Era una mañana perfecta para empezarla con un poco de música, el sol parecía brillar más que de costumbre, el aire estaba limpio y fresco, el cielo estaba azul y despejado. La chica se levantó de la cama muy animada, se dio una ducha, desayunó y se dirigió a la floristería en donde trabajaba y que, además, le pertenecía a ella y a su familia.
En la entrada se podía leer perfecto el letrero "Dímelo con Flores". Su lema era simple, pero conciso, el lenguaje de las flores puede transmitir cualquier tipo de mensajes, por eso, ella promovía el hecho de regalar flores que dieran el recado correcto a cada persona, así que solía hacerles preguntas a sus clientes para ayudarles a escoger las flores ideales.
Dado que era muy jovial y risueña, Ino Yamanaka era realmente feliz en su trabajo, era algo que amaba con su vida, además, le iba muy bien, su tienda era popular entre las parejas, incluso le llamaban para eventos, bodas, cumpleaños, siempre tenía mucho trabajo, por eso, hasta tenía un par de ayudantes.
—Señorita Yamanaka —le llamó una de ellas, una mujer de aparente avanzada edad, la cual llevaba puesto un uniforme alusivo a la tienda—. Acaban de reservar un pedido para una fiesta, dicen que vendrán a recogerlo más tarde.
—Dame los detalles para preparar todo —dijo amablemente la joven. Ella era simplemente preciosa, una mujer alta, rubia y de ojos azules, con una figura espléndida, nadie diría que tenía veintiocho años, cuando parecía de dieciocho.
Se dirigió al mesón en donde solía trabajar, ahí organizaba los pedidos que recibía y luego se dedicaba a armar los arreglos florales junto a sus empleadas. Comenzó a tomar nota de lo que tenía pendiente, cuando el sonido de su celular la distrajo. Al mirar la pantalla, pudo notar que se trataba de su mejor amiga, con quien solía llamarse bastante seguido, pues ella estaba fuera de la ciudad por trabajo.
—Hola, Sakura —contestó, poniendo el altavoz para poder seguir trabajando sin problemas—. ¿Pasa algo? No me digas que ya vas a volver —bromeó, pues su amiga ya llevaba meses fuera.
—De hecho, ya volví —se escuchó del otro lado de la línea, sorprendiendo un poco a la rubia—. Era una sorpresa, estoy en casa, pasaré a verte por la tarde, si te parece.
—¿Es en serio? —cuestionó, aún bastante asombrada, no podía creer que por fin vería a Sakura, después de tanto tiempo de sólo hablar por teléfono y video chat—. ¡Claro! Tengo un pedido en la tarde, pero puedes pasarte después de eso, podríamos salir para celebrar que ya llegaste, anda, no me digas que no.
Se escuchó a la chica suspirar del otro lado, parecía agotada.
—Sabes que odio salir, ¿no? Pero está bien, te lo debo —contestó la mujer—. ¡Te veo en la tarde!
—Hasta luego, frentezota —bromeó la Yamanaka, sabiendo que su mejor amiga odiaba aquel apodo, pero como colgó la llamada, ésta no tuvo tiempo de protestar.
Ino decidió concentrarse en el trabajo por el resto del día, no podía darse el lujo de perder un solo minuto si deseaba salir a celebrar junto a Sakura, así que, cuando tuvo un momento, aprovechó de mensajear a su otra amiga para que también las acompañara.
—
—
—
La rutina diaria solía ser bastante aburrida, se levantaba, se duchaba, desayunaba, se lavaba los dientes y luego cogía el transporte público hacia el trabajo. Podía decir que sus días eran sumamente grises, parecía como si siempre estuviera nublado para él, por eso, su mirada lucía perdida, sin emoción, sin brillo.
Ahora se encontraba sentado frente a la computadora, revisando unos gráficos que contenían información vital, que después debía enviarle a su jefe. Guardó el documento y suspiró pesadamente, mirando hacia la puerta cerrada de la oficina del vicepresidente de Konoha Corp. Como un oficinista más, Sai era una persona sumamente aburrida y normal, solía pasar desapercibido en todos lados, a pesar de ser un chico apuesto, no llamaba la atención debido a su personalidad más bien grisácea y sin chiste, además, era muy serio y callado, debido a eso, cuando era más joven casi nadie lo tomaba en cuenta, o eso era lo que él pensaba de sí mismo debido a –quizás– su baja autoestima.
