-¿Cómo es que terminamos en este lugar, Gaia?-
Uno de los dueños de ese amplio departamento a unas calles del campus, abrió la puerta del mismo, dándoles una cordial bienvenida a su pulcra morada.
-No lo sé, pero Lai es muy convincente- dejó su pequeño bolso y la guitarra colgada en su hombro junto a la puerta -Y no tenemos donde ir hasta que reparan las cañerías de recinto-
Se encontraba mojada de la cabeza a los pies y temblando como una hoja. Lo poco que había sobrevivido a la inundación y que pudo rescatar con ayuda de Kylar, les servirían por unos cuantos días hasta que la universidad reponga sus pertenencias y material de estudio perdido.
-Sí, tienes razón- inspeccionó el lugar con recelo, cargando con su violín y una mochila en su espalda -Me lo imaginaba diferente, Row-
-Que dos hombre solos convivan aquí...- las invitó a pasar a la cocina -No significa que tengamos que vivir en un chiquero- abrió el refrigerador -¿Quieren comer algo?-
-Sí, me encantaría, pero después de tomar una ducha- estornudó, estremeciéndose -¿Dónde está el baño?-
-Sigue ese pasillo- señaló el mismo -Es la segunda puerta a la izquierda-
-Excelente- recogió el bolso junto a la puerta -Ya vuelvo- se dirigió hasta allí.
-No tenías porque hacer esto, Row- habló al quedarse solos -Manipulaste a mi hermana para que viniera aquí- apuntó alrededores con un dedo -Y además, en contra de mi voluntad, tuve que seguirla-
-Te dije que con darme las gracias, me basta y sobra, dulzura-
Le entregó una taza de café y un panecillo, después de sentarla sobre una banqueta junto a la barra, como si no pesara nada.
-Como dijo ella, no tienen a donde ir, así que, cambia esa actitud y deja de quejarte, que aquí sobra espacio y son bienvenidas- le apartó un rizo del rostro con delicadeza -Come- ordenó con una radiante sonrisa y descansando su cuerpo en la encimera.
-No, gracias- apartó la comida a un lado -No puedo comer esto, soy intolerante a las harinas y no me gusta el café- su cara de asco lo decía todo.
-Bien- lo arrojó a la basura como si se tratase de un potente veneno -Iremos de compras- tomó su chaqueta al paso y abrió la puerta -¿Vamos?-
Cabeceó al exterior buscando las llaves de su motocicleta en todos los bolsillos de sus pantalones.
-Aquí están- las sacudió al aire invitándola a salir una vez más.
-No tengo ni un quinto, Row- se acercó a él a paso tranquilo -Mis tarjetas quedaron obsoletas por tanta agua y ni hablar del dinero- le enseñó su monedero -Tengo tres centavos y mira, ¡Un chocolate!- habló sorprendida, desarmando la envoltura y metiéndolo a su boca -Está bueno-
Masticó feliz, a pesar de estar viejo, rancio y cubierto por una extraña capa blanca.
-No te preocupes por el dinero, yo pago- se inclinó un poco y dándole la espalda -Sube, las escaleras son muy largas y te ves cansada- subió a él sin chistar -¿Puedo comprar lo que quiera?-
Habló sobre su hombro y bajo el umbral de la puerta. Se sentía cansada por tanto estrés vivido en esas pocas horas y que él cargara con ella, era un privilegio al que no iba a negarse.
-Sí, todo lo que quieras, preciosa- cerró con el pie al salir.
-Por todas las fuerzas de la naturaleza, necesitaba esto- salió de la ducha, envolviéndose en una toalla y fregando su cabello con fuerza -Por suerte, siempre tengo un bolso de emergencia ante cualquier eventualidad que surja- miró sus pertenecías con orgullo -Ser criada por un hombre en las tierras altas de Zeón tiene sus beneficios-
La puerto se abrió de golpe, asustándola y cubriendo su cuerpo desnudo cuando la toalla flaqueó.
-¡Lo siento!-
Se disculpó apresurado, con los ojos enormes y completamente inerte en su sitio, sosteniendo la puerta con una mano.
-¿¡Qué estás mirando!? ¿¡Lárgate de aquí!- lo corrió, roja cual manzana y él cerró de un fuerte portazo.
