Capitulo 12
Alexandria tenia de nuevo la rosa en sus manos, poniéndola delicadamente contra sus labios como si la besara, lo único que Levi le daba cuando estaban en ese espantoso lugar eran sus notas que además de ser citatorios para verse eran notas que eran tiernas…
Sí…
Puede sonar raro tratándose de Levi, pero era verdad siempre le decía frases lindas, si, aunque es difícil de creer, tratando de hacerla olvidar el infierno que vivía con su madre, siempre la hacía sonreír, la muralla alrededor de su corazón se estaba debilitando nuevamente.
La sonrisa feliz de enamorada que tenía cambio a una de tristeza, con cuidado volvió a poner su rosa en la jarra para que no se marchitara, ese detalle era muy lindo de su parte, pero eso no significaba nada a su manera de pensar, no malinterpretaría un pequeño gesto como si él quisiera estar con ella de esa manera, con esos pensamientos salió de la habitación que compartía con sus hermanos para dar un paseo tranquilizador por el bosque, hoy tenían el día libre, así que lo mejor sería aprovechar para aclarar sus tormentosos pensamientos y también para tratar de resolver su pequeño problemita.
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Filly estaba en el laboratorio de Hange, ella no estaba, pero eso era mejor así podría hacer eso con tranquilidad, con sumo cuidado tomo uno de los tantos papeles que estaban en el suelo, era una suerte que la mujer sea desordenada, intentó hacer memoria de lo que aprendió anteriormente forzó su vista e intentó comprender, aunque sea solo una palabra, pero no…
Se sintió muy frustrado, si no lograba leer no comprendería esos malditos libros que hablaban de su familia se iba a volver loco, las lágrimas de frustración se hicieron presentes en sus ojos, aunque claro nunca las mostraría frente a alguien mucho menos frente a sus hermanos, se suponía que él era el cabecilla de la familia, el soporte, el apoyo emocional de sus hermanos, así que no podía permitirse llorar, aunque tuviera las enormes ganas de hacerlo, sintió correr las lágrimas por su rostro.
― ¿Filly?
Dio un respingo, rápidamente se limpió las lágrimas y los posibles rastros que pudieran quedar de eso, contuvo la respiración intentando tranquilizarse, sacó el aire de sus pulmones y se giró para ver a Hange en la puerta, ella traía en las manos más papeles.
― Filly ¿Qué haces aquí?, se supone que tienes el día libre, pensé que ibas a pasarla con tus hermanos –dijo Hange confundida.
―Solo venía a ver si no necesitaba ayuda con algo, vi este desorden y quise ayudarla a recogerlos –dijo forzando su típica sonrisa de "niño inocente".
Hange lo conocía bien el poco tiempo que ha estado en su escuadrón, sabía que cuando eran asuntos personales era un buen mentiroso, pero podía ver el sufrimiento que estaba pasando, los ojos se le tornaban vidriosos como si tratara de retener todas las lágrimas que quisiera derramar. Ahora se notó que estuvo llorando, el rostro se le veía un poco mojado, los ojos los tenía rojos junto con la nariz.
― ¿Sabes que hay momentos en los puedes mentir verdad? –le dijo Hange tratando de sonar comprensiva.
Filly solo desvió la mirada, no quería que se descubriera su lado débil, así que solamente siguió en la tarea de fingir que ordenada el laboratorio recogiendo los papeles del suelo, estaba por recoger el ultimo papel del suelo cuando una mano tomó la suya de improviso, se exaltó un poco, pero después se relajó con algo de duda levantó la mirada y vio a Hange.
―Filly, ¿Qué te preocupa? Eres parte de mi escuadrón puedes confiar en mí, cuéntamelo, por favor –dijo Hange con ojos suplicantes.
Filly no pudo más… dejó los papeles a un lado y se apoyó en la pared más cercana, al igual que cuando era niño abrazó sus rodillas escondiendo su rostro en ellas permitiéndose llorar dejando salir todas sus frustraciones.
