las jugarretas, llevando un pensamiento que desencadenaba otro y luego otro sin cesar. No podían asistir al baile de un modo tan impersonal, porque nada entre ellos lo era. ¿Qué iba a hacer cuando la gente que se acercara a saludarlos le preguntara quien era esa hermosa pelirroja que tenía de acompañante? ¿Su simple y llana acompañante? ¿Su "una amiga" que lo había salvado de ir solo al baile? Se jalaba el cabello desesperadamente con los dedos al pensar lo que sentiría Ginny si la hiciera a un lado de esa forma, dando a entender que era sólo cualquier persona sin importancia, cuando en realidad era la mujer más hermosa en el mundo y en su vida y moría por gritarle a los cuatro vientos lo muy enamorado que estaba de ella y que no quería dejarla ir por ningún motivo. Se sentía un imbécil al pensar en lo animal que se vería al querer marcar su territorio de forma tan absurda, sin embargo no era del todo irreal pensar que si sólo la presentaba como amiga no faltaría el maldito aprovechado que intentaría coquetear con ella, sacarla a bailar, tomarle una mano y con la otra estrechar su cintura. Una cintura que reclamaba como suya y no quería que nadie más se atreviera siquiera a rozar. Tal vez lo mejor sería ya no ir a ese estúpido baile y alejar a Ginny de los malditos depredadores, tenerla sólo para él mismo y guardarla como el más increíble tesoro que pudo haber encontrado en la vida; sin embargo por alguna razón Ginny se había mostrado muy feliz por la mañana, emocionada ante la idea de ir con él al evento y ansiosa por que la noche llegara. Cuando se despidieron para ir cada uno a su respectivo trabajo, la sonrisa que sus labios emitieron fue aún más amplia, aún más brillante. Sus ojos destellaron una chispa de emoción, de inevitable alegría, de agradecimiento por haberla invitado al baile, y era algo que no estaba dispuesto a arruinar por sus inseguridades e indecisiones. Y entonces fue cuando se dio cuenta de que si no quería que nadie más intentara algo con ella, era momento de dar el siguiente paso. Esta vez uno gigante.
Entró al baño de su oficina, se echó un poco de agua fría en la cara y mirándose al espejo pensó en un segundo en una gran variante de frases, desde las pretenciosas a las originales. Al final, apoyándose con fuerza en el lavabo, mirando su reflejo simplemente dijo:
-Ginny Weasley, ¿quieres ser mi novia?
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Ginny pasó todo el día con un humor agradable y contagioso. Sonriendo sin poder contenerse. El cuartel de aurores podía incendiarse en ese mismo momento y a ella no le importaría en lo más mínimo.
Faltaban aún varios minutos para la hora de la comida, sin embargo todos en la oficina estaban ya con un pie fuera. Ella incluida, aunque no pensaba precisamente en ir a comer, sino que quería aprovechar ese tiempo para darse una escapada a el callejón Diagon y comprarse un vestido para el baile. Aunque tenía varios en su guardarropa, quería uno nuevo. Tenía esa necesidad de lucir radiante, de verse hermosa para Cedric, quería que todo fuera perfecto.
Como si pudiera adivinar que estaba pensando en él, la pantalla de su teléfono celular anunció la llamada del sanador. Ginny sonrió enamorada y de inmediato contestó.
-Justamente estaba pensando en ti
-¿De verdad?
-Sí -dijo ella suspirando
-Oye, Ginny...
-¿Si?
-¿A qué hora llegarás a tu departamento?
-Ummm no lo sé, espero que temprano, como a las 6, para que me de tiempo de arreglarme para el baile. Es a las 10, ¿verdad?
-Sí. Pero... Bueno...
-¿Qué?
-¿Puedo pasar por ti a las 9?
Ginny se mordió el labio, la respuesta que quería decir de inmediato era "no". Eso le dejaba con una hora menos para arreglarse, sin embargo con el tiempo había comenzado a identificar ese tono de voz de Cedric, y había aprendido que aunque lo pedía de forma muy casual en realidad era algo importante para él. Así que resignada a tener que apurarse, asintió.
