Hola a todos! Se que me la paso diciendo que ya estamos en la recta final y esto nada más no termina :P
Y sé que me la paso diciendo que pronto actualizaré cuando en realidad dejo pasar meses y meses. Pero lo importante es que estoy de vuelta. Espero que les siga gustando regresar a leer a esta pareja :)
Gracias a FlorFleur por el review en el capítulo pasado. Qué gusto que aún te siga gustando el fic.
Saludos enormes a todos los que se pasan por aquí y se siguen emocionando al leer esta historia. No puedo creer que ya son 5 años con este fic. Las excusas me sobran pero créanme que aquí sigo con ganas y con ideas, y sobre todo con la intención de terminarlo. Lento pero seguro. Ahí vamos.
No olviden dejarme su review :) Abrazo enorme para todos mis queridos lectores. Sepan que están en mi corazón! No duden en releerse al menos los últimos cinco o seis capítulos si es que no tienen la historia fresca en su cabeza. (Créanme, hasta yo tengo que regresar a releerme para recordar para dónde iba con varios argumentos jaja).
Ahora sí, dejo el blah blah blah, y los dejo con el capítulo. Espero ahora sí, traerles el siguiente capítulo en menos de 3 meses.
TO BE WITH YOU
By Delilah Lannister
Capítulo 33
No alarms and no surprises
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Desaparecieron del lugar de la boda y aparecieron en un pequeño jardín delantero de lo que a Ginny le pareció un vecindario del sur de Londres. Desorientada y confundida, apenas iba a preguntarle a Cedric dónde rayos estaban cuando él tomó su rostro entre sus suaves manos y la besó, derritiéndola. Ginny olvidó las palabras que tenía en su mente. Ginny olvidó hasta su propio nombre. Cuando Cedric rompió el beso, una llovizna suave comenzaba a caer sobre ellos y entonces él la guió hacia la puerta de la casa que tenían enfrente.
-¿Ced? - inquirió ella pero caminando de la mano de él, hacia donde la llevaba.
Cedric se detuvo justo en la entrada y se sacó una llave del bolsillo. Sonriéndole con ternura, tomó la mano de Ginny, la abrió y le colocó la llave en la palma. Su recién esposa sólo atinó a fruncir el ceño confundida y él no pudo evitar reir.
-Bienvenida a nuestro nuevo hogar
Cedric la observó embelesado, sin perder detalle del rango de emociones que cruzaron por la cara de Ginny. Sorpresa, incredulidad, entendimiento y finalmente emoción.
-Mi amor, no tenías que hacerlo... -le dijo mientras se acercaba a él y le acariciaba el rostro. Él sólo se encogió de hombros - Apenas me mudé a tu departamento... el cuál me gusta mucho por cierto...
-Lo sé - Cedric la tomó de la cintura -Pero no quiero vivir en mi departamento. Quiero que vivamos en nuestra casa.
Ella le sonrió enamorada y lo besó con pasión.
-Te amo tanto - le dijo ella sonriendo contra sus labios.
-¿Vamos adentro?
Ella sólo asintió. Cedric volvió a tomar la llave y la usó para abrir la puerta. La temperatura de la casa era mucho más agradable que la fría brisa del exterior. Ginny caminó, examinando cada detalle del lugar. Entró a la sala, la primera habitación a la vista y observó el tapiz verdoso de las paredes, la alfombra gris que cubría el suelo, los pocos muebles que ocupaban el lugar.
-Aún falta decorarla por completo... -comenzó a decir él
-Es perfecta
Él sólo sonrió y entonces la alcanzó por detrás, envolviendo su cintura, besando su mejilla, luego su oreja y su cuello. Ella cerró los ojos y ladeó su cabeza para dejar que su esposo pudiera besarla con más libertad. Ginny colocó sus propias manos sobre las de Cedric, que recorrian su cuerpo, sobre su blanco vestido. Luego él buscó su varita y con un movimiento prendió la chimenea, además de cientos de pequeñas velas que habían sido colocadas en esa habitación que Ginny no había visto antes. Cuando abrió los ojos, la alfombra de la sala estaba cubierta de pétalos rojos y unas cómodas frazadas con almohadas listas para ellos.
