Disclaimer: Helluva Boss es creación de Vivziepop. "Swear Not By the Moon" es creación de TalosLives. Por favor apoya la obra original.


El trabajo de la nobleza infernal nunca terminaba, como le decía a menudo el padre de Stolas antes de fallecer hace unos dos mil años.

Muchas veces realmente echaba de menos a su padre y su madre mientras vivía con su supuesta esposa durante los años siguientes. Las cosas solo mejoraron un poco cuando nació Octavia, pero ahora su pequeña estrellita de fuego estaba en la universidad, creciendo para encontrar su lugar en el mundo; Ella lo visitaba o llamaba cuando podía, pero él extrañaba los días en que era más joven y se colaba en su despacho para jugar un rato, a veces una fiesta de té, otras veces era fingir que eran héroes en una búsqueda para derrotar a un villano, pero muchas veces era simplemente leerle un cuento o cantarle una canción... Sin ella, tristemente la vida era muy aburrida y solitaria.

Para Stolas era triste admitirlo, pero no tenía muchos amigos, salvo los que empleaba. La mayoría de sus amigos de infancia se habían convertido en unos completos snobs ahora que habían heredado los títulos y riqueza de sus padres; Otros no eran más que falsas amistades que se suponía que debían caerle bien por compartir su condición de noble... A decir verdad, eran más amigos de Stella que de él.

Hizo una mueca de dolor al pensar en su esposa y su actual amante, a cuatro pisos encima de él, revolcándose en su cama. Como la mayoría de los nobles, Stolas se tuvo que comprometer con una mujer a la que nunca había conocido ni sabía que existía, pero le habían dicho que estaría a su lado de por vida. Stolas esperaba que ese matrimonio fuera como el de sus padres, que con el tiempo llegaron a amarse a pesar de haber sido algo concertado... Lamentablemente, había dos problemas con el suyo: En primera, Stella era fría, indiferente y egoísta hasta el punto de que sólo le importaba su imagen más que cualquier otra cosa. Y en segundo lugar, Stolas no tardó en darse cuenta de que era gay al poco tiempo de casarse.

Por mucho que lo intentara, no conseguía "cumplir con su deber" para con Stella, salvo en algunas ocasiones en las que necesitaba una o dos pociones para que se le parara y estuviera listo; Por eso tardaron tanto en tener un hijo cuando todos los demás de su edad habían llenado sus casas hasta el topes con hijos e hijas... A decir verdad, a Stella no le importaba él, sólo su título y su riqueza, y le engañaba regularmente desde los primeros años de su matrimonio. Así que Stolas le pagaba con la misma moneda con varios hombres para lidiar con su soledad y así fastidiarla.

― ¿Señor?― Una voz alertó a Stolas desde su escritorio de que tenía compañía: Un envejecido búho gris demoníaco ataviado con traje de mayordomo con un preciado alfiler con una luna plateada con dos plumas a los lados, no tardó en entrar en la habitación con una pila de papeles. ― . He encontrado los informes financieros del primer trimestre del año pasado para que los compare, tal y como me pidió.

―Oh, por favor ponlos a un lado, Reginald.―replicó Stolas señalando uno de los pocos espacios libres en su escritorio. La temporada de impuestos estaba encima, y esto le obligaba a asegurarse de que sus súbditos y siervos le dieran lo que les correspondía, al tiempo que se aseguraba de pagar su parte justa de impuestos a la Familia Real del Infierno. ―. Estoy a punto de terminar aquí. Quiero comparar rápidamente los ingresos del año pasado con los de este año para ver qué ha cambiado. Hemos estado recibiendo una gran cantidad de nuevos residentes en la zona con cómo van las cosas en las diversas guerras territoriales.

―Menos mal que no nos involucramos en ello, señor.―señaló Reginald mientras dejaba la pila de papeles. ―. Creo que la última vez que tuvimos que lidiar con uno fue hace seiscientos años.

―Sí, el conde Malthus estaba de un humor muy sanguinario ese año.―dijo Stolas recordando las brutales batallas de ese siglo. ―. El maldito bastardo no se rindió hasta que le rebané las dos alas y le golpeé la pierna izquierda con una maldición que hervía la sangre. Por no hablar de que tardé días en acabar con esos rumores de que yo había muerto en el campo de batalla.

―Lady Stella organizaba una gran fiesta cuando se supo que estaba vivo.―dijo Reginald con tono divertido.

― ¿Fue antes o después del gran funeral que celebró para insinuarle al duque Dantalian que estaba soltera de nuevo?―inquirió Stolas secamente antes de frotarse la cabeza. ―...Maldigo el día en que mis padres me obligaron a casarme con esa mujer.