-¡Momento!- volvió a abrirla -¡No puedes correrme, yo vivo aquí!- la apuntó con un dedo -¿¡Qué haces tú en mi casa!?-
Exigió saber, no la había vuelto a ver después de visitar a Lai en la facultad y regresar a casa al dejarla con la insoportable presencia de Kylar, que revoloteaba a su alrededor como un jilguero enamorado.
-Pues, para tu información, pervertido- el color rojo no había abandonado su rostro -Ahora vivo aquí, gracias a la insistencia de tu querido amigo y compañero de piso- sostenía la toalla contra su pecho con fuerza -Ahora, si me disculpas, vete-
-¿Qué tienes ahí?- se acercó unos pasos para verla más de cerca.
-¿Dónde?- fingió demencia.
-Ahí, en el pecho...- sus ojos estaban fijos en ese lugar -¿Eso es una cicatriz?- subió un poco más la toalla para tratar de ocultarla, pero era muy tarde, la había visto -¿Qué te sucedió? -
-Hace unos años atrás...- tragó pesado -Me sometieron a un trasplante de corazón-
No le agradaba hablar de ello, pero la cicatriz era tan grande y obvia que, no valía la pena mentir al respecto.
-Eso supuse- la miró a los ojos -¿Te dolió?- preguntó tan parco como siempre.
-No tienes idea...- suspiró abrumada, su corazón no paraba de latir con fuerza al estar en su presencia -Pero era parte de la pequeña población de personas que nació con el corazón roto y eso es peor que esto- acarició la enorme cicatriz sobre su esternón -Valió la pena tanto dolor y sufrimiento para seguir aquí-
-Te creo- giró, dándole la espalda -Y lamento haber irrumpido tu baño- se detuvo antes de salir completamente -Avísame cuando lo desocupes así puedo entrar-
-Lo haré- afirmó asintiendo y se perdió tras la puerta al oírla -¡Dioses!- cubrió su rostro con ambas manos -¿Qué me pasa cada vez que estoy con él?- tocó su centro, angustiada -Cálmate- pidió a su maltrecho corazón -Parece que quieres salirte de mi cuerpo cada vez que lo vemos-
Inhaló profundo para sosegar sus latidos con las piernas temblorosas. Tenía que ponerse algo de ropa para desocupar ese lugar y seguir fingiendo que nada estaba pasando ante él.
-Kylar tiene razón...- se arrojó a la cama con ambos manos tras la nuca -Es muy bonita- observó de reojo la fotografía enmarcada sobre la mesa de noche -¿No te parece, Megan?-
Siempre hablaba con ella y es más, su habitación parecía un mausoleo inmaculado a lo que fue su sagrada existencia.
-Hace unas horas que la conozco y cada vez que abre la boca...- tomó asiento en su sitio sosteniendo el retrato entre sus manos -Me recuerda más a ti- besó esa imagen que tanto extrañaba -Pero jamás será como tú o ocupará tu lugar, lo juro-
-Keilot- escuchó su voz tras la puerta luego de un tenue golpe -El baño es todo tuyo, estaré en la cocina por si necesitas algo- sus pasos alejándose fue lo único que percibió antes de salir.
-¿Ves?- colocó el marco en su sitio -Te lo dije- salió al trote después de eso.
El centro comercial era enorme, gigante, como todas las cosas en la capital del país y estaba encantada con el hecho de poder recorrerlo sin esfuerzo.
-Cuéntame...-
Pidió sentada dentro del carrito de compras que él empujaba, devorando un paquete de patatas fritas aptas para ella y su condición.
-¿Cómo es eso de que tienes tres hermanos?-
Le enseñó un paquete de galletas de arroz, ella asintió y lo dejó en el carro. Su dieta a base de arroz y otras harinas diferentes al trigo, era por demás aburrida, pero muy variada a pesar de todo.
-Sí, somos cuatro hermanos...- le entregó unas latas de cerveza y sodas para que las acomodara dentro -Liam es el mayor, está a un semestre de convertirse en médico y es ocho años mayor que yo- ahora le pasó unos snacks -Le sigue Lui, que es cuatro años menor...- dijo, lleno de orgullo -Él es grandioso, es el único de nosotros que se inclinó por la fuerza armada-
-¿Es militar?- terminó sus patatas y abrió una soda para poder beberla a gusto.
