Era una pésima idea, nefasta, sabía mejor que nadie que Gray era muy inteligente, que si se enteraba de que estaban haciendo trampa llegaría hasta las últimas consecuencias, que no descansaría hasta echarlos de la universidad sin importarle en lo más mínimo que ya estuvieran a punto de finalizar la carrera.
—¿Qué? -Preguntó nuevamente porque tenía que estar completamente segura de lo que había escuchado. Le parecía increíble que hubieran conseguido las respuestas del examen, Gray en los años que había trabajado en la universidad siempre se encargaba de crear un parcial diferente, uno que podía llegar a ser tan aterrador y terriblemente confuso que el demonio del hielo parecía tener el don para generar el caos, el sufrimiento y la destrucción.
—Están vendiendo las respuestas, pero yo puedo dártelas gratis. -Susurró con el fin de que nadie lo escuchara, claramente sus intenciones con Juvia eran buenas, ayudarla a aprobar sin pedir nada a cambio. Era un acto desinteresado, solo deseaba que la Loxar estuviera bien y que pudiera graduarse.
Se regalaron una mirada entre amigas, esa que enfrascaba un montón de cosas, pero que solo ellas entendían, fue muy tentador, no podían negarlo, ya que con eso sería mucho más fácil aprobar la materia, pero no podía ser tan bueno como se lo pintaban y debía haber algo detrás de todo eso.
—¿Cómo consiguieron las respuestas? -Rogue alzó sus hombros de inmediato, en esos temas podian decir el milagro más no el santo, por lo que debía permanecer en completo silencio.
—El profesor se va a dar cuenta, ya sabes lo malo que puede llegar a ser, vas a tener muchos problemas. -Juvia quería hacerlo entrar en razón, arriesgarlo todo por un parcial, sonaba algo irracional, aunque en ese momento los jóvenes que iban a hacer trampa no dimensionaban lo terribles que podían llegar a ser las consecuencias.
—Creo entender esa materia, pero sus parciales no son de este mundo, son del infierno. -No podía negar que realmente Gray hacía una matanza, que podía disfrutar del sufrimiento de sus alumnos en ese día.
—Si quieres te ayudo a estudiar, yo te enseño, pero no hagas trampa. -Los ojos rojos de Rogue se abrieron, totalmente ilusionado, la chica por la que su corazón latía se estaba ofreciendo a ayudarlo sin pedir nada a cambió, no dudaba que la Loxar tenía un hermoso corazón.
—¿Harías eso por mi? -Ella asintió.
—Tengo libre después de las tres.
—¿No estás trabajando? -Le preguntó Meredy al extrañarse de su respuesta. Juvia maldijo en su mente, no le había contando lo de Gray a Meredy, no le había dicho que él muchacho le había pedido que no trabajara tanto, que le iba a dar mensualidades para el bebé y para compensar el tiempo que permanecía con él, que se había ofrecido a pagar su crédito hipotecario, que sus problemas se habían solucionado medianamente.
—Luego te explicó. -La mirada de Meredy la atravesó, sabía lo que significaba, su mejor amiga no iba a descansar hasta que ella le dijera la verdad.
—Hoy no puedo, hay entrenamiento, ¿Qué te parece mañana?
—Está bien, mañana a las cinco de la tarde. ¿Te parece? Puedes decirle a Sting que lo ayudó también y Meredy estará aquí. -Ella asintió.
—Eres la mejor.
—Te ayudó sólo con una condición. -Rogue la vio directamente, pensó que no iba a pedir nada a cambio.
—¿Cuál condición?
—Que no hagas trampa, eres mucho más inteligente que eso. -El joven se sonrojó violentamente por el cumplido de la Loxar, asintió y huyó porque no soportaba demostrar sus sentimientos y su rostro siempre se encargaba de delatarlo.
—Gracias. -Fue lo último que pronunció antes de sentarse en su puesto, Juvia volteó a ver a su amiga, solo pudo atinar a sonreír al ver su rostro enojado porque ella había omitido detalles importantes que se supone que una mejor amiga debía conocer, respiró hondo cuando vio que llegaba Cana a dictar la clase, la había salvado la campana.
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Le dio la espalda a la joven, acostada en su cama solo esperaba que no fuera a preguntarle, claro como si esas cosas pasaran, en todo el día no había hecho sino preguntar por el tema en cuestión.
—Me dijiste que me debías una conversación. -Juvia abrazó el peluche que estaba encima de la cama, ese enorme que Lyon le había regalado a su novia.
Se dio un poco de valor para sentarse y ver esos ojos verdes, profundos. Ni siquiera sabía por donde empezar, habían sucedido un montón de cosas.
Inició, ocultándole la identidad de Gray, pero siendo sincera con absolutamente todo, con lo que había pasado, las veces que habían intimado y como se sentía cuando lo hacían. La forma en la que él le ayudó a devolver el dinero y lo de Levy también, había sido muchas noticias y más cuando le confesó que intentó suicidarse para conseguir el dinero.
No podía imaginar en qué momento se habían descontrolado tanto las cosas, solo quería abrazar a Juvia y protegerla de todas las cosas, no era Justo, todo lo que había tenido que vivir su mejor amiga, por su parte solo le quedaba entenderla, apoyarla y protegerla.
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Habían pasado algunas horas y sentía que tanto Meredy como Rogue ya estaban preparados para el parcial, se encontraban en la biblioteca y ya habían tocado todos los temas, por lo que podrían presentar el parcial sin ningún inconveniente.
—Lyon me está esperando, tengo que irme. -Meredy se despidió de la joven, tomó sus cosas y Rogue le hizo un ademán con su mano. Sting por supuesto no aparecería para dañarle el momento a su hermano y tampoco lo suyo era estudiar, era viernes en la noche, claramente tenía cosas mejores que hacer, por lo que quedaron solo los dos.
Se puso algo nervioso, estar con ella hacia que su corazón se acelerará y empezara a actuar a lo tonto, pero se concentró en terminar el ejercicio sin decir nada más, Juvia lo estaba supervisando.
Sus ojos azules percibieron el momento exacto en el que una presencia demasiado conocida ingresaba a la biblioteca, él se sorprendió también y su corazón dio un brinco al verla con ese hombre, ese que la había invitado a salir.
—Señorita Loxar, que bueno que la encuentro acá ¿Me permite un momento? -Juvia quedó sin habla, totalmente en blanco, nunca imaginó que él fuera a acercarse a ella en la universidad. Se alejó para que Rogue no fuera a escuchar y ella vio al muchacho de ojos rojos.
