Ando cerrando ciclos y este ya iba para diez años (!). Lo contemplé muchísimo y consideré tomar varias decisiones ejecutivas, como borrar varios capítulos, reescribir media historia, acabar el fic en la boda, partir esto en dos, etc etc. Al final me decidí por sólo borrar el último capítulo que había publicado y escribir el final (AHORA SI, final final). Aunque me gustaba por donde iba la trama, era abrir una lata de gusanos y destapar más y más historia que por ahora necesito soltar. A veces menos es más. Así que aquí está la conclusión de este fic. A quienes leen este mensaje, gracias por llegar hasta acá con esta historia. Gracias a quienes la acompañaron a través de los años, y gracias a los nuevos lectores que la encontrarán en el futuro. Espero que les guste. Enjoy!
TO BE WITH YOU
By Delilah Lannister
Capítulo 37
You Saved Me
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And when the clouds have all passed by
They'll see we'll both be standin'
When sunshine turned to gray
You saved me in my darkest hour
You stood by me and stayed
You gave me all my strength and power
Si había una persona indicada para decir que conocía lo que era tener una vida perfecta, esa era Ginny Weasley. Salud, un buen trabajo, una hermosa familia, estabilidad económica, buenos amigos, amor, un esposo, el hombre de sus sueños y la promesa de una vida feliz y duradera a su lado con los dos bebés en su vientre. Todo eso lo había tenido hasta hace unas semanas atrás. Y había durado tan solo un segundo. La vida, como siempre de inesperada y a veces cruel, había puesto una vez más todo de cabeza. Y sin embargo, a pesar de que la habían suspendido del cuartel de aurores por tiempo indefinido, a pesar de que el ministerio mágico aún estaba en caos, Ginny sólo tenía un anhelo profundo: volver a perderse en los ojos de Cedric, en su abrazo, en su perfume, y poder decirle que estaba embarazada. Eso era lo que más le apretaba el corazón, que los días pasaban y sus bebés crecían dentro de ella sin que Cedric lo supiera.
Ginny había apenas dejado San Mungo hacía menos de una hora, cuando había vuelto otra vez, recién bañada, refrescada, con un ramo de flores nuevo, y un par de libros más de la colección de Cedric. Le había estado leyendo todas las tardes desde que lo habían internado. O más bien, tan pronto como a ella le dieron de alta. El ataque a San Mungo había sido apenas hacía unas tres semanas, pero Ginny sentía que había pasado una eternidad. Ella no tuvo complicaciones o heridas serias, pero Cedric se encontraba en cuidado intensivo, después de las severas quemaduras que sufrió en todo el cuerpo. Ginny intentaba no pensar en el ataque, sacudía la cabeza cada que la imagen de Cedric en llamas aparecía en su mente. Pero había tenido que dar tantas declaraciones de lo ocurrido que parecían estar grabadas para siempre en ella. Respiró profundamente al entrar a la habitación de Cedric, recordándose que no importaba nada, más que él estaba recuperándose favorablemente y que esperaban que por fin despertara. Podría pasar en cualquier momento. Eso era lo único que ocupaba su corazón. El mundo podría derrumbarse a su alrededor, pero ella sólo soñaba con estar a su lado tomándole la mano en el momento en el que él volviera a abrir los ojos.
San Mungo aún se encontraba en reconstrucción, después de que los atacantes acabaran con buena parte del edificio haciendo uso del fuego maligno y quien sabe qué más hechizos de magia negra. Ginny no tenía idea de cómo iba la resolución del caso, sólo sabía que el ministro, Harry, otro auror y Cedric habían sobrevivido y estaban en recuperación, aunque Cedric era quien estaba en peor estado. Los Dennis y sus secuaces estaban en Azkaban. Y ella estaba suspendida, según por actuar contra las órdenes de Tonks, la jefa de aurores, pero ella bien sabía que también era porque estaba embarazada. Ginny cambió las flores junto a la cama de Cedric y se sentó junto a él, tomándole de la mano. Cedric dormía tranquilamente, con la piel del rostro reluciente aunque aún hinchada. Su torso, brazos y piernas aún seguían cubiertas con parches y vendajes que le impedían tocarlo y abrazarlo. De hecho, sólo podía tomarle de la mano que menos quemaduras había tenido y tenía que dejar el resto de piel recuperarse. Ginny había estado ahí cada día, desde que su piel había estado en carne viva, pasando por curaciones que aún inconsciente le hacían retorcerse del dolor, hasta que poco a poco su piel se fue renovando regresando a su estado original. Sin embargo, los sanadores le habían dicho que sus órganos internos aún iban a necesitar meses de recuperación. Le habían dicho que aquella magia negra era muy potente, y de no haber sido por la intervención de Ginny, Cedric no estaría allí... Un escalofrío la recorrió. Después de todo lo ocurrido, había personas, algunas de su familia, que aún le reprochaban haberse puesto a ella y sus bebés en peligro. Otros sin embargo reconocían que de no ser por ella todos estarían muertos, incluido el ministro. Pero a Ginny sólo le importaba la reacción de Cedric. Esperaba que no la juzgara, que entendiera que no había forma alguna en que habría podido quedarse cruzada de brazos, que no iba a dejar que sus bebés crecieran sin un padre. Peor aún, la culpa la comía por dentro. No por haber actuado, sino por no haber actuado de la mejor manera posible.
