El silencio sepulcral dentro de ese vehículo era absurdo y la ruta se veía infinita delante de sus ojos, pero ella, tan perfecta e inmaculada como un pequeño ángel pensante, abrazando las rodillas junto a su pecho, ajena al entorno y a él mismo, lo sacaban de foco. Su relación de amistad no era así, era diferente y no podía soportarlo. Desde el día en que la conoció y que lo hizo reír por primera vez en la clase de probabilidad y estadística después de tres años, supo que sería alguien importante en su vida y daría la vuelta al mundo si se lo pidiera, así sea en silencio.

-Va a llover- asintió al escucharlo, la noche sin luna se había convertido en una tormenta imprevisible –Estás rara y en silencio- la observó de soslayo para no apartar la vista del camino -¿Qué sucede?- se hizo pequeña escondiendo el rostro entre las rodillas -¿Tienes frío?- negó, levantando la mirada -¿Y entonces?- suspiró fuerte, soltó las piernas y las bajó del asiento mirando a la nada – Háblame, Gaia- suplicó, como jamás lo hizo con nadie – Es extraño que diga esto pero, quiero escucharte decir algo, una tontería como siempre dices o lo que sea, pero habla conmigo-

Un trueno rompió el ambiente y la cavilación monótona del momento, su estado de ánimo era tan sombrío como las nubes sobre sus cabezas y la tempestad fuera. La lluvia cayó como una feroz cortina helada sobre el auto e impactando gota a gota sobre la carretera delante.

-Nada, es solo que…- movió de un lado a otro el colmillo que llevaba colgando en su cuello, era su amuleto de la suerte – Hasta el día de ayer, recuerdo que los frascos de medicamentos en el baño aún tenían algunos-

- ¿De verdad?- otro trueno, seguido por un veloz rayo atravesó los cielos iluminándolo todo.

- Sí, estoy segura, jamás me equivocaría en algo como eso, tengo memoria eidética, ¿Lo recuerdas?- miró su perfil, pensativa y llena de dudas – Los conté y eran suficientes para tres días más- levantó tres dedos al aire - Cuando llegara la encomienda de mi madre me reabastecería justo a tiempo y no estaríamos haciendo este viaje a lo loco a estas horas-

Acomodó el gorrito sobre su cabeza y se abrigó con una chaqueta que él siempre dejaba en el carro ante cualquier eventualidad.

-Es extraño- las primeras luces de la ciudad de Nívea se apreciaban a lo lejos -¿No habrás consumido más de la cuenta este mes?- dobló en una curso al desacelerar –Estás bajo mucho estrés últimamente y quizás, sentiste la necesidad de más- negó en silencio, eso era algo absurdo y peligroso.

-No puedo hacer eso, la mayoría de mis medicinas son anti trombolíticas, algunos opiáceos por si tengo dolor e inmunosupresores para el corazón, es contraproducente sobre medicarme-

Las hemorragias incontrolables, la exposición a diversas infecciones oportunistas y una posible adicción a los analgésicos, eran efectos colaterales muy grandes para afrontar, si no era cuidadosa con el consumo de sus medicamentos diarios.

-Tienes razón, eres muy cuidadosa con eso - la lluvia mermó un poco al adentrarse a la ciudad -Y entonces, ¿Qué crees que pasó?-

-Es una suposición…- se acercó un poco más para compartir su soliloquio – Quizás alguien las tiró a la basura- esa idea atravesaba su mente desde que dejaron la casa.

- Olvídate de eso- miró la pantalla de su celular para buscar la dirección de la farmacia de turno y la encontró, se encontraban a unas pocas calles de llegar - Lai, tu hermana y mucho menos yo, haríamos semejante cosa-

Nívea era una ciudad hermosa, gigantesca y turística, a pesar de arribar a esas altas horas de la madrugada, podían apreciarla con claridad, rodeada de montañas y extensos bosques. Le encantaría pasar juntos un día de campo o caminata por las montañas, ella sería feliz entre tanta naturaleza verde y animales autóctonos en el camino. Al regresar a Thaum se lo propondría para el siguiente fin de semana.