—Debe ser algo de mi tesis. -Se disculpó con una boba sonrisa en los labios, tratando de disimular que estaba aterrada por lo que estaba pasando. Caminó en dirección al Fullbuster mientras miraba por todas partes que no existieran muros en la costa, afortunadamente ya era algo tarde y quedaban pocos estudiantes en el lugar.
—¿Me necesitaba, profesor? -Él la vio detenidamente.
—¿Qué hace con él? -La pregunta estaba fuera del lugar, efectivamente no era el momento.
—Estamos estudiando para su parcial. -Contestó. Gray era una persona racional, equilibrada, totalmente seguro de sí mismo, era guapísimo y muchas morían por él y claramente no entendía que hacía ahí, a punto de empezar una escena que podría llegar a ser desastrosa, que los pondría en evidencia y afectaría directamente el desarrollo normal de la operación Greige.
—Quiero que se vaya conmigo. Salga de la universidad caminando, la esperaré en el café que está en la esquina. -Volvió a mirar que nadie los estuviera observando, pero claramente Rogue estaba viéndolos detenidamente, tenía que actuar como si nada pasara.
—Profesor, Rogue y yo no hemos terminado de estudiar. No me iré aún y si me disculpa se dará cuenta que me está reclamando.
—Le daré cinco minutos. O si no créame que volveré por usted y la sacaré de aquí así sea como un costal de papas y no me importará que todos nos vean.
—¿Qué le sucede? ¿Se ha vuelto completamente loco? ¿Acaso yo le hago estas escenitas cuando Briar con su cara de estupida trata de seducirlo? -Se mordió su labio inferior, no podían seguir hablando de eso como si no pasara nada en ese lugar.
—La espero en cuatro minutos. -Se marchó dándole la espalda, ella sintió como todo su enojo subía a sus mejillas, no podía creer su actitud, no tenía el derecho.
Volvió a la mesa con Rogue mientras apretaba sus puños.
—La criticó, dijo que era la peor tesis que había visto en su vida y que hasta un infante escribía mejor que yo.
—¿Qué le pasa a ese idiota? ¿Qué se cree?¿Es tu director? -Le preocupaba, ahora solo pensaba en lo que Gray le había dicho. No sabía si sería capaz de venir por ella, no podía, él no tenía el derecho de manejarla y decir lo que tenía que hacer, con quien salir.
—No, ya me dejó muy en claro que no tiene la mínima intención de ser mi director de tesis, realmente no quisiera que lo fuera.
—Eres muy inteligente, se que será magnífica. -Sonrió escondiendo su ojo en su mechón negro.
—Gracias. Rogue tengo que irme, ¿Tienes alguna duda adicional? – el muchacho se decepcionó un poco, quería seguir con ella.
—¿Me ayudas a solucionar este? -Ella asintió sintiendo algo de terror, era un ejercicio muy largo, si Gray volvía su amenaza realidad, quedarían en evidencia delante de Rogue.
Le dio la explicación, dulce, inteligentemente, enseñándole tips. Sintió como su celular vibraba al mirar que ya habían pasado los cuatro minutos que él le había dado y vio que era un mensaje de su profesor.
"Mire la puerta, voy a entrar"
Juvia pegó un ligero gritico mental al verlo por el vidrio.
—¡Me tengo que ir, perdóname! Ten un feliz fin de semana.
—¿Necesitas que te lleve?
—No, gracias. Vinieron a recogerme. -Salió huyendo, corriendo, no lo determinó al salir de la biblioteca. Se sentía tan enojada, realmente quería asesinar a Gray.
Salió a la estación de autobuses, fuera del campus, no se iba a ir con el profesor.
—¡Súbase! – Fue cuestión de minutos para que llegara, para que le pidiera que se subiera, miró en todas las direcciones y finalmente se subió porque tenía que decirle unas cuantas verdades.
Arrancó, alejándose a alta velocidad del lugar, tratando que nadie los viera, huyendo de todos, en especial de ese Rogue.
Estaba completamente enojado, pero ella también lo estaba y mucho más. No entendía porque se había comportado de esa manera, las acciones no lucían del inteligente profesor, ese que era calculador e inteligente, en cambio parecía un tonto adolescente celoso.
Se quedó viéndolo con sus brazos cruzados, estaba completamente demente, pues no había otra explicación aparente, ya que verlo enojado le estaba pareciendo en ese instante lo más atractivo del mundo. Su ceño fruncido, su mirada concentrada en el camino sin siquiera voltear a verla, su perfil, esa hermosa nariz y esos labios que la llevaban al cielo con cada contacto, sus fuertes manos donde sus venas se marcaban, si, esas manos que eran muy buenas en ciertas cosas.
Negó con su cabeza, tenía que mantenerse en su lugar y seguir terriblemente enojada con él, bastante molesta. Por lo que endureció su mirada para ver al frente.
—La próxima vez que vuelva a hacer algo así, tendrá muchos problemas. -Tenia que dejarle muy en claro que era la última vez que soportaría sus acciones, sus pataletas de niño, no podría permitir que él pusiera en riesgo todo, su carrera, su grado, hasta la vida de su hermano, porque no dudaría que los idiotas que la amenazaron ese día irían con todo el chisme donde Gajeel.
—¿Algo como que? ¿Salvarla de las garras de ese imbecil? -No tenía la menor idea de lo que estaba hablando, por un extraña razón detestaba que ese hombre se acercara a ella, pero lo que más le molestaba era claramente los amigos de ese muchacho.
—No, comportarse como un tonto. -El muchacho sonrió en desacuerdo, se detuvo a un lado del camino desolado, oscuro, repleto de naturaleza para apagar el vehículo, era peligroso manejar mientras estaba distraído, se soltó su cinturón y la encaró, a veces el profesor daba miedo.
—Señorita, he vivido más que usted, conozco perfectamente cómo pueden llegar a ser las personas y las intenciones que pueden tener. La señorita Orland es la peor de todos ellos y usted debe entender que no corresponde a ese círculo, que hago todo esto por protegerla.
—No necesito que me proteja. -Resopló, Juvia parecía no comprender argumentos y eso lo enojaba mucho más.
—¿No ha entendido verdad? Parece tan inteligente, pero es tan ingenua. -La muchacha infló sus cachetes enojándose en sobremanera. —Usted es como un corderillo siendo cazada por una manada de lobos. -Sus ojos se desviaron un poco a los pechos de la chica que estaban siendo apretados con sus brazos cruzados. Era tan hermosa, pero negó con la cabeza, en ese momento debía mantenerse firme.
