Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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—¿Estás lista? —Edward se para a mi lado, sus manos descansan suavemente sobre sus caderas mientras espera una reacción de mi parte.

—¿Es una pregunta con trampa? —trato de bromear, aunque trato de tragarme el pánico que me sube a la garganta. Niego con la cabeza, con toda honestidad—, porque no. No estoy lista.

—Lo estarás —sonríe, asintiendo con comprensión—, tal vez no hoy, pero lo estarás.

Se inclina para alcanzar el arma donde la he llevado en mi bolso, manejándola con una precisión casual que me hace confiar en él incluso más de lo que estoy dispuesta a admitir a regañadientes. Sostiene el arma para que la tome, y agarro el frío metal en mi mano con temor.

Nunca he visto algo tan fuera de lugar en mi vida.

Niego con la cabeza ante mi incomodidad, llevando mis ojos a los suyos. Me está mirando con esa sonrisa en su rostro, la que usa cuando intenta mantener el resto de su diversión oculta para no ofenderme.

—No sé qué hacer primero. Nunca sostuve una de estas cosas hasta que llegué a la cabaña.

—"Una de estas cosas" —se ríe y me indica que imite sus movimientos—. Aquí.

Levanta los brazos hacia adelante y yo asiento y hago lo mismo.

—De acuerdo.

Pretende sostener un arma en sus manos y me muestra cómo colocar el arma dentro de la mía. Cuando está lista, se hace a un lado.

—Cierra tus ojos —pide en voz baja mientras damos el primer paso antes de que todo cambie—. Respira.

—¿Así? —Hago lo que dice, sosteniendo el arma frente a mí. Siento la forma en que mi cuerpo sube y baja con cada respiración, los sonidos de los árboles susurrando en el aire me recuerdan dónde estoy y para qué estoy aquí.

—Lo estás haciendo muy bien, Bella. Mantén los ojos cerrados y sostén tus manos así. —Lo escucho acercarse a mí, y pronto puedo sentir su presencia más cerca que nunca. Abro los ojos para ver sus manos sobre las mías—. ¿Esto está bien?

Trago saliva rápidamente, pensar en la mano de Edward sobre la mía provoca recuerdos que estoy tratando de olvidar. Pero tan rápido como aparecen las imágenes oscuras, se borran al pensar en cómo se sentirían sus grandes manos sobre mi piel.

—Sí —respondo.

Aunque sabía que lo haría porque él tuvo la intuición de saber que primero tenía que preguntarme, sus manos sobre las mías me toman por sorpresa.

Tal vez a él también.

Sus manos, grandes, cálidas y callosas por años de arduo trabajo, empequeñecen las mías cuando las envuelven a ambas y el arma se sostiene con fuerza en mi agarre. Se para a mi lado, un brazo debajo de los míos, el otro afuera, mientras nuestras manos se tocan.

La última vez que un hombre me tocó, yo estaba agachada en un rincón, esperando que se detuviera. Pero esta vez, la sangre debajo de mi piel se calienta a un nivel notable.

Edward se aclara la garganta pero no suelta mis manos. No estoy segura de querer que lo haga todavía.

—Esto es lo que quiero que hagas. Solo concéntrate en tu respiración. Inhala profundamente. —Demuestra, y no puedo evitar cerrar los ojos ante su proximidad—. Exhala profundamente. Mantén los brazos extendidos; sí, así. ¿Estás bien?

La forma en que se toma el tiempo para consultarme periódicamente a lo largo de nuestro tiempo me ayuda a calmar mis nervios destrozados.

—Es pesada —comento con una risa, sin darme cuenta de la tensión que ese peso ha puesto en mis brazos para mantenerlos firmes durante todo el tiempo que la he sostenido hasta ahora.

—Eventualmente, tus brazos reconocerán el peso —explica con una risa—. Cuando estés lista, abre un ojo y concéntrate en ese árbol justo allí. Ese es tu objetivo.

Espero un momento en silencio, tomándome el tiempo para que mi cuerpo se adapte a esta nueva situación. Eventualmente, hago lo que dice cuando siento que es el momento.

—Respirar, manos firmes, ojo en el objetivo. Entendido. —Enfoco mi puntería en el árbol al otro lado del prado—. ¿Ahora qué?

—La oportunidad es tuya, Bella. Cuando estés lista.

No puedo evitar pensar que estamos hablando de algo más que el arma en mi mano. Dejo que sus palabras me inunden, mi ojo fijo en el árbol y mi respiración lenta, incluso mientras trabajo con mis respuestas biológicas por disparar un arma por primera vez.

Aprieto el gatillo y reconozco los Snap Caps*, diseñadas para imitar la sensación de disparar de verdad pero hechas para evitar dañar los componentes, Edward debe haberlas cargado en lugar de balas.

Dejo mi postura por completo y me vuelvo hacia Edward confundida.

—¿Qué diablos, todavía no es una bala real?

—Necesitas sentirte cómoda contigo misma primero —indica simplemente, alcanzando mi mano para convencerme de que vuelva a mi posición—. Balas la próxima vez.

Me toma tres sesiones más en el prado antes de disparar al centro de la calabaza que Edward y yo trajimos para usar como mi objetivo.

Pero cuando golpeo la calabaza, y el naranja explota mezclándose con el color del follaje de otoño que nos rodea, es Edward animándome lo que me hace sentir como una mujer cambiada.


*Snap Cap: son "cartuchos" inertes que amortiguan el golpe del percutor, evitando así el daño. Se utilizan principalmente en labores de entrenamiento, generalmente para enseñar como cargar un arma de forma segura. Sirven para desmartillar un arma de fuego en forma segura, para traslado, guardado o almacenamiento.