Disclaimer:

Ranma 1/2 ni ninguno de sus personajes me pertenecen, todos pertenecen a su creatdor Rumiko Takahashi, así mismo ningún personaje de XXXHolic me pertenece, todos son propiedad de CLAMP

Este fanfic se realiza sin fines de lucro, es solamente para entretenimiento y diversión


Epílogo

Ranma limpiaba arduamente el piso, después de algún tiempo, se había acostumbrado a la carga de trabajo que implicaba limpiar diariamente el lugar, al principio si se la pasaba quejándose, no estaba acostumbrado a realizar aquellas actividades que, en su momento, consideró obligaciones femeninas, ahora que sabía lo pesado que podía llegar a ser tenía un nuevo concepto y un mayor respeto para Kasumi. Suspiró cansado, llevaba toda la mañana en aquella actividad mientras Watanuki continuaba durmiendo.

Cuando recién llegó todo fue un caos para él, un poco más impactante de lo que estaba acostumbrado. La primera sorpresa fue una cosa negra algo parecida a un conejo, sin embargo, esa cosa no tenía nariz y, sobre todo, hablaba. Si no fuera por su temple, probablemente habría gritado, pero aguantó la necesidad bastante bien y, con una tranquilidad que no sentía, preguntó qué era esa cosa, la respuesta no le resultó satisfactoria ya que la "cosa negra" contestó con un "Mokona es Mokona" y, ahora le quedaba la duda de qué era un Mokona. Al principio le resultó raro hablar con el conejo negro, aceptarle órdenes y, por sobre todo, escucharle pedir tanto sake, pero de apoco se acostumbró,

Después estuvo el detalle con el chico con el que había peleado, parecía que el chico de ojos bicolor y aquél sujeto mantenían una relación bastante cercana pero caótica, le recordaba un poco a su relación con Ryoga. Ese chico, al que llamaba Doumeki, era quien iba y venía cada cuando con objetos, algunos extraños, algunos, a su gusto, bastante ordinarios, pero todos, decía Watanuki, eran un intercambio equivalente por algún deseo que una persona pedía.

Luego estaban aquellas dos extrañas niñas, su aura de vez en cuando le causaban escalofríos, sabía que estaban ahí, que respiraban, comían y jugaban pero, de vez en cuando, no podía sentir su presencia y eso era lo que le inquietaba, en ocasiones, cuando se quedaban sentadas junto a Watanuki, llegaba a pensar que eran sólo un par de muñecas de tamaño real, en otras ocasiones, simplemente olvidaba todo y le parecían un par de niñas de lo más juguetonas y adorables, como Rin Rin y Ran Ran, pero más tiernas y menos peligrosas.

Lo último que descubrió y que le causaba más extrañeza, eran los hábitos de sueño de Watanuki, usualmente solía escucharlo platicar solo a altas horas de la noche, o bien, había ocasiones en las que podía pasar dormido prácticamente todo el día. Por su mente cruzó la idea de que, tal vez, el chico tenía el sueño pesado, casi como él, o quizás como su padre, pero con el paso del tiempo, se dio cuenta que esto no era del todo correcto.

En las ocasiones en las que el chico dormía demasiado, Maru y Moro lo vigilaban mientras la cosa negra se mantenía a la vigilia, y era en esos momentos cuando el aura del lugar cambiaba, pronto se dio cuenta que, cuando eso pasaba, era porque el chico estaba concediendo, de alguna manera, algún deseo o algo por el estilo.

Aún no comprendía muy bien cómo funcionaba aquello del intercambio justo, para él no correspondía lo que pedían con el pago, pero el chico de antejos siempre le decía que, muchas veces, no era el valor monetario, sino el valor que la persona le daba a ese objeto, o bien, el esfuerzo y sacrificio que implicó realizarlo. Esa fue otra explicación que no le otorgó ninguna satisfacción, pero tendría que tomarla.

- Esta tienda existe para conceder deseos, ¿sabes? Los humanos somos criaturas muy extrañas y, aunque para alguien algo parezca como desafortunado, para otra puede traer felicidad. Curioso ¿No? – le dijo cuando pidió un poco más de claridad ante sus dudas. Sobra decir que, de cualquier forma, no entendió mucho, pero por el momento lo tomaría.

Y esa clase de comportamiento se repetía cada vez que él intentaba indagar más en cualquier cosa, siempre eran enigmas, misterios, una forma de hablar tan extraña que él no entendía, pero como todo en ese lugar, día con día se fue acostumbrando, así como a las extrañas peticiones que, en ocasiones, el chico le pedía, como ir a recuperar algunos objetos, o viajar a lugares específicos por algunas cosas, algunas de las cuales eran bastante extrañas, como un libro viejo y empolvado que, según él, no tenía valor, otras si eran más interesantes, como un cuadro que, en cuanto lo vio, sintió escalofríos, así que se sintió bastante feliz cuando al fin pudo quitárselo de las manos. Cuando le dijo esto al chico de lentes, la respuesta fue tan extraña como siempre.