—Ya viene siendo hora… —murmuró, observando su reloj de mano.
A los pocos segundos, la puerta del vicepresidente se abrió de golpe, haciendo que la mayoría de empleados diera un salto, pero él ni siquiera se inmutó.
—¡Sai, amigo! —lo escuchó gritar mientras se dirigía a su cubículo.
Sai suspiró, era cierto que su vida era gris y aburrida, pero eso de pasar desapercibido no era tan cierto, puesto que el escandaloso Naruto Uzumaki era su amigo, el jefe de toda la sesión de finanzas y, el vicepresidente de la empresa donde trabajaban, aunque Sai quisiera, no podía evitar llamar la atención cuando estaba con Naruto, ya que éste era como un faro que iluminaba potentemente todo un callejón oscuro.
—Y ahí está —dijo con cierto fastidio.
Naruto llegó hasta su cubículo, el joven de cabello rubio y ojos azules sonreía abiertamente, a diferencia suya, era una persona realmente entusiasta.
—¿Ya terminaste los gráficos? Anda, vamos a comer, tengo un favor que pedirte.
El pelinegro arqueó una ceja, mientras observaba al relajado sujeto que tenía por jefe.
—Ya los terminé —afirmó—. ¿Y qué quieres? Puedes decirme aquí, no tengo hambre.
—Vamos, no seas amargado —rio el rubio, dándole un pequeño golpe en el hombro a Sai, que solamente bufó y asintió con la cabeza.
—Déjame enviar los gráficos a tu correo —dijo, soltando un ligero suspiro, sabía que era inútil tratar de negarse a cualquier cosa que quisiera hacer Naruto, ya que ese cabeza hueca tenía una voluntad inquebrantable.
Más tarde, los dos se encontraban en un restaurante, cuando Sai estaba fuera de la oficina, se permitía relajarse un poco más y hasta hacer bromas; a decir verdad, no es que fuera amargado o aguafiestas, sólo tenía problemas para expresarse adecuadamente ante las personas.
—¿Vas a pedirle matrimonio a Hinata? —cuestionó, abriendo ligeramente sus ojos más de la cuenta, pues le sorprendía que el bobo de Naruto al fin se hubiera decidido a sentar cabeza, ya que siempre era muy torpe en su relación con su adorable novia, con quien salía hace ya dos años.
—Sí, pero no estoy tan seguro de cómo hacerlo, dime que vas a ayudarme, anda —Naruto juntó sus dos palmas en son de plegaria, pero Sai solamente lo miró como si estuviera loco de remate.
—¿Por qué no le pides ayuda a Sasuke o a Gaara? —preguntó—. Incluso a Shikamaru, seguro que son más útiles que yo.
Al escucharlo, Naruto suspiró.
—Sasuke no me ayudaría y lo sabes, ese amargado sólo piensa en trabajo —dijo de mala gana, a pesar de ser un hombre hecho y derecho, a veces Naruto aún sonaba como si fuera un niño—. A Gaara le pregunté, pero dijo que estaría ocupado con algo de su fundación y Shikamaru, bueno, él está en su luna de miel.
—Ah, sí… —comentó Sai, pensativo—. Cierto que se casó hace poco, como no pude asistir, no recordaba.
La expresión en el rostro de Naruto no era del todo agradable, le preocupaba Sai y su desenvolvimiento con el resto de las personas, con él era una cosa, podían hablar con normalidad y todo estaba bien, pero su amigo solía hacer sentir incómoda al resto de la gente, ya que siempre decía cosas fuera de lugar al no saber cómo demostrar empatía.
—Siempre te excluyes de los eventos sociales, deberías tratar de unirte un poco al grupo, ya sabes —dijo, bebiendo un poco de agua de un vaso que estaba sobre su mesa—. Si sigues así, nunca vas a tener novia.
Sai arqueó una ceja —¿Crees que me interesa tener novia?
—Bueno… ¿novio?