Con delicadeza Cedric comenzó a desabotonar y a desanudar los cordones que mantenían cerrado el vestido de Ginny. Ella lo ayudó, desesperada por tener su piel sobre la de él. Cuando la pesada tela cayó al suelo, él la ayudó a salir del vestido por completo y acarició su cuerpo, sexy y tentador, aún bajo un set de lencería que le encendió aun más los sentidos. Ella se apresuró a desvestirlo a él, dejándolo desnudo por completo. Cedric hizo que ambos se recostaran sobre las frazadas y se dedicó a recorrerla con sus dedos suavemente y luego con sus labios, arrancando suspiros de su esposa. Enloquecía al pensar que aquella mujer entre sus brazos era su esposa.
-Eres hermosa - le susurró antes de besarla con devoción. Ginny se estaba volviendo loca de la anticipación, así que fue ella misma quien se quitó la poca ropa íntima que aún tenía puesta y se volcó sobre él, implorandole con besos y caricias que le hiciera el amor. Y allí, bajo la luz de la chimenea y las velas de la habitación volvieron a ser uno como tantas veces antes, pero esta vez, por primera vez, como esposos.
La madrugada los encontró desnudos, con las piernas entrelazadas pero sin haber dormido ni un sólo instante.
-Te amo Ginny
-Y yo a ti, Ced
-¿Podemos quedarnos aquí toda la vida?
-Sí, por favor -dijo ella entre risas, besando el pecho desnudo de Cedric, aferrándolo con fuerza, sonriendo sin poder contenerse, sintiendo que su vida no podía ser mejor que eso que ya tenía.
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Un mes después como marido y mujer le había bastado a Ginny para saber que la felicidad tenía límites inexplicables. A pesar de haber vivido antes de la boda con Cedric, la dinámica de esposos hacía todo más maravilloso. El saber que aquello, que todo lo que hicieran de ahora en adelante, era para siempre. Incluso las tareas y actividades más simples le hacían palpitar el corazón de emoción. Había sido toda una aventura comprar muebles y decoración para su nuevo hogar, y remodelar ciertas habitaciones entre los dos. Ginny aún no se acostumbraba al beso de buenos días acompañado de un "Te amo esposa mía" de Cedric. Se sentía una adolescente en las aras de su primer amor, sintiendo mariposas en el estómago cada que él la llamaba "esposa". Ginny adoraba los rituales de la mañana en que ambos preparaban el desayuno y luego se despedían para ir a sus respectivos trabajos. Luego durante el día recibir y mandar adorables mensajes de texto de cuanto se extrañaban, para al final del día regresar y compartir un rato juntos frente a la chimenea, tomando té y leyendo un libro, o simplemente descansando antes de hacer la cena. Y por las noches, sin falta alguna, hacer el amor. Ginny se sonrojaba al pensar que desde su boda no habían dejado de hacer el amor ni un sólo día, sin importar que tan cansados u ocupados estuvieran. Pero es que simplemente no podían evitarlo. Había una fuerza de atracción tan fuerte y profunda que les exigía estar juntos y amarse.
Aquella mañana, Ginny despertó de un sueño que no lograba recordar pero que la hizo sentir incómoda. Afortunadamente Cedric estaba allí para llenarla de besos y hacerla olvidar todo. El desayuno de esa mañana fue particularmente agradable. Con tanta actividad por la noche, ambos despertaban con un hambre feroz. En especial ese día, Ginny hizo lo posible para que Cedric quedara satisfecho, preparándole su desayuno favorito.
-Gracias cielo - le dijo tomándola de la cintura y acercándola hacia él cuando se preparaban para irse. Ginny pasó los brazos sobre los hombros de Cedric y entrelazó los dedos por detrás de su nuca, acariciando levemente su cabello - ¿Y si nos quedamos todo el día aquí?