-Sí, lo es y llegó a rango de General Mayor hace muy poco- observó las frutas y verduras con ambas manos en la cintura para seleccionar las mejores -Por último y no menos importante, está Lucke, dos años mayor que yo...- se apuntó a sí mismo -Él es el virtuoso artista del tatuaje del que ya te hablé- la levantó por debajo de los brazos para dejarla en el suelo -No sé que comprar, así que, elige todo lo que quieras-
Era preciosa, lo tenía embrujado con ese suéter que le quedaba enorme y pequeños jeans alrededor de sus delgadas piernas.
-Bien- cargó con una pesada sandía bajo su brazo -A Gaia y a mí nos encanta- la depositó con cuidado en el carro -También me llevaré unas manzanas y arándanos- robó algunos de la góndola para poder probarlos -Son mis favoritos-
-Bien, nos llevaremos un cajón entero y sólo para ti- quiso tomarlo pero se lo impidió.
-Es demasiado- sólo introdujo unos pocos en una pequeña bolsa -Cuando se acaben volveremos por más- sacudió las manos dando fin a esa sección -Espera un minuto...- volvió al interior del carro - También me comentaste que tienes una hermanita, ¿No es así?-
-Sí, un pequeño monstruo adorable de casi seis años de edad y que me vuelve loco- ella era una de sus más grandes debilidades -Su nombre es Lue, es hermosa y así de alta...-
Indicó con su mano la altura de su hermanita y empujando el carro para finalizar con el recorrido.
-Ella es hija de mi padre con su segunda esposa-
-¿Segunda esposa?- eso sí que no lo esperaba.
-Sí, segunda esposa- reafirmó con mala cara -Mi madre murió de cáncer cuando tenía tres años, a penas y el recuerdo- llegaron a la sección de cajas -Pero mi padre hace unos años atrás, superó el duelo y se casó con Ingrid Bodeller, una bruja maldita y oportunista, que llegó a la ciudad para ser su secretaria-
-Bueno, parece que conseguí mucho más que eso-
-No pudo conseguir a Liam o a ninguno de nosotros y por esa razón, se metió con él-
Su padre era unos cuantos años mayor que ella y la diferencia de edad era abismal entre los dos, pero a él no le importaba en lo absoluto el que dirán.
-¿Cómo es esa mujer?- le pasó los víveres a la cajera desde el interior del carro.
-Mentiría si te dijera que no es atractiva- hizo lo mismo que ella -Porque de hecho, lo es y mucho...- rememoró como si pudiera verla -Tiene dos enormes cerebros al frente a falta de uno en su cráneo.. .- señaló con ambas manos el tamaño de esos voluptuosos senos -Porta tu mismo color de cabello, una mezcla entre castaños y tonos rojizos, pero mucho más largo que tú- estiró uno de sus rizos con gracia -Sus ojos son oscuros y tan corruptos como su alma- buscó una de las tantas tarjetas dentro de su cartera -Pero al menos, a pesar de todos sus defectos, es una buena madre con mi hermana-
-Eso está muy bien-
Carraspeo incómoda y organizando los víveres en unas bolsas junto a él. No le gustó escucharlo hablar así de una mujer.
-Los niños necesitan mucho amor y cuidado- aseguró, apartándose un rizo del rostro -Sin importar quiénes o como sean sus padres, lo merecen y sin pedir nada a cambio-
-Gracias- habló a la cajera al recibir su tarjeta -Tienes toda la razón- cargó con dos pesadas bolsas y la enorme sandía bajo su otro brazo -Siempre me pregunto que se siente ser padre- divagó encantado -Debe ser lindo-
-Seguro que lo es- llegaron al exterior -Démonos prisa, Gaia debe estar hambrienta-
Era más que cierto, su hermana se encontraba hambrienta y buscando que comer por todas las gavetas de la casa.
-¿Qué buscas?-
Su profunda voz la sobresaltó, como ya era un hábito en ellos. Era evidente que, había tomado un baño, las gotas que caían de su cabello a través de su nuca y cuello, eran la evidencia física de ello.
