-Tengo sueño-
Pestañó largo y profundo, como creando un huracán con ese simple movimiento dentro del carro en marcha.
-El doctor dijo que los sedantes te calmarían el dolor y te harían dormir-
Acarició su largo cabello con ternura, ya que descansaba la cabeza sobre su regazo.
-No pensé que el efecto sería tan rápido- bostezó y cerró sus cansados ojos -Hacía mucho tiempo que no me sentía así-
Inhaló, profundamente, una última vez y se durmió.
-Lo sé, hermanita- besó su coronilla -Duerme bien-
Suspiró agotada, hundiéndose en el asiento y tirando su cabeza hacia atrás para descansar en el respaldo.
-¿Preciosa?- habló el acompañante del conductor.
-¿Mm?- pronunció con los ojos cerrados.
-Quizás es una pregunta muy estúpida, pero...- volteó a verla -¿Cómo es que tu hermana enfermó del corazón y tú no?-
-Porque somos seres independientes a pesar de ser gemelas, ¿Sabés?-
Respondió cortante, odiaba que las compraran de esa manera tan ilógica.
-Lo siento- regresó a su lugar -No debí preguntar eso- se sentía un idiota.
-No, está bien, yo lo lamento- se disculpó al darse cuenta del tono de su voz -Según papá, cada vez que Gaia corría o realizaba alguna actividad física se ponía cianótica, o sea azúl, por falta de oxígeno en su sistema- sus ojos se encontraban fijos en el exterior que cambiaba constantemente -Y Greta, su nana, comenzó a sospechar que algo andaba mal y así fue, como le diagnosticaron una patología congénita del corazón- podía recordar, claramente, la angustia que vivió hace a penas unos años atrás -Anomalía de Ebstein-
-Vaya- el conductor se mantenía incólume y en silencio, prácticamente inmutable, como siempre lo hacía -Según el internet...- comentó, leyendo la pantalla de su celular -Es una anomalía altamente mortal y con poca expectativa de vida a quién la padece, ¿Cómo está aquí?- la apuntó sorprendido.
-Viviendo toda su vida recluida y dentro de una caja de cristal protegida por Greta y mi padre, hasta que se reconciliaron con mamá- acarició sus cabellos procurando no despertarla -Fue un ave anjaulada por mucho tiempo y cuando fue libre, su corazón empeoró, pero eso a ella no le importó, sus ganas de vivir eran infinitas y disfrutaba de cada instante como si fuera el último- apartó una lágrima de su mejilla que escapó sin querer.
-Pero en el último ante último año de preparatoria y en plena clase de deportes, no pudo más, cayó al suelo producto de un paro cardíaco del cual tardó días en despertar- sus lágrimas eran un torrente cargado de amargura y penurias -Entró a la lista de emergencias para un trasplante de corazón, pero nuestra sangre es tan rara que, los médicos habían perdido toda esperanza al respecto-
-No llores- la ayudó a secar sus lágrimas -No quería hacerte llorar, lo siento mucho, preciosa-
-No pasa nada...- rió entre sollozos -Es solo que, recordarlo me afecta muchísimo- descansó su rostro en la mano que la sostenía -Ver a mi hermana con maquinas conectadas a todo su cuerpo, mientras su vida se apagaba con cada latido, fue durísimo y...-
-Llegamos- cortó en seco esa triste y traumática historia -Ustedes bajen y preparen el sofá, yo cargaré con ella-
Formuló, apretando con fuerza el volante entre sus manos. No podía creerlo, habían sufrido tanto como ellos y en sus cortos años de vida, era desolador.
-Entendido- su amigo abrió la puerta y rodeó el coche -Vamos, preciosa- la sacó de un leve tirón al exterior -Y ya deja de llorar, lo siento- la incitó a subir a su espalda -No volveré a sacar el tema-
Subió los peldaños de dos en dos hasta el departamento con ella a cuestas. Haría cualquier cosa para hacerla feliz y ese día, daría el primer paso para cumplir su objetivo, conquistarla.
-Despierta- ordenó con la mirada al frente -Sé muy bien que no estás dormida-
Su antigua novia siempre lo hacía, fingía dormir para no ser parte del mundo y de nada.
-Eres muy observador, ¿Lo sabías?- se incorporó con una pequeña sonrisa inclinando la cabeza -Lamento mucho que hayas sido testigo de este melodrama, digno de una novela de la tarde- se colgó de la parte trasera del asiento -Pero es algo que mi familia no puede superar y aunque que yo ya lo hice, a ellos les cuesta el doble dejarlo atrás-
-Perder a alguien que amas es desgarrador y jamás se olvida, Gaia- abrió los ojos gigantes al escuchar su nombre salir de su boca -Sólo aprendes a convivir con ello todos los días, una y otra vez, hasta que encuentras el sentido de volver a respirar o vivir de nuevo- le enseñó un pequeño anillo que colgaba de una cadena en su cuello -Seguro que Kylar te lo dijo y estoy más que convencido que te reveló mi triste historia- asintió sin saber que decir o como justificar la imprudencia de su nuevo amigo -Ella era lo único bueno y sincero que me dio la vida, pero no tuvimos un final feliz y perderla, fue algo que me cambió para siempre-
-Lo sé- murmuró casi inaudible.
-¿Imaginate que hubiera pasado con tu familia si algo así te hubiera ocurrido?- no dijo nada, no existían muchas respuestas para su retórica -Seguro los destruiría, los desintegraría y jamás volverían a sonreír- se señaló a sí mismo -Hubiera habido en el mundo más personas como yo y eso no es justo-
-Tienes razón- su labio inferior tembló, tenía ganas de llorar -Ahora comprendo todo lo que ellos han sufrido y lo desconsiderada que he sido al respecto- inspiró profundo para no romperse frente a él -Gracias por abrirme los ojos, Keilot- empujó despacio la puerta del auto -Te daré unos minutos para que te recompongas, ¿Sí?- llevó una mano a su mejilla y la sintió húmeda, no se percató que había estado llorando -Gracias de nuevo por contarme todo esto-
-¡Gaia! ¡Espera!- la siguió después de fregar su rostro -Yo te llevo- la alzó al vuelo antes de dar un paso por las escaleras -Gracias por escucharme- su actitud regresó a ser la misma de antes -Pero no lo cuentes a nadie de lo que hablamos-
Había desnudado sus penas y su alma frente a una desconocida. Le era extraño y ajeno a su persona, pero ella logró que hablara después de años de silencio.