-Está bien. ¿Dónde te veo?
-Yo voy por ti a tu departamento
-Perfecto -contestó sonriendo -Muero porque ya sean las 9 -confesó ella en un susurro
-Yo también. Nos vemos en la noche.
Bajó su celular y lo puso en su escritorio, manteniendo una sonrisa embelesada y tonta en su rostro. No sólo estaba enamorada, sino mil veces enamorada.
De pronto un chasquido la sacó de su ensoñación, sobresaltándola. Al reaccionar se encontró frente a los dedos de Hermione chasqueando una vez más y ante la risa divertida de su cuñada.
-Tierra llamando a Ginny, ¿estás ahí? -dijo mientras agitaba su mano frente a su rostro
-Tonta -resopló ella sonriente. Luego miró el reloj de la pared -Qué sorpresa verte en horas de trabajo, aún faltan cinco minutos para la hora de comida. ¿No estará adelantado tu reloj? -Hermione sólo rodó los ojos -¡El mundo va a colapsar! Hermione Granger salió minutos antes a comer ¿Es acaso el fin del mundo?
-Ja-ja, muy graciosa. Veo que tienes muy buen humor a estas horas.
-A todas las horas, realmente. ¿No es increíble?
Hermione la miró sonriendo.
-Lo es, en verdad. Y me alegra mucho.
-Gracias -respondió sonriendo también -Y de verdad, no es por ser grosera, ¿pero qué te trae por aquí a esta hora? -Hermione borró la sonrisa de su rostro y la miró de forma nerviosa, preocupada -¿Qué pasa?
-Es sólo que... Alguien quiere verte -y entonces giró la vista hacia la puerta de la oficina por donde varios de sus compañeros habían ido saliendo en fila. Al principio no lo entendió, pero entonces por esa misma puerta, entró una figura que podría reconocer hasta en la obscuridad.
-Hola Ginny.
-Papá...- dijo en un susurro bajo, levantándose mientras veía a su padre caminar hacia donde Hermione y ella estaban. Arthur Weasley se acercó con paso lento y ella lo observó perpleja. Se veía tan cansado, un poco viejo. Se preguntó mentalmente por el tiempo transcurrido desde la última vez que lo había visto. Parecía una eternidad, años enteros, y sin embargo habían pasado solo unos cuantos meses. Habían peleado en víspera de Año nuevo y ya se encontraban en los primeros días de mayo. La realidad la golpeó de forma brusca: cuatro meses lejos de su familia, cuatro meses al lado de Cedric. Sus ojos se aguaron al recordar todo, al darse cuenta del tiempo de distanciamiento. Volvió a ver a su padre sin poder emitir palabra alguna. No tenía mucho desde que él se había jubilado y dejado su trabajo en el ministerio, así que su visita era un total enigma. Lo vio pálido, triste. Entonces un sentimiento de angustia se apoderó de su pecho, ¿acaso algo malo había sucedido? ¿Se encontraba enfermo?- ¿qué haces aquí? ¿Está todo bien?
-No hija...-el corazón de Ginny dio un vuelco -No está bien. Te abandonamos, te dejamos ir. -Ella se quedó en silencio simplemente observándolo sin poder entender -Vengo a pedirte perdón, cielo. -La voz de su padre se quebró -Vengo a rogártelo si es necesario.
-Papá... -Susurró ella muy bajo
-Perdóname por todo, no debí dejar que las cosas entre nosotros quedaran así por tanto tiempo. Soy un padre terrible...
Las lágrimas rodaron de pronto por sus mejillas sorprendiéndola, sintiendo una punzada en el pecho.
-No lo eres, papá, claro que no...
Y entonces se lanzó hacia él, rodeando su cuello con los brazos, dejándose envolver por su padre en un gesto que había extrañado enormemente. Miles de recuerdos de su infancia volaron a su mente, de tantos momentos en que su padre la había consolado, mimado y querido.
-Por favor perdóname, sé que debí haber venido antes pero no supe cómo... lo siento tanto. -Sollozó su padre, soltándose a llorar por completo.