El pelinegro simplemente rodó los ojos, lo mejor era no responder las tonterías de Naruto, él simplemente no tenía tiempo ni ganas de conocer a nadie, ese tipo de cosas no iban con su persona.
—
—
—
Eran cerca de las cuatro de la tarde e Ino estaba terminando el último arreglo que habían ordenado y que pasarían a buscar en cualquier momento. Se suponía que eran para una fiesta de compromiso, parecía que a los novios se les traspapeló la fecha y dejaron ese tema para el último; por suerte, Ino era una experta y había realizado todo rápidamente.
Al acabar, soltó un suspiro y se secó el sudor de la frente, su trabajo había quedado hermoso y estaba muy satisfecha con ello, no creía haber hecho un arreglo tan bonito antes, llevaba rosas de color rosado y rojo, representando el amor de la pareja y también había claveles rojos y blancos, que decían "amor puro y sincero". Ino estaba orgullosa de su habilidad.
—Muy bien, ahora sólo queda entregar.
Justo en ese momento, el timbre que avisaba que habían entrado nuevos clientes sonó, así que la rubia miró hacia la puerta de su local, mostrando una enorme sonrisa —¡Bienvenidos! —exclamó, pero al ver de quien se trataba, su sonrisa se borró más rápido de lo que había aparecido.
Una hermosa joven de larga cabellera castaña había ingresado, ella miraba la tienda con mucha alegría, mientras sostenía la mano de su novio, un hombre alto, de cabello castaño y ojos del mismo color, que tenía un aspecto ligeramente salvaje.
—Oh, esta tienda es hermosa —dijo la joven, soltando la mano del hombre para dirigirse hacia donde estaba Ino, quien no conseguía disimular su incomodidad—. ¡Hola! —saludó ella—. Venimos por el pedido de esta mañana, lamento haber hecho un pedido tan grande con tan poco tiempo, pero tuvimos muchos asuntos que arreglar para nuestra boda —explicó.
—Ah, c-claro —Ino asintió con la cabeza, tratando de mostrar una sonrisa, pero sus ojos se dirigieron de forma casi automática al hombre, que solamente estaba de pie ahí, viéndola con seriedad—. Permítame procesar su factura —dijo la dueña de la tienda, tratando de recuperar la compostura.
—Tamaki, no te tardes —el castaño por fin habló, lucía un poco fastidiado, como si tuviera mucha prisa, incluso estaba golpeando su pie contra el suelo con impaciencia.
La recién nombrada lo miró con las mejillas ligeramente abultadas.
—Kiba, no seas grosero —lo regañó, frunciendo el ceño—. Oh, por cierto, señorita —ignorando totalmente a su prometido, volvió su vista a Ino, quien estaba revisando la factura que les iba a entregar—. Lamento si soy algo encajosa, pero estas flores me gustaron muchísimo, ¿sería posible incluir un arreglo especial para nuestra mesa?
Al observar las flores que la novia señalaba, Ino sintió una ligera punzada en el corazón, por supuesto, ella no las había incluido en los arreglos, no pensaba que se las pedirían.
—Esos son lirios azules —contestó, esbozando una suave sonrisa—. Significan buenas noticias y representan un amor puro y tierno, es una excelente elección —aseguró, observando la fascinación en los ojos de Tamaki.
—Entonces elegí algo muy adecuado.
Cuando terminaron de procesar el pago, Ino y sus ayudantes cargaron los arreglos florales en una camioneta para que fueran despachados al lugar en donde se llevaría a cabo la cena de pedida de mano, como no le daba tiempo de acabar el pedido especial de la novia, Ino le aseguró que le llevaría el arreglo de los lirios por la mañana, antes de la fiesta, no era algo que quisiera hacer, pero se trataba de su trabajo, después de todo.
—No quería venir aquí, pero no me quedó más opción —dijo Kiba, acercándose a ella en el momento en que su novia estaba distraída ayudando a cargar los arreglos sobre la camioneta.
La rubia, manteniéndose estoica, simplemente miró en otra dirección.
—No te pedí explicaciones.
