La noche estaba oscura y sin luna. Una de esas noche, en donde los mortales podrían darse el lujo de pedirle un deseo a la luna nueva y la cual, siempre cumplía.

-¡Sí!- aplaudió como una niña -¡Qué rico!- sostuvo sobre su regazo la enorme caja de pizza que él había comprado de camino a casa -¡Es enorme!- la abrió para tomar un pedazo -Amo las pizzas de este lugar- masticó como un animal -¿Y las bebidas?- le entregó una botella de cerveza, mientras él abría la suya y le daba un enorme sorbo.

-Uuuufff- suspiró aliviado -Te juro que necesitaban esto- contempló la botella con adoración -Después de una buena pelea nunca está de más un trago-

-Estoy de acuerdo- hizo lo mismo que él -Hay muchas cosas que no he vivido a causa de mi padecimiento y el alcohol es una de ellas- le entregó una porción de pizza al seguir camino -Pero siempre hay una primera vez y eso sucedió hace dos años-

-Debió haber sido muy difícil el no tener una vida normal, ¿No?- le dio otro sorbo a su cerveza.

-Prácticamente, lo fue, hasta antes de cumplir los 18 años- limpió su boca con una servilleta -Luego de eso, mi corazón entró en paro un par de veces y no pudo más, había llegado el tiempo de cambiarlo- llevó una mano al pecho para tocar su horrible y profunda cicatriz.

-Eso fue lo que nos dijo tu hermana- dobló a la derecha -Estuviste conectado a maquinas de soporte vital durante meses, hasta que el nuevo corazón llegó- aún faltaban varios kilómetros para llegar a casa.

-Es un milagro que esté viva, mi sangre es muy extraña y tengo que tomar inmunosupresores de por vida- miró a la nada a través de la ventanilla -Pero mi cuerpo acepto este corazón de inmediato y aquí está desde hace tres años- se dio tres palmaditas en el pecho al ritmo de sus latidos -Y le estaré eternamente agradecida a la familia del donante-

-¿Los conociste?- preguntó interesado.

-No, pero me encantaría- estiró los brazos sobre su cabeza al sentirse muy llena -Les envié un par de cartas como agradecimiento, pero nunca tuve respuestas-

-Es muy duro pasar por una pérdida, donar órganos salva vidas, pero no es fácil para un familiar tomar esa decisión y dejarlo ir- su casa podía verse a lo lejos.

-¿Lo dices por lo que pasó con Megan?- asintió el silencio, era evidente que no le gustaba hablar de ello -Lo siento, no quise preguntar y ser indiscreta-

-Está bien, nos conocemos lo suficiente para hablar del tema- se detuvo bajo un semáforo en rojo -Ella estuvo bellamente dormida por unos veinte días, hasta que sus órganos comenzaron a fallar y sus padres decidieron desconectarla para donar todo lo demás- esos ojos avellanas se vieron abrumados y con mucho pesar -Fue la mejor decisión que pudieron haber tomado, bonita- le apartó una lágrima que caía por su mejilla -Nunca más despertaría y aunque me destrozó el dejarla ir, no tuvieron otra opción que esa, ahora está en algún lugar mejor- le quitó otra lágrima y otra más, lloraba en silencio ante él -No llores, es algo que tenía que pasar y está bien-

-No, no está bien- limpió sus lágrimas con el dorso de su mano -Tú eres un buen hombre, Keilot y merecías ser feliz con ella- soportó la angustia que la quemaba por dentro -No es justo para nadie que sucedan esta clase de cosas-

Su corazón le dolía, le dolía mucho, como si realmente sintiera un terrible dolor emocional.

-No, tienes razón, no es justo- le apartó un rizo del rostro para colocarlo tras su oreja -Pero uno tiene que aprender a vivir con eso- le regaló un pequeño beso en la mejilla y siguió marcha.

-¡Estoy muy feliz!-

La cargó sobre su cabeza para dar vueltas con ella al salir del sótano y donde se realizan las peleas clandestinas en la facultad de leyes.

