EL PRÍNCIPE OSCURO


Disclaimer: Esta historia no me pertenece, es una saga para el fandom Inuyasha, espero que les guste y apoyen a la escritora.

Christine Feehan © El príncipe oscuro

Inuyasha Rumiko Takahashi

Adaptación © FandomMLB


Advertencia/Aclaración: Puede que la adaptación, tenga violencia, recuerden que es de vampiro van aparecer algunos personajes de mi creación, porque en el anime/manga ay personajes que la mayoría son demonios sin rostro, y lo peor que algunos asustan, así que para que se acoplaran, tuve que crear algunos de mi loca imaginación.

Character x OC.

Los personajes no me pertenecen, ósea los del anime/manga.


CAPITULO 4

Sesshomaru estrechó el esbelto cuerpo de Rin entre sus brazos. Inclinó su cuerpo para protegerla. Estaba profundamente dormida, relajada, pero su rostro estaba muy pálido. Tenía profundas ojeras. Le susurró suavemente.

- Lo siento muchísimo, pequeña, siento haberte metido en esto. Y como animal que soy, sé que lo haría de nuevo. No morirás; no puedo permitirlo.

Se abrió una herida alargada sobre la vena de la muñeca y llenó una copa con el espeso líquido rojo.

- Escúchame, Rin. Necesitas beber esto. Obedéceme sin demora -Presionó la copa contra los labios descoloridos y vertió un poco de sangre en su boca.

Su sangre era extremadamente curativa y le daría vida.

Rin se atragantó, intentó impedir que el líquido bajara por su garganta y apartó la cabeza como había hecho la vez anterior.

- Obedéceme de una vez. Te lo beberás todo -La orden fue mucho más fuerte esta vez. Ella odiaba el sabor de la sangre y su cuerpo se afanaba por rechazarla, pero prevalecería su voluntad, como siempre.

- ¡Sesshomaru! -Escuchó el desamparado grito en su cabeza.

- Debes beber, Rin. Sigue confiando en mí.

Ella se relajó y volvió a hundirse en un sueño profundo, obedeciéndole de mala gana.

Sesshomaru había captado parte de sus confusos pensamientos, el torbellino de las emociones junto con el miedo. Rin creía estar en mitad de una pesadilla.

El color volvió a su rostro. Satisfecho, se tumbó junto a ella. Recordaría el intercambio de sangre tan solo como parte de la pesadilla. Apoyó un codo en la cama, incorporándose para poder estudiar tranquilamente su rostro, sus espesas y largas pestañas, su impecable piel y sus delicados pómulos. No sólo era su belleza, lo sabía; era su interior, la compasión y la luz que había dentro de ella las que le permitían aceptar su naturaleza salvaje e indomable.

Jamás se le había pasado por la imaginación que pudiera ocurrir este milagro.

En el mismo momento que había decidido entregarse al sol al amanecer, le había sido enviado un ángel. Una lenta sonrisa curvó sus labios. Su ángel se negaba a cualquier cosa que él le pedía. Respondía mucho mejor cuando él se tomaba tiempo para pedírselo, sin órdenes. Había estado acostumbrado a la obediencia de aquellos que estaban bajo su protección durante mucho tiempo.

Tenía que recordar que ella era mortal, educada en una época muy diferente y con principios y valores muy distintos a los suyos. Los hombres de los

Cárpatos ya llevaban impreso en sus pensamientos, mucho antes de que nacieran, el deber de proteger a las mujeres y a los niños. Con tan pocas mujeres de su especie y sin niñas que hubieran nacido en los últimos tiempos, era sumamente importante salvaguardar todas y cada una de las mujeres que tenían.

Rin era mortal, no era de los suyos. No pertenecía a su mundo. Cuando se marchara, se llevaría las emociones y los colores que él era capaz de sentir y ver junto a ella. Se llevaría hasta el aire que él respiraba. Cerró los ojos ante la idea. ¿Dónde podría encontrar la fuerza suficiente para dejarla marchar? Tenía muchas cosas que hacer antes del amanecer. Quería quedarse con ella, abrazarla, convencerla de que no lo dejara, decirle lo que sentía en su corazón, contarle lo que significaba para él, que no podía abandonarlo, que él no podría vivir sin ella. No viviría.

Suspiró profundamente y se levantó de nuevo. Él mismo necesita reponerse, alimentarse y volver al trabajo. Volvió a esparcir las hierbas sanadoras y la envió a un sueño mucho más profundo. Fue muy meticuloso con los hechizos de protección alrededor de sus aposentos, incluso envió una orden a las criaturas del bosque. Si alguien se acercaba a su guarida, si ella era amenazada de cualquier forma, lo sabría de inmediato.

A la llamada de Sesshomaru acudieron Inuyasha y Kogaku, encontrándose con él sobre los árboles cercanos a la casa de Kagome e Inuyasha. Una vez descubrieron el cadáver, había sido apropiadamente incinerado, como era su costumbre.

- ¿Tocasteis algo? - preguntó Sesshomaru.

- Sólo el cuerpo. Todas sus ropas y objetos personales se quedaron tal y como los encontramos - le contestó Kogaku - Inuyasha no volvió a entrar en la casa.

Sabes que ellos habrán dejado algún tipo de trampa para cazarte. El cuerpo era un cebo.

- Estoy totalmente seguro. Usarán toda la tecnología moderna que puedan traer consigo, cámaras, vídeos, cualquier cosa – Sesshomaru meditaba tristemente, sus facciones oscurecidas - Creen en todas las leyendas. Estacas, ajo, cortar la cabeza. Son tan primitivos y tan predecibles - Su voz reflejó el odio que sentía por los asesinos - Se toman mucho tiempo en estudiarnos antes de condenarnos a muerte.

Kogaku y Koga intercambiaron una incómoda mirada. En este estado, Mikhail era letal. Los miró con los ojos entrecerrados, ardiendo de furia.

- Quedaos quietos y observar. Si me meto en problemas, os vais. No os dejéis ver - Dudó por un momento - Si algo va mal, os pido un favor.

Sesshomaru empleaba el tono formal del viejo mundo. Inuyasha y Koga darían su vida por él. Era un raro privilegio que su príncipe les pidiera un favor.

- Mi mujer duerme profundamente. En mi casa. Las protecciones son muchas y muy peligrosas. Debéis ser muy meticulosos y cuidadosos para poder desentrañarlas. Ella debe ser sanada, y hay que enseñarle cómo debe protegerse, y si lo elige, quedarse bajo vuestra protección. A través de nuestra familia, Koga, heredarás el liderazgo. Creo que en este momento debería ser Goshinki el que lo tomara, para darte tiempo a acostumbrarte y a aprender a mandar. Si Goshinki rechaza el ofrecimiento, y es seguro que lo hará, el liderazgo debe pasar a ti, Koga. Supongo que no te gustara mucho, como ya veo. Haréis todo esto por mí. Inuyasha, ayudarás a Inuyasha y a Goshinki como me has ayudado a mí. Ambos debéis jurarle lealtad a Goshinki si acepta.

Los dos contestaron formalmente, pronunciando el juramento. Inuyasha se aclaró la garganta.