—
—
—
A la hora de salir de la oficina, él siempre se quedaba hasta un poco más tarde, como no tenía nada mejor que hacer, se dedicaba a adelantar trabajo o a terminar lo atrasado. Cuando los demás ya se habían ido, él siempre estaba ahí una o dos horas más. Esa noche, a las ocho, su jefe y amigo también se había quedado, ya que le quedaban varios pendientes por revisar, así que cuando salió de su oficina y vio a Sai levantándose de su puesto, con casi todas las luces apagadas, sonrió con cierta malicia.
—¡Sai! —lo llamó, provocando que inmediatamente el pelinegro frunciera el ceño.
—Demonios —masculló, sabía que no podría escabullirse del rubio hiperactivo, así que sólo sonrió—. Naruto, ya me voy a casa, estoy muy cansado.
Naruto amplió aun más su enorme sonrisa.
—De ningún modo, amigo, es viernes.
Veinte minutos después, ambos se encontraban en un pequeño bar-restaurante, junto a dos amigos más, todos bebían, pero Sai solamente se mantenía tranquilo, no le gustaba mucho el sake, deseaba haberse podido zafar de esto, pero Naruto era demasiado insistente.
—Así es que en unos días voy a proponérselo a Hinata, ¿no me piensan felicitar? —decía el emocionado rubio, sosteniendo un vasito de sake en su mano derecha, con las mejillas ligeramente rojas, era obvio que había bebido ya un poco.
—No me interesa mucho, pero pobre Hinata, tendrá que soportarte —comentó un hombre de cabellera negra y ojos oscuros como la noche, que se llevó un trozo de carne a la boca, pues no sólo bebían, también estaban comiendo barbacoa.
—¡¿Qué dijiste, Sasuke?! —exclamó el ofendido Naruto—. Repite eso, maldito.
El otro hombre que los acompañaba, un sujeto de cabello rojo y ojos de color verde agua, rodó los mismos con fastidio.
—Son como dos mocosos —comentó—. Por cierto, Naruto, felicidades, espero que todo salga bien.
Naruto ignoró a Sasuke y miró al pelirrojo, mostrándole su dedo pulgar.
—Gracias, Gaara, tú sí eres un buen amigo, no como el amargado.
A Sasuke se le marcó una venita en la frente, pero prefirió no decir nada. Por su parte, Sai cogió uno de los pequeños vasitos de la mesa y se lo llevó a la boca, él no solía hablar demasiado con el resto, pero le gustaba verlos charlar, aunque no fuera bueno para socializar, al menos podía sentirse un poco incluido estando ahí, con ellos.
—¡Ese idiota se merece la muerte! —escuchó la voz de una chica desde el otro lado del restaurante, como había bastante gente, muchos estaban ebrios y se ponían a exclamar cosas a diestra y a siniestra, él no solía prestarles atención, pero miró en esa dirección por algún motivo, aunque todo lo que pudo ver fue una larga cabellera rubia.
—¿Y tú, Sai? —le habló Naruto, distrayéndolo de lo que estaba observando—. ¿Cuándo vas a salir con alguien? ¿Piensas ser un solterón toda tu vida?
Sai frunció el ceño, ¿no habían hablado de eso esta tarde? ¿Por qué Naruto siempre insistía con ese tema?
—Ya te lo dije, no me interesa.
—¡Vamos! Hasta el seco de Gaara tiene novia —comentó, señalando al pelirrojo, quien cerró sus ojos y bebió un trago con bastante tranquilidad, a pesar de haber sido nombrado como alguien "seco", no pareció importarle.
—No es mi novia, sólo salimos un par de veces.
—Es lo mismo, amigo, salen, luego son novios y luego ya sabes —dijo en tono insinuante, causando que un ligero sonrojo surcara las mejillas del involucrado, que se aclaró la garganta.
—No soy como tú —aseguró.
Naruto se bebió otro vaso de sake de un solo sorbo y volvió a fijar su atención en Sai —Venga, Sai, ¿en serio no hay nadie que te guste? ¿Alguien de la oficina?
—Ya déjalo en paz, te dijo que no —intervino Sasuke, él y Sai no eran grandes amigos, tenían un trato cordial, pero nada más allá, aún así, al ser personas parecidas en su forma de ser, Sasuke comprendía lo asfixiante que podía llegar a ser Naruto a veces.