-Descuida- rodeó su cuello con los brazos para no caer -Tu secreto está a salvo conmigo-
Aspiró el embriagador aroma de su pecho y se dejó arrastrar por morfeo una vez más.
-¡Definitivamente no!- negó desde su posición de brazos cruzados -¡Yo no dormiré contigo, Row!- movió su dedo índice en negativa -¡Y no te me acerques!-
Retrocedió, sería letal si le ponía una mano encima con esa sonrisa sínica y encantadora en su rostro.
-Mira, lo explicaré de esta forma para que lo entiendas de una vez...- desarmó el sofá cama con mucha agilidad, como si no fuera la primera vez que lo hacía -Esta es la única cama extra de la casa, Keilot no permite que ningún otro ser humano entre a su alcoba y yo estoy encantado de recibirte en la mía, preciosa- con su ayuda la cama estaba lista en unos minutos.
-No voy a acostarme contigo, Lai- se detuvo en seco, no era bueno que lo llamara por su nombre -Te agradezco todo lo que has hecho por Gaia y por mí este día...- abrió las mantas para recibir a su hermana cuando llegara -Pero no me acostaré contigo a cambio de eso-
-Espera un maldito segundo- sus ojos azules querían matarla -Jamás dije que me acostaría contigo y aunque me encantaría hacerlo, porque jamás lo olvidarías...- la recorrió con la mirada con descaro -No soy esa clase de hombres- la aferró de los hombros para mirarla a la cara -Las mujeres son las me buscan para acostarse conmigo y no al revés, soy fiel a mis estándares- aseguró con el ego hinchado.
-Eres un patán- se removió en su agarre para zafarse de él -¿Cómo puedes tratar así a las mujeres?- sopló un mechón de cabello que caía sobre su rostro -Algún día serás padre y no te gustaría en lo absoluto que, alguien como tú, trate a tu hija de esa manera-
-Tal vez lo sea, quizás sea un patán y no voy a discutirlo contigo- la saltó de un pequeño empujón -Pero mi hija será lo demasiado educada y lo suficientemente digna, como para no le abrirle las piernas a sujetos como yo- su celular vibró en su bolsillo y se lo enseñó -¿Ves lo que digo?- el nombre de una mujer apareció en la pantalla -Son ellas, no soy yo- cortó sin atender -Ahora bien, ¿Dormirás conmigo? ¿Sí o no?- insistió una vez más.
-¿Pueden terminar con el tiroteo?- ingresó por la puerta con Gaia dormida en sus brazos -Sus gritos se escuchan desde la calle- habían levantado la voz y sin darse cuenta en lo absoluto -La despiertan y los mato-
Amenazó tajante, depositándola con cuidado en el sofá y cubriéndola con una manta al quitarle sus gastadas vans.
-¿Tu hermana sólo tiene este único par de calzado?- estaban hechos trizas.
-Sí, son sus favoritas, les dice "sus vans de la suerte" y jamás se las quita- la destapó un poco -Es muy calurosa, así estará bien- tomó asiento junto a ella -Muy bien, señores...- sus ojos viajaron de uno a otro -¿A dónde dormiré yo?-
-Conmigo- se señaló a sí mismo.
-Con Lai- hizo lo mismo que él, pero apuntando en otra dirección.
-No estoy de acuerdo-
Su sonrisa siniestra los hizo titubear y dar un paso atrás. Su rostro angelical adornado por esas crudas facciones, no era un buen augurio.
-¿Estás cómodo, Lai?-
Preguntó sobre la cama en plena oscuridad y observando el techo sobre ellos.
-Si, gracias- rodeó la almohada entre sus brazos boca abajo -Este colchón inflable es muy cómodo y ella es aterradora, no había forma de llevarle la contraria- sus irises azules no se apartaban de una hermosa fotografía de su mejor amigo y su prometida muerta -¿Y tú? ¿Cómo estás?-
-Bien- llevó las manos tras la nuca -Ellas me generan confianza y son divertidas- sonrió a la nada -Desde que Megan se fue, necesitábamos a personas así aquí-
Esos ojos esmeraldas temblaban cada vez que pronunciaba su nombre o hablaba de ella.
-La extraño y mucho-
Confesó. Fue una chica hermosa y llena de vida, parecía mentira que su vida haya desaparecido en un suspiro.
-Soy consciente de eso- agregó sin emoción -Meg era mi mejor amiga después de ti, Keilot- la recordaba todo los días -Y que partiera de la forma en la que lo hizo, fue un golpe muy duro para los dos y para todos-
Perderla fue terrible y lamentable para su existencia. No sólo había perdido a su mejor amiga, había perdido a su hermana y confidente desde que eran niños.
-Lo sé- suspiró fuerte -A veces me preguntó si fue mi culpa y si la discusión que tuvimos esa noche, fue el desencadenante de su aneurisma...- acomodó su voz al quebrar -Pero después me digo que no, que por alguna razón tenía que suceder...- negó con la cabeza de un lado a otro -Y eso, aunque no lo creas, me consuela de una forma estúpida que no logro comprender-
Culminó, hundido en la miseria, pero rodeado de una oscura y cruda honestidad.
-¿Sabés algo?- encendió la luz para poder verlo con claridad -Ella se fue hace tres años y es la primera vez que hablamos al respecto- descansó la cabeza entre sus brazos -Eso es bueno, hermano- apretó los labios en una pequeña línea -Te estás abriendo de nuevo-
-No sé si es bueno- giró su cuerpo, para sostener la cabeza con su brazo flexionado -Pero en algún momento de mi vida tendré que superarlo-
-Tienes razón- volvió a recortarse -Un paso a la vez- cerró los ojos -Buenas noches, hermano-
-Hasta mañana, Lai- apagó la luz.
-¡Dea!- su grito los despertó de la ensoñación -¡Tengo hambre!- no movieron un sólo músculo -¿Donde está la mochila de Kylar?-
-¡La dejé junto al sofa!- escucharon respuesta -¡Voy para allá, yo también quiero! ¡No empieces sin mí!-
Su pequeño trote en el pasillo los hizo sonreír, los días junto a ellas se vislumbran brillantes.
