Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Me despierto a la mañana siguiente con dos cosas inesperadas: mi arma mirándome desde mi mesita de noche y un sonido metálico proveniente de la entrada.

Sé que puse el arma allí anoche antes de quedarme dormida, pero en esos pocos segundos entre la conciencia, se me había olvidado, y ahora me hace pegar un gran salto en mi cama.

Una vez que los latidos de mi corazón se ralentizan a un ritmo normal, escucho el sonido metálico de nuevo y asumo que es Edward trabajando en mi camioneta.

A juzgar por la luz de mi habitación, puedo adivinar que es media mañana, y me dejo caer sobre mi colchón para cerrar los ojos una última vez y encontrar la voluntad de levantarme y comenzar el día.

Mi cama se ha convertido en uno de mis lugares favoritos aquí en Forks. No hay mucho que hacer. Es una cama matrimonial, ya que cualquier otra cosa ocuparía demasiado espacio en la pequeña habitación, pero las sábanas son suaves y el edredón y las almohadas me arrullan en un sueño reparador durante las noches en que mis pensamientos acelerados no me mantienen despierta.

El cielo está oscuro y sombrío a medida que nos acercamos a fines de septiembre, y por mucho que quiera quedarme en la cama todo el día, es difícil ignorar a Edward y las fuertes protestas de mi camioneta por mucho más tiempo.

Me arrastro al baño antes de salir a ver a Edward.

Mi arma se queda donde está.

Cuando me miro en el espejo mientras me lavo los dientes, observo mi reflejo. Dejando a un lado el cabello salvaje por dormir, todavía puedo ver a la chica con deseos de venganza que me miraba fijamente en el espejo anoche.

Está allí, solo un poco adormilada.

Tal vez salga más a medida que avanza el día.

Suspirando, alcanzo mi bata que cuelga en la parte trasera de la puerta del baño. Hacía un poco de frío anoche, así que los pantalones de pijama a cuadros que tengo puestos ahora son perfectos con mi bata gris claro. Los rizos de mi cabeza se doman fácilmente con una buena dosis de champú seco.

Mi pobre vecino está arreglando mi camioneta gratis; lo mínimo que puedo hacer es no aterrorizarlo cuando vea mi cabello matutino de Medusa.

Salgo unos minutos después con dos tazas de café.

—¿Llevas mucho tiempo aquí afuera? —pregunto y coloco su taza en la barandilla del porche delantero. Edward se gira al escuchar mi voz y asiente hacia la taza que lo espera.

No estoy segura de cuándo me di cuenta de la forma en que toma su café, pero lo sé. Debe haber sido ayer cuando pasaba por su cabaña antes de dirigirnos a la tienda.

Sacudiendo la cabeza, alcanza el café y asiente en señal de agradecimiento.

—Solo quería otra mirada debajo del capó antes de comenzar.

—¿No deberías llevarla a cenar primero? —pregunto, tomando un sorbo lento para ocultar la pequeña sonrisa en mis labios.

Edward se detiene a mitad de un sorbo.

—¿Fue eso...? —Hace una pausa—. ¿Fue eso una broma?

Me río de la mirada de asombro en su rostro.

—¿Creo que sí?

Nos reímos juntos bajo las nubes de media mañana.