Luego de pasar por casa de Adora, y que ésta se preparara, fueron a buscar a Melog, que había pasado la noche en casa de un amigo muy querido de él y su hermana, la famosa drag queen Double Trouble. Catra se refería a ella como DT para abreviar, y la había apoyado durante toda su carrera, aunque no siempre se unía a sus fiestas, porque solían ser algo intensas, ya que DT era toda una diva e invitaba a muchísima gente.

Melog lucía algo cansado, pero de todas maneras se subió al asiento trasero con una sonrisa y saludó a la rubia amablemente.

—Te ves un poco muerto —le dijo Adora, intentando no reírse.

—Vendrás un día con nosotros a una fiesta de DT, y me vas a entender. Lo pasé bastante bien, aunque ahora estoy algo cansado. De todas maneras, me encanta ir a la playa —finalizó sonriendo.

La siguiente hora siguieron charlando entre los tres, Adora se sentía muy cómoda conversando con ambos, por lo que ni siquiera notó cuando llegaron a la costa. Apenas divisó el mar bajó la ventana para aspirar la brisa marina. Volteó a mirar a la morena, a la que le dedicó una sonrisa sincera, Catra pensó que parecía un cachorro feliz, sólo le faltaba sacar la lengua, pero le sonrió de vuelta, le gustaba ver a Adora así de contenta.

Una vez que estacionaron, bajaron a la playa. Tanto Adora como Catra tenían el bikini puesto debajo de la ropa, por lo que sólo tuvieron que sacarse lo que llevaban encima. La morena se quedó con una bata corta puesta, algo que la hacía lucir más sexy en cierta manera. Su traje de dos piezas era de color blanco, contrastando con su piel morena, mientras que el de Adora era azul.

Melog notó que había una especie de burbuja entre ambas, así que se alejó enseguida a nadar, seguramente ellas habían pasado la noche juntas y estaban en "modo apareamiento" como le gustaba decir. Catra no pasó por alto lo que hizo su hermano, así que aprovechó la instancia sin dudarlo.

—Adora, deberías ponerte bloqueador, para que no te quemes, toma —dijo pasándole el bloqueador, sonriendo con aparente inocencia.

Adora asintió y comenzó a echarse bloqueador solar bajo el quitasol que habían instalado en la arena. Estuvo tranquila, hasta que se dio cuenta que le faltaba en la espalda.

—¿Podrías ayudarme? —le preguntó un tanto nerviosa a Catra. No entendía por qué seguía nerviosa, ya habían pasado la noche juntas, había visto desnuda a la morena, pero por alguna razón la idea de que le esparciera bloqueador en la espalda le aceleró el corazón.

—Claro —le sonrió Catra.

Aplicó bloqueador en sus manos, y lo esparció primero en los omóplatos de Adora, pero cuando sus manos comenzaron a moverse a su espalda baja, la rubia se removió un poco. Parecía como si la morena le estuviera haciendo un masaje sensual, sus manos resbalaban por su piel y por alguna razón eso la estaba encendiendo, con ese simple toque. Cuando terminó, la rubia se acordó de respirar, seguía emocionada así que sin pensarlo mucho se ofreció a hacer lo mismo por Catra, la cual no se negó, aunque parecía divertida por su reacción.

La morena suspiró por el tacto de la rubia, Adora estaba disfrutando tocar la piel de Catra, se sentía agradecida con el cielo por poder tener la excusa perfecta para tocarla. El problema era que comenzaba a tener ganas de más, quería tocarla más y más. De pronto necesitaba un chapuzón en el mar, necesitaba enfriarse un momento. Se disculpó diciendo que se iría a nadar primero. Catra la observó divertida, Adora era demasiado obvia.

Al rato Melog volvió así que la morena aprovechó de dejarlo al cuidado de las cosas y fue tras Adora. La rubia no estaba muy adentro, el agua le llegaba solo a las caderas. Catra quiso asustarla y la abrazó por la espalda, atrapando su cintura y gritándole por su nombre. Aunque se sobresaltó, Adora no se asustó, sin embargo, sintió cierta calidez al sentir el abrazo de Catra. Sonrió feliz.

—Parecía como que huías de mí, Adora —le murmuró en el oído.

—No fue mi intención —tragó saliva la rubia. Su cercanía le hacía perder la compostura.