El tiempo transcurrió indefinidamente y las oscuras paredes de esa lúgubre lugar al cual llamaban casa, cambiaron de color, junto con la alegre atmósfera que adormecía en las noches y despertaba al alba.
-¿Qué demonios?- quedaron inertes al ingresar a la sala.
-Otra vez es un chiquero- frotó sus ojos con la mirada gacha -Te dije que las tendríamos que haber mandado a la cama, Keilot-
Pequeños papeles brillantes y envoltorios coloridos de diversos dulces, ocupaban cada rincón del suelo donde pisan.
-Silencio, hablan mucho-
Se tapó hasta la cabeza para evitar la claridad del día.
-Dea, apaga la luz-
Daba manotazos al aire con los ojos cerrados y completamente destapada a su lado.
-Permíteme, bonita-
Se acercó a ella para bajar su camisón de un simple tirón, ya que enseñaba sus bragas al mundo y sin darse cuenta de nada al estar dormida.
-Así estarás más cómoda, preciosa- le colocó una almohada tras la nuca para dormir mejor -Bien, vamos a limpiar esto- comenzó a recoger todo sin hacer el más mínimo ruido.
-Creó que lo tienes todo controlada- la cubrió con una manta antes de incorporarse -Prepararé el desayuno, ¿Qué quieres?-
-Un café estará bien para mí- por suerte el tiradero era pequeño -Como ya sabemos, Dea no puede comer harinas, preparale un té y las galletas de arroz que dejé en la alacena- arrojó todos los desperdicios a la basura -El problema es Gaia, es muy quisquillosa a esta hora del día-
Encendió la cafetera, mientras él, colocaba un poco de pan en la tostadora.
-No estoy de acuerdo, todo el tiempo tiene hambre-
Caminó hasta el refrigerador para extraer leche, mermelada, mantequilla, miel y un jarro con jugo de naranja para el desayuno.
-Es más, no sé como lo hizo, pero encontró la caja de chocolates proteicos que dejé escondidos en la gaveta del pan- no quería reír, pero no podía evitarlo -Casi le da un ataque cuando le dije que eran para aumentar la masa muscular- una risa suprimida salió de él -Lloró con una loca porque engordaría-
-Buenos días- bostezó, ingresando a la cocina, terriblemente despeinada y la blusa colgando de un lado -Sí, cállate, tenían lactosa, eres libre de imaginarte el resto- había oído su conversación al despertar -Así qué, con un café fuerte y algunas tostadas con mermelada, aguantará por unas dos horas esta mañana- recibió entre sus manos la taza que Lai le ofrecia -Gracias, Row- subió a una butaca sin ayuda -¿Qué harán hoy?-
-Es viernes, tenemos guerra en el Círculo esta noche- comentó su admirador, entregándole galletas de arroz en una delicada canastilla -¿Ustedes trabajarán en el Valhalla hoy?-
-No, tuvimos que cambiar de turno y sólo trabajamos de sábados a domingos, es un empleo de fin de semana ahora- bebió un poco de té, era de manzanilla y miel, estaba delicioso -Al llegar aquí, nos inscribimos a clubes extracurriculares para obtener puntaje y sólo contamos con esos días para trabajar, ya que hoy comenzamos a cursar hasta tarde-
-¿A qué se inscribieron, Dea?- tomó asiento frente a ella con su café en mano -Gaia no me comentó nada al respecto-
Se habían convertido en grandes amigos y confidentes desde la intima charla que mantuvieran al regresar del hospital.
-¿Qué extraño?, pensé que te lo había dicho- bebió un poco más -Ella se inscribió en manejo seguro de laboratorio- dio otro sorbo -Y yo en el taller de escritura y oralidad de mi facultad- observó la hora en el reloj de pared -¡Gaia!- gritó desde su lugar -¡Es la hora de tus medicinas!-
La nombrada apareció como un zombie después de unos minutos.
-¿Dónde están?- extendió una mano con mala cara -Buenos días a ustedes dos-
Sonrió a penas, su nariz había mejorado bastante e incluso, le habían cambiado la férula, pero el color morado del impacto aún ocupaba su entrecejo y pómulos.
-Iré por ellas- la guió a la barra -Tú come algo primero-
-Bien- metió una tostada a su boca -¿Qué?- habló sin tragar -Ya lo sé, mi rostro se siente hoy, pero de todas formas iré a la universidad- aspiró el delicioso aroma de café recién hecho -Algún día tengo que volver, ¿No?-
Dos semanas de ausencia era mucho tiempo de cursadas que recuperar.
-¿No te importa que la gente te vea o que pueda empeorar en el transcurso del día?-
Cuestionó, sirviéndole un poco de café humeante y acercándole un pequeño plato con tostadas que compartían.
-Por supuesto que no, mi querido cazador- pasó la tostada con un poco de ese líquido amargo y oscuro -No vivo de mi imagen, puedo andar por la vida como quiera y sin prejuicio alguno- untó un poco de mermelada en la tostada en mano -En cuanto a si empeora o no, prometo tener cuidado- giró a verlo cuando no siguió la conversación -¿Qué ocurre?-
Había quedado inerte en su lugar y con la taza a unos centímetros de su boca. Fue extraño, daba la impresión de que le habían dado un fuerte golpe en el estómago, quitándole todo el aire.
-¿Qué dijiste?- pidió que repitiera lo dicho.
-Que no me importa salir así a la calle-
Levantó sus hombros, indiferente. No le importaba en lo absoluto salir al exterior con la cara magullada y rota. Pronto sanaría completamente y volvería a la normalidad.
-No, antes de eso- dejó todo a un lado para escuchar con claridad -Dijiste algo antes de eso, ¿No lo recuerdas?- negó confundida -Bien- rascó su cabeza tan perdido como ella -Voy a ir a prepararme, hoy tengo álgebra en la primera hora...- caminó en reversa a la salida -¿Te llevo?- asintió muda y él se marchó a su cuarto para alistarse.
-Gaia...- ahora él tomó la palabra -¿Por dijiste eso?-
Se veía tan afectado como su amigo, pero intentaba disimularlo.