―Para ser justos, señor, ella tampoco disfruta de estar casada con usted.―Le señaló Reginald mientras se dirigía a uno de los muchos retratos que había en su despacho. Uno que los mostraba a él y a su esposa posando para el pintor, pero sin tomarse de la mano. De hecho no se tocaron en ningún cuadro ni una sola vez, salvo en los que aparecían con su hija.

― ¿Crees que no lo sé? Sigue hablando de la desgracia que soy para el nombre familiar de los Goetia mientras hace poco para avanzar en el campo político como entrar en el Parlamento o en el Ejército; Ignorando el hecho de que ya tengo un trabajo importante que hacer, por órdenes de la Corona Real, me conformo con lo que tengo y no necesito ni más ni menos.―afirmó Stolas pero también negando con la cabeza. ―...Pero nunca es suficiente con algunas personas. Y con Stella, nunca es suficiente a menos que sea la Reina de los Cielos.

Una cosa que Stolas envidiaba de los plebeyos era su capacidad para divorciarse de sus parejas. A menos que el cónyuge hubiera cometido un crimen grave que lo justificara, el divorcio sólo se era concedido a los nobles si se obtenía la aprobación tanto de la Iglesia de Satán como de la autoridad de Lucifer.

Algunos intentaban matar a sus maridos o esposas, pero Stolas nunca le haría eso a Stella. No porque le importara su bienestar. Honestamente, ella podría ser exterminada y Stolas no derramaría ni una lágrima... Principalmente era porque no quería que Octavia sufriera la pérdida de una madre como le pasó a él. A pesar de que Stella mostraba poco o ningún afecto por su hija, Octavia nunca dejó de intentar conseguir la aprobación y el amor de su madre desde que era una niña.

Cuando Stella descubrió que Stolas la había engañado con Blitzø, Octavia se enteró de la ruptura de su relación e inicialmente le culpó de todo poniéndose del lado de su madre. Sólo después de explicárselo todo comprendió que el verdadero enfado de Stella no era que la engañara, sino que la engañara con un diablillo, de todas las criaturas. Octavia estaba furiosa por eso y dejó de hablar con su madre durante un tiempo hasta que se dio cuenta de que no hacía nada y siguió acercándose a Stolas. Aun así, sabía en su corazón que su hija solo quería que su madre la quisiera como él ya la quería... Realmente dice mucho cuando alguien como Blitzø era mejor padre que incluso Stella.

"Oh, Blitzy. No me importa que seas un diablillo. Eres la única que deseo en el fondo de mi corazón." pensó Stolas con una cálida sonrisa.

El diablillo le había cautivado desde que se coló por primera vez en una de las fiestas que organizaba Stolas. Blitzø había sido contratado como entretenimiento, y Stolas encontró su acto burdo pero también divertido... Sin embargo, lo que realmente le interesaba del diablillo era lo poco que le importaba su estatus. A sus ojos, un noble no era diferente de un demonio ordinario de la calle. Para la mayoría de los demonios de clase alta, algo así era impensable... Para Stolas, eso era suficiente para despertar su interés por concertar una reunión privada.

Allí, él vio lo libre que era Blitzø con su vida y el control que tenía sobre ella. Tenía su propia empresa, luchaba por cada batalla mientras se ganaba la vida, y vivía la vida al máximo y sin remordimientos... Todo lo contrario a todo lo que tenía Stolas en su vida. Blitzø parecía tan feliz y contento con todo lo que les rodeaba,algo que Stolas le envidiaba más que nada. El príncipe se sentía como un pájaro en una jaula dorada y que cantaba cuando se le ordenara, mientras que Blitzø era un lobo que corría por los bosques y aullaba en la noche cuando quería. Su pasión y empuje pronto hicieron que Stolas sintiera algo que nunca antes había sentido: deseo.

Esa fue la primera vez que follaron, y fue una chispa que dentro de Stolas resucitó una nueva vida en él. Algo así no había sucedido, salvo cuando nació Octavia. A pesar de que Blitzø le había robado su grimorio mágico para utilizarlo en sus negocios, a Stolas sólo le pareció divertido y le hacía que le atrajera más el atrevido diablillo; Por lo que le dejó quedarse con el libro a cambio de sus servicios en la cama. Al principio, Stolas pensó que sólo sería un medio para conseguir un buen polvo que su mujer le negaba, pero cuanto más tiempo pasaba con Blitzø, más empezaba a enamorarse de ese diablillo... Sabía que Blitzø no era perfecto, Stolas no era ciego a sus defectos, pero seguía habiendo algo en él, en el fondo, que Stolas deseaba tener más que nada.