- Hay muchas cosas que son extrañas en este mundo, no te limites a una sola cosa, todos los días ocurren hechos que no pueden ser explicados, fenómenos extra ordinarios que pasan desapercibidos porque la gente cierra sus ojos a todo aquello que no logra comprender, pero la verdad es que, de todas las cosas que son inexplicables en este mundo, la más extraña de todas, es la humanidad misma – dijo tranquilamente

Como siempre, sus respuestas fueron un enigma, aunque, en esta ocasión, si pudo comprender un poco a lo que se refería, y, con esa respuesta, siguió cumpliendo aquellas peticiones extrañas. Debía admitir que, cada vez que dejaba la tienda, su corazón se aceleraba, pensando en que podría encontrarse a la peliazul, pero dentro de sí, sabía que eso no era posible, Watanuki se lo había dejado claro desde el momento en que aceptó trabajar para él con el único propósito de cumplir su nuevo deseo.

- Para poder experimentar una cantidad correcta de felicidad, es necesario experimentar la misma cantidad de tristeza para poder realizar el pago – había dicho

Internamente se preguntó si aquel encierro era la cantidad de tristeza que necesitaba experimentar para poder realizar su pago. No lo sabía, realmente no tenía ninguna respuesta, pero esperaba que, si aquella tristeza iba a ser su pago, poder pagarlo lo antes posible, no sabía cuanta tristeza debía juntar para poder pagar, pero, cada día que pasaba, sentía que su corazón y alma se rompía un poco más.

Y, en medio de su congoja y desconsuelo, el tiempo fue pasando, algunas veces, el tiempo pasaba tan rápido, que simplemente no lo sentía y, para cuando reparaba en él, ya había pasado un mes, en otros momentos, los días eran bastantes lentos, y parecía que un solo día duraba un mes entero, en ocasiones se preguntó si es que acaso, parte del hechizo en aquella misteriosa tienda era precisamente que el tiempo fluctuara a su antojo. Hoy era precisamente uno de esos días malos, donde parecía que las manecillas del reloj no avanzaban.

Dirigió su mirada al amplio jardín del lugar, observando al sol en lo alto y escuchando las risas de Maru, Moro y Mokona a lo lejos, siendo felices, despreocupados, sintió un poco de envidia, ya que él mismo no podía ser feliz, o no se lo permitía, sentía que si tenía un solo momento de felicidad, estaría más lejos de completar su pago, así que sólo permanecía abstraído, en su propio mundo lo más que podía, negándose a aceptar cualquier gramo de felicidad, y preguntándose cuánto tiempo habría pasado desde que había llegado ahí, hacía rato que no llevaba la cuenta, así que no estaba seguro de que mes era, tampoco el año, mientras su deseo no fuera cumplido, esas cosas no le interesaban.

- Ranma – habló de pronto una voz a su espalda

- ¿Sí? – contestó aún un poco absorto

- ¿Puedes acompañarme por favor?

- Claro

El ojiazul siguió al pelinegro en silencio, simplemente imaginando para qué clase de búsqueda lo requería en esta ocasión. Ya había pasado algo de tiempo desde la última y, aunque lo negara, le emocionaba tener que salir de la tienda, aunque fuera para buscar fantasmas, inclusive se conformaba con solamente ir por algo de repollo para la cena, aunque si debía ir a la tienda, lo más seguro es que Mokona le encargara algo de sake. A veces se preguntaba dónde le cabía tanta comida a ese conejo, tal vez su estómago era un hoyo negro.

En medio de sus cavilaciones, llegaron al pequeño lugar donde, usualmente, Watanuki recibía a sus clientes y se sentó en una de las dos sillas, en ese momento pensó que, quizás no tendría que salir, tal vez solo necesitaba a alguien que estuviera ahí para el siguiente deseo, no era extraño que le pidiera su presencia cuando eso ocurría, aunque tampoco era del todo normal. Encogió sus hombros mentalmente, sintiéndose un poco decepcionado al no poder salir, pero, a fin de cuentas, él estaba pagando con infelicidad, era lógico que, lo que quería, no se cumpliera. Watanuki le invitó a sentarse, haciendo que, toda la situación, fuera aún más extraña de lo usual, pero aun así lo hizo.

- ¿Cómo te has sentido en este lugar? – preguntó sin rodeos

- Aunque quisiera definirlo, no creo que pudiera – se sinceró

- Esta tienda, tiene esa particularidad – sonrió

Los dos chicos se quedaron en silencio, ocasionando que el azabache se sintiera un poco incómodo, a pesar del tiempo que llevaba ahí, aún no se sentía del todo en casa, y dudaba que en alguna ocasión lo hiciera.

