Hola. Sólo quería decir que aún me llena mucho escribir este fic, aunque sea muy de vez en cuando. Y sobre todo, que a pesar de la tardanza, los estoy terminando con el argumento que siempre me imaginé.

Gracias a los que aún se asoman a leer.


TO BE WITH YOU

By Delilah Lannister

Capítulo 36

Animo Commutationem Corporis

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El dolor después de la maldición cruciatus le estaba dejando el cuerpo débil y tembloroso, pero su mente se mantenía muy despierta. No podía decir lo mismo de sus compañeros de tortura. Cedric se encontraba sentado en el suelo de la sala de operación con las manos atadas a su espalda. A su lado, en las mismas condiciones estaba uno de sus compañeros sanadores, quien parecía a punto de desmayarse. Los demás sanadores y enfermeras habían sido asesinados, ahí frente a ellos, tan sólo por no ser de sangre pura. Cedric nunca se habría imaginado que el no tener ascendencia muggle o mixta, algún día le iba a salvar la vida de esa forma tan simplista y cruel.

En su cabeza seguían repitiéndose las mismas imágenes una y otra vez. Horas antes, justo al estar terminando de forma exitosa la operación del ministro, las alarmas de emergencia de San Mungo se activaron. El código rojo significaba que estaban bajo ataque, pero antes de que pudieran reaccionar, una de las enfermeras desarmó a todos los presentes, quitándoles la varita en un abrir y cerrar de ojos. No tuvieron oportunidad ni siquiera de defenderse, muy apenas se encontraban procesando que había una persona infiltrada en aquella sala, alguien en quien habían estado confiando durante meses.

-¿Rachel? - inquirió Annia desconcertada

-Rachel está muerta -contestó una voz grave, y con un movimiento de varita se transformó, mostrándoles su verdadera identidad. En un par de ocasiones Ginny le llegó a mostrar el expediente de Marlon Dennis, miembro de una familia de sangre pura, venida a menos, casi extinta; de las pocas que aún creían en la supremacía de la sangre en el mundo mágico. Durante los últimos años había formado un grupo en contra del actual ministro, que siempre había hablado en contra de ese discurso de pureza. Dicho grupo había atacado al ministro en su hogar tiempo atrás, y ahora estaba allí frente a ellos, aún con el uniforme de enfermera de San Mungo, apuntándoles con la varita mientras ellos estaban desarmados. La primera reacción de los presentes en la sala fue la de proteger al ministro, aún inconsciente en la cama de operación. Sin embargo, Marlon lo que hizo fue deshacer el hechizo de seguridad del ala.

En seguida todo fue caos, un grupo de personas vestidas totalmente de negro entraron al lugar y los ataron a todos de manos y pies con encantamientos, entre gritos y confusión. Ni siquiera tuvieron la oportunidad de correr o esconderse. Ellos eran cinco, mientras que los atacantes superaban la decena.

-Desháganse de los impuros - indicó Marlon mientras se acercaba al ministro

Dos de los hombres se acercaron a cada uno de ellos, ahora en el piso, y con un hechizo que Cedric no conocía, comenzaron a analizar su sangre.

-Sangre sucia -murmuró uno de ellos con desdén después de apuntar el hechizo a Annia. Antes de que su cerebro pudiera procesar cualquier cosa, una luz verde le dio de lleno en el pecho y su cuerpo se deslizó, quedando inerte en el suelo. El grito de Cedric y de los demás sanadores se unieron en maldiciones y llanto. Pero aquellos hombres no se detuvieron, en unos instantes que a Cedric le parecieron un abrir y cerrar de ojos, asesinaron a otro par de compañeros, dejando sólo a Cedric y a uno más con vida. Entre los dos gritaron y maldijeron aunque bien sabían que nada podría devolverle la vida a sus compañeros y amigos. Los atacantes los golpearon en respuesta.

De pronto hubo una explosión que derribó una pared de aquella sala. Entre las lágrimas y el humo, Cedric alcanzó a reconocer a Harry. Se dio cuenta que estaba solo, pero a la vez entendió por qué se había ganado buena fama de auror. Con una destreza sorprendente, Harry había dejado inconscientes a cuatro personas y se batía en duelo con tres más.

