El secreto de una diosa

Capítulo 6: ¿Juventud o experiencia? Más sabe el diablo por viejo, que por diablo.

Las cosas no podían ir peor, pero así fue; la pelea entre Huitzilopochtli y quien fuera el que controlaba a Xibalba ahora se había hecho más poderoso, mientras que la Catrina sentía que estaba a punto de desmayarse ya que no sabía qué hacer; por un lado deseaba ayudar a su hermano de los ataques contantes de Xibalba, pero si lo atacaba corría el riesgo de que ese ataque lastimara seriamente a su esposo, en cierta forma, lo que lo estaba poseyendo lo estaba usando como un escudo, cualquier daño a el dios oscuro su cuerpo sufriría mas no lo que lo controlaba.

-Increíble, jamás pensé que un cuerpo tan anciano como este pudiera ser tan poderoso, a este ritmo si hago lo mimo con otros dioses como este, seré el mejor y más grande de todos los dioses y entonces ya nadie se burlará de mí por ser muy joven

Estas palabras no pasaron desapercibidas para los hermanos dioses

-No puede ser… ¿acaso en verdad tú eres…

-Yo, quien también soy llamada Yaotl, la enemiga, yo quien poseo juventud y vida eterna, yo quien soy omnipresente, yo quien puedo dar y poseer cuanto poder me plazca, yo quien soy humo negro, soy TEZCATLIPOCA

-¿POR QUÉ HACES ESTO? ¿POR QUÉ CONTRA MÍ? ¡YO NO TE HE HECHO NADA!- decía casi llorando La Catrina

-Oh, no te lo tomes personal; si hay a quien deben culpar en verdad es a nuestro padre; yo siempre he deseado acompañarlo en las batallas, pero él siempre prefería a mi estúpido hermano la serpiente emplumada Quetzalcoatl; y a mí siempre me relegaba diciendo que era joven para esto; ¡qué estupidez! Soy de la misma edad que ese idiota y siempre lo alaba hasta por comer como él. Bueno, pues a ver ahora quiero ver qué pensará de mí cuando sepa que esta joven ahora es tan poderosa que pudo poseer el cuerpo de un dios tan magnífico como tu adorado esposito y de que me encargué de eliminar de paso a su descendencia. Ahora ríndanse, no hay forma en que puedan vencerme.

-¿Y qué rayos hiciste con tu hermano? ¡HABLA!- dijo Huitzilopochtli

-Está dentro de mí, recuerda que yo puedo poseer cuanto poder me plazca si en verdad me lo propongo; hice drogar a ese torpe con una bebida de mi invención, quedó inconsciente en minutos y aproveché para quedarme con sus poderes, al hacerlo fue tanto lo que me ayudó que pude enfrentarme sin problemas a mi padre, entonces me puse a investigar qué otros dioses podrían servirme para aumentar mis poderes… y bueno, adivina quién fue el siguiente…

Y sin decir nada más, Tezcatlipoca lanzó una energía a Huitzilopochtli, este no tuvo tiempo para esquivar el ataque y el impacto lo hizo debilitar bastante.

-Como dije antes, no es nada personal, pero no correré el riesgo de que mis adorados hermanitos se interpongan en mi camino, así que, si tanto quieren conocer al torpe de Quetzalcoatl, descuiden, muy pronto se unirán a él.

Ahora Tezcatlipoca se disponía a atacar a la Catrina y Huitzilopochtli intentaba levantarse para impedirlo, pero se encontraba herido y débil y apenas podía moverse; cuando sólo había un par de pasos de distancia entre La Catrina y Tezcatlipoca, esta última profirió un gemido de dolor que la hizo arquearse, era imposible que pudiera sentir dolor estando dentro de Xibalba, pero por una razón desconocida comenzó a sentir un fuerte dolor que poco a poco la hacía ir al suelo.

-¿Qué rayos… me… pasa?

Entonces la voz de Xibalba se escuchaba con notorio enfado

-¿Te atreves a meterte conmigo, niña ingenua? ¿Qué nunca has escuchado que más sabe el diablo por viejo que por diablo? Pues ahora este diablo te hará sufrir por lo que has hecho.

Entonces Tezcatlipoca aún dentro del cuerpo de Xibalba cayó de rodillas mientras seguía intentando ahogar gritos de dolor

-Te faltan siglos, no, milenios de vida para siquiera llegarme a los talones, pequeña tonta; quieres intentar crear dolor y sufrimiento… ¿A MÍ? Y luego intentas matar… ¿A MI ESPOSA? No tienes idea de con quién te has metido; por cierto, es un buen inicio verte así de rodillas. Tal vez si sabes elegir bien tus últimas palabras, me apiadaré de tu alma y te daré una muerte rápida.

Entonces, Xibalba escuchó algo inesperado, una risa, una risa muy burlona que denotaba mucha falta de respeto a su superioridad.

-¿Qué es tan gracioso?