- ¿Necesitas que vaya por algo? – El chico negó con la cabeza - ¿Ocupas algo para la cena? ¿Mokona quiere más sake? – otra vez negó – ¿Hice algo indebido? – Otra negación – Entonces…

El ojiazul se quedó callado, mientras el chico de lentes le veía fijamente con una sonrisa que no podía descifrar. La primera vez que hizo eso el azabache debía confesar que quiso partirle la cara, no estaba acostumbrado a ese tipo de miradas ni sonrisas, pero pronto comprendió que, esa era simplemente su forma de ser y que, a veces, era la manera que tenía para analizar algo, justo como cuando él se colgaba de cabeza en alguna rama.

- Entonces creo que continuaré con mis deberes – cortó el silencio viendo que el otro no iba a contestarle nada

- Puedo preguntarte ¿Qué deseo pretendes cumplir? – dijo antes de que siquiera el otro pudiera pararse

- Creo que tú sabes muy bien eso ¿no?

- ¿Consideras que estás sufriendo?

La pregunta descolocó a Ranma, le daba vergüenza contestar con la verdad, ya que sí, consideraba que verdaderamente estaba sufriendo en aquellos momentos, estaba ahí, encerrado, sin poder volver a ver a Akane y sabiendo que ella muy probablemente en esos momentos ya estaba casada con el castaño y que él no podía rescatarla hasta que fuera capaz de pagar por su nuevo deseo, aunque no tuviera derecho a decirlo, se sentía el hombre más miserable del planeta.

- No creo… - mintió

- Entonces ¿Eres feliz?

- Tampoco creo eso – confesó avergonzado

- Sabes, Ranma, la felicidad es algo muy extraño de definir, para la mayoría de las personas, es una especie de trato que se hacen a sí mismos, algo así como una promesa o una recompensa por un esfuerzo realizado, y siempre debes de reclamar esa recompensa, porque si no, estas rompiendo el pacto que hiciste contigo mismo. Sin embargo, lograr ese equilibrio, a veces es difícil de alcanzar, porque todos tenemos un concepto diferente de la tristeza, desdicha y sufrimiento y nadie más que tú sabes si mereces esa recompensa y en qué cantidad. Además, la felicidad no siempre es algo bueno ya que, una vez que la consigues, si quieres seguir recibiéndola, tendrás que seguir pagándola – miró fijamente al ojiazul - Aunado a eso – añadió– Los seres humanos ya no podemos distinguir lo que nos resulta cómodo o lo que nos causa felicidad, así que, al no saberlo, tampoco podemos saber cuándo estamos sufriendo realmente logrando que sea muy fácil el desequilibrio entre ambos.

- Supongo que si – dijo desviando la vista

Los dos chicos quedaron nuevamente en silencio. Ranma a veces odiaba ser tan torpe y no poder entender por completo lo que decía, o quizás, simplemente se negaba a entenderlo, porque sabía que, si llegaba a comprender todo lo que decía Watanuki, todo lo que vivía sería más doloroso y que, con ello, pudiera perder la poca cordura que le quedaba.

- ¿Qué opinas de todo lo que te he mostrado en esta tienda? – preguntó rompiendo el nuevo silencio que se había hecho

- ¿Cómo? – le había tomado desprevenido

- ¿Qué piensas de todo lo que has visto? De los deseos, los objetos mágicos, las peticiones

- Al principio, creo que se me hizo bastante extraño, es decir, yo ya había visto muchos artículos mágicos con el viejo libidinosos y la vieja momia – explicó sin poder evitar que los apodos salieran de su boca – Y, aunque en ocasiones pensé que todos aquellos cachivaches no eran más que pura basura, unas cuantas veces pude comprobar que en verdad podían hacer algo extraño, como la píldora del amor o los extraños hongos de aquella montaña – recordó - sin embargo al estar aquí, he podido ver que hay muchas más cosas extrañas en este mundo, o mundos

- Cierto – sonrió – Si nos limitamos a lo que comprendemos, el mundo puede resultar muy pequeño - acordó con nostalgia

- Eso supongo

- Ranma, ¿Por qué quieres que cumpla tu deseo?

El azabache se sonrojó, a pesar del tiempo y las situaciones que había pasado, a pesar de que había aceptado sus sentimientos para con la peliazul, aun le costaba trabajo poder admitirlo en voz alta.

- No puedo dejar que la familia Tendou sufra por algo que yo hice – dijo sin poder confesar el resto de sus motivos – Además, le prometí a Akane que arreglaría todo este desastre que yo mismo ocasioné

- Hiciste una promesa – meditó – No importa a quién más involucre, cuando decides algo, la promesa es más que nada contigo mismo, así que sólo tu puedes romperla, nadie puede ser responsable ni dueño de las promesas ajenas.

