Hola mis queridas lectoras! Estoy muy emocionada porque hace mucho que no escribía un capítulo tan largo y eso me deja muy contenta.

Quiero agradecer con todo mi corazón a Teddy Mellark, florfleur, LadyAnneMarie y LilyMasen por no odiarme jajaja. De verdad enormes inmensas extremas gracias por seguir leyéndome y seguirse emocionando tanto con esta historia. Sigo escribiendo gracias a ustedes y su apoyo tan padre. Son las mejores lectoras del mundo. Les mando un abrazo enorrrrrme.

Antes de que se me olvido las invito a pasarse por mi perfil que actualicé hace un poco y donde me explayé hablando de mis fics, por si a alguien le interesa saber mis ideas aleatorias jeje.

Los dejo con el capítulo que espero les guste y no les cause un ataque de nervios jeje. Saludos a todos y todas :)


TO BE WITH YOU

By Delilah Lannister

Capítulo 25

Gracias

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Pasó apenas medio mes desde aquella última vez que vio a Cedric y sin embargo Ginny sentía que habían transcurrido siglos. Se sentía otra persona, como si aquella que había vivido tantos hermosos momentos al lado de Cedric hubiera sido alguien más y no ella, alguien de una vida y época pasada, alguien que había sido feliz. Ella sin embargo, ni siquiera se sentía como una persona viva, se sentía vacía, sin nada por dentro que pudiera hacerle sentir. Al principio comenzó a contar las horas y los días, pero con el transcurso del tiempo dejó de pensar y dejó de tener noción del mundo entero. Se levantaba por las mañanas, iba a su trabajo, apenas comía y luego regresaba a su departamento por las noches para pasar horas mirando el techo de su habitación hasta que el sueño la vencía muchos minutos después.

Su vida se había vuelto algo sin significado, no sentía, no pensaba, no vivía... pero honestamente prefería mil veces eso a dejar entrar a su entendimiento la realidad de lo que estaba ocurriendo. Prefería ir por el mundo como con un velo que la separaba de la realidad, como un sueño etéreo en el que veía gente y hablaba con ellos pero era como si no fueran parte del planeta ni de su dimensión, puesto que si no apagaba su cerebro y desconectaba su corazón, entonces el dolor y la soledad la abrazaban por completo. Cuando bajaba los muros que la mantenían a salvo de aquella infinita desolación, los recuerdos la golpeaban hiriendo cada parte de su ser. Era por eso que desde la última vez que había visto a Cedric, se había refugiado en su trabajo, aferrándose a él como su bote salvavidas que la ayudaría a atravesar las oscuras profundidades de la miseria que estaba viviendo. No tenía nada más de lo cual sostenerse, no tenía nada más por qué vivir. Así que, desde aquel día en el hospital de San Mungo, Ginny había comenzado a duplicar misiones, horarios y guardias, a pesar de las quejas que producía aquella decisión en Tonks. Por más que su jefa le pedía que se fuera a dormir o descansar un poco, Ginny se negaba hasta el cansancio y terminaba yéndose de la oficina hasta altas horas de la noche cuando su mente y su cuerpo terminaban completamente agotados. Sólo así podía evitar el insomnio y por ende evitar tiempo consciente en su departamento.

Sin darse cuenta, había comenzado a odiar el lugar donde vivía. Cuando su mente estaba lúcida, el oxígeno amenazaba con faltarle cada que empezaba a recordar. La mayoría de veces sin quererlo, sin anticiparlo... de un segundo a otro tenía a Cedric en su cabeza, recordando cada momento que compartieron en aquellas habitaciones, haciendo el amor entre cuatro paredes, enamorándose, queriéndose uno al otro. Había momentos en que no podía evitar imaginar a Cedric preparándole el desayuno o robándole el cigarrillo de entre los dedos. En esos momentos hasta el hábito de fumar había desaparecido de su vida puesto que ya no podía ver el humo sin recordarlo a él, al momento en que dos jóvenes versiones de ellos mismos compartían un primer cigarrillo en el departamento de Luna Lovegood. Luego sin advertirlo, también recordaba a un Cedric pícaro lanzándole el humo a la cara y años después a ella misma devolviéndole el gesto bajo la lluvia...

Había tanto... eran demasiados los recuerdos y los significados. Sus vidas se habían entrelazado de una forma inexplicable y ahora resultaba imposible separarlas. Por lo menos lo era para ella. En algunos momentos Ginny se encontraba a sí misma molesta con Cedric, enojada por que no quiso darle una oportunidad más, pero sobre todo porque estaba dispuesto a intentar arrancarla para siempre de su alma, algo que ella sabía en el fondo de su corazón y en el interior de sus huesos que nunca podría realizar. Ella lo sabía, estaba segura de que llevaría a Cedric por siempre como la persona que le marcó y cambió la vida, y sabía que sería inútil el siquiera intentar olvidarlo... pero él... él lo estaba intentando y eso la estaba volviendo loca. ¿Cómo podía atreverse? ¿Cómo podía querer deshacerse de ella, dar la vuelta a la página y seguir adelante? A Ginny le parecía imposible, le hacía sentirse destrozada, sin ganas de vivir.

Pero no... no podía volver a vivir de esa forma, se rehusaba. No podía volver a ser alguien sin esperanzas ni ilusiones. A Cedric le había costado su tiempo y esfuerzo total para sacarla del abismo en el que se había refugiado y ahora él ya no estaba y Ginny sabía que nada ni nadie podría salvarla una vez más. Era por eso que luchaba cada día contra su realidad para no volver a dejarse caer en ese espiral sin sentido que pretendía absorberla. Ginny atravesaba tiempos difíciles pero esta vez no iba a dejarse hundir, iba a salir adelante aunque fuera lo último que hiciera en la vida. Aunque le costara mil años. Debía aprender a domar sus recuerdos, como una vez él le había mencionado, o acabarían destruyéndola.

Hacía lo que podía, pero por el momento no funcionaba tanto. Intentaba ocupar el mayor tiempo posible haciendo algo, ya fuera en el trabajo o estando con alguien más a pesar de que deseaba con todas sus fuerzas estar sola para siempre y llorar sin fin. Intentaba pensar en cualquier asunto, como en los misteriosos regalos que alguien le hacía. Un día repentinamente comenzó a encontrar bolsitas de dulces sobre su escritorio, sin remitente y sin algún tipo de nota, sólo la bolsa. Y el regalo se fue repitiendo cada día a la misma hora. Ella se dedicó a investigar pero nadie sabía nada al respecto. Pensando que seguramente sería obra de Harry, Ginny tiraba la bolsita a la basura en cuanto la veía. Aunque hizo examinar los dulces durante varios días, y encontró que no tenían nada sospechoso, ella prefería no tentar a su suerte y mejor deshacerse de ellos. Sin embargo lo que le causaba mucha intriga es que eran sus dulces favoritos, lo que por un segundo le hizo pensar en Cedric, pero luego recordó que esos habían sido sus favoritos durante su noviazgo con Harry y luego dejó de consumirlos, así que no podía ser Cedric el misterioso proveedor de aquellos regalos.