-Ustedes no, pero alguien más sí-

El auto sucumbió al silencio, al igual que él, que viajó en la tortuosidad de su mente para caer en una horrible y fúrica conclusión.

-¡Maldita sea!- golpeó el volante con ambas manos al estacionar -¡Emma!- empujó la puerta para poder descender.

-¿Emma?- asintió y cubrió su cabeza con la capucha de su chaqueta, rodeando el auto al bajar -¿Tu compañera de cálculo?- ella también hizo lo mismo, esperándolo -¿Estás seguro de lo que estás diciendo?- la ayudó a tocar el suelo bajo los cuando se arrojó a sus brazos.

-Completamente- subió el cierre de su abrigo y el de ella también – Era la mejor amiga de Megan y además…- asió su mano para cruzar la calle y llegar a la farmacia –La novia de Kylar hasta el semestre anterior- golpeó el vidrio – Estoy más que seguro que tiene algún problema contigo-

-Me lleva-

Murmuró catatónica y recordando el día de ayer cuando la conoció. Su sexto sentido no la había traicionado o le había jugado una mala pasada con respecto esa chica, literalmente, la odiaba y mucho.

Cálculo diferencial e integral, eran una de las ramas más difíciles e incomprensibles de la ciencia de los números. Por esa razón, un pequeño grupo de estudiantes de diversas disciplinas se encontraban resolviendo paradojas sin sentido dentro de ese departamento, en completo silencio. Los exámenes se encontraban a la vuelta de la esquina y no debían cometer errores en lo absoluto.

-Y entregar mi vida a tu alma, naufragar en tu mirada, despertarme con tu sonrisa al amanecer…- el calor era insoportable en esa época del año y después de una hora de ejercicio, lo padecía mucho más -Y esperar que el viento y la lluvia curen toda la amargura- abrió la puerta delante de su nariz para poder entrar -Hoy el cielo será testigo de nuestro amor- llegó a la cocina, culminando con su canto -Buenas tardes- saludó, abriéndose paso hasta el refrigerador -¿Cómo se encuentran hoy, mundanos?- preguntó a dos integrantes del grupo y que veía muy seguido por allí, después de darle un enorme trago a la bebida deportiva en su mano.

-Muy bien- respondió uno de ellos, mirándola con descaro de arriba abajo –Pero no tanto como tú, preciosura-

Llevaba mallones deportivos y una blusa muy corta, como también ajustada, que enseñanza su horadado y tatuado abdomen. Era una ricura del club de los corazones rotos.

-Eres un asco, Thony- frunció las cejas con desagrado –Y tú cierra la boca, Will y háblame, tu fobia a las mujeres es absurda- amenazó con arrojarle la botella si no lo hacía –Tus compañeros son unos pervertidos e impúdicos, Keilot- se acercó a él que se veía muy concentrado, ignorándola -¿Qué estás haciendo?- se inclinó un poco, para husmear los ejercicios que eran incompresibles para su persona.

-Estoy en la zona, Gaia- aferró su dedo cuando intentó picarlo –Te prometo que los pondré en su lugar cuando termine con esto- siguió con los ejercicios de integrales y derivadas hundiéndose en su lógica, más tarde se ocuparía de ellos.

-Está bien- sonrió, moviendo los brazos en vaivén y mirando a las dos personas más apretando los labios –Hola, soy Gaia- extendió su mano a dos chicas presentes.

- Encantada, soy Érica- apretó su agarre con gusto. Era morena, con un largo fleco que cubría uno de sus ojos pardos, gótica de la cabeza a los pies y sonrisa brillante - ¿Qué harás esta noche?- le guiñó un ojo, dándole a entender el punto.

-¿Eh?- no entendió nada -¿Dormir?- era tan inocente, que su compañero de casa rió por lo bajo y levantó la mirada por un momento para admirar su desconcierto.