- No pienso romperla por nada del mundo, di mi palabra como hombre y pienso cumplirla, no importando que me lleve toda la vida, no importando lo que tenga que sacrificar. Además, no puedo seguir causando más problemas

- Puede que creas que les has causado muchos problemas a ellos, y tal vez a muchas más personas, pero recuerda que, a quien más problemas has ocasionado, es a ti mismo

- ¿Qué es lo que quieres, Watanuki? – Dijo fastidiado

Usualmente el azabache mantenía la calma ante las pláticas que, esporádicamente, llegaban a tener ellos dos, sobre todo tomando en cuenta que el chico era el que tenía el poder de cumplir su deseo, pero toda aquella plática en enigmas le comenzaba a cansar y a dar un terrible dolor de cabeza. Si debía ser sincero, si comprendía algunas de las cosas que decía, pero cuando se ponía a pensar en ello le ponían de un terrible humor.

- ¿Por qué quieres cumplir tu deseo? – reiteró

- Porque soy un maldito egoísta que no está dispuesto a dejar a Akane en manos de otro que no sea yo – confesó

- Y ¿porqué será eso? – Notó cómo el otro desvió la lista y chasqueó la lengua – Hay muchas palabras que quieres decir, pero sólo un sentimiento que quieres compartir – dijo a modo de burla

- Creo que mejor me iré a limpiar – dijo haciendo el intento de levantarse de su lugar

- Corres, huyes, te rindes, luchas, te desanimas, nada cambia, tu corazón continúa caminando en círculos y crees que eso está bien, pero ¿estás seguro de que quieres que las cosas sigan como están?

- ¡Obviamente no!

- Tranquilo, todo depende de tus sentimientos. Si no eres optimista, las cosas no te saldrán bien. Sé que lo estás pasando mal, pero estoy seguro que si eres más positivo y te esfuerzas, lograrás ver al mundo de otra manera

- ¿Positivo? ¿Esforzarme? ¿Cómo me pides eso? ¡Vivo en esta tienda esperando poder pagar por un deseo, pensando todos los días en dónde está Akane, en cómo la está pasando, sabiendo que ya se casó con Kuno, pensando en cómo estará la familia Tendou, en qué otros trucos sucios a usado Tatewaki para mantenerlos en la palma de la mano y sin saber cuánto tiempo falta para poder liberarlos!

- Ahora que liberaste todos tus pensamientos, tu alma se ha vuelto inestable y tu cuerpo es un mero contenedor vacío

- Pues no me siento vacío para nada, al contrario, me siento fúrico – refunfuñó

- Me refiero a que, ahora que te has desahogado, es más fácil que estés abierto a la conversación. En primer lugar ¿Qué te llevó a ella?

- Ya te lo he dicho, fue una promesa que hizo mi padre con el suyo, de que nos comprometerían para formar una sola escuela de combate libre.

- Y ¿Qué te hizo seguir con ella?

- El compromiso

- Y ¿Buscarla nuevamente en este mundo? – Otra vez silencio - ¿Quieres dejar de buscar conseguir tu deseo?

- No

- Podrías hacerlo – desafió – No importa el camino que elijas, incluso si eso implica darle la espalda al mundo, ahí también puedes ser feliz. Si quieres dejar de hacer algo, debes de pensar en ¿por qué quieres dejarlo? Y ¿por qué no puedes dejarlo? En cualquiera de los dos casos implica las mismas cosas, resolución y sinceridad. Nadie te culparía ni nadie te reclamaría nada.

- Pero no quiero hacerlo, quiero luchar por volver a mi mundo

- Cuando conociste a Akane – continúo – Hubo un momento único, te juntaste con ella, en ese lugar, en ese momento, ustedes dos vivieron lágrimas, sonrisas, promesas, secretos, recuerdos y confesiones, todo eso los unió y los hizo más fuertes, tuvieron camaradería, empatía y compasión, todo eso creó un vínculo entre ustedes.

- ¿Qué es lo que me quieres decir con todo esto?

- ¿Sabes, Ranma? Hay dos clases de recuerdos en todos nosotros, unos son los recuerdos del corazón y otros son los recuerdos del cuerpo y, aunque a veces, el corazón olvida, hay cosas que el cuerpo aún puede recordar.

- ¿Otra vez hablas en enigmas?

- Las palabras viven, y en ocasiones, crean ataduras en la vida misma, y no solo lo atan a uno mismo, sino también a los demás. Sólo nosotros mismos podemos pedir ya sea la felicidad o la infelicidad, no importando el resultado, la gente tiene la libertad de desearlo, y esa libertad es algo en lo que nadie ha de intervenir

- Detesto cuando hablas así – dijo fastidiado, pero sonriendo al haber liberado la tensión de sus hombros y haber podido liberar algo de su frustración.

- Podemos planear todo en nuestra vida, sