Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


—Vivo en una cabaña remota. En el bosque. Sola. —Hago hincapié en cada afirmación para que pueda ver lo ridícula que suena su pregunta—. ¿No te suena eso como una receta para el desastre?

Aunque yo era joven cuando mis padres murieron, todavía recuerdo cómo mi padre nos habló a Rose y a mí acerca de estar siempre conscientes y seguras en nuestro entorno. A menudo me pregunto qué diría él sobre mi matrimonio y adónde me ha llevado hoy. Me pregunto si habría sido capaz de sentarse y ver cómo sucedía. En mi mente, siempre se enfrenta a él y me rescata de mi cautiverio.

Trato de recordar todos sus consejos aquí en mi nueva vida, para que la historia no se repita, y si tener un utensilio de cocina como arma me hace sentir más segura, que así sea.

—No estamos en el bosque en este momento —corrige Edward mis razonamientos. Señala a un hombre que sale de una tienda y hacia un automóvil estacionado—. ¿Ves? Tampoco estamos solos.

—Bueno, era esto o una sartén.

Edward se ríe, levantando mi patético bolso.

—¿En esta cosita?

Le arrebato el bolso con un resoplido, aunque una leve sonrisa juega en mis labios.

—Nunca subestimes cuánto puede caber dentro del bolso de una mujer.

—Anotado —se ríe, quitando sus ojos sonrientes de mí para salir del estacionamiento en reversa. Cuando estamos de regreso en el camino hacia casa, se aclara la garganta y señala el hermoso paisaje que pasa a nuestro lado—. Este pueblo ha sido mi hogar toda mi vida. Conozco a casi todo el mundo, y todo el mundo me conoce, tanto si todos queremos que sea así como si no. Pueblos pequeños. —Se encoge de hombros y sigue conduciendo.

Ojalá hubiera sido así para mí en Rhode Island. Yo era la chica que se quedó en la ciudad, pero nadie preguntó por ella. Me pregunto si sintieron curiosidad por la forma en que siempre estuve tan escondida.

Me imagino un pueblo lleno de Alice.

Siento que Alice es demasiado buena para este mundo.

Suspirando, quito los ojos de los pinos verdes y miro a Edward.

—Suena encantador.

—Tiene sus ventajas —responde—. Una de ellas es saber que no debes sentir que tienes que estar armada, con "armas", cada minuto del día.

Se ríe de nuevo de mi ablandador de carne, y no puedo evitar hacer lo mismo. ¿Qué estaba planeando hacer exactamente empuñando una cosa como esa?

—Espero creerte algún día —comento, sorprendiéndome a mí misma con mi honestidad. Estoy aterrorizada y aliviada de escuchar esas palabras; me asusta sentir que empiezo a creer fácilmente las palabras que dice, a pesar de que una calidez irradia a través de mí cuando me veo a mí misma asentándome aquí.

—¿Algún día? —cuestiona, sus ojos dejando el camino para encontrarse con los míos. Su rostro exuda una simpatía que incluso una mujer rota y maltratada como yo no puede negar.

Asiento, eventualmente mirando hacia atrás por la ventana.

—Sí. Todavía me estoy adaptando a… —suspiro, desvaneciéndome en mis pensamientos. Guardo mis esqueletos en el armario, pero tampoco le miento—… estar aquí.

Edward permanece en silencio por unos segundos, asintiendo con la cabeza y volteándose para mirar el camino.

—Puedo ver eso.

Estamos en silencio ahora, y sé que debe pensar en lo extraños que pueden ser mis cambios de humor. No me gusta ser esta persona, una persona que sigue adelante por la línea del pasado pero que tampoco sabe cómo dejarlo todo atrás.

Después de pasar la mañana llevándome a hacer mis mandados, y todo el tiempo que él pasará trabajando en mi camioneta, me siento muy mal por ser tan voluble con él. Se merece al menos un reconocimiento de eso.

—Lo siento por ser rara.

Él piensa en lo que he dicho.

—¿Te arrepientes de ser rara? No deberías tener que disculparte por lo que eres.

Ambos nos reímos, confirmando sin palabras que soy, de hecho, la persona más rara de Forks, pero además, es un hecho que no parece molestarle.

Llegamos a nuestras cabañas lo suficientemente pronto, mi bolsa de armas segura en mis manos mientras nos paramos en la parte delantera del auto de Edward.

Dice una última cosa antes de girarse para irse a casa.

—Mientras yo esté cerca —Edward hace una pausa mientras señala las balas—, no tendrás que usarlas en absoluto.