Alguien tocó la puerta espantándola un poco.
-Adelante - dijo sin moverse del lado de Cedric y sin soltarle la mano. Era común que cada día diferentes personas pasaran a ver a Cedric, no sólo sanadores pero amigos y familia. Aunque también la iban a ver a ella. Ginny sabía que querían comprobar que todo iba bien con su embarazo. La puerta se abrió y esta vez Ginny vio a una figura nueva. –Harry...
–Me acaban de dar de alta – dijo él encogiéndose de hombros, acomodándose una pequeña maleta, apenas dando un paso dentro de la habitación y cerrando la puerta tras de sí – Sólo quería despedirme antes de irme – Ginny le sonrió con tristeza y no dijo más. Aunque en su corazón la ilusión de que Cedric despertara pronto se avivaba, el saber que ninguno de los demás presentes en el ataque había sufrido las mismas quemaduras, le desanimaba un poco. Y sobre todo, la culpa la recorría de nuevo – Hiciste lo mejor con la situación frente a ti –le dijo Harry como leyéndole el pensamiento.
Ginny suspiró.
–Es lo que intento decirme, pero...
–Pero tu mente repasa todos los otros caminos y decisiones que pudiste haber tomado. Es cosa de aurores, no le des demasiadas vueltas–Ginny asintió levemente intentando pasar el nudo en la garganta. Intentando hacerle caso, pero...Si tan sólo hubiera llegado antes, o sido más rápida. Si hubiera tenido la cabeza al cien. Si hubiera controlado más sus emociones. Si al escuchar a Cedric gritar hubiera entrado directo a dónde él se encontraba y salvarlo. Pero Harry volvió a interrumpir sus pensamientos–Actuaste con inteligencia. No te lo digo para hacerte sentir mejor sino porque de verdad lo creo, hiciste lo que tenías que hacer. –La sonrisa de Ginny fue sutil pero genuina, aunque aún triste. –¿Cómo va Cedric?
–Mejorando – dijo apretándole la mano a su esposo, la cual no había soltado ni un segundo – Pero será una recuperación larga.
Harry asintió.
–Por cierto, le dije a Tonks que era una idiota por suspenderte –Ginny soltó una risa corta, un poco complacida.
–La verdad es que es lo último que me importa. Obviamente estoy molesta pero...
–Pero...
–Creo que me molesta más que como cuartel hallamos fallado tanto. No sé... estoy un poco harta de todo
–Ginny, tu nos salvaste el pellejo a todos y le salvaste el pellejo al ministerio mágico. No lo olvides. –Ginny sonrió de lado. Suponía que eso era lo más cercano a oír a Harry decirle gracias. Y sin embargo, las palabras salieron de su boca sin ápice de burla – Gracias. Si no fuera por ti todos estaríamos muertos, o peor...
Sin decirle más, dio la vuelta y abrió al puerta, saliendo por ella dedicándole una sonrisa sincera y haciendo un gesto con la cabeza a modo de despedida. Y entonces la puerta se cerró detrás de él.
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–Ven a trabajar al cuartel en Francia–le dijo Draco de repente, descolocándola por completo –Déjame hacer un par de llamadas y el puesto es tuyo.