Estaba sollozando lo más bajo posible, se sorprendió enormemente cuando sintió unos brazos rodearlo, Hange lo estaba… abrazando…
―No tiene nada de malo llorar, solo necesitas a alguien que escuche tus problemas y te dé su apoyo.
Filly solo se dejó abrazar, por primera vez en su vida se permitió llorar libremente sin reprimir los sollozos, Hange solo lo abrazaba dándole tranquilidad, después de tantos años, se sentía querido…
―Ahora coméntame, ¿Qué es lo que te tiene atormentado? –preguntó curiosa.
A Filly se le colorearon las mejillas de rojo escarlata y desvió la mirada haciendo un pucherito como niño chiquito, gesto que a Hange le pareció tan adorable que estuvo a punto de chillar de ternura.
―No sé leer –dijo quedito, apenas audible.
― ¿Eh? –preguntó Hange al no escuchar nada.
―No sé leer –volvió a susurrar esta vez un poco más fuerte.
― ¿Eh? –volvió a preguntar Hange.
― ¡NO SE LEER! –esta vez lo grito que hasta los titanes del exterior podrían oírlo.
Hange se sorprendió enormemente por lo que dijo Filly, vio que nuevamente bajaba la cabeza apenado con las mejillas rojas, a Hange nuevamente le dio ternura verlo así, pero también era consciente de que era un tema que lo incomodaba mucho.
― ¿Por qué no me lo dijiste?
― Porque es vergonzoso –dijo haciendo un puchero.
Nuevamente Hange tuvo el impulso de chillar de ternura, pero solo le dedicó una sonrisa, le toco el hombro Filly por la impresión volteo a verla.
― ¿Nunca aprendiste?
― Un poco, pero fue hace mucho tiempo… -dijo con la mirada un poco perdida.
"Dalila", la mujer que le enseño lo básico sobre leer, lo básico sobre el cariño de alguien ajeno al lazo sanguíneo familiar, el placer de estar con una mujer, la causante de su calvario, su verdugo…
―Entonces yo te ayudo –dijo ella con una enorme sonrisa.
Filly no pudo evitar sonrojarse nuevamente, pero esta vez por lo encantadora que se veía ella con sus ojos desbordantes de emoción y sonrisa deslumbrante como cuando hablaba de titanes.
No se dio cuenta en el momento en que Hange lo tomó de las manos, lo jaló para sentarlo frente a su escritorio y puso en frente de él papel, pluma junto con varios documentos.
―Comenzaremos con estos –dijo sacando un expediente –este es uno de mis primeros trabajos de investigación, mis primeros descubrimientos de titanes.
Ahí estaban de nuevo, sus adorables ojos desbordando felicidad mientras hablaba con entusiasmo sobre su trabajo con los titanes.
―Te iré enseñando poco a poco, mientras te explicaré mis experimentos.
Filly solo le dedicó una pequeña sonrisa, una sincera dándole a entender que estaba agradecido por la ayuda que le ofrecía, Hange se volvió a sonrojar, pero esta vez por la sonrisa de Filly.
Hange se sentó a su lado, dando inicio a su primera clase.
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Killy estaba sentado debajo de un árbol mientras que tenía una hoja en las manos, al parecer una página de un libro.
―Lle- Llegó –intentaba comprender la primera palabra.
Forzaba su vista para enfocar las letras, pero al parecer era inútil.
―Así no lograrás comprender nada –dijo una voz a sus espaldas.
Killy se exaltó un poco cuando volteo vio a Jean, el pelinegro se sonrojo un poco es que de verdad se le hacía atractivo.
―Solo es un intento, de todas formas, es inútil –dijo Killy con resignación.
Jean se sentó a su lado, tomo con delicadeza la hoja que Killy tenía en la mano y la leyó, eso era raro, ese texto no lo había leído nunca en los libros autorizados en las murallas.
― ¿De dónde sacaste esto? –le preguntó Jean extrañadísimo por eso.
Killy desvió la mirada, recordando los días de su espantosa niñez, sus primeros cinco años en el culto de la muralla, no eran nada bonitos. Toco su falda específicamente en la cintura deshaciendo un doblez sacando un pedazo de espejo roto.
