Esta es la revisión de "Mirame" Les recuerdo que esta historia esta escena fue sacada del libro "Pecados paternos" de Jaid Black. En otras palabras, no es mi historia.
Capítulo 3
"Hinata…quiero que seas mia"
Eso había dicho Sasuke Uchiha. No podía creer lo que estaba escuchando. Como se atrevía a pedirle semejante cosa. En otras circunstancias hubiera aceptado ser suya, pero bajo esta coerción y amenaza no estaba dispuesta a ser su… prostituta.
"¿D-Disculpa?" tartamudeó Hinata Hyuga. Sus ojos lavanda se abrieron como platos mientras miraba al hombre que tenía enfrente, sentado ante el lujoso escritorio de roble. Seguramente no había oído bien. Bajo ningún concepto...
"Ya me has oído," murmuró. Su intensa mirada ónix se clavó en la suya con expresión inquietante. "No lo diré dos veces."
Hinata le miró boquiabierta, demasiado aturdida para hablar. No podía creer lo que estaba oyendo, no podía creer que ese hombre, Sasuke Uchiha, estuviese sugiriendo-mejor dicho, exigiendo- semejante cosa. En cualquier otra situación su respuesta habría sido "si". Bajo estas circunstancias su orgullo sólo le permitía decir...
"No." Sacudió la cabeza, tragando bruscamente al mirarlo. "No me utilizarás de esa manera, Uchiha san. No puedo creer que te atrevas siquiera a sugerirlo," susurró. "no te vasta con tener la empresa, y ahora mi pides esto"
Arqueó las cejas, pero, por lo demás, permaneció tranquilo e impasible. Su mirada arrogante recorrió todo su cuerpo de arriba a abajo, desnudándola. Esto era demasiado teniendo en cuenta que había pensado que tendrían un encuentro improvisado, pensó. La manera en que él intentaba dominar la situación no tenía nada de improvisado.
Apretó los dientes con fuerza pensando que el muy bastardo probablemente estaría disfrutando un montón con su incomodidad. ¿Pero, acaso podía culparlo? Si las circunstancias fueran a la inversa, pensó, no sabía como lo trataría.
Sasuke, suspiró. El hombre que había protagonizado sus sueños húmedos finalmente se había fijado en ella como mujer. Tenía 26 años y había esperado mucho, mucho tiempo para que este momento se hiciese realidad. Pero ahora que había llegado, pensó malhumoradamente, tenía que rechazarlo. Se percató de la ironía.
A los 30 estaba quizás aún más guapo que la primera vez que le había puesto la vista encima. Se había enamorado instantáneamente de él, un muchacho súper elegante y sexy, pero no había necesitado una gran experiencia social para darse cuenta de que esta atracción era y sería siempre unilateral.
Los hombres con el aspecto de Sasuke no se conformaban con mujeres como Hinata Hyuga.
Hinata creía que se conservaba bastante bien. Tenía una cara exótica y bonita, los ojos lavanda un poco rasgados en las comisuras, los labios llenos, una sonrisa alegre, cabello largo azul oscuro, y una bonita voz. Pero nunca había sido la mujer mas bella, ni siquiera en sus mejores momentos, podría decir que era... simple.
Si había una cosa que Hinata había aprendido relacionándose desde niña con la crème de la crème de la sociedad, era que los hombres atractivos y poderosos deseaban esposas trofeo, hermosas, altas y esqueléticas. Deseaban mujeres que comieran ensalada y bebieran agua mineral y que se creyesen que eso era una comida-no una mujer que comía filetes y patatas al horno (rebosantes de mantequilla y nata, por supuesto), bebía refrescos con azúcar, y gozaba de todo esto sin el más mínimo remordimiento. Deseaban mujeres con extremidades lo bastante largas como para abarcar el tronco de un árbol no una mujer cuyas piernas eran más cortas que el tocón de un árbol talado.
Suspiró. Estaba claro que nunca sería exquisitamente femenina.
"Haz lo que tengas que hacer," dijo Hinata en voz baja mientras se levantaba de la silla. Sus palmas sudorosas se deslizaron nerviosamente por la parte delantera de sus pantalones de marca mientras sus ojos rehuían su mirada. No sería la prostituta de ningún hombre ni siquiera del único que siempre había deseado realmente. "Y yo haré también lo que tenga que hacer," dijo con más seguridad de la que sentía. "Creo que ahora debo irme."
Hinata caminó hacia la puerta de la oficina, y después se paró a medio camino. Volteó la cabeza, mirándolo por encima del hombro. "Independientemente de lo que decidas hacer" dijo suavemente, "quiero que sepas que estoy y he estado siempre en contra de lo que te hizo mi padre." Le dio la impresión de que su mirada tensa se relajaba levemente pero no podría asegurarlo. "Y no hablo por hablar".