-Lo importante es que estás aquí ahora -sentenció ella apretándolo con fuerza, confortándolo y aceptando el consuelo que él también le daba.
Se mantuvieron abrazados por un tiempo indefinido en el que Ginny olvidó absolutamente todo y se perdió por un instante en la calidez que le brindaba la protección de su padre. Regresó en el tiempo y volvió a ser la pequeña niña pelirroja que jugaba en los campos al lado de su papá. Cómo lo quería, cuánta falta le había hecho. Sonrió con melancolía, dejando que el perdón bañara su corazón. Cuando soltó a su papá, se dio cuenta que los dos estaban solos en la oficina puesto que hasta Hermione se había ido. Hizo una nota mental para agradecerle una vez más por todo lo que hacía.
-¿Puedo invitarte a comer, hija?
-Claro que si, papá. Hay tanto que quiero contarte.
-Pues hay que apurarnos, ¿a dónde quieres ir?
-¿Te parece bien en el callejón Diagon? Necesito que me ayudes a comprar algo.
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Su tarde se esfumó en lo que parecieron sólo unos minutos. Platicó con su papá sin dejar ni un momento en silencio. Ambos se pusieron al día de lo que había ocurrido en sus vidas en aquellos cuatro meses que estuvieron distanciados. Y a pesar de todo lo malo, de todo el rencor que Ginny creía haber guardado en su corazón, al final no le importó. En ese momento olvidó todo y logró perdonar a su papá e incluso a sus hermanos y aunque no podía creerlo también a su mamá, quien por lo que le habían contado estaba muy triste por todo lo ocurrido respecto a ella. Sin embargo, una cosa era perdonarla y otra muy diferente regresar ella misma a dar la cara, como si ella hubiera cometido los errores y las injusticias. Esperaba y su padre también, que algún día cercano Molly tomara valor y olvidara su orgullo para acudir a Ginny tal como lo estaba haciendo aquel día Arthur. Sólo era cuestión de dejar que el tiempo siguiera curando todas las heridas que restaban por cicatrizar. La vida le había enseñado a Ginny que las segundas oportunidades existían y estaba dispuesta a aceptar cualquier disculpa que quisieran darle.
Pasó un par de horas muy agradables, comiendo al lado de su papá. Luego la acompañó a comprar un vestido elegante pero sencillo a un local de túnicas, en el cual Arthur Weasley pudo observar lo muy cambiada que su hija estaba.
-Te ves mejor, hija.
-¿Mejor? -preguntó ella mientras se miraba al espejo uno de los vestidos que más le habían gustado.
-Te ves más sana, más alegre, en realidad.
-Ya me alimento mejor -Dijo ella encogiéndose de hombros mientras le sonreía con naturalidad.
-Te ves feliz.
Ella lo miró a través del reflejo del espejo y asintió.
-Lo estoy.
-Me alegro mucho, mi niña. Te lo mereces. En el fondo él es un buen muchacho.
-¿Él?-preguntó volteando a verlo de golpe
-Cedric ...
Ginny lo observó confundida, un poco nerviosa. De inmediato sintió sus mejillas ruborizarse.
-¿Cómo...?
-Un viejo amigo me ha dicho que te vio con él, que se veían felices.
-Somos felices juntos...
-Entonces ¿ustedes...?
-Estamos enamorados -declaró con seguridad sin titubear ni un segundo -Él me ha ayudado tanto durante estos meses... Significa demasiado para mí.
-De verdad lo quieres -le dijo con una sonrisa, en una frase que era más afirmación que pregunta, pero de todas formas ella asintió.
-Con todo mi corazón.
Él sólo amplió su sonrisa y la miró con ternura, pero no dijo más. Simplemente se limitó a observarla mientras se decidía por el vestido de su agrado. Cuando salieron del local, Ginny se armó de valor y le dijo a su padre:
-Me gustaría que lo conocieras... -dijo decidida -A Ced.
Su papá asintió con ganas.
-Claro, hija. Con mucho gusto, quiero agradecerle por haber cuidado tan bien de ti durante estos últimos meses.