Horas después de la visita de Harry, Luna y Draco se encontraban en la habitación de Cedric, mientras Ginny les ponía al tanto de los sucesos del día. Acababan de llegar directo desde París, y Luna no paraba de intentar convencer al sanador de Cedric de transferirlo a su hospital en Francia. Sin embargo, la indicación era que tenían que esperar al menos a que Cedric despertara para si quiera considerar moverlo de hospital, sobre todo si era en otro país.
–Piénsalo – insistió Draco después de que Ginny les contara su último encuentro con Harry y las palabras que él le había dicho en relación al cuartel de aurores y su suspensión –Si es que podemos mover a Cedric al hospital de Luna y tu te vas a vivir para allá, te caería perfecto tener el trabajo.
–No lo sé... – reconoció ella con sinceridad – No me lo tomes a mal, te lo agradezco mucho – se apresuró a decir, sintiéndose grosera –Es sólo que... ha sido tanto que... creo que me haría bien tomarme un buen descanso de ser auror...
Draco le dedicó un gesto comprensivo.
–Claro, tiene sentido. Sólo... piénsalo, es una oferta abierta.
–Gracias – le dijo con una sonrisa cálida.
–¿Eso quiere decir que apruebas mover a Cedric a París? – le preguntó persuasivamente Luna. Ginny no pudo evitar sonreir ante su insistencia. De hecho la sugerencia de Luna había pasado de ser una idea descabellada a una posibilidad muy conveniente. No era que odiaran el trato y servicio que tenían ahí en San Mungo pero el lugar estaba de luto, no sólo aún en reparación, sino con menos staff que de costumbre, poco operacional y con los ánimos lúgubres después del ataque en el que mucha gente del personal había quedado herida o perdido la vida. Ginny sentía que para sanar de todo aquello, tanto física como emocionalmente, tal vez lo mejor sería salir de aquel ambiente. Así que la propuesta de Draco incluso se sintió como algo correcto, a pesar de que su primera reacción fue tomarla con calma.
–Sólo cuando los sanadores nos den el visto bueno –dijo después de una pausa que Luna celebró dándole un abrazo efusivo – y que Cedric esté de acuerdo – Ginny sintió que Luna perdía la energía ante sus últimas palabras. Aunque esperaban que Cedric despertara pronto, no sabían en qué condiciones lo haría. No sabían si sus capacidades cognitivas estarían intactas y podría hablar, moverse, y funcionar al cien de inmediato, o si le tomaría más tiempo. Pero Ginny se mantenía positiva.
–Claro linda – le dijo Luna acariciándole el pelo, sin realmente reflejar la esperanza en sus palabras. Los sanadores a veces tenían un pésimo tacto.
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Lo único que conocía era obscuridad. Y la sensación ardiente de las llamas. Sentía que la obscuridad y el dolor eran su realidad. No había nada más y había sido así desde siempre. Era una eternidad así. Hasta que hubo suavidad. Una calidez que no quemaba pero que reconfortaba y que estaba por lo general en su mano, atándolo al suelo como un ancla en medio de la tormenta, manteniéndolo presente, vivo, a pesar de estar en medio de la nada. De pronto comenzó a percibir un perfume que le llenaba los pulmones, mezclándose con el dolor de cada respiración punzando en su garganta y pecho. Lo siguiente que supo fue un sonido familiar, como zumbido, algo que le recordaba un lugar familiar, de otra vida en la que él estaba del lado opuesto. De golpe, fue como si su cerebro y consciencia recordaran que tenía un cuerpo, acostado en una dura cama y que estaba débil y adolorido. Un gemido corto intentó salir de su garganta y entonces comenzó a toser. El espasmo le causó tremendo dolor en cada parte de su ser; la cabeza le punzaba, el pecho le ardía, y le costaba respirar. De pronto tuvo el recuerdo de estar quemándose.Y entonces comenzó a gritar de dolor y pánico, ahogándose, perdiendo la habilidad de respirar y decir nada coherente.
–¡AYUDA POR FAVOR! – a través del caos oyó una voz a su lado gritar con fuerza, una voz que reconocía de algún lugar. Entonces volvió a la obscuridad.
Lo siguiente que recordaba era parpadear con dificultad y ajustar sus ojos a la luz. Y entonces comenzaron a llegar los recuerdos de forma desconectada. Apretó los ojos con fuerza.
–¿Cielo? –dijo la voz y entonces sintió de nuevo la calidez en su mano –¿Ced?
–Ginny - intentó decir pero le salió apenas como un suspiro. La garganta le quemaba. Entonces volvió a toser.