Ella sólo sonrió y negó con la cabeza. Se puso de puntillas para darle un beso suave en los labios.
-No creo que al ministro le agrade eso.
-Estoy seguro que el más contento de posponer su operación será él
-Lo entiendo. Yo también haría lo posible por seguir viendo a mi sanador si fueras tu.
Ginny lo besó con amor y lo aferró con fuerza, sintiéndose mareada por un segundo.
-Aún tengo sueño... - él rió
-Yo también. Si no fuera porque adoro hacerte el amor, ya hubiera caído exhausto una de estas noches.
-Tal vez hoy sea el día que finalmente vayamos a dormir directamente...
-No lo creo - le dijo él juguetonamente deslizando sus manos hacia las caderas de Ginny y luego más abajo.
Ginny se separó abruptamente.
-Necesitamos irnos antes de que en verdad canceles la última operación del ministro.
Cedric resopló y tomó su abrigo, preparándose para salir. Ginny lo imitó. Cuando estaban a punto de irse, él se acercó con ganas de plantarle un beso de despedida pero ella se adelantó con un corto beso en los labios y una sonrisa.
-No tengo tanto autocontrol. Si te acercas de nuevo te arrancaré la ropa y no saldremos de aquí nunca. Ella dio un paso atrás risueña. -Te amo esposo mío - le mandó un beso al aire dispuesta a desaparecer, pero entonces él la tomó de la mano.
-Espera - ella se detuvo mirándolo, dudosa de si iba a convencerla de quedarse con sus encantos, pero entonces él sólo la envolvió con ternura entre sus brazos, acunándole la cabeza con sus manos, contra su pecho, ese en el que Ginny tanto amaba recargar su rostro y aspirar su aroma. Fresco, varonil, tranquilizador. Ginny le rodeó el torso con los brazos y cerró los ojos, sintiendo algo más que felicidad. Paz. Si pudiera elegir un momento de su vida para congelar para siempre y vivir en él eternamente, probablemente sería ese. No podría explicar bien por qué, pero al estar así aferrada a Cedric, en aquel día mundano y fuera de lo común, se sentía más conectada a él y a la vida que nunca antes.
No quería dejarlo, no quería soltarlo nunca. No necesitaba nada más en la vida que ese abrazo.
Sin embargo después de lo que a ella le pareció una hermosa eternidad, él la soltó. Le dio un beso en la frente y con esa sonrisa irremediable le dijo adiós. Después desapareció, dejándola con un hueco en el corazón. ¿Acaso se sentiría así todas las mañanas al despedirse de él por el resto de su vida? Resopló abatida, y no le quedó más que desaparecer también.
Ginny apareció en la entrada externa del ministerio sin saber bien por qué no había tomado la chimenea. Tal vez porque Cedric la descolocaba y la hacía perder el control de sus sentidos. Ginny se encaminó a su oficina sintiéndose exhausta. Aunque amaba las noches de pasión con su esposo, odiaba no tener la energía suficiente el siguiente día. Sin embargo cuando llegó al cuartel de aurores, de inmediato se dio cuenta que algo importante pasaba, el ambiente estaba tenso, los aurores estaban alertas y en cuanto llegó a su escritorio, escuchó el grito de Tonks llamándola a su oficina. Apenas pudo dejar su bolso y su abrigo en su lugar para apresurarse al llamado de su jefa.
-Cierra la puerta - le dijo ella.
Ginny obedeció para luego fruncir los ojos ante la escena. Tonks y Harry se encontraban de pie mirando un montón de expedientes sobre su escritorio.
-¿Qué haces aquí? - le preguntó Ginny sin poder evitarlo, haciéndolo muy lejos, en Australia. Pero fue Tonks la que respondió:
-Los primos Dennis que tenemos detenidos en Azkaban por fin declararon en contra de su primo Marlon, líder del grupo contra el ministro Scott Moore -Ginny frunció el ceño sorprendida ante aquello pero a la vez desconcertada sin entender que relación tenía Harry con eso -Al parecer Marlon Dennis está llevando una vida normal como muggle en nuestras narices.