—Naruto —la sonrisa fastidiosa de Sai apareció en su rostro, llamando la atención del rubio y haciéndole saber que diría algo no muy agradable—. Me pregunto por qué tienes tanto interés en mi vida amorosa, dime, ¿acaso te gusto?
La pregunta tomó a Naruto por sorpresa, no porque fuese verdad, más bien fue porque justo estaba bebiendo otro trago y se atragantó con el mismo, de modo muy escandaloso, mientras Sasuke y Gaara sólo reían en voz baja.
En la otra mesa, donde dos chicas estaban comiendo y bebiendo, la rubia no dejaba de quejarse de lo sucedido esta tarde, antes de que su amiga se presentara en la florería.
—Ese Kiba es lo peor —se quejaba Ino amargamente—. ¿Cómo se atreve a ir a pedir un arreglo para su boda a mi tienda? —algunas lágrimas salían de sus ojos, pero no alcanzaban a rodar, sólo los enmarcaban—. Nunca se quiso casar conmigo en los cuatro años que salimos, ¡cuatro años! Y ahora que sólo lleva unos meses con esa chica… —antes de ponerse a llorar, se bebió otro vaso de sake.
Su amiga, una joven de larga cabellera rosada y ojos color jade, sólo la miró con cierta vergüenza y pena a la vez, podía entender el sufrimiento de su mejor amiga, pues solía estar muy enamorada de Kiba, hasta que él decidió romper con ella sin motivo aparente, era terrible lo que él había hecho, restregarle en la cara su nuevo compromiso, él no tenía corazón.
—Vamos, Ino, no te pongas así, no vale la pena —intentaba calmarla—. Ese estúpido podrá hacer lo que quiera, pero ninguna chica que conozca te llegará a los talones.
Ino abultó sus labios en un gracioso y ebrio puchero.
—Pero ella es muy linda y dulce —aseguró—. Eso es lo peor de todo, sólo conviví con ella por un par de minutos, pero no logré que me cayera mal, lo peor es no poder odiar a tu enemiga —dramáticamente se tiró sobre la mesa, sin parar de derramar lágrimas, las cuales no había podido contener esta vez.
Le dolía demasiado saber que Kiba iba a casarse, ellos se conocían desde pequeños, habían sido amigos de la infancia y luego comenzaron una relación que acabó mal, desde hace un año que no lo veía, ni siquiera por redes sociales, aunque a veces le pedía a Sakura que espiara un poco sobre su vida, pues ella lo mantenía bloqueado, fue así como supo que él llevaba poco tiempo saliendo con Tamaki, era inconcebible que se fuesen a casar, pues él siempre decía que el matrimonio no era algo que le interesara.
—¿Sabes qué fue lo más feo de todo? —cuestionó, con su cabeza acostada de lado sobre la mesa—. Esa chica me pidió lirios azules para su boda y ahora debo llevarle el arreglo mañana, me comprometí a hacerlo personalmente, soy una idiota.
—¿Lirios azules? —cuestionó la peli rosa—. ¿La flor que Kiba te regaló para pedirte que fueran pareja?
La joven Yamanaka se levantó de su lugar y asintió varias veces con la cabeza.
—Sí, Sakura, ¿puedes creerlo? —apenas dijo eso, volvió a llorar—. Es un imbécil, un tarado, lo odio, lo odio tanto.
Una gotita de sudor rodó por la frente de Sakura.
—Pues a mí me parece que aun no lo superas —susurró, el comportamiento de su amiga hacía que varias personas las miraran, pero no había mucho que ella pudiera hacer al respecto más que escucharla y apoyarla, estaba segura de que Ino saldría adelante tarde o temprano.
Al ver que su botella ya estaba vacía, Sakura llamó a una de las meseras haciendo un gesto de mano y entonces vio a un hombre levantándose de otra de las mesas, sus ojos no pudieron apartarse de él, ya que era justo de su tipo, pero éste ni siquiera la miró, simplemente se dirigió al baño y se perdió tras la puerta. Ella no pudo evitar pensar en lo apuesto que era.