-Algo que comer- lo vislumbró desde lo alto y de pie sobre una butaca -Pero sólo veo barras nutritivas, algunos panecillos integrales y...- extrajo un paquete extraño de la alacena -¿Qué es esto?-
Intentó leer el envoltorio pero parecía un idioma muerto.
-Es juglets- no entendía nada, jamás había escuchado ese nombre -Es un tipo de cereal muy raro que consumen en la isla de Magna- lo abrió para observar dentro -Y es altamente nutritivo, por así decirlo-
-¡Que asco! ¡Tiene bichos!- lo arrojó lejos y sacudiendo su cuerpo presa de la impresión -¡Tíralo! ¡Está pasado!-
No dejaba de estremecerse, podía imaginar a los insectos caminando sobre su piel y metiéndose a su boca.
-No son bichos, son...- lo levantó del suelo e hizo lo mismo que ella -Sí, sí son- lo tiró a la basura, era algo repugnante -Creo que vino con la casa- cerró la bolsa para sacarla fuera - Y por esa razón, jamás lo consumimos-
-Eso no importa- siguió buscando comida como una loca -¿Dónde están las galletas de chocolate, la comida chatarra y engordadora que tanto nos gustan a las mujeres como yo-
Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al escucharla y sin que pudiera verlo. Era muy graciosa y divertida, es una lástima que en su primer encuentro tuvo tan mala impresión de ella.
-Nosotros no comemos eso y tendrás que salir de compras si quieres algo así- abrió la puerta de entrada y se petrificó en su lugar -¿Tú qué haces aquí?-
-A mí también me da gusto verte, primo- se abrió paso sin ser invitado -Recibí tu mensaje, pequeña embustera- colocó una enorme mochila sobre la barra de la cocina -Aquí tienes todo lo pedido-
-Eres un ángel- sus ojos brillaron de felicidad al contemplar tantas golosinas y galletas juntas -Y como trato es un trato- chocaron puños -Vámonos-
Se cubrió con un abrigo ajeno que tomó al pasar al salir de la casa, pero se detuvo junto a su nuevo compañero que cargaba con la bolsa de basura.
-Keilot, si Dea llega en un rato, dile que salí con Kylar por unas pizzas o donde la noche apremie, ella entenderá- guardó su teléfono celular después de verificar un mensaje enviado -Ya le avisé, pero su teléfono se encuentra apagado-
-¿Esa es mi chaqueta?- fue lo único que dijo ignorando lo pedido.
-Sí y es muy linda, gracias por prestármela- le acarició una mejilla con burla al pasar -Vámonos, ingeniero-
-Adiós, primo- bajaron a trote las escaleras hasta la motocicleta que los esperaba.
-¿Qué acaba de pasar, Meg?- habló a la nada viéndolos partir.
-Creo que te acaban de trollear-
Pronunció una voz en su mente simulando ser ella, pero nunca y jamás lo sería.
-Así que Gaia salió con Kylar- masticó con cuidado la pasta carbonara en su boca -Es increíble la facilidad que tiene para hacer amigos- bebió del vaso de agua frente a ella -Desde que la conozco siempre fue así, extrovertida, amigable e inquieta , a pesar de su quebradizo corazón que le impidió hacer muchas cosas-
-¿Desde que la conoces?- se sirvió un poco más, el plato que ella había preparado con sus propias manos, era todo un majar para el paladar -¿A qué te refieres, mi diosa?-
-Dea- repitió por quinta vez su nombre esa noche, no podía tolerar los apelativos cariñosos que él le daba -Nosotras nos conocimos cuando teníamos once años y lo más extraño de todo, es que ocurrió en un campamento de arte al cual nos habían enviado nuestros padres- comentaron con una melancólica sonrisa -Ellos se separaron y divorciaron cuando nosotras éramos a penas unas bebés e ignoramos nuestra existencia, como pueden deducir- miró de uno a otro que le prestaban total atención a su relato.
-Por esa razón, yo crecí con mis abuelos y mamá en la ciudad costera de Nuak, mientras que Gaia, fue criada por su nana Greta y mi padre en las tierras altas de Zeón-
Ahora comprendían el porque eran tan diferentes a pesar de ser gemelas idénticas. Habían tenido vidas muy distantes en ambos extremos del país.