- Ella no es como tú, Eri, lo siento- negó, sonriendo de lado y formándose el hoyuelo en su mejilla que no habían visto en años – Es más, está profundamente flechada por Sebastián Stan, el protagonista de la serie que miramos todas las noches-

- Es que, es tan lindo- miró a la nada, imaginándolo en su mente – Es alto, fuerte, musculoso y sus ojos son hermosos- presentó su argumento, dirigiéndole la mirada, al fin.

- Yo también soy alto, fuerte, musculoso y tengo ojos hermosos, ¿Ves?-

Se señaló a sí mismo para molestarla, le encantaba discutir con ella sobre el fanatismo y devoción que profesaba a ese sujeto que era un completo extraño en su vida.

- Sí, pero yo no veo a nadie loca aquí por ti- señaló a todos los presentes y él rió con ganas regresando a la zona, eso era cierto – No hay hombre más perfecto que él en este mundo y no voy a discutir eso contigo, Keilot- volvió a decir, pero ahora, hablando a la otra muchacha presente -¿No crees?-

- No, no lo creo- respondió cortante y sin aceptar su mano que apartó lentamente – Soy Emma-

A diferencia de la otra chica, ella era de tez muy clara, ojos castaños y cabello color caramelo. Era muy bella, a decir verdad.

-Un placer- se removió incomoda al ser atravesada por su fría mirada –Bueno, veo que están ocupados, así que…- sus brazos no dejaban de moverse en vaivén, siempre hacia eso cuando se ponía nerviosa – Tomaré un baño-

-¡Voy contigo, ricura!- se levantó cual resorte de su silla – Seguro que necesitas de alguien que te limpie la espalda-

La cara de asco que ella hizo al escucharlo, no cavia en ese mundo o universo. Ese sujeto llamado Thony, era un descortés y descarado con cualquier mujer que se cruzara en frente, no tenía límites.

-¡Bien!- un cuaderno anillado impacto contra su rostro con una agilidad inigualable -¡Así se resuelven las derivadas e integrales de esta unidad, idiota!- el golpe que recibió, lo devolvió a su asiento de pura inercia -¡Estúdialo y apréndelo, porque si no, te mataré!- lo apunto con un dedo desde su lugar y él asintió, muerto de miedo al comparar resultados – ¡Y tú!- su dedo viajo hasta ella que dio un paso atrás - ¿¡Qué te dije de salir así a la calle!? ¿¡Quieres matarme!?- abrió los ojos gigantes al ver la poca ropa que la cubría - ¿¡O hacer que mate a alguien por hacerse el listo al mirarte el trasero y esas dos!?- señaló a sus pechos sin apartar los ojos de ellos.

- ¡Ay! ¡Qué fijado!- excusó, realizando un gesto indiferente con la mano -¡Cuando tu hermana me la envió, dijiste que estaba bien y que podía usarla!- cruzó los brazos mirando a un lado. No comprendía el despropósito de su reclamo.

-¡Sí, pero no para salir así de la casa sin mí o Lai!- apuntó al pasillo -¡Ve a bañarte! ¡Tu hermana y tú quieren volvernos locos!-

La sonrisa maliciosa que se formo en su cara al escucharlo, lo impacto y lo hizo comprender todo, lo había hecho a propósito para llamar su atención, estaba seguro. Era consciente de que estaría ocupado a esa hora del día y que no podían pasar el tiempo juntos como siempre lo hacían después de clases. Ella era mezquina, ambiciosa y miserable, ahora podía verlo detrás de esa sonrisa.

-Sí, papá- pasó al trote detrás de él, dándole un enorme golpe en la nuca y riendo como una loca.

- Monstruo- murmuró entre dientes, frotándose el rostro y regresando a su asiento -¿Qué?- preguntó a los demás que lo miraban como si fuera un extraño -¿Hay algo que no entienden?- miró a sus apuntes sobre la mesa.