–Estás bien Ced, estás bien, todo está bien. Te voy a acercar un poco de agua –Sintió como unos dedos le colocaban un popote entre los labios y entonces sorbió con lentitud y gran dificultad. Sentía que cada parte de su cuerpo estaba congelada y moverse, aunque sólo fueran los labios y su boca, era una tarea imposible. Sin embargo, los pocos sorbos de agua le cayeron como magia en la garganta, calmando un poco la irritación.
Entonces se aventuró a intentar abrir los ojos nuevamente, despacio y siguiendo esa voz que le repetía una y otra vez que todo estaba bien.
Y entonces la vió.
Sus ojos relucían a través de las lágrimas que bailaban por su rostro.
Ella suspiró sonriendo y sollozando a la vez.
Brillando. Brillando como nunca antes, mientras le apretaba la mano con delicada firmeza.
–Ginny– susurró el de nuevo en un suspiro. No importaba nada, allí estaba ella.
–Cielo, tu piel está recuperándose. No puedo abrazarte o besarte aún, pero estoy aquí – le dijo mientras se inclinaba a besar el dorso de su mano. Luego, se inclinó sobre él y le acarició el cabello, aunque tuvo el presentimiento que no había mucho que acariciar –Todo está bien, estás a salvo aquí conmigo...
Los recuerdos siguieron llegando. Las llamas, los gritos, hechizos volando por doquier, y él gritando, quemándose vivo. Luego una lluvia torrencial que controló el fuego pero no lo apagó por completo. Y luego un golpe súbito en el cuerpo que exterminó las llamas. Luego esa voz. Unas manos aferrándole la cabeza al suelo y la rara sensación de sentir pedazos de su piel desprenderse mientras él gritaba. "Quédate conmigo Ced... lo siento mucho, cielo... necesito hacer esto... Ya estás a salvo... estoy aquí... NECESITO UN SANADOR".
–Tu - dijo él con voz ronca, mirándola con una oleada de emoción desbordándolo –Me salvaste...
–Te amo –le respondió apretándole la mano
Y entonces se sintió agotadísimo, cerrando los ojos sin poder controlarlo, perdiéndose una vez más en la obscuridad.
La siguiente vez que despertó, su cuerpo dolía una milésima menos. Esta vez, se encontraba ligeramente sentado en lugar de acostado en la cama de hospital. Gracias a eso, esta vez no tosió en cuanto quiso hablar, aunque su voz aún sonaba muy áspera, ajena a él mismo.
–Ginny –fue lo primero que pudo articular
–Estoy aquí -dijo ella dándole ese ya característico apretón de mano.
–Te amo
La repuesta fue un beso suave en los labios, que sintió le devolvía la vida. Ella se despegó de él y se sentó en la cama, a su lado. Cedric se dejó abrazar por aquel pequeño cuerpo, que de cierta forma le hacía sentir muy protegido.
Y entonces volvió a caer presa del cansancio y el sueño. Perdió la cuenta de todas la veces que despertó y ella estaba ahí para reafirmarle que todo estaba bien, para después volver a perderse en la inconsciencia. Hasta que un día, despertó más lúcido y fresco, aún adolorido pero como algo que podía lidiar en el fondo y no que lo nublaba por completo. El dorso de una mano le acariciaba el rostro con suavidad. Al abrir los ojos la vio a ella, por supuesto.
–Te amo –le dijo y ella sonrió con amor. No sabía cuantas veces se lo había dicho cada vez que despertaba, pero aún sentía la desesperación por hacérselo saber cada vez que la reconocía.
–Y yo a ti – le dijo acunando su rostro con la mano que le acariciaba la barba que comenzaba a crecerle.
A pesar de todo, en ese momento Cedric sólo podía sentir calma. Después de la tormenta, del caos, de la desgracia, con sólo mirarla se sentía en paz. Había tantas preguntas en su mente pero no quería hacer ninguna. No quería remover recuerdos ni el trauma que había vivido, sólo quería quedarse allí con ella a su lado.
–¿Estás...? –Ginny comenzó a preguntar pero se interrumpió a sí misma
–¿Eh?
Ginny sacudió la cabeza un poco, como intentando articular lo que quería decir, con mucho cuidado.
–He estado intentando decirte algo muy importante pero no sé si volverás a dormir en cualquier momento –confesó ella como apenada
–Lo siento
–No, no lo sientas. Sólo quiero decir que... pareces más despierto hoy que las otras veces...
