Sus ojos estaban fijos en ella, que dormía sobre su pecho y sin poder asumir lo pasado entre ellos hace unas horas atrás. La había hecho suya sin consideración o remordimientos, la había amado hasta la sombra, recorriendo su cuerpo a besos desde el pelo y hasta la punta de los pies. Era suave, era nivea y se había convertido en miel entre sus brazos.

– Eres el ángel que luchó contra todos mis demonios y sin darte cuenta de nada – tocó sus largas pestañas con delicadeza – Me convertí en tu esclavo desde la primera vez que te vi y tú lo ignoraste por completo – acarició sus labios con la punta de los dedos – Y ahora eres mía –

Cerró los ojos al estrecharla con fuerza y besar su coronilla para disfrutar de su dulce aroma a jazmines, lirios y tierra mojada.

– Keilot – susurró sobre su pecho con los ojos cerrados – No respiro – sonrió a penas sin despertar.

– Lo siento – aflojó su agarre y la contempló en silencio – ¿Te duele? – preguntó preocupado cuando abrió los párpados, se veía exhausta y adolorida – No quise lastimarte o hacerte daño, es sólo que, ha pasado mucho tiempo desde que yo… – lo calló con un dedo en los labios.

– Estás hablando mucho – se acercó un poco más para que sus corazones latieran al unísono – No sucedió nada que no quería que pasara o me hicieras – juntó sus labios en un pequeño beso – Dolió bastante, es cierto, pero no es nada que no pueda soportar – sonrió para tranquilizarlo – Eres bueno – apoyó la barbilla sobre el dorso de sus manos para verlo desde abajo – No tengo experiencia en esto, pero procuraste cuidar bien de mí–

Lo había pasado de maravilla a pesar de su inexperiencia y ser la primera vez que intimaba con un hombre. No fue algo traumático y extremadamente doloroso, como sus amigas y su hermana le hicieron creer. Tenía razón, habían exagerado.

– Te juro que lo intenté y espero haberlo hecho – rodó sobre la cama para colocarse sobre ella – Estoy encantado – acarició una de sus piernas con lujuria y pasó la lengua por la enorme cicatriz en su pecho – Descubrí tatuajes en tu cuerpo que no imaginé que tendrías – sus irises esmeraldas seguían dilatados y presos de la excitante droga que era su cuerpo.

– Tú también tienes y son bellísimos –

Murmuró con la respiración entrecortada y disfrutando de su delicado tacto. Él llevaba el pecho y el brazo izquierdo completamente tatuados. Era zurdo y tenía sentido que adornara esa parte de su escultural anatomía.

– Y el ángel en tu espalda es una obra de arte, tengo que decirlo – asintió de acuerdo sin dejar de tocarla – Es Megan, ¿No es así? – pronunció encantada por la idea de que fuera ella.

– Sí, lo es – se sonrieron mutuamente – Lucke, el hermano de Lai, es un genio es su trabajo y quería tenerla conmigo por el resto de mi vida de la mejor manera que posible –

Hablar de su difunta prometida con ella le generaba paz, en vez de inquietud. Era extraño, pero a los dos los ponía en calma.

– Es hermoso lo que dices – estiró uno de sus brazos para tomar el retrato sobre la mesa de noche – Ella lo era y me encanta que la recuerdes, me hace feliz – lo dejó en su lugar procurando no romperlo o dejarlo caer.

– Y tú a mí – besó todo su rostro haciéndola reír – ¿Qué hora es?, Tengo hambre – comprobó la misma en su teléfono celular – Este no es el mío, es el tuyo – se lo entregó, no se había apartado de ella en ningún momento – ¿Algo interesante? – preguntó, al ver desconcierto.

– No, pero tengo muchas llamadas perdidas de Dea, Val, Evan y la tía Sarina – movió los dedos sobre la pantalla, siempre mantenía su móvil en silencio por cuestión de tranquilidad – Y tres mensajes de texto de Black, preguntando a dónde demonios me he metido –

Ellos se contaban todo, no había nada que esconder porque no existían secretos.

– Dámelo – se lo arrebató de un tirón – Está conmigo, idiota – clickeo sobre la pantalla a una velocidad sorprendente – Si tienes algún problema, nos vemos y lo arreglamos esta noche en el Círculo – exhaló aire por la nariz como un toro embravecido – Y envíar – se lo devolvió con una brillante y gran sonrisa – ¿Qué? –

Reclamó a la defensiva, apartándose después de besar su abdomen y cruzando los brazos delante de su tonificado pecho.

– Nada – la trama del edredón que recorria con los dedos se veía más divertida que él – Es sólo que, Black es el novio de Remi, mí compañera de estudio en biología humana y acabas de quedar como un idiota –

Estalló a carcajadas cuando se lanzó sobre ella, pero la puerta fue abierta de golpe, interrumpiendolos.