- No, Keilot- respondió su amiga Érica con una enorme sonrisa y los ojos brillosos –Es solo que, ella me cae muy bien- carraspeó un poco, parecía que quería llorar –Hacía mucho tiempo que no te veía así- limpió una lagrima que escapó –Te extrañé-

Se recompuso de inmediato siguiendo con su labor, ya que él no se dio por enterado del asunto.

-¿Ustedes van bien?- preguntó a Thony y Will que asintieron en silencio, también con pequeñas muecas alegres en su rostro -¿Emma?- le pidió la palabra -¿Hay algo que no entiendas?-

-No, estoy bien- se detuvo un momento -¿Ella es la chica que tiene loco a Kylar?- movió su cabeza en afirmación, apretando los puños –No me esperaba menos de ese idiota, siempre hace lo mismo con las ingresantes o alumnas transferidas- cerró su cuaderno de estudio con fuerza -¿Y vive aquí contigo?- su voz sonó a reclamo –Si que tu descaro y el de ella no tienen límites-

Agudizo la mirada, ¿Qué diablos pasaba con ella que decía algo tan fuera de lugar como eso?

-¿Quieres aclarar lo que acabas de decir y antes de que te corra de aquí por el tono de tu voz?-

Desde que su novia murió, se había vuelto frió, distante y muy poco tolerante con las personas. No tenía tiempo que perder enroscándose en discusiones vacías y sin sentido.

-¡Megan debe estar revolcándose en su tumba, porque tú tuviste la horrible osadía de meterte con una tipa tan corriente, vulgar y poco femenina como ella!- le plantó cara, incorporándose y golpeando las palmas de sus manos contra la mesa.

-¡Megan murió hace tres años, Emma!- refutó, haciendo lo mismo que ella y dejando a todos helados por su duro enfrentamiento.

-¡Ella era perfecta! ¡Y tú la reemplazas por tan poca cosa!- no lo escuchó -¡Eres un cerdo y un patán igual que Kylar!-

-¡Murió hace tres años!- volvió a decir, pero perdiendo toda la paciencia -¡Tenemos que dejarla ir y continuar con nuestras vidas! ¡No podemos seguir mirando atrás!- llevó ambas manos al pecho al sentir que algo se rompía en su interior después de tanto tiempo silencio y al fin decirlo en voz alta -¡Yo ya no quiero vivir así y te recomiendo que hagas lo mismo!-

Tenía que dejarla atrás, así se rompiera a pedazos y jamás se rearmara de nuevo, pero se lo debía a si mismo continuar entero.

-¡No!- lo apuntó a la cara con su mano temblorosa -¡Ella no estaría muerta si no fuera por ti! ¡Tú y tu estúpido ego arriba de ese ring, la llevaron a la muerte!-

No pudo soportarlo más y levantó una mano al aire lleno de rabia, como de remordimientos. Él sufrió, la vio agonizar por días y luego morir en un suspiro, no iba a tolerar que dijera tantas incoherencias sin recibir un castigo.

-¡Keilot!- una pequeña figura se colgó de él, impidiendo que hiciera una locura -¡Por todos los dioses!- se oía desesperada -¿¡Qué diablos pensabas hacer!?-

Dirigió sus ojos a ella y se desarmó, estaba descalza, mojada y cubierta por una toalla que cubría su desnudez. La fuerte riña entre ambos interrumpió su baño y había llegado justo a tiempo para verlo convertido en un monstruo.

-¿Qué pasó aquí?- preguntó sin soltar su brazo, el ambiente seguía cortante y espeso dentro de esa pequeña cocina.

-Lo siento, Emma- hiperventilaba para tranquilizarse –Lo siento, no quería ponerme así, pero tú…-

-¡Cállate!- rompió en llanto frente a él -¡Todo esto es tu culpa, perra!- la apuntó, corriendo al baño para llorar en paz.

-¡Emma!- su compañera la siguió por detrás, debía tranquilizarla para salir de allí y tratar de arreglar las cosas con su amigo más tarde, cuando todo alrededor se calme.