De hecho, ella había sido la principal defensora de Sasuke, aunque le costo muchos reproches y hasta cachetadas por el atrevimiento. Cuando su padre le dio la espalda a su joven protégé, echándolo como si fuese un trasto viejo y estafándolo sólo para ganar un dinero fácil, se murió de vergüenza. Pasaron muchos años antes de que pudiera perdonarlo y relacionarse con él como o padre e hija.
"Adiós, Uchiha," susurró, continuando su camino hacia la puerta. Suspiró. Desearía que las cosas hubieran resultado de otra manera. Y sobretodo desearía haber podido cumplir sus fantasías de ser novia de Sasuke, casarse con él y hacer el amor con el hombre que siempre amó pero no de esta manera, como una prostituta, siendo esto el resultado de un sacrificio por su familia. Pero a los ojos de Sasuke estaba segura, uno de los Hyuga tenía que pagar por los pecados de su padre. Y puesto que su padre perdió la empresa, sólo había una mujer que pudiese pagar por lo cometido años atrás por su querido padre.
Llegó hasta la gran puerta doble de la elegante oficina y se dispuso a abrirla. De repente, una brusca palmada sonó contra la viga de madera justo encima de su cabeza e hizo que se detuviese. Tragó saliva con nerviosismo, al sentir el calor irradiado por el cuerpo enorme que se apretaba contra su espalda. Juraría que estaba excitado. Por ella como mujer o por el poder que ejercía sobre ella o por ambas razones, no sabría decirlo.
"Piensa bien lo que haces, Hina," murmuró. "Tu hermana y tu primo confían en que tomes la mejor decisión para todos."
Se debatió entre la excitación y la cólera. Excitación porque era la primera vez que lo escuchaba llamarla familiarmente "Hina". Cólera porque acababa de dar por hecho que no podía dejar a su hermana sin estudios, ya que ella estaba en el extranjero, y Neji no podía quedar en la calle, además de su propio padre, que no le perdonaría.
"Nejii y Hanabi," dijo con voz agria, "nunca me perdonaría que me dejase utilizar como una cualquiera." Sus fosas nasales se abrieron.
"Ya veo," gruñó Sasuke junto a su oreja. Podía sentir sus ojos intensos e inteligentes taladrando su cráneo. Analizando. Evaluando. Calculando. Eso era lo que mejor se le daba. Ese era el motivo de que, a diferencia del montón de ex-empleados que su padre había engañado, Sasuke Uchiha se las hubiese arreglado para abrirse paso hasta la cima. Ahora ella estaba a su merced.
"Pero ¿qué crees tú que es lo mejor?, querida Hinata." Posó una mano sobre su hombro, frotándolo, acariciándolo. "¿Cuál es la mejor decisión ejecutiva que puedes tomar, la mejor para ti? Tu familia tiene tanto que perder. Es decir," concluyó," puedo enterrar el pasado, así tu familia, corrupta o no, podrá continuar con el ritmo de vida al que se ha acostumbrado."
El cuerpo de Hinata se tensó. "Quieres que sea tu prostituta," dijo en voz baja. "Independientemente de lo que pienses de mi familia, me educaron para algo mejor que eso."
"Eras la niña de papá," murmuró contra su oído. Se apretó más contra ella, su gruesa erección presionando contra su espalda. "No tengo ninguna duda de que Hiashi te educó para que fueses todo lo que él no pudo ser."
Lo que hacía aún más dulce su venganza contra la familia Hyuga, pensó ella sombríamente. A los ojos de Sasuke, ella era dulce e inocente-una auténtica dama de la alta sociedad.
Y, en todos los sentidos de la palabra, un auténtico chivo expiatorio.
Su columna vertebral se tensó. De repente, todo cobró sentido. Súbitamente, entendió por qué un hombre que lo tenía todo, un hombre que podría poseer a cualquier mujer que se le antojase, quería tenerla como amante...
Porque ella no era en absoluto como su padre. Y porque tenía la esperanza de que Hiashi Hyuga, el hombre que lo había traicionado se enterase de que Sasuke Uchiha había conseguido convertir a su querida Hinata en el mismo tipo de persona que Hiashi había sido en vida: una vulgar puta que haría cualquier cosa por dinero.
"¿Qué quieres de mí?" masculló. "¿Sexo? ¿Cuántas veces? ¿Y.y.y hasta cuando?" Hinata giró sobre los talones, clavando sus ojos ardientes en los suyos. Con más de metro ochenta de estatura, era casi treinta centímetros más alto que su uno cincuenta y cinco así que tuvo que empujarlo un poco hacia atrás para poder mirarlo a los ojos, pero en ese momento estaba demasiado enfadada como para sentirse intimidada por eso. "¿Cuántas cosas te tendría que aguantar?" escupió.
