Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Aprendo bastante rápido que un cambio de estación en Forks, Washington, trae más que un simple cambio de temperatura.
La mañana después de mi almuerzo con Edward, el día que Edward y yo acordamos apartar tiempo para mi primera lección de tiro, los cielos se abrieron, y ahora, casi una semana después, finalmente han mostrado signos de detenerse. No fue una lluvia fuerte, pero fue fría y constante y no las condiciones en las que Edward quería que yo aprendiera.
Estuve abatida durante unos días, aunque mi miedo a tener poca protección disminuyó lo suficiente como para no abrumarme mientras esperaba que pasara la tormenta.
Literalmente.
Fui a comprar comida. Cociné un montón de comidas y le di a Edward todas mis sobras, que él, por supuesto, devoró. Eché mano del dinero que me dio Rose y compré algunas cosas para la cabaña, y poco a poco comencé a convertirla en mía.
Pequeñas cortinas, una salpicadura de cálidos adornos de otoño en el interior aquí y allá, un par de botas cálidas y resistentes para usar en el clima frío y húmedo.
―Mañana debería estar bien ―comenta Edward una semana después cuando hemos terminado de cenar. No comemos juntos todas las noches, pero siempre es bienvenido y agradable cuando lo hacemos―. Cuanto antes mejor.
—Tendrás que despertarme —le pido―, ya no creo en los despertadores.
Solo hablo medio en serio. Por lo general, todavía me despierto temprano, pero con la desaparición del sol y la lluvia golpeando mis ventanas durante toda la semana, he estado durmiendo mucho más allá de la hora en que normalmente me gusta comenzar el día.
Él asiente y rueda los ojos hacia mí, riéndose por lo bajo.
―Estaré aquí alrededor de las diez. Usa tus botas, pero trae tus tenis.
Dejo escapar un gemido exagerado.
―¿Hasta dónde planeas llevarme?
―No tan lejos, pero el clima ha sido malo, y no quiero que te resbales. Y quiero que uses tenis para tu lección.
Comienza a caminar hacia la puerta.
―Sí, señor. ―Le ofrezco un saludo fingido, pero me detengo cuando veo la expresión de su rostro―. Está bien, perdón.
Siempre finge hablar en serio, pero puedo ver que las comisuras de sus labios se contraen.
―¿Voy a arrepentirme de esto incluso antes de que empecemos?
―Probablemente.
Por suerte para Edward, me levanto mucho antes de la hora programada. Me ducho, me cambio y desayuno con mucho tiempo libre, mi adrenalina lista y haciendo un mejor trabajo que la cafeína en mi café. Como lo predijo, la lluvia ha cesado y, aunque no ha salido el sol, es un buen respiro de la humedad que hemos tenido durante la última semana.
Se siente como a principios de octubre cuando salgo al porche a las diez en punto, y estoy feliz de haber decidido usar mis mallas de ejercicio más gruesas y una sudadera con capucha de lana. Todavía tengo el pelo demasiado corto para recogerlo por completo, pero sí recogí la mitad para que no me cubriera la cara y no estorbara. No sé qué tan lejos planea llevarme Edward, así que lleno mi mochila con lo poco que sea necesario. Mi arma y todas las piezas que la acompañan, teléfono, agua, una barra de granola y mis tenis, como Edward pidió, son todo lo que necesito mientras cierro la puerta detrás de mí y me dirijo a la cabaña de Edward.
Al igual que yo, está listo cuando doy vuelta en la esquina hacia su patio trasero. Él sonríe ante mi apariencia, su usual melena salvaje de cabello bronce escondido debajo de un sombrero. También está vestido con una abrigada sudadera con capucha negra y un pantalón de chándal gris, y por un segundo, nuestra ropa cómoda me da ganas de abandonar la tarea y quedarme en casa y ver Netflix todo el día.
Aparentemente, soy la única que quiere hacer eso.
―Vamos ―indica Edward y comienza a caminar por el sendero arbolado.