–Me siento más... vivo. Todo lo demás se ha sentido como un sueño. –Cedric miró al techo de pronto recordando las voces y rostros de otras personas. Su madre, amistades de San Mungo, una horda de cabezas pelirrojas, Luna...
–Necesito decirte algo –insistió ella interrumpiendo sus recuerdos fragmentados. La miró morderse el labio sutilmente. No pudo evitar fruncir el ceño preocupado haciendo que Ginny le acariciara la frente con una sonrisa tierna. –¡Es algo bueno! Pero necesito decírtelo y no sé cómo.
Cedric no tuvo tiempo de reaccionar o pensar qué podría ser eso tan importante, porque entonces Ginny se levantó de la silla junto a su cama y se sentó en el colchón, en el espacio libre a su lado. Sin dejar de mirarlo a los ojos, le tomó la mano y levantándose la blusa, la dirigió a su abdomen y la apretó contra su piel. Cedric conocía el cuerpo de Ginny como la palma de su mano, había memorizado cada esquina y cada milímetro, cada sensación y cada aroma. Ahí donde esperaba encontrar un abdomen plano, en su lugar descubrió un montículo, apenas imperceptible, pero nuevo, diferente, cálido, palpitante. Ginny le dedicó la sonrisa más maravillosa y entonces entendió porque le parecía un ángel. Extendió los brazos y tomó su rostro, haciendo que se inclinara sobre él, besándola con amor y con todo el agradecimiento del mundo por darle el regalo más precioso que podría recibir nunca. Su corazón se ensanchó de ilusión y sus ojos se aguaron. Las lágrimas corrieron por su rostro, mientras Ginny lo abrazaba y lloraba de alegría a su lado.
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Al día siguiente, Ginny le ayudaba a caminar alrededor de su habitación, tomándole ambas manos, ayudándole a dar cada paso. Aunque ya había hecho su rutina diaria recomendada, él quería seguir caminando un poco más. Le habían indicado que era importante ir recuperando la movilidad poco a poco, pero él tenía una renovada inspiración de salir de San Mungo en cuanto fuera posible. No sólo eso, quería acelerar su rehabilitación; quería ser el de antes, quería ser quien cuidara de Ginny y no al revés. Quería mimarla, protegerla, abrazarla para toda la vida. Y sin embargo ahí estaba, apenas pudiendo dar unos pasos con el cuerpo adolorido y dejándolo cansado. Ginny le ayudó a regresar a su cama y le extendió un vaso de agua para calmar su agitación. A pesar de todo, ella le sonreía orgullosa y esperanzada. Le habían dicho que en cuanto caminara, podrían transferirlo al hospital San Louis en París, su antiguo hogar. No le emocionaba mucho tener que seguir estando internado, pero al menos le agradaba la idea de empezar un nuevo capítulo en su vida. Dejar atrás tanta desgracia y mala suerte. Tanto dolor. Un nudo comenzó a formársele en la garganta al pensar en su amiga Annia y todos los demás amigos y colegas que habían perdido la vida en el ataque. Le punzaba saber que incluso se había perdido de su funeral por seguir inconsciente. Recordó que antes de irse debía pasar a visitar el monumento que habían erigido en San Mungo en memoria de todos ellos.
Le sorprendía como casi sin meditarlo, ambos habían accedido a irse de Londres. Ginny había por fin cedido de cierto modo a la propuesta de Draco y había comenzado a entablar conversaciones acerca de un nuevo trabajo en el ministerio francés. Al final, ella había presentado su renuncia en el cuartel de Tonks, más harta que dolida, pero dispuesta a cerrar ese ciclo en su vida. A pesar de todo, Ginny se mostraba decidida e ilusionada por darle vuelta a la página, hojeando folletos y revistas mágicas y muggles, mostrándole apartamentos donde podrían mudarse a vivir. Y a él le ilusionaba tanto construir una vida a su lado, en el país donde se habían conocido y enamorado, que no importaba lo que ella eligiera, sabía que tan sólo con estar con ella y tener su familia a su lado, sería el hombre más feliz del planeta.
