¡Holiwis! Hoy no podía ignorar esto. No y no. Es un churro, pero las letras llegan hasta donde ella está. Y sí, hoy, en España al menos, ya es 29 de Marzo y Genee, mi hermosa cuore, cumple añetes =D Y ¿cómo no un Taiora para la reina?
¡Ojalá y lo disfrutes, hermosa Genee!
¡Felices primaveras!
Advertencias: OOC, lemon, humor del malo.
BRB: Para los que sean mancos como yo en su momento, BRB es Be Right Back (Regreso en seguida), utilizado mucho en juegos.
Parejas: Este fic tiene Taiora, Mimato, sugestion de Shirome, Takari y se hace un intento de Joumei.
Nota: Si se ha escapado algún Itachi, mil perdones xD.
BRB
—Entonces. ¿Tu mayor miedo ahora mismo, en este momento, cuando todo podría irse por el retrete, es no saber saltar a la comba?
Su marido, muy concentrado, asintió. A Sora siempre le había gustado de sobremanera la forma en que Taichi fruncía las cejas —amaba esas condenadas y grandes cejas que él no le permitía depilar nunca—, en que sus ojos chocolate se enfocaban en el asunto de importancia y en cómo sus labios se mantenían firmemente pegados, —ya le había visto hacerlo antes y, aunque era algo vergonzoso admitirlo, la primera vez que le vio tal acto ella se echó a reír durante horas, cosa que fue problemática fue mientras se colocaba un condón—, como si no quisiera que una mala palabra saliera de ellos.
Sora suspiró. Pues podía amarle muchísimo, volverla loca con solo tocarla, pero en ese momento, justo en ese instante, se cuestionaba hasta qué límites era capaz de llegar la estupidez de Taichi. Le quería, de verdad que sí. Y aceptaba el tema de amar a la persona hasta con sus defectos.
El problema quizás es que ella no veía que su humor fuera un defecto exactamente.
—Sora, déjale. Ya sabemos todo cuán de especial es Taichi.
La voz de Yamato llegó desde el altavoz junto al televisor. Tuvo que hacer el mejor esfuerzo para no reírse. Se acurrucó más en el sofá y acarició la espalda de Taichi.
—¡Oye, condenado Ishida! —acusó Taichi. Sus dedos se cerraron con más fuerza sobre el mando que sostenía—. Tú tampoco sabes saltar a la comba. Hasta mi hermana lo hace mejor que tú.
—¿Por qué he salido yo en la conversación? —protestó Hikari—. ¿Es porque estáis perdiendo?
—Es que tenéis el poder de la generación —rezongó Joe—. En realidad, debería de estar estudiando en vez de esto.
—¿Poder de generación? —cuestionó Koushiro—. Venga ya. Eso es pura excusa para no ser capaz de reconocer que confundes los botones.
—Reconocer que todos sois unos mancos. —La voz de Takeru sobresalió por encima de las otras.
Yamato maldijo.
—¿Cuánto le cae a uno por pegarle una paliza a su hermano menor?
Las risas no tardaron en llegar, hasta que la voz femenina de Mimi se alzó sobre ellas.
—Pégale a tu hermano y te quedarás sin postre por más de un mes —amenazó.
Taichi desvió la mirada hacia ella cómplice. Ella hizo un gesto de vómito que le hizo reír. Ambos sabían qué significaba eso entre ellos, pues por curioso, Taichi una vez preguntó a qué postre se refería y Mimi no tuvo ninguna clase de vergüenza de explicarle qué era.
—Yamato, por favor, no pegues a mi novio.
—Takeru, se te da de mierda imitar a Hikari —dijo Taichi antes de estallar en carcajadas, pues de fondo, se escuchó a Hikari echarle la bronca a Takeru, pese a que había tapado el micrófono.
—Bueno, como mi hermano ha muerto, me quedo con todo lo suyo.
Las protestas no tardaron en llegar. Hasta Taichi se puso en pie y ella aprovechó, por instinto más que nada, a palmearle el trasero. Cuando la miró elevando una ceja, Sora ya sabía qué se había ganado.
—Era broma… —empezó.
Taichi dejó el mando sobre la mesa y luego, movió la mano hacia el micrófono.
—Brb —anunció. Presionó el botón de silencio y se volvió a ella. Sora empezó a reírse, nerviosa.
—¿No quieres terminar mejor la partida y explicar por qué pensabas en lo de la comba?
—No —negó mirándola de arriba abajo—. Has empezado tú.
—Tú solito te enciendes —protestó cruzándose de brazos. Taichi se agachó hasta que sus manos quedaron a cada lado de su cuerpo.
—Es lo malo de que dos personas que son fuego estén juntas, Sora —le recordó—. ¿Acaso no lo dije el día de nuestros votos?