Hablando del susodicho, sonó en el bolsillo de Stolas una conocida melodía comercial de una determinada empresa de asesinatos. Rápido como él solo, Stolas cogió su móvil y se lo acercó a la cara con alegría. ― ¡Blitz, qué bien que hayas llamado!

"Uh, sí. Hola, Stolas. Escucha, um, si este es un mal momento..."

― ¡No, no!―se apresuró a decir Stolas agitando el brazo mientras se apoyaba en su silla. ―. No estaba haciendo gran cosa. ¿Y tú? ¿Cómo estás?

"Oh, estoy bien. Tampoco tan ocupado... um... escucha... me enteré de que mi agenda estará libre... dentro de cinco días y por eso me preguntaba... si querías hacer algo. Quiero decir, no tengo nada que hacer, y pensé que también podría... hacer algo contigo para que dejes de mandarme mensajes cada seis segundos y todo eso".

Dentro de cinco días... espera un momento... Stolas sintió que sus mejillas se calentaban mientras su corazón daba un vuelco antes de revolotear en el aire. Una sonrisa cómplice se extendió de oreja a oreja mientras preguntaba: ― ¿...Blitzy? Ese día es San Valentín. ¿Me estás invitando a salir el día de San Valentín?

"¿Qué? ¡¿Lo es?! ¡Mira que no tenía ni idea, qué extraña coincidencia!"―exclamó Blitzø mientras hacía lo posible por fingir su asombro, pero Stolas no era tonto. ―. "Bueno, supongo que no importa. No es una cita, ojo, sólo dos... eh, asociados que se encuentran."

―Blitz, no necesitas fingir. Estoy feliz de tener una cita contigo.―sonrió Stolas con un suspiro y una mirada soñadora hacia el techo. La idea de él y Blitzø juntos y solos en la época más romántica del año... Romance apasionado y emociones desgarradoras ardiendo en su interior. Por no hablar de sentir esa cálida, gruesa y roja verga caliente penetrando en su culo una y otra vez mientras gritaba el nombre de su amante a los altos cielos. "...Dios, me voy a correr si no me calmo."

"No es un... ¡Uf, esta bien! ¡Pero nada pervertido! ¡Y nada de sexo! Además, espero que esto lo pagues tú en su totalidad, así que haz la planificación que quieras". ―le dijo Blitzø en la otra línea. ―. "Me tengo que ir. No hables con nadie de esto en público o en Internet!"

La llamada terminó antes de que Stolas pudiera decir algo, pero no le importó. Tenía una cita con Blitzø. ¡En el día de San Valentín! Si no fuera porque estaba en el Infierno, Stolas habría estado seguro de estar en el Cielo. El príncipe búho se levantó y se dirigió a Reginald con la mayor de las sonrisas: ― ¡Reginald! ¡Cancela todos mis planes de esta semana! Tengo que planificar mi cita con Blitz.

―Señor, ¿puedo decir algo?―preguntó Reginald, llamando la atención de su amo.―. Normalmente no diría nada acerca de esto, pero tal vez debería ver esta cita de una manera un poco diferente.

― ¿Hmm? ¿Qué quieres decir?―Le preguntó Stolas.

―Señor, sea sincero conmigo. ¿Realmente le gusta?―preguntó el mayordomo y obtuvo un asentimiento como respuesta. ―. Ahora, ¿cree que le gusta de la misma manera?

―Bueno... supongo que no del todo.―musitó Stolas, frotándose la nuca. No era estúpido. Sabía que Blitzo no sentía lo mismo que él sobre su relación, y Stolas admitiría que parte de eso era culpa suya. Se había obsesionado con Blitzo y su cuerpo de una manera que había asustado al diablillo más de una vez. ―. Tenía la esperanza de conquistarlo.

―Señor, si puedo atreverme a afirmarlo, conozco al señor Blitz desde hace unos dos años, desde que comenzó este asunto. Aunque tiene cualidades que admiro y que me desagradan al mismo tiempo, puedo decir que no siempre se siente muy cómodo con usted. Sin duda cree que lo único por lo que le gusta es por su capacidad de hacerle sentir bien en la cama.―afirmó Reginald sin tapujos.

― ¡Pero eso no es cierto!―exclamó Stolas asustado. ―. ¡Le he invitado a salir por toda la ciudad, el palacio, e incluso fuera de ambos! Quería que se divirtiera y... bueno... encantarlo.