―De la caza de Briggs el tiempo que yo estuve ahí, escuchaba a uno de los jóvenes del culto leerlo me lo leía siempre cuando lloraba, nunca lo volví a ver, pero me regalo esta página… -dijo con simpleza mientras veía su reflejo por ese trozo de espejo.
Jean quería decirle algo solo que no sabía bien que palabras usar, miró con curiosidad el pedazo de espejo para luego darse cuenta de todas las vendas que tenía en el cuello, los brazos y luego recordó las cicatrices que vio en su espalda el día del festival.
― ¿Por qué tienes eso? –dijo Jean viendo el trozo de espejo.
Killy solo suspiró.
―Te haré el cuento corto, a parte del desprecio que podía recibir por ser gitano cuando descubrieron que yo no era "normal" hubo momentos en donde las cosas fueron muy terribles para mí desde lanzarme contra un espejo hasta cuando pasaban otras cosas, la cuestión es que conserve un trozo del espejo…
La voz de Killy se quebró un momento…
―Fue cuando tenía doce años, no fue muy agradable, de hecho, fue espantoso, no podía sentirme más sucio así que con el espejo…
Killy quitó un poco las vendas de su brazo dejando al descubierto su muñeca izquierda, una gran cicatriz adornaba el área donde estaban las venas. Jean se asustó mucho, el chico había intentado suicidarse.
―Pero cuando lo hice mientras esperaba que llegara mi hora, escuche una voz que me decía que aún no era mi tiempo, que había personas que se pondrían tristes con mi muerte, y era verdad, no pensé en Filly o en Alex cuando lo hice, ahora guardo este trozo de espejo como recuerdo de lo que iba a hacer, pero me hizo fuerte…
Jean estaba hecho piedra, Killy parecía diva algunas veces era raro verlo serio o triste, la fortaleza con la que enfrento su situación fue sorprendente.
― ¿Puedo leerlo? –pregunto Jean.
Killy solo asintió y le dedicó una pequeña sonrisa, Jean le devolvió el gesto y comenzó a leer el texto en voz alta para qué Killy lo escuchara.
― "Llego como la luna llena en una noche feliz, una cintura con forma mágica, tenía ojos cuya mirada calmaba a la humanidad, el rubí de sus mejillas reflejaba su luz y en su cadera la negrura de su cabello, cuidado con los rizos que muerden como serpiente…"
Jean detuvo su lectura al sentir un peso en su hombro, se sonrojó enormemente al ver a Killy apoyar su cabeza en su hombro, por alguna razón, no quiso apartarse.
―Killy… ¿Qué estás haciendo? –preguntó algo incómodo y un sonrojo en sus mejillas.
―Continua… -le pidió Killy quedito.
― "Sus formas son suaves como la seda y su corazón pura roca bajo la superficie elude nuestra mirada, mientras viva jamás dejare de culparme por el pasado, y desde los flecos de las cortinas de sus ojos dispara a larga distancia…"
Jean terminó de leer el texto, le iba a preguntar a Killy si estaba bien, pero solo sintió su respiración relajada sobre su hombro, se había quedado dormido durante la lectura, se sintió súper incómodo por esa situación, con sumo cuidado pudo quitarse al azabache de encima, pero lo puso con suavidad en el pasto para que siguiera durmiendo.
Jean se levantó para irse con sus Connie y Sasha para pasar el día libre juntos, pero entonces recordó lo que le había pasado en el festival, si lo veían solo, pasaría una de dos o le daban un escarmiento muy fuerte o lo agredirían sexualmente.
Con algo de resignación volvió a sentarse a un lado de Killy, para ver que nada le pasara.
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Alexandria tenía ganas de des estresarse un poco, se puso su ropa normal, aunque descalza, quería sentir la tierra debajo de sus pies, caminar libremente por el cuartel sin tener obligaciones, respirar aire fresco, se dirigió a las caballerizas para ver a los caballos.