– ¡Keilot! ¿¡Tú sabes dónde está…!? – quedó tieso en su lugar al encontrarlos infraganti – Lo siento, qué grosería la mía, la próxima vez tocaré – levantó un pulgar a su amigo con una pequeña sonrisa lasciva y cerró tal cual entró – ¡Preciosa! – escucharon su grito por el pasillo – ¡Acabo de encontrar a tu hermana y no sabés cómo o dónde! – no escucharon más.

– Cuando salgamos de aquí, Dea va a matarte – el hoyuelo en su mejilla al sonreír la volvía loca.

– No me arrepiento de nada – la devoró a besos antes de entregar la cabeza al cruel verdugo de fuera.

– ¿Y bien? – caminó delante de ellos de un lado a otro con un enorme abanico de papel en mano.

– ¿Y bien qué? – repitió a la defensiva y sentado sobre el sofá, ya que ella no tenía el coraje de hablar con su hermana.

– ¿Es cierto lo que acaba de decirme Lai hace un momento? –

– Sí, lo es – la rodeó por los hombros, parecía inquieta y muy nerviosa por tener que dar explicaciones – ¿Tienes algún problema con eso, Dea? – frunció las cejas y su amigo cruzó los brazos detrás de ella al escuchar su tono – Te recuerdo que, hace unos días atrás fui oyente, para no decir testigo ya que Gaia está aquí y podría malinterpretarlo, de cómo ustedes dos… – una mano pequeña tapó su boca para que no dijera más.

– ¡Keilot, por favor! – estaba roja cual tomate – ¡Eso no está en discusión aquí! – lo soltó lentamente y miró a su hermana – Dea, ¿Puedo hablar contigo a solas? –

– Claro – tiró el abanico a un lado y sacudió las manos, satisfecha por la respuesta – De camino al Valhalla puedes contármelo todo – buscó el chat de su grupo de amigas para hacer una videollamada – ¿Brujas, están ahí? – atendieron al instante hablando a los gritos y emocionadas, esa noche saldrían de fiesta – Escuchen, Gaia entró en código rojo y tenemos que hablar del asunto a la de ya, nos encontramos en el Valhalla en quince minutos – cortó después de más gritos de asombro, reclamo y dudas – ¡Vámonos, el auto de la tía Sarina está afuera! – tomó a su hermana de la mano y tiró de ella a la salida sin despedirse de nadie – ¡Pasa por mí antes de ir al Círculo, Lai! – exclamó al salir.

– Adiós, nos vemos luego – los saludó con una mano de una forma muy tierna, antes de cerrar la puerta.

– ¿Código rojo? – preguntó su amigo sin entender nada.

– No sé lo que significa eso, Lai – se incorporó radiante y satisfecho por haber hecho un buen trabajo en la intimidad – ¿Quieres una cerveza? – ofreció al dirigirse a la cocina.

– La pregunta ofende – atrapó la lata al vuelo – Así que… – la abrió dándole un enorme sorbo – ¿Gaia? ¿¡Eh!? –

Movió las cejas en un gesto sugerente y tomando asiento en la silla vacía frente a él.

– Sí, Gaia – asintió en un movimiento lento y pausado, bajando su cerveza a la mesa – No sabía lo loco que estaba por ella hasta que se fue de aquí y hoy volví a verla –

Confesó, completamente seguro de sus palabras. Era su amigo, su hermano y existía una relación muy grande entre ellos como para no ser sinceros el uno con el otro.

– Dea dice que ella es la luz en la oscuridad, un pequeño sol que lo ilumina todo y lo creo – se sentía tan feliz por él y el enorme cambio que tuvo al conocerla – Ella fue la única persona que pudo sacarla adelante después de abandonar a Lue y ser conocedora de su existencia – golpeó los dedos en la mesa tratando de recordar lo hablado con su novia – Aún no sabe cómo, pero dio con su paradero, tramitó los papeles para que ambas fueran enviadas aquí de intercambio y poder conocerla si tenían la oportunidad – la admiración por ellas no cabía en su pecho, no había más lugar para ese sentimiento en su interior y debía compartirla con alguien – Es increíble todo lo que hizo por ver feliz a su hermana –

– Sí, me lo dijo cuando estuvimos juntos esta tarde – lanzó la lata al tiradero y se levantó para recoger otra del refrigerador –¿Quieres otra? – dijo antes de cerrar la puerta.

– No, gracias – tanteo los bolsillos de sus pantalones buscando sus cigarrillos – ¿Un cigarrito? – le tendió la cajetilla casi vacía.

– Tengo los míos – metió uno a su boca, lo encendió y le arrojó la caja de cerillos que atrapó – ¿Contra quién peleas hoy? – lanzó humo por la boca y regresó a su sitio.