Cedric cerró los ojos cansado, pero con el corazón motivado. Suspiró volviendo a asimilar todo lo que Ginny le había contado un día antes, después de que le hizo saber de su embarazo. Volteó a verla y la encontró sentada a su lado, pero ensimismada en uno de los folletos de propiedades en venta. Sonrió para sí mismo, embelesado por ese brillo que despedía. No podía creer que ese mito de las mujeres radiando luz al estar embarazadas fuera verdad. Tal vez era un producto de su imaginación. Tal vez Ginny era así de irreal. Cedric se llevó una mano al corazón, agradecido por su esposa. Porque contra viento y marea, Ginny lo había salvado. Sin ella, él no hubiera sobrevivido, a pesar de que ella aún se culpaba a sí misma por sus acciones. Recordó lo que le dijo un día antes, con cierto temor de su reacción, tras explicarle que se había sentido forzada de ir a San Mungo durante el ataque, a pesar de saber de su embarazo.
–Lo siento tanto –le dijo con la voz rompiéndosele y soltando un par de lágrimas –Pero no pude, no pude quedarme en casa de mis padres sin hacer nada... –Cedric la abrazó, calmándola – Yo sé que no-
–Cielo, está bien. Si no fuera por ti yo-
–No lo digas, todo el mundo lo repite y no quiero seguir pensando en ello. No puedo imaginar el mundo sin ti...
–Pero al final nos salvaste. ¡Tú me salvaste! y lo hiciste sin ponerte en peligro...
Ginny le había contado que había usado una de las entradas secretas del hospital y había abierto el ala del ministro. No sólo había guiado al cuartel de aurores hacia donde la pelea se desarrollaba, sino que se había escondido y lanzado hechizos para ayudarlos ahí dentro, ganando tiempo en lo que los demás llegaban al lugar. Sabía que Ginny se sentía culpable por no entrar en directo y apagar de inmediato el fuego que lo envolvía, pero eso la hubiera arriesgado mucho. Así que sólo se dedicó a controlar las llamas a la distancia y en cuanto pudo corrió hacia él y las extinguió. Sus sanadores le dijeron que las curaciones que Ginny realizó al momento fueron cruciales para que las quemaduras no penetraran aún más en su cuerpo. Ella le había contado que aquellos hechizos para remover la piel quemada los había aprendido de él, aunque no sabía bien cuando. No podía comprender cómo Ginny se arrepentía de su actuar, cuando había hecho hasta lo imposible por salvarlo. Nunca podría pagarle por ello o hacerle entender lo agradecido que estaba.
–Ginny, ya no importa –le dijo intentando despejar su mente –Estoy bien. Estamos bien...
–Lo sé pero... cada que me dicen que algo le pudo haber pasado a mis bebés yo... no quiero ni imaginar lo que-
–¿Qué dijiste? –la interrumpió rompiendo el abrazo
–Que me siguen reprochando por-
–No –la interrumpió de nuevo –¿dijiste bebés?
Ginny se llevó las manos a la boca conteniendo el aliento. Los ojos abiertos llenos de sorpresa dieron paso a una risa avergonzada pero divertida
–Ced, ¿recuerdas a mis hermanos los gemelos? –Cedric estaba atónito, sin reaccionar –¿Y que el gen de gemelos corre en la familia de mi mamá?
–Ginny... –murmuró él sin poder creerlo, ante la sonrisa divertida de Ginny
–Olvidé aclarar el pequeño detalle que son dos bebés...
–¿Dos...?
–Gemelos–asintió con ternura y Cedric volvió a envolverla en sus brazos, con el corazón desbordándosele por el pecho.
–¿O gemelas?–inquirió él
Ginny sólo río, recordando esas conversaciones en que se habían confesado imaginando su futuro; Ginny pensando en un pequeño Cedric, y él pensando en una pequeña Ginny. Ahora el deseo se había multiplicado por dos.
–¿Quieres apostar?
Los dos rieron enternecidos. Ginny se apretó a su pecho con delicadeza y Cedric se perdió en su aroma. Habían pasado por tanto para al final estar ahí, juntos. El tiempo, la distancia, los malentendidos, los accidentes, el destino que los reunía cuando estaban en diferentes momentos de la vida. Con metas, sueños, situaciones que no coincidían, hasta que lo hicieron. Hasta que volvieron a encontrarse y se salvaron uno al otro. Una y otra vez. Sabían que viniera lo que viniera, estando juntos la vida sería por fin, sólo felicidad.
Nota: la canción que da título al capítulo y está al inicio es You Saved Me de the Winery Dogs.
Gracias por leerme. Gracias por los reviews. Y gracias por recomendar esta historia.
DL