-Deténganlo idiotas! - gritó Marlon atando el pecho y las piernas del ministro a la cama con magia -Luego hizo señas a dos hombres para que tomaran su puesto junto al ministro - A estos los necesito vivos - indicó pateando a Cedric en el suelo. Entonces se encaminó hacia Harry, pero para entonces un escuadrón de aurores se abrió paso hacia aquella sala en donde los hechizos volaban por todos lados y los gritos caían sordos al igual que los cuerpos al tocar el suelo, inconscientes o muertos.

El caos pasaba frente a los ojos de Cedric como en cámara lenta, a pesar de que apenas habían transcurrido unos instantes. El cerebro de Cedric que hasta ese momento se había mantenido cuerdo, de pronto se sintió aletargado. Con la vista fija en el rostro sin vida de Annia, Cedric no podía más que pensar en su amiga y compañera, en su voz y en su risa; que nunca más volvería a escuchar. Cuando la maldición cruciatus hizo que su cuerpo se retorciera de dolor, fue cuando por fin volvió a la realidad. Un instante después estaba jadeando, con la cara pegada al suelo, llena de sudor y lágrimas. Cuando levantó la cabeza vio que Harry y el par de aurores que quedaban vivos también estaban atados de manos, en el piso, siendo torturados. Los números de cada grupo ahora se encontraban a la par, sólo que Marlon y sus seguidores usaban magia negra sin reparos. Magia muy obscura y ancestral que no alcanzaba a identificar. Cuando por fin los dos aurores, Harry, Cedric y el otro sanador estuvieron en el suelo sin poder moverse, aturdidos por el dolor; Marlon de pronto se recostó en una camilla junto al Ministro aún inconsciente.

-No hay tiempo que perder. Traigan a los sanadores - los dos hombres de negro fueron por Cedric y el otro sanador, los levantaron del suelo con brusquedad y los colocaron uno al lado de cada camilla. -Van a repetir el hechizo que les voy a indicar - ante la falta de respuesta, dijo con voz muy enérgica apuntando la varita hacia Cedric - o alcanzarán a sus amigos en la muerte - Cedric no dijo nada, no se inmutó. Pero el otro sanador no pudo esconder su sollozo y sólo asintió aturdido. Entonces Marlon prosiguió -No quiero un sólo error. - Sus ojos escanearon el lugar de forma frenética y luego recorrieron a todos los presentes, que aún seguían con vida. -¿Quién de ustedes es mejor sanador? - ninguno contestó. La cruciatus volvió a tocarlos a los dos en un sólo movimiento.

-¡El! - gritó su compañeró con dolor. Cedric asintió jadeando

-Muy bien - musitó Marlon Dennis, para enseguida desarmar y dejar inconsciente al otro sanador. Miró a Cedric como intentando analizar qué tan bueno en realidad era. Miró hacia la salida y por primera vez Cedric lo vio por lo que era, un lunático. Cómo evaluando una decisión difícil, Marlon apretó los puños y maldijo por lo bajo - Petrificus totalus - musitó apuntando a uno de sus hombres. Enseguida el hombre quedó paralizado, pero antes de que pudiera caer al suelo, Marlon lo levitó, depositándolo en la camilla de la que él se había levantado segundos antes. El segundo de sus hombres, que aún apuntaba a Cedric, cuidando sus movimientos, ni siquiera se inmutó - Vas a practicar con ellos primero - le dijo a Cedric. Entonces también petrificó a uno de los aurores en el suelo, el que se encontraba más cercano a ellos. - Repite después de mí: animo commutationem corporis - Cedric lo hizo casi de forma automática, como intentando reconocer aquel hechizo que nunca había escuchado. - Lo repetirás sólo tres veces, mientras apuntas de él - dijo señalando al hombre en la camilla - a él - movió la varita hacia el auror petrificado en el suelo. - Dilo de nuevo - Cedric lo repitió sin comprender del todo - Sólo tres veces, ¡ni una más! -Cedric asintió - Te voy a dar una varita para que hagas este hechizo, pero haz un movimiento en falso, tan sólo intenta hacer algo imprevisto y te mato en el instante ¿comprendiste? - Cedric no entendía nada pero asintió porque sentía que estaba en el sueño de alguien más - Marlon lo desató, liberando sus brazos con un hechizo. Luego se acercó a él y depositó una varita en sus manos - Cedric la tomó y la acarició con sus dedos, pensando que su varita era mucho más ligera que aquella.