-¡Muy feliz, preciosa!- la abrazó con todas sus fuerzas al bajarla -¡Hicimos una fortuna con Keilot esta noche!- sus pies no lograban tocar el suelo -¡Gracias por venir y estar conmigo!- escondió el rostro en su cuello para aspirar su aroma -¡Gracias!-

-Lai...- pronunció ahogada -No respiro-

-Lo siento- la apartó de él para acomodarle el cabello -¿Te lastimé?-

-No, pero eres muy fuerte y apestas a sudor- su gesto de repulsión y asco lo enterneció -Tendrías que darte un baño al llegar a casa-

-Lo haré- de un rápido movimiento la sentó en el asiento de su motocicleta -Y saldremos a festejar el triunfo de esta noche, ¿Qué dices?- la rodeó con sus brazos antes de subir -¿Quieres salir conmigo?- abrió la boca para responder pero no pudo decir nada.

-¿Lai?- una voz a sus espaldas lo petrificó -¡Lai!-

Se colgó de su cuello desde atrás. Era hermosa, de perfecta figura, pelirroja y ojos azul celeste, junto a ella, parecía una escoba mal hecha.

-¡Peleaste como un dios! ¡Felicidades! ¡Estoy orgullosa de ti!- besó su mejilla por un largo tiempo -¡Oh!- fingió sorpresa al verla montada en la motocicleta, ya que él la ocultaba con su enorme contextura -¿Quién eres?- la miró a la cara con una falsa sonrisa.

-Hola, Irene- desde que pasó la noche con ella, se había convertido en su sombra -Ella es Dea, mi compañera de casa- apartó sus brazos de él al descender al suelo.

-Oh, la hechicera- dijo con un pequeño gesto de su dedo.

-¿Disculpa?- pidió una explicación sin comprender muy bien ese apodo.

-Tú eres esa chica de literatura y letras que tiene loco a mi primo Velkan- rodeó uno de los brazos de Lai con posesión -Desde que te vio hoy en la tarde, lo hechizaste y te llamó hechicera de su corazón-

Bufó con burla y girando la cabeza a un lado. Era la explicación más estúpida que había oído nunca.

-¿Todos son parientes aquí o qué?- mofó sarcástica y cruzada de brazos, su sinceridad era arrolladora -Es increíble, estamos a un paso de la endogamia en este lugar- se estremeció al imaginarlo –Me llamo Dea y les agradecería a ti y tu primito…- al fin le dirigió la mirada -Que no vuelvan a llamarme así-

La corta en seco cuando intentó excusarse, fue muy grosera, pero no le importó nada, ella era una extraña sin ningún tipo de relación con su persona.

-Discúlpame, Lai- levantó una mano sin permitirle la palabra cuando abrió la boca -Pero quiero irme a casa y si no puedes llevarme, me iré caminando- bajó de la motocicleta -Buenas noches-

Los pasó con la frente en alto y sin siquiera mirarlos, se sentía muy fuera de lugar y no querían estar allí ni un minuto más.

-Nos vemos en la universidad, Irene- se despidió apresurado encendiendo motores.

-Lai, espera...- se interpuso en su camino -¿Harás algo esta noche?-

-No sé-

Dea caminaba muy rápido y si llegaba a la parada del autobus la perdería. La conocía bien, se montaría a uno sin mirar atrás.

-Avísame para vernos, ¿Sí?- se apartó a un lado -Hace mucho que no estamos juntos y te extraño-

-Adiós, Irene- no le importó nada lo que dijo y aceleró a fondo para alcanzar a su diosa -¡Arriba, preciosa!- la subió delante de su motocicleta con un solo brazo.

-¡Dioses! ¡Eras tú, Lai! ¡Casi me muero del susto!- cubrió su rostro con ambas manos -¡Pensé que me estaban secuestrado! ¡Este lugar es asediado por locos y degenerados!-

Exhaló todo el aire que tenía dentro y tirando su cabeza hacia atrás con los ojos cerrados. En una fracción de segundo, se había imaginado a sí misma, golpeada, maniatada y tirada en una zanja, después de ser totalmente ultrajada.

