Valhalla, un lugar de culto para los jóvenes universitarios de la ciudad de Thaun en el centroeste del Continente de Hara. En otras palabras, ese lugar era una "piedra latente" de diversión y algarabía, pero para su triste, turbada y solitaria alma, las noches eran largas, vacías y oscuras, muy deprimentes dentro de ese privado con una botella en mano.

-Llegas tarde-

Reclamó con mala cara a su compañero de departamento que tomó asiento a su lado.

-Lo siento, Keilot- quitó la capucha que ocultaba su cabello color ébano de la multitud -Pero sabes lo difícil que es escaparme de mi padre-

Removió las gafas sobre el puente de su nariz al acomodarse en su sitio. Era impresionante, su triste mirada y lánguida, pero fornida anatomía, lo eran. Aunque sus ojos, tan azules como el propio firmamento, eran indistinguibles detrás de esos marcos de pasta dura y encorvada complexión tímida .

-Tu padre esa un maldito tirano, Lai- mofó con la voz ronca y encendiendo un cigarrillo -¿Qué quería esta vez?- cabeceo en su dirección con despotismo -¿Decirte lo mal hijo que eres al no poder emularlo?-

-¿Tú que crees?, es un maldito psiquiatra- bebió de la botella que le arrebató, para aplacar la amargura que le raspaba la garganta -Su cabeza es mi diversión, puedes imaginarte el resto- continuó, después de ese trago -¿Tú cómo estás?-

-Como puedo- expulsó humo por la boca, parecía un matón de mirada esmeralda, cabello café y chaqueta de cuero -Pero un poco mejor que ayer, creo- dio una última calada y le hizo señas a una mesera para que se acercara -¿Nos traerías dos de estas?-

Levantó la botella sin mirarla a la cara, al acabar su cigarrillo y apagar la colilla restante en el cenicero.

-Sí, claro- anotó lo pedido y se quedó allí un momento -Disculpe, señor- él buscaba algo en los tantos bolsillos de su ropa -Pero no se puede fumar aquí- tomó las botellas vacías entre sus manos.

-¿Quién lo dice?-

Al fin la miró y ella retrocedió intimidada, sus ojos eran muy penetrantes para ser un simple mortal.

-Pues...- siseo un poco al marcar distancia entre ellos -El cartel que está sobre usted lo dice- apretó sus labios en una pequeña línea, cuando él dirigió sus ojos hasta allí -Lo siento, señor...- se disculpó al regresarle la mirada -Pero no puede fumar aquí-

-Keilot- dijo de la nada al dejar el cigarrillo en la cajetilla.

-¿Perdón?- parpadeó confusa.

-Mi nombre el Keilot- aclaró su desconcierto -No soy señor y él es Lai- apuntó a su amigo que se mantenía mudo.

-Bien- volvió a apretar sus labios -No creo que importe- levantó ambos hombros, indiferente -Pero mi nombre es Gaia- caminó en reversa -Y enseguida vuelvo- giró sobre sus talones perdiéndose tras el bar.

-¿Es ella?- preguntó al quedarse solos.

-No, no lo es- sus ojos azules la siguieron en silencio -No es ella- se veía desconcertado -Su cabello era más corto, sus ojos eran un poco más rasgados y no tenía tantas curvas como ella-

Contó con los dedos todas las cualidades de esa preciosa chica que divisó aquella vez hace tres semanas atrás.

-¿Cómo puedes recordar tanto detalle?- su amigo era sorprendente -Sólo tuviste contacto con ella una sola vez y déjame recordarte que, no fue para nada grato- cruzó los brazos sobre su pecho -Tu memoria es algo impresionante-

-No necesité más que ese instante, para darme cuenta que era lo que tanto he estado esperando- despeinó su cabello, frustrado -Es mi diosa y tengo que encontrarla- inhaló profundo -No me rendiré hasta volver a verla-

Jamás se rendiría. Era algo que le prometió a su madre antes de morir. Pelea duro y ama mucho más, esas fueron las últimas palabras y nunca las olvidaría.

-Aquí están sus cervezas- las dejó sobre la mesa -¿Sé les ofrece algo más?- miró de uno a otro.