Se encaminó para allá, le vendría bien algo de compañía…
Al llegar a las caballerizas, solo dos caballos relincharon de felicidad al verla ahí, un macho de color negro y una yegua de color blanco.
―Ya sé que me extrañaron, pero tuve ciertos inconvenientes con cierta persona testaruda –les dijo a los caballos.
Alex sacó de sus ropas dos manzanas frescas y le dio una a cada uno, los otros caballos no le prestaban tanta atención como esos dos.
―Espero les gusten estas manzanas, tuve muchos problemas para conseguirlas, nos veremos otro día o tal vez en la próxima expedición.
Se despidió de los caballos y salió de las caballerizas, Alexandria seguía caminando libremente por los alrededores cuando algo la hizo parar.
― ¿A dónde vas con tanta confianza Chatita? –dijo la voz masculina a su espalda.
Alexandria se sobresaltó y giró violentamente a ver quién le habló. Era uno de los hombres con los que había tenido un percance hace algunos días y venía con sus dos compañeros.
―Sabes Chatita, admito que me encantó ver cómo le pateabas el trasero a los de la policía militar, pero sigo prefiriendo que muevas ese precioso culo que tienes al compás del ritmo que te impongan –dijo el tipo.
Se ha enfrentado a los Titanes, vio a los ojos al Titán que se había llevado a su hermano, ha enfrentado a soldados de la policía militar saliendo victoriosa y ha peleado contra su propia maldición, pero a lo que aterraba era la naturaleza del hombre, donde creen que mujeres como ella son su derecho.
― ¿Eres tan buena en la cama como en el campo de batalla? –preguntó otro de los hombres.
―Pues eso lo debemos averiguar muchachos –dijo el otro.
Ya estaba más que aterrada, cuando eso pasaba no podía defenderse solo quedarse congelada como cuando ese tipo la había violado.
― ¡Oigan!, el comandante Erwin solicita su presencia –escucharon a alguien detrás.
Los tres voltearon y vieron a Petra en una posición firme dando a entender que era una orden directa.
― Iremos en un momento Ral, solo le daremos una lección a Chatita, una que jamás olvidará –dijo el hombre volviendo a ver a Alex de manera indebida.
―Es una orden directa, a menos que quieran que el Capitán Levi se entere de que no obedecen órdenes directas del comandante agregando que están molestando a un miembro de su escuadrón.
Admitámoslo, les ganó el miedo al capitán que su deseo por Alexandria, así que a regañadientes se dirigieron de vuelta al castillo no sin antes darle una última mirada a Alexandria.
Una vez ellos se fueron, Petra se puso delante de una pálida Alexandria, ella apenas pudo reaccionar cuando vio a Petra frente a ella.
― ¿Estas bien? –le preguntó Petra preocupada.
―Sí, muchas gracias Petra –le dijo Alex aun nerviosa.
Petra seguía en la postura de que debía conocerla, ella le agradaba mucho, admiraba la belleza de su danza, también su fortaleza y le divirtió mucho el verla humillar de esa forma a la policía militar, pero más que nada admiraba su valor y su bondad, cuando la vio defender a Eren creció su admiración por ella se notaba que era una buena persona.
―Oye, los muchachos y yo iremos a la ciudad para pasar el día libre y me preguntaba si quisieras ir con nosotros –le propuso Petra.
Alex se sorprendió, no era muy unida a su escuadrón en especial a Auruo que hacia una muy mala imitación de Levi, pero admitía que quisiera dar una vuelta por la ciudad por simple hecho de pasear y no robar, sin necesidad de estarse escondiendo.
― No quiero incomodarlos –dijo algo apenada.
―No lo harás, además los muchachos y yo pensamos que era una buena oportunidad para conocernos mejor.
Alex era muy desconfiada con las personas pertenecientes a la milicia, pero ella le inspiraba confianza, si Levi la había escogido a ella junto con los demás era por algo confiaba en ellos, decidió hacer lo mismo, si Levi confiaba en ellos entonces ella también lo haría.
―De acuerdo –le contestó Alex con una sonrisa sincera.