-¿Decir qué?- finalizó su café.
-Gaia, hermanita- se acercó con cuidado, realmente, parecía un acto fallido de su mente lo que acababa de ocurrir -Le dijiste "mi querido cazador"- puntualizó, partiendo una galleta de arroz a la mitad y entregándole sus medicinas -Desconozco que significan esas palabras para él, pero parecía muy afectado al oírlas- su compañero carraspeó para matar la incomodidad.
-Megan, la chica con la que estuvo comprometido hace unos años atrás...- rememorando los hechos, se percataba de lo rápido que transcurría el tiempo -Le decía de esa forma a causa de un absurdo juego de roles en línea, en donde él era un cazador de monstruos y demonios-
Tenían que saberlo, convivirían juntos un tiempo más y no debían tener secretos entre ellos.
-Lo siento- bajó de su sitio -Pero no me di cuenta de haberlo hecho, voy a cambiarme-
La perdieron de vista al dirigirse al baño con su bolso a cuestas.
-Hola, tía Sarina- su hermosa voz lo sacó de la nebulosa de su mente -No, estoy despierta desde hace rato, no me despertaste, ¿Qué ocurre?-
Sus ojos viajaron en varias direcciones para no mirarlo a él, que era un adonis de grandes músculos y pecho tatuado, yendo de un lado a otro reorganizando la cocina.
-Sí, claro, puedo cubrirla-
Pidió algo para escribir realizando una seña al aire, llegando a ella un bolígrafo y libreta en cuestión de segundos.
-No, Gaia no podrá ir, sigue con la cara magullada y morada- la carcajada que salió de su boca fue enorme -Sí, tranquila, su corazón está bien- soportó otra risa -Pero estéticamente no es viable hasta dentro de unos días- él pasó a su lado regalándole un beso en la mejilla y escapando a toda prisa a su reclamo -Pero yo estaré ahí sin falta-
Aseguró, pero él volvió al trote para cargarla en sus brazos, era muy tarde y debían marchar.
-Perfecto tía, cuídate- cortó, cuando sintió el suelo bajo los pies -El jueves próximo en la noche no estaré, tengo trabajo- respondió a su pregunta silenciosa.
-No hay problema, tampoco estaré, es el cumpleaños de mi padre y Keilot también está invitado- dio un paso a su habitación, pero se detuvo -Momento, Sarina Fine la dueña de Valhalla, ¿Es tu tía?-
-Sí, es la hermana de mi madre- intentó peinar su rizado cabello con los dedos -Pero lleva el apellido de su difunto esposo y por esa razón, es diferente al de Gaia- sostuvo la puerta para que ella pasara -Tú no entras- le impidió el paso con una mano en el pecho -Esperas aquí hasta que salga-
-Que cruel eres- besó sus nudillos al acercarlos a sus labios -Pero respetaré tu indiferencia un día más- rodó los ojos cerrándole la puerta en la cara -¡Gaia!- exclamó en otra dirección -¡Sal del baño de una buena vez!-
-¡Ya voy!- escuchó del otro lado -¡Los vendajes se pegaron a mi nariz y no puedo quitarlos!- excusó con mucho esfuerzo.
-¡Déjalos! ¡Te harás daño!-
Dijeron los demás habitantes de la casa. Fue extraño, parecía que sus mentes se habían sincronizado al convivir tanto.
El silencio era incómodo, profundo y ensordecedor dentro de ese enorme jeep que ella tanto amaba. Esa clase de vehículos eran sus favoritos desde niña.
-¿Te encuentras bien?- habló, después de un tiempo eterno y miserable.
-Sí- respondió con la mirada al frente -¿Estuviste revisando mis cosas?-
Entrecerró los ojos, era lo único que podía deducir al respecto.
-¿Qué?- su acusación distorsionada de pregunta, la impactó -¡Claro que no! ¿¡Por quién me tomas!?-
Golpeó el tablero con un puño observando su perfil con rabia. Le hubiera acertado un golpe sino fuera conduciendo, la sacaba de quicio su odiosa y fría actitud.
-Entonces, Kylar te lo dijo- afirmó sin tapujos -No hay otra respuesta para eso-
-No, tampoco me dijo nada al respecto-
-¿Y entonces?- insistió.
-¿¡Y entonces qué!?- no dijo nada -¡No me apliques la ley del hielo, Keilot!- se acercó un poco más -¡No sé porque te llamé de esa manera! ¿¡Está bien!?- habían llegado y el carro se detuvo -¡Sólo se me salió y ya!- empujó la puerta pero no logró abrirla -¡Puerta estúpida!- la aporreó con fuerza -¡Ábrete!-
Él se inclinó y la abrió de un simple movimiento, pero su brazo en la cerradura no la dejó ir.
-No vuelvas a llamarme de esa manera nunca más...- se congeló por el verde de su mirada y la profundidad de su voz -¿Has comprendido?- su seriedad la atravesó.
-Sí- contestó molesta -¿Vas a dejarme ir?- soltó la puerta -Gracias- cerró de un fuerte golpe al salir.
-¡A las cinco en punto vendré por ti y espero que estés aquí esperándome! ¿¡Me oyes!?-
Ordenó sin importarle nada y asomándose por la ventanilla, con su semblante más arrogante que nunca. Sacarla de sus cabales era extremadamente divertido y estaba seguro que, a partir de ese día, se convertiría en un pasatiempo muy frecuente entre ellos.
-¡Vete al demonio!-
Fue lo último que escuchó antes de dirigirse a la facultad.
-En la noche iremos al Círculo, así que, estate lista- descendió de la motocicleta cargada de libros -¿Quieres que te ayude con eso?- apuntó a los mismos sin bajar.
-No, gracias, estaré bien- acomodó la pesada mochila en su espalda -¿Tengo que ir contigo?- hizo un pequeño mohín con los labios -No me gusta ese lugar-
-Eres mi amuleto de la suerte, preciosa- era una vil mentira, pero quería convencerla -Tienes que venir conmigo, hoy habrá duplas en el ring y con Keilot patearemos traseros hasta la muerte- acomodó su cabello hacia atrás -Es su pelea de retorno-
-Es una imagen muy violenta si lo dices así, a pesar de su regreso- observó la hora en su móvil, tenían tiempo de culminar la charla -Pero si Gaia, Val o Evan quieren ir, ahí estaré-
-Excelente- intentó tocarle el rostro pero se alejó dando un paso atrás -¿Por qué eres tan arisca conmigo?- reclamó con fingido dolor.