- ¿Has…? O sea, ¿ella es una de las nuestras? - Hizo la pregunta con sumo cuidado. Todos ellos eran conscientes de que los vampiros habían intentado convertir a mujeres humanas. Incluso habían discutido el poder intentarlo ellos mismos, a causa de la desesperada situación en la que se encontraban. Pero los riesgos sobrepasaban en mucho a las ventajas. Las mujeres que habían sido convertidas por los vampiros se volvían locas, habían matado a bebés y había sido imposible devolverles la cordura. La raza de los Cárpatos nacía con sus habilidades y era sometida a una gran disciplina para controlarlas. Los pocos que se saltaban sus leyes eran quitados de en medio de forma brutal e instantánea. Su raza respetaba todas las formas de vida. Debía ser así a causa de los tremendos poderes que poseían.

Sesshomaru negó con la cabeza.

- Sé que ella es mi verdadera compañera. El ritual fue tremendamente duro para ella. No tuve más opción que darle mi sangre - Sus palabras fueron bruscas, malhumoradas, advirtiéndoles que se arriesgaban demasiado al preguntar sobre el tema - No la uní a mí. Ella es mortal y no sería correcto.

- Haremos lo que tú quieras - reiteró Kogaku mirando incómodamente a

Inuyasha, que parecía más divertido que preocupado.

Sesshomaru se disolvió sin esfuerzo, deslizándose a través de las espesas ramas de los abetos. Una vez en el suelo, se transformó en lobo. La niebla no podía seguir el rastro de un olor, y él necesitaba las útiles habilidades de rastreo de estos hermanos peludos. Encontraría el rastro y lo seguiría. Después de todo, sobre todo lo demás, él era un depredador. Su inteligencia sólo le servía para aumentar y mejorar sus habilidades como cazador.

El lobo rodeó el claro con mucha cautela, con la nariz pegada al suelo, examinando cada árbol cercano a la casa. Olía a muerte. Llenaba sus fosas nasales con su olor amargo y acre. Empezó a rastrear el suelo cubriendo toda la superficie, reconociendo el olor de Miroku, Ares e Inuyasha. Encontró el lugar desde donde los asesinos se habían aproximado a la casa. Cuatro hombres. Se detuvo sobre cada uno de los olores hasta que quedaron profundamente grabados en su mente. Se tomó su tiempo para desentrañar la macabra y horrible historia. Los hombres se habían acercado sigilosamente, casi arrastrándose de árbol en árbol a veces. El lobo siguió su camino, desviándose de cuando en cuando para buscar posibles trampas. Se detuvo en la puerta, se giró cautelosamente y dio la vuelta. De repente sus patas traseras se hundieron en el suelo para tomar impulso y atravesar una de las ventanas, rompiendo el cristal y aterrizando en el interior de la habitación. En el interior del cuerpo del lobo la risa de Sesshomaru resonó oscura y sin rastro de humor. Los cuatro asesinos habían vuelto a la escena de su espeluznante crimen para colocar cámaras que grabaran a los suyos. Si hubieran tenido agallas, habrían esperado a que descubrieran el cuerpo. Sin embargo habían llevado a cabo su brutal objetivo y habían salido huyendo demostrando su cobardía.

La bilis subió por su garganta. El lobo agitó la cabeza y gruñó. Tres de los olores eran desconocidos para él, el cuarto le resultaba familiar. Un traidor.

¿Cuánto le habían pagado para que traicionara a Koga? El lobo saltó de nuevo, rompiendo una segunda ventana. La cámara grabaría un lobo enorme, un amasijo de cristales rotos y niebla y el lobo de nuevo. Sólo Sesshomaru, y otros pocos cazadores, Ares, Miroku, Inuyasha eran capaces de transformarse tan rápidamente.

Comenzó a rastrear a los asesinos. Un olor se separaba del resto y se internaba en el bosque, llegando hasta la linde cercana a la cabaña de Juuroumaru y la oficina del doctor Kageromaru El lobo se detuvo entre los árboles, mirando fijamente la casita que había detrás de la oficina. Los ojos brillaban con reflejos rojos, crueles y sin parpadear. Bruscamente, el lobo se dio la vuelta y volvió hasta el lugar donde los rastros se habían separado, recogiendo el rastro de los otros tres hombres. Llevaba directamente hasta la pensión donde Rin se alojaba.

Sesshomaru se reunió con Inuyasha y Koga en la copa del árbol.

- Tres de ellos se alojan en la pensión. Los reconoceré allí cuando los tenga cerca. Mañana acompañaré a mi mujer para que recoja sus cosas. Mientras esté allí reconoceré sus olores. No tenemos forma de saber si hay más personas involucradas. Hasta que lo descubramos, tendremos que ser muy cuidadosos. Han dejado una cámara de video en la casa; el interruptor está conectado a la puerta. Nadie debe entrar - Sesshomaru guardó silencio durante momento.

- ¿Celeste fue a ver al doctor Kageromaru? - preguntó con suavidad.

- Creo que es la mujer Hakudōshi de la que lleva su embarazo. Trabaja con el doctor y trae al mundo a casi todos los bebés - contestó Inuyasha.

- ¿Y Kagura? - preguntó Sesshomaru.

Inuyasha se movió incómodo.

- Creo que también.

- ¿Esta mujer asistió el parto de Sango?

Byron se aclaró la garganta.

- Sango dio a luz en casa al cuidado de Heidi Kageromaru Miroku estaba allí; yo acudí a su llamada. Después de que la partera se marchara, Ayame tuvo una hemorragia. Miroku tuvo que darle sangre. Me quedé con Sango mientras Miroku salía a cazar. Y no, la Sra. Kageromaru no vio nada de todo esto. No había nadie más en los alrededores, de ser así, lo habría sabido.

- Fue Tatarimokke quien condujo a los otros hasta Enyu. No sé si su esposa está implicada, pero alguien informó a los asesinos de que nuestra especie se estaba reproduciendo - Mikhail les informó en tono monótono, pero sus ojos ardían y su cuerpo temblaba de furia; abría y cerraba los puños, pero mantuvo la voz perfectamente controlada - Es necesario saber si la mujer está implicada.

- Debe estarlo - contestó bruscamente Kogaku - ¿A qué estamos esperando?

- No somos los animales salvajes y bárbaros que estos demonios creen.

Tenemos que saber con certeza si la partera nos traicionó. Y tu deber no es hacer justicia, Byron. No es fácil vivir con ese deber, tener que quitar la vida a otros - Sesshomaru había sentido el peso de cada una de esas muertes a lo largo de los siglos, pero mientras su poder y sus responsabilidades aumentaban, así lo hacía la facilidad con la que mataba. Al disminuir y desaparecer sus emociones sólo su férrea voluntad y su sentido del bien y del mal le habían ayudado a mantener su alma alejada de los malditos susurros de la oscuridad, que siempre luchaba para obtener la supremacía.

- ¿Qué quieres que hagamos? - preguntó Inuyasha.

- Ayame y Hera no están seguras en sus casas. No deben volver a ver a la partera. Llevad a Celeste a mi casa del lago. Ares podrá dedicarse a estudiar las Artes Antiguas, que ha tenido bastantes descuidadas hasta ahora. Es un lugar fácil de defender. Ayame no puede viajar tan lejos.

- Pueden quedarse en mi casa - ofreció Kogaku - Estarán cerca en caso de que necesiten ayuda - Sango era su hermana, y sentía un enorme cariño hacia ella. A pesar de que hacía mucho que había perdido su capacidad de sentir, aún recordaba lo que era ese cariño.

- Es arriesgado. Si se conoce vuestro parentesco y sospechan de ella, o si te vieron ayudando a Miroku… - Sesshomaru movió la cabeza, desechando la idea -Quizás deberían quedarse en mi casa.

- ¡No! - protestaron ambos al unísono con enfado.

- No Sesshomaru no podemos arriesgarnos a perderte - La voz de Inuyasha expresaba su profundo temor.