-Nosotros nos vamos- Thony rompió el silencio recogiendo sus cosas –Vámonos, Will- salieron por la puerta sin decir más.

-¿Keilot?- susurró, mirando a la puerta y sin tener razones del porqué la había sido insultada de una manera tan cruel.

-Dame un minuto, Gaia- cubrió su rostro con ambas manos, dejándose caer sobre la silla detrás.

-Nosotras también nos vamos, Keilot- habló Érica después de unos minutos y apareciendo en la sala con Emma hecha un mar de lagrimas –Mañana en la facultad hablamos- tan sólo asintió al verlas partir después de recoger sus pertenencias sobre la mesa de la cocina.

- Necesito salir de aquí- temblaba de nervios, buscando las llaves de su auto por todos lados como un demente, mientras ella lo observaba inerte –Me estoy ahogando- las encontró debajo de uno de los cojines del sofá –Estaré bien- la detuvo extendiendo una mano cuando dio un paso hasta él para detenerlo, no podía salir así –Volveré pronto, lo juro- corrió hasta ella para darle un enorme abrazo y salió de casa sin mirar atrás.

-Gaia- pequeñas caricias tocaban su rostro con delicadeza –Gaia, bonita- un cálido beso fue dejado en su mejilla –Despierta, ya llegamos- abrió los ojos, encontrándose con esos irises esmeraldas tan únicos y especiales que él tenía –Eres como un oso- le hizo cosquillas, provocándole enormes carcajadas –Y roncas como uno-

- Gracias- fregó sus ojos y estiró su cuerpo entre risas –Es un don- miró al frente y era cierto, habían llegado a casa -¿Y ese auto junto a la moto de Lai?-

-Parece que trajo a alguien a casa- le indicó que no bajara, ya que conociendo a su mejor amigo, la imagen que tendrían al abrir la puerta no sería buena o descente –Más tarde volveremos- dio encendido dando marcha atrás –Por el momento, esta noche, te llevaré a mi lugar especial- se introdujeron en la carretera, para ser parte de otro bello e inolvidable recuerdo juntos.

Cuando los volvió a abrir los ojos, se encontró a su hermana y a su amigo sentados tranquilamente en el sofá, mirando una muda televisión. El sol iluminaba resplandeciente el apartamento y se estremeció, cuando su espalda se quejó por cualquier intento de movimiento.

— ¿Dea? —dijo ella y corrió a su lado para mirarla con ojos cautelosos. Estaba esperando enojo, lágrimas o algún otro arrebato de carga emocional de lo vivido la noche anterior. Keilot parecía inmutable, como siempre, pero un atisbo de culpabilidad adornaba sus duras facciones.

—Lamento lo de anoche, Dea- apagó la televisión –Todo esto es mi culpa, tendría que haberme quedado con él para controlarlo y evitar que hiciera estupideces, como es su costumbre-

—Está bien, Keilot. No tienes que disculparte, no es tu culpa que él sea así-

Ellos compartieron una mirada y su hermana aferró su mano con fuerza, algo estaba muy mal, podía verlo en su cara.

—Lai fue a la tienda, él está…- se detuvo un momento -La verdad que, no me importa cómo está o en donde- miró hacia la puerta –Pero ya empaque nuestras cosas para regresar a la residencia antes de que llegue y así no tendrás que lidiar con él.

No fue hasta ese momento que sintió ganas de llorar y de lo mucho que le dolía dejar la casa. Estaba siendo echada, la habían corrido.

— ¿Tengo tiempo para tomar una ducha?-

Luchó para mantener la voz suave y poder hablar con claridad para evitar derrumbarse, pero Gaia sacudió su cabeza. Debían largarse inmediatamente y pronto.