-Cállate, ya tuve suficiente de ti, Row- giró sobre sus talones -Me voy-
No le quitó la vista de encima hasta perderla tras la puerta.
-Si sigues mirándola así, la gastarás- esa risa burlona y sarcásticas palabras, le perforaron el cráneo -Aunque, desde que la conozco es un imán para las miradas...- se acercó un poco más -A veces creo que tiene un poder desconocido y oculto que la ayuda con eso- apoyó un brazo sobre su hombro en señal de confianza -Es como una bruja que hechiza con cada caminar- relamió sus labios al verla en su mente.
-¿Por qué mejor no te ahorras los comentarios que nadie te pidió, Alan?- quitó su brazo con asco -¿Qué diablos quieres?-
Era su primo, pero mantenían una relación conflictiva y tortuosa que no les permitía convivir en paz. Eran como el día y la noche, no lograban congeniar de ninguna manera y mucho menos, cuando cruzaban puños en el ring en donde sólo uno de ellos siempre sería el vencedor.
-Los hermanos de la fraternidad quieren verte a ti y a Keilot, es sobre la pelea en duplas de esta noche- explicó su presencia ante él.
-¿No pudieron enviar a alguien más?- dio marcha a su motocicleta de una fuerte patada -No respondas, para los dos es más que evidente que no es un placer vernos- ocultó sus ojos debajo de unos lentes oscuros -Solo te diré una cosa...- le hizo señas para que se acercara -Le pones una sola mano encima a Dea y te mataré tan lentamente, que nadie podrá reconocerte después- amenazante -Tu problema existencial y de inferioridad es conmigo, a ella no la metas, ¿Comprendes?- su voz era tan baja que sólo él podía oírla.
-Totalmente- lo soltó de un fuerte empujón -Nos vemos antes de la pelea en la fraternidad, avísale al cazador- aceleró a fondo.
-Lo haré y deja de decirle así- se perdió por senderos de la facultad, llegando a destino en cuestión de minutos -Hermano, tenemos reunión con los Sorcerer hoy después de clases...- clickeo en la pantalla de su móvil -Llegaré tarde, primero llevaré a Dea a casa, sólo quería avisarte- presionó enviar y recibió respuesta de inmediato -Tú siempre tan de pocas palabras- ingresó al aula y se encontraba vacía -Cierto, no tenemos esta clase hasta dentro de media hora- tomó asiento en el lugar de siempre.
-Te estaba esperando, Lai-
Susurraron en su oído desde atrás, haciéndolo estremecer. Había transcurrido mucho desde que escuchó por última vez esa voz profunda, hermosa y excitante.
-Hola, Irene- apartó con delicadeza con brazos que lo rodeaban por la espalda -Tenemos que hablar-
Álgebra era su fuerte, como todas las áreas que implicaban números. Ahora bien, con respecto al material teórico, caía en picada como ave en pleno vuelo y necesitaba asesoramiento constante de sus compañeros. El plan era titularse de matemático aplicado y sin leer un solo libro en toda su trayectoria universitaria.
-¿Se enteraron lo que le sucedió a la chica nueva que salió con Kylar hace unas senanas?- cuchicheo por lo bajo el compañero a su derecha.
-Si, yo estuve ahí- respondió otro y les enseñó la pantalla de su celular en donde ella caía del escenario en un golpe seco -Su nariz no paraba de sangrar, fue muy gracioso, pero aterrador-
Podían ver en el vídeo como era asistida por una amiga de manera desesperada.
-¿Puedes apartar eso de mí, Dylan?-
Cubrió la pantalla con su enorme mano para no seguir viéndolo.
-Val, mi novia, es su amiga desde que eran niñas- continuó, sin darle importancia a su pedido -Las dos crecieron en Zeón y según me contó, recibió un trasplante de corazón hace tres años, casi se muere-
-¿Puedes callarte?- su mal genio salió a flote -A nadie le importa eso- señaló alrededor dando a entender lo obvio -A mí no me importa, ¿No entiendo por qué estás contándonos todo esto?-
-Pues...- cruzó los brazos con una sonrisa socarrona -Ella es la próxima presa y objetivo de Kylar, según me comentaron algunos hermanos de tu fraternidad...- aclaró el punto -¿No es así, Hero?- miró a su compañero del otro lado.
-Sí, así es- abrió los ojos enormes al comprenderlo todo -Kylar es peligroso, te odia y lo sabes, Keilot- apretó su hombro para que entendiera la verdad de los hechos -No nos tomes por tontos, sabemos muy bien que ella y su hermana viven contigo, sólo queríamos avisarte sus sucios planes-
-Entiendo, gracias-
No dijo más, regresando la mirada al frente y prestado mínima atención al tema del día o eso intentaba.
Las clases terminaron y cada uno retornó a casa acompañado de su compañera de universidad, en otras palabras, dejarlas a resguardo por todo lo acontecido ese día. Pero ahora se encontraban allí, en el edificio de su fraternidad, en donde habían arribado juntos y con la guardia alta ante cualquier eventualidad.
-¡Hermanos!- el líder y representante del lugar, los palmeó en la espalda al ingresar al recinto principal -Los estabamos esperando- guió a cada uno a su respectivo asiento.
-¿Podemos ir directo al grano, Velkan?- lo detestaba y mucho.
-Tú siempre tan directo, Lai- se relajó en su sitio y los miró con superioridad, como si tuviera el derecho de hacerlo -¿Quieren algo de beber?-
-No, sabés bien que no tomo- asesinó con los ojos a su primo detrás -¿Qué quieren?- era tan impaciente como su amigo -Hoy tenemos lucha en el Círculo y no tenemos tiempo que perder, así que...-
Realizó un gesto en círculos dándole la palabra, pero jamás la tomó. Evidentemente, estaba jugando con ellos.