– No lo sé y tampoco me interesa, pero llevaré a Dea conmigo y después iremos a la fraternidad – arrojó la ceniza al cenicero sobre la mesa – ¿Vendrás? –

– Sí, por supuesto – le dio un sorbo a su nueva cerveza – Mi pelea es hasta la próxima semana y quedamos con Gaia que nos veríamos en la fiesta, no tengo nada que hacer –

– Excelente – abrió el chat de su teléfono celular – Preciosa, Keilot irá con nosotros esta noche, nos vemos – envío el audio y su respuesta fue un pulgar – Siempre tan concisa – rió por lo bajo – Están buscando a la familia de su donante, ¿Lo sabías? –

Asintió, ambos eran chimeneas humanas al estar rodeados de tanto humo, pero eso no les quitaba su atractivo y ese día, se veían resplandecientes. Agraciados era una palabra muy pequeña para describirlos. El vidente y el cazador, así les decían en la arena de combate y eso, justamente, parecían ser en ese momento. Hombres fuertes, viriles y poderosos, con afilados y mortales ojos de ensueño, cuerpos imponentes, alturas predominantes que casi llegaban al metro noventa y rostros celestiales, que sólo los dioses o los demonios podían tener.

– Sí, en realidad es Dea la que empezó con la búsqueda y según aseguró, falta poco para contactarlos –

Arrojó la lata vacía a la basura y relajó su lánguido cuerpo para seguir fumando con calma.

– Es difícil contactar a las familias bajo esas circunstancias y se supone que la donación de órganos es anónima, pero ellas pueden lograrlo todo – ojeó el mensaje recibido sin soltar su cigarrillo y sonrió sin ganas – Esto será bueno – lo deslizó hasta él – Hoy peleo contra Bill Nirta –

– ¡Uuuhhh! ¡Interesante! –

Apagó la colilla, encendió otro y frotó sus manos con entusiasmo, sería una gran noche.

La lucha fue dura, Lai era intocable, despiadado y certero, pero esa noche Bill Nirta le había dado una gran pelea y encertado una buena cantidad de golpes. Era parte del espectáculo dejarse golpear de vez en cuando, pero esa noche se había pasado la raya y decidió terminar todo por knockout de un duro golpe en su sien.

– ¡Lai! – moría de nervios cada vez que él tenía una pelea – ¡Estás sangrando! – de su labio inferior, su ceja derecha y el pómulo izquierdo, no paraba de emanar sangre.

– Estoy bien – respondió con cara de pocos amigos y limpiando sus heridas con una toalla húmeda que tomó de su lado de la arena – Sí hubiera guardado silencio y cerrado su impertinente boca, ahora no tendría una contusión cerebral – lo miró de reojo y con ganas de seguir luchando – Maldito hijo de perra, ¿Cómo se atrevió a meterse contigo? –

Murmuró escupiendo sangre y mirando a su novia con preocupación de que algo malo le hubiera pasado si él perdía la pelea.

– ¡Cálmate! – su amigo lo aferró de los hombros y lo sacudió – Lo vi escupirte a la nuca y escuché todo lo que dijo, lo hiciste bien, se lo merecía – asintieron de acuerdo, ese bastardo obtuvo su merecido – No tendrá el atrevimiento de acercarse a Dea después de cómo lo dejaste – apenas y podía levantarse por sí solo.

– Tendría que haberlo mandado al otro mundo – las heridas dejaron de sangrar – Desgraciado – lo atravesó con sus azules ojos como si fueran un rayo letal al pasar a su lado con ayuda del equipo de entrenamiento – ¿Estás bien, mí amor? – asió su rostro con sumo cuidado para juntar sus frentes con ternura.

– Sí y mucho mejor que tú – sonrió tranquila al verlo un poco magullado, pero en todos los sentidos – Tendrás que darte un baño antes de ir a la fiesta, apestas – susurró bajito para que sólo él oyera.

– Sí, pero primero– se fregó en ella para llenarla de sangre y sudor.

– ¡Lai! – lo apartó con ambas manos en la mejilla – ¡Que asco! –

– Estás hermosa – la admiró de arriba a abajo después de darle una vuelta – Mí novia es la chica más sexy que he visto jamás –

Los pantalones de cuero le asentaban muy bien y ni hablar de las blusas que enseñaban su plano, tonificado y horadado abdomen, al igual que el árbol del cerezo que ocupaba toda su espalda tatuada.

– Eres un asco – siempre se ruborizaba cada vez que él le daba esa clase de cumplidos – Ve a bañarte – movió una mano en un gesto muy delicado, corriendolo.

– Ya vuelvo –

Lo besó por última vez y se perdió a trote entre la gente hasta las duchas, después de tomar su bolso del suelo que Keilot le había llevado.