Se desabrochó su cinturón, el muchacho estuvo atento porque tendría que salir a buscarla si salía corriendo fuera de su camioneta, sin embargo, hizo algo totalmente diferente a bajarse, cosa que le sorprendido de sobremanera al Fullbuster que solo atinó a recibirla en sus brazos mientras ella se acomodada a horcajadas, encima de él.
—Lo que no ha entendido usted es que a veces los lobos se visten de corderillos. -Quería dejarle en claro que no era indefensa, que se podía cuidar sola y que podía tomar sus propias decisiones sin que él interfiriera. Él corrió la silla de la camioneta hacia atrás para que Juvia tuviera más espacio y se pudiera acomodar mejor en sus piernas. Aunque estaba sin habla, se encontraba consciente que ella estaba completamente enojada con él, así que verla así, encima, en su regazo, lo embrutecía, fue totalmente impredecible.
—Estoy muy furioso con usted. -Quería hacerse del rogar, pero sabía mejor que nadie que no iba a resistir, de hecho su cuerpo ya lo estaba traicionando vilmente, lo único que le exigía era tenerla, entrar en ella una y otra vez mientras la escuchaba disfrutar muy cerca de su oído. Entendiendo que le pertenecía únicamente a él.
—¿Le he dicho que me fascina cuando se pone bravito? -Se mordió su labio inferior con el fin de tentarlo, mientras ponía sus pequeñas y delgadas manos en el cuello del Fullbuster. Él alojó sus manos en la espalda baja, muy cerca del lugar que le fascinaba, tratando de cuidarla y tener más cercanía con ella.
Era tan sensual, atrevida, esa mujer era su perdición.
—No quiere saber lo que le puedo hacer estando "bravito". -Ella sonrió imaginándoselo, pasando su lengua por su labio superior, saboreando.
—Que rico. -Pronunció Juvia con malicia, sensualidad, acercando su rostro al del Fullbuster para emitir un suspiro cargado de deseo puro a milimetros de sus labios, despertando absolutamente todos sus sentidos.
No soportó mucho, ella claramente se había convertido en su debilidad, llevó sus labios para con ferocidad apoderarse de los de ella, como una excelente estudiante que aprendía con facilidad le respondió con su lengua, jugando con él una vez, dos, tres y así se repetía la lucha sensual y placentera.
Se separon para tomar algo de aire, mientras ella sonreía complacida, los labios de su profesor eran extrañamente adictivos, deliciosos, lo mejor que había probado en su entera vida. Los ojos grises del joven se pasearon por todo el lugar por medio de los espejos, era un respetado profesor teniendo amoríos con su estudiante y debía asegurarse que si lo iban a hacer ahí, nadie los descubriera.
Al no ver a nadie levantó la blusa y el sostén, creando acceso a una de las partes predilectas de la chica, de una manera salvaje apretó los pechos para empezar a juguetear mientras ella se encargaba de comandar, de jugar con su cuello, de ser la que ordenara, por una razón que ni ella misma entendía se encontraba demasiado caliente, sentía una jodida necesidad de tenerlo.
—Los lobos son monógamos. -Pusó sus manos en el cuello del muchacho de nuevo mientras hablaba muy cerca a sus labios, volviendo a tocar el tema que estaba tratando segundos atras. Después de haber repartido besos y caricias en todo su cuello y boca, nariz con nariz, teniendo ese momento de intimidad. —Jamás tendrán a otro si ya tienen a su pareja. -Él sonrió, al mismo tiempo que asentía, era una chica tan sagaz, tan sexy y hermosa. Sus palabras lo acariciaban indicándole que no tenía porque preocuparse, que no lo traicionaría, que Rogue solo era su compañero, era su manera de decir que debía dejar de estar a la ofensiva y que en definitiva no era ningún corderillo.
—El macho alfa protege y alimenta a su hembra y a sus lobeznos. -Se defendió, sabía que debía proteger a Juvia y que siempre hacia las cosas con una razón de fondo. Desconfiaba demasiado de Sting y qué decir de Minerva, no le gustaba para nada que estuviera cerca a esos estúpidos niños ricos que probablemente solo se encargarían de jugar con ella.
—No solo el macho protege a su pareja. La hembra siempre se situará en el cuello de él en una situación de peligro evitando que ataquen uno de sus puntos más vulnerables. -Le lamió el cuello mientras hablaba. Sabía mejor que nadie que ya estaba perdida, ese hombre le encantaba y efectivamente había terminado enamorada, solo deseaba que todo lo que estaban viviendo no fuera un simple trato, que durara mucho tiempo más, que él pudiera enamorarse perdidamente de ella.
Gray la había protegido contra los disparos, le había dado el dinero, había sido el primero en su vida, le dio una nueva oportunidad de salvarse. Escuchar que ella también lo protegería de todo lo malo que le podía pasar, de su terrible madre, de todo su pasado, era simplemente reconfortante.
—Siempre evitaré que tenga que proteger mi cuello, jamás la pondría en una situación que la comprometiera. -Las palabras que pronunció las dijo para si mismo, era un pensamiento frecuente que lo atormentaba a diario, sabía que su mamá podía lastimarla, que se podía meter con ella, que era capaz de hacer cosas terribles, sí, no haría nada que la pusiera en peligro.
—Por eso tiene que escuchar cuando le aconsejo algo. -Irremediablemente debía limitar todos los contactos que tenía con Rogue, ya sabía que a Gray no le gustaba en lo más mínimo el muchacho y que todo eso había pasado por lo que había ocurrido horas antes.
—Lo escucharé más seguido, pero entienda que yo también debo dar mi punto de vista. Por lo pronto, ¿Qué quiere que le haga mi alfa? -Bien, ella ya había demostrado que su enojo había desaparecido, estaba acariciando sus cabellos negros, muy cariñosa. Esa pregunta terminó por derribar sus defensas, bajó con inmediatez sus manos al trasero de la muchacha, levantándole la falda, haciendo contacto con esa suave piel, la apretó fuerte, con desesperación mientras llevaba su boca a uno de los hermosos pechos de la joven.
—Quiero que se funda en mi, que grite mi nombre, quiero escuchar su respiración en mi oído, que me diga lo mucho que la complazco.
—Como ordene. -Cerró sus ojos deleitándose de la espléndida y experta lengua del pelinegro, de cómo se la comía entera, el profesor era todo un espectáculo, uno muy perfecto.
