Long-awaited
NANATSU NO TAIZAI © NAKABA SUZUKI
Sinopsis: Diane está un poco nerviosa por lo que acaba de descubrir, pero también sabe que lo ha esperado toda su vida [Premio para RedWorld96 por el sorteo "800 Salamandras" en Twitter]
Nota de la autora: Realicé hace unas semanas un sorteo en Twitter por mis 800 seguidores y el primer premio fue un drabble que se lo llevó Reddy y me ha permitido publicarlo.
Espero que les guste tanto a ustedes como a ella.
Capítulo único Long-awaited
Diane golpeó sus puños contra sus piernas, pero fue inútil. Todo la tenía congelada y estaba segura de que perdió cualquier sentido de calma que hubiera estado practicando.
Dejándose caer sobre su cama, palmeó hasta que encontró el tazón con un ungüento y lo presionó contra sí. Había comenzado con un tenue agotamiento en los paseos alrededor del reino, algo que atribuyó a una situación momentánea, sin embargo, cuando tuvo rechazo hacia la comida que especialmente era cocinada para ella de la mano de Ban, se alertó.
El pensamiento que le surgió a raíz de esos síntomas lo tuvo guardado para no crear ilusiones. Sabía que podría existir la posibilidad, como no. Solo hubo un aumento de esperanzas cuando la misma Elaine le dijo, casi en secreto, su estado.
Entonces, para no tener que esperar, hizo una prueba con base a un ungüento usado en su propia raza. Dependiendo el tipo de pigmentación que tomara la lengua del gigante que se sometía, se podría dar un indicador sobre si había un embarazo o no.
Cuando la coloración rojiza de su lengua fue incuestionable, Diane no lo podía creer.
Estaba embarazada.
Soltó una risita. Por un minuto, había olvidado que estaba nerviosa. Estaban vibrando. Casi se sorprendió cuando olvidó el pánico de antes, luciendo completamente bien.
—Entonces sí —dijo al aire, sonriendo de nuevo mientras se dirigía fuera la habitación. Cuando se reunió con Elaine en el pasillo, le gritó varias preguntas, preguntándole qué había sucedido—. ¡Oye, cálmate! —Diane se río.
—Oh, Diane, pero vas a decirme, ¿verdad? —presionó Elaine.
Diane pensó por un segundo, luego tomó su decisión.
—Lo estoy —se carcajeó ella—. Estoy embarazada de Harlequin. ¡Seremos padres!
—¡Diane! —soltó Elaine, sonriendo. Podía percibir la emoción de la gigante a través de los pensamientos. Estaba envuelta en una nube de alegría—. Oh, mi hermano…
De forma repentina, Diane se ruborizó, reflexionando cómo había sucedido. Suspiró, mordiéndose el labio con fuerza. Pero saber cómo se vería, saber si luciría mucho de su esposo o ella, lo hacía pensar en algo tan diferente de su embarazo.
Al final, respondió.
—Iré por él.
—De acuerdo —contestó la joven hada. Su voz volvió a bromear—. Buena suerte.
Diane siguió riendo mientras avanzó a lo largo del árbol hasta que estuvo en el exterior. Finalmente, tras poco esfuerzo, encontró al Rey Hada sentado sobre una de las muchísimas ramas repartidas del Árbol Sagrado, mirando hacia la nada. No obstante, su esposa reconocía ese lugar como donde conversaron el día de su boda hace ya algún tiempo.
—Oye, King —lo llamó de esa manera gentil con la que siempre parecía captar toda su atención.
—Diane —respondió él en un tono plano—. ¿Está todo bien?
Ella se sonrojó. Estaba nerviosa por lo que iba a revelar. Sin embargo, no estaba tan nerviosa porque era lo que quería.
Lo que había estado esperando.
—Sí —expresó ella, con la voz alta—. Está todo bien, ¿sabes? —su voz se suavizó un poco para decir a continuación—. Seremos padres.
Y la gigante de cabello castaño se quedó examinando la expresión de King antes de que diera alguna contestación. Su rostro estaba perplejo, apenas era visible su respiración a través de su traje por lo estático que lucía. Hubo algo en Diane que la hizo dudar de sí misma, sobre sí decirlo así podría haber resultado impactante resonando, de manera tonta, que a ella también le cayó la noticia como agua fría.
Entonces la voz de King sonó, de sus labios salió el nombre de su esposa. Diane casi sintió que se detuvo su corazón.
—King —soltó—. Yo…
—Diane —murmuró el Rey Hada. Parecía avergonzado, por lo que Diane casi se sintió mal por anunciar la noticia pronto—. ¿Seremos padres? —su tono cambió, sonando conmocionado.
—King —dijo Diane de nuevo. Ahora, riendo y casi al borde de las lágrimas—. Seremos padres.
La expresión del hada cambió con rapidez y miró a su esposa directamente a los ojos.
—Seremos padres —susurró—. Gracias —y de inmediato se arrojó para abrazarla con fuerza. Eso era todo lo que estaba buscando.
Diane podía escuchar la sonrisa en el rostro de King cuando le indicó.
—Gracias, Harlequin.