- Nuestras mujeres están antes que cualquiera de nosotros, Inuyasha - le recordó Sesshomaru amablemente - Sin ellas, nuestra especie morirá. Podemos mantener relaciones sexuales con humanas, pero no podemos procrear con ellas. Nuestras mujeres son nuestro más preciado tesoro. Cada uno de vosotros encontraréis finalmente vuestra pareja y tendréis niños. Pero aseguraos que la mujer que elijáis es vuestra verdadera compañera. Todos conocéis los signos que lo demuestran: los colores, las emociones y el deseo ardiente que despertará en vosotros. La unión es tan intensa que si uno de los dos muere, el otro también elegirá la muerte, en la mayoría de los casos. Es la muerte o la conversión. Todos lo sabemos.

- Según eso, Miroku… - siguió Koga.

- Miroku se impacientó con la espera. Sango estaba obsesionada con él, pero no eran verdaderos compañeros. Creo que al final acabaron odiándose, atrapados en una relación malsana. Él sobrevivirá a su muerte.

Sesshomaru intentaba disimular el asco que sentía. Los verdaderos compañeros, las verdaderas parejas, no eran capaces de sobrevivir mucho tiempo el uno sin el otro. Ese hecho, junto con la alta tasa de mortalidad de sus niños, había causado un enorme número de bajas en una especie que menguaba. Sesshomaru no estaba seguro de que su raza llegara a sobrevivir hasta el próximo siglo. No importaban sus esfuerzos, no era capaz de encontrar una razón para evitar que sus congéneres de sexo masculino se convirtieran en vampiros.

- Sesshomaru - dijo Inuyasha buscando las palabras adecuadas - sólo tú y Goshinki conocéis los secretos de nuestra especie. Sabes que Goshinki elegirá mantenerse alejado, en soledad. Sólo tú puedes enseñarnos a los demás, guiarnos y ayudarnos a crecer. Si sobrevivimos y nos hacemos fuertes de nuevo, no podremos hacer nada sin ti. Tu sangre es la vida de los nuestros.

- ¿Por qué me dices eso? - dijo Sesshomaru bruscamente incapaz de afrontar la verdad.

Inuyasha y Koga intercambiaron una mirada intranquila.

- Hemos estado preocupados desde hace un tiempo por tu constante retiro, te alejas de nosotros voluntariamente.

- Mi alejamiento era inevitable y no os concierne en absoluto.

- Has elegido permanecer totalmente solo, alejado incluso de aquellos que pertenecemos a tu propia familia - continuó Jacques.

- ¿Qué intentas decirme? - preguntó Sesshomaru con brusca impaciencia. Había estado demasiado tiempo alejado de Rin. Necesitaba verla, abrazarla, tocar su mente.

- No soportaremos tu pérdida. Y si no deseas continuar con tu vida, sé que empezaras a arriesgarte cada vez más, a descuidarte - dijo Inuyasha arrastrando las palabras.

Los dorados ojos de Sesshomaru mostraron de repente una repentina calidez, y una pequeña sonrisa curvó las comisuras de sus labios, suavizando los cincelados rasgos de su rostro.

- Sois unos diablillos. ¿Cómo os habéis atrevido a vigilarme sin mi consentimiento?

- La pareja alfa de la manada de lobos también está preocupada por ti - admitió Jacques - Y como yo soy de tu familia y me encuentro bajo tu protección, aceptaron hablar conmigo. Te vigilan cuando paseas solo y cuando corres con la manada. Dicen que no hay alegría en ti.

Sesshomaru soltó una suave carcajada.

- Necesito una buena madriguera de lobo para pasar el invierno. Cualesquiera que sean mis sentimientos, Sango era nuestra hermana, una de los nuestros. No descansaré hasta que sus asesinos sean ajusticiados.

Inuyasha se aclaró la garganta, y una sonrisilla típicamente masculina suavizó sus implacables rasgos.

- Supongo que esta mujer que escondes no tiene nada que ver con el hecho de tu repentino deseo de levantarte al anochecer.

Sesshomaru estuvo a punto de tirar a Inuyasha, de una patada, de la rama donde estaba apoyado, en venganza por su atrevimiento.

Kogaku se agarró con más fuerza a la rama.

- Ares y Ayame pueden quedarse conmigo. Será una doble protección para ella y para el niño que está a punto de nacer.

Sesshomaru asintió con la cabeza. Aunque no acababa de gustarle la decisión, se daba cuenta de que seguirían protestando si él insistía en arriesgarse personalmente.

- Sólo por un par de días, hasta que encontremos una opción más segura.

- Ten mucho cuidado, Sesshomaru - advirtió Inuyasha.

- Dormid profundamente mañana – contestó - Saldrán a buscarnos.

Kogaku se detuvo, repentinamente alarmado

- ¿Cómo dormirás bajo tierra si la humana está contigo?

- No la dejaré - La voz de Sesshomaru era implacable.

- A mayor profundidad nos será mucho más difícil ayudarte si estás en problemas - le recordó Inuyasha en voz baja.

Sesshomaru suspiró.

- Sois igual de miedosos que un par de tías solteronas. Soy perfectamente capaz de proteger mi guarida - Su cuerpo emitió un ligero destello, se dobló y se transformó en el de un búho. Extendió las gigantescas alas y surcó el cielo para regresar junto a Rin.

(…)

Aspiró profundamente, llenando su cuerpo con el aroma limpio y puro de Rin, borrando de su mente los desagradables descubrimientos nocturnos. Su olor se percibía en la biblioteca, mezclado con el suyo propio. Los inhaló hasta llenar sus pulmones y se agachó para recoger la ropa esparcida por el suelo. Quería penetrar en su interior, tocarla, saborear su boca, hacer que su sangre fuera la de él, pronunciar las palabras rituales y unirla a él para toda la eternidad, como estaban destinados a hacer. La idea de Rin ofreciéndole ese regalo, aceptando su proposición, fue tan estimulante, que tuvo que permanecer totalmente quieto hasta que las urgentes demandas de su cuerpo se calmaron un poco.

Se dio una larga ducha, quitándose los restos que el cuerpo de lobo le había dejado, el polvo y la suciedad, y sobre todo, el olor del traidor. Todos los de su raza tenían mucho cuidado en imitar todos y cada uno de los hábitos de los humanos. Comida en las alacenas y ropas en los armarios. Lámparas por toda la casa. Ducharse aunque no fuera realmente necesario, aunque bien mirado, a casi todos ellos les gustaba. Se soltó la melena y fue a ver a Rin. Por primera vez en su existencia, se enorgullecía de su cuerpo, de la forma en la que se tensaba, casi agresivo, cuando la tenía a la vista.

Estaba dormida, su cabello se derramaba como un velo de seda negra sobre la almohada. Las sábanas se habían deslizado, dejando su pecho cubierto tan solo con algunos mechones de su larga melena. Era una imagen tan erótica.

Allí tumbada, esperándole dormida. Suavemente, murmuró la orden para liberarla del trance y que se despertara del profundo sueño.

Su cuerpo brillaba a la luz de la luna, su piel suave tenía el color del melocotón maduro. Sesshomaru deslizó la mano por el contorno de su pierna.