Llevó sus dedos a ese lugar que se estaba convirtiendo en familiar para él, la humedad en la intimidad de la mujer lo condujo a su objetivo, acarició y toqueteó un poco mientras Juvia sentía que aquel bulto que estaba haciendo presión en ella iba creciendo, se iba poniendo más duro y preparado para entrar en su cuerpo.
Capturó con sus dientes el labio inferior del muchacho, su cabello suelto, largo y un tanto alborotado se veía fantástico cayendo por su pecho desnudo, Juvia simplemente era un conjunto de cosas preciosas y perfectamente creadas.
Corrió su ropa interior hacia un lado mientras ella con una extraña experticia se ocupaba de liberar la virilidad de ese hombre. Abrió sus ojos mientras llevaba su mano arriba y abajo para consentirlo.
—No se si considerar esto como una ventaja o una desventaja. -El muchacho se quedó viéndola atento, en ese momento solo quería que ella le hiciera una descarada invitación al paraíso del placer. —Si el lobo enferma o muere el otro se buscará una nueva pareja. ¿Si yo le doy a mi cachorro usted buscará otra pareja?
Ya sabía a donde se dirigía su pregunta, no sabían exactamente si existía un cachorro, si sus encuentros habían tenido algún tipo de fruto, pero a Juvia claramente le impacientaba y preocupaba tener que apartarse de su alfa y su lobezno.
—Señorita, le repito que haría cualquier cosa para que no tenga que cubrir mi cuello. -El problema en si no era que él fuera a cambiarla, en realidad lo único que le preocupaba era que Juvia estuviera en peligro, en ese punto claramente la dejaría ir por encima de sus sentimientos.
La respuesta la confundió un poco, pero aún asi a lo lejos divisó como una luz se acercaba a ellos, lo único que pudo hacer fue halar la palanca de la silla para que quedara horizontal y acostarse en el pecho del joven, escondiéndose de que el conductor del auto los fuera a ver.
—¡Diablos! -Pronunció el joven por lo violento que había sido el movimiento. Se quedó quieta por algunos segundos y él aprovechó para enterrar los dedos de una mano en su cabello, para guiarla a su boca y besuquearla. Definitivamente por voluntad propia no cambiaría a Juvia, no la abandonaría.
—¡Que sexy es! -Le confesó.
La Loxar se volvió a acomodar poniendo su espalda vertical, puso una de sus manos en el pecho del macho y se abrió paso, obedeciéndolo se volvió uno con él. Gimió arqueando su espalda hacia atrás, cerró los ojos, disfrutó del momento, se regaño por pensar en el futuro, ese para el cual faltaban mínimo nueve meses.
Empezó a mover sus caderas como ella solo podía hacerlo, aprovechando los conocimientos que tenía del baile, de lo espectacular que se movía su cuerpo al ritmo de la música y aunque en ese instante no escuchara alguna melodía, debían tener una sincronización para no desentonar.
—¡Gray-sama! -Él disfrutaba el solo hecho de ver cómo esos grandes senos rebotaban frente a él, era sumamente atrayente como emitía esa expresión, de placer puro, de entera satisfacción.
—Embaráceme. -El muchacho emitió una carcajada, en primer lugar ese era el objetivo y aunque únicamente mantenían esas relaciones por ese bebé, sabía mejor que nadie que ya la relación que mantenían había tomado otro rumbo, ese que siempre quiso evitar.
La penetró con más fuerza, intensificando sus movimientos, apretando las nalgas de la Loxar para guiarla. Debía ser rápido, tenía que terminar lo más rápido posible porque podían descubrirlos, diablos lo único que deseaba era que ella siguiera moviendo esas caderas así, a su encuentro, tenerla así toda la noche.
—Juvia. – y gimió en entero placer solo al escuchar como la nombraba.
—¡Gray-sama! -Verla moverse así era un entero deleite, sin embargo, no se comparaba en lo más mínimo en la forma en la que sus paredes apretaban su miembro, en como estaba llegando al punto máximo, al clímax.
—No aguantó, yo. Aghhh. -Gruñó en un ronco sonido, ella sonrió para conducir la mano de Gray a sus pechos.
—Tóqueme, me gusta cuando me toca. -Las manos de Gray eran fuego, le producían un terrible calor por todo su cuerpo. Volvió a agacharse cuando percibió otra luz de un auto, pegándose lo que más pudo al Fullbuster, restregando sus pechos en la camiseta del joven mientras él seguía movimiendose dentro de ella.
—Amo cuando está bravito. ¡Que rico! -gritó invadida completamente por el placer, por lo exquisito que se sentía.
Le dio un fuerte azote en la nalga, ella arqueó su espalda en respuesta, para sentir como la apretujaba, como jugaba con su retaguardia. Besó a Gray con fuerza mientras veía que ya se encontraba a puertas de encontrar el paraíso, de subir y tocar el cielo.
—Así, sí deme todos esos bebés. -Él asintió y se liberó, suspiró profundo disfrutando de su orgasmo, mientras sentía como su corazón iba a salir de su pecho, desesperado, totalmente complacido.
Ella respiró profundo, que encantador era el sexo después de una pelea, el sexo de reconciliación. La abrazó, porque le gustaba tener su momento con la Loxar, después de esos minutos de acción, era bueno que los dos estuvieran juntos, para Gray era su momento favorito.
—Señorita Loxar, usted es semejante a una diosa, es bella, inteligente, muy bondadosa y sensual. Sus ojos son como el océano mismo. -La derretía escuchar esas palabras, como la halagaba, la hacía sentir como si fuera la más bella del completo universo y que no solo estaba con ella por un simple trato, eso quería pensar.
—Y usted es como un Dios griego. -Sin embargo, sus mimos y palabras hermosas se detuvieron en seguida, Gray por medio del espejo retrovisor comprobó lo que llegó a sus oídos, era ni más ni menos que una patrulla que se había estacionado tras ellos.
—¡Mierda la policía! -A la velocidad de la Luz ella se arregló su ropa, la ayudó a pasarse al puesto del copiloto mientras se acomodaba su pantalón. Movió la silla volviéndola a poner derecha y ella trató de acomodar su cabello, sin embargo, el sudor pasaba por toda su frente, cuerpo y su corazón latía sin control alguno.
—Manténgase tranquila, controlaré la situación. -Ella asintió, se encontraba algo avergonzada, solo esperaba que no se fuera a dar cuenta que irremediablemente estaban teniendo un momento de descontrol.
El oficial caminó hacia la camioneta para golpear en la ventana, obligando a Gray a bajar el vidrio.