-¿Podrían decirnos a qué nos citaron?- sus pies no dejaban de moverse -No pienso perder el día de hoy, así la lucha esté arreglada con los tranzas de apuestas, no estoy dispuesto a perder y Keilot tampoco- aseguro, entrecruzando los dedos delante de su cara -Si es eso lo que querían decirnos, ya nos vamos- se incorporó, incólume.
-La quiero a ella- sonrió sínico.
-¿Perdón?-
Apretó los puños junto a su cuerpo. No era estúpido, sabía a quién se refería, pero no se lo haría fácil.
-Lo que escuchaste, Lai- hizo lo mismo que él -La quiero a ella- reafirmó -Quiero a la chica que vive contigo, su hermana no me interesa, es torpe y ruidosa, pero ella me encanta y la quiero para mí- la risa irónica que brotó de su garganta inundó todos los recintos de esa fraternidad -¿Dije algo gracioso?-
Un tic nervioso apareció en su ojo al no intimidarlo en lo absoluto.
-Eres tan gracioso, que me dan ganas de matarte, payaso- dejó de reír, aferrándole el cuello de la camiseta para enfrentar miradas -Keilot, encargate del resto-
Fue lo único que dijo, cuando los demás quisieron intervenir en el enfrentamiento.
-Quietos-
Amenazó a todos tomando posición de lucha y derribar al de mayor tamaño entre ellos al impactar su cabeza contra el suelo, cuando intentó tocar a Lai.
-Uno, dos, tres...- contó a los presentes en voz alta -Son doce en total aquí, Lai...- cerró los ojos y guardó silencio un minuto -Sin contar a los restantes, que deben estar escondidos en la cocina, la sala y las escaleras...- sonrió extasiado -¡Ya los escuché y los voy a encontrar!- advirtió, seguro de sus habilidades y entrenamiento táctico.
-¡Sigues siendo un demente, Keilot!- exclamó a todo pulmón detrás del líder -¡No puedo creer que, una chica tan dulce y hermosa como Megan, haya querido casarse contigo!- negó de un lado a otro, decepcionado -¡Por suerte está muert...!-
No terminó su oración, fue derribado de un rápido, pero brutal golpe, que le voló un diente y lo dejó inconsciente en el acto. No iba tolerar tal insolencia a la memoria de la mujer que tanto amó en vida.
-No estoy de humor para una plática de porquería contigo, Kylar- sus ojos verdes estaban encendidos, no había perdido el toque -¿Alguien más que quiera abrir la boca y tener la osadía de faltarme el respeto?- nadie emitió palabra -Bien- regresó junto a su amigo después de acomodar su ropa -¿Puedes repetir lo que dijiste, Velkan?-
Murmuró por lo bajo al sentirse insignificante y sobre todo, humillado frente a sus cofrades y seguidores.
-No logro oírte- no lo había soltado a pesar de la reacción tan violenta de su compañero -¡Habla más fuerte, idiota!- le gritó a la cara, pero no consiguió nada -¡Me uní a esta fraternidad gracias a mis hermanos y me introduje en el Círculo Rojo por todos ustedes, para ganar dinero y tener reputación junto a Keilot!- lo soltó de un fuerte empujón que lo devolvió a su lugar de un sentón -¿¡Y es así como me pagan!?- murmullos, sólo eso podía oírse alrededor -¡No voy a permitir que ni tú, ni nadie, le pongan un dedo encima a esa chica, Velkan!- lo miró a la cara, no estaba mintiendo, si lo hacía lo haría trizas en un segundo -¡Ni a ella y mucho menos a su hermana!- señaló a los dos hombres inconscientes en el suelo -¡A menos que quieran terminar así!- no dijo más.
-¡No es una advertencia y tampoco una amenaza! ¡Lo haremos y sin titubear!- regresó hasta Kylar pateándolo con todas sus fuerzas -¡Les permití que criticaran mi relación y compromiso con Megan por años, pero ya no más!- lo levantó para arrojarlo con violencia al grupo reunido -¡Tocan a Gaia y los haré pedazos!- retrocedieron a su paso abriéndo camino -¡No querrán despertar al cazador después de tres años!- llegó a la puerta -¡Vámonos, Lai!-
-¡Te sigo, hermano!- al pasar junto a Alan lo derribó de un puñetazo -¡Eso va por mentirme, estúpido!- se detuvo bajo el umbral -Por cierto...- su movimiento fue tan rápido que parecía que iba a atacarlos -Dimitimos de esta asquerosa fraternidad- su sonrisa burlona era la prueba de ello -Adiós- se despidió cerrando la puerta tal cual llegaron.
Estaba aterrada, era la primera vez que se encontraba en ese lugar repleto de gente enloquecida y que hacía apuestas sin parar a la dupla ganadora de ese noche.
-Tengo miedo, Dea-
Murmuró con la cabeza gacha para proteger su nariz y aferrada de su mano como si fuera un salvavidas, mientras ella se abría paso entre el gentío.
-No quería venir aquí, no me sueltes-
-Tranquila, no te soltaré- empujó a un borracho que se les arrojó encima -¡Quítate!- logró alejarlo de un buen golpe -Dijo Lai que lejos de la gente estaremos bien-
Subieron a un pequeño cajón de manera alejado del ring y la multitud enardecida.
-Sí, Keilot me pidió que nos ubiquemos en algún lugar donde podrían vernos y que nos mantengamos cerca de una salida de emergencia por si llegaba la policía-
Observó al cuadrilátero en donde ellos las buscaban con la mirada, pero no lograban verlas. Eran increíblemente fuertes, musculosos y hermosos, al igual que sus ojos.
-¡Keilot! ¡Lai!- gritó con ambas manos alrededor de su boca -No hay caso, no me oyen- su hermana silbó con dos dedos en los labios -No son perros, Gaia-
-No, pero pudieron encontrarnos- saludó con una mano en alto cuando Keilot las señaló para enseñarle a su amigo donde estaban -Bien, ahora podrán pelear tranquilos-
Suspiró angustiada y llevando una mano a su corazón que latía desbocado.
-Siento que yo ya estuve aquí antes, Dea y no sé porque, es extraño, como si hubiera vívido esta misma situación muchas veces antes-
-Quizás sea un tipo de Deja Vuh, hermanita-
Lai le hacía señas que por nada del mundo se moviera de allí y ella levantó un pulgar en respuesta, haciéndolo sonreír.
