Incluso así de roto luce como un gladiador, si su espalda se encorva de más es por el peso de una vida que tomó demasiadas experiencias para tan poco tiempo. El corte que se luce en casi todo su rostro es solo la profundidad con la que un soldado lo da todo, y el ojo cansado es la extensión de una agonía que no quiere ser ya vista.

Ser veterano no es una palabra para tomar la ligera, son toneladas de miedo y un gramo de ilusión. Son quinientos kilos de ideales y un miligramo de victoria.

Ciertamente, ve a un un héroe demonizado, agotado y peleando contra algo silencioso, invisible. El peor tipo de enemigo.

Roto por fuera, herida que llega hasta adentro, retorciendo las entrañas de su alma y desmenuzándola con una precisión de cirujano. Mikasa suspira, tan suave que podría ser brisa, pero él la ve, todavía alerta incluso de su sombra.

—No me sigas.

Y se le desgarra el corazón, se le parte la psique en pequeños pedacitos, se traga las palabras de lo que parece toda una vida. No se le dice te amo a un capitán, no se le pide un futuro a alguien que ya es más un cadáver que una persona. Puede ver la fecha de caducidad sobre su cabeza, la rendición en el acero de sus ojos. Ha numeros en rojo y el minutero solo sabe de segundos. Ve sus manos apretadas, tan fuerte que piensa que ojalá así se aferrara a su vida, al potencial que corre entre ellos como plomo fundido.

—No lo haré.

—No lo desees tampoco, no vas a estar sola por mucho tiempo.

Grises se mezclan, apellidos gemelos chocando en una contradicción filosa, y se clava, como el cuchillo con el que mató a la primera persona en su infancia. Es profundo y corrosivo, se desliza fácil.

Está roto, pudriéndose como Armin, al igual que Eren, todos van cerrar sus ojos pronto, reyes caen, soldados quedan. Quien duerme no se preocupa de quién se queda despierto, y no puede pensar en una forma más cruel de quedar vivo. Respirar aquí, entre artefactos de guerra con un corazón latiendo es tortura para el alma.

¿Sin estar sola por mucho tiempo? Podría morir ahora en cinco minutos, incluso en cincuenta y sigue siendo lo mismo, si es que todo sale bien es para unos pocos. Si sigue sobre sus pies con personas a su alrededor que se casen o tenga una familia va a saber lo que es respirar pero necesitará una lápida de todas las formas. La soledad es muerte, y el tiempo es ansiedad, que la come desde adentro, un pequeño titán rebanando su cerebro, repitiendo "van a morir, van a morir", haciéndole saber que su poder es una maldición que la va a dejar vivir en un mundo desolado. Y el silencio, el maldito silencio de las palabras que no puede decir, el hombre que ama en la penumbra de una habitación maltrecha, marchitándose como una flor.

El mundo sigue siendo cruel como creyó antaño, pero definitivamente perdió su belleza en alguna parte del camino, la desesperación va por su torrente sanguíneo como un enemigo silencioso y se transforma en adrenalina directa a su sistema. ¿Y si lo sacude? ¿Y si lo golpea y le grita "vive" ? ¿Y si ...?

No existe, Levi Ackerman ciertamente no es su sangre, pero es un espejo, una decisión y testarudez inquebrantable, músculos y músculos de determinación. Hay una sentencia.

Él se levanta, aún encorvado, con tantas palabras no dichas grabadas en la retina de sus ojos, tantas promesas no formuladas, tanta impotencia controlada. Su serenidad solo la vuelve inestable, ese control férreo de sus sentimientos le da una ira apenas contenida, es veneno en la punta de su lengua, discusiones en la puerta de su casa y gritos amargos en su garganta. Traga todo, traga su voz, el sentimiento que se desliza por sus poros y todo lo que la hace humana.

Mikasa es una linda estatua asiática en la esquina de la habitación, todo soldado y sangre en la ropa. Hay lágrimas detrás de sus retinas, que esperan a que llueva para ser limpiadas. Respira, olvida la mecánica detrás de eso, el pánico desconfigura su cerebro y mira, mira y vuelve a mirar.

¿Así se va a ir? ¿Es esta conversación la que va a recordar cuando visite su tumba? ¿Habrá un cuerpo que velar? ¿Podrá al menos matar al titán oa la persona que acabe con él?

¿Cuando un Dios cae? ¿Porque el hombre más fuerte de la humanidad es una hormiga ahora?

—Levi.— Su voz no es víctima de las dudas allí en la habitación roja, sus piernas cuando se levanta no refleja la tormenta en su pulso. Y no dice nada más, espera y espera, aguarda a una persona que no se arrepienta de sus decisiones, espera lo más sabio, lo necesario.

-Te amo.

Es un susurro. Parece una rosa saliendo de una caverna oscura, y es elixir, euforia, martirio, lo toma como náufrago a un salvavidas y se aferra con todo lo que es y lo que nunca más va a ser. Ve su espalda, erguida, marchando sin esperar respuesta, con la resolución de un animal enjaulado en la última etapa de caza, dando todo el resto.

Ahí se va Levi Ackerman, el humano más fuerte de la humanidad, sin agradecimiento ni medallas.

—Yo también te amo.

Se va un hombre, y las posibilidades de lo que él y Mikasa Ackerman podrían haber sido.

No me gustó el final del manga, hubiera preferido que mueran todos y se los cargue el payaso.

No es muy Isayama de su parte, señor Hajime, algunas partes de ese final, sepa disculpar.

Pero no estoy por el odio, estar en el fandom y sus teorías locas fue una buena parte de mi aburrida vida. ¿Ustedes que piensan? intenté no hacer spoiler pero ... bueno a esta altura es imposible.

¿Buenas vibras?

Saludos!