Lo había consultado con Hermione y su cuñada pensaba que estaba exagerando un poco en relación a los dulces, sobre todo porque fue ella quien los examinó la primera vez y los encontró completamente normales. Ginny había terminado contándole todo a Hermione: lo que sucedió aquel día de la junta en el cuartel y el ataque al ministro, y finalmente su confesión a Cedric y la reacción de este, así como sus escasos encuentros posteriores y su ruptura definitiva. Aunque después de contarle todo Ginny le había pedido no hablar más del tema, Hermione lo sacaba a la luz de vez en cuando, haciéndole preguntas acerca de lo que no recordaba, cuando terminó en la misma cama que Harry.

Hermione igual creía que todo lo había planeado él e incluso también sospechaba que tenía que ver con el ataque, sin embargo por más que estuvo investigando y moviéndose en el bajo mundo del ministerio, no logró dar con ni una sola prueba que lo mostrara como sospechoso. El maldito había limpiado toda evidencia. Ni siquiera Tonks y el cuartel de aurores parecían tener algo en concreto. Y, como bien mencionaba Hermione, aquella repentina misión especial de Harry en Australia resultaba muy extraña. Ambas sabían que Harry ocultaba algo, sin embargo era Ginny quien no quería saber más a pesar de que Hermione la instaba a buscar la verdad, de lo que Harry estaba haciendo del otro lado del mundo y principalmente de lo que había sucedido entre ellos el día del ataque, cómo es que había sucedido y por qué no recordaba nada.

Un día sin saber exactamente por qué, Ginny decidió averiguarlo. Un fin de semana que Tonks le prohibió ir a la oficina, terminó en su departamento, con un pensadero del ministerio y una serie de pociones que Hermione le había facilitado. Creyéndose loca pero a la vez dándose valor se decidió a usar una difícil técnica de extracción de recuerdos que utilizaban los aurores con los criminales.

Tomó las pociones en el orden debido, sintiéndose extraña y un poco mareada; esperó el tiempo necesario para que hicieran efecto y finalmente se sentó frente al pensadero, apuntándose en la sien con la varita para murmurar el encantamiento que le haría dar un grito. Ginny sabía lo dolorosa que podía llegar a ser esa técnica habiéndola practicado con varios sujetos en su tiempo como auror, sin embargo el dolor en la cabeza fue tan repentino y brutal que las lágrimas salieron de forma instantánea, sorprendiéndola, deseando romper el fino hilo plateado que comenzaba a salir de su sien. Tuvo que mantenerse firme, soportando el dolor hasta que ya no pudo más y el recuerdo se trozó. Cuando Ginny lo depositó en el pensadero se sorprendió de ver muy poca sustancia en él, puesto que significaba que su memoria estaba realmente dañada por un muy poderoso efecto y que iba a costarle mucho restaurarla. Antes de ver el recuerdo, prefirió extraer de su mente todo lo posible así que volvió a repetir el proceso unas cinco veces más, intentando con todas sus fuerzas aguantar el recuerdo lo más que pudiera a pesar del dolor. Finalmente se desplomó por unos minutos en el sofá, completamente exhausta, llena de sudor y con dolor de cabeza. Esperaba que con esos recuerdos pudiera obtener lo que deseaba saber ya que su cerebro no aguantaría otra ronda más, por lo menos ese día. Cuando se sintió un poco recuperada, Ginny hizo el encantamiento para unir los hilos de recuerdos y finalmente sumergió la cabeza en el líquido del pensadero.

Entonces estuvo de vuelta en el baño del cuartel de aurores, viéndose a ella misma frente a un lavabo, sosteniéndose de él a causa de un repentino mareo, que era justo lo último que recordaba antes de que todo se volviera negro. Sin embargo, ella no se desmayó ni fue atacada como había creído que había sucedido.

Ella simplemente había tenido un mareo y tras sostenerse se había lavado la cara murmurando algo acerca de la estúpida reunión. Nadie entró y nadie la atacó. Ginny se quedó ahí otros minutos acomodándose el cabello, probando rápidamente peinados estilizados que seguramente usaría en el baile del ministerio. La Ginny real observó a la del recuerdo con mucha tristeza pensando en lo diferentes que eran sus vidas.

Finalmente la Ginny del recuerdo salió del baño con paso firme para chocar de frente con una figura firme. Era Harry.

-Fíjate por dónde caminas -le espetó ella al reconocerlo

-Es lo que yo digo

De pronto el recuerdo terminó, dejándola en una bruma extraña hasta que el siguiente trozo se conectó.

-Idiota, yo voy saliendo del baño

-Sí, lo que digas -y entonces hizo amago de alejarse pero entonces Ginny volvió a sentirse mareada y estuvo a punto de caer, pero él alcanzó a ver aquello y la sostuvo apenas, tomándola del abrigo.

-¿Qué diablos te pasa?

Ginny jaló su brazo para que él la soltara.

-Nada, suéltame.

Y entonces dio un paso para alejarse, pero esta vez fue Harry quien tuvo que sostenerse de la pared pues había estado a punto de caer.

Otra vez hubo una ruptura pero duró menos que la anterior.

Harry se llevó una mano a la cabeza volteando a verla con odio incrustado en los ojos.

-¿Qué mierda me hiciste?

-¿Yo? ¡Fuiste tu quien chocó conmigo!

Sin embargo volvió a trastabillar al intentar caminar y él volvió a alcanzar a sostenerla, esta vez del gorro de su abrigo.

-¡Que me sueltes!-y entonces alzó su mano para asestarle una bofetada, pero él fue más rápido y detuvo su mano.

En el instante en que sus manos colapsaron, algo sucedió. Como si fuera algo coreografeado, sus cuerpos se movieron al unísono acercándose y un segundo después sus bocas se fundieron en un beso desesperado, ansioso, feroz. Las manos de ambos comenzaron a recorrer el cuerpo del otro por encima de la ropa y entonces Harry le empujó el abrigo por los hombros hasta que se lo quitó y este cayó al suelo. Pero no hubo tiempo para más pues de pronto escucharon que alguien se aproximaba y entonces ambos desaparecieron.