Sentirla así hizo que su cuerpo se estremeciera. Rozó sus caderas, y acarició su pequeña y estrecha cintura. Rin se movió inquieta. Sesshomaru se tumbó a su lado, refugiándola en su abrazo mientras dejaba descansar la barbilla sobre su cabeza. El la quería a cualquier precio, pero debía ser honesto con ella. Se merecía toda la honestidad que él pudiera darle. Poco a poco, Rin fue emergiendo del sueño, buscando consuelo en la fortaleza de su cuerpo tras la horrenda pesadilla. ¿De qué forma podía una humana comprender las necesidades sexuales de un hombre de los Cárpatos en mitad del frenesí del ritual de emparejamiento? A lo largo de los años apenas si le había tenido miedo a nada, ahora temía ver su imagen reflejada en los inocentes ojos de Rin.

Supo por su respiración, el momento en el que se despertó completamente, y por la tensión de su cuerpo supo el momento exacto en el que recordó donde estaba y con quién. Había arrebatado brutalmente su inocencia, casi su vida.

¿Cómo iba ella a olvidar algo así?

Rin volvió a cerrar los ojos, en un intento desesperado de separar la realidad de la ficción, los hechos de la fantasía. Le dolía el cuerpo en sitios que antes no sabía ni que existían. Se sentía distinta, mucho más sensible. El cuerpo de Sesshomaru a su lado parecía mármol frío, inamovible y agresivo, insoportablemente sensual. Podía escuchar con toda exactitud los crujidos y los ruidos de la casa, el movimiento de las ramas en el exterior. Empujó el pecho de Sesshomaru, que era como un muro de ladrillos, para intentar poner distancia entre sus cuerpos.

Sesshomaru estrechó su abrazo enterrando el rostro en su pelo.

- Si te introduces en mi mente, Rin, sabrás lo que siento por ti - Su voz sonó brusca pero denotó lo vulnerable que se sentía.

Su corazón cedió a pesar de sí misma.

- No quiero que me abandones, pequeña. Ten el coraje de quedarte conmigo.

Quizás sea un monstruo, ya no lo sé. Lo único que sé es que necesito que te quedes conmigo.

- Podrías haberme forzado a olvidar - señaló, más para sí misma que para él, preguntando más que afirmando. Él había sido brutal, pero no podía decir que la hubiera maltratado. Al contrario, la había llevado hasta las mismas estrellas.

- Lo pensé - admitió de mala gana - pero no quiero recurrir a ese tipo de cosas entre nosotros. Siento mucho no haber sido más delicado tu primera vez.

Rin percibió el dolor en su voz y sintió en respuesta el dolor ella misma.

- Sabes que te aseguraste de que yo disfrutara - Ella había alcanzado el éxtasis. Fue un bautismo de fuego, un intercambio de almas. Él había sido brutal, y la había arrastrado a la tormenta. Y lo quería de nuevo, ansiaba que la tocara, ansiaba sentir la fuerza de su cuerpo. Pero Sesshomaru era peligroso, muy, muy peligroso. Ahora lo sabía. Sabía que era diferente, que algo, más animal que hombre, habitaba en él.

- Sesshomaru - Volvió a empujar sobre su pecho. Necesitaba respirar, pensar sin sentir el calor de su piel y las urgentes demandas de aquel sólido cuerpo.

- ¡No me hagas esto! - Su voz era una severa orden - No me alejes de ti.

- Estás hablando de un compromiso que va más allá de lo que yo pueda imaginar… - Rin se mordió el labio - Mi hogar está muy lejos de aquí.

- Sólo hay tristeza allí, Rin - Rechazó la idea - Sabes que no sobrevivirás sola, y aunque ahora piensas que no volverás a usar tu don, cuando vayan de nuevo a buscarte para solucionar otro macabro crimen, sabes en el fondo que serás incapaz de negarte. Tu naturaleza te impide dejar a un asesino libre cuando podrías salvar a su siguiente víctima - Tomó unos sedosos mechones de pelo entre sus manos, reflejo de su negativa a que se marchara - No pueden cuidarte como yo.

- ¿Y qué pasa con nuestras diferencias? Tu actitud hacia las mujeres las coloca como ciudadanas de segunda clase, como si no fueran demasiado valiosas ni brillantes. Desafortunadamente, doblegas con tu voluntad a cualquiera que se oponga a tus designios. Y yo lo haría. Constantemente. Tengo que ser yo misma, Sesshomaru.

Le apartó el pelo de la nuca, sujetándolo con las dos manos, y depositó un ligero beso en su piel.

- Sabes que mi actitud hacia las mujeres no es más que el reflejo de mi afán por protegerlas, no considero que sean inferiores. Contradíceme y oponte a mi voluntad todo lo que quieras, pequeña. Te amo por todo lo que eres.

Acariciaba con su pulgar la delicada curva de sus pechos, haciendo que su sangre empezara a calentarse, enviando escalofríos que recorrían su espalda.

Rin lo quería salvaje e indomable, como él era, quería que la necesitara.

Estaba controlándose y para ella era un potente afrodisíaco saber que era capaz de hacer que perdiera totalmente el control.

Sesshomaru inclinó la cabeza para rozar con la lengua un erguido pezón. Lo succionó, humedeciéndolo, hasta que Rin cerró los ojos con un leve suspiro. Notaba como su cuerpo volvía a la vida, cada nervio exigía que

Sesshomaru lo tocara. Se derretía bajo su calor.

Pero ella no quería que esto sucediera. Sentía un nudo ardiente en la garganta y las lágrimas le abrasaban los ojos. No quería, pero lo necesitaba. - No me hagas daño, Sesshomaeu - Le susurró junto a los fuertes músculos de su pecho.

Rogaba por su futuro. Rin sabía que él jamás le haría ningún daño físico, pero sabía con certeza que su vida junto a él sería extremadamente tempestuosa.

Él alzó la cabeza y levantó el cuerpo para aprisionarla debajo. Sus ojos oscuros la miraban de forma posesiva. Le rodeó el rostro con ambas manos mientras le acariciaba los pómulos y los labios con los dedos.

- No me tengas miedo, Rin. ¿No sientes la fuerza de lo que siento por ti, el lazo que me une a ti? Daría mi vida a cambio de la tuya - Admitió lo que era inevitable que supiera, porque quería que entre ellos brillara la verdad - No será fácil, pero arreglaremos las cosas entre los dos - Su mano bajó hasta su vientre liso y de allí se deslizó hasta los rizos oscuros como la noche de su sexo.

Rin le detuvo la mano, agarrándola con la suya.

- ¿Qué me ocurrió?

Estaba confundida. ¿Se había desmayado? Todo estaba tan confuso en su mente. Sabía con certeza que Sesshomaru la había obligado a beber algún tipo de brebaje medicinal asqueroso. Entonces se había quedado dormida. Más tarde llegaron las pesadillas. Estaba acostumbrada a las pesadillas, pero esta había sido espantosa. La habían acercado a la fuerza hasta el pecho de un hombre desnudo y había pegado su boca a una horrible herida. La sangre corría como un torrente y bajaba por su garganta. Luchó, casi ahogándose, pero en aquel mundo de pesadilla no fue capaz de alejarse. Había intentado llamar a

Sesshomaru. Y cuando levantó la cabeza lo vio allí, mirándola con aquellos ojos dorados y misteriosos, empujando su cabeza con la mano para que se mantuviera junto a la herida que tenía en el pecho. ¿No sería que se sentía influenciada por estar en la tierra del Conde Drácula y porque Sesshomaru le recordaba a un oscuro y misterioso príncipe?

Rin no pudo evitarlo; recorrió la tersura del pecho de Sesshomaru con las yemas de los dedos. Algo le había ocurrido que la había cambiado para siempre, y ahora era parte de Sesshomaru y él era parte de ella.