-Sí- su mutismo lo abandonó -Quiero preguntarte algo- la señaló con la botella entre sus dedos -Tú no eres la chica del sótano, ¿Verdad?-

-¿Sótano?-

Esos dos sujetos eran extraños, pero al comprender lo dicho, se acercó un poco más para hablar por lo bajo.

-¿Te refieres a las peleas clandestinas en sótano de la facultad de leyes?- asintió en silencio -No, no lo soy, jamás he estado allí- ató su corto cabello con dos clips para disimular la situación -Lo lamento-

-Te creo- bebió un poco -Hace unas semanas conocí a una chica allí y era muy parecida a ti, ¿La conoces?-

-Tal vez- sonrió como psicópata, obviamente escondía algo -Podría decirte algo interesante si tú me dices quién eres-

Era un intercambio justo y estaba dispuesto a negociar por cualquier tipi de información, así no sea fehaciente o no.

-Me parece bien...- dejó la bebida a un lado -Yo soy...- su amigo lo interrumpió levantando una mano.

-¿¡La conoces!? ¿Sí o no?-

Exigió, golpeando la cerveza contra la mesa y un cigarrillo encendido en los labios, estaba agotado de no ser parte de esa plática.

-¡Nos estás haciendo perder el tiempo aquí!- la atravesó con sus ojos -¡Y créeme, no estoy de humor para esta clase de juegos!-

Era increíble como perdía la paciencia y la compostura con algo tan insignificante como eso.

-No conseguirás nada con esa actitud, amigote- le arrebató el cigarrillo con los dedos muy lentamente y negando con la cabeza de un lado a otro -Me encantaría iluminarlos dentro del pozo de la ignorancia, pero como pueden ver...- señaló el entorno con un dedo -Estoy trabajado, así que...- inclinó la cabeza un poco -Buenas noches- se marchó sin decir más.

-¡Muchas gracias, Keilot!- lo golpeó en la nuca con fuerza -¡Muchas gracias!- tenía ganas de arrancarle el corazón con sus propias manos -¡Era la única pista que tenía de ella y acabas de ahuyentarla!-

-Exageras, como siempre- dejó unos billetes sobre la mesa al incorporarse -Si yo no estuviera aquí...- lo aferró de un hombro y lo sacudió -Seguro te hubiera quitado hasta el último centavo que ganaste en la pelea de ayer, vidente- le regaló una palmada como si fuera un estúpido -Vámonos, mañana comienzan las clases-

-Después es tirano en mi padre-

Se ocultó de nuevo bajo la capucha de su chándal, siguiéndolo. Esa noche, quería pasar de ser percibido entre la multitud apabullante que lo rodeaba todo el tiempo.

-Oye...- un dedo pico su hombro antes de cruzar el umbral de la puerta -Ella es mi hermana, su nombre es Dea y este año, comenzará la licenciatura en literatura y letras en la universidad del Este-

Acotó la voz de esa astuta mesera detrás, llenándolo de ilusión y ansías, sólo unos metros de distancia los separan.

-Adiós, vidente y de nada- lo despidió con dos dedos en su frente e irrumpiendo su posible agradecimiento -Estoy segura de que volveré a verte, amigote-

Movió su mano como despedida a ese hombre que la ignoró, siguiendo camino al estacionamiento. Le había caído fatal con sólo mirarla. Ahora comprendía las palabras de sus padres y tenían toda la razón, sólo basta un segundo para obtener una buena impresión y ella no era la acepción.

-¿Gaia?-

Su hermana apareció de la nada a su lado. En realidad, también trabajaba allí, pero en el primer piso de ese enorme lugar.

-¿Por que estás en la puerta? Y además, ¿Por qué tienes esa cara?-

Ató el mandil alrededor de su cintura y analizándola con suspicacia. Eran muy parecidas, casi idénticas, pero pequeñas cualidades las distinguían de sobre manera, sobre todo, el largo del cabello y esbeltas figuras.

