Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Sábanas nuevas. Champú y acondicionador. Pasta dental.

Tomo lo que puedo en la tienda del centro, mi carrito se llena rápidamente mientras me aprovisiono de lo esencial. La cabaña está básicamente vacía, y si vivo tan simplemente como planeo, no tendré que hacer otro viaje a la tienda por otro mes.

Hay una estufa que funciona y un congelador de tamaño decente, así que compre lo que compre hoy, lo congelaré y lo guardaré para cuando lo necesite. Llegará un momento en que se acabe el dinero de Rose, así que debo ser inteligente con respecto a cuánto gasto hoy y qué tan rápido uso las cosas que compro.

Camino de un lado a otro por los pasillos sin un sentido de urgencia, no necesito mirar mi reloj para asegurarme de que todavía estoy en su agenda como solía estar. Me sorprende poder pararme aquí frente a un montón de jugos de naranja diferentes y calcular la mejor venta entre todos, porque tengo tiempo. Tengo mi propio horario, y la risa que suelto en la sección de alimentos congelados de la tienda de comestibles es la primera risa genuina que he tenido en años.

Todo porque hay una venta de jugo de naranja de dos por cinco.

Sigo navegando por la tienda, encontrando al menos un artículo por pasillo que necesito en la cabaña, y la sonrisa nunca desaparece de mi rostro. Mi buen humor, quizás solo temporal, hace que este viaje sea divertido. Excitante.

Mío.

Termino tardando demasiado, pero como dicen, el tiempo vuela cuando te diviertes. Y creo que eso es lo que estoy teniendo ahora mismo por primera vez en años. Diversión. En la tienda de comestibles/grandes almacenes en Forks, Washington.

—¿Todo listo? —me pregunta la cajera cuando finalmente llego a la caja registradora. Sé que estoy más que lista, ya que mi buen humor definitivamente me ha llevado a algunas compras impulsivas, pero mientras pongo los artículos en la cinta transportadora, sé que cada compra es necesaria para poder descansar en casa hasta que las cosas se calmen. Puede que haga mella en el efectivo que traje conmigo, pero es necesario, y será la última vez que gasto de ese dinero en mucho tiempo.

—Creo que sí —reflexiono a la cajera—, realmente no lo sabré hasta que llegue a casa y lo descubra.

Casa.

—Eso siempre sucede. —Angela, o eso dice su etiqueta con su nombre, se ríe—. ¿Nueva en la ciudad?

A juzgar por el contenido de mis compras de hoy, es bastante obvio que estoy llenando una casa vacía.

—Sí —admito, aunque no me siento muy cómoda hablando de algo que pueda conectar mis dos mundos muy diferentes. Angela parece lo suficientemente amigable, así que le ofrezco una pequeña sonrisa—. Parece genial hasta ahora.

Ella asiente, me lee el total y me devuelve el cambio una vez que termino de pagar. Me devuelve la sonrisa.

—Estamos contentos de tenerte.

Sus palabras resuenan en mi viaje de regreso a la cabaña. Estamos contentos de tenerte. Me hace pensar en la última vez que me sentí querida, la última vez que alguien me dijo esas palabras y las dijo en serio. Pensar en tiempos oscuros como esos me hace bajar de mi euforia, y es algo bueno.

El buen humor está bien, incluso bienvenido. Pero no puedo permitir que me deje sentir demasiado cómoda demasiado rápido. He sacrificado demasiado en mi vida para llegar tan lejos, solo para arruinarlo con mi bocaza o negligencia. Angela, la cajera, aunque agradable, me leyó como un libro abierto. Tenía toda la evidencia de que acabo de mudarme justo enfrente de mí, sin mencionar mi estado de ánimo alegre para acompañarlo.

Tengo que tener más cuidado. Tengo que recordar que, además de Rose y Alice, soy la única en la que puedo confiar. Especialmente por aquí cuando todo el mundo es un extraño.

Cuando doy vuelta en la esquina de mi calle sin salida, paso al vecino de antes. Está en la entrada de su casa, inclinado debajo del capó de su auto, pero debido a que mi camioneta suena como el Tiranosaurio Rex de Jurassic Park, puede escucharme venir desde una milla de distancia.

Esta vez, me ofrece un saludo.

La vista de su cabello castaño rojizo de color único contra el cielo gris de Forks hace que sea muy difícil para mí ignorarlo.

Pero lo hago.