Suavemente, Sesshomaru le separó las piernas con la rodilla. De nuevo, se incorporó sobre ella, impidiéndole ver más allá de sus anchos hombros. La fuerza y el tamaño de Sesshomaru la dejaban sin respiración, su fuerza y su belleza. Muy despacio, con suavidad, se introdujo en ella tal y como debía haber hecho la primera vez.

Rin jadeó. Nunca podría sobreponerse al modo en que él la llenaba, la estrechaba, a la forma en que él transformaba su cuerpo en una hoguera. Si la primera vez había sido salvaje, ahora era tierno y cuidadoso. Cada impulso de

Sesshomaru contra su cuerpo despertaba un ansia mayor en su interior, una desesperación que empujaba a sus manos a recorrer los músculos marcados en la espalda de Sesshomaru mientras besaba su pecho y su cuello una y otra vez.

Sesshomaru mantuvo el control gracias a su extraordinaria disciplina. Sus besos lo estaban volviendo loco, sus caricias en la espalda. Rin era tan estrecha, suave como el terciopelo se cerraba a su alrededor y encendía cada vez más el fuego en su interior. El animal en su interior luchaba por liberarse, rugía de hambre cada vez que empujaba más y más fuerte, enterrándose profundamente en ella, fundiendo sus cuerpos y sus corazones. Abrió la boca y buscó la suya.

La desesperación de Rin lo arrastraba. Mientras el placer la recorría en oleadas estremecedoras, le hundió las uñas en la espalda. Sesshomaru cedió antes de que el animal de su interior pudiera liberarse. Se derramó en ella, mientras sentía su cuerpo caliente y apretado en torno al suyo. Se permitió un gruñido de plena satisfacción.

Se tumbó sobre su esbelto cuerpo, todavía unido a ella, satisfecho momentáneamente. Sintió las lágrimas de Rin en el pecho. Inclinó la cabeza para saborearlas.

- ¿Por qué lloras?

- ¿Dónde encontraré la fuerza necesaria para alejarme de ti? - murmuró suavemente, dolorida.

Sus ojos se oscurecieron en amenaza. Se apartó de ella, tumbándose a su lado, mientras notaba lo incómoda que le resultaba a Rin su propia desnudez. La arropó con la manta. Rin se sentó en la cama, apartándose el cabello de la cara con aquel gesto tan inocente pero tan sensual que Sesshomaru tanto amaba. Sus ojos castaños se mostraban cautos.

- No me dejarás, Rin - Su voz sonó mucho más ruda de lo que él pretendía. Con gran esfuerzo, se obligó a ser amable. Ella era joven y vulnerable. Tenía que recordarlo por encima de todo lo demás. Rin no tenía ni idea de lo que supondría para ella separarse de él, ni de lo que significaría para él - ¿Cómo puedes compartir lo que acabamos de hacer y después marcharte sin más?

- Sabes muy bien por qué. No finjas que no. Siento cosas. Esto es demasiado raro para mí. No conozco las leyes de este país, pero cuando alguien ha sido asesinado, hay que notificarlo a las autoridades y a la prensa. Y eso es sólo el principio, Sesshomaru; ni siquiera mencionaré las cosas que eres capaz de hacer, estrangular prácticamente a Owen, por el amor de Dios. Eres muy diferente a lo que estoy acostumbrada, y los dos lo sabemos - Se envolvió aún más en la manta, echándola sobre sus hombros - Te quiero, no puedo soportar la idea de estar sin ti, pero no estoy segura de lo que está sucediendo aquí.

Pasó la mano por su pelo en una caricia inquietante, los dedos entrelazaban los sedosos mechones hasta posarse suavemente en la piel desnuda de su espalda. Sus caricias la conmovieron hasta lo más profundo. Rin cerró los ojos y apoyó la cabeza sobre las rodillas. No era una buena pareja para él, en ningún sentido.

Sesshomaru subió la mano, hasta dejarla sobe la nuca de Rin.

- Ya estamos comprometidos el uno con el otro. ¿No lo sientes Rin? - Fue un áspero susurro, sensual y cálido. Sabía que estaba luchando contra los instintos de ella, contra su innato sentido de supervivencia. Eligió las palabras con mucho cuidado.

- Sabes quién soy, lo que hay en mi interior. Si la distancia nos separa, aún necesitarás sentir mis manos sobre tu cuerpo, mi cuerpo en tu interior, formando parte de ti.

La hacía arder con sus palabras, hacía que aquel agudo dolor en su interior aumentara. Rin se tapó la cara avergonzada por aquella inmensa necesidad que sentía de un completo extraño.

- Me voy a casa, Sesshomaru. Estoy tan envuelta, tan rodeada de ti, que hago cosas que jamás creí posibles.

No era solo lo que sentía físicamente, ojalá fuera sólo eso. No quería sentir su soledad, su grandeza, su increíble voluntad y su capacidad de liderar y mantener a salvo a los suyos. Pero lo sentía. Podía sentir su corazón, su alma, su mente. Había hablado con él sin necesidad de pronunciar las palabras, había compartido su mente. Sabía que él estaba en su interior.

Sesshomaru rodeó sus hombros con un brazo y acercó su cuerpo acurrucado a él.

¿Para consolarla o para disuadirla? Rin se tragó las lágrimas que ardían en su garganta. Oía ruidos en su cabeza, un goteo de crujidos y susurros. Se tapó las orejas con las manos para no escucharlos.

- ¿Qué me está ocurriendo, Sesshomaru? ¿Qué hemos hecho que me ha cambiado tanto?

- Eres mi vida, mi compañera, la otra mitad de mí mismo que estaba buscando - Volvió a acariciarle el pelo con infinita ternura - Mi gente se une a un compañero para toda la vida. Yo pertenezco a la raza de los Cárpatos, provengo de la tierra. Tenemos dones muy especiales.

Giró la cabeza para mirarlo, clavando los ojos castaños en los de Sesshomaru

- Tu habilidad telepática es muy fuerte, mucho más fuerte que la mía. Y tan desarrollada. Las cosas que eres capaz de hacer me sorprenden.

- El precio que hemos de pagar por poseer estos dones es muy alto, pequeña.

Nuestra maldición es la necesidad de una compañera para compartir un único espíritu, una sola alma. Una vez que esto ocurre, y el ritual puede ser brutal para una humana virgen, no podemos vivir separados de nuestros compañeros.

Tenemos muy pocos niños; perdemos muchos de ellos el primer año de vida, y la mayoría de los recién nacidos son niños. Nuestra longevidad es a la vez una bendición y una maldición. Para aquellos de nosotros que encontramos la felicidad, una larga vida es una bendición. Para alguien solo y atormentado, es una maldición. Es una larga eternidad de oscuridad, una existencia dura y vacía.

Sesshomaru le rodeó la barbilla con la mano, alzándole la cabeza para que no pudiera escapar a sus oscuros ojos hambrientos. Suspiró profundamente.

- No tuvimos sólo sexo, pequeña; no hicimos el amor. Lo nuestro fue lo más cercano a nuestro ritual de emparejamiento que puede hacerse, ya que tú no perteneces a nuestra especie. Si me amas… - Su voz se desvaneció y agitó la cabeza. Necesitaba atarla a él irrevocablemente. Las palabras rituales estaban en su cabeza, en su corazón. El animal que era rugía por pronunciarlas. Ella jamás escaparía, aún así, no podía hacerle eso, no podía decir esas palabras a una mujer mortal. No tenía ni idea de lo que podía ocurrirle.