—Buenas noches. -Saludó, Juvia estaba completamente roja, se encontraba tan apenada que ni siquiera podía darle la cara al oficial.
—Oficial buenas noches, ¿En que lo puedo ayudar? -Aquel policía tenía una linterna encendida y dirigió su luz a la muchacha. Juvia estaba concentrada enteramente en tratar de respirar, en qué no se sintiera tan agitada.
—¿Qué hacen acá? ¿Necesitan una grúa? -Habló con claro sarcasmo, intuyendo lo que estaban haciendo a esas horas de la noche, completamente solos.
—Mi novia se sintió mal y nos detuvimos. -Juvia sintió como todo su ser se estremecía, no puedo evitar que una boba sonrisa se le pintara en el rostro, escuchar la palabra "novia" refiriéndose a ella era lo más hermoso que le había pasado en la vida, sin embargo, bajó el vidrio para sacar la cabeza y así tratar de actuar enferma apoyando la versión de Gray.
—Entregueme sus papeles. ¿La señorita es mayor de edad?
—Por supuesto. -Contestó el muchacho mientras buscaba los documentos para pasárselos al oficial.
—Señorita necesitó sus papeles también. -Pensó lo peor, ya se imaginaba que les iba a poner una multa o que la iban a llevar a la cárcel, nunca había estado en un lugar así, la invadió el miedo. Ella con el profesor en la cárcel y serían totalmente descubiertos.
Nerviosamente buscó entre su maleta su identificación, sin embargo, cuando se la facilitó Gray bajó su mano, lo que menos deseaba era que ellos conocieran el nombre de Juvia, quedó algo confundida, sin embargo, abrió sus ojos grandemente al presenciar la reacción del oficial.
—Señor Fullbuster. Lamento molestarlo, por favor continúe con lo que estaban haciendo. -La actitud de aquel oficial cambió drásticamente. Se fue dejándolos solos, había una ventaja de ser hijo de aquella mujer, los policías corruptos no se metían para nada con él.
—¿Qué le pasó? -Estaba completamente extrañada, había sido muy raro que los dejara ir sin más.
—No lo se, pero la llevaré a su casa. Esta noche voy a estar ocupado. -Encendió el auto para volver al camino, después de lo que había pasado, ya estaba mucho más calmado.
—¿Puedo quedarme en su apartamento?
—Pero, estaré ocupado, es probable que no duerma esta noche. -Quería quedarse, quería compartir con él, después de todo lo bonito que a su manera le había dicho en el sexo.
—No le crearé distracción, lo juro.
—Está bien.
—¿Podria llevarme primero a una farmacia? Tengo que comprar unas cosas.
No mencionaron nada adicional sobre los celos de Gray, después de ir a la farmacia, subieron al apartamento.
—Perdón por el desorden, la persona que me ayuda con el aseo esta enferma y no ha podido venir. -Y aunque no habían limpiado no se veía desastroso, en realidad Gray trataba de ser muy ordenado.
—Voy a estar en mi estudio. Si me necesita por favor no dude en decírmelo. -La joven asintió, se metió entre las cobijas del muchacho, vio algunos capítulos de una serie, se levantó para prepárale un café y volver a la cama.
Despertó porque sintió una caricia en su rostro, él sonrió al verla despierta, cuanto amaba despertarla, como le encantaba verla.
—Buenos días, señorita Loxar ¿Me acompaña a desayunar? En unos minutos debo salir. -Juvia se sorprendió al verlo despierto, impecable, ya listo para afrontar su día y todas las responsabilidades que tenia, le sorprendía en demasía que él luciera así de Perfecto. Estaba consciente que el muchacho no había dormido en toda la noche haciendo sus obligaciones, ella en su lugar estaría desastrosa, pero él parecía radiante como el sol.
—Buenos días, Gray-sama. Sí, ya voy deme un minuto por favor.
—¿Qué quiere de desayunar?
—Lo que usted quiera darme. -él muchacho la vio con desaprobación, Estaba haciendo una pregunta y esperaba que ella se la contestara sin rodeos, pero imaginó que era demasiado modesta y no quería molestarlo.
—¿Lo que yo quiera? No tengo tiempo para darle lo que yo quiero en este momento. -Entendió a la perfección a que se refería, por lo que sus mejillas no tardaron en ponerse rosas al imaginarlo encima de ella. —Por lo pronto dígame que desea de comer. -Ella soltó una risita.
—Fruta estaría bien, muchas gracias. -El muchacho le devolvió la sonrisa, que hermoso se veía para ella cuando él sonreía. Gray salió de la habitación, no había pasado la noche con ella y ya entendía porque le insistió que se quedara en su casa, no le pudo prestar la atención suficiente, pero aún así esa cama era bastante cómoda y grande, le encantaba quedarse en el apartamento de Gray.
Se levantó y fue al baño de la habitación para asearse, no sabía como sentirse al respecto por aquello que acababa de ver, quería darle el bebé a ese hombre de eso estaba segura, sin embargo, deseaba con todas las fuerzas de su corazón continuar disfrutando de él, por lo que una sonrisita se le pintó en los labios.
Se fue directamente a la ducha y se bañó mientras pensaba en que iba a tener a su terrible profesor dándole placer por otro mes y que el bebé podría esperar un poco más. Acarició su vientre plano, le pedía un tiempo adicional. Sintió como su estómago rugía y claramente no era de hambre, los cólicos infernales iban a atacarla.
Respiró profundo, odiaba esos días, con su alma entera y su vida, sabía mejor que nadie que no quería hacer absolutamente nada, comería y volvería a la cómoda y caliente cama del profesor. Sí, era un plan perfecto de sábado y más cuando no tenía que trabajar, más tarde se encargaría de hacer los trabajos que tenía que hacer para sus demás asignaturas.
Se alistó para salir al comedor y él le regaló una mirada, tenía ahora una sudadera y uno de sus sacos, amaba como se le veía puesta su ropa a ella.
—Señorita no tengo mucho tiempo, debí empezar sin usted.
—No pasa nada, gracias por la comida, Gray-sama. -Debia decírselo, él era el primero en saber que aún no habían logrado la meta, se quedó viendo el jugo de naranja encima de la mesa, tratando de soportar el dolor que atacó de nuevo, realmente era algo insoportable que se alojaba en su vientre bajo.
—¿Se encuentra bien? La veo algo pálida. -Sí, el color en su rostro había disminuido, era normal en los primeros días de su periodo.