– Está loco por ti – la rodeó por los hombros para acercarla a la puerta y esperarlo – Gracias por aparecer en su vida, Dea –

La fiesta de los Sorcerer era una de las mejores de todas las fraternidades de la universidad. Música a todo volumen con bandas en vivo, alcohol gratuito y otras sustancias ilegales, corrían por el ambiente como si fuera agua potable. En simples palabras, sería una noche de promiscuidad y excesos para cualquier estudiante que cruzara sus puertas.

– Esto es… – no encontraba las palabras adecuadas en su mente para describir lo que veían sus ojos – Horrible – su novio rió al escucharla.

– Estuviste dos años en tu antigua universidad, ¿No me digas que jamás fuiste a una fiesta como esta? – la llevaba aferrada a él para no soltarla nunca.

– Por supuesto que no, jamás tuve la oportunidad y no era popular con los chicos de las fraternidades para asistir a lugares como este, pero Gaia sí – observó asqueada a un trío de personas que se besaban entre sí y sin vergüenza alguna – ¿No se supone que ellos son primos? – negó y miró en otra dirección con afirmaron con la cabeza – ¿Pensé que mí hermana vendría contigo? –

Miró al otro hombre a su lado que miraba la pantalla de su teléfono celular, ansioso por una respuesta.

– No, dijo que vendría con Evan y Val – envío otro mensaje, quería verla, pero no respondía – Que le avisara cuando estemos aquí, pero no recibe mis textos – guardó su teléfono y sondeo la zona para tratar de ubicarla – Allí están las chicas, Dea –

Apuntó en su dirección y como siendo escuchado, corrieron hasta ellos entre tropiezos y empujones productos del alcohol.

– ¡Amiga! – Evan le dió un fuerte abrazo – ¡Te estábamos esperando! –

El olor a vodka y tequila que emanaba de ella la hacían en alambique andante.

– Eso veo – rompió su abrazo, lentamente – ¿Y Gaia? – miró de una a la otra que rieron como ardillas alteradas.

– La perdimos al entrar – respondió Val, sosteniéndose de su otra amiga para no caer – Un chico así de alto… – rebasó su cabeza unos centímetros – Vino por ella y se la llevó – volvieron a reír como locas.

– ¿Perdón? – Keilot intentó mantenerlas en pie aferrándolas de los hombros – ¿Quién se la llevó? – intentaron responder pero las risas no tardaron en llegar – ¡Chicas! – las sacudió un poco perdiendo la paciencia.

– ¡A ver, silencio! – su amiga intervino, ya que Lai estaba a punto de estallar – ¿Quién se llevó a mí hermana? – aplaudió con fuerza frente a sus caras, llamando la atención – ¿Kylar? – negaron – ¿Velkan? – lo mismo – ¿Otro? – asintieron – Muy bien – bajó la mirada apretando el puente de su nariz – ¿Quién fue el extraño que se llevó a mi hermana? –

No era nada nuevo que ella desapareciera y se hiciera humo, pero que se fuera con un hombre que no conocía, no había explicación en ese universo.

– ¡Lai! ¡Búscala

! –

Obedeció como un perro a su amo y observando alrededor como un radar. Tiene excelente visión y podía verlo todo.

– ¡Maldita sea! – marcó su teléfono con las manos temblorosas – ¡Falco! – gritó caminando de un lado a otro – ¿¡Gaia está por ahí!? – tapó su otro oído para escuchar mejor – ¡Bien! ¡Voy para allá! – finalizó la llamada guardando su teléfono – ¡Está con Falco! – exclamó sobre la música – ¡Dice que la está vigilando bien! – se abrieron camino hasta la zona de la piscina.

– ¿¡Qué hace con él, Lai!? – esquivó a un par de chicas a su paso – No, mejor dicho, ¿Quién es él? –

– Falco es la única persona fiel a nosotros aquí dentro y en las fiestas, cada vez que Keilot tenía una pelea, era el encargado de cuidar a Megan hasta que él llegara – empujaba a cada borracho o chica que se le lanzaba encima al pasar – No es extraño que le haya encargado a Gaia esta vez – sin que se diera cuenta, una mano tiró de ella deteniendo su avance – ¿Preciosa? – volteó al no encontrarla y enfureció – ¡Aléjate de ella! – un idiota de la fraternidad había tenido la osadia de aferrar su muñeca sin permitirle continuar – ¡Sueltala o te rompo el brazo, Leo! – advirtió con voz turbia apretando con fuerza su agarre sobre él – ¡Bien hecho! – la soltó y lo asesinó con los ojos, ya que era un delito penal hacerlo realidad.