Ginny sacó la cabeza del pensadero sin comprender lo que había visto. Un segundo atrás estaban gritándose y al siguiente se besaban con pasión. Negó con la cabeza y volvió a tomar las pociones, estando segura de que algo faltaba, una poción o un imperius que la obligaran a hacer aquello. Volvió a sacar el recuerdo de su mente de aquella forma dolorosa, enfocándose en ese extracto en específico y cuando hubo terminado volvió a meter la cabeza en el pensadero. Sin embargo, no hubo cambios.

Desesperada y sin poder creerlo, volvió a sacar el recuerdo de su mente un par de veces más hasta que las pociones se acabaron y un hilillo de sangre le escurrió por la nariz. Después de estudiar el recuerdo y una otra vez, entendió que no faltaba nada más, y saliendo del pensadero se desplomó en el piso, abatida, sin poder creerlo y luego comenzó a llorar.

Horas después, cuando estuvo un poco calmada, volvió a examinar el recuerdo, repitiéndolo una y otra vez, tratando de entender por qué en el momento en que sus manos se tocaron ambos decidieron besarse sólo porque sí. Ginny estuvo pensando y pensando, recordando ese día. Finalmente le habló a Hermione para que acudiera a ayudarla. Su cuñada estuvo en su departamento casi enseguida puesto que Ron estaba en entrenamiento para su partido. A Ginny le hubiera gustado acercarse a su hermano o que él se acercara a ella, pero ambos se sentían muy tristes como para hacerlo. Sin embargo Hermione los mantenía al día de la vida del otro y ambos sabían lo mucho que se querían y preocupaban por el otro, pero simplemente no sabían cómo volver a hablarse después de todo lo que había pasado. Había tanto en medio que no sabían cómo saltar ni superar y por lo menos ella esperaba que la vida y el tiempo los ayudaran a reencontrarse de forma natural.

Ginny le enseñó los recuerdos a Hermione y luego de que ella la regañara por estar extrayéndolos más veces de lo debido, se puso a analizarlos con ella. Varios detalles sacaron de aquel análisis: tras rebobinar el día, supieron que el hidromiel que habían tomado con el ministro tenía algo que ver y seguramente había sido modificado o manipulado por Harry. Luego, el abrigo de Ginny que había quedado en el suelo tenía que haber sido encontrado o mencionado por alguien, a pesar del posterior ataque, tenía que haber por lo menos alguien en el cuartel que lo hubiera visto. Aquella desaparición misteriosa les dejaba muchas dudas. Sin embargo, horas después, Ginny decidió ya no querer saber más al respecto y a diferencia de lo que Hermione le recomendaba, decidió ya no extraer más recuerdos de lo que sucedió después. Daba lo mismo... ¿de qué le serviría ver qué habían hecho en la habitación si ahora sabía que no la habían forzado ni hechizado? No iba a soportar verlo... y aunque sabían que el hidromiel debía llevar algún tipo de poción no tenían forma de comprobarlo, por lo que cualquier esperanza que hubiera albergado de arreglar las cosas con Cedric se había esfumado. Ya no tenía sentido seguir indagando y averiguando. Y ni siquiera podía confrontar a Harry pues el muy cobarde había huido y al estar en una misión encubierta no había forma de localizarlo.

Días después Hermione le llevó la noticia de que Harry había regresado y había estado un par de horas en Inglaterra para arreglar unos asuntos pendientes y durante ese tiempo había ido a buscar a Ron. Ella no había estado presente en ese momento, pero por lo poco que sabía, Ron se encontraba muy molesto y descolocado por lo que sea que Harry le había dicho y no había querido hablar con ella al respecto. Por lo que Hermione le había dicho días después, su hermano se encontraba como ido. Ellas sólo esperaban que el malnacido cara rajada no le hubiera contado lo que había sucedido entre ellos el día del ataque al ministro. Ginny tenía mucho miedo de que su hermano hiciera más grande la distancia que los separaba, sin embargo Hermione le informó que Ron no volvió a hablar del tema y que todo pareció seguir normal en sus vidas. Sin embargo ella no podía dejar de sentirse abatida.

Aunque sentirse abatida había comenzado a ser algo regular en su vida. A pesar de que ocupaba todo su tiempo y siempre estaba haciendo algo, no podía dejar de pensar en Cedric, a cada segundo, a cada minuto. Había momentos en que repentinamente extrañaba sus besos y ansiaba sus brazos envolviéndola. No sabía cómo podía vivir sin su hermosa sonrisa llenando sus días, sin poder tocarlo, sin poder amarlo... Pero no, en realidad ella lo amaba a cada momento y sabía que lo amaría hasta el día en que muriera. Cómo deseaba no haber sido tan obtusa para dejarlo entrar en su vida por completo... Se odiaba a sí misma por haber desperdiciado tanto tiempo a su lado intentando alejarlo por miedo a sentir. Se odiaba tanto por haberlo dejado ir... Al igual que se odiaba por haber terminado con él en tan malas condiciones. Sólo un "ten una buena vida" y se había marchado para siempre. Estando más calmada se había dado cuenta que había reaccionado como una chiquilla celosa y había desperdiciado su oportunidad de darle un cierre adecuado al círculo que había sido Cedric en su vida. Seguramente en esos momentos él pensaba que ella era una inmadura... Aunque seguramente ya ni siquiera pensaba en ella puesto que estaba con alguien más. En los brazos de alguien más, besando a alguien más, en la cama de alguien más, en la vida de alguien más. Cuando pensaba en Cedric y en aquella maldita desconocida su corazón y su alma se destrozaban de dolor. Pero ya no podía hacer nada más. Mucho menos ahora que sabía lo que había pasado en realidad entre Harry y ella. Poco a poco hasta el odio hacia Harry se había ido sin entender realmente por qué. Lo único que sentía era lástima y asco y por una parte agradecía ya no verlo a diario.

Sabía que de una forma o de otra, tenía que tomar los trozos que habían quedado de su vida y recomponerlos. No le quedaba otra opción más que seguir adelante. Le gustaba pensar que la Ginny del presente era una mujer más fuerte que la que había sido antes. Le gustaba agradecerle mentalmente a un imaginario Cedric. Él había creído en ella y en su fortaleza durante sus tiempos más difíciles y le había enseñado a superar los obstáculos. Él le había enseñado que siempre había una solución... Aunque irónicamente para lo único que no había solución era para su relación. A veces aún lloraba por la noches, pero poco a poco casi sin darse cuenta, los días se habían ido haciendo menos insoportables. En especial desde que algo inesperado sucedió.