—Sólo vámonos, hermanita, no quiero que tengas que verlo. Él no merece que…-

La puerta se abrió de golpe y Lai ingresó a paso largo, con los brazos llenos de bolsas de comestibles. Caminó directamente a la cocina, trabajando frenéticamente para meter las latas, paquetes y cajas en los gabinetes.

—Cuando Dea despierte, hágamelo saber, ¿Sí? —dijo, en una voz suave—Traje chocolates, mezcla para panqueques, té verde, arándanos y esas galletas de arroz de porquería que tanto le gustan- leyó un paquete en su mano, se veía algo confuso –Ella puede comer espagueti integral , ¿Verdad, Gaia? — preguntó, dándose la vuelta.

Cuando sus ojos se cruzaron, se congeló. Después de una pausa incómoda e inquietante, su expresión se derritió y regresó a ser el mismo de la noche anterior, antes de marcharse envuelto en una nube de desilusión.

—Hola, preciosa-

No podía haber estado más confundida si hubiera despertado en un país extranjero y le hablaran en otro idioma. Nada tenía sentido. Al principio pensó que había sido arrojada a la calle, junto con su hermana, pero Lai regresa a la mañana siguiente con bolsas llenas de su comida favorita. ¿Qué demonios le estaba pasando al mundo?

Lai dio unos pasos hacia la sala, metiendo nerviosamente sus manos en los bolsillos.

— ¿Tienes hambre?- preguntó, dulcemente -Voy a hacerte algunos panqueques con arándanos o té verde con galletas de arroz- presentó las opciones desde su lugar –También conseguí cuerdas nuevas para tu violín de excelente calidad y la resina para el arco que tanto te hacía falta- caminó en reversa hasta el pasillo –Espera un momento, está aquí — levantó un dedo y salió corriendo a la habitación como un bólido.

La puerta se abrió y se cerró. Lai regresó, dio vuelta a la esquina y el color había abandonado su rostro. Tomó una respiración profunda y juntó sus cejas.

—Tus cosas no están-

—Lo sé— contestó, sin decir más que esas dos palabras.

—Te vas— afirmó derrotado y los ojos nublados como dos topacios bajo la lluvia.

Dirigió sus ojos a su hermana, que miraba a Lai con ira y como si quisiera matarlo.

— ¿Realmente esperabas que ella o yo permaneciéramos aquí después de la cochinada que hiciste anoche?-

-Gaia — susurró Keilot intentando sujetarla.

— ¡Con un demonio, Keilot!- explotó -¡No me provoques o te atrevas a defenderlo de mí! — los apuntó a ambos con ganas de asesinarlos. Lai parecía desesperado.

—Lo siento tanto, Dea. Ni siquiera sé qué decir- excusó, removiéndose por la culpa que lo corría por dentro y que no sabía cómo expeler de él.

—Vamos ya, Dea. — ordenó, se levantó y tiró de su brazo para incorporarla de un tirón. Lai dio un paso, pero ella lo apuntó con su dedo, deteniéndolo.

— ¡Dioses, ayúdenme!- rogó a todo aquel que pudiera escucharla -¡Si intentas detenernos, te empaparé en gasolina y prenderé fuego mientras duermes!-

— ¡Gaia! —

Intervino Keilot, una vez más, sonado un poco abrumado. El mundo podía ver como su vida se dividía entre su mejor amigo y la mujer que lo había hecho reír de nuevo, era lamentable su dualidad, pero real. No sabía qué hacer o que bando elegir.

—Estoy bien — exhaló exaspera por la tensión en la sala.

— ¿A qué te refieres con que estás bien? —preguntó su amigo, casi esperanzado de que todo regresara a la normalidad y ella rodó los ojos.

—Lai trajo mujeres a casa del bar anoche, ¿Y qué?- su hermana parecía preocupada y es más, la observaba como si estuviera loca.

—Momento, ¿Estás diciendo que estás bien con lo que pasó?-

Los miro a todos, para que comprobaran que no mentía, ella estaba bien.