-Él representa a todo malo en este mundo y todo lo que me encanta a la vez, pero que quiero evitar- bajó la mirada al suelo cuando le lanzó un beso -¿Por qué lo hombres como él son mi perdición, Gaia?-
-No lo sé- levantó ambos hombros sin más respuesta que esa -Pero un hombre como él, hace unos cuantos años atrás, te hizo muy feliz y estoy segura que es por eso- la sensación extraña aún no la abandonaba -¿Por qué no le das una oportunidad?-
-Porque ese no es mi objetivo al venir aquí- no apartaba sus ojos de él -Y cruzarlo en mi camino fue una horrible jugarreta del destino, esto esta muy mal y ya no sé que hacer con él-
-Yo no le diría destino, más bien casualidad- los contrincantes subieron al ring -¡Ay mamá!- rodeó su brazo con ambas manos -¡Son enormes!- la sacudió con fuerza.
-¡Gaia! ¡Me lastimas!- quitó su brazo de un tirón -¡Dioses benditos!- cubrió su boca con ambas manos -¡Los matarán!-
Esos sujetos eran gigantes, con brazos que parecían postes y piernas tan fuertes como columnas, ni hablar de los casi dos metros de altura y la corpulencia de feroces vikingos.
-¡Bienvenidos a la noche de duplas!- el presentador de la noche habló al micrófono -¡Será un encuentro titánico e histórico!- alentaba al público al seguir -¡Los Berserker más temidos en estos lares, se enfrentarán...!- señaló a su derecha a esos enormes gemelos de cabello oscuro y ojos ambarinos -¡A nuestro Vidente Milenario, el hombre de veloces nudillos y mirada feroz! ¡Lai Row!- él hizo una galante reverencia al escuchar su nombre y el público femenino gritó hasta acabarse la garganta -¡Y después de casi tres años de ausencia!- la gente vitoreaba a más no poder su regreso -¡El Cazador Alfa que todos extrañábamos, el invencible e inconmensurable! ¡Keilot Helsing!-
La muchedumbre explotó, mientras él permanecía inmutable observando con fiereza a sus contrincantes.
-¿¡Listos!?- cambiaron al centro del ring y eran diminutos junto a los Berserker -¡A luchar!-
El cruce de puños fue brutal, jamás, en sus veintiún años de vida habían presenciado un espectáculo tan horrible. Los Berserker eran fuertes y sus golpes hacían mucho daño, pero Keilot y Lai eran rápidos, certeros e impecables, no podían detenerlos.
-¡No! ¡No puedo ver esto!- cubrió sus ojos con las manos -¡Es demasiado horrible!-
No podía contemplar esa fase tan despiadado e inhumana de Lai para con otra persona.
-¡Necesito un trago!- apartó sus ojos del ring cuando Keilot le voló un diente a su oponente de un codazo -¡Él es como una bestia en batalla y no puedo soportarlo!-
-Tú cuida de nuestro lugar, yo iré por algo fuerte- descendió de un pequeño brinco -Enseguida regreso-
Se abrió camino entre la gente con facilidad, la ventaja de ser pequeña y delgada corría a su favor.
-Es un animal, ¿No te parece?-
Pronunciaron a su lado, sacándola del impacto que le produjo ver volar a un Berserker de una feroz patada.
-¿Y a ti que te pasó en la cara?- era Kylar.
-Me caí por las esceras- no le creyó nada.
-Pues, debió haber sido una escalera muy fuerte- soportó la risa que le quemaba la garganta -Te dejó hecho trizas-
-Fue Keilot, ¿Contenta?- bufo con desprecio.
-¿Tendría que estarlo?- cuestionó retórica -¡Por dios!- sostuvo su cabeza con ambas manos -¡Que buen gancho le dio!- aplaudió orgullosa -¡Son increíbles!-
-Me hizo esto por ti- la miró sin expresar nada.
-¿Qué?- no respondió -¿A qué te refieres?- le rodeó la cintura con fuerza y posesión.
-¡Tú serás mía! ¿Me oyes?- la apuntó con un dedo a unos centímetros del rostro -¡No voy a permitir que suceda lo mismo que con Megan!-
-¡Suéltame!- lo golpeó en el pecho sin lograr nada -¡Kylar! ¡Me haces daño!-
Suplicó que la soltara cuando presionó su agarre, pero fue arrebata de sus brazos de un tirón.
-¡Te dijo...!- exclamó entre jadeos y sangre en el rostro -¡Te dijo que la sueltes!- no podía controlar su respiración.
-Keilot- susurró asustada, al comprobar que la sostenía a unos centímetros del suelo -¡Keilot!- rodeó su cuello con los brazos para refugiarse en él -¡No dejes que se acerque a mí!-
Los latidos de su corazón contra el suyo eran incontrolables.
-Nunca-
Cerró los ojos disfrutando de ese desesperado abrazo al rodear su cabeza con una mano. No se había dado cuenta de lo mucho que extrañaba y necesitaba uno.
-Nunca se acercará a ti de nuevo, bonita- aspiró el aroma de su cabello con fuerza -Nunca más, lo juro- abrió los ojos y se encontró con él -¡Acabas de interrumpir mi pelea de regreso, Kylar!- no la había soltado, aún seguía colgada de él -¡Y tendrás muchos problemas con Otto y los Stabber esta noche!- inhaló profundo y su respiración regresó a la normalidad -Sabés bien que no me gusta repetir las cosas, pero te dejé bien en claro esta tarde que...-
-Keilot- se apartó un poco para verlo a la cara -Quiero irme a casa- parecía traumatizada de estar allí -Por favor, vamos por Dea y regresemos a casa- sus ojos se llenaron de lágrimas, no quería más peleas a su causa.
-Bien- la depositó en el suelo con cuidado -Yo ya gané aquí-
Caminó entre la gente empujando a todos a su paso, para regresar al cuadrilátero con ella de la mano y dejándo al bastardo de su primo atrás.
