Disclaimer: Candy Candy es propiedad de Keiko Nagita y Yumiko Igarashi.
Advertencias: Un poco de OoC.
.
.
.
.
.
• About the Anthrax Letters of a Rushed Romance •
Capítulo 3
Estaré
Despertó.
Otra mañana más sin Neil. Recordó que ya se había ido. Pero sus cartas todavía estaban con ella. Restregó su mano derecha sobre su rostro, estaba cansada y confundida. Se levantó con pesadez, arrastraba los pies como si fueran de plomo y suspiró un par de veces.
El agua fría del lavabo terminó por despejarle; un escalofrío le recorrió la espalda, su vista se empañó levemente y pasó una toalla por su rostro. Parpadeó hasta que su visión se limpió y volvió a enfocar perfectamente a quien estaba frente al espejo: era ella misma. Su corazón dio un vuelco y se giró, cubriéndose la cara con las manos, le dio la espalda, no podía ser...
Todo había sido tan vívido. El llanto, el dolor, su pérdida... Todavía podía oler el césped húmedo de su tumba. Había leído sus cartas. Le había dicho adiós. No podía ser posible que...
Todo había sido un sueño. El espejo no podía mentir. Así como veces anteriores le había dicho lo cansada que se veía, lo despeinada que lucía, lo fea que se ponía cuando lloraba... Ahora estaba gritando que el tiempo no había pasado. Que lo que había parecido tan real, solo fue una absurda pesadilla.
Y que, al fondo de la habitación, él seguía entre sus sábanas.
Se acercó, con la perplejidad enturbiando sus sentidos, a la extraña visión. No, era mentira, su mente estaba jugándole una mala pasada, no... Allí estaba Neil Leagan. Ese amanecer no se había ido; no se había vestido a tientas en la oscuridad de la madrugada, no se había perdido su sombra en las calles gélidas, no se había ido sin decir adiós. No había muerto... susurró aliviada. Su cuerpo estaba relajado, su respiración era suave y sus facciones decían que no podía estar mejor.
Se sentó a su lado, incapaz de dejar de verlo, acarició con pesar su rostro. Tan sereno, tan cálido. Tan
diferente del que había aparecido en su sueño. Retiró con dedos temblorosos los mechones que cubrían su frente. Cubrió la desnudez de su torso con las frazadas. Él pareció sonreír ante el suave roce.
Todo estaba en orden, en su sitio. La única fuera de órbita era ella.
¿Qué había sido esa pesadilla entonces? ¿Un aviso? ¿Una premonición? ¿Una oportunidad?
Sus pensamientos fueron rotos cuando una mano cálida cayó en su regazo, atrapando una de las suyas. Se asustó un poco ante la repentina acción. Bajó su mirada y chocó con el rostro adormilado de Neil. Intentó disimular su desconcierto, su pesar, la incertidumbre. Sus labios se entreabrieron, pero no salió ningún sonido. "Buenos días", intentó decir. Qué bien que ya despertaste. Él pareció apretar más fuerte su mano. ¿Quieres desayunar? Llevó la mano temblorosa a sus labios y la besó. Ya deberías irte. Se le quedó viendo extrañado. ¿Por qué te quedaste? El joven se levantó del lecho hasta quedar a la altura de la rubia. Te quiero.
—Candy... —susurró en voz queda.
Ella siguió sin responder. Su boca esbozó una mueca triste parecida a una sonrisa. La habitación estaba en silencio absoluto. Ninguno de los dos decía nada. Una ensordecedora ausencia de sonido. Su mirada castaña pesaba más que nunca. Incrustada en sus facciones, la cuestionaba, le retaba. No podía soportarlo.
Repentinamente, perdió el aliento. Había sido atrapada entre sus fuertes brazos. Ahora reposaba en el hueco de su cuello. Su pecho se movía suavemente contra el suyo, poco a poco sentía que la calma volvía a sus sentidos. Una oleada de alivio le inundó el corazón. La sangre parecía regresarle al cuerpo. Sonrió entre gruesas lágrimas. Le abrazó con las fuerzas que le quedaban. Se aferró a él como si la vida se le fuera en ello.
Ese día no fue a trabajar. Escudó su acción tras una excusa vaga. Sabía lo molestos que estarían del otro lado de la línea telefónica. No le importó. Necesitaban arreglar la extraña situación entre ellos.
—¿Qué tienes, Candy? —sus brazos estaban rodeándola de nuevo.
Ella suspiró. Abrió la boca, sin embargo, su garganta ardía de dolor y ningún sonido salió. Volvió a suspirar, engullendo el pesar que le abrasaba el pecho. Tratando de ser fuerte como otras tantas veces en el pasado. Gruesas lágrimas comenzaron a asomarse por sus ojos verdes y ella, apurada, trató de limpiarse el compungido rostro.
Leagan soltó una risotada. Lo cual asustó a Candy y, después, despertó su furia.
—¿Qué te parece tan gracioso? —lo empujó levemente, tratando de zafarse de su agarre, provocando mayor risa en el joven moreno.
Con una mano cálida y pesada, desordenó los rubios rizos y despejó la frente femenina de cabellos y mechones rebeldes. Con suavidad y parsimonia, depositó un beso. Dejando estática a la chica y un tanto sorprendida.
—Estaré. Estaré cuanto me necesites —murmuró a su oído, aunque parecía que lo había exclamado al vacío.
Un débil sollozo se dejó oír. Ninguno soltó el férreo abrazo que los unía más que nunca; sin necesidad de desgarrarse la ropa, ni siquiera de verse directamente a los ojos. Sólo estaban un par de corazones latiendo bajo una misma intensidad.