—Lai puede traer a casa a quien quiera, es su apartamento y está en todo su derecho de hacer un trío con quien se le antoje-

Gaia se dio una enorme palmada en el rostro, Keilot estaba al borde de una sonrisa y Lai parecía peor que antes.

— ¿Tú no empacaste sus cosas? —preguntó él, a punto de perder la compostura. Ella sacudió la cabeza y miró el reloj sobre el televisor, pasaban de las dos de la tarde.

—No, lo hizo Gaia y ahora voy a tener que desempacar todo- inhaló profundo -Todavía tengo que comer, ducharme y vestirme —

Explicó, caminando hacia el baño. Una vez que cerrada la puerta detrás, se recostó en ella y se deslizó hasta el suelo, echa una piltrafa humana. Estaba segura de que había hecho enojar a su hermana más allá de dos o tres días, pero lo hizo por ambas, se merecían un poco de felicidad en su vida después de tanto dolor. Un suave golpe en la puerta se escuchó por fuera, sacándola del vacío en el cual se había convertido su mente.

— ¿Preciosa? — su voz la hizo flaquear.

— ¿Sí, Lai? — respondió, tratando de sonar normal.

— ¿Te vas a quedar?-

—Puedo irme si quieres que lo haga, pero una apuesta es una apuesta y la misma sigue vigente desde la primer noche que llegamos aquí-

La puerta vibraba a causa de los suaves golpes que él le daba con su frente.

—No quiero que te vayas, pero no te culparía si lo hicieras.

— ¿Estás diciendo que estoy liberada de la apuesta?- hubo una larga pausa antes de pronunciar palabra.

—Si digo que sí, ¿Te irás?

—Bueno, sí, yo no vivo aquí, tonto y mucho menos Gaia— dijo, forzando una pequeña risa.

—Entonces no, la apuesta sigue en pie-

Miró hacia arriba y sacudió la cabeza, sintiendo como las lágrimas hacían le me ardieran los ojos. Los grandes dichos tenían razón, las personas miran hacia los cielos para evitar llorar. No tenía idea de por qué estaba llorando, pero no podía detenerlo.

— ¿Puedo tomar una ducha, ahora?

—Sí… —Suspiró.

Escuché los pasos de su hermana entrar en la sala y pasando fuerte junto a Lai.

— ¡Eres un maldito egoísta!—

Gruñó, azotando la puerta de la habitación de Keilot tras de ella. Se levanté del suelo, abrió la llave de la regadera y se desnudó, tirando de la cortina para meterse dentro. Después de otro golpe en la puerta, Lai aclaró su garganta al asomarse dentro.

— ¿Preciosa? Traje algunas de tus cosas.

—Sólo déjalas en el lavamanos, yo me encargo- entró y cerró la puerta detrás de él.

—Estaba enojado, te escuché decirle todas mis miserias a Gaia y me enfureció- sopló todo el aire que tenía dentro -Sólo quería salir, tomar unos tragos y tratar de entender algunas cosas, pero antes que lo supiera, estaba borracho y esas chicas… — hizo una enorme pausa para poder continuar —Me desperté esta mañana sobre mi cama y tú no estabas, salí a buscarte- otro suspiro –Y cuando te encontré dormida en el sillón reclinable y vi los paquetes en el piso, me sentí enfermo, asqueado de mí mismo- confesó con el corazón en la garganta.

—Simplemente, podrías haberme preguntado, en lugar de gastar todo ese dinero en el supermercado para sobornarme para quedarme-

—No me importa el dinero, Dea. Tenía miedo de que te fueras y nunca me hablaras de nuevo-

Se estremeció ante su explicación. No se había detenido a pensar en cómo le haría sentir el oírla hablar sobre lo mal que él estaba como persona y ahora, la situación estaba demasiado hundida como para salvarla.

—No quise herir tus sentimientos. — declaró culpable, parada bajo el agua.

—Sé que no lo hiciste y sé que no importa lo que diga ahora, porque lo arruiné todo…- su voz vibró quemada por la culpa y la vergüenza -Como siempre lo hago-

— ¿Lai?

