Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Durante las próximas semanas, cuando Edward y yo salimos a tomar aire, me doy cuenta de que no solo es hábil en las áreas que me debilitan las rodillas. Su entrenamiento y experiencia en el ejército lo han hecho sigiloso y profesional, fuerte y confiado en su habilidad para enseñarme a defenderme de un posible ataque de mi esposo. Me tomó toda una lección creer que Edward tenía razón. Sería estúpido de mi parte confiar solo en un arma para defenderme, especialmente porque no puedo llevar un arma a donde quiera que vaya.
Los lugares a los que voy en estos días son limitados, especialmente porque Edward escucha cada vez más mi historia y lo peligroso que puede ser mi esposo cuando se siente amenazado. Mi partida definitivamente lo ha dejado sintiéndose débil, lo cual es una receta para el desastre que sé que eventualmente surgirá. A pesar de que mis aventuras desde la cabaña no son más que ir a la tienda de comestibles u otros lugares pequeños de la ciudad, todavía siento más libertad de la que he sentido en lo que parecen décadas.
Entre poder subirme a mi camioneta y hacer mis diligencias cuando me apetezca, o quedarme en casa y caminar por los senderos alrededor del lago, nunca me he sentido más viva.
Que es una de las razones por las que siento que me transformo con cada lección de defensa personal con Edward. Estas lecciones no solo me entrenan para desarmar a mi esposo o tomarlo desprevenido; estas lecciones son para mí.
Cuando Edward me enseña a concentrarme en las áreas vulnerables del cuerpo de una persona, cierro los ojos y dejo que la adrenalina y la ira fluyan por mis venas como deberían haberlo hecho en Rhode Island. Su rostro está detrás de cada patada, cada puñetazo, cada golpe que Edward me enseña a dar.
Con fuerza.
―Sin fuerza aquí ―advierte Edward mientras se cubre la ingle con ambas manos mientras se prepara para recibir un golpe de una de mis patadas―. Por favor.
Me río, contenta de que mi cara esté empapada de sudor para poder esconder el deseo en mis ojos mientras me limpio con el hombro, cubriéndome la cara en el proceso. Han pasado dos semanas desde nuestro beso en la fogata, y aunque las cosas entre nosotros se han intensificado, no hemos cruzado la línea en nada más que eso.
Me río de nuevo de mis pensamientos, todavía sin creer lo juveniles que aún suenan viniendo de una adulta, pero me encojo de hombros y me recuerdo disfrutar este momento, estos momentos, tal como vienen.
Y ha habido muchos de ellos últimamente.
Demasiados para contar.
Me despierto cada mañana feliz. No me aterra pensar en otro día, de hecho, es exactamente lo contrario. Cada día encuentro algo nuevo que amar y apreciar. Algo nuevo para explorar.
He pillado que soy más feliz con cada descubrimiento que encuentro escondido dentro de mí.
Soy… diferente. Más fuerte en más de un sentido. Mentalmente, he reemplazado el miedo por mi esposo con un odio ardiente. Físicamente, siento que mis músculos se vuelven más fuertes y tonificados mientras trabajo para encontrar la fuerza para algún día derrotarlo. Emocionalmente, me miro en el espejo y me amo de nuevo.
Se ha disipado la niebla que me rodeaba y que él pasó años cultivando, asfixiándome con su versión de nuestra vida perfecta. Escapé de su prisión, literalmente, y descubrí que vivir sola es muchísimo mejor que vivir con él.
Pero, no estoy sola.
Viendo a Edward mientras prepara los tapetes que colocó en el piso de su habitación de huéspedes, me doy cuenta por primera vez desde que era una niña que estoy muy agradecida por esta pequeña vida mía.
―¿Estás lista? ―inquiere.
―¿Tú estás listo? ―lo corrijo, acercándome para pararme directamente frente a él.
―¿Para ti? ―pregunta Edward con un movimiento de cabeza y una risa. Luego, con su brazo, me tira hacia adelante contra su pecho―. Siempre.
Y luego me da una voltereta sobre la colchoneta.