― ¿Y ha funcionado?―inquirió Reginald con las cejas alzadas. ―. Porque la verdad es que el señor Blitz sólo viene cuando usted lo llama. Normalmente en esas salidas, le soborna con la excusa de que necesita un guardaespaldas o cualquier otra cosa para que él acceda... Esta es la primera vez que le llama para algo, y esto demuestra que, en el fondo, puede que sienta algo por usted, pero obviamente, se lo está guardando para si.

― ¡¿Entonces qué hago?! Si lo que dices es cierto, ¡no puedo desperdiciar esta oportunidad!―exclamó Stolas.

Reginald sonrió y se inclinó. ―Sólo escuche lo que tengo que decir, y me aseguraré de que Blitz y usted tengan la oportunidad de convertirse en lo que sueña, señor.

Stolas asintió y se sentó mientras Reginald comenzaba a hablar.

...

"¿Qué carajo estás haciendo, Blitzø? ¿Por qué tienes una cita con este tipo?" se preguntó Blitzø por enésima vez mientras se ponía la corbata roja.

Llevaba unos días intentando olvidar el día de San Valentín hasta que ayer Stolas le envió un traje azul oscuro de fabricación italiana para que se lo pusiera en su cita. Se aseguró de que ninguno de los otros lo viera y se sintió aliviado cuando Loona salió de casa antes de tiempo para ir a su cita con ese chico con el que estaba saliendo.

Suspirando, Blitzø se miró por última vez en el espejo. Se había asegurado de cepillarse los dientes, cortarse las garras, limarse sus cuernos, e incluso se bañó dos veces. Normalmente, a Blitzø no le habrían importado esas cosas, sobre todo en comparación con todas las otras veces que Stolas le había pedido compañía... El caso es que ninguna de esas otras ocasiones era una cita real, al menos a los ojos de Blitzø, solo era pasar el rato.

Sin duda, Stolas los llevaría a algún lugar elegante en el Infierno, así que Blitzø decidió hacer lo posible por no avergonzarlos. Una alerta de un mensaje de texto en su teléfono alertó al diablillo, y lo abrió para leer: "El portal estará listo cuando tú lo estés."

Blitzø fue rápidamente a buscar el libro mágico que estaba sobre la mesa, recordando que Stolas quería que lo trajera por alguna razón, y rápidamente le envió un mensaje de texto indicando que estaba listo. Vio como un portal se abrió pronto en el salón de Blitzø, donde vio a Reginald al otro lado asintiendo con un saludo. Suspirando, Blitzø decidió acabar con esto y atravesó el portal para acabar en el salón de Stolas.

Reginald ya tenía un vaso de whisky para que Blitzø lo tomara mientras el mayordomo búho sonreía. ―Veo que ha recibido el regalo del amo Stolas. Tiene usted un muy buen aspecto, señor Blitz.

―Sí, bueno, se lo devolveré cuando termine esta tonta cita.―murmuró Blitzø mientras se bebía su vaso de un trago y se lo entregaba al mayordomo. ―. Que no tenga mi propio traje de un millón de dólares no significa que me interese la caridad.

―En realidad señor Blitz, creo que es costumbre que las citas se den un regalo para que su pareja lo conserve permanentemente. Como tal, el traje es para que usted lo conserve como un regalo, no como caridad.―afirmó Reginald.

Blitzø se mordió el labio y trató de pensar si eso era un resquicio suficiente para que su orgullo lo ignorara. Al final, decidió mandarlo a la mierda y aceptarlo sin más. ―Eh, está bien, no es mi dinero. Entonces, ¿dónde está el gran pájaro? ¿Tiene los pies fríos?

―Estoy aquí, cariño.―dijo Stolas mientras entraba en la habitación.

Los ojos de Blitzø se abrieron de par en par al ver lo que llevaba Stolas. Era un embriagador traje blanco que a Blitzø le recordaba a la nieve cuando él y su equipo tenían que adentrarse en el mundo humano para realizar un trabajo. Tenía un aspecto tan suave y terso que era difícil saber si se debía a un buen planchado o a que lo habían confeccionado en un solo día. Una camisa plateada con perlas en un extremo brillaba como diamantes al igual que los cordones del chaleco y los pantalones blancos tenían adornos dorados con varios diseños que resultaban bastante llamativos.

―¿Te gusta?

―Yo... guau...―tuvo que admitir Blitzø, le quedaba bastante bien el traje. Tenía las curvas justas con su cuerpo y el blanco iba bien con las plumas de Stolas. ―. Ahora me siento mal vestido.

―Bueno, quería regalarte algo parecido, pero creo que algunos demonios sospecharían si llevaras ropa similar a la de la realeza.―respondió Stolas mientras se acercaba y colocaba su cálida mano en el hombro de un sonrojado Blitzø. ―. El traje que te regalé, espero, te queda bastante bien a pesar de todo. Va bien con tus ojos, Blitz.