Sasuke sonrió, un gesto arrogante diseñado para enfurecerla aún más. Y lo consiguió.
"¿Bien?" chilló. "¡Continúa con tus exigencias! No puedo dejar a mi familia en la calle cuando está en mis manos evitarlo y tú lo sabes condenadamente bien. "Dime tan solo qué quieres de mí" gritó con furia, "y lo tendrás."
Él se rio entre dientes y sus intensos ojos azules recorrieron hasta el último rincón de su cuerpo. Su mirada peligrosa se detuvo en sus pechos, memorizando el contorno de sus pezones. "Quiero mucho más de ti que sexo, Hinata," dijo suavemente. Demasiado suavemente. "Lo quiero todo."
Ella tragó con un nudo en la garganta. "¿Que quieres decir exactamente?" dijo casi sin fuerzas. no puedo evitar sentirse excitada. "No estoy de humor para acertijos." Él arqueó las cejas, pero no dijo nada. Metió las manos en los bolsillos de su exclusivo traje italiano y la miró fijamente. "Todo," murmuró, "significa exactamente eso." Su mandíbula se endureció. "El sexo no es suficiente, mi dulce. Ni por asomo es suficiente." Ella se ruborizó, sintiéndose como una tonta pues durante un momento había pensado que Sasuke Uchiha quería acostarse con ella. Qué idea más ridícula, concedió. Se mordió el labio. Podría tener a cualquier mujer que deseara. Ya tenía que estar muy necesitado para tirarse a alguien tan corriente como ella.
"Oh, no pienses que te has librado," gruñó, creyendo que la mirada que le había dirigido era de alivio. "Te hare el amor cuando me dé la gana. Pero el sexo sólo es una mínima parte de tu penitencia, querida."
Vaciló y la preocupación ensombreció sus rasgos de nuevo. "¿Qué quieres decir exactamente?" murmuró. "Ahora sí que no te entiendo."
"Quiero ser tu dueño," dijo simplemente, sin andarse por las ramas. Sus ojos azules se clavaron en los suyos, su expresión de nuevo perturbadora. "Casarme contigo, dejarte preñada, tener todo el control sobre tu cuerpo..."
Sus ojos grises se abrieron de par en par. Era lo último que había esperado oír. ¿Casarse con ella? No necesitaba casarse para asumir el control de la empresa. Con la coyuntura actual, sólo tenía que decirle una palabra al banco y a la junta directiva y la empresa sería toda suya.
"...y Hiashi se enterará que no sólo he tenido éxito colándome en su preciosa compañía sino también en su jodida línea sanguínea."
Hinata lo miró sin comprender, demasiado atontada como para reaccionar. El magnífico plan de Sasuke estaba más allá de cualquier cosa que ella se hubiese podido imaginar. Estaba más allá, lo sobrepasaba y se adentraba en el puro surrealismo.
"¿Estás loco?" susurró. "No puedes desear realmente casarte conmigo. ¿Por que ibas a condenarnos a ambos a una eternidad de..."
"El momento de las preguntas y las respuestas ha terminado," anunció con arrogancia, una ceja oscura levantada. "Tienes dos opciones, querida. Sé de mi propiedad y yo dejaré en paz a tu familia o rechaza la oportunidad que te estoy ofreciendo de salvarlos y perderás todo en el proceso. Eres tú quien tiene que tomar la decisión." Su mirada chocó con sus pechos, luego retrocedió hasta su cara. "Tómala y hazlo rápido."
Parpadeó, incapaz de formular un pensamiento coherente y aún menos de tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre. "¿Por qué hablas de propiedad?" dijo débilmente. "El matrimonio no es exactamente propiedad..."
"El mío lo será." El mío. No el nuestro. Había captado perfectamente el uso del posesivo.
Los ojos calculadores de Sasuke bajaron de nuevo, devorando sus pechos, buceando en su sexo cubierto por el pantalón. "Tendremos sexo cuando y como yo quiera. Complacerás cada uno de mis caprichos y vas a satisfacerme." Su cuerpo reaccionó a sus palabras, excitándose en contra de su voluntad. "Me darás tantos hijos como yo te diga. Harás lo que te mande. Nunca mirarás ni tocarás sexualmente a otro hombre... " Sus ojos penetrantes se clavaron en los de Hinata. "Seré tu dueño," murmuró. "Por completo."
Ella tragó con dificultad, los ojos abiertos de par en par.
"Hazme saber tu decisión, Srta. Hyuga." Su mandíbula estaba tensa, la mirada dura. "El tiempo comienza a contar, y ya comienzo a impacientarme. "