– Lo siento, Lai – se disculpó intentando no caer, estaba tan borracho como una cuba – No sabía que era tu chica, no la reconocí – retrocedió unos pasos cuando la ocultó detrás – No volverá a pasar – levantó ambas manos con inocencia y se relajó en su lugar cuando bajó la guardia – Si que diste una buena pelea esta noche, vidente – le entregó un vaso con bebida como seña de respeto y paz – Fue increíble, Velkan creía que ibas a caer en el primer round – le ofreció un vaso a ella pero negó con la cabeza – ¿No bebes? –

– Nunca lo hago – respondió cortante, observando a sus amigas desbocadas y moviéndose de manera desenfrenada en la pista de baile – Voy con las chicas, Lai – señaló con un dedo al ser llamada por ellas – ¿Tú estarás aquí? – parpadeó incomoda, el humo del ambiente le irritaba los ojos.

– Sí, tengo unos asuntos pendientes y luego bailaré contigo, ¿Está bien? – encendió un cigarrillo, peinando su cabello hacia atrás y buscando algún buitre alrededor – Esperaré a Otto aquí para arreglar la pelea de Keilot la próxima semana – le apartó un rizo del rostro con delicadeza inclinándose un poco – Diviértete – asintió con una enorme sonrisa trotando hasta sus amigas – Bien – lanzó humo después de que se fuera – ¿Qué diablos quiere Velkan con ella, Leo? – él suspiró fuerte y pesado, su trabajo de espía allí era agotador, pero se lo debía.

– ¡Te gané! ¡Desgraciado! – lo empujó con un dedo en la frente haciendo caer hacia atrás – ¡Nunca te metas con una ciudada de Zeón! – terminó su pequeño vaso de vidrio dejándolo con un fuerte golpe sobre la mesa – ¡El que sigue! – gritó a los cuatro vientos limpiándose los labios con el dorso de su mano como si fuera un pirata – ¡Listo para…! – se detuvo en seco al ver a la persona sentada frente a ella – ¡Keilot! – exclamó ilusionada y maravillada al tener un duelo de tragos con él – ¿¡Tres de cinco!? – no parecía para nada alcoholizada, todo lo contrario, se veía lúcida sirviendo cinco chupitos delante de cada uno – ¿Listo? – levantó uno para acercarlo a sus labios – ¡Ya! – ingirió uno tras otro sin respirar y al igual que él que los terminó primero – ¡No es justo! – no podía creerlo, le había ganado – ¡Quiero la revancha! – dejó un billete sobre la mesa al sacarlo del interior de su sostén.

– No quiero tu dinero – pronunció estoico e inmutable, mirándola a los ojos con lujuria.

– Bien – todo el mundo había quedado mudo al escucharlo, el desenlace sería bueno – ¿Qué quieres? – se acercó a él, casi rozando sus labios y provocando que mordiera los suyos.

– Tú sabes bien que es lo que quiero – aferró su nuca con fuerza para juntarlos en un salvaje beso que la hizo temblar – ¿Lista, bonita? – la soltó de golpe para que regresara a su sitio – ¡Ya! – el duelo comenzó y ya no había marcha atrás.

La noche pasó, la diversión también y la resaca quedó firme y latente en sus cuerpos a la mañana siguiente. Abrió las cortinas de par en par para dejar entrar la luz, encendió la cafetera, la tostadora y esperó a los demás con su taza en mano. Siempre era la primera al despertar y la última en ir a la cama.

– Buenos días –

Apareció agitado, las pupilas contraídas y el cabello despeinado bajo el umbral de la puerta de la cocina.

– ¡Aquí estás! – se lanzó hacia ella para abrazarla con fuerza de cuclillas a su lado – No tienes idea de la pesadilla horrible que tuve, preciosa – aspiró el aroma de su cabello hundiendo la nariz en él – Y cuando no te vi al despertar, me volví loco – tragó con dificultad y la miró a los ojos con anhelo – Pensé que te habías ido como la primera vez –

La primera noche que pasaron juntos después de regresar al apartamento de la casa de su padre y ser consciente del origen de Lue, ella se marchó a la mañana siguiente sin dar explicaciones a nadie, sólo empacó sus cosas y se fue sin mirar atrás. Se sintió asustada, pérdida y perturbada, tenía que aclarar su mente antes de aceptar tener una relación seria con él, para no arruinarlo en el intento.

– Te estás volviendo un paranoico, Lai – soportó la risa acercando la taza a su boca para beber su té mañanero – Cálmate, esa vez necesitaba mi espacio y tú perdiste la cabeza – negó en desaprobación – No soy de las que se acuesta con un hombre y se va, sólo necesitaba pensar si era lo correcto el estar contigo o no, teniendo en cuenta lo de Lue –

– Es lo correcto – tomó sus cigarrillos para matar los nervios y ella se los quitó, era muy temprano para soportar su espantoso vicio – Nunca dudes de eso – le regaló un pequeño beso en los labios y se incorporó por un café, sonriendo divertido – ¿Cómo puedes despertar por las mañanas viéndote así? – llevaba una de sus enormes camisetas de animé y se había lavado la cara, no había nada espectacular en ella ese día – Estás radiante – la apuntó con su taza como un bobo enamorado.