-El chico del cual me comentaste la otra vez, estuvo aquí- apuntó con su pulgar a las luces traseras de un vehículo a lo lejos -Vieron con un amigo y era muy lindo- asintió satisfecha y de brazos cruzados, al tener el privilegio de admirar tal maravilla de la naturaleza -Aunque, un poco malhumorado, sus ojos eran preciosos- la ensoñación la cegaba -Eran tan verdes como los olivos o como el bosque en primavera-

-¿Chico?- se iluminó -¿Te refieres al luchador?- cuestionó incrédula -¿Al vidente de ojos de ensueño?- afirmó con la cabeza de un simple movimiento -¿Estuvo aquí?- la sorpresa en su rostro era única.

-Sí, estuvo aquí- asintió a unos clientes al ser llamada -¡Un segundo!- pidió levantando un dedo -Y creo que mañana te llevarás una enorme sorpresa- sin dejarla acotar palabra se dirigió a la mesa.

-Gaia, espera...- no pudo alcanzarla, ya que también tenía que seguir trabajando -¿Qué quisiste decir?-

Murmuró por lo bajo, subiendo esas largas escaleras y recordando el caótico encuentro que tuvo con él.
El calor esa sofocante, inhumano y no había forma de evitar que los cuerpos sudados de todos los presentes, se pegaran a ella. Logró salir de entre la muchedumbre y llegó al frente de ese improvisado ring de lucha clandestina, en donde su amiga Evangeline la había llevado. Jamás había presenciado tal atrocidad, tanta muestra de fortaleza, agilidad y rudeza en una sola persona.

-¡Te dije que mi primo era increíble!- la rodeó por los hombros llena de orgullo y adrenalina -¡Tú puedes, Lai!-
Gritó extasiada, al admirar el golpe certero que le encestó a su contrincante en el medio del rostro.

-¡Eso si que dolió!- exclamó Logan, el inseparable novio de su amiga a sus espaldas -¡Aquí tienes, Evan!- le entregó un enorme vaso de plástico con cerveza -¡Y aquí está lo tuyo, Dea!- hizo lo mismo con ella.

-Gracias- era tan grande como su cara -¿Cuánto te debo?- buscó algo de dinero en los bolsillos de sus enormes jeans.

-Nada, la próxima, tú invitas- le guiñó un ojo.

-Hecho-

Acercó la bebida a sus labios, pero una brutal embestida la arrojó a los suelos, alguien había impactado contra ella.

-¡Quítate de encima de ella!-

Alcanzó a distinguir entre temblores de la conciencia, cuándo lo apartaron de un golpe y un fuerte empujón.

-¿Estás bien?- la incorporaron por debajo de los brazos como si fuera una muñeca rota, dejándola en pie -¡Oye!-

Asieron su rostro con fuerza, encontrándose con un chico alto, musculoso y su hermoso par de ojos celestiales

-¿Estás bien, preciosa?- repitió y no respondió, se encontraba inerte -Lo siento- le apartó un rizo del rostro con ternura -Fue mi culpa al haberlo noqueado y que cayera sobre ti- no podía hablar, algo le impedía hacerlo -Lo lamento y también lo de tu ropa- su suéter nuevo de Sailor Moon había quedado cubierto por cerveza y sangre -Pero no te preocupes- la miró a los ojos una última vez -Yo me ocuparé de él-

Regresó al ring, luego de acariciarle la mejilla con su pulgar y quitarle rastros de sangre.

-¿Qué acaba de pasar aquí?- Evangeline la devolvió a la realidad de esa noche -¿El casanova de mi primo acaba de coquetearte?-

-¿Casanova?- el olor a cerveza, sudor y sangre, le estaban provocando nauseas -¿No me digas que él es la clase de chicos a la que estoy destinada a evitar?-

-Sí y no- la dirigió a la salida al verla muy pálida después de la caída -En realidad, al que tienes que evitar es a Keilot, su mejor amigo- con mucho esfuerzo llegaron a la puerta trasera del sótano que fue abierta por su novio -Pero después de lo de Megan, no creo que le entregue el corazón a alguien más- lograron salir fuera.

-¿Qué le sucedió?-

Quiso saber y sin tener razón, ya que desconocía de quién hablaba.

-Nadie lo sabe- el chico que las acompañaba quitó la alarma del coche -Sólo digamos que...- abrió la puerta del conductor antes de ingresar completamente -Ella ya no está aquí-