Una noche cuando recién regresaba del ministerio, alguien tocó su puerta. Por un instante alucinó imaginando a Cedric pero luego se obligó a no pensar en él, sobre todo porque él siempre tocaba de forma paciente y en ese momento lo hacían de forma desesperada. Extrañada, corrió a abrir y se encontró con el pasillo lleno de flores. Arreglos y más arreglos formando figuras imposibles, seguramente hechos con magia. Antes de que pudiera volver a pensar en Cedric, dos figuras se aparecieron frente a ella

-¡Sorpresa!- gritaron Fred y George al unísono, espantándola, haciéndola gritar.

-¡Par de idiotas!-dijo ella llevándose una mano al pecho, mirándolos sorprendida, dejando que millones de recuerdos acudieran a su mente y repentinamente se diera cuenta de lo mucho que le habían hecho falta sus hermanos. Entonces ellos comenzaron a reír para luego ella unírseles, y sin darse cuenta terminar fundidos los tres en un abrazo.

-Lo sentimos mucho -le susurró Fred en el oído

-Quisimos buscarte en cuanto pudimos... -añadió George -Pero no pudimos, no estabas... Y queríamos verte...

-Lo sé -lo cortó ella. Hermione se lo había dicho -Necesitaba estar a solas por un tiempo.

Pero eso era mentira. No había estado a solas sino con Cedric. Al recordarlo sintió un nudo en el pecho y suspiró ahogando su tristeza, aferrándose al abrazo de sus hermanos, sintiéndose por primera vez en mucho tiempo completa.

-Te extrañamos mucho...

-Y yo a ustedes.

Después de permanecer abrazados por otro largo tiempo, ella los invitó a pasar.

-Venimos a verte hace un tiempo pero te vimos algo ocupada, llegando con alguien -dijo George sonriendo de forma divertida mientras metían todas las flores al departamento.

-¿Uhm? -murmuró ella sonrojándose

-Cedric Diggory, hermanita -aclaró Fred y luego miró a un lado y otro -¿No estará por aquí?

-No, él ya no... viene -les dijo intentando sonreír pero fallando

-¿Por qué? ¿Qué pasó? Te veías tan contenta...

Ella suspiró abatida.

-Sólo... No funcionó...

-¿Te hizo algo?

Ginny negó con la cabeza.

-No... sólo no funcionó -repitió sin querer admitir que había sido ella la culpable de todo -Nosotros... quedamos bien -mintió de repente -somos buenos amigos.

-Bien -dijo George cerrando la puerta del departamento -Porque de no ser así podríamos molerlo a palos.

Ginny bufó a modo de respuesta.

-Al que debieron haber molido a palos ni siquiera lo rasguñaron -espetó ella mientras les servía algo de tomar y se sentaba junto a ellos.

-Eso, hermanita, es lo que tu crees.

-¿Qué? -preguntó confundida, mirándolos sonreír con malicia.

-Sólo digo que la cicatriz que le dejamos también debería ser legendaria.

Ginny los miró sorprendida mientras ambos reían recordando.

-¿Están hablando en serio?

-¡Por supuesto!- contestaron al mismo tiempo y luego los tres comenzaron a reír

-Y lo mejor de todo es que el muy cobarde no se atrevió ni a reclamarnos -dijo George limpiándose las lágrimas de risa.

-¿Qué le hicieron?

-Digamos que inspiró nuestra nueva línea de artículos "Para el ex novio de mi hermanita".

Ella rió, sin poder creerlo, sintiendo un cariño inmenso por ellos.

-¿Eso cuándo fue?

-Cuando nuestro idiota hermano menor nos contó lo que había escuchado de tu pelea con Potter.

-Fue como a la semana de que te fueras de la casa.

-Nos fuéramos - corrigió Fred

Ginny sólo asintió. Su padre ya le había contado que los gemelos no habían vuelto a la casa como señal de protesta durante un tiempo y luego de un par de meses hicieron las pases con todos. La única que faltaba era ella y por lo visto habían decidido darle su tiempo. Y afortunadamente aquel tiempo era el perfecto para volver a estar con ellos puesto que era cuando más los necesitaba.

A partir de ese día, Ginny comenzó a pasar todas las tardes que podía con ellos. Después del trabajo se iba a la tienda de bromas y entrada la noche salían a cenar o se iban al lugar donde ellos vivían. Incluso se llegaba a quedar a dormir ahí. Ella prefería cualquier lugar menos su departamento.

Fue gracias a los gemelos que Ginny volvió a reír sin darse cuenta. El día que supo que lo peor ya había pasado fue cuando después de haber pasado un domingo entero en pijamas viendo películas con ellos, entró al baño y bajo la luz fosforescente del espejo pudo ver la cicatriz de su frente que le había quedado el día que Cedric le pidió no volver a buscarlo. Primero no había sido muy consciente de la herida y luego no había querido deshacerse de ella. Pero en ese momento, en el baño de los gemelos supo que era momento de terminar con tantos simbolismos. Era hora de dejar ir todo lo que la ataba a su pasado. Era momento de levantar la cabeza y seguir adelante. En cuestión de segundos fue a su departamento y buscó la poción que una vez Cedric le había dado para eliminar las cicatrices. Regresó al baño de los gemelos y mirándose impasible en el espejo la aplicó sobre su frente. Un par de segundos después, ya había desaparecido. Sin realmente pensarlo, se descubrió el torso, quedando sólo con el sostén. Tocó con los dedos la cicatriz que tenía en el hombro y recordó lo mucho que le gustaba a Cedric recorrerla con los labios. Con una punzada de dolor en el pecho untó la espesa poción en su hombro y vio desaparecer la marca que había tenido por unos cuantos años. Sin detenerse a pensar más repitió el proceso con las demás cicatrices, las de las muñecas, los brazos, el cuello, el torso, las costillas, el abdomen... recorrió todo su cuerpo hasta quedar limpia de marcas.

Cuando terminó se sintió tan extraña que decidió darse una ducha.

-¡Oye! -le reclamó Fred al verla salir del baño con el cabello mojado -Dijimos que hoy era día de no bañarnos.

-Tenía demasiadas manchas encima -fue todo lo que dijo, sintiéndose por primera vez en mucho tiempo, mucho más ligera.

