Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Solo nosotros.
Trato de restar importancia en mi cabeza a esas dos palabras y la forma en que Edward las dijo, a pesar de que esa sensación familiar que sentí ayer en mi estómago vuelve ahora.
―¿No hay testigos en caso de que te dispare accidentalmente? ―bromeo, dejando mi bolso en el césped. Miro a Edward con una sonrisa―. Eres más valiente de lo que pensaba.
Pone los ojos en blanco como pensé que lo haría.
―Sé lo que estoy haciendo ―responde, colocando su propio bolso junto al mío. Cuando vuelve a ponerse completamente erguido, me mira a los ojos y su rostro se suaviza mientras habla―. Confía en mí en esto.
Trago saliva, desconfiada de dar el siguiente paso, pero curiosa por ver qué pasaría si lo hiciera. Escucho la voz de Rose en el fondo de mi mente diciéndome que está bien confiar en alguien, está bien que quiera pasar tiempo con alguien después de haber estado en una jaula todo el tiempo que estuve en Rhode Island.
Está bien, tal vez sea aterrador, pero está bien vivir mi vida. Edward todavía me observa, casi como si supiera que estoy a punto de derribar una barrera autoimpuesta.
Asiento con la cabeza. ¿Confío en él?
―Lo hago.
―Bien ―murmura Edward en voz baja―. No podríamos hacer esto si no lo hicieras.
Inhalando para concentrarme, asiento con comprensión y miro lo que colocó en el suelo junto a mi bolso.
―¿Qué es esto? ¿Hiciste almuerzos?
Me arrodillo junto a lo que parece una hielera, y muy pronto, Edward se arrodilla junto a mí, así que estamos a la altura de los ojos.
―Fui al deli en la ciudad esta mañana ―explica y abre la cremallera de la hielera para mostrarme lo que ha traído. Se ríe y señala los sándwiches envueltos en el interior―. Usualmente hasta ahí llegan mis habilidades culinarias.
―Es perfecto para hoy, en realidad. Se ven deliciosos.
―Mi papá siempre pensó eso. O tal vez solo me dijo eso para hacerme sentir bien; no sé.
Observo que esta es la segunda vez que menciona a su papá desde que estamos acá, así que este viaje hasta aquí debe tener significado para Edward hoy también, y no solo para mí.
―Hombre inteligente. Sabía que no quería darte un arma y enfadarte —bromeo. Edward se ríe, un sonido que se funde con el aire que nos rodea como el canto de los pájaros desde arriba.
―Supongo que debería hacer lo mismo, ¿eh? ¿Contigo? ―Sus ojos todavía se entrecierran en las esquinas cuando se ríe, y es una vista tan cálida, verla en otro humano, que siento que mis propios muros se debilitan a mi alrededor.
—No eres tú con quien estoy enojada —escupo demasiado pronto para detenerme.
Sus dedos, que estaban jugando en pequeños parches de hierba, se quedan quietos, y me mira. Está en silencio, estudiando mi rostro como si tratara de descubrir cómo leerme y proceder con precaución.
Ya sé que no me está juzgando. Se aclara la garganta.
―Estás aquí ahora. Ya no tienes que estar enojada por nada.
Resoplo.
―Creo que siempre estaré enojada.
Se queda en silencio antes de empezar a reír suavemente a mi lado.
―Así que estoy a punto de enseñarle a una mujer siempre enojada cómo disparar un arma ―confirma con un exasperado movimiento de cabeza―. Maravilloso.
