Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Las semanas pasan volando con creciente facilidad. El aire, que no muestra ningún recuerdo del caluroso verano, se enfría considerablemente mientras Edward y yo le hacemos un hueco a las sesiones según su horario y las condiciones climáticas. Aprendo rápido, no importa a qué hora del día nos aventuremos al prado, ninguna cantidad de capas de ropa o termos humeantes de chocolate caliente pueden calentarme del aire frío. No me importa, ya que Edward y yo solemos tener una conversación profunda sobre lo que necesito trabajar durante la siguiente hora, y me ayuda a distraerme de la verdadera razón por la que estamos aquí.

Hablo con Rose cada pocos días, ambas usamos diferentes teléfonos desechables a medida que pasan las semanas, y ella me tranquiliza cada vez que recuerdo lo delicada que es esta situación. No sucede tan a menudo como antes, los momentos en los que entro en pánico y me pregunto qué tan seguro es para nosotras hacer esto. En esos momentos, le pido disculpas a Rose por haberla metido en este lío, tratando de convencerla de que rompa completamente todo contacto conmigo para que su vida no corra más riesgo de lo que ya está.

Ella me cuenta lo que está haciendo, cómo vive su vida como lo hace normalmente, como si mi partida no hubiera causado una onda en su meticulosa vida. Me calma momentáneamente, y cuando cuelga, la mayoría de las noches miro por la ventana y veo el fuego que Edward ha iniciado en la hoguera en su jardín cerca del lago.

Esto también me tranquiliza.

Todas las noches, colocamos nuestras sillas lo más cerca posible del fuego sin quemarnos, compartimos bebidas para calentarnos, vemos la puesta de sol mientras conversamos toda la noche.

Antes de que nos demos cuenta, es Halloween, y me sorprende sentir tanta nostalgia como lo hago. No es como si hubiera celebrado las fiestas en casa de todos modos. Abríamos nuestra casa para los niños pequeños del barrio para pedir dulces, siempre recordando la apariencia que teníamos que mantener en todo momento, pero yo no era la esposa que horneaba pan de calabaza y convertía otras comidas en delicias con temática de Halloween.

Vivía mi propia historia de terror durante todo el año; el terror de Halloween no era un aspecto adicional de miedo que necesitara en mi vida.

No hay niños en las cabañas que nos rodean, por lo que no tenemos una reserva de dulces listos para repartir. Pero ver las decoraciones de otoño en la ciudad me hace pensar en recuerdos cuando Rose y yo éramos niñas. Recuerdo el peso de nuestros dulces sosteniéndonos mientras caminábamos por el vecindario cada Halloween, nuestros padres nos cargaban dentro de la casa cuando el cansancio se apoderaba al final de la noche.

Encuentro que los recuerdos son agridulces a medida que los días se acortan aquí en Forks, especialmente cuando Edward está ocupado durante el día haciendo visitas a domicilio para reparar autos. Todavía camino alrededor de la propiedad, familiarizándome con los diferentes senderos, así que me siento cómoda con la mayor parte posible del paisaje que me rodea.

Dejando de lado la nostalgia, Forks es realmente hermoso. Me encuentro cada vez más tranquila cuanto más tiempo estoy aquí, y con la compañía de Edward, puedo sentir que mis pies se plantan en esta ciudad con un propósito.

En poco más de un mes, me siento más en casa que en toda mi vida en Rhode Island.

—¿Puedes alcanzar ese tazón de arriba?

Especialmente en noches como estas, cuando Edward siente mi nostalgia y sugiere que hagamos algo para celebrar la festividad, incluso algo tan pequeño como hacer los brownies que trajo el día que compartimos nuestro chili.

—Probablemente no —me río, apartándome para que Edward pueda alcanzar el tazón grande. Cuando se estira, su camisa térmica gris se eleva más contra su torso, revelando una pequeña porción de un estómago duro y tonificado que me hace apartar la mirada por miedo a mirar.

—Toma —dice, colocando el tazón en el mostrador y luego alcanzando la caja al lado. Observo mientras escanea los ingredientes, hablando consigo mismo mientras abre la bolsa de mezcla para brownies que hay dentro.

Este último mes me ha abierto los ojos a otras cosas además de disparar armas y paisajes otoñales.

He notado la forma en cómo la luz del sol se refleja en el cabello de Edward en las puestas de sol que vemos junto al fuego. Veo la forma en que sonríe ante mi progreso cuando piensa que no estoy mirando, la forma en que me anima a seguir adelante cuando quiero rendirme. El sonido de su risa envía un hormigueo por todo mi cuerpo, familiar y extraño al mismo tiempo.

—Tú viertes y yo los mezclo —ofrece Edward, alcanzando los huevos y el aceite y un tazón más pequeño.

—¿Estás seguro? —le pregunto con curiosidad, sin saber de dónde viene este "Edward seguro en la cocina".

Hace una pausa en lo que está haciendo para lanzarme una mirada desconcertada.

—Si confío en ti lo suficiente como para estar cerca de ti mientras disparas un arma, entonces puedes confiar en mí mientras preparo unos brownies —masculla con un chasquido de huevo para enfatizar el punto que está tratando de hacer.

—Solo estoy recordando lo que dijiste sobre ser un cocinero horrible —me río mientras abro la mezcla y la vierto en el tazón grande.

—Esto parece bastante fácil —dice encogiéndose de hombros, terminando de mezclar los ingredientes húmedos antes de voltearse para verterlo en mi tazón de mezcla seca—. Oh, espera. Tienes algo en la mejilla.

Es instantáneo, una fuerza del hábito, el estremecimiento que hago cuando Edward mueve sus dedos hacia arriba para limpiar la mezcla en mi mejilla.

Pero él lo ve.

Y estamos en silencio en la cocina, la cálida atmósfera de las festividades se detiene cuando mi pasado resurge, sin importar cuánto intente mantenerlo a raya. Sé que fue la mano de Edward la que vino a mi cara, pero en lugar de un suave toque con las yemas de sus dedos, me preparé para el golpe de un duro puño.

—Oye —dice en voz baja, dejando el tazón y bajando la cabeza a mi nivel en un esfuerzo por atraer mi atención—. Bella, escúchame.

Evito el contacto visual por completo, alcanzando los ingredientes y vertiéndolos en un tazón. Mezclo furiosamente, deseando que hubiera una manera de hacer que todo lo que sucedió hace un momento desaparezca. Soy consciente de dónde estoy, consciente de que todavía estoy en mi cocina, en la cabaña y a miles de kilómetros de él.

»Por favor —suplica Edward, la sinceridad en su voz detiene mis sentimientos iniciales de terror. No puedo evitar que las lágrimas que llenan mis ojos se desborden, aunque las limpio tan rápido como caen.

No lo suficientemente rápido para Edward.

»Nunca te haré daño, Bella. —Su voz es baja, con cuidado de no asustarme como si supiera lo tentada que estoy de huir—. No sé lo que te hizo, y no es asunto mío, lo sé. Pero no soy él. Y nunca lo seré.