-Lo cual me parece absurdo -replicó Harry - Por eso estoy aquí. La nueva pista que tienen de él me da mala espina. Tonks... tu y yo estuvimos presentes en los escuadrones que lo buscaron por cielo, may y tierra. ¿Cómo puede ser que está frente a nosotros y lo hayamos pasado por alto?
-No lo sé... Weasley necesito que vayas encubierta a esta zona muggle a dar un vistazo.
-Por supuesto -afirmó ella sin dudar
-Yo también iré
-Ya te dije que no es necesario -le replicó Tonks -No es una misión de detención. Sólo irán a ver si esta nueva pista es cierta.
Ginny se quedó callada sin opinar si quería que él fuera o no. La verdad es que le daba igual. Al final él no desistió y se coló a su misión.
-No quiero nada de ataques, ni falsas alarmas ¿de acuerdo? Guarden la varita y no hagan escándalo. Lo que sea que pase allí, primero me lo reportan a mí y yo decido si mandar un escuadrón de asalto. No quiero que arruinen esto.
Ambos asintieron. Ginny se acercó y tomó el expediente que Tonks le alcanzaba. Lo examinó para evaluar el lugar a donde debían ir a echar un vistazo. Cuando se sintió segura de la información en su cabeza, dejó el folder sobre el escritorio y dio media vuelta. Apenas recordó que Harry también iría con ella. Salieron del cuartel de aurores en silencio, mientras ella no dejaba de repetirse lo que acababa de leer en el expediente, intrigada y tal vez hasta emocionada por la posibilidad de atrapar al último de los Dennis restantes. Aquel caso les estaba sacando canas verdes, en especial a Tonks, y nada la haría más feliz que cerrarlo. Un cosquilleo revoloteó en su estómago mientras apretaba el paso y muy apenas percibía a Harry caminando a su lado hasta que él rompió el silencio, descolocándola por un segundo.
-No había tenido la oportunidad de felicitarte
-¿Qué? -Respondió con brusquedad volteando de golpe a verlo, sintiéndose mareada por un momento por la sorpresa de aquel movimiento
-Felicidades... -Ginny frunció el ceño sin comprender, tratando de recordar lo último que tenía en la mente antes de que la interrumpiera. Pudo ver la cara de confusión de Harry - Por tu boda - añadió
Le tomó un par de segundos más reaccionar
-Oh... -volvió a fruncir el ceño sin saber bien qué decirle -Gracias -Contestó con un gesto amable pero no muy familiar. No tenía más por decir. Aquella interacción no le parecía incómoda pero tampoco era cálida. Sólo una relación formal de trabajo. Él tampoco hizo amago de decir más por lo que continuaron caminando hasta salir del ministerio y aparecer en la zona muggle que debían examinar.
Se suponía que el lugar a donde debían ir, aquel donde se suponía encontrarían a Marlon Dennis era un centro comercial, pero lo que encontraron en su lugar fue un hospital muggle.
-¿Qué demonios? -musitó Ginny girando a su alrededor y viendo la entrada por donde decenas de personas cruzaban hacia adentro y hacia afuera sin prestarles atención -¿Seguro que nos mandaron al lugar correcto?
-Definitivamente -contestó él igual de desconcertado
Los dos se quedaron en silencio, observando con escrutinio hacia todos lados, caminando hacia dentro del hospital.
-Hagamos una revisión rápida - dijo Ginny. Había sido una orden, no una pregunta. Harry pareció estar de acuerdo porque aunque no dijo más, caminó a su lado en la misma dirección. A los dos aquello les daba un poco de mala espina.
-Se supone que íbamos a encontrar a Marlon en una farmacia -dijo Harry recordando la información del expediente -Busquemos las farmacias dentro del hospital... - Ginny sólo asintió con firmeza.