-¡Otto!- volteó al presentador por un hombro -¡Mañana a primera hora quiero el depósito en mi cuenta bancaria!-
-¡Por supuesto!- lo aferró de los hombros con ambas manos de felicidad -¡Cumpliste con tu palabra ganando por knockout la pelea de retorno!- lo sacudió un poco -¡Me hubiera gustado ver más de ti, pero el vidente y tú, me dieron grandes ganancias esta noche!-
Todavía se encontraban levantando los restos de lo que antaño eran sus enormes y robustos contrincantes del suel. Los habían hecho morder el polvo en cuestión de unos pocos minutos.
-Tenía prisa...- excusó, rascándose la cabeza -Un idiota estaba molestando a mi chica y tenía que ponerlo en su lugar-
-¿Tu chica?-
Habló perpleja, rodeando su brazo sudado con ambas manos para que no la soltora, la gente la empujaba para llegar a él y felicitarlo.
-Sí, Lai dijo algo parecido y dirigió hacia el bar después de arrojarse fuera de la arena- lo buscó con la mirada -De hecho allí va, mira-
Señaló a lo lejos la figura imponente de ese luchador, que caminaba furioso entre las felicitaciones que recibía al paso.
-No veo- intentaba ver de puntillas sobre su hombro -No puedo ver- colocó una mano sobre sus ojos para mirar lejos.
-Ven aquí- la cargó sobre sus hombros como si pesara nada -¿Lo ves?- dirigió sus ojos a ella aferrando sus piernas.
-Sí, está alcanzando a Dea- sonrió tranquila -¿Me bajas?- pidió como una niña.
-Sí- la dejó en suelo -Vámonos- entrelazó sus manos -Nos vemos el próximo, Otto- lo palmeó al pasar y seguir camino la salida.
-¿Qué te sirvo, muñeca?- la pelea había terminado con Lai como uno de los vencedores.
-¿Eh? ¿Me hablas a mí?- se señaló a si misma al voltear.
-Sí, te hablo a ti, dulzura- inclinó la cabeza al verlo, su rostro le resultaba muy familiar -¿Qué puedo servirte?-
-¿Mmmm?- pensó un momento en todas las opciones -¿Dos tequilas?-
-¿Estás diciéndome o preguntándome?- se inclinó un poco más para estar cerca de ella.
-¿Diciéndote?- repitió confusa -Diciéndote- reafirmó convencida -Quiero dos tequilas, por favor- levantó dos dedos al aire.
-Aquí tienes, encanto- se los entregó en dos pequeños vasos que sirvió delante de ella -Para que veas que no he puesto nada en ellos-
-Gracias, ¿Cuánto te debo?-
Negó levantando las manos al aire para enseñar sus palmas.
-Nada- fruncio el ceño -El idiota de allá te los envía-
Miró en esa dirección y él levantó un vaso a su salud, para acabarlo de un respiro. No podía ser cierto, se trataba de ese pesado del curso de escritura y oralidad que conoció esa tarde en la facultad, Velkan.
-No los quiero, gracias- los dejó sobre el bar -No soy una necesitada y mucho menos una inútil, puedo pagar dos tragos por mi cuenta- se acercó más al cantinero -¿Podrías decírselo...?- realizó un gesto con la cabeza para que dijera su nombre.
-Riftan- sonrió encantado, ella tenía orgullo y eso le agrada.
-Riftan- repitió -Momento...- lo detuvo con una mano -¿Riftan? ¿Dijiste Riftan?- asintió extrañado -¿Tú eres Riftan Lewis el novio de Maxi?-
-Sí, ¿La conoces?- su rostro cambio por completo al escuchar el nombre de su amada -¡Estoy ocupado, imbécil! ¡En un momento estaré contigo!- gritó furioso a un cliente que pedía por él.
-¿Cómo no conocerla?- respondió feliz, adoraba a esa chica -Ella y yo compartimos todas las clases- realizó gestos exagerados al explicar, era muy gestual -Con razón tu rostro se me hacía familiar, tú eres Ryftan-
-¿No me digas que tú eres Dea?- la apuntó, colocándose un trapo sobre el hombro.
-La misma- extendió una mano -Un placer, Maxi me ha hablado mucho sobre ti y me ha enseñado algunas fotografías juntos también-
-Encantado- estrechó su agarre -Ella te admira mucho, dice que eres una clase de genio del mundo de las letras y está completamente agradecida por la ayuda que brindas-
-¿Qué está pasando aquí, Lewis?-
La voz de Lai los irrumpió matando el momento, rodeándola por ambos lados para colocar las manos en el bar. Estaba muy cerca, demasiado, podía percibir el olor a sangre y sudor que emanaba su piel.
-Vidente, también es un placer verte y déjame felicitarte, diste una buena pelea- admiró, como el viejo luchador retirado de esa arena -Desconocía que ella era tu "preciosa nena"- soltó sus manos -Jamás la hubiera tocado si era consciente de tu relación con ella- ellos mantenían una extraña relación de amistad y respeto mutuo -Sé muy bien como te pones cada vez que alguien coloca sus manos sobre tus cosas-
-No soy su nena- refutó digna -Y tampoco soy una cosa, mi nombre es Dea Fleming y hasta el día de hoy, me considero una persona-
-Silencio, Dea- levantó un dedo haciéndola callar -Sí, ella es mía, ¿Hay algún problema con eso?- bajó la mirada a los tragos -¿Tú le serviste esto?-
-Sí, cortesía de Velkan- apuntó con su pulgar a ese sujeto que tampoco toleraba -¿Quieres que se los devuelva como tú y yo sabemos hacerlo?- le guiñó un ojo en complicidad.
-No es necesario- ingirió una a la vez y de un solo respiro -Te extrañé, preciosa-
La giró con fuerza, asió su cintura con un brazo y juntó sus labios en un profundo beso, mareándola por el sabor a alcohol en su boca. Era único, excitante y embriagador.
-¿Por qué hiciste eso?-
Murmuró con los ojos cerrados y escondiendo el rostro en su húmedo pecho. No podía creer que había disfrutado de ese inesperado beso.
-Porque era el momento indicado para hacerlo- levantó su rostro con ambas manos para ver lo sonrosada que estaba -Me tienes loco- confesó con el alma en un hilo -Ya vámonos, no tenemos nada que hacer aquí- la rodeó por los hombros -Saludos a Maxi, Lewis- chocaron puños antes de irse.