– ¡Ay! ¡Mi cabeza! – su hermana apareció adolorida, ojerosa y con una camisa de hombre completamente desabotonada – Nunca más volveré a beber así – habló consigo misma tocándose una sien.

– Ni yo – él se veía peor que ella – La cruda va a matarme – cayó a plomo sobre una de las sillas sosteniendo su cabeza con ambas manos – Ven aquí – tiró de ella para sentarla en sus piernas – Lai está aquí, bonita – cerró todos los botones de la camisa para ocultar su pudor.

– No hay nada en mí que no haya visto antes en Dea – lo abrazó por el cuello y ocultó el rostro en su hombro – Me duele la cabeza – murmuró con la voz apagada – Y necesito un baño –

– Yo también – la inclinó sobre un brazo para jugar con sus labios, ya que había cerrado los ojos y pretendía seguir durmiendo – Pero pasan del medio día y tenemos que comer algo –

Acercó una oreja a su pecho para escuchar su corazón, llenándolo de calma. Sus latidos le daban paz y no podía entenderlo.

– Aquí tienes, hermanita – una taza de café humeante llegó a ella – Te ves horrible, pero nos divertimos mucho y valió cada maldito segundo ir a ese lugar – chocaron cinco – Los Sorcerer no volverán a invitarnos nunca más a una de sus fiestas –

– Sí – bebió de su café con una sonrisa ladina – No me arrepiento de nada –

Diez tragos. Diez tragos que la convirtieron en un ser desconocido y violento con todo aquel que tenía la osadía de acercarse, excepto él, al que no soltaría en toda la noche.

– Tus ojos son hermosos, ¿Lo sabías? – habló arrastrando las palabras al acariciar su cincelado rostro con un dedo – Me encantaron desde el primer momento que los vi en el Valhalla – rodeó su cuello con ambos brazos mirándolo desde abajo – Pero esa noche fuiste muy malo conmigo y te odié –

– Lo sé y lo siento –

Él hizo lo mismo con su cintura. Si su hermana era una diosa entre mortales, ella era un ser celestial sin alas. Esa noche estaba despampanante, llevaba shorts de cuero, medias negras de red, sus típicas vans hasta la rodilla y un tops de letras Nornir que la hacían irresistible.

– No sabía que existía un ángel detrás de esa fachada rockera y desaliñada que me encanta – juntó la cabeza con la suya – Eres lo más bonito que ha llegado a mi vida después de tanto dolor – susurró por lo bajo y a ella le tembló el labio – No llores, no quería hacerte llorar – desesperó.

– No estoy llorando, es el alcohol – limpió sus lágrimas entre risas – No es cierto, lloro todo el tiempo, pero lo hago sola en mí cuarto – mordió sus labios con fuerza para no romper en llanto – Pero ya no lo haré más –

– No te muerdas el labio – los separó con su pulgar con cuidado – Mira, está sangrando – lo rozó despacio con el suyo – Pronto sanará – un carraspeo incómodo los separó – ¿Qué quieres, Kylar? – preguntó ácido y mirando a su primo con recelo.

– Yo nada – miró a la chica bajo su brazo – Pero Emma quería saludarlos – la acercó un poco al frente, ya que pretendía huir de allí por la pena – Estarás bien, tranquila –

– ¡Emma! – la abrazó con fuerza sin que lo esperara – ¡Te estaba esperando! ¿¡Dónde está Eri!? – aferró sus manos como si fueran grandes amigas de toda la vida.

– Está con Black y Remi cerca del escenario, ¿Quieres ir a saludarlos? – asintió enérgica – Perfecto, ya regresamos – las perdieron de vista entre la gente.

– ¿Emma? – preguntó con interés al quedarse solos.

– Sí, Gaia habló con ella y bueno, parece que se hicieron amigas – rascó su nuca sin saber qué más decir.

– ¿Regresaste con ella? – no quería hablar con él, pero no tenía a nadie más con quién hacerlo.

– Sí, después de encontrarla en el campus hecha un mar de lágrimas y dar muchas explicaciones de mi parte – suspiró fuerte – Regresamos hace unas semanas – se detuvo un momento y guardó silencio antes de hablar – Keilot, yo nunca quise estar en medio de lo Gaia y tú tengan – confesó lleno de culpa – Pero Velkan te odia y jugó con mi mente para que me pusiera en tu contra, quiere destruirlos a ti y a Lai –

– Lo sé – aferró su hombro con fuerza – Lamento haberte golpeado, pero te lo merecías para poder despertar – lo palmeó con fuerza – ¿Sigue obsesionado con Dea? –

– No tienes idea, Lai le ha quitado todas las chicas con la que él ha estado y ahora está desquiciado, no tiene límites –

Podía ver a su amigo bailar con ella a unos metros. Tan divertidos y entretenidos estaban que, la hizo girar en el aire dándole una voltereta entre sus brazos.