—No siempre tienes que soportarlo todo sola, Candy. Para eso, y más, quiero estar a tu lado. Creo que todos estos años, aún con todo en mi contra, he tratado de demostrártelo.
Sonrió amargamente la chica. Ella siempre haciéndolo a un lado, casi huyendo de él. Habían pasado los años, pero seguía recelosa de Neil. El odio ya se había desvanecido ante el primer beso. Sin embargo se dio cuenta que, en su manera de tratarlo, manifestaba que continuaba temiéndole; como si su inconsciente siguiera creyendo que en cualquier momento podría hacerle daño.
—Gracias. Por todo —susurró entre el bochorno y una dulce felicidad que le inundó súbitamente.
—Chica de Pony, perdóname. —la voz masculina se enronqueció aún más. Parecía que, a él también, comenzaba a dificultársele el hablar—. Si necesitas escucharlo de nuevo, lo siento. Lamento profundamente haber hecho tus días miserables. Por eso, estaré para remediar mis actos; para volver cada amanecer y anochecer inolvidable para ti.
Sus promesas sonaban a música y su calidez le tranquilizaba.
—Si hubieses leído la última carta, ya lo sabrías —añadió con un toque de malicia, pero también sonaba herido.
Un pinchazo de culpabilidad llegó al corazón de Candy. A su mente, volvieron los recuerdos de su espantoso sueño. No podía dejar que pasara de nuevo, pensó arrepentida. Se soltó en un descuido de su amante y salió velozmente hacia su mesa de noche. Sacudió los cajones, lanzó papeles y otras baratijas al aire, todo enfrente del estupefacto pero sonriente Leagan. Después de escarbar lo suficiente, encontró esa última carta.
Victoriosa, se levantó y fue a abrirlo ante los ojos ámbar que la miraban burlonamente. Casi lo hacía como retando al hombre, que estaba frente suyo, con la mayor mueca de adoración que había visto en un rostro. Ruborizada, se concentró en abrir el sobre. Con manos temblorosas y mirada perdida, se decidió a leer finalmente una misiva de Neil.
Saludos cordiales, Candy White:
Espero tengas un buen día, tarde o noche. Aunque, lastimosamente, sé que no has tocado siquiera los mensajes que te he dejado. Y que no tienes idea de mis buenos deseos hacia tu persona. He probado con soltar frases que solía decirte, con el mejor de mis cariños. cuando éramos niños. Si hubieses leído siquiera una de ellas, ya me habrías reclamado. O te hubieras reído, leyendo hasta el final, cuando me disculpaba y desbordaba cientos de dulces palabras que no expresan sino el amor que te tengo.
Oh, mi pequeña huérfana. Oh, escandalosa niña de Pony. Oh, Candy. ¡Cuánto has llegado a mi amargo corazón!
No sé si algún día llegues a comprender hasta donde está tu memoria en mi alma. De lo mucho que anhelo llegar ante ti y resguardarme del frío mundo entre tus cálidos brazos. De dormir en tu pecho, ya sea desnudo o con el más lujoso atuendo. De besar cada rincón de tu cuerpo de manera infinita. De que tus labios susurren lo mismo que los míos en el éxtasis de nuestros encuentros. Todavía me encuentro incrédulo de que me hayas aceptado tanto en tu vida, en tu cama y en tu corazón.
Disculpa si mis palabras anteriores son osadas, y/o desvergonzadas, que incluso puedan parecerte obscenas. Esa es mi última intención. ¡Oh, si supieras cuanto me cuesta escribir esto!; sin embargo mi duro vocabulario, como hombre y como Leagan, no encuentra mejores palabras para expresar lo tanto que te quiero.
Te he notado últimamente perdida en tus pensamientos. Sufro al pensar que te vas alejando cada vez más de mí. Que llegues a pensar que todo ha sido un error y que sería ideal no volver a cruzar nuestros caminos. Apenas si duermo con semejantes temores ahogándome. Pero vuelvo a ti y todo pesar desaparece.
Quiero que sea así por siempre. Que nada en el mundo sea tan atroz como para no olvidarlo entre tus besos. Quiero borrar todo mal recuerdo mío de tu memoria y que, al pensar en mí, te sientas dichosa. Que entre los dos, seamos fuertes y débiles cuando lo necesitemos.
Te escribo esta carta para darme valor.
Para pedirte que estés a mi lado hasta el último de mis días.
Para preguntarte si así lo deseas. Si, algún día, incluso quieras que unamos nuestras vidas bajo el matrimonio.
Sinceramente tuyo, Neil Leagan.
Parpadeó incrédula.
Fijó sus ojos verdes en los Neil. Lentamente, se acercó a él y le lanzó el papel a la cara. El varón se exaltó ante lo extraño de sus actos; sorprendido, no esperó el que la joven se colgara de su cuello y le recriminara entre murmullos histéricos.
—¡Eres un cobarde! ¡Sigues siendo el niño pusilánime que conocí! ¡Mira que decir estas cosas en una carta!
—¡Candy, es que yo...! —balbuceó confundido.
La rubia le cortó las excusas besándole con todas sus fuerzas. Él respondió de la misma manera.
Cobarde... Y no sólo él. También ella lo había sido, debía reconocer. Sin embargo, eran un par de cobardes que, armándose de valor, estarían juntos en lo que el destino les deparara.
.
.
.
.
To be continued...
N/A:
Yo tampoco estaba del todo conforme con matar al pobre Neil, jaja. Todavía no estoy preparada para escribir finales tan crudos y tristes. Así que aquí está la ansiada reunión de los amantes. Así como una de las cartas que leyó Candy en ese funeral de pesadilla. Uno o dos capítulos más darán el cierre, o eso creo.
Muchas gracias por sus comentarios, espero les guste este nuevo capítulo.
See you around...~