Petra le devolvió la sonrisa, ambas fueron hacia un carruaje que los llevaría hacia la ciudad y ahí estaban los demás, Erd, Gunther, Eren y Auruo.
―Oigan, Alexandria aceptó venir con nosotros –les informó Petra con una sonrisa radiante.
Alex se sintió un poco incomoda por las miradas que les dedicaban los muchachos, la de Eren curiosidad, la de Erd desconfianza, la de Gunther incomodidad y la de Auruo de asco al menos no tanto como antes.
El viaje a la ciudad fue muy silencioso, Alex estaba muy nerviosa por salir y recibir la mirada de asco de toda la población de las murallas, pero al parecer los pobladores ignoraban que ella estaba ahí, interiormente agradeció eso.
Nunca había paseado normalmente por la ciudad sin ser perseguida, insultada o señalada. Caminar por las calles y los pies descalzos, era muy lindo, se detuvo un momento para ver una venta de libros, estaba indecisa si entrar o no entrar.
―Te acompaño, los muchachos van a ver otras cosas –le sugirió Petra.
Alexandria solo asintió, estaba viendo algunos libros que a su vista parecían muy interesantes, solo que no tenía para pagar.
Petra parecía de lo más feliz por la manera en la que hablaba, Alexandria no quería parecer grosera e intento seguir la plática, pero su mente estaba en otro lugar su mente estaba centrada en Levi, desde lo ocurrido el día de ayer, la rosa que había encontrado en su cama esa mañana, una parte de ella se negaba a pensar en que Levi quisiera algo verdadero con ella, pero la parte necia de su corazón le dice "Dale una oportunidad", ¡NO! Por supuesto que no lo hará.
―Oye Petra, daré una vuela por ahí te veo más tarde.
No dejó que Petra le contestar solo se alejó de ahí, no podía evitar buscar la soledad cuando tenía la cabeza atormentada.
― "Solo logras confundirme más Levi ¿Qué es lo que quieres de mí?" –era lo que pensaba la joven Valerius.
Iba tan perdida en sus pensamientos hasta que notó a tres soldados de la policía militar, rápidamente se escondió en un callejón, si la policía militar la veía después de lo que había hecho la matarían en ese mismo instante. Espero a ver que los policías se fueran, pero sintió unos pequeños jaloncitos por su falda, bajo la mirada solo para encontrarse con un niño en mal estado.
―Disculpe señorita, ¿Tiene algo de comer? –dijo el niño en bajito.
Ese niño se veía desnutrido, conocía a los niños en esa situación en las murallas de manera independiente sus madres fueron compradas, asesinadas o exiliadas, dejando a los pequeños huérfanos luego crecer en la inmundicia para tener los mismos destinos que ella, Filly y Killy. Al niño le brillaron los ojos al verla.
―Señorita Alexandria… -dijo con admiración.
― ¿Quiénes más están contigo? –dijo Alex con ternura.
El niño señaló el fondo del callejón, Alex dirigió su vista ahí y vio a un otros dos niños en la misma condición que el que tenía en frente.
Alex tenía una mirada de decisión, no era lo que tenía en mente para ese día, pero esos niños lo valían.
Era hora de que Escandalo Salvaje hiciera de las suyas nuevamente.
/
Petra estaba confundida por la actitud de Alexandria, su mente parecía estar en la luna, ya había pasado mucho tiempo en que se separaron dentro de muy poco tendrían que volver, en su camino se encontró con los demás.
―Oigan, ¿Alguno ha visto a Alexandria? –pregunto Petra.
―Creímos que estaba contigo –le respondió Erd confundido.
―Sí, pero nos separamos y no la encuentro, ¿En dónde estará?
― ¿Escapó? –dijo Auruo –lo veo muy probable.
Todos estrellaron la palma de su mano contra su frente, al parecer Auruo nunca dejaría de desconfiar de Alexandria, nunca le caería bien.
―Nunca escaparía, menos dejando atrás a Filly y Killy –dijo Eren seguro de sus palabras.