-Esos son muchos kilómetros entre una y otra, preciosa- asintió con la boca llena.
-Te juro que pensé que eran de Ingual, tu hermana lo dijo en clases esta mañana-
-Lo somos y de hecho, nacimos allí- tragó para seguir hablando -Pero regresamos a Ingual con nuestros padres cuando se reconciliaron, al limar sus diferencias y conflictos el día que tuvieron que devolvernos al cambiar lugares e identidad- lo apuntó con el tenedor y su teléfono, timbró -¿Gaia? ¿Cómo la estás pasando?- respondió sonriente -¿Kylar?- su llamada la hizo incorporarse -Cálmate, ¿Qué sucede?- se oía alarmado -¡En el hospital!?- cubrió su boca por el horror -Tranquilo, voy para allá- cortó -¿Me llevarían al hospital?- pidió a ambos.
-Sí, claro- no necesitó más que eso para ir con ella -Keilot, las llaves-
Tomó su abrigo sobre el sofá y extendiendo una mano en alto para que él las lanzara, así poder atraparlas.
-Yo también iré- salió con ellos de la casa como un vendaval -¿Qué pasó?- preguntó tras el volante -¿Es su corazón?-
Una angustia inexplicable se formó en su pecho.
-No- presionó los labios con fuerza para no reír como una demente -Su corazón está bien, pero es algo completamente hilarante y que sólo a ella podría pasarle-
Arribaron al hospital montados en un bólido, descendiendo a trompicones y abordando la recepción entre empujones .
-Buenas noches, señorita- pronunció entre jadeos por la corrida -Hace media hora, aproximadamente...- comprobó el tiempo en su celular -Ingresó al área de urgencia una chica de aspecto desalineado, overoles rotos, ridículamente despeinada y acompañada por un muchacho con cara de idiota parecido a mí- apuntó a su propio rostro.
-¿Nombre?- respondió seria.
-Gaia Curtis- respondió su hermana por él.
-Sí, acaba de ingresar al consultorio del doctor Liam y todavía sigue allí- los observó a todos -Sigan el pasillo detrás de esa puerta y giren a la derecha-
-Gracias- formuló la otra persona presente -Mi hermano la está atendiendo, síganme...- tomó la cabeza para guiarlos -Es aquí-
Kylar se encontraba esperándola fuera, con el semblante desencajado y su manchada de sangre.
-¿Cómo está mi hermana, Kylar?- tomó asiento junto a él.
-Furiosa, dijo que iba a matarme cuando saliera de allí- fregó su rostro sin saber que decir -Te juro que no fue mi intención que sucedería esto-
No había palabras para describir lo culpable que se sentía y lo avergonzado que se encontraba, al haber arruinado su cita de una forma tan absurda.
-¿Qué hiciste, tarado?- acusó desde su lugar apuntándolo con un dedo -¿Por qué será que cada mujer que sale contigo termina aquí?- el sarcasmo en su voz atravesaba los muros.
-No es el momento para escuchar tus sermones, Keilot- la puerta del consultorio se abrió de golpe.
-Enseguida regreso, pequeña-
El doctor residente Liam Row salió del mismo con una enorme sonrisa. Su paciente tenía un enorme sentido del humor a pesar de las circunstancias.
-¿Familiares de la paciente?- recorrió a todos con la mirada -Lai, ¿Qué haces aquí?- su presencia lo descolocó -¿Pasó algo con papá o Lue?-
-No, la chica que estás atendiendo es una buena amiga mía y hermana de esta preciosura...- la rodeó por los hombros acercándola a él -Así que, vinimos a verla cuando nos enteramos que estaba aquí- explicó sin más.
-Ya veo, son idénticas- observó fijamente a la joven bajo su brazo -Ella está bien, el golpe que recibió al caer le fracturó la nariz, pero se repondrá en unas semanas- asintió en silencio -Pueden pasar, quedará en observación por una hora más y se irá a casa-
-Gracias doctor- lo despidió antes de marchar -¿Gaia?-
La encontraron en la camilla conectada a un electrocardiograma y fúrica como una gata salvaje.