—
—
—
Era bastante tarde ya cuando la chica terminó de escribir en su computadora y la apagó, soltando un hondo bostezo, pues ya tenía mucho sueño. No le gustaba mucho llevar trabajo a casa, pero a veces no se podía evitar.
—Ah, ya casi son las dos —murmuró sorprendida al ver la hora en su teléfono, sus ojos de color perlado se abrieron un poco, no esperaba quedarse despierta hasta tan tarde.
Justo cuando estaba mirando la pantalla, una llamada entró, la persona aparecía anotada como "amor", así que ella se apresuró en contestar.
—¿Naruto-kun? —habló, estaba un poco desconcertada de recibir una llamada de su novio a esas horas, cuando normalmente debería estar durmiendo.
—¡Hinata, amada mía! —escuchó del otro lado, la voz de Naruto sonaba extraña, jocosa, algo gangosa, era obvio que estaba ebrio—. Mi hermosa Hinata, ¿sigues despierta? ¡Qué bueno!, quería decirte que te extraño mucho.
Una gotita de sudor frío resbaló sobre la frente de la joven de cabellera negro azulada, que sonrió con dulzura, no le importaba que él estuviera hablando incoherencias, le daba gusto que Naruto pensara en ella aún estando en ese estado.
—¿En serio? Yo también te extraño mucho —contestó ella—. ¿Dónde estás? ¿Estás con Sasuke-kun y los demás?
—Sí, sí, pero están súper hip, ebrios —dijo Naruto, que se reía a carcajada limpia de dios sabrá qué cosa—. Oye, Hinata, te amo mucho…
Ella no pudo evitar ponerse roja, tanto de ternura como de vergüenza.
—N-Naruto-kun, deberías ir a casa, no vayas a conducir así, ¿sí? —le aconsejó con preocupación, él no solía ponerse ebrio seguido, pero siempre que pasaba, no podía dejar de sentirse angustiada. De pronto, escuchó un ruido como de un golpe y un par de gritos de parte de su novio—. ¿Naruto-kun? —cuestionó asustada.
—Hinata, soy yo —oyó la voz profunda del mejor amigo de su novio, lo que la tranquilizó—. Este estúpido se dio contra un poste de luz, no te preocupes, lo llevaré a casa.
Más aliviada, Hinata sonrió y asintió con la cabeza, aunque la persona del otro lado no pudiera verla.
—Te lo encargo entonces, Sasuke-kun, cuida bien de él —dijo antes de colgar, soltando un suspiro.
Ya pasaban de las dos cuando terminó de hablar, así que volvió a bostezar y se levantó del asiento de su escritorio, dirigiéndose a ponerse el pijama para que los brazos de Morfeo la acogieran por esa noche, por la mañana iría a ver a Naruto a su departamento y le llevaría algo para la resaca, que de seguro sería gigantesca.
—
—
—
Sakura ayudaba a salir a su amiga del bar, mientras la rubia se sostenía de ella, murmurando un par de incoherencias. Ino apenas y podía mantenerse con sus tacones altos y no era como que Sakura no estuviera un poco ebria también, lo peor era que tenía que hacer cosas temprano al día siguiente, no debería haber bebido tanto, sólo le consolaba estar en mejor estado que Ino.
—¡Taxi! —exclamó, levantando su mano para hacer detener a un auto negro frente a ellas—. Hola, hola, gracias —le dijo al hombre, abriendo la puerta trasera para subir a Ino. Como ambas vivían en dos extremos de la ciudad, no podía dejarla en su casa, le daba un poco de desconfianza enviarla sola, pero ella tenía que irse a la suya—. ¿Puede llevarla a esta dirección? —le enseñó un papel con la dirección de Ino anotada en él—. Permiso —añadió, tomando una fotografía del conductor y una de las placas de su auto, era una costumbre para asegurarse de que la persona llegara a su hogar en perfecto estado y tener un seguro de que la persona al volante no haría nada raro.
—Sakuraaa —Ino sacó la cabeza por la ventana—. ¿No me vas a acompañar? Mala amiga —se quejó, sacando la lengua, pero en su lugar, la peli rosa solamente la obligó a volverse a meter al taxi.
—Cállate y vete a casa —ordenó.