La marca que tenía sobre el pecho izquierdo le dolía, le palpitaba, le quemaba. Rin la miró, era la señal de Sesshomaru, la tocó con la yema de los dedos. Recordó como sus dientes la empujaron contra el suelo, su fuerza, el rugido animal que luchaba por salir de su garganta. Había tomado su cuerpo como si le perteneciera, con un poco de brutalidad, no obstante, algo en ella había respondido a la feroz voracidad y a la necesidad que él sentía. Al mismo tiempo había sido tierno, asegurando que ella alcanzara las cimas del placer antes que él, tan cuidadoso con su frágil cuerpo. La mezcla de ternura y salvajismo era imposible de resistir. Rin sabía que ningún otro hombre podría tocarla como él había hecho. Sólo existía Sesshomaru para ella.

- ¿Estás diciéndome que perteneces a otra raza, que no eres humano,

Sesshomaru? - Intentaba unir toda la información.

- Creemos que somos una especie diferente, somos tan distintos. Lo escondemos bien, tenemos que hacerlo, pero podemos escuchar cosas que los humanos no pueden. Hablamos con los animales, compartimos nuestras mentes y nuestros cuerpos junto con nuestros corazones. Compréndelo, esta información, en malas manos, podría resultar fatal para nosotros. Mi vida está literalmente en tus manos. En más de un sentido.

Ella captó el eco de sus pensamientos antes de él pudiera esconderlos.

- ¿Te habrías detenido si el pánico me hubiera atenazado?

Cerró los ojos avergonzado.

- Me gustaría mentirte, pero no lo haré. Te habría tranquilizado, hasta convencerte que podías aceptarme.

- ¿Me lo habrías ordenado con tus poderes?

- ¡No! - Negó con vehemencia - No habría llegado tan lejos. Estaba seguro de ello. Creía firmemente que podía haberla persuadido para que lo aceptara.

- Esos dones - Frotó la barbilla con las rodillas - Físicamente, eres más fuerte que cualquier humano que yo haya conocido jamás. Y el salto de la biblioteca, me recordaste a una enorme pantera, ¿forma parte de tu herencia también?

- Sí - Sus manos volvieron a su pelo para coger unos mechones y enterrar la cara en ellos, dejando su aliento en ellos. Su olor permanecería en ella. Un rastro de satisfacción se dejó ver en sus insondables ojos.

- Me mordiste - Se tocó primero el cuello, luego el pecho. Un dolor dulce la inundó junto con el recuerdo de Sesshomaru, totalmente indomable y salvaje entre sus brazos, frenético por la necesidad, con la mente nublada por un infinito deseo y su boca bebiendo ávidamente de ella.

¿Qué le ocurría que aún quería más? Había oído hablar de mujeres tan enganchadas al sexo que eran prácticamente esclavas. ¿Qué le estaba ocurriendo? Levantó la mano queriendo protegerse de él.

- Sesshomaru, esto va demasiado rápido. No puedo enamorarme en un par de días y decidir qué hacer con mi vida en unos minutos. No te conozco. Incluso me asustas, me asusta lo que eres, el poder que ostentas.

- Dijiste que confiabas en mí.

- Y confío en ti. Eso es lo que me desquicia. ¿No lo ves? Somos tan diferentes. Haces locuras y aún así quiero estar contigo, escuchar tu risa, discutir contigo. Quiero ver tu sonrisa, la forma en que tus ojos se iluminan y la necesidad y el hambre que crecen en ti cuando me miras. Quiero hacer desaparecer esa frialdad de tus ojos, esa mirada distante y lejana que hace que tu boca se endurezca y parezcas cruel y despiadado. Sí, confío en ti, pero no tengo ninguna razón para hacerlo.

- Estás muy pálida. ¿Cómo te encuentras? - Quería decirle que era demasiado tarde, que habían llegado demasiado lejos, pero sabía que sólo conseguiría que ella se resistiera aún más y la preocuparía inútilmente.

- Mareada, tengo el estómago levantado, debería comer algo pero al pensar en la comida me dan nauseas. Me diste unos de tus brebajes, ¿verdad?

- Bebe agua y zumos durante un par de días, un poco de fruta, quizás. No comas carne.

- Soy vegetariana - Miró alrededor - ¿Dónde está mi ropa?

Inesperadamente sonrió con esa típica arrogancia masculina.

- Me extralimité y rompí tus vaqueros. Quédate conmigo esta noche y mañana traeremos ropa nueva.

- Si es casi de día - señaló con pocas ganas de acostarse de nuevo con él. No podía estar en la cama con él sin que su cuerpo ardiera de deseo.

- Además, quiero ducharme - Antes de que Sesshomaru pudiera protestar, salió de la cama y se envolvió en el antiguo edredón.

Sesshomaru se guardó la sonrisa. La dejaría que se sintiera segura; no le costaba nada. De ninguna forma iba a abandonar su casa, y menos con los asesinos alojándose en la misma pensión. Para mantener su mente ocupada y no pensar en la imagen del cuerpo de Rin desnudo bajo el agua, se concentró en recordar los detalles de las emociones de Rin antes de que él la sacara a la fuerza del comedor de la pensión. ¿Qué fue lo que la puso tan histérica? Se puso literalmente enferma, a punto de vomitar, la cabeza le estallaba. Rin creyó que ese estado fue la reacción a su repentina ira, pero no era así, su ira surgió como consecuencia del malestar que ella sentía. Él lo percibió antes de que ese patán humano le pusiera su asquerosa mano encima.

Sesshomaru rozó su mente porque tenía que hacerlo. Encontró lo que esperaba, lágrimas y confusión. Su cuerpo estaba cambiando, había cambiado al correr la sangre de Sesshomaru por sus venas. Según la leyenda, hacían falta tres intercambios de sangre entre un hombre de los Cárpatos y una humana para que se convirtiera. La sangre que le había dado en la copa no contaba porque no la había tomado directamente de su cuerpo. No tenía intenciones de convertirla, de arriesgarse a que se transformara en una peligrosa vampiresa.

De todas formas, ya había traspasado peligrosamente los límites. Lo haría una vez más. Y tendría que durar una eternidad.

Rin había escuchado lo que él le dijo. Todo era verdad, pero él sabía que no tenía ni idea de la realidad. Rin oiría todos los susurros y murmullos de cada una de las habitaciones de la pensión, sabría que una abeja había entrado en el comedor de la planta baja. Los ojos le dolerían con la luz del sol y su piel se quemaría con facilidad. Los animales le contarían sus secretos. La mayoría de la comida la haría vomitar. Pero lo más importante, siempre lo necesitaría al lado, necesitaría que él le hablara con la mente, necesitaría sentir su cuerpo y arder junto a él. De hecho, ya lo sentía, y luchaba en contra de este sentimiento de la única forma que sabía: luchando por alejarse de él, luchando por entender qué le estaba sucediendo.

Rin se apoyó contra la mampara de la ducha. Sabía que no podía esconderse en el baño como una niña, pero él era tan poderoso, tan seductor.

Quería borrar las duras líneas de su boca, quería tomarle el pelo, discutir con él, escuchar su risa. Se sentía curiosamente débil, un poco mareada.

- Vamos, pequeña - La voz de Sesshomaru la envolvió en una caricia de terciopelo negro. Cerró el grifo de la ducha, la cogió por la muñeca y la sacó del refugio de la mampara para envolver su delgada y esbelta figura en una toalla.