—Estoy bien, solo es que hoy me bajó la regla. -se sonrojó un poco, pues consideraba privado esos temas, jamás le comentaba a Gajeel sobre eso y tener que decírselo a él por la operación Greige era un tanto extraño, inmediatamente lo vio en su rostro, un destello de decepción, sabía que Gray deseaba mucho ese bebé, por su reacción.
—Está bien, lo seguiremos intentando, probablemente usted no estaba en sus días fértiles. -negó con la cabeza, lo que menos quería era que ella se sintiera responsable, Juvia sabía que ese muchacho era muy caballeroso.
—Probablemente yo debo comer más sano. -Se trató de disculpar por lo que había dicho, aunque no lo había pronunciado con mala intención o alejado de la realidad, ya que claramente en esos últimos días del ciclo la probabilidad de que ella quedara embarazada era baja, claro que después de todos esos encuentros de Locura y pasión creía que alguno de ellos había logrado sus frutos. Se notaba a leguas que Gray era estrictamente cuidadoso con lo que ingería, ella le sonrió y le asintió, esa era la parte que más le sonaba, seguir intentando.
—¿Pero se encuentra bien señorita?
—Sí, no se alarme, son los cólicos normales, creo que desayunaré e iré a dormir otro poco, necesito calor. Si no le importa que me quede en su casa.
—No, por supuesto que no. Quédese todo el tiempo que guste. -Juvia asintió, para tomar el tenedor e iniciar con la fruta.
—¿Logró terminar sus pendientes?
—Señorita tengo un montón de pendientes, pero afortunadamente terminé los que son urgentes.
—¿Durmió algo? -Él negó con la cabeza. —La universidad, las clases, el libro y usted. Aunque trate de optimizar mi tiempo lo mejor posible es muy difícil.
—No es Justo, usted no pasa suficiente tiempo conmigo. -Él se quedó viéndola, había tenido que renunciar a muchas cosas por darle su entera atención a la muchachita.
—Lo intento. -No dijo nada, tal vez debían permanecer más tiempo juntos para lograr el éxito de la operación. Debía convertirse en su prioridad, sin embargo, su vida era algo agitada.
—Está bien, solo lo extrañé en la cama. -y el todo el tiempo tuvo la tentación de ir a descansar al lado de ella, pero estaba muy ocupado y era tan responsable que no podía dejar sus obligaciones de lado.
—Estaba estudiando para los dos parciales que tengo y preparando una conferencia que debo dictar en la tarde en otra ciudad. -Escuchar hablar al profesor y compartir su sabiduría debía ser hermoso. Le hubiera gustado acompañarlo, pero volvió a sentir ese dolor en su vientre así que no era una posibilidad.
—¿Otra ciudad? -Él era el terrible demonio de hielo, pero aún así no le gustaba para nada la idea de estar sola sin él, en fin de semana, hizo un puchero adorable mostrando su desacuerdo.
—Llegaré en horas de la noche, pero puede tomar lo que quiera de mi cocina, lo que usted necesite no dude en utilizarlo. Puede usar mi tarjeta de crédito y si va a salir no olvide ser discreta.
—Solo tomare algo de comer. No lo molestaré, se que estará muy ocupado.
—Está bien. -Sabía que no iba a poder atender el teléfono, ni molestarlo mucho, claramente sería ella sola con su soledad.
Él le dio un último bocado a su comida y se levantó, se fue con algo de prisa al baño a lavarse los dientes.
Juvia siguió comiendo, pero el muchacho ya en el baño se vio en el espejo, pensó que iba a ser más fácil embarazar a Juvia, claramente no podía darse por vencido por lo que había sucedido, pero no podía dejar de sentir ese bajón, realmente pensó que el bebé al menos estaba formándose.
Sonrió, porque eso le daba mucho más tiempo al lado de ese pelito azul y si que amaba a ese pelito. Volvió al espejo para darse una última mirada, parecía estar listo y se aplicó su colonia. Que sexy y apuesto. Cuando salió al comedor vio a la muchacha que tenía su frente recostada en la tabla.
Se acercó y suavemente le tocó la espalda.
—¿Todo bien? -Ella subió su cabeza para verlo y asintió.
—Si, solo es mi Utero tomando venganza porque no le di un bebé y siempre busca asesinarme. -vió como apretaba su vientre y se preocupó un poco, aunque ella tratara de disimular sabía que le dolía. —Va a escuchar como suena mi estomago, pero tranquilo, no se inquiete es parte de convertirse en un monstruo.
—Wow, solo intente que ese monstruo no se salga de control y me asesine. -Tocó suavemente la cabeza de la joven.
—Lo intentaré, pero no le prometo nada. -El muchacho revisó su reloj, debía marcharse.
—Escríbame cuando lo crea prudente, trataré de contestar sus mensajes en el menor tiempo posible. -Ella asintió para oler el cuello del joven.
—Me encanta como huele profesor. -el muchacho trató de controlar el escalofrío que le produjo la nariz de Juvia olisqueando su cuello. Llevó su boca al del Fullbuster para darle un beso.
—Espero que le vaya muy bien el día de hoy. -Asintió para devolverle el beso. Se sentía completamente natural, nada forzado, el estar con ella y escuchar que le deseaba lo mejor. No pedía nada más.
—Igualmente, por favor no se esfuerce mucho y descanse. No quiero que vaya a trabajar ni nada por el estilo. -Ella asintió, realmente no planeaba ir a trabajar y en ese momento podía decidir quedarse en casa.
El muchacho se despidió para salir del apartamento tomando las llaves de la camioneta y sus cosas. La chica vio la mesa y respiró hondo. Volvería a la cama, no es como si tuviera mucha hambre, su apetito había desaparecido.
Encendió el motor de su auto y salió del edificio. Dejarla estaba bien, iba a estar bien, pero su mente se encontraba totalmente inquieta.
Menstruación, era un hombre y aunque sabía lo que significaba, no tenía ni la menor idea de nada. Su ser se encontraba preocupado, aunque conocía mejor que nadie que le pasaba cada mes, que no le iba a pasar absolutamente nada, que de eso nadie se moría o bueno eso creía. Su mente no era más que un atormentado lugar de pensamientos fatalistas, él no había estado con ella antes y aún así había sobrevivido, aunque se sentía mal por no poder acompañarla.
Dudó un momento, pero era un hombre que no se había criado con alguna hermana y su mamá casi nunca estaba en la casa, por esa razón no conocía lo que se sentía y no lograba imaginarse que podía llegar a ser terrible y doloroso. No le quedaba de otra, le tenía mucha confianza a ella, pues Lucy ya no era una opción.