Después de eso parecía que una serie de eventos bizarros se había desencadenado. Una tarde mientras estaba con los gemelos en su tienda, su mamá llegó llorando a rogarle perdón. Y así le fueron sucediendo uno a uno sus demás hermanos. Pidiéndole disculpas, sintiéndose unos monstruos. El último en presentarse ante ella había sido Ron, para enojo de Hermione. Él terminó confesándole que él era el sujeto misterioso de los dulces y que no sabía cómo pedirle perdón, así que simplemente le dijo un "Te quiero mucho" y la abrazó. Ginny aceptó las disculpas de todos sin chistar y a todos los recibió con un abrazo. Parecía que la época de perdonar se había adelantado... lo único que ella deseaba era que Cedric se enterara y la perdonara también. A ratos deseaba que él estuviera allí con ella para ver esa reconciliación familiar. Desde que los gemelos se habían aparecido en su puerta, Ginny se había dado cuenta de que los había perdonado a todos desde mucho tiempo atrás y creía saber que eso se debía a los consejos y apoyo de Cedric. Pero por más que lo extrañara y lo añorara sabía que volver a estar con él era imposible, por lo que no le quedaba más que refugiarse en su familia ahora que volvía a ser la niña consentida. Ginny se había trasladado indefinidamente a la madriguera y alternaba sus estancias con la casa de los gemelos. Cualquier lugar era bueno menos su propio departamento.

-Hija, tengo algo que confesarte -le dijo Molly una mañana en que estaban solo ellas dos y los gemelos desayunando.

-¿Qué pasa? -preguntó sintiéndose preocupada

-No sabía cómo decírtelo, pero si ya no quieres volver a venir aceptaremos tu desición -Ella frunció el ceño confundida- Espero que no creas que fue por esto que te pedimos perdón. Llevábamos ya un buen tiempo queriendo acercarnos a ti y esto sólo nos hizo detenernos...

-Mamá, no te entiendo...

-Habla ya, mujer -murmuró Fred rodando los ojos

-Entiendo si no quieres volver a hablarnos... -Molly tomó aire y luego la miró a los ojos con tristeza -Hace un tiempo Harry regresó de Australia sólo para vernos.

-¿Qué?

-Vino a confesar la verdad.

-¿La verdad?

-Todo... Que te engañó con otra mientras estaban comprometidos, que tu los encontraste y luego te echó la culpa por su ruptura.

Ginny observó a su madre sin poder creer lo que le había dicho. Volteó a ver a sus hermanos pero ellos no se habían inmutado, puesto que seguramente ya estaban al tanto de la noticia o incluso estaban presentes cuando Harry acudió a la madriguera. Pero no tenía sentido... ¿Por qué habría de confesar la verdad? Él había hecho que se acostaran el día del ataque... ¡Incluso él podía ser el autor del ataque! ¿Por qué ahora? Ginny negó con la cabeza sin comprender. Intentó decir algo pero de su boca no salió ningún sonido. Estaba atónita, sin saber qué pensar.

-También fue a ver a Ron... -prosiguió su mamá -De hecho a él lo buscó primero... nos pidió perdón a todos. Dijo que estaba arrepentido...

Ginny recordó entonces que Hermione le contó que lo había buscado y lo que habían platicado había dejado a Ron muy descolocado. No entendía ¿qué ganaba Harry con decir la verdad y pedir perdón?

-¿Qué más les dijo? ¿Qué quería?

-Nada, sólo confesarse

-¿Y qué le dijeron? -preguntó ella casi de forma automática

-Que no queríamos volver a verlo nunca más en la vida.

-Bueno, técnicamente no se lo dijimos -intervino George sonriendo

-¿Qué?

-¿Recuerdas lo que habíamos platicado de moler a palos a tu ex?

-Pues fue mamá quien lo hizo -añadió Fred

Ginny frunció el ceño sin comprender y luego supo a qué se referían. Abrió los ojos y la boca sorprendida.

-¿De verdad?

-Debiste verlo, te habría hecho sentir orgullosa...

-Lo persiguió por toda la cocina lanzándole hechizos, le tiró encima toda su vajilla y finalmente le dio con sus propias manos.

-¿Mamá? -preguntó Ginny volteando a verla, imaginando en su mente aquella escena, divertida. Pero Molly Weasley tenía la cabeza gacha y no sonreía.

-Fue menos de lo que merecía -contestó -Por creer en él yo... -sorbió la nariz y comenzó a llorar -Le di la espalda a mi propia niña.

-Oh mamá, eso ya no importa...

-Claro que importa, una madre no debería hacer algo tan monstruoso. No sé cómo me perdonaste por tratarte tan mal.

Ginny sí lo sabía, había sido a causa de Cedric.

-Eso ya no importa, ya lo superamos y ahora estamos juntos de nuevo -le dijo con cariño. Su madre sólo le sonrió con timidez. Durante sus días de vuelta en la madriguera su mamá trató de todas las maneras posibles disculparse con ella aunque Ginny se la pasaba diciéndole que no tenía nada que perdonar. Sin embargo era notorio que se seguía sintiendo horrible y hacía todo en su poder para consentirla. Hubo una noche en especial en que estando sólo ella con sus padres, Molly decidió hablar de Cedric.

-Tu padre me habló de él... me dijo que te estaba haciendo muy feliz y yo... nosotros... nos gustaría mucho conocerlo. Si te parece bien.

Ginny sintió un nudo en el estómago y en la garganta. Ya casi eran dos meses desde su fatídica ruptura pero aún lo sentía como si acabara de pasar, aún le dolía, aún le dejaba un vacío abrumador en el pecho. Ella sólo negó con la cabeza, sonriendo tristemente.

-Sólo queríamos agradecerle por cuidarte...

-No es eso... Es sólo que... él y yo... -suspiró abatida - ya no estamos juntos.

Pudo sentir las miradas desconcertadas de sus padres sobre ella y se sintió desolada.

-Ay hija, no lo sabía -dijo su padre abrazándola suavemente. Ella se encogió de hombros y no dijo más -¿Y estás segura que no hay nada más por hacer?

-No lo hay... -confesó finalmente con tristeza

-Tranquila mi niña, algo mejor vendrá.

-No -replicó mirando a su padre - No puede venir algo mejor porque él es lo mejor para mí.

-Ginny... -comenzó a decir su madre pero ella la detuvo con una seña.

-Sé que piensan mal de él pero eso es porque no lo conocen en verdad como yo lo hIce. Él es... -se quedó en silencio por un momento y luego suspiró - es simplemente la mejor persona que he conocido en mi vida, él me ha salvado de todas las maneras posibles en que se puede salvar a alguien. Sin él... -miró hacia un punto en el horizonte -Sin él probablemente yo no estaría aquí.

Sus papás la miraron con ternura y luego la abrazaron, consolándola. Ginny hasta se permitió llorar un poco al contarles de forma muy superficial que ella se había equivocado y por eso su relación se había ido a la basura. Ellos no preguntaron más y simplemente se dedicaron a hacerle compañía y a intentar hacerla sentir mejor, lo cual Ginny agradecía enormemente. Sobre todo porque conforme los días pasaban se iba acercando un evento al que le había estado temiendo mucho últimamente: la boda de Luna.