―Gracias, supongo.―respondió Blitzo antes de aclararse la garganta. ―Entonces, tal y como prometiste: Nada perverso y nada de sexo después de esta cita, ¿cierto?

―Por supuesto. Palabra de honor de demonio.―afirmó Stolas colocando sus garras sobre el corazón e inclinándose. ―...Sin embargo, prometo darte la mejor noche que hayas tenido.

―Bueno, supongo que será mejor que nos pongamos en marcha. Entonces, ¿a dónde vamos? ¿Imp City? ¿Ciudad Pentagrama? ¿La Capital?

―Montecarlo (1).

―Nunca he oído hablar de allí. ¿En qué Círculo está eso?―preguntó Blitzø ladeando la cabeza.

Stolas soltó una risita antes de sacudir la cabeza. ―No está en el Infierno, Blitzy: Es en la Tierra.

Eso hizo que los ojos de Blitzø se abrieran como platos. ―Espera, ¿la Tierra? ¡¿Tendremos una cita en la Tierra?!

―Por supuesto.―dijo Stolas con una sonrisa. ―. He utilizado el libro muchas veces para llevarme a mi y a mi familia de vacaciones y eventos en la Tierra. De hecho, tengo algunos lugares a los que iremos para nuestra cita, gracias a mi magia: Montecarlo, Londres y finalmente París.―Luego miró a Blitzø con una sonrisa divertida. ―. ¡No me digas que nunca has planteado usar el libro por placer que sólo por trabajo!

―B-bueno...―Blitzø titubeó y se luego se frotó las manos. ―. Yo... yo... no puedo convertirme en humano. Ninguno de nosotros puede, excepto Loona.

―Oh, es cierto: Los diablillos no son tan poderosos como para hacer algo así.―reflexionó Stolas frotándose la barbilla antes de encogerse de hombros. ―. No importa, se soluciona fácil.

Chasqueó los dedos y Blitzø se sintió raro. Miró hacia abajo y jadeó cuando todo su cuerpo empezó a brillar en azul y rojo antes de que un remolino de energía lo envolviera en un manto de magia, luego este desapareció tan pronto como llegó, y Blitzø no se sintió diferente de lo habitual... pero eso cambió al ver sus manos humanas, ahora blancas. Se apresuró a acercarse a un espejo cercano en la pared y jadeó al ver que todo su cuerpo era ahora humano: Su rostro tenía una forma similar, salvo por la nariz, ojos de tamaño normal, la barbilla musculosa y el pelo negro con dos mechones blancos a los lados que simbolizaban sus ahora ausentes cuernos. Sus ojos habían cambiado de su habitual color amarillo y rojo a un iris amarillo, y se miró el trasero para notar que no tenía cola a pesar de seguir sintiéndola.

―Woah, esto se siente raro.―repuso Blitzø levantando la mano y agitándola frente al espejo. ―. ¿Los humanos encuentran esto atractivo?

―Confía en mí, las damas se quedarán boquiabiertas al vernos.―contestó Stolas colocándose detrás de Blitzø, quien al principio se asustó porque la figura en el espejo no se parecía en nada al demonio búho... Pero pronto se relajó al sentir ese toque familiar sobre sus hombros. Stolas había optado por un tono de piel más bronceado para su disfraz de humano, a la vez que había reducido su altura normal pues era mucho más alto que la mayoría de los humanos, por lo que tenía sentido que se encogiera... Aunque seguía siendo más alto que Blitzø, para molestia de este.

Al darse la vuelta, Blitzø miró al sonriente príncipe disfrazado y le pareció que no era tan feo: Tenía la sombra de sus cuatro ojos rojos, una mandíbula muy marcada, una pequeña cicatriz en la mejilla que le daba un aspecto elegante, unos ojos marrones que a Blitzø le recordaban al chocolate, y el pelo gris oscuro recogido en una coleta que le llegaba a los hombros... Parecía honestamente un verdadero príncipe humano de algún país lejano.

Sacando la mano, Stolas se la ofreció a Blitzø antes de guiñar un ojo. ― ¿Nos vamos?

El diablillo disfrazado lo miró durante unos minutos antes de suspirar y esbozar una leve sonrisa. ―Bueno, ¿qué mierda estamos esperando? Vayamos ya.

CONTINUARÁ


Glosario/Notas:

(1) Montecarlo es un barrio del principado de Mónaco, célebre por el famoso Casino de Montecarlo. Desde hace décadas es un lugar de reunión de miembros de la realeza, millonarios y grandes estrellas de cine.