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Al regresar al ministerio, esperaba que nadie se diera cuenta de su leve retraso y a la vez también esperaba que Tonks pudiera dejarla ir un poco antes de su hora de salida. Pero al llegar al cuartel de aurores, supo que ninguna de las dos cosas sucederían.
-¿Dónde estabas? -le preguntó Tonks entre dientes cuando se acercó hacia ella, en medio de la multitud de aurores que llenaban la oficina -El ministro nos ha convocado para una junta especial y ha pedido que estés en ella.
-Lo siento -susurró -se me hizo un poco tarde. ¿de qué es la junta?
-Asuntos clasificados super secretos del ministerio. Será mejor que nos apuremos.
Y entonces la condujo a su despacho, donde ya los aguardaba el ministro Scott Moore, un par de oficiales mayores, y un grupo no muy reducido de aurores, los mejores del cuartel, expresamente elegidos por el propio ministro, entre ellos obviamente Harry quien ni siquiera se dignó a mirarla.
Mejor para ella, pensó.
La junta trató en su mayoría de la seguridad del ministro que se había visto comprometida la noche anterior, puesto que habían intentado irrumpir en su casa. Por suerte sus aurores guardaespaldas estaban alertas y evitaron el ataque, sin embargo no pudieron atrapar a los maleantes, misión que quedaría a cargo de aquel grupo en la oficina, encargados de investigar el caso y proteger al mandatario mágico. Luego de explicar el asunto a los presentes, comenzaron a realizar un estudio de los posibles sospechosos y sus diversos motivos para atacar al ministro.
Conforme pasaron los minutos y las horas, en que los temas se iban saliendo de la agenda, supo que no estaría lista a las 9 para que Cedric pasara por ella. Cuando hicieron un receso e interrumpieron su junta para tomar un pequeño descanso, Ginny aprovechó para salir al pasillo y hablarle a Cedric.
-Lo siento mucho -le dijo apenada -Nos salió una junta especial con el ministro y no puedo zafarme de ella. Adelántate al baile y yo te alcanzo allá ¿sí?
-Claro, no te preocupes. Aunque si lo prefieres, espero hasta que estés lista.
-No, tu vete. No sé exactamente a qué hora acabe esto, así que mejor no me esperes. Prometo apurarme todo lo que pueda.
-Está bien. Pero no te presiones ¿sí? Si no quieres ir te comprendo.
-¿De qué hablas? ¡Claro que quiero ir! ¿No te estarás arrepintiendo de llevarme, señor Diggory?
-Para nada, señorita Weasley. Cuento los segundos para bailar contigo.
Ella sonrió, ilusionada. Tontamente enamorada.
-Te quiero
-Y yo a ti.
Entonces convocaron nuevamente a la reunión, por lo que tuvo que terminar la llamada con Cedric, a regañadientes. Comenzando a molestarse con todos los allí presentes por arruinar aquel día tan importante para ella, a pesar de que no fuera culpa directa de ellos.
Mientras esperaban a que todos los demás aurores llegaran a la oficina, los presentes se dedicaron a platicar jovialmente entre ellos y el ministro.
-¡Weasley! -exclamó el ministro al verla alejada del grupo. Le hizo una seña con la mano y sin esperar a que ella reaccionara, él caminó hacia donde ella estaba. -Me agradan las ideas que tienes del caso, eres una excelente auror.
-Gracias señor ministro.
-Tú y Potter, ¿dónde está? -entonces giró la cabeza a su alrededor y lo buscó hasta que dio con él en una esquina opuesta. ¡Potter, ven acá!
El aludido se acercó con notoria reticencia y cara de fastidio, era obvio que no quería estar en su presencia. Sin embargo no se negó y al llegar junto a ellos, el ministro le dio unas palmaditas calurosas en la espalda.
-Mi pareja estrella de aurores -dijo con un tono de voz que asemejaba a un padre orgulloso, pasando la vista de uno a otro con una sonrisa en el rostro - tengo una propuesta para ustedes que quiero detallar más adelante.
-¿Propuesta? -preguntó Harry contrariado. Ginny no sabía que esperar.
-Quisiera hablarlo con ustedes cuando la junta acabe y no haya tantos oídos, pero para darles una pista: -giró para ver quienes andaban cerca de ellos, luego se acercó a ambos y susurró muy bajo - los quiero de mis nuevos guardaespaldas.
Los dos se quedaron perplejos ante la confesión. Y no sólo por ello, sino por la forma de actuar del ministro.
-Piénsenlo un poco ¿sí? Hablaremos más tarde, pero de verdad necesito que acepten.
Ninguno de los dos emitió palabra, demasiado alertas para saber que algo iba mal y que no era el momento correcto para hablar.
-Claro, lo veremos después -contestó Harry de modo casual, tratando de actuar natural, pero Ginny pudo advertir que se encontraba estudiando a los que se encontraban a su alrededor.
-Perfecto -contestó el ministro -Ahora quiero que brinden conmigo. ¡Cooper! Trae la botella -El asistente flacucho y torpe del ministro se acercó tambaleándose, llevando una botella de hidromiel en las manos. -He hecho que Cooper me consiguiera esta delicia para brindar expresamente con ustedes dos.
-¿Esta intentando convencernos de algo, ministro? -preguntó Ginny sonriendo mientras el viejo detenía las copas en las que su asistente servía el líquido, de calidad claramente mucho mejor que el hidromiel que los demás presentes se encontraban bebiendo.
-Creo que me estoy viendo demasiado obvio, pero si me exonera de culpa debo admitir que fue idea de Cooper. -Y entonces les ofreció una copa a cada uno y les hizo el brindis
-Pues que buena idea ha tenido el joven Cooper -dijo Harry al tomar de golpe todo el líquido, probando su sabor.
Ginny por su parte, sólo bebió un sorbo y no tuvo oportunidad de continuar puesto que enseguida se reanudó la reunión.
Esta vez los minutos se le hicieron aún más extensos e interminables. Lo que decían los oficiales mayores que acompañaban al ministro era en extremo aburrido Y no aportaba nada valioso al caso. La voz de aquellos hombres tan ancianos parecía como una canción de cuna perfecta para arrullarlos. Ginny comenzó a luchar contra el sueño y la pesadez de sus ojos ante aquella interminable aburrición. No sabía cuánto tiempo había ocurrido desde que el último hombre había comenzado a hablar, sin embargo le parecía una eternidad. Giró su cabeza y recorrió la vista por la gente en la oficina, y cuando pudo ver a un par de rostros bostezando, entendió que el aburrimiento no sólo era de ella. Cuando sus ojos amenazaron con cerrarse, decidió salir sigilosamente de la oficina e ir al baño para lavarse la cara. Así que fue lo que hizo. El agua fría sobre la piel de su rostro fue como el antídoto contra el sueño que se había apoderado de ella. Se miró al espejo del baño y entonces se sintió repentinamente mareada. Y de pronto todo se puso en negro.
Lo siguiente que supo fue que su cabeza le punzaba violentamente. ¿Había sido atacada? Parpadeó para despejar su mente y enseguida pudo sentir que algo iba mal. Se enderezó con cuidado, dándose cuenta de que estaba acostada sobre una cama blanda.
No
Su mente comenzó a dar vueltas, punzándole sin piedad. Observó su cuerpo debajo de las sábanas que la cubrían y se dio cuenta de que estaba desnuda.
No, no, no.
Observó el lugar y no se le hizo conocido. De pronto sintió náuseas. ¿Qué diablos le había pasado? Entonces su corazón se detuvo, angustiado.
NO, Por Merlín, por favor no.
A su lado, acostado en la cama igualmente desnudo, se encontraba Harry dormido, respirando tranquilamente.
Ok, ok.
No manden tomates, queridas mías. O bueno, tal vez lo merezco un poco jeje.
sólo quiero aclarar que este plot twist no ha sido obra de mi actual situación y estado de ánimo, sino que es algo que pensé para la historia desde hace muuucho tiempo. Así lo venía planeando y así resultó.
¿Qué opinan?