Su mejor amiga se había mantenido en contacto con ella y la llamaba casi a diario para saber cómo estaba, por lo que fue un gran alivio para ella enterarse de que Ginny se había reconciliado con su familia y tenía con quién estar y apoyarse. También habían hablado largas horas acerca de Cedric pero llegó el día en que Ginny tuvo que aceptar ante Luna que todo estaba perdido por completo a pesar de que su amiga la instaba a seguir manteniendo la esperanza. Por lo que Luna le había contado, Cedric se había mantenido discreto en cuanto a lo que había sucedido entre ellos y en cuanto a su actual relación. Ambas creían que eso se debía a que Cedric sabía con seguridad que si le llegaba a contar a Luna algo, lo que fuera, dicha información terminaría llegando a Ginny.

-¿Lo ves? -le dijo Luna resoplando, mientras hablaban por teléfono -Era esta la razón por la que quería evitar que pasara algo entre ustedes hace tantos años -Ginny no dijo nada y sólo se limitó a morderse el labio -¿Qué voy a hacer ahora? No quiero que los dos estén incómodos en mi boda...

-Ya te dije que no tienes que preocuparte por eso... -Aunque Ginny no podía ni dormir por pensar en lo que pasaría cuando ese día llegara.

-Pero...

-Los dos nos vamos a comportar como los adultos que somos -Aunque Ginny sentía que iba a desfallecer en cuanto lo viera.

-No sé, es que...

-Olvídate de nosotros ¿ok? Es tu día y nada va a salir mal. -Aunque Ginny tuviera que hacer hasta lo imposible para mantener la cordura.

Tendría que hacer uso de toda su fuerza y valentía para mostrarse normal, para comportarse, para no llorar desconsolada cuando viera llegar a Cedric con alguien más. Luna se había ofrecido a retirarle la invitación de acompañante para que no pudiera llevar a su nueva pareja pero Ginny se lo había prohibido. No quería que Luna tuviera problemas con él por su culpa, aunque eso significara que tendría que soportar verlo con alguien que no fuera ella. Su corazón se aceleraba con ansiedad mientras más se acercaba el día tan esperado. Ginny había considerado llevar a alguien como su pareja para no sentirse tan patética llegando sola pero al final no había hecho nada por conseguir acompañante. Se sentía muy confundida puesto que estaba emocionada por el gran día de Luna pero al mismo tiempo no quería que llegara, no quería volver a ver a Cedric en esas condiciones y no quería tener que pretender que estaba bien cuando seguramente sólo se iba a sentir morir todo el tiempo. Pero tenía que hacerlo, por su mejor amiga.

Tres noches antes de la boda, Ginny se sentía extremadamente ansiosa. Con un nerviosismo inusitado y un nudo oprimiéndole el pecho y la garganta. Llevaba varios días sin poder dormir bien y todo era porque al siguiente día viajaría a Francia para ayudarle a Luna con los preparativos finales y para acompañarla a lo largo de sus últimos días como mujer soltera. Su mejor amiga no había querido una despedida de soltera como festejo exótico y alocado, sino en su lugar había preferido una cena tranquila de pizzas y vino con sus amigas cercanas. Y Cedric. Así que estaba llena de ansiedad por aquella reunión informal previa a la boda donde lo volvería a ver por primera vez desde la última vez.

Sabiendo que no podría conciliar el sueño salió de su cama y volvió a vestirse, dirigiéndose al cuartel de aurores en busca de alguna misión.

-¿Otra vez tu? -le dijo Tonks al verla llegar

-¿Qué hay? -preguntó ignorando a su jefa, señalando al grupo de aurores que estaban a punto de salir.

-Vamos a patrullar la casa del ministro -dijo un auror de los nuevos reclutas del cual Ginny no recordaba el nombre

-¡Dennis!- lo reprendió Tonks -si vas de encubierto no debes decir tu objetivo

-pero...

-Pero nada, quedas fuera. Para la próxima mantén la boca cerrada. Weasley- le dijo mirándola con fastidio -Toma su lugar

-A la orden -le dijo dedicándole una sonrisa -¿qué ha habido de nuevo en la investigación?

-Nada -suspiró Tonks. Luego le hizo una seña para que la siguiera a un lugar apartado -Mis mejores aurores no han logrado dar con nada, ni una pista ni un sospechoso. Pero seguimos cuidando al ministro muy de cerca, tal vez lo que esperan es que bajemos la guardia...

-¿Y no saben ni siquiera el por qué? ¿Es algo personal o un ataque al sistema?

Tonks negó con la cabeza antes de mirar a ambos lados del cuartel

-No es clasificado que el ministro Moore tiene muchos detractores.

Ginny asintió. Mucha gente no quería al actual ministro, eso no era secreto. A diferencia de mandatarios anteriores, Scott Moore se atrevía a llevar a cabo sus ideas radicales, o liberales como muchos las llamaban. Había aprobado un sin fin de leyes mágicas a favor de causas que nunca se habían tocado y estaba reinventando el sistema mágico dentro del ministerio. Mucha gente lo apoyaba pero al igual había familias conservadoras que tenían miedo de él y de sus ideas por lo que estaban en su contra.

-Mantente alerta ¿ok? -le dijo Tonks finalmente -No ha habido nada importante y esta es una noche tranquila, tal vez hasta aburrida, pero llevas un par de novatos, tal vez logres enseñarles algo.

Ginny se dirigió al grupo de aurores y salieron en fila hacia las chimeneas de traslado. Estando fuera del ministerio se dividieron en grupos y desaparecieron con rumbo a la casa del ministro. En cuanto llegaron, a unos metros de distancia del jardín de la casa, Ginny pudo ver que algo iba mal. Había gritos, había estallidos, había humo.

-¡Nos adelantaron!- gritó uno de sus compañeros -Grupo alfa entre, grupo beta rodee el perímetro.