– Dea es hermosa, inteligente y un completo enigma, todo el mundo puede ver qué guarda un enorme secreto y Velkan quiere averiguarlo –

– Pues, buena suerte con eso – encendió un cigarrillo – Es más…– señaló a la pista con el mismo entre los dedos – Está a tres pasos de ganarse una paliza – cruzó los brazos y esperó el desenlace de ese enfrentamiento.

Bailaban como locos, a ella le encantaba bailar y divertirse. Es más, esa noche había vuelto a consumir unos tragos de alcohol después de no hacerlo en años y se había desinhibido un poco. No era difícil seguirle el paso y lo hacía excelente.

– ¿¡Acaso me hiciste girar en el aire!? – realizó un círculo con un dedo al tocar el suelo bajo los pies otra vez.

– Sí, lo hice – rió encantado al ver el brillo en sus ojos – ¿Quieres intentarlo de nuevo? – hizo el amague pero ella retrocedió.

– No, gracias – le quitó el vaso a su amiga Evan que bailaba con Logan a sus espaldas – Pero si me das una vuelta más…– terminó el trago sin respirar – Estoy segura de que vomitaré –

– No sería un problema – la hizo girar en una vuelta completa para recibirla entre sus brazos – Seguirás siendo la mujer más sexi del mundo aún con la cabeza dentro del excusado – aspiró su aroma al descender a su cuello y era exquisito, un delicioso almizcle de flores silvestres y sudor – Hueles delicioso – susurró en su oído, hechizado – No espero la hora de recorrerte entera con la lengua – enrojeció como siempre lo hacía con sus insinuaciones – Igual que lo hice anoche – lamió su cuello sin poder soportarlo más.

– ¿Qué estás haciendo aquí, Row? – sus ojos se convirtieron en armas al escucharlo – Tú no perteneces a este lugar y no tienes permitido ingresar a la fraternidad sin invitación –

La música se detuvo, el presidente había dado la orden para poder hablar con él y si era posible, humillarlo ante todos.

– ¿Qué dijiste? – ocultó a su novia detrás, ya que no estaba solo, lo acompañaban tres personas más – No sabía que necesitabas de tus perros para hablar conmigo, Velkan –

Cruzó los brazos y miró de soslayo a su izquierda, Keilot se mantenía en guardia por si lo necesitaba.

– Lo que escuchaste – lo apuntó con la cabeza en alto – Tú no eres bienvenido aquí, ella puede quedarse, pero tú tendrás que irte – dio dos pasos al frente para quedar a su altura.

– A mí nadie me corre de ningún lugar y mucho menos tú – su voz estaba cargada de peligro y ni hablar de sus puños apretados que hacían un esfuerzo sobrehumano para no golpearlo – Ella es mí novia – remarcó las últimas palabras llevándose una mano al pecho – Y si yo me voy de aquí, ten por seguro que vendrá conmigo –

– Sáquenlos de aquí –

Ordenó a los demás sin importarle nada, lo había dejado en vergüenza frente a toda la fraternidad y no iba a tolerarlo.

– ¡No! – ella se interpuso en el camino de todos, Lai les daría una paliza si le ponían una mano encima y no iba a permitirlo – Por favor – jamás rogaba a nadie, pero esa noche, lo haría por él – No peleen – bajó los puños de su novio que se encontraba listo para la batalla – Velkan – caminó hasta él buscando algo en el interior de su bolso – Tú me invitaste, es más, mi invitación es exclusiva para mí y todas las personas que quisieran venir conmigo – se la enseñó, él se la había entregado hace un par de días atrás y no tenía mucho sentido hacerlo, pero era la prueba fehaciente de ello – No puedes correrme, sólo por el hecho de que Lai es mi novio – puntualizó obvia, guardandola – No tengo nada que ver con el problema que ustedes tienen y no me parece correcto lo que estás haciendo ahora – cruzó las manos delante de su cuerpo fingiendo ser una niña buena.

– Si me corres de aquí, me veré obligada a presentar una queja a recursos humanos en tu contra por discriminación y créeme, eso no será bueno para nadie y mucho menos, para la fraternidad – levantó un dedo al aire intentando refutar, pero no encontró nada, no había cómo – Y ten por seguro que habrá muchos testigos en tu contra si me incitas a hacerlo – señaló el entorno moviendo un dedo en círculos y era verdad, había mucha gente presenciando el asunto – ¿Tú decides? – movió su cuerpo en vaivén esperando una respuesta.