― ¿Confías en ella? –le pregunto Gunther.
― Como no confiar en ella después de lo que hizo por él en el festival –le respondió Erd.
Eren dio una pequeña sonrisa al recordar como ella lo ayudó enfrentándose a la policía militar arriesgando su vida, por él, pero recordó también lo que llegó a su mente cuando tocó su mano, eso no era nada normal y ya le había pasado una vez cuando tocó a Filly, ¿Pasará lo mismo si tocaba a Killy?
Eren estaba a punto de decir algo cuando escucharon un grito.
― ¡DETENGAN AL LADRÓN!
Una persona encapuchada chocó contra Auruo que lo tumbó en el suelo, los demás.
― ¡VUELVE AQUÍ RATA CALLEJERA!
Fue lo que gritaron los soldados en el momento de perseguirlo, también chocaron con los demás miembros del escuadrón de Levi.
― ¡Que groseros! –fue lo que exclamó Petra.
―Petra, ¿Dónde viste por última vez a Alexandria? –preguntó Erd.
―Cerca de un local donde vendían libros –le contestó.
―Será mejor que vallamos a buscarla antes de que se tope con la policía militar –dijo Gunther.
El ladrón corría entre las personas, hasta irse por un callejón sin salida, los soldados ya la habían alcanzado agradecía internamente el llevar la máscara que le tapaba medio rostro ya que entre los soldados estaba Fellner.
― ¡Te voy a cortar las manos Rata Callejera! –le exclamó Fellner.
De nuevo se metía en líos por comida, parecía que la habían acorralado esta vez, o tal vez no, tomó impulso de unas cajas que estaban ahí para saltar y comenzar a correr nuevamente, esta vez se metió en otro callejón cerca de donde estaban los niños para quitarle las prendas que tenía encima para revelar el vestido que tenía anteriormente.
Ocultó los panes en su corsé para luego verificar que no hubiera rastro de esos soldados, comenzó a caminar libremente por las calles, pero el destino nunca ha estado de su parte.
―Te vez preciosa con eso Chatita, aunque te vez mejor sin nada puesto –dijo la voz a sus espaldas.
Sintió que le levantaban la falda de su vestido para verle las piernas y el trasero, Alex le dio un golpe al degenerado que lo hizo y ¡oh vaya sorpresa!, era Fellner.
― Vaya sorpresa el encontrarte aquí preciosa –dijo descaradamente.
― ¿Por qué no subes a la muralla y te tiras a los titanes? –le dijo Alex tratando de controlar su enojo y pánico.
Decidió ignorarlo, creía que era de los típicos de perro que ladra no muerde, pero algo había cambiado en él esos dos últimos días que decía que había decidido morder.
― Oye, oye, oye ¿A dónde vas nena? –dijo Fellner agarrándola fuertemente del brazo.
― ¡No me toques! –exclamo Alexandria tratando forcejeando para librarse del agarre.
― Oye linda, pronto seré capitán de la policía cuando haga un par de encargos así que al fin poder hacerle esa oferta a tu hermano o al imbécil de Erwin para que al fin nos casemos –dijo tomándola por los dos brazos y pasarse la lengua por los labios.
Alex no podría estar más asqueada…
― ¡Prefiero morir como mi hermano!, ¡Prefiero morir en la boca de los titanes teniendo mi dignidad intacta antes que tener que casarme contigo! –le respondió Alexandria.
Las personas se estaban dando cuente de la escenita, pero nadie hizo nada, era normal que los de la policía militar les diera alguna "lección" a las gitanillas rebeldes.
― ¡¿Cuándo vas terminar de entenderlo?!, ¡Eres mía! –dijo tomándola bruscamente del rostro.
―Te lo digo Fellner, ¡Ni, aunque fueras el Rey de estas putas murallas! –le exclamo.
Alex le dio un rodillazo en la entrepierna lo que le dio ventaja para zafarse del agarre y correr con Fellner intentando seguirle el paso, por el dolor se quedó parado en medio de la calle exclamándole sus amenazas.