— ¿Sí?

—No conduzcas ebrio en tu motocicleta de nuevo, ¿Está bien?

Esperó durante un minuto completo, hasta que finalmente tomó una respiración profunda y habló.

—Sí, está bien. — respondió, cerrando la puerta al salir.

Su habitación era pequeña, pero lo demasiado espaciosa como para verla mover de un lado a otro, como si se tratase de una fiera enjaulada.

-¡No puedo creer que haya decidido quedarse aquí, después de lo que hizo el cochino y degenerado de tu amigo!- lo señaló como si él fue cómplice y culpable de todo -¡Sobre el sofá de la sala y estando ella presente!-

-No voy a justificarlo…- levantó ambas manos sentado sobre la cama –Pero Lai siempre trajo chicas a dormir aquí y ese es su lugar preferido para estar con ellas-

Se estremeció integra y quitándose toda mugre imaginaria de encima por lo que acababa de comprobar.

-¡Qué asco!- cubrió su rostro, abochornada -¡Yo duermo ahí!-

Habló apagada y dejándose caer por la pared más cercana, hasta tocar el suelo con ambas manos junto a ella.

-¡Oh! ¡Vamos, bonita!- exclamó, sin darle más importancia al asunto -¡Todos lo hemos hecho alguna vez! ¡Incluso tú!- la señaló con una mano extendida, soportando la risa -¡No te hagas la puritana ahora!- abrió la boca, sin saber que decir o contrarrestar su acusación.

-Para tu información…- miró de un lado a otro, muerta de pena –No sé de lo que me estás hablando- juntó sus dedos índices, evitando mirarlo a la cara –Yo nunca…- lo miró al fin –Yo nunca he, bueno… tú sabes- no podía sentirse más avergonzada en ese momento al revelar tal verdad a su mejor amigo, hasta ese día.

-¿Qué?- parecía shockeado -¿No es cierto?- no había lógica a lo que acababa de decir -Estás jugando conmigo como siempre lo haces, ¿Verdad?- no dijo nada y como dice el viejo refrán, el que calla otorga -¡No es cierto!- corrió como una bala hasta ella y se hincó delante para comprobar que no mentía -¿En serio tú nunca?-

-No- el rojo escarpa de sus mejillas era la prueba de ello -Siempre estuve enferma del corazón y cuando entré a la adolescencia, me interese en ese mundo, como todos- retorcía sus dedos sin saber como explicarlo sin que se le cayera la cara a pedazos -Y a pesar de que tuve algunos romances sin sentido, el intimar con una persona, ni entraba dentro de mi escala de valores u opciones…- hizo un adorable pero agobiado mohín con los labios -Según los médicos, podía morir si intentaba hacerlo y no iba a arriesgar mi vida por eso-

Su existencia había sido atípica para cualquier persona normal e incluso, aquellas tentaciones mundanas que a más de uno le excitaba experimentar, para ella era algo imposible a causa de su enfermedad.

-Lamento mucho escuchar eso- llevó una mano a su mejilla para acariciarla con ternura -¿Pero te das cuenta de lo valiosa y única que eres?- se acercó un poco más para enfrentar sus miradas -Eres como un tesoro nacional-

-¿Qué se siente?- tragó pesado al preguntar, su cercanía la corrompía por dentro.

-No entiendo- ahora acarició sus labios como preso de profundo un transe -¿Te refieres a qué se siente hacer el amor con una persona?- movió la cabeza, muda -No puedo explicarlo con palabras, tendrás que experimentarlo el día que estés lista y con la persona adecuada-

-Enséñame- inclinó la cabeza al verlo perplejo, ese día tuvo muchas sorpresas para él -Enséñame, Keilot- insistió una vez más -No hay otra persona adecuada para mí que tú- ahora ella se acercó y casi rozando sus labios, en una tenue caricia que lo encendió como una llama -Enséñame y te prometo que nadie lo sabrá-