Ginny, que no tenía grupo expreso, no dudó en correr atravesando el jardín y entrar a la casa con paso firme. Sabía cuál era el objetivo del grupo alfa: sacar al ministro a salvo. Corrieron por los pasillos de la casa encontrando a los atacantes en el camino, quienes parecían estarlos esperando pero a la vez no tenían mucho tiempo de estar ahí, a lo sumo Ginny calculó que los adelantaron por apenas un par de minutos. Los atacantes iban todos vestidos de negro y llevaban puestas máscaras de tela. Lo único que destacaba en aquella negrura que los cubria era un medio círculo verde pintado en el pecho. Ginny respondió los ataques de aquellos sujetos junto con sus compañeros aurores. Algunos de ellos cayeron pero no parecían heridos de gravedad. Junto con el líder del grupo y otro par de compañeros, Ginny se abrió paso hasta el segundo piso donde el ministro apenas lograba defenderse de su atacante. Por suerte ellos llegaron a tiempo y mientras Ginny y alguien más rebatian los hechizo de los hombres de negro, Thomson, el líder de la brigada resguardó al ministro, quien se encontraba herido de un brazo y estaba agitado con los ojos descolocados y no se dejaba agarrar.

-Venimos del ministerio para ponerlo a salvo. -le dijo Thomson

El ministro se jaló del brazo.

-Debo ir por mis hijos -gritó él cuando Ginny desarmó al último atacante dentro de la habitación, quien salió corriendo antes de que pudieran atraparlo. Los atacantes habían ido huyendo al verse derrotados y superados en número por los aurores y sólo quedaban aquellos que yacían inconscientes en el piso. Por lo visto no tenían demasiada habilidad.

-¿Qué tiene en el brazo? -preguntó Ginny al ver una pequeña mancha negra a la altura del codo, que se hundía en su piel desnuda como una sustancia viscosa.

-Es magia negra -susurró Thomson con preocupación -Señor Ministro es de vital importancia que lo lleve a San Mungo en este momento -y entonces se acercó a él y lo tomó del brazo sano, pero él siguió jaloneándose.

-Mis hijos... mi esposa...

-Nuestra prioridad es su seguridad

-No. No iré a ninguna parte sin ellos.

-Yo los buscaré -dijo Ginny con decisión

-Deben estar escondidos en el sótano -le dijo el ministro y después le entregó una llave. Ella asintió.

Los tres aurores protegieron al ministro hacia la salida hasta estar fuera de la casa, y luego fuera del perímetro anti aparición. Desde la ventana Ginny intentó buscarlos con la mirada pero no los encontró, lo más probable era que hubieran usado encantamientos de invisibilidad temporal. Sin querer perder más tiempo caminó con paso apresurado pero sigiloso hasta el sótano, sin encontrar movimiento ni señales de más atacantes. En cambio encontró a más aurores llevando los cuerpos inconscientes tanto de sus compañeros como de algunos hombres de negro. Les hizo señas a un par de ellos y los dirigió al sotano donde después de quitar la barrera de protección mágica con la llave que le dio el ministro combinada con una serie de encantamientos complicados, encontró a la esposa del ministro aferrada a su hija, llorando deseperada. Ginny la tranquilizó diciéndole que su esposo estaba bien, sin embargo ella no pudo controlarse.

-¿Y mi hijo? ¿También está bien?

-¿El niño? -les preguntó a los aurores

-No lo hemos visto -contestó uno de ellos

-¿Sabe dónde puede estar?

La señora sollozó

-Él debía estar aquí, ellos saben que tienen que venir aquí ... -dijo llorando saliendo del sótano buscando a su hijo por todas partes mientras ellos la seguían -Cuando la alarma sonó fui a su habitación pero ya no estaba... y cuando llegué al sótano se selló la protección mágica y no pude salir por él...

-Nosotros lo buscaremos -le dijo Ginny y luego se dirigió a los aurores más confiables que tuvo a la vista -Llévenlas a San Mungo.

-Mi niño...

-Lo buscaremos, usted vaya a ver a su esposo, él está herido y necesita que estén con él.

-Pero...

-Váyase. Le prometo que le llevaré a su hijo.

Y entonces los vio escoltarlas del mismo modo que lo hicieran con el ministro y luego encaminó a los dos aurores novatos que la seguían en busca del niño. Le hubiera gustado tener la espalda cubierta por alguien más experimentado pero ya no había nadie más a la vista que estuviera libre. Recorrieron la casa lo más rápido que pudieron pero no encontraron a nadie, ni amigo ni enemigo. Ginny comenzó a preocuparse por el pequeño. Por la ventana de la cocina pudo ver como los aurores sacaban a los detenidos capturados y más allá al otro lado del jardín, pudo divisar un obscuro movimiento. Sin detenerse a pensarlo corrió hacia esa dirección y en el caminó alcanzó a reconocer que llevaban cargando a una pequeña figura en pijama de colores.

-¡Petrificus Totalus!- gritó lanzando el hechizo hacia uno de los sujetos, dándole de lleno. Viendo como caía petrificado al suelo. Sin embargo aún quedaba uno de pie que se giró hacia ella y comenzó a lanzarle hechizos que ella fue repeliendo con destreza.

-Entrégame al niño y te dejaré ir -le dijo Ginny una vez que estuvo lo suficientemente cerca de él, viendo de reojo a su costado como mås de sus compañeros corrían hacia donde estaba -Rápido, o te encontrarås rodeado en un par de segundos.

-Mataré al niño...

-A ellos no les importa el niño. Déjalo ahí y vete -le urgió Ginny preocupada por lo que podría hacer el sujeto si se veía derrotado. Era preferible que hiciera lo que ella sugería, así habría menos posibilidad de que el niño resultara herido.

El sujeto titubeó un par de segundos y luego salió corriendo para adentrarse entre los arbustos del jardín y desaparecer. Ginny corrió hacia el niño que había sido depositado en el suelo y lo inspeccionó. Estaba inconsciente pero estaba bien, sólo estaba aturdido. Cuando los demás llegaron ella alzó el pulgar en señal de que todo estaba bien.

-Lo llevaré a San Mungo -dijo cargåndolo. Aunque debía tener unos cuatro o cinco años, el pequeño hijo del ministro era muy ligero y parecía de menor edad. Casi no pesaba por lo que Ginny pudo bien con su peso. De pronto escucharon una explosión y al voltear a ver la casa del ministro la vieron arder en llamas. Los aurores corrieron de vuelta hacia la construcción mientras ella caminaba en dirección opuesta para salir del perímetro anti aparición. Sin embargo, en cuanto puso un pie fuera pudo ver la figura del sujeto a unos metros frente a ella y luego se dio cuenta que le lanzaba un hechizo. Ginny no tuvo tiempo ni de levantar la varita, lo único que alcanzó a hacer fue girar su cuerpo y envolver con sus brazos y su torso al hijo del ministro. El golpe en su costado izquierdo fue como una descarga eléctrica, como un sin fin de colmillos hundiendose en su piel y en todas sus terminaciones nerviosas. El grito que salió de sus labios fue ensordecedor, tanto que le sorprendió no haber despertado al niño. Antes de poder pensar algo coherente otro hechizo del mismo tipo volvió a darle de lleno en el mismo lugar logrando hacerla tambalear. Ginny tuvo que hacer uso de toda su consciencia para urgirse a sí misma salir de aquel lugar. No había tenido planeado utilizar la aparición con un niño tan pequeño, sino utilizar algún otro método de transporte, pero en ese momento sabía que era su única opción. Antes de hacerlo respiró por un milisegundo profundamente para poder concentrarse y hacer bien la aparición pues sabía que la vida y el bienestar del niño dependían de eso. Un par de segundos después sintió un tercer golpe a la altura de su pulmón izquierdo y de inmediato un cuarto directamente en las costillas haciéndole sentir que sus huesos se partían del dolor. Geitando con todas sus fuerzas fue como desapareció.