– Disfruten la fiesta – inclinó la cabeza en señal de respeto, era muy lista y lo había dejado con las palabras en la boca – Buenas noches –

Pasó de ellos chocando a Lai en un hombro. En otro momento y cuando ella no esté presente, arreglaría deudas con él.

– ¡Que vuelva la música! –

Gritó alguien entre la multitud y una melodía a rock metal sinfónico lo inundó todo.

– ¡Eres increíble! – la levantó del suelo en un enorme abrazo – ¡Es la primera vez que le cierran la boca a Velkan sin darle un golpe! –

– Me lo imaginé – rió entre sus brazos – Tiene la inteligencia y superficialidad de un ostión – guardó silencio reconociendo la música que provenía del escenario y su rostro se iluminó – ¡Tienes que ver esto! – tiró de él para llegar a la banda que comenzaba a tocar – ¡No puedo creerlo! – la gente no la dejaban ver, saltaban y gritaban al compás del metal – ¡Cargame! – la cargó sobre sus hombros sin esfuerzo alguno – ¡Lo sabía! ¡Es Gaia! –

Su hermana se encontraba detrás del micrófono moviendo su cuerpo al ritmo de la música.

– Fili Mariae virginis, salve, mundsalutare...Salve, Jesu care verum templum Dei – su voz de garganta era impresionante – Salve, latus Salvatoris patet vis amoris, redemptor mundi, Illustra faciem tuam –

– ¿Desde cuándo tu hermana habla sumerio, preciosa? – preguntó perplejo y dirigiendo sus ojos a ella.

– Nuestra abuela nos lo enseñó – tenía el pecho lleno de orgullo, su hermana era grandiosa – De hecho, la primera parte de esa canción es una oración a los dioses –

Definitivo, esa noche harían historia y se convertiría en leyenda entre los estudiantes.

– Mírame bien, sola ante ti – se señaló completa abriendo los brazos – Dame un por qué ¡quiere vivir! Piedra angular, limbo ancestral – extendió una mano como sosteniendo algo invisible en el aire – Agreste alud, ¡rasgas mi fe! – quitó el micrófono de su pedestal para caminar sobre el escenario.

– Suave rencor que jamás descansa, busca en tu red y verás quién manda – subió a un parlante teniendo cuidado de no caer, aún se sentía ebria – ¡Grande, Grande! – abrió los brazos como si volará – Desatada virtud insana, ¿Dónde escondes esa ilusa pasión que hilvanas? – saludó a Keilot con dos dedos en su frente que la vigilaba desde lejos – Oh, oh, oh – entonó como un ángel – ¡Nunca jamás claudicaré! – llevó una mano a su centro – Dentro tengo un gran dolor sepultado que fuerte me grita, ¡Lucha a muerte y sálvalo de la ira maldita que ellos suplican! –

Le guiñó un ojo a Black, que era el virtuoso músico que la acompañaba en la primera guitarra y junto a él se encontraba su nueva amiga Eri, la ágil baterista que lo estaba dando todo a sus espaldas. Seguidos por Riftan, el bajista de imponente figura y Aslan, quién manejaba la segunda guitarra con un riff sorprendente. Todos y cada uno de ellos formaban Broken, la banda de los corazones rotos y ella, ahora, era su nueva vocalista desde hace unas semanas.

– Jesu, decus angelicum, In aure dulce canticum, summa benignitas, salus, via, vita – continúo con su canto – ¡Óyeme bien!, te hago saber…– levantó un dedo al aire como dando una advertencia – Que pelearé por su lealtad, si he de romper mi devoción ¡Quebrantaré la Ley por Él! –

Se inclinó un poco sobre sus amigas que le daban ánimos desde los pies del escenario y regresó a su lugar inicial frente al soporte del micrófono.

– Ruego ante ti el perdón de su alma – juntó sus manos mirando a los cielos y ofreciendo una plegaria a los dioses – Haz de mi ser el mártir que ansias – bajó la mirada y su hermana sobre los hombros de Lai cantaba a su compás realizando los mismos gestos – ¡Grande, Grande!, desafío a la cruz que aguarda, ese cáliz nunca salpicará sus lanzas — volvió a tocar su corazón – Dentro tengo un gran dolor sepultado que fuerte me grita, ¡Lucha a muerte y sálvalo de la ira maldita que ellos suplican! —

Los ojos verdes del hombre que la volvía loca desde que la conoció, la admiraban con adoración y demencia, al moverse con una sensualidad inigualable. Habían caído en las redes uno del otro y sin quererlo o al menos, intentarlo. No sabían lo que eran hasta ese día, pero existía algo que los unía y ese sentimiento era muy fuerte, ambos lo sabían.

— ¡In tremenda mortis hora, Veni, Jesu, absque mora, out! —