-¿En qué estabas pensando que no me escuchaste llegar?- su cabello le picaba la nariz y olía divinamente.

-Venía distraída, le estaba enviando un mensaje a Gaia de que iba a tomar el autobús para ir a casa- le enseñó el mismo -Pero no va a poder ser- lo guardó en su bolsillo -Lamento mucho el haber arruinado tu encuentro con esa chica, Lai- se detuvo debajo de un enorme roble para poder escucharla -En serio, lo siento- su disculpa era sincera -Se veía a kilómetros que quería estar contigo- se apartó un rizo del rostro, esa noche la brisa estaba inquieta.

-Pero yo no quería estar con ella- encontró esos expresivos ojos que tanto amaba llenos de culpa -Quería estar contigo- llevó una mano a su mejilla para acariciarla con su pulgar -Lo que siento por ti es una locura- otra vez decía y hacía cosas extrañas -¿A dónde quieres ir esta noche?- salió del trance cuando no dijo nada -Vamos a ir al Valhalla, ¿Te parece?- no le dio tiempo a decidir nada.

-Sí, está bien- cambió de lugar para aferrarse con fuerza a su cintura -No tengo problemas con eso, nos harán un gran descuento por trabajar allí- una enorme carcajada salió de él, siempre encontraba el momento para hacerlo reír -No te rías de mí, podrías tener una hija igual-

-Créeme, eso me encantaría- llevó una mano a las suyas para apretarlas con delicadeza -Todo es mejor cuando estás tú- arribaron a la casa en cuestión de minutos, él era un demente detrás del volante -Sube- subió a su espalda sin chistar -¡Ya llegamos!-

Abrió la puerta de una feroz patada y se arrojó al sofá para poder aplastarla.

-¡Lai!- lo apartó como pudo -¡Quítate! ¡Lunático!- nunca lo había visto tan contento y era algo sumamente contagioso.

-Voy a tomar una ducha y regreso por ti, no te duermas, ¿Sí?- la miró a los ojos por un eterno instante -Haría cualquier cosa por esa sonrisa que está en tu cara en este momento- otra vez decía ese tipo de cosas, esa noche no podía ser más extraña para ella -Enseguida vuelvo- corrió al trote hasta su cuarto.

-Ay, ustedes dos...- su hermana tomó asiento a su lado con un cuenco de palomitas -¿Qué se traen hoy?- encendió la televisión -¡Keilot! ¡Ya empezó!-

Gritó hacia el pasillo, había comenzado la serie favorita de ambos.

-¡Detenlo! ¡Detenlo!-

Pidió desde su habitación, había tomado una ducha rápida para no perder tiempo, pero tardó más de lo pensado.

-¡¿Cómo quieres que haga eso!?- introdujo más palomitas a su boca -Lai se ve muy feliz, ¿Por qué será?-

-Sip, ganaron mucho dinero con Keilot hoy- le robó algunas -Me invitó a salir, iremos al Valhalla-

-Eso es excelente- escupió al reír -¡Este Sheldon!- no podía parar -¡Lo amo!- se recompuso de inmediato -Siguiendo con el tema en cuestión, ¿Y eso qué significa, hermanita?-

-Eso no significa nada, Gaia- enarcó las cejas -Él y yo sólo somos amigos- aclaró -Saldremos esta noche a pasar un buen momento y nada más, no se interesa por mí de esa manera- esa serie era muy graciosa -Nada pasará entre nosotros, no pasará- reafirmó convencida -Porque Lai Row es un enorme problema que quiero evitar- sus palabras eran durísimas -Él, sus constantes cambios de humor y todo el prontuario de chicas que tiene detrás, es lo que quiero evitar, ¿Lo entiendes?-

-Lo que acabas de decir, es lo más ridículo que he escuchado salir de tu boca, Dea- apagó la televisión -¿Acaso tan ensimismada estás en tus objetivos que no ves más allá?-

-Déjalo ya, Gaia- dijo él, ajustándose la toalla alrededor de la cintura.