-Yo cubro los dos pisos de arriba y tu los de abajo - decidió sin esperar respuesta y sin más se encaminó hacia los elevadores.
-Ten cuidado -le dijo él haciendo que ella volteara - Él nos conoce a ambos
Ginny solo asintió y prosiguió su camino, apretando la varita en el bolso de su ligero abrigo, dando pasos firmes.
Ginny no quiso tentar a la suerte de topárse a Marlon en el camino y que la reconociera por lo que con cuidado de no ser vista se realizó el hechizo desilusionador. Recorrió los pasillos en busca de las farmacias ubicadas en los dos pisos superiores del hospital pero no encontró señales de Marlon. Examinó la lista del personal y no reconoció a nadie que se le pareciera, ni ninguno de los alias que había llegado a usar. Tonks y Harry tenían razón que sería muy absurdo que el hombre más buscado por el ministerio de magia en esos momentos continuara su vida como muggle sin miramientos.
Ginny se sintió un poco desesperada, sin saber qué más hacer. Se deshizo del hechizo desilusionador y caminó hacia un módulo de información. Ahí logró saber dónde encontrar las oficinas administrativas y una vez allí logró acceder a las computadoras del hospital. Ella podía saber nada de aquellos aparatos muggles, pero afortunadamente Hermione le había enseñado unos cuantos hechizos de su propia invención con los que pudo extraer toda la información digital del hospital. Con la varita introdujo los hilos provenientes de la computadora en un frasco, como si fueran recuerdos listos para ser vertidos en un pensadero, y lo guardó en su bolsillo.
Antes de poder salir, alguien comenzó a abrir la puerta de la oficina con lentitud. Ginny no supo más que agacharse en ese momento, quedándo en cunclillas, susurrando el hechizo desilusionador nuevamente, mientras seguía en esa posición. La persona entró dejando la puerta abierta, lo que ella aprovechó para salir con sigilio, aún agachada. Siguió caminando, para regresar al lugar donde se había separado de Harry, esperando encontrarlo allí, esperando también que él hubiera encontrado a Marlon. Ginny se sintió bastante confundida por aquella misión, sintiendo un vacío en su estómago, deseando no haber desayunado tanto como la había hecho aquella mañana. Entró al elevador, que se encontraba vacío, con el pensamiento lejano de Cedric Diggory.
Cuando estaba cruzando el umbral del elevador para salir de él, se percató de que su mano derecha no estaba escondida bajo el encantamiento desilusionador como debería. Desconcertada, volteó hacia abajo para ver el resto de su cuerpo, que también estaba perdiendo el efecto del hechizo y cuando estuvo a punto de volver a empuñar la varita en su bolsa, sintió un golpe profundo en la frente y luego sólo obscuridad.
Se despertó aturdida, sin saber bien en dónde estaba. Parpadeó con dificultad acostumbrándose a la luz del lugar. Lo primero que sintió fue un dolor punzante en el antebrazo. Le tomó un par de minutos recordar dónde estaba y por qué. Se encontraba acostada en una camilla en lo que parecía la sala de urgencias del hospital al que Tonks la había mandado. Volteó a ver su brazo y se dio cuenta que aquellos muggles le habían picado con algo filoso para sacarle sangre. Se llevó las manos a las sienes, sintiéndose mareada y con dolor de cabeza, recordando el golpe antes del desmayo. Antes de poderse sentar, un joven doctor llegó a su lado.
-No no, debes quedarte acostada hasta que descartemos cualquier tipo de contusión. Recibiste un golpe fuerte - le dijo con una sonrisa amable
-¿Quién...?
-Fue un accidente - le dijo apenado -Llevaba varios instrumentos al almacén y te juro que no te vi salir del elevador.
Ginny recordó entonces que su hechizo perdió efecto sin razón, lo que la dejó aún más desconcertada. ¿Qué diablos había sido aquello?