—Sí —rememoró—. Había mucho más entre eso.
Él sonrió, con esa mueca tan suya. Acomodó su cuerpo para él, permitiendo que la aplastara amablemente contra el sofá, remarcando las partes interesantes de sus cuerpos contra ella.
—Sí, las dije —murmuró antes de besarla —. Y tú ya sabes lo de la comba. Entrenábamos cuando éramos niños para un examen. Lo suspendí.
Ella acarició su nariz contra la de él.
—Y luego, como tonto, retaste a Yamato a un duelo de combas —recordó. Le besó esa vez, y él siguió el beso pese a que retrocedió—. ¡Taichi! —protestó entre carcajadas.
Los gritos de sus compañeros interrumpieron sus besos. Taichi miró los altavoces de reojo. Un momento que ella aprovechó para revisar su perfil y darse cuenta de cuán enamorada se sentía. Llevó su mano hasta su mejilla y, cuando él se volvió hacia ella, lo besó una y otra, y otra vez.
En algún momento, las manos de Taichi abandonaron el soporte de su peso, para, de rodillas sobre el sofá, bajar por encima de sus pechos, aún con la ropa, deteniéndose al notar su desnudez.
—Diablos, esto era una trampa —se percató.
Sora no pudo evitar reírse, completamente descubierta.
—No me digas que también…
Ella elevó una ceja e hizo un gesto sugerente, retándole a descubrirlo por sí mismo. Cuando la mano masculina reptó por su vientre, se coló por su cintura hasta llegar justo al punto adecuado, Taichi maldijo sin tapujos. Su mirada se oscureció por el deseo y su mano no se retiró. Sora apretó los labios y movió su pierna cuando él se lo pidió con la suya. La beso reiteradas veces, sin detener su tarea.
Lo aferró de la camiseta a medida que el placer se incrementaba, suspirando contra sus labios y cerrando los ojos cuando finalmente, la venció.
—Dios, Taichi —masculló entre jadeos.
Él le besó la nariz, retirándose para aflojarse los pantalones antes de empezar a quitar los suyos. Se aferró a sus cabellos cuando se inclinó, dispuesto a dejar un sendero de besos, de nuevo, hasta su sexo.
—Espera… estoy…
Apenas fue capaz de retener el gemido. Arqueó su cuerpo y le dio acceso lo más que sus piernas y caderas le permitieron. Cuando se separó, le miró, ansiosa.
—Por favor…
Él asintió y se apartó para dirigirse a la cómoda tras el sofá. Abrió el cajón secreto, como le gustaba llamarlo y volvió con un paquete de condones. Sora se lo quitó, abriéndolo, mientras él bajaba más sus pantalones y la ropa interior. Cuando se volvió, él ya se había sentado y masajeaba su propio sexo, observándola. Sora se acercó más hasta pegar sus rodillas contra él y esquivó su mano cuando quiso tomarlo.
—Yo lo haré.
Taichi silbó y retiró la mano, ofreciéndose.
—Todo tuyo, cariño.
Se detuvo al notar el deje humorístico. Le conocía lo suficiente bien como para saber que eso implicaba una trampa. Bien. Ella podía jugar.
Lo aferró de la camiseta y tumbó justo donde ella estaba. Taichi emitió un quejido de sorpresa, que se acentuó en un gemido cuando se sentó sobre él y de espaldas. La aferró de las caderas y nombró cuando tomó su sexo. Le miró por encima del hombro.
—Maldita sea, Sora —protestó—. Eso ha estado genial.
—Ya. Y lo que ibas a hacerme. ¿Qué?
Soltó una risita traviesa como respuesta.
—Me conoces demasiado bien, pero, ¿sabes? Ver tu trasero de esta forma me pone como una moto —siseó. Su mano derecha abandonó su cadera para pasar por su trasero y ahuecarse entre sus piernas con una habilidad pasmosa—. ¿No me querías dentro?
Cerró los ojos cuando lo sintió juguetear cerca de su zona más sensible. Asintió. Por un instante, olvidó el condón en sus manos y que él estaba duro contra su vientre. Empezó a moverse sobre sus dedos. Él debía de pararla, sin embargo, no lo hizo hasta que estuvo a punto de volverse loca.
—Taichi —protestó.
Él respiraba agitado. El sudor resbalaba por sus sienes.
—Sora, ponlo —demandó—. Quiero sentirlo en mí.
Ella obedeció, algo torpe, de manos temblorosas. No tardó demasiado. Mientras Taichi la guiaba, ella se sentaba amoldándose a él hasta que lo tuvo totalmente en su interior. Estuvo a punto de perder la compostura al completo y, por la forma en que rechinó los dientes, supo que él también.
