Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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—¿Qué quieres decir? Espera —tartamudeo, moviéndome para sentarme en la mesa del comedor en la cocina junto a la ventana, frotando mis dedos sobre mis ojos con pánico—. Empieza por el principio.
—Domingo por la mañana —responde Rose al otro lado de la línea—, estaba haciendo mis compras habituales de la semana y lo vi en la sección de productos agrícolas.
Domingo por la mañana. Nunca va de compras al supermercado los domingos por la mañana.
—¿Lo viste primero? ¿O crees que él te vio primero y estaba esperando para ver tu reacción? Tal vez te estaba siguiendo y sabía dónde encontrarte. —Me vienen a la mente diferentes escenarios, todos terminando mal, y se los disparo a Rose a un ritmo vertiginoso.
—No lo sé, Bella. Todo lo que sé es que actuó como si estuvieras en casa como de costumbre.
—¿Por qué? —cuestiono, la ira creciendo dentro de mi pecho mientras golpeo una mano sobre la mesa—. ¿Por qué tendría que hacer eso?
Rose se burla a través del teléfono.
—Probablemente esté más preocupado por su ego que por tu seguridad. Dejaste un charco de sangre en la sala de estar y no le preocupa en lo más mínimo que alguien te haya llevado o algo así.
—¿Te preguntó algo fuera de lo común?
—En realidad no, no. Emmett estaba conmigo, así que no pasamos de una charla trivial.
—Oh, Dios. —Me trago la roca que se acumula en mi garganta—. Me siento enferma.
Rose suspira, dándome un minuto para procesar esta nueva información. Cuando escucha el final de mi respiración profunda y pausada, intenta desviarme del tema.
—¿Cómo está todo por ahí?
—Genial, en realidad, hasta ahora. —Mi mirada retrocede sobre el lago, y desearía estar todavía flotando en mi propia burbuja y no en esta llamada telefónica.
—Emmett dice que su primo escondió un arma en el techo del baño, sobre el espejo.
—¿Qué? —chillo—. ¿Quieres que dispare un arma?
—No necesariamente disparar un arma —corrige Rose—. Solo mantenla contigo. O cerca de ti. No lo sé, Bella.
—¿Dónde estás ahora?
—Caminando por el parque. Emmett está aquí —responde, y me hace sentir mejor saber que no está sola. Por lo que parece, no creo que Emmett planee dejar su lado.
Estoy feliz de que tenga a alguien como él en su vida.
—Bien —murmuro antes de desmoronarme—. Lo siento mucho, Rose. Todo esto es mi culpa. Tu seguridad y la seguridad de Emmett están en peligro, y todo es por mi culpa.
—No, no lo es. Escúchame —demanda Rose y lo repite—. Escúchame.
—Bien. —Asiento aunque ella no puede verme.
—Te ha robado demasiadas cosas —explica Rose—. Él no te va a robar tu libertad. Estoy bien. Emmett está bien. Y tú estás bien.
—Sí —respondo, aunque no estoy segura de lo bien que realmente estoy. Mi estado de ánimo cambia cada hora, y en este momento, estoy convencida de que me encontró y se esconde en los arbustos frente a la cabaña.
—Está aquí en la tienda de comestibles viviendo su vida como si nunca fuiste parte de ella. Es hora de que tú también vivas. Comenzando con un viaje a la tienda de armas para obtener más municiones. Por si acaso.
Así que eso es lo que hago a la mañana siguiente. Cuando he reunido el coraje para encontrar el arma que el primo de Emmett dejó en el techo, la sostengo en mis manos temblorosas y me obligo a ser lo suficientemente valiente como para usarla algún día si es absolutamente necesario.
Espero nunca hacerlo.
Después de buscar en Google las direcciones para llegar a la tienda de armas, como la llama Rose, tomo ropa limpia y mis llaves y me dirijo a la bestia de camioneta en mi camino de entrada.
Giro la llave una, dos, tres veces antes de que el montón de chatarra cobre vida, pero a pesar de lo enfadada que está, hoy no tiene ganas de luchar.
—¡Mierda! —grito, las frustraciones de la bomba que Rose lanzó sacando lo mejor de mí. Necesito llegar a la tienda antes de perder la cabeza. Golpeo el volante con ira, mi cabeza finalmente aterriza en la bocina en un sonido muy largo y muy dramático que rompe la tranquilidad del área.
—¿Mal día?
Su voz me aturde y me devuelve al presente, y cuando levanto la vista, estoy mirando los ojos verde esmeralda de mi vecino.
Mierda.