—No me gusta tanto nadar, pero, ¿quieres jugar voleibol conmigo? Traje una pelota.

—Sí, claro.

Catra la soltó para tomarla de la mano y llevarla a la orilla de la playa. Adora tuvo por un segundo la extraña sensación de estar en un sueño. Nuevamente tenía esa sensación de calidez, sólo por el hecho de que la morena le tomara la mano. Mientras que Catra parecía realmente tranquila, pero en realidad, le asustó un poco esa sensación cálida que le embargó al abrazar a Adora, sensación muy diferente a la de la excitación que había sentido estando cerca de ella.

Jugaron un rato entre las dos, hasta que se les unió Melog, por lo que las risas no faltaron, más de alguno se cayó en la arena intentando golpear la pelota. Pero llegó el momento en que el hambre predominaba, así que tomaron sus cosas para dejarlas en el auto y buscar un lugar donde comer. Melog observaba que su hermana estaba siempre coqueteándole a Adora, de forma casi natural, nunca la había visto tan interesada en alguien, por lo que se estaba conteniendo mucho para no molestarla, pero le era difícil si se comportaba así.

Luego de decidirse por comer pescado frito con papas fritas, regresaron a la playa. Esta vez tanto Adora como Catra estaban mucho más relajadas y jugaron en el agua, riendo todo el tiempo y dejando que las horas transcurrieran sin preocupación alguna, y como Melog no quería estar tocando el violín, se fue a una feria artesanal a pasear, para dejarlas tranquilas en su burbuja de amor.

Cuando atardecía, Catra notó la ausencia de su hermano, así que fueron a buscarlo a la feria artesanal más cercana. Como no lo encontraron ahí, volvieron al auto, donde por fin lo encontraron. Se veía algo hastiado, pero sólo Catra se dio cuenta de eso. No quería hacerlo sentir excluido, pero Adora tenía ese efecto en ella, por lo que se sintió culpable de inmediato.

—Creo que ya es hora de volver, Adora, te dejaré en tu casa —le dijo con amabilidad la morena, pero sin mirarle a la cara. Melog no dijo nada, sólo le pasó las llaves a Catra.

Adora sólo musitó un "ok". El día había llegado a su fin, era hora de volver a casa. No pudo evitar sentirse decepcionada, esperaba pasar otra noche junto a la morena para coronar ese gran día. A pesar de eso, se mantuvo con buen ánimo, porque lo cierto era que había sido un día grandioso, pudo estar con Catra en la playa un día entero, besarla de vez en cuando, e incluso jugaron voleibol, cosa que no esperaba.

Una vez que se despidieron de Adora, Melog se cambió al asiento del copiloto, así que Catra aprovechó la oportunidad para disculparse.

—Perdona si te hice sentir como la tercera rueda, no fue mi intención.

—No te preocupes por eso, aunque la verdad, estoy sorprendido —Melog decidió que la mejor manera de castigarla era molestándola.

—¿Sorprendido? ¿De qué? —preguntó Catra, pero inmediatamente se arrepintió, sabía a dónde iba su hermano con esa afirmación.

—Nunca me habías olvidado de esa manera antes, así que me imagino que esa rubiecita te tiene loca.

—No empieces.

—Pero piénsalo, todas las mujeres con las que has estado antes, han convivido conmigo también, pero tú de alguna manera lograbas integrarme e imponer respeto por nuestra relación de hermanos inseparables.

—Adora no me va a separar de ti, tonto.

—Por supuesto que no. Pero mira Catra, a veces, en la vida, hay que admitir nuestros errores, pero a ti no te cuesta eso, te cuesta admitir tus logros. Y tienes que admitir que por fin lo lograste.

—¿Lograr qué? —Catra suspiró con pesadez.

—Lograr enamorarte. De una gringa rubia y de ojos azules, todo un cliché.

—No estoy enamorada.

—Admite que te vuelve loca.

—No me vuelve loca.

—Hermanita, mientras más lo niegues, peor va ser para ustedes.

—Melog, no estoy enamorada de Adora, ya basta.

—Ok, quizás sea muy pronto para admitirlo. Pero pronto lo harás.

Catra sólo suspiró con cansancio. Pero no dejó de darle vueltas a lo que su hermano dijo hasta irse a dormir.