Se tomaron un momento. Notó la palma, grande y cálida, en su espalda bajar una vez más hacia sus caderas. Cuando empezó a moverla, ella se habituó al ritmo. Muchas veces, Mimi se había quejado de cansarse y de que Yamato protestara, Taichi y ella nunca habían llegado a ese problema. A él, le gustaba regodearse con el hecho de que el ejercicio ayudaba mucho y que él era un campeón en eso.
Por supuesto, Sora no iba a quejarse de ello. Además, cuando ella se cansaba, él actuaba enseguida. Sin embargo, esa vez, ella se prometió llevarlo a la cima. Le parecía una posición muy sensual. Con él debajo de ella, teniendo una visión clara de su trasero y de cómo sus cuerpos encajaban. Podía marcar, disfrutar y por supuesto, enloquecerlo.
Se apoyó con ambas manos sobre el reposabrazo y arqueó su cuerpo, ignorando el sudor que pegaba su camiseta a la espalda o las voces de sus compañeros que continuaban inmersos en el juego, ajenos a lo que estaba pasando entre ellos. Dejó ir su voz, disfrutó de los sonidos que él se esforzaba por ocultar —algún día tendría que decirle que le encantaba escucharle—. Supo en el instante en que la meta que se había impuesto estaba por cumplirse. Y no supo si fue más disfrutable incluso el poder acompañarle en ello.
Eran raras las ocasiones en que ambos lograban culminar el orgasmo a la vez. Ninguno soltaba el nombre del otro, pero sabían perfectamente que formaban parte de esa unión. Podía durar menos o más. Él podría empujar más contra ella hasta sentirse completamente satisfecho. Ella podía apresarlo en cada palpitación.
Se levantó con cuidado mientras él sujetaba la base del condón y la ayudaba. Cuando lo tiró a un lado, se cubrió el rostro con ambos brazos y, ella, se movió hasta quedar acomodada contra el respaldo.
—¡Maldita sea, si Taichi fuera más responsable esto no habría pasado!
Ambos miraron hacia la pantalla. Sus personajes estaban muertos y sus armas, robadas por el enemigo. El personaje de Yamato estaba a su lado y le estaban masacrando. Ambos se miraron y se echaron a reír.
—Esto va a costarme mucho, pelirroja —le dijo.
—¿Te arrepientes?
—Joder, no —aseguró incorporándose. Recogió sus pantalones y se los dio, después empezó a ponerse los suyos. Desbloqueó el micrófono—. ¿Qué parte de RBR no habías escuchado, Yamato? —cuestionó.
—No he sido yo —protestó Ishida rápidamente—. Fue Meiko la que saltó del tejado y desveló nuestra posición.
Sora y él se miraron.
—¡Cómo no iba a ser Meiko!
Las risas volvieron a aparecer, aunque la chica se disculpó a diestro y siniestro.
—Chicos, RBR —anunció Mimi—. Y por largo tiempo.
—¿Vosotros también? —protestó Joe—. ¡Diablos, quiero una novia!
—Meiko está disponible —canturreó Takeru.
—Vale, suficientes juegos por hoy —censuró Hikari—. Necesitas dormir una hora al menos o tu cerebro y estupidez estallará por todo japón.
—Exagerada. Sólo quería ser celestino. Joe seguro que está cansado de jugar a la manuela.
El micrófono de Takeru se apagó y Taichi lo agradeció. Lo que menos quería era escuchar a su hermana peleándose con él.
—Ey, chicos —habló—. Mierda. ¿Meiko se ha ido?
—Ha sido demasiado, quizás —sopesó Koushiro—. Iré a hablar con ella. ¡Nos vemos!
Koushiro abandonó la partida y Joe suspiró.
—Takeru se ha pasado un poco —dijo—. Iré a estudiar. Cuidaros.
Se marchó poco después y ambos se miraron.
—Diablos, si llego a saber que iba a terminarse, ni siquiera regreso. Estaba mejor donde estaba hace nada.
Sora le rodeó los hombros con un brazo.
—Siempre podemos jugar al Fifa. Si me ganas, quizás te deje hacer esa cosa que llevas tiempo queriendo.
—¿Esa cosa?
Ella hizo un gesto obsceno con la mano.
—¡Oh, oh! ¿Eso? ¿De verdad? —canturreo frotándose las manos en la pernera—. ¿No es broma?
—No, no lo es —prometió—. Porque sé que no vas a ganar.
Taichi sonrió, valiente, decidido.
Sora, la pobre, no sabía que siempre ganaba porque él le dejaba hacerlo. Y esa vez, Taichi, tenía algo muy bueno por lo que ganar.
Fin
28 de Marzo del 2022