Rin se escurrió el pelo mientras un profundo rubor le cubría todo el cuerpo. Sesshomaru estaba tan cómodo desnudo, no le importaba mostrarse así. La forma natural en que él aceptaba su desnudez le había parecer un animal salvaje, sin domesticar. Comenzó a secarla con la enorme toalla de baño, frotando el cuerpo de Rin hasta que su piel estuvo seca y rosada. La toalla rozó sus sensibles pezones, se demoró demasiado en su redondeado trasero y se recreó en la curva de su cadera.

A pesar de que ya había tomado una decisión, su cuerpo volvió a la vida bajo sus caricias. Sesshomaru le tomó la cara entre las manos, inclinó la cabeza para rozarle los labios con su boca, seduciéndola con enorme dulzura.

- Vuelve a la cama - susurró, llevándola hacia allí.

- Sesshomaru - protestó sin aliento.

Tiró de ella hasta hacerla perder el equilibrio para que su cuerpo cayera sobre el suyo. Se fundió contra su cuerpo, sus tiernos pechos contra sus poderosos músculos, la evidencia de su deseo presionando contra su estómago. Los muslos de Sesshomaru eran fuertes columnas unidas a las suyas.

- Podría amarte toda la noche, Rin - murmuró seductoramente contra su garganta. Sus manos recorrían todo su cuerpo, dejando líneas ardientes por donde pasaban - Quiero amarte toda la noche.

- ¿No es gracioso? Está amaneciendo - Sus manos tenían vida propia, buscaban y encontraban cada poderoso músculo para acariciarlo.

- Entonces me pasaré el día haciéndote el amor - Susurró estas palabras sobre su boca, mordisqueándole el labio inferior - Te necesito junto a mí. Haces que las sombras desaparezcan y aligeras la terrible carga que pesa sobre mis hombros, que me ahoga.

Pasó los dedos por las comisuras de sus labios.

- ¿Me harás el amor o me poseerás?

Inclinó la cabeza para apoyarse en la dureza de su pecho, deslizando la lengua por la piel sensible donde se percibía el latido del corazón. No había ninguna cicatriz, ninguna marca, pero su lengua siguió el mismo camino donde antes estuvo la herida, de donde él la obligó a beber. Estaba totalmente unida a él, leía su mente, sus fantasías eróticas que él deseaba traer a la realidad.

Sesshomaru sintió un nudo en el estómago, su cuerpo reaccionaba con fiereza.

Rin sonrió al sentir toda su dureza ardiendo sobre su piel. No sentía ninguna inhibición cuando yacía con él, solo un feroz deseo de abrasarse junto a él.

- Contéstame Sesshomaru, dime la verdad - Sus dedos rozaron la piel suave de su sexo, se cerraron a su alrededor percibiendo su dureza y su grosor, haciendo que un ávido deseo rugiera en el cuerpo de Sesshomaru. Jugaba con fuego, pero no tenía fuerzas para detenerla, no quería detenerla.

Agarró con las dos manos el pelo húmedo de Rin.

- Ambas cosas - jadeó.

Cerró los ojos cuando ella empezó a besarlo en el estómago, dejando un rastro ardiente. Allí donde le tocaba con los dedos, su boca dejaba después su húmeda marca. Tiró de ella para ponerla encima de él. Su boca era deliciosa, húmeda y cálida y le estaba volviendo loco. Dejó escapar un gruñido bajo y amenazador. El animal se agitaba de placer, necesitaba satisfacerse de la forma más primitiva.

Rin arañó sus muslos suavemente, en una caricia erótica que envió espirales de placer por el cuerpo de Sesshomaru. Se le nubló la mente y se sumergió aún más profundamente en la de Rin para ver el resplandor de la pura lujuria y de la necesidad. Ansiaba sus caricias, sus manos, su suave boca que lo estaba convirtiendo en una lengua de fuego.

Sesshomaru la atrajo hacia arriba, sus manos eran dos garras con enorme fuerza aunque luchaba por no hacerle ningún daño. La besó, era un beso hambriento, posesivo, profundo que la hizo pegarse aún más a él mientras su cuerpo latía y se movía sobre el de él totalmente incendiado por la pasión.

- Dime que me quieres - La besó en la garganta, sobre los doloridos pechos.

Cada beso enviaba una oleada de calor sobre la piel de Rin.

- Sabes que te quiero - Se apretó contra él, pasando una pierna por encima de las de él.

Apenas podía respirar porque el deseo la ahogaba, se aferraba a Sesshomaru intentando estar aún más cerca, arrastrándose para que su cuerpo la protegiera, su mente la arropara. Necesitaba sentir su cuerpo dentro de ella, que la poseyera como él quería, con su boca bebiendo de su pecho arrastrándola hacia su mundo.

- Completamente - dijo con brusquedad mientras sus dedos acariciaban los húmedos rizos - Únete a mí de nuestra forma.

Se movió frenéticamente contra los dedos de Sesshomru.

- Sí, Sesshomaru.

Agonizaba buscando el alivio a lo que sentía, buscando el de él. Estaban consumidos por la misma confusión, eran incapaces de separar la lujuria del amor o la necesidad de la agonía. El cuerpo y la mente de Rin hervían de deseo, doloridos y atormentados sin saber dónde empezaban sus salvajes y desinhibidas emociones y empezaban las de él.

Sesshomaru se sentó sobre la cama, poniéndola a horcajadas sobre su cuerpo, con su enorme fuerza la elevó y la bajó poco a poco sobre su firme vientre hasta encontrar su ardiente sexo. La humedad de Rin lo atraía, lo abrasaba.

Rin deslizó los brazos alrededor del cuello de Sesshomaru, y le rodeó las caderas con las piernas, abriéndose por completo a él. Muy despacio, Sesshomaru la fue bajando hasta que toda la largura de su miembro estuvo rodeada por la humedad y el calor del interior de Rin. Sesshomaru sintió un estremecimiento más allá de cualquier placer, la estrechez de Rin era el paraíso y a la vez el infierno.

Rin le clavó las uñas en los hombros.

- ¡Para! Eres demasiado grande para hacerlo así - Su cara tenía una expresión de alarma.

- Relájate, pequeña. Nos pertenecemos el uno al otro, mi cuerpo fue hecho para el tuyo, al igual que el tuyo fue hecho para el mío - La penetró más hondo y empezó a moverse con un ritmo lento mientras la acariciaba tranquilizándola con las manos.

Se echó hacia atrás para poder observar el rostro de Rin mientras su cuerpo la reclamaba con envites profundos, certeros y posesivos.

Inconscientemente, las palabras brotaron de su alma. "Yo te reclamo como mi compañera. Te pertenezco. Te ofrezco mi vida. Te doy mi protección, mi fidelidad, mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Para compartirlo todo. Tu vida, tu felicidad y tu bienestar serán lo primero para mí. Eres mi compañera, unida a mí para toda la eternidad y siempre bajo mi cuidado". Con estas palabras un hombre de los Cárpatos unía a su compañera a él para toda la eternidad. Una vez pronunciadas, Rin no podría alejarse de él. Sesshomaru no tenía intención de hacerlo, pero todos sus instintos, todo lo que había en su interior, lo obligaron a pronunciarlas para unir sus corazones como estaba escrito que así fuera. Sus almas por fin, se unieron, sus mentes se fundieron para ser una misma.

Rin se permitió que sus palabras y la fuerza ardiente de su posesión la calmaran. Su cuerpo parecía derretirse alrededor del de Sesshomaru. Él siguió elevándolos, lamiendo sus pezones, agarrando su pequeño trasero con ambas manos en un gesto claramente posesivo. Ella echó la cabeza hacia atrás, dejando que su pelo los rodeara y acariciara la piel desnuda haciéndolos arder.