Cuando el taxi se marchó, ella se alejó para esperar a que otro se acercara, pero al dar un paso hacia atrás, de vuelta a la vereda, su espalda chocó contra el pecho de alguien.
—Lo lamento —rápidamente se volteó e hizo una reverencia; sin embargo, al ponerse de pie, se quedó de piedra, pues se trataba del mismo hombre guapo que había visto dentro del bar.
Los dos se miraron a los ojos durante un momento, las mejillas de ella enrojecieron y tuvo que ver hacia el suelo, pues él era mucho más apuesto de cerca y poseía un aura intimidante.
—No fue nada —respondió Sasuke, que llevaba cargando al semi inconsciente rubio, el cual abrió un poco sus ojos y observó a la joven de cabellera rosada.
—Pero si es Sakura-chan —habló, casi arrastrando las palabras.
La recién nombrada se fijó apenas en ese momento en el hombre casi desmayado que el "adonis" estaba sosteniendo, no le había prestado la mayor atención hasta ahora.
—¿Naruto? —cuestionó sorprendida.
El azabache frunció el ceño.
—¿Se conocen?
Naruto, tratando de pararse y entre risas, contestó a la pregunta de su amigo, era un poco gracioso ver que tenía una marca roja en la frente, parecía que se había dado contra algo.
—Sakura-chan es amiga de mi dulce ángel, ¿verdad?
—Sí —ella asintió con la cabeza, un poco apenada, Naruto era demasiado cursi cuando se refería a Hinata, no conocía a nadie que se comportara de ese modo, se notaba que ese tonto estaba loco por su amiga, a veces le tenía un poco de envidia—. Disculpa… —dijo mirando al más alto—. Tú… ¿quién eres?
Él, tratando de evitar que Naruto volviera a darse de bruces contra el pavimento, volvió a clavar sus ojos negros sobre ella, la sensación de frialdad recorrió el cuerpo de Sakura, no entendía por qué, pero ese hombre parecía muy interesante.
—Soy Sasuke Uchiha —respondió—. Amigo de este desastre humano.
Sakura rio con la respuesta, notando que un taxi se detenía frente a ellos, entonces Sasuke le indicó con su mano que subiera.
—Oh, no, no, yo puedo esperar —aseguró la joven de ojos jade—. Tú llevas a Naruto, está muy borracho.
—No, tú ve primero, es peligroso que te quedes a esperar sola —fue todo lo que dijo, un argumento bastante convincente pues, aunque Sakura no era una chica débil, él tenía razón y eso era riesgoso para ella.
—B-bien —contestó, hizo una leve reverencia para despedirse y miró a Naruto, pero éste ya se había dormido, así que sólo se subió al taxi y se perdió por el camino y la oscura noche, ante la mirada azabache de Sasuke, que, sin siquiera notarlo, la siguió hasta ya no poder verla.
—
—
—
Cuando abrió sus ojos, se dio cuenta de que se había quedado dormida en el sillón de su sala, le dolía todo el cuerpo por haber quedado tantas horas en una mala posición y, además, sentía que la cabeza le iba a estallar. No se acordaba cómo había llegado a casa, pero tampoco pensaba darle demasiadas vueltas a eso.
—¿Qué hora es? —se preguntó, estirando la mano para ver si encontraba su celular, pero al no dar con él, se paró de su incómodo lecho y notó que el aparato estaba tirado en el piso, así que lo levantó—. ¡Carajo, ya son las diez treinta! —exclamó, saltando del sofá como un resorte.
Se suponía que a las doce y media máximo debía hacer entrega del arreglo de mesa con los lirios azules para la novia de su ex, todavía le parecía un poco irónico y estúpido tener que trabajar en la boda del hombre con el que alguna vez esperó casarse, pero también sabía que se había comprometido a hacerse cargo de ello y no podía retractarse el mero día del asunto, así que corrió a darse una ducha, se vistió con un jean de color azul claro, una blusa púrpura y zapatillas cómodas, dejando su cabello suelto, pues no le daba tiempo de hacer demasiado con él. El arreglo lo había dejado casi listo el día anterior, antes de reunirse con Sakura, sólo le faltaban pequeños detalles que ahora mismo pensaba cubrir, así que agarró su bolso, su teléfono y sus llaves y se dirigió a la florería.