Dieron un pequeño brinco al escucharlo. En sus ojos azules no se reflejaba nada, estaban vacíos y la felicidad de hace unos instantes atrás los había abandonado. Se fue por el pasillo sin decir nada más.

-Creo que estás cometiendo un enorme error- se incorporó dejando las palomitas a un lado -Voy por un baño y mis medicinas, dile a Keilot cuando salga que no vamos a ver la serie hoy- prosiguió, dejándola sola.

Había transcurrido una hora cuando Lai salió de su habitación y apreció en la sala, vestido y arreglado con las llaves de su motocicleta en mano. Esperó que le dirigiera la palabra o tan sólo una mirada, pero no, encendió un cigarrillo, cubrió sus ojos con unas gafas de sol y tomó el pomo de la puerta para marcharse.

-¿Te vas?- preguntó, incorporándose -¿A dónde? ¿Al Valhalla?-

-Fuera- respondió, abriendo la puerta de un tirón y cerrandola de un portazo tras él.

Se dejó caer en el sillón, resoplando fuerte. De alguna manera se había convertido en la mala de la historia y no tenía ni idea de cómo había llegado hasta ese punto.

-¡Dea!- apareció mojada de la cabeza a los pies y enredada en una toalla -¡Mis medicinas se acabaron!-

-¿¡Cómo que se acabaron!?-

Corrió hacia uno de los gabinetes de la cocina, revisó cada frasco en su mano y no había nada, estaban vacíos. ¿Qué más podría pasar esa noche?

-¡Hola, ma!- escuchó su voz alterada al teléfono y desde la sala -¿Enviaste mis medicinas?- mordió su dedo meñique nerviosa -¿Tienes idea de cuándo llegaran?- Keilot apareció en escena al escuchar tanto griterío, se veía cansado -¿Pasado mañana?- hiperventiló al oírla -No tengo más, se me acabaron y no puedo esperar tanto- mordió sus labios, no sabía qué hacer -Haré todo lo posible por conseguirlos esta noche, ma- asintió rápido -No te preocupes, te quiero, gracias- cortó.

-¿Qué se acabaron?-

Preguntó, mirando de una a la otra, aún seguía un poco aturdido y adormecido de su pequeña siesta vespertina. El regreso a la arena le afectó bastante.

-Sus medicamentos- respondió, buscando una farmacia abierta en su teléfono celular -Bien, no hay farmacias abiertas a esta hora en kilómetros a la redonda en esta ciudad, pero...- lo intentó una vez más -Hay una abierta en Nívea- enviado un mensaje de texto a la misma -Dicen que los tienen, no tenemos otra opción, tendremos que ir a buscarlos-

-Estoy a una hora de viaje en autobús hasta allí y tampoco tengo dinero para comprarlos- no podía pensar con claridad, necesitaba sus medicamentos o su corazón tendría problemas -¿Qué voy a hacer?-

-Cálmate- la aferró por los hombros para tranquilizarla -Yo te llevaré y te daré el dinero que necesitas para comprarlos-

-Keilot, no...- la acalló con un dedo en los labios.

-No tenemos opción, Gaia- le quitó un rizo mojado de la frente -Ve a vestirte y vámonos- asintió y corrió a cambiarse.

-Gracias por esto, Keilot- volvió al sofá y sintiéndose una inútil, pero un poco más tranquila al encontrar la solución -Te prometo que te pagaré cada centavo por lo que estás haciendo por mi hermana en este momento-

-No quiero tu dinero, Dea y mucho menos, el de Gaia- respondió, buscando las llaves de su jeep y su chaqueta para emprender viaje -Sólo te pido que no lastimes a mi mejor amigo- encendió un cigarrillo mirándola fijo -Es lo único que quiero- la apuntó con el mismo dejándola sin palabras.