Ella pertenecía a aquel lugar, aquel era su sitio. Se sentía salvaje y libre. Se sentía parte de Sesshomaru, su otra mitad. No podría haber otro hombre para ella, sólo este, tan ávido de ella. Este que la necesitaba tan desesperadamente, que compartía su solitaria existencia.

Sesshomaru se movió con más fuerza, más profundamente mientras se inclinaba sobre ella y se giraba dejando a Rin con el torso fuera de la cama, bajo él.

Con cada embestida de su cuerpo se acercaban más a la cima. Sintió el cuerpo de Rin contraerse, cerrarse sobre él una vez, dos. Ella gritó de placer mientras sentía que su cuerpo se fundía con el de Sesshomaru. Pero el placer no acababa, oleada tras oleada, hasta que Rin pensó que sería incapaz de soportar más

Sesshomaru inclinó la cabeza sobre ella muy despacio, dándole la oportunidad de detenerlo. Su miembro seguía enterrándose profundamente en ella, sus ojos oscuros mantenían cautivos los ojos de Rin. La hipnotizaba, le rogaba de necesidad. Rin arqueó el cuerpo hacia él, dejando los senos a su alcance, ofreciéndoselos para calmar su hambre.

El rugido de satisfacción que brotó de la garganta de Sesshomaru hizo que la sangre de Rin corriera aún más rápido por sus venas. Su cuerpo se movía ahora de forma más agresiva, elevándole las caderas para penetrarla con mayor facilidad. Rin sintió la caricia de sus labios sobre su pecho, sobre el corazón. Le lamió la marca que había dejado antes de forma erótica y suave.

Se hundió en ella con un poderoso envite, llenándola, estrechándola entre sus brazos, en el mismo instante que clavaba los dientes en su suave carne. Rin gritó al sentir un calor candente sobre su pecho. Acunó la cabeza de Sesshomaru, acercándola aún más a su pecho, sintiendo el torbellino de emociones que crecía en el interior de él mientras el fuego los abrasaba de tal forma que Rin pensaba que morirían allí. Sesshomaru movía la boca sobre ella devorándola mientras la poseía, consumiéndolos a los dos en agonía. Rin jamás había experimentado una sensación tan poderosa, ardiente y sensual.

Se oyó gritar el nombre de Sesshomaru con un salvaje abandono, clavando las uñas en los músculos de la espalda. En su interior, un deseo primitivo la instaba a buscar con la boca el músculo donde latía el corazón de Sesshomaru.

Sintieron que estallaban a la vez, que se desintegraban y volaban hacia el sol. Sesshomaru levantó la cabeza y dejó escapar un fiero gruñido de satisfacción para después volver de nuevo a saborear su sangre.

Esta vez fue muy cuidadoso, solo bebió lo justo para hacer el intercambio. Su cuerpo aún estaba enterrado en el de ella. Le lamió la herida por última vez para cerrarla y curarla por completo. Sesshomaru estudió su rostro. Estaba pálida.

Somnolienta. Murmuró la orden, su cuerpo se endureció de nuevo al pensar en lo que iba a suceder.

El cuerpo de Rin aún se estremecía lleno de vida, aceptaba gustoso sus posesivos envites. Sesshomaru se abrió la herida en el pecho y acercó la suave boca de Rin hacia su piel. Fue el éxtasis, su cuerpo se convulsionó casi dolorosamente. El animal que vivía en él echó la cabeza hacia atrás rugiendo de placer y alegría. De momento se sentía totalmente saciado.

Rin parpadeó y lo miró frunciendo el ceño.

- Lo hiciste de nuevo - Apoyó la cabeza en el edredón - Cada vez que lo hacemos siento que me voy a desmayar - Sentía un extraño sabor acre en la boca.

Antes de que fuera capaz de identificarlo, Sesshomaru la besó rozándole los dientes con la lengua, explorando el interior de su boca, entrelazándola con la suya. Salió de su cuerpo muy lentamente mientras la acariciaba.

- No puedo moverme - admitió Rin con una sonrisa.

- Dormiremos una siesta y nos enfrentaremos al mundo más tarde - sugirió con la magia negra de su voz. La acunó entre sus brazos muy suavemente, la acostó cómodamente y la arropó con la sábana. No podía separar la mirada de sus fascinantes ojos. Le rozaba la garganta con las yemas de los dedos, descendiendo hasta el valle entre sus pechos. Todavía se sentía sensible, podía sentirla temblar bajo sus caricias y eso lo llenó de calidez.

- Si realmente hubiera querido que me amaras, te hubiera presentado más de un desafío - Se acurrucó en la almohada - Tengo el pelo hecho un desastre.

Sesshomaru se sentó en el borde de la cama, y empezó a trenzarle los gruesos mechones.

- Si me presentaras más de un desafío, pequeña, mi corazón no sería capaz de soportarlo - Dijo divertido.

Le rozó el muslo con las yemas de los dedos sin abrir los ojos. Sesshomaru se quedó sentado en el borde de la cama durante un buen rato, mientras contemplaba como Rin se hundía en un profundo sueño. Era tan pequeña, eran tan solo una humana, pero había logrado cambiar su vida de la noche a la mañana. Y él había tomado la suya. Se había apoderado de su vida. No había pretendido decir las palabras rituales, se había sentido aún más hipnotizado que sus propias presas cuando exponían gustosas sus gargantas para que él se alimentara.

Ella podía pensar que eran extraños, pero habían compartido sus mentes, sus cuerpos y se habían ofrecido mutuamente sus vidas. El intercambio de sangre era el último paso para confirmar su compromiso. Literalmente cada uno de ellos había ofrecido su vida al otro. Era un ritual erótico y hermoso. Se convertían en una mente, un corazón, un alma, un cuerpo…con la misma sangre.

Los congéneres de Sesshomaru protegían sus guaridas de los demás. Eran demasiado vulnerables cuando estaban dormidos o en pleno frenesí sexual. La decisión de tomar una compañera no era un acto consciente, era instintivo, un ansia y una necesidad. Ellos lo sabían. Eran capaces de reconocer a su otra mitad. Sesshomaru reconoció a Rin. Había luchado para no llevar a cabo el ritual pero sus instintos animales se habían superpuesto a sus modales civilizados. La había medio sumergido en su mundo y era totalmente responsable de las consecuencias.

La luz se empezaba a filtrar por las escaleras. Sesshomaru completó la tarea de proteger la casa contra los intrusos. La noche siguiente sería muy larga. El trabajo se había acumulado y él necesitaba salir de caza. Pero había tenido su momento de paz y alegría.

Sesshomaru se metió en la cama junto a Rin, atrayéndola hacia su cuerpo para poder sentir cada centímetro de ella. Rin murmuró su nombre entre sueños, apretándose contra él con la confianza de un niño. El corazón le dio un vuelco y una curiosa calidez se extendió por su interior. Se sentía feliz. En paz. La tocó porque podía hacerlo. Rodeó sus pechos con las manos, le lamió un pezón con una ligera caricia. Después de darle un beso en el cuello, envió la orden de dormir profundamente, acompasando su respiración a la de ella.


Bueno mis lectrox, un capitulo nuevo (después de años creo yo).

Espero que todavía estén por aquí uwu.

Gracias por seguir la historia sin casi capitulos, espero terminarla tambien.

Pueden decirme su parte favorita y que los impresiono.

Los leo.

Nos vemos en el próximo capitulo.