—Llama a Cana. -Dio la orden en su celular para que por medio del Bluetooth se escuchara dentro de la camioneta, se sonrojó, avergonzándose, pero debía hacerlo por ella.
—Hola mi hombre de hielo favorito, ¿Cómo estas? -No le extrañaba para nada su llamada, eran buenos amigos y compañeros de trabajo, por lo cual las comunicaciones eran frencuentes.
—No he dormido en toda la noche, pero muchas gracias por preguntar.
—Tu conferencia es hoy ¿Verdad?
—Es hoy, me siento agotado. -Confesó, el no dormir adecuadamente lo ponía de un humor terrible.
—Te irá muy bien, lo sé, eres la perfección andando en persona.
—Gracias por tus ánimos… ¿Te puedo preguntar algo muy privado?
—¿Gray Fullbuster preguntando cosas privadas? Wow, esto será interesante. -Cana era una persona descomplicada, abierta a situaciones y una mujer que creía en energías. Las cartas para ella eran una especie de libro sagrado y siempre trataba que el universo estuviera a su favor.
—Hay una chica… -Ni siquiera tenía la menor idea de cómo formular correctamente su pregunta.
—Una amiga tiene su periodo en estos momentos y está algo… Mmm, se siente mal. ¿Qué puede hacer?
—¿Una mujer que no tiene ni idea que hacer para controlar sus cólicos? -Se escuchó una risita al otro lado de la línea.
—Es que no está en su casa y puede que le falte algo y solo quería saber si puedo comprarle algo.
—¡Ah! Ya entendí, la señorita Loxar durmió anoche en tu casa y estás buscando consejos para que la princesa se sienta mejor.
—¡No claro que no, ya te dije que la señorita y yo no tenemos nada! -Habia sido totalmente evidente el profesor, ella solo rio divertida, esta nueva faceta de Gray le parecía totalmente fascinante.
—No le des nada frío. —¡Maldición le serví el jugo más frio de mi nevera, por eso no comió nada! -El muchacho no podía ocultarle nada a la peli castaña.
—Si tiene cólicos, prepárale un té, canela, manzanilla, algo que esté muy caliente, dale una pastilla y cómprale una perra.
—¿Un cachorro? -Cana rompió en una carcajada.
—No, una bolsa térmica, Gray. La llenas con agua caliente y se la dejas un rato ahí, es bendito para los cólicos.
—Calor, entiendo. -Asintió el muchacho viendo su reloj, si se retrasaba algunos minutos, tal vez alcanzaría a llegar sin contratiempos.
No se porque pero a mi me encanta la comida chatarra esos días, pásate por el Drive Thru y cómprale unas papitas fritas, te lo va a agradecer.
—¿Y con eso ya deja de estar mal?
—Sí, solo no la hagas enojar. Si ella quiere y no le da vergüenza, dale sus buenas dosis de lo que tú ya sabes, se va a sentir mejor.
—¿Durante su período? -Se sorprendió, no había contemplado eso, ni siquiera se le había pasado por la mente.
—Exacto. ¿Quién diría que el terrible profesor Fullbuster estuviera preocupado por el periodo de una chica? -Se río un poco más.
—No te burles, gracias por tu ayuda Cana, voy a ir rápidamente para llegar al parcial.
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—¿Se le quedó algo? -preguntó desde la cama la jovencita al escuchar abrir la puerta. Sorprendiéndose que el Fullbuster llegará de repente.
—No se inquiete.
—Está bien. -Con gran velocidad puso a hervir agua, cuando estuvo caliente llenó la bolsa para luego hacer rápidamente el té de la muchacha. Lo sirvió y agarró todas las cosas con sus manos.
—Me dijeron que podía servirle. -Se sorprendió al ver todas las cosas que Gray le había traído. Sonrió de completa ternura, bobamente enamorada de ese hombre.
—Gracias, en serio lo necesitaba. -Tomó la perra entre sus manos para subirse el saco y acomodárselo en su vientre, apoyándola bajo su pantalon de suadera. Recibió la pastilla y abrazó al joven de entera felicidad por la bolsa de comida. Desayunaría papas, olían terriblemente deliciosas.
—Adoro las papas con mayonesa.
—Me alegra mucho, debo irme, por favor cuídese mucho. -Ella asintió agradeciéndole nuevamente.
Ese hombre era un papucho.
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Había sido un día sumamente provechoso, vio la serie que le había recomendado Meredy en la plataforma, terminando unos trabajos con ayuda de su portátil y sintió la necesidad de limpiar la casa, ya que la persona que le ayudaba a Gray no estaba, ella podía darle una manito con el aseo, ya había hecho demasiadas cosas por ella.
Comenzó con la sala, para seguir con la cocina, el balcón, la habitación y posterior entró en la habitación del joven. Limpio el pasillo para finalmente encargarse del estudio del muchacho.
Se acercó al escritorio y ojeo unos documentos, sus ojos azules se abrieron de inmediato al ver que se trataban de las respuestas del parcial. Empezó a leer el primer problema, comprendió las primeras frases y su cerebro intentó resolverlo, sin embargo, algo la alertó, su subconsciente le indicó que no era correcto lo que estaba haciendo. Volteó la hoja para evitar la tentación y así empezó a limpiar el escritorio del muchacho. Trató de no mezclar los documentos y los dejó en una montaña de hojas a un lado del escritorio, después de limpiar la tabla se fue directamente a los libros y allí algo llamó su atención, la caja fuerte del joven estaba abierta.
Nunca había visto la caja fuerte de un millonario, por lo que la curiosidad le pudo, efectivamente había dinero, mucho, habian fajos de billetes de altas denominaciones, relojes en sus cajas, llaves de lugares que no tenía ni idea a donde pertenecían y un celular. Tomó el celular entre sus manos, estaba bloqueado claramente, por lo que no pudo saber que contenía. Adicionalmente, había una tableta igualmente bloqueada. En la parte derecha de la caja habían unas carpetas, sintió curiosidad por una en específico, su color era bastante peculiar, era una rosada.
La sacó de la caja y la abrió, empezó a revisar los documentos y algo llamó su atención enseguida, eran unas ecografías, vio la fecha y eran de hace un par de años. Un bebé, si, definitavemnte pertenecían a una pequeña criatura.
Se asustó al escuchar la puerta abrirse, tanto que sus manos por torpeza soltaron la carpeta haciendo que volaran todos los documentos, con desesperación pura empezó a juntar todos los papeles para meterlos dentro de nuevo, entró en un pánico total, él iba a notarlo.