― ¡Lo serás!, ¡Tú me perteneces!, Así va a ser, ¡Te vas a casar conmigo Alexandria!, ¡Algún día serás mi esposa!
Alex solo podía pensar en correr, encontrarse a soldados con la testosterona a niveles del tamaño de un titán era una maldición que tenía desde que era una niña de doce años.
No se dio cuenta que choco con alguien, hasta caer al suelo dejando caer los dos panes que llevaba escondidos entre su corsé, levanto su mirada y vio a Auruo que se había mordido la lengua nuevamente, inmediatamente recogió los panes y esconderlos tras su espalda, después se volvió a parar mientras se disculpaba con Auruo.
―Lo siento, lo siento, lo siento mucho, habían dos personas que no me dejaban en paz así solo podía pensar en correr y no me di cuenta para donde iba y yo… -lo decía tan rápido que costo entenderla.
― Alex, ¿Qué tienes detrás de la espalda? –preguntó Gunther al verla con los brazos atrás.
―Nada –dijo con simpleza.
Erd no le creyó nada, sin ser muy brusco agarró sus brazos descubrieron en sus manos vieron dos panes.
― ¡¿Te los robaste?! –exclamó sorprendida Petra.
― Espera, ¡¿Eras tú el ladrón que estaban persiguiendo?! –dijo Gunther también de sorprendido.
―Les dije que no podíamos confiar en ella, solo es una gitana ladrona –dijo Auruo.
Alex ahora si se molestó, le dio una buena patada para se muerira tragándose la lengua.
― Primero infórmate antes de hablar de mí ¿escuchaste? –le reclamó Alex.
― ¿Por qué lo hiciste Alex? –dijo Petra.
Alex los veía, decidió no tener "muchos" secretos con ellos si iban a estar con ella todo el tiempo, solo suspiró y con la cabeza señalo el callejón indicando que la siguieran, con algo de duda lo hicieron hasta llegar al final del callejón y ver a tres figuras pequeñas, eran niños…
Los niños se asustaron al ver al escuadrón de Levi ya que los habían visto cuando iban a comprar las provisiones con el uniforme militar.
―Tranquilos niños, ellos vienen conmigo, son amigos… –les dijo en un tono maternal.
Ahora si Auruo se sintió un poco culpable…
Los niños se acercaron sin temor a ella, ella se arrodillo hasta quedar a la altura de los niños y entregarles el pan.
Ahora todos se sentían culpables, ella había robado el pan para que esos niños tuvieran algo para comer.
―Pero que ladrona más generosa –se escuchó una voz masculina al inicio del callejón.
Todos voltearon a ver, los niños se alarmaron y se escondieron atrás de Alexandria al ver que portaba el uniforme de la policía militar, Alex se sorprendió al verlo, era Edward Johnson.
―Oiga ella no lo hizo con mala intención –dijo Petra tratando de defender a Alexandria.
― ¡Son niños hambrientos! –exclamó Eren.
― Tranquilízate niño, sé que no lo hizo con mala intención, sigues sorprendiéndome Alexandria –dijo Edward con una sonrisa.
Alex seguía sorprendiéndose por ver a un oficial tan amable.
―No te preocupes por Fellner, me encargare de él más tarde –le prometió.
― ¿Cómo es que sabes…? –susurro Alex.
―Soy capitán de la policía, debo saber lo que hacen los soldados a mi cargo –le contestó con una sonrisa –por cierto, esto es para ellos –dijo viendo a los niños.
Edward le extendió una bolsa que estaba llena de manzanas, Alex la tomó con algo de duda, pero al final lo hizo y vio sorprendida a Edward que aún conservaba su sonrisa.
El ambiente se tornó un poco incómodo parecía que solo se centraba en Johnson y Alex dejando a los demás fuera, eso era raro los niños se reían disimuladamente al ver la cara de tomate que tenía su ángel de la guarda.
―Espero podamos vernos algún otro día, señorita Valerius –finalizó para luego darle un beso en el dorso de la mano.
Cuando Johnson se fue del callejón Alex seguía sorprendida.