-Hermanita, tu rostro...- soportó las enormes ganas de romper a carcajadas -Se ve terrible-
Miró en varias direcciones para no reír en su cara, no era el momento para eso.
-Y no sabés como duele- respondió con la voz gangosa.
-Gaia, yo...- levantó una mano sin mirarlo y hacerlo callar.
-No quiero hablar contigo, Kylar- lo cortó en seco -Por tu maldita apuesta y tu estúpido papel de estrella de rock sobre ese escenario, me fracturé la nariz- se acomodó en su sitio con mucha dificultad -No quiero excusas, tampoco perdones, sólo vete y no te atravieses en mi camino por un par de días- apuntó a la puerta con rabia -O al menos, hasta que se terminen los dulces-
-Si digo que lo siento una vez más, ¿Funcionaría?- retorció sus manos con culpa.
-Nop- cruzó los brazos y miró en otra dirección -Vete-
Estaba muy enfadada y lo peor de todo, es que se sentía como una estúpida por lo que había ocurrido ante tantas personas. Sólo esperaba que no hubiera pruebas gráficas del asunto o sería el hazmerreír ante toda la universidad.
-Bien, me iré- agachó la cabeza derrotado -Lo siento-
Salió de allí a paso lento y siendo observado por los demás en completo silencio. Era un tarado que no sabía medir el riesgo y las consecuencias de sus actos.
-¿Por qué te conectas a esta maquina, hermanita? ¿Tú corazón está bien?-
Rompió la tensión después de unos minutos. Ella abrió la boca para contestar y su teléfono se lo impidió. Era su madre.
-Hola, ma- respondió al estirarse y asirlo de la mesita de junto -Sí, estoy bien, un poco adolorida- escuchó su voz preocupada del otro lado de la línea -Dea y unos amigos que nos darán hospedaje por unos días, están aquí - asintió -Un poco molesto- se refería a su corazón -Me conectaron a un electro porque el doctor me encontró muy alterada y con un poco de taquicardia, pero no es nada grave- rodó los ojos -Sí, ma, te la paso - acercó el teléfono a su hermana -Quiere hablar contigo-
-¿Ma?- guardó silencio un momento -Sí, está bien y dice toda la verdad, no está mintiéndote esta vez- resopló una risotada -Por suerte sus medicamentos sobrevivieron a la inundación y están en mi poder, no tienes de que preocuparte- el doctor regresó a la sala -El médico acaba de ingresar, te avisaré cuando salgamos de aquí, ¿Está bien?- afirmó rápidamente con la cabeza -Yo te llamo, cuídate- cortó -¿Podemos irnos, doctor?-
Era un hombre impresionante e increíblemente apuesto, alto, atlético, de enormes ojos azules al igual que su hermano pequeño y el cabello tan claro, que parecía blanco a simple vista.
-¿A ver este inquieto corazón?- miró los resultados -Tiene un lindo palpitar- aseguró, todo estaba bien y apartó los electrodos de su pecho -Tómate esto para aplacar el dolor antes de dormir- le entregó un frasco con pastillas -Y vuelve aquí en una semana para cambiar la férula- escuchó su corazón una última vez -Y no hagas más tonterías que la gente pueda subir internet- regañó -Puedes irte, pequeña- sonrió, revolviéndole el cabello.
-Gracias doctor- bajó de la camilla de un brinco -Seguro que fue Val la que subió el vídeo a internet- su amiga era un verdadero fastidio cuando se pasaba de copas -Mañana a primera hora prometo lavar tu chaqueta, Keilot- había quedado cubierta de sangre.
-No importa-
Negó inmediatamente y llevando ambas manos a los bolsillos de sus jeans. Podían regresar tranquilos a casa.
-Pero...-
-Él tiene razón- entrelazó sus brazos -Lo importante es que tú estás bien, hermanita- los tres salieron de la sala de urgencias sin decir más.
-Bien...- cruzó los brazos delante de su pecho esperando que hablara -Te escucho-
No había nadie más que ellos dos en esa sala de hospital y podían hablar a gusto por unos cuantos minutos.
-Ten cuidado con esa chica, Lai- indicó serio e imperturbable -Sólo eso quiero decirte- volvió a su trabajo -Y lo mismo va para Keilot- alcanzó a oír a lo lejos.
