Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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―¿Qué? ―me pregunta Edward un minuto después de que nos hemos sentado en la pequeña mesa para dos junto a la ventana de mi cocina. Debe haber visto la vacilación en mi rostro mientras miramos los tazones humeantes frente a nosotros en la mesa―. ¿Tienes miedo?

―No, no tengo miedo. Pero tú eres el invitado —miento, sin querer admitir que tiene razón. Supongo que tengo un poco de miedo de probar el chili después de tanto tiempo sin hacerlo―. Los invitados van primero.

Sus ojos verdes perforan los míos antes de entrecerrarlos hacia mí como si de repente estuviera bajo interrogatorio.

―¿Envenenaste esto mientras yo no estaba? ¿Algún plan maestro para sacarme de escena?

Me río a carcajadas, olvidando mi nerviosismo por un momento.

―No ―niego con la cabeza, repentinamente seria―, eres un buen tipo para tener cerca.

Nos miramos el uno al otro por un momento, reconociendo el cambio en la conversación, pero no listos para abordarlo todavía.

―Ajá. ―Edward continúa con el juego que estamos jugando, y de nuevo me encuentro agradecida por cómo siempre minimiza mis preocupaciones sin que yo tenga que decirle una palabra. Toma su cuchara y la choca con la mía en mi mano―. Aquí vamos.

Ver a Edward comer es fascinante. Se acerca el chili a los labios, sopla sobre la comida caliente, antes de llevárselo todo a la boca y tragarlo. Observo nerviosamente al otro lado de la mesa, ansiosa por lo que suceda a continuación.

―¿Bien? ―le pregunto y trato de ocultar la inseguridad en mi voz. Cuando se pasa la lengua por los labios al terminar de tragar, un escalofrío se asienta en mi estómago.

―Será mejor que te apures y comas ―me murmura mientras toma otra cucharada―, antes de que me lo coma todo.

―Basta. ―Pongo los ojos en blanco y creo en la palabra de Edward, empezando a comer.

―Lo digo en serio. Esto es delicioso, Bella. ―Deja escapar un gemido que casi me mata donde estoy―. No tienes por qué tener miedo.

―¿Alguna vez has cocinado una comida para alguien, y la odió?

Odio la forma en que mi voz se vuelve pequeña. Odio la forma en que todavía puedo recordar cuánto tiempo me tomó lavar los restos de su plato de mi cabello.

―Casi siempre que me pongo frente a una estufa ―bromea Edward, limpiándose los labios con una servilleta―. No soy el mejor cocinero, lo admito.

―Me encanta. Cocinar. ―Sonrío suavemente, esperando que cubra los recuerdos detrás de mis ojos―. Ha pasado un tiempo desde que cociné algo y no me lo tiraron en la cara. Literalmente.

Odio la forma en que el entendimiento se muestra en su rostro. Odio la forma en que sabe lo que estoy diciendo sin que yo tenga que decirlo.

Odio cómo junta las piezas. Me gusta esta parte de mi historia, y dado que ahora él es parte de ella, no me gusta cuando lo que ya está escrito se encuentra con lo que se está escribiendo ahora.

Se aclara la garganta, su voz áspera en los bordes.

―¿Tiene esto alguna conexión con por qué necesitabas tanto esa arma?

Asiento con la cabeza.

―Sí.

―Te prometí que te enseñaría cómo usarla. ―Fuerza una sonrisa en su rostro, pero puedo ver una renovada determinación marcar su expresión―. ¿Cuándo deberíamos empezar?