-Bueno… el que creyeras que en verdad no tomé precauciones para esto; ¿crees que no estudié sobre ti antes de poder enfrentarte? Sabía que en algún momento podría pasar esto así que vine preparada, no me importa el precio a pagar, nadie después de hoy me subestimará por ser tan joven

Y entonces Tezcatlipoca invocó un arma especial, una daga de obsidiana y lo apuntó directo al cuerpo de Xibalba, específicamente el corazón

-Veamos si es verdad eso que dicen de que sólo un dios puede matar a otro dios.

En el último momento, Xibalba recuperó el control para evitar que la daga diera en el corazón, pero esta se clavó en su vientre, La Catrina dio un gran grito de desesperación como si ella hubiera sido la que recibió el daño, quiso acercarse a su marido, pero su hermano se lo impidió por temor a que pudiera ser herida con el arma también.

Xibalba se encontraba poco a poco en agonía, cayó al suelo mientras que soltaba el arma que seguía clavada en él; entonces una luz brilló y salió de su cuerpo, el haz tomó forma de Tezcatlipoca quien seguía riendo a pesar de que ella también resultó herida gravemente por la daga.

-Al menos, no me iré al Mictlán yo sola, se escribirán leyendas sobre cómo la "pequeña y joven Tezcatlipoca" logró matar al temible Xibalba.

De nuevo una luz brillante surgió, pero esta vez del cuerpo de la diosa asesina, esa luz se transformó en Quetzalcoatl que estaba inconsciente.

-Rayos, estoy tan débil ahora que ya no puedo retener más el poder de mi hermano

Entonces ella sintió que una especie de escudo semi transparente la rodeaba, La Catrina se dirigía a ella con una mirada de odio, ambas diosas se sostuvieron sus rencorosas miradas por un largo instante sin dirigirse la palabra, hasta que la Catrina habló:

-Esto jamás te lo perdonaré, ¿cómo pudiste? Te quedarás encerrada ahí y te regresaré con nuestro padre para que él designe el castigo adecuado para ti. Ese escudo evitará tu muerte mientras estés dentro, el morir es un castigo muy simple para alguien tan despreciable como tú.

Tezcatlipoca le dedicó una sonrisa indiferente y se desmayó, La Catrina se acercó a su esposo e intentaba contener inútilmente el llanto.

-Perdóname mi amor, subestimé demasiado a esa mocosa, al menos no estás herida

-Shhh, no hables Balbito, todo va a estar bien.

Pero la Catrina sabía que no era así, tal vez a Xibalba le quedaban sólo unos minutos con vida, entonces Huitzilopochtli se les acercó y les dijo:

-Aún hay una manera de salvarlo, es cierto que un dios puede matar a otro, pero también un dios puede sacrificarse para salvar la vida de otro.

La Catrina pudo intuir lo que su hermano decía, iba a dar su vida para salvar a Xibalba, salvaría a su esposo, pero perdería a su hermano

-No, debe haber otra forma… tal vez

Pero su hermano puso una mano en su hombro para tranquilizarla

-Sabes que no hay otra forma, tú que también sabes sobre la muerte entiendes que te digo la verdad; me habría gustado pasar más tiempo contigo, pero no podría soportar verte tan triste y desolada por la eternidad, quiero hacer esto por ti, créeme.

La Catrina abrazó a su hermano y lloró en su hombro sabiendo que sería su último encuentro en vida; besó y acarició su mejilla y se apartó de ellos para que Huitzilopochtli hiciera el conjuro especial de dioses para sacrificar sus vidas.

Conforme el conjuro era recitado, Xibalba poco a poco comenzaba a recuperar sus energías y su herida mortal se curaba, mientras que Huitzilopochtli desaparecía al grado que ni su sombra o silueta se distinguieron al final; terminado todo, la Catrina abrazó a su esposo mientras lo besaba efusivamente, sabiendo que estuvo a casi nada de perderlo para siempre.

Los amantes se encargaron de regresar a los ´jóvenes dioses de regreso con el padre de la Catrina; tiempo después se supo que Quetzalcoatl, sabiendo que su terrible hermana logró engañarlo para apropiarse de sus poderes, se sintió indigno y deshonrado por su ingenuidad y debilidad ante las artimañas de Tezcatlipoca, así que decidió viajar por el mundo en solitario para entrenar por su cuenta y volverse más fuerte y evitar que tragedias como la anterior se repitan, con la esperanza de que volvería a México a recobrar su honor como dios.

Mientras que Tezcatlipoca siguió encerrada en el escudo por la eternidad donde no podría volver a lastimar a nadie, pero para evitar otra mala sorpresa, sería vigilada constantemente por los guardias de su padre.

La Muerte seguía lamentando mucho la partida de su hermano Huitzilopochtli, pero en el fondo se sentía agradecida por su sacrificio, además, si lo pensaba bien, su hermano era hijo del dios sol Tonatiuh, y ahora se encontraba junto a su otra hermana Coyolxauhqui, la luna. Entonces, ahora en cierta forma, tanto el sol como la luna estarán juntos para la eternidad como una pareja. Y ella sería protegida por ambos también.