―Creo que le gustaste –dijo con diversión Gunther mientras ponía la mano en su hombro.
―Se nota que está muy interesado en ti –dijo Erd igual de divertido.
Alex estaba roja como un tomate, ellos la estaban avergonzando.
― Alex tiene novio –canturrearon los niños.
Las manzanas tendrían envidia de su color en ese momento-
―Tengan niños coman bien no se metan en líos y si puedo les traeré más comida –dijo ella igual de rápido que no se pudo entender.
Alex salio huyendo del callejón para volver al carruaje.
Los demás miembros de del escuadrón de Levi veían divertidos la situación.
Ya era de noche cuando volvieron al cuartel, Alex se alejó para despejarse e intentar calmarse por el episodio con Fellner, con cuidado fue a las caballerizas y sacar un caballo, su sorpresa fue mayor al no encontrarse sola, Levi estaba ahí esperándola.
― ¿Qué haces aquí? –le preguntó Alex sorprendida.
―Quiero que me acompañes –le dijo con simpleza.
Levi sacó a dos caballos de los corrales, al suyo y a una yegua y son los dos consentidos de Alexandria cuando va a las caballerizas.
― ¿No nos meteremos en problemas? –le pregunto ella con la ceja alzada y sonrisa burlona.
―Nunca me has visto preocupado por los problemas o sí –le contestó con una sonrisa.
Alex siguió sonriendo aceptando su invitación, una noche llena de estrellas era testigo de cómo ambos cabalgaban por el bosque hasta llegar a un claro.
Cabalgar era otra forma de distraerse, ahora sentía más calma y más aún si Levi la acompañaba. El silencio era cómodo entre ambos, dejaron los caballos atados en dos árboles para disfrutar de la noche.
Alex lo veía disimuladamente para ver su rostro, estaba como nuevo, se acercó con cuidado hasta tomarlo entre sus manos.
―Quedaste como nuevo –le dijo Alex con una sonrisa.
―Supongo que debo agradecerte.
―Ya lo hiciste –dijo recordando la rosa de la mañana.
Levi veía a Alex ser iluminada por la luna, eso era una visión irreal y hermosa para cualquiera.
―Esto es para ti –dijo Levi sacando de su chaqueta un libro.
Alex lo vio sorprendida.
― ¿De dónde lo sacaste?
―Arlert me lo dio, tiene cosas interesantes y supuse que podría interesarte cuenta fantasías sobre el mundo exterior, hay una que tiene encantados a mucho y es uno que se llama "Mar".
Alex escuchaba fascinada eso, solo estaba su problema.
―Me encantaría leerlo, solo está la pequeña complicación de que no podré hacerlo, no sé leer –le contestó Alex avergonzada.
Levi se sorprendió por eso, antes de que pudiera contestar Alex le dijo...
―Nunca aprendí como hacerlo, cuando nos mandábamos notas anónimas Sabrina era la que me ayudaba a escribirlas y me leía las tuyas, la educación para los gitanos estaba prohibida, por eso nunca aprendí.
Las mejillas rojas y su voz como una suave canción era lo que se necesitaba para derretir el frío corazón de Levi, al ver que ella desvió la mirada no se resistió más con delicadeza acuno su rostro entre una mano y le dijo.
―Entonces yo te enseñare…
Alex se sorprendió nuevamente, con las emociones a flor de piel se lanzó a sus brazos dándole un abrazo, se separó momentáneamente para luego plantarle un beso, se separó de inmediato al darse cuenta de lo que hizo.
―Lo siento mucho no sé por qué lo hice es que me emocioné mucho y yo…
Levi la callo con otro beso, era inútil resistirse a las emociones que rodeaban el panorama.
Alex solo podía pensar en que su corazón se saldría de su pecho en cualquier momento, era un hecho aún amaba a Levi, pero no podía decírselo.
Levi la besaba con ternura una parte de su alma le dijo "no lo niegues", pero su parte racional gritaba con fuerza…
"Esto está mal…"
CONTINUARA…