Gray entró en el apartamento, cerró la puerta y se quitó sus zapatos. La muchacha estaba haciendo un total esfuerzo por no ser descubierta, sin embargo, eran muchos documentos y habían caído por todo el lugar.
—¡Señorita Loxar, ya llegué! -Mordió su labio inferior al verlo en la entrada del estudio, ella aún tenía la carpeta en sus manos, no tuvo tiempo para ponerlo de nuevo dentro de la caja.
—Bienvenido. -sonrió, pero vio como el rostro de Gray se transformaba completamente, su sincera y hermosa sonrisa fue cambiada por sus dientes apretados en enojo puro, era el profesor Fullbuster, pero mucho peor, en ese instante parecía un demonio.
—¿Qué hace con eso? -Le arrebató la carpeta de las manos, en un movimiento brusco, ella solo pasó saliva.
—Estaba ayudándolo con la limpieza.
—Y de una manera abusiva reviso mis cosas privadas, esas que están en una caja fuerte. -Le recriminó para acercarse a la caja, contando rápidamente los fajos de dinero con su mirada, asegurándose que no faltara nada.
—Le juró que no vi lo que había adentro, solo me causó curiosidad y se me cayeron los papeles al suelo.
—¿¡Cree que nací ayer!? -El tono que había usado era muy fuerte, la había gritado, el muchacho estaba descontrolado o al menos ella se sentía más sensible de lo normal.
—Le pido que me disculpe, créame porque es la verdad, no tome su dinero o lo que había ahí. -Sabía que la curiosidad había matado al gato y en ese momento estaba pasando con ella, ahora sentía el terror que había sentido ese pobre gato curioso.
—¿Qué fue lo que vio? -pensó lo que iba a decirle, si hablaba sobre el bebé lógicamente iba a ser contraproducente, se iba a clavar más el puñal.
—Habían unos resultados de exámenes médicos, pero no sé a quien pertenecen. No vi nada porque si tiene algun problema de salud, solo a usted le corresponde contármelo. -Trató de desviar el tema, vió como sus manos temblaban, como la vena de su sien se estaba marcando, Gray si estaba muy bravo y no del enojo que le gustaba a la Loxar.
—¡No la quiero volver a ver aquí! ¡Salga, necesito hacer una llamada! -Asintió, salió del estudio para ver cómo azotaba la puerta casi tirándosela en la cara.
Su corazón estaba dolido, pero sabía mejor que nadie que había hecho muy mal en tomar sus cosas sin permiso, en revisar algo tan privado, ahora no dejaba de pensar de quien era ese bebe, ¿Gray tenía un hijo? ¿Por eso quería otro? ¿Para que se hicieran compañía? No entendía absolutamente nada.
Algo estaba claro, debía irse, así que fue por su ropa a la habitación del muchacho para posterior pedir un auto por medio de una aplicación. Fue a la mesa para guardar su portátil en la maleta y sintió unas terribles ganas de llorar. Apretó fuertemente sus dientes, no quería que la vieran llorando afuera, por lo que soportó ese terrible nudo que de alojaba en su garganta.
Sintió ansiedad en quedarse en el lugar, creía que jamás había visto a Gray tan enojado, ni siquiera en la universidad. Al ver que su transporte llegó, salió bajando por el ascensor, cubriendo sus cabellos azules con la capota del saco del profesor. Saludó al conductor y se dirigió a su casa.
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El profesor se quitó sus audífonos después de haber colgado la llamada, vio la carpeta y la abrió, los documentos estaban desordenados y entonces pensó que sería prudente colocar un gancho para unir todo. Sonrió tristemente para acariciar al pequeño en la impresión de la ecografía. Respiró hondo, guardó todo, no sería capaz de arreglar la capeta sin romperse, por lo que prefirió dejarlo así y guardar la información en la caja.
—¿Tiene hambre, señorita? -Estaba profundamente enojado con ella, de hecho sintió unas terribles ganas de asesinarla, sin embargo, ella debía comer, imaginó que estaba hambrienta. No hubo respuesta por lo que salió de su estudio, si era cierto, ella había limpiado todo el lugar, se veía reluciente.
—¿Señorita? -No había respuesta, no estaban sus zapatos, ni tampoco su maleta, finalmente entró a su habitación para comprobar que efectivamente ella no estaba en su apartamento.
No la escuchó salir, estaba tan ocupado que los audífonos probablemente le impidieron percibir algún sonido, aunque lo agradecía, prefería que ella no estuviera porque estaba atravesando por algo que el mejor que nadie sabía que no podía controlar, se comunicaría con ella cuando estuviera más calmado, por lo pronto iría a dormir, se encontraba muy cansado.
Su teléfono sonó y lo tomó entre sus manos con la tonta ilusión que fuera Juvia, sin embargo, no se trataba de ella, era Natsu.
—Hola idio… —¡Lucy se dio cuenta que Igneel pertenece a Tartaros, tienes que ayudarme! -Y las palabras entraron por sus oídos para hacer un gran eco en su cerebro.
Hasta aquí capítulo hermosuras!!
Muchas gracias a todos por leer, si me quieren dejar algún comentario no olviden escribirme, aquí abajo en la cajita. Por lo pronto contestare sus hermosos reviews:
GruviaSilver: Holi!! Y a mi me encanta leer tus reviews, es muy reconfortante y alegra mi corazón, ya casito llegamos a esa parte de la historia, pero ahora se complicaron las cosas. Espero que este cap te haya gustado mucho, te mando un beso y una abrazo.
Manu: Hola, este cap también quedó largo, pero bueno me inspire. Ahh ya entiendo, Shampoo siii me acuerdo de ella, es linda. No he escrito de otras parejas que no sea FT. Ojalá lo animen lo más pronto posible.
Olivia1415: Holi!! Siii Juvia ha hecho demasiado por Gajeel y aún no sabe todo lo que está haciendo, lo mínimo que podía hacer es ser comprensivo con ella. La operación Greige tuvo que pausarse un poco, pero esperemos a ver qué pasa. Me encanta mucho que te guste y espero que este cap te haya gustado muchísimo. Te mando un beso y un abrazo, bye.
Lymar Vastia: Holi!!! A Gray se le debieron quitar como ochenta kilos de encima al saber que Gajeel era el hermano de Juvia y supo todo lo que la había hecho sufrir. Muy pronto se enterará de la enfermedad de Gajeel y espero que te haya gustado el momento sexy de este cap. Juvia tiene 22 y Gray le lleva casi una década 31. Ya no tengo face, lo cerré, pero recibí mensajes por acá en FF. Te mando un beso gracias por tu review.