Apareció en San Mungo con el niño en brazos y ella sintiéndose bañada en sudor. Su propio dolor fue olvidado al percatarse de que el hijo del ministro tenía sangre en su pequeña mano. Ginny horrorizada corrió a la recepción llamando a gritos a alguien que la ayudara. En seguida un sanador y dos enfermeras se acercaron llevando una camilla.

-¿Qué le pasó?

-Fue un ataque -dijo ella deseperada sintiéndose terrible -No tuve otra opción... me atacaron y tenía que protegerlo... -balbuceó ella siguiendo a la camilla que iba siendo empujada hacia un quirófano -Tuve que desaparecer...

-Está bien -le dijo el sanador -La departición no fue tan grave, podremos curarlo... Ahora regrese a la sala de espera mientras lo atendemos...

-Espere -le dijo Ginny tomándolo del brazo -Es el hijo del ministro Moore...

El sanador abrió los ojos sorprendido y entonces asintió, sin decirle nada más. Ginny le había dicho aquello porque sabía que el ministro y su familia contaban con un ala especial dentro del hospital y con sanadores exclusivos para ellos. Era bien sabido que el ministro Scott Moore despreciaba esos privilegios y nunca hacía uso de ellos pero en ese momento Ginny necesitaba que el niño fuera atentido de la mejor manera.

Se quedó parada viendo como se alejaban y entonces pudo permitirse respirar profundamente por primera vez desde que tomara al niño en brazos. Regresó con paso débil a la sala de espera, sintiéndose por primera vez cansada y sin fuerza. La adrenalina se desvaneció de su cuerpo, dejåndole sólo el peso del cansancio sobre sus hombros. De pronto se sintió fuertemente mareada, por lo que tuvo que agarrarse de la pared. Decidió ir al baño y lavarse la cara con agua, sin embargo eso en lugar de calmarla sólo le produjo escalofríos. Quiso verse en el espejo pero la luz le lastimaba los ojos y tuvo que cerrarlos. Caminó de vuelta a los pasillos sintiéndose perdida a pesar de que conocía ese lugar demasiado bien. De pronto la vista comenzó a nublarse para ella y sintió un frío empezar a inundar su cuerpo. Se recargó en una pared tratando de calmarse, respirando profundamente pero sentía que su cuerpo iba apagándose. Con paso aún más lento caminó de vuelta a la recepción. Sus ojos se cerraron por un momento y luego vio por un segundo la obscuridad. Sintió que chocaba con alguien.

-¡Ginny!- le dijo una voz conocida sosteniéndola de los brazos -Perdóname, casi te tiro...

Ginny abrió los ojos de pronto, sintiéndose despierta repentinamente a causa del choque. Las escasas pero renovadas fuerzas le ayudaron a reconocer a Annia. Su mente de inmediato la asoció con Cedric.

-Cedric... -murmuró de forma imperceptible

-¿Qué dices? -le preguntó Annia sin comprender lo que había dicho

Pero Ginny no contestó puesto que una vez mås sintió que el frío se hacía más intenso dentro de su cuerpo llegando a cada extremidad suya. Volvió a pensar en Cedric y en su sonrisa, en su brazos. Tal vez si él la abrazara dejaría de sentir tanto frío. Tenía que buscarlo, necesitaba verlo por última vez.

¿Última vez? -se preguntó a sí misma sintiendo una opresión en el pecho. No sabía cómo ni por qué, pero lo sabía. Estaba completamente convencida. Su cuerpo se iba debilitando cada vez más y la vida se estaba escapando de sí misma. Ginny estaba consciente de algún modo de que estaba muriendo.

-¿Ginny? ¿Estás bien?

-Necesito ver a Cedric -fue todo lo que alcanzó a murmurar y entonces con toda la fuerza que tenía en esos momentos corrió trastabillando hacia su oficina, teniendo que sostenerse de la pared. Sin embargo al llegar allí lo encontró vacío y entonces sollozó desesperada.

-Está atendiendo al ministro -le dijo Annia a su espalda -Ven, vamos a que te revisen en lo que él se desocupa.

-No tengo tiempo... -susurró sintiendo como la vista volvía a nublársele y la voz se le iba mientras lágrimas deseperadas salían de sus ojos.

-¿Qué tienes en el costado?-le preguntó Annia mirándola con cuidado y tras un par de segundos comenzó a gritar -¡Ayuda! ¡Rápido!

Ginny bajó la vista hacia su costado izquierdo y pudo ver a la altura de sus costillas una mancha de sangre combinada con una sustancia negra de aspecto viscoso, exactamente igual a la que el ministro había tenido en el brazo, pero la suya era muchísimo mås grande, cubriéndole medio torso y por lo que veía se iba esparciendo a una velocidad soprendente. El frío de su cuerpo se hizo insoportable y entonces sus piernas ya no pudieron sostenerla por lo que cayó al suelo apenas consciente. Annia se apresuró hacia ella y se agachó a su lado mientras seguía gritando.

-¡Llama a la unidad de magia negra! ¡Rápido!- le dijo a la figura que entraba a la oficina de Cedric. -Ginny, no cierres los ojos, por favor... - le dijo dándole unos golpecitos en la cara -Quédate conmigo

Ella intentó obedecerla pero la fuerza que la engullía era más fuerte.

-Cedric... Cedric vendrá a verte, lo prometo, pero quédate conmigo.

Ginny abrió los ojos apenas para verla entre sus párpados pero sabía que nada tenía caso. Ya era demasiado tarde.

-Cedric... -susurró muy bajo -Dile...

-No...

-Dile que gracias por todo...

-¡No, Ginny!

Pero ella apenas pudo escuchar aquel grito que en su consciencia sonó como apenas un murmullo. Escuchó más voces pero eran apenas imperceptibles. Sus ojos se cerraron y entonces en un instante todo fue obscuridad.