Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Rosalie ha logrado arrastrarme fuera de la habitación. Ella conoce mi desgana; puede verlo en mis ojos y escucharlo en mi respiración temblorosa. No dispuesta a admitir lo que ve, lo atribuye a que me abrochó el corsé con demasiada fuerza y me da la vuelta para ver si puede hacer algún ajuste de última hora en los cordones que cree que podrían estar demasiado apretados.

Es solo otra táctica de dilatación.

Ella sabe.

Sabe que no debería casarme con él.

Conoce la guerra que he librado a puertas cerradas. Sabe que solo soy un títere en sus juegos.

Mi hermana, Rosalie, está demasiado asustada para ayudarme.

Sabe de lo que él es capaz.

Incluso antes de que comenzara a alejarme de mi familia y amigos, ella lo vio.

—Ustedes dos son demasiado intensos —me dijo una noche alrededor de una mesa llena de tragos y vacía de preocupaciones—. Co-dependientes.

Rechacé la idea, la despaché con una sonrisa y lo miré con añoranza desde el otro lado de la piscina. Estaba en la parte menos profunda, en un intenso juego de vóleibol, mezclándose como el hombre de familia que era.

La imagen que tenía perfeccionada para mostrar en el exterior, para hacer que familias como la mía se enamoraran de su farsa.

Ahora, Rose no dice nada, solo jala de una cuerda con tanta fuerza que me hace respirar involuntariamente y agarrarme a la pared, para que el jalón de mi hermana no me tire al suelo.

Aunque es suficiente. Este simple gesto, la forma en que se toma su tiempo, me dice mucho más que las palabras reales. El silencio es ensordecedor en este pasillo oscuro, las nubes grises afuera proyectan sombras sobre una boda que nunca debería suceder.

Este es el tiempo más largo que Rosalie y yo hemos pasado juntas en dos años. Me sorprende que incluso se le permita volver aquí, para ser honesta. Hace años, él vio el vínculo entre nosotras. Vio que la palabra hermanas no se acercaba al vínculo que Rosalie y yo teníamos. Lo vio y lo odió. Él quería, necesitaba, ser la única persona con la que yo tuviera una relación.

Él lo vio. Ella lo vio. ¿Yo? Yo no tenía ni idea. Estaba demasiado enamorada, demasiado ciega para ver las banderas rojas, e incluso entonces, existía una buena posibilidad de que hubiera caminado sobre ellas incluso si no hubiera estado cegada por todo lo relacionado con él.

—¿Lista? —Rose acaricia el pequeño lazo que está atado al final del corsé, metiendo las cuerdas para ocultarlas de la forma en que la costurera me mostró en mi última prueba. Volviéndose hacia mí, suspira y examina mi cara y mi cuerpo en busca de algo fuera de lugar. Su voz hace una pregunta, pero sus ojos hacen otras completamente diferentes.

¿Por qué, Bella? ¿Cómo dejaste que llegara tan lejos? Ya no sé cómo ayudarte. Nos matará a las dos si cree que tengo algo que ver con tu fuga.

Suspirando, miro por la ventana y veo la pequeña reunión frente al altar.

Lo veo.

Suspirando con anticipación y observando hacia la puerta cerrada frente a mí, me giro hacia mi hermana con derrota en mi rostro.

No me hagas hacer esto. Ayúdame, Rosalie.

En cambio, respondo su pregunta en voz alta.

—Sí.