-Te pasas de listo y te mato - dijo el hombre a su espalda, apuntándole con la varita directamente en la parte trasera de la cabeza, haciéndole sentir un cosquilleo en el cráneo.

-Animo commutationem corporis - repitió Marlon Dennis apuntándole de frente.

Cedric pensó que dirigía el hechizo hacia él, pero en un par de segundos comprendió que era el hechizo que él debía hacer. De forma automática repitió las palabras tres veces, apuntando del hombre en la cama hacia el hombre en el suelo. No pasó nada.

-Tienes que apuntarles a la cabeza, idiota. Sé muy preciso - espetó Marlon comenzando a entrever la desesperación en su voz.

Cedric sólo obedeció.

-Animo commutationem corporis - dijo con claridad apuntando al hombre en la camilla. Una luz morada, densa y brillante se extrajo con lentitud de su frente. Mientras los destellos iluminaban aquella sala en ruinas, la mente de Cedric comenzó a encajar las piezas. De algún modo lo comenzaba a entender. Tres veces y sólo tres veces debía repetir aquellas palabras. Una mientras extraía aquella sustancia, la segunda mientras la transportaba y la tercera mientras la introducía en el nuevo cuerpo. - Animo commutationem corporis - dijo, una vez que la luz dejó de salir del primer hombre y la levitaba hacia su siguiente destino. Marlon Dennis quería trasladar su mente, su conciencia, a el cuerpo del ministro. El tiempo se detuvo mientras la mente de Cedric iba a mil por hora. Tenía a un hombre apuntando literalmente a su cabeza por detrás, y a otro por delante. Cualquier movimiento que hiciera, que no fuera lo que se esperaba de él, significaba una muerte instantánea. Pero no podía hacerle aquello a aquel auror desmayado en el suelo. Poner la mente de alguien más en su cuerpo. Sólo para practicar. Luego le harían repetirlo con el ministro. No sabía ni siquiera si era posible. Era bizarro. Ridículo. Macabro. Y sin embargo, estaba a punto de intentarlo. Cedric respiró profundo y pensó en Ginny, en lo hermosa que se veía esa mañana que parecía tan lejana. Suspiró con tranquilidad y entonces dejó caer la luz resplandeciente hacia el suelo. Esperando el golpe de la maldición asesina. Pero entonces hubo un destello, gritos y hechizos que retumbaron en el lugar.

El ministro se había despertado y a pesar de estar atado por el pecho y las piernas a la camilla, aún tenía libertad en las manos. Nadie hubiera contado con que su paranoia, muy bien fundamentada, le obligaba a tener acceso a su varita 24/7, incluso durante su operación. Sin haberlo advertido, el ministro había dejado inconsciente al hombre que apuntaba a Cedric por detrás, lo que le había dado la oportunidad de tirarse al suelo, intentando protegerse. Una serie más de gritos y destellos le dieron la impresión que el ministro había lanzado algo a Marlon, que no lo había alcanzado. En su lugar Marlon hirió al ministro haciéndolo gritar. Cedric aprovechó esos segundos para desatar a Harry y al otro auror de sus ataduras. No tuvo que hacer mucho más para que ellos se hicieran de las primeras varitas que pudieron encontrar. Entre los dos comenzaron a batirse en duelo contra Marlon, mientras Cedric se encaminaba con cuidado hacia el ministro que ahora volvía a estar inconsciente, intentando no llamar la atención. Tenía que sacarlo de allí cuanto antes. Sin embargo Marlon se dio cuenta y con un movimiento de varita le lanzó una serie de llamas verdes. Cedric cayó con un golpe seco al piso, sintiendo cómo las llamas lo tocaban y luego lo envolvían, sin que él pudiera contenerlas. Y entonces gritó. Gritó como nunca ante ese dolor que lo estaba quemando vivo.