Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Sucede un martes por la tarde al azar, tres días después de que recibí noticias de Rose.

Estoy en la sala de estar, limpiando y aspirando, atrapada dentro de la casa con mis pensamientos acelerados y sin ningún lugar a donde ir. La lluvia cae del cielo sin descanso, los fuertes vientos hacen que parezca que la lluvia está siendo barrida de un lado de la calle al otro. Golpea contra los lados de la casa, los truenos se escuchan en la distancia.

No es inusual que haya una tormenta matutina en esta época del año, y la capa de nubes oscuras me dan ganas de meterme en mis sábanas y dormir todo el día. De todos modos, no es como si hubiera una mota de polvo en la casa, ya que limpiar es lo único que puedo hacer para mantenerme ocupada.

Pero no quiero arriesgarme. Si me ve durmiendo durante el día, buscará algo por aquí para que yo haga, y sé que no lo disfrutaré.

Estoy volviendo a colocar la aspiradora en el armario cuando las luces comienzan a parpadear, otro trueno suena fuerte en mis oídos pero no tan distante como antes.

La lluvia golpea con más fuerza ahora, un incesante rugir contra las ventanas, y mientras miro hacia afuera, puedo ver las calles inundadas con charcos furiosos mientras la tormenta continúa.

Cuando cae un rayo unos momentos después, el mundo parpadea frente a mí y, sobresaltada, retrocedo rápidamente desde la ventana. En mi prisa, me enredo con mis pies y caigo hacia atrás, aterrizando con fuerza sobre mis codos en la mesa de centro de vidrio. La fuerza de mi caída rompe el cristal por completo, y una vez que me doy cuenta de lo que ha pasado, puedo sentir la sangre filtrándose desde mis codos hasta mis brazos.

Pero no es la sangre lo que me devuelve a la realidad.

Es la oscuridad que me rodea.

Las luces están apagadas.

El ventilador de techo deja de girar.

Puedo oír el clic del aire acondicionado central en el silencio.

Hemos perdido energía.

Y si hemos perdido la luz, él ha perdido la vigilancia.

Al menos hasta que se vuelva a encender con la ayuda de nuestros generadores de respaldo.

No pierdo el tiempo para averiguar cuánto tiempo será.

Dejo los hilos de sangre en la alfombra, fragmentos de vidrio salpicando los pisos, y corro.

Salgo corriendo por la puerta principal, bajo la acera y me alejo del infierno en el que he estado viviendo.

Corro todo el camino a la casa de Alice, incapaz de ver más de medio metro delante de mí, la lluvia pegada a mi cabello y ropa como una segunda piel.

Golpeando su puerta, ella la abre, y sus ojos se agrandan mientras me mira sin pensarlo dos veces.

—¡Llévame con Rose! —grito antes de caer en sus brazos.

No puedo describir cómo se siente ser atendida. Ha pasado tanto tiempo desde que alguien me ha abrazado, y no he tenido que rehuir del toque. Soy un desastre empapado, la sangre se mezcla con la lluvia en riachuelos por mis brazos, pero a ella no le importa. Alice hace exactamente lo que le pido, sabiendo que existe una gran posibilidad de que una vez que se entere de que me he ido, estará en su puerta exigiendo respuestas.

En lo que parecen horas, pero en realidad solo han sido minutos, estamos en su auto, con los codos vendados, camino a la casa de Rose. Es un viaje rápido y relativamente silencioso, ya que ambas tratamos de asimilarlo todo.

Quién sabe qué pasará después de hoy.

Una cosa sí sé con certeza.

Tengo que despedirme de esta vida.

Y de todos en ella.