-Ya estoy lista- apareció delante de él, agitada, con unos rotos jeans, botas altas y un gorro en la cabeza, no se había peinado –Vámonos y en serio, gracias- cerraron al salir.

Se meció en el sillón reclinable de un lado a otro sin saber qué hacer, todo lo que había sucedido en las últimas semanas se reprodujo en su mente y llegando a una conclusión inminente, su vida era un caos. Lai estaba enojado con ella, su hermana decepcionada y Keilot como siempre, inmutable, pero con la mirada más fría que nunca. Se encontraba demasiado nervioso para ir a la cama y se mantuvo mirando el reloj cambiar minuto a minuto, sin más opciones que su amada lectura como un medio de distracción.

-Ni modo- suspiró agobiada y con los ojos cansados –Te abandono por hoy, Falyn-

Cuando el reloj sobre la televisión marcó las dos de la mañana, finalmente renunció a su lectura y decidió ir a la cama. El colchón se le figuró solitario y gigante para una sola persona, y la idea de llamar a Lai a su celular se mantuvo arrastrándose por su mente, quería saber si todo estaba bien. Casi se había quedado dormida cuando el sonido del motor de una motocicleta entró en el estacionamiento. Dos puertas de automóvil se cerraron poco después y varios pares de pasos subieron las escaleras. Lai luchó con la cerradura y abrió la puerta. Él se rió, pronunciando algo entre dientes y obteniendo la respuesta de voces femeninas, no una, sino dos. Sus risas fueron interrumpidas por el sonido distintivo de besos y gemidos. Su corazón se hundió e instantáneamente se sintió enfadada por sentirse de esa manera.

Consideró escapar de ese lugar como un ninja, no quería ser testigo de aquello, pero la puerta de la habitación daba directamente a la vista del sofá y su estómago no era lo suficientemente fuerte para ser espectadora de la imagen que venía junto con los ruidos en la sala de estar. Enterró su cabeza bajo la almohada y cerró los ojos para intentar dormirse, cuando la puerta fue abierta. Lai atravesó la habitación, abrió el cajón superior de la mesilla de noche, tomó unos condones de un pequeño frasco que había dejado en olvido cuando ella llegó, cerró el cajón de nuevo y corrió por el pasillo. Las chicas se rieron por lo que parecía ser una media hora y luego todo se hundió al silencioso.

Segundos más tarde, gemidos y gritos llenaron el apartamento. Sonaba como si una película condicionada para adultos estuviera siendo filmada en la sala de estar. Cubrió su rostro con las manos y sacudió la cabeza, no podía pasarle eso a ella, a ella no. Su amargura fue tan grande y profunda que, las líneas que empezaban a desdibujarse entre ellos como mecanismos de autodefensa emergieron, pero como un enorme murallón rodeando a su maltrecho corazón. Lai era Lai, y eran, sin duda alguna, amigos y sólo amigos.

El griterío y otros ruidos nauseabundos acabaron después de una hora, seguidos de quejas y murmuraciones por parte de las mujeres, después de ser despedidas por la puerta. Lai se dio una ducha y luego se desplomó en su lado de la cama que había abandonado hace unas semanas atrás, dándome la espalda. Incluso después de su ducha, olía como si hubiera bebió suficiente alcohol para sedar a caballo, y ella estaba lívida de saber que él había manejado su motocicleta a casa en ese estado.

Después de que la incomodidad desapareció y la ira se desvaneció, aún no podía dormir. Incluso cuando las respiraciones de Lai fueron profundas, se incorporó a mirar el reloj. El sol rayaría el alba en menos de una hora. Retiró las cobijas de su cuerpo, caminó por el pasillo y tomó una manta del armario junto a la habitación. Gaia y Keilot, no habían regresado de su viaje por culpa de la lluvia a medio camino de la carretera que los alcanzó o eso le había enviado su hermana al respecto. La única prueba del trío eran dos paquetes de profilácticos vacíos en el suelo. Pasó sobre ellos y me dejó caer sobre el reclinable. Cerró los ojos y se durmió.