-Debo irme -recalcó ella haciendo amago nuevamente de levantarse de aquella camilla
-No, por favor. Tus resultados están a punto de llegar -Como ella negó efusivamente él sólo añadió - Por favor, sólo para descartar cualquier cosa grave...
-Está bien -accedió ella de mala gana - Pero necesito unos minutos a solas
Él asintió aún apenado por el golpe que le había dado y cerró la cortina que cubría su camilla, aislándola del resto de la sala y dejándola sola. Ginny buscó su varita con miedo de que se la hubieran quitado pero aún seguía en su bolsa. Con rapidez conjuró un patronus y se lo envió a Harry. Pasaron apenas unos minutos cuando el doctor volvió a su lado aún más apenado, si es que aquello se podía.
-Lo siento tantísimo - le dijo con la voz entrecortada - Yo no... no... yo - Ginny frunció el ceño sintiéndo el dolor de cabeza punzarle, sin tener ganas siquiera de contestarle - Yo no tenía idea... ¿cómo podría...?
-¿Qué...? -fue todo lo que ella pudo articular antes de voltear a un lado de la cama y vomitar
En ese momento Harry llegaba a su lado
-Ginny ¿qué diablos?
-Usted debe ser el papá
-¿Qué?
Ginny sólo dió otra arcada y volvió a vomitar.
El doctor y una enfermera la asistieron, dándole un pequeño recipiente y limipiándo el piso que acababa de ensuciar. Ginny no podía pensar en nada más que en el mareo que la recorría.
-¿Qué dijiste? - inquirió Harry al doctor -¿Qué le pasa?
El doctor muy nervioso no contestó hasta que Ginny pudo volver a enderezarse y la ayudaron a limpiarse. Después de que pudo respirar fue que regresó a aquel momento y vio a Harry mirándola confundido al pie de la cama. Ella volteó a mirar al doctor contrariada y preocupada, pero cuando él abrió la boca sólo comenzó a tartamudear. Fue la enfermera quien le entregó unas hojas.
-Estás embarazada -le dijo con una sonrisa amable. Ginny la miró, sintiéndose en estado de shock y viendo aquellos resultados muggles que no comprendía. Sintiendo que su respiración se detenía. Sintiendo el latido de su corazón intensificarse. Sintiendo que el mundo entero estaba en pausa. -Supongo que no lo sabías... - Ginny negó con la cabeza, llevándose una mano a la boca para contener su emoción, sintiendo un espasmo en su pecho -Felicidades. Tienes tres meses de embarazo. Te recomiendo que pases al piso de ginecología a que te hagas una revisión inicial y agendes un esquema de consultas... -Pero Ginny ya no la escuchó más. Sólo sintió en su estómago ese vacío nuevamente, que ahora comprendía no era un vacío sino una calidez. Algo nuevo. Algo bueno. De forma automática se llevó la mano al vientre y respiró pausadamente, sintiendo su corazón ensancharse de amor. -¿Usted es el papá? -volteó la enfermera hacia Harry
-¡No! -gritaron los dos al unísono espantándola
-Yo no...
-Él no...
-Soy sólo un amigo
Ginny le sonrió apenas de forma visible.
-Ahh me alegro - dijo el joven doctor - Digo, no quería que me golpearas por haber noqueado a una embarazada
La enfermera le lanzó una mirada reprobatoria y lo hizo irse, disculpándose con ambos, diciéndole a Ginny que ella estaba en su derecho de presentar una queja. sin embargo, Ginny sólo podía pensar en que tenía sentido que su hechizo hubiera dejado de tener efecto. Había varios encantamientos y hechizos con los que tenía que tener cuidado estando embarazada.
Cuando estaba a punto de caer en la idea de lo que aquella sentencia significaba para ella en ese momento y de ahora en adelante, la enfermera volvió a interumpir sus pensamientos. Ginny no había prestado atención pero había asentido a lo que sea que ella le había dicho. De pronto, jaló hacia ella un aparato grande.
-¿Qué? -preguntó sin entender
-Será rápido. Sólo es para comprobar que todo está bien con el bebé. Ya después puedes ir a una revisión formal. -Ginny volvió a quedar aturdida al escuchar la palabra bebé y no dijo más - Descúbrete el abdomen por favor.
-¿Qué? -volvió a musitar ella confundida, sin saber qué pasaba. Fue Harry quien habló esta vez:
-Está bien Ginny, es una ecografía -le dijo asintiendo
Ella no tenía idea lo que esa palabra significaba, ni lo que era el aparato que la enfermera estaba manipulando. Pero decidió confiar en ellos. Se levantó la blusa y dejó que la enfermera le untara el gel y comenzara a pasar sobre su aún plano abdomen bajo un objeto conectado a aquel aparato. Volteó a mirar a Harry quien le dedicó una sonrisa amplia, casi divertida. Estaba dándose la vuelta para salir de la cortina, cuando de pronto un pequeño grito lo detuvo.
-Oh ¡mira!
-¿Qué? -dijeron Ginny y Harry preocupados
La enfermera se tomó un par de segundos más antes de confirmar
-Parece que son gemelos
La risa de Harry retumbó en el lugar mientras Ginny se llevaba las manos al pecho y se unía a él, mientras un par de lágrimas de felicidad brotaban por las comisuras de sus ojos.
Cuando por fin salieron del hospital, ambos caminaban a paso lento, sin poder creer lo que acababa de pasar. Ginny sentía que iba como en cámara lenta, mientras su mente giraba a mil por hora. Necesitaba con urgencia hablar con Cedric y contarle. Su corazón latía desbocado al imaginar la felicidad de su esposo al enterarse. Ginny comenzó a planear mil maneras de darle la noticia. Tal vez se pasaría por Londres para comprar ropa de bebé y dársela de regalo. O prepararle una cena romántica una vez que Cedric saliera de San Mungo después de operar al ministro. O tal vez le daría tiempo de decorar el cuarto de visitas y transformarlo en el cuarto del bebé. Mil ideas rondaban su mente, cuando de pronto, al estar apenas a una calle del hospital, el patronus de Tonks se apareció frente a ellos.
De golpe, Ginny recordó la misión y la razón por la que habían llegado al hospital muggle. Quiso creer que como Harry no le había mencionado nada y tampoco la había apurado, él tampoco había encontrado señales de Marlon. Fue entonces que la voz de Tonks salió del patronus:
-Todo fue una trampa. Marlon y sus seguidores van tras el ministro. El ataque es en San Mungo. Hay incendio. Vengan ahora.
Un instante después, el patronus desapareció.
A Ginny le costó tan sólo un par de segundos comprender lo que eso significaba. Sin detenerse a meditarlo desapareció del lugar y apareció afuera de San Mungo, en la calle muggle que daba hacia el edificio abandonado tras el cual se escondía el hospital mágico. Segundos después apareció Harry a su lado, tomándola del brazo enérgicamente.
-¿Estás loca?
-¡Suéltame! - Espetó tratando de zafarse
-¡Ya no puedes usar la aparición!
-Cedric está operando al ministro -sollozó con angustia logrando que el semblante de Harry pasara del enojo a la sorpresa
-Quédate aquí... o vuelve al ministerio
-Tengo que ir allá adentro -le dijo testaruda, caminando apenas un par de pasos antes de que él volvier a detenerla
-¡Ginny! ¡No puedes poner un pie allí!
-Mi esposo...
-¡Llevas vidas dentro de ti! No puedes ponerte en riesgo. Vuelve ahora mismo al cuartel y manda más refuerzos. -Ginny llevó una mano a su vientre y se quedó paralizada - Busca a Hermione - le dijo él mientras caminaba hacia los estantes
-Harry..- le dijo ella antes de que cruzara la entrada, haciendo que volteara - Sálvalo...
Él sólo asintió con seriedad antes de atravesar el portal que lo llevaba hacia el interior de San Mungo, dejando a Ginny con el corazón y el alma angustiados.