Su departamento y la tienda quedaban en el mismo barrio, así que sólo le tomó un par de minutos llegar ahí, incluso si tenía poco tiempo, estaba segura de que podía terminar y llegar a la hora, después de todo, era una experta en su área.
—
—
—
Dormir hasta tarde no era algo que él hiciera seguido, ni siquiera los domingos se quedaba más de la cuenta en la cama, por eso, cuando esa mañana se levantó pasadas las once, se sintió realmente exaltado. Era sábado, pero todavía tenía trabajo que hacer en la oficina y, para su horror, estaba retrasado.
Se duchó muy rápido, se vistió y apenas comió una tostada con mantequilla, para luego correr hacia la estación. Sabía que no debió haber bebido anoche, pero del algún modo, Naruto siempre lo convencía, era por eso que evitaba ir a los eventos sociales, si fuera a cada uno de ellos, seguro que acabaría despertando debajo de un puente una de estas mañanas.
—Todavía estoy a tiempo —murmuró, ya que, si llegaba a eso del medio día, tendría tiempo suficiente para acabar los pendientes.
Al llegar a la estación del tren, se paró en la misma plataforma de siempre, mirando constantemente la hora en su reloj de mano, parecía que el tren llevaba unos cuantos minutos de retraso.
—Hoy no es mi día —murmuró Sai.
Después de unos diez minutos, el tren finalmente llegó y cuando él se dispuso a abordarlo, vio a una chica pasar corriendo a su lado, ella iba tan rápido, que sólo su cabello largo y rubio fue lo que quedó en la mente de Sai, pero no se detuvo demasiado en eso y abordó el vagón que le correspondía. Las puertas se cerraron y el tren empezó a andar.
—Creo que llegaré tarde, demonios —murmuró la joven que estaba a un lado de él, sosteniendo un hermoso arreglo de flores azules en sus manos, que cubrían casi todo su rostro.
Sai la quedó mirando más detenidamente al escucharla hablar, su voz era dulce, parecía alguien linda, aunque no pudiera verle la cara.
—No es como que me importe —pensó.
Normalmente, él tomaba el tren más temprano, cuando no había muchas personas en la estación, para mayor comodidad, así hasta podía tomar un asiento, pero ahora estaban todos llenos.
Justo cuando estaba mirando a través de la ventana de vidrio que adornaba las puertas del tren, para saber cuándo llegaría a su destino, el tren dio una frenada repentina, no era algo común, pero podían pasar ese tipo de fallas a veces. Toda la gente que iba de pie perdió el equilibrio, algunos se agarraron de los tubos de seguridad, pero esa chica que iba con el arreglo tenía las manos ocupadas, no tenía de dónde sostenerse, así que, sin pensarlo, él la sostuvo cuando notó que ésta estaba por caerse.
—¿Estás bien? —preguntó.
Ino tenía los ojos cerrados, creyó que iba a caerse y que todo su trabajo se arruinaría, pero cuando lo peor estaba por pasar, sintió que su espalda impactaba contra el pecho de una persona y un brazo masculino se apoyaba alrededor de su cintura, impidiendo que fuera a topar contra el suelo duro.
Agradecida por la ayuda del hombre, recuperó el equilibrio y se dio la vuelta para poder expresarle su gratitud, pero en cuanto lo vio, sintió que se le aceleraba el corazón. Esos ojos negros, ese cabello azabache y, sobre todo, la sonrisa delgada y un poco divertida en su rostro la hicieron temblar, hasta llegó a ponerse roja.
—G-gracias —dijo, alejándose rápidamente de él.
El tren empezó a moverse una vez más y, en cosa de menos de un minuto, se detuvo en la estación siguiente, que era la de Ino, quien sólo hizo una leve reverencia y se bajó casi corriendo, pero dejó atrás una de las flores de su arreglo, la cual Sai notó y se agachó a recoger.
—Qué curiosa flor… —murmuró, ampliando un poco más su sonrisa, aunque él se refería más a esa chica, no había visto antes a una mujer tan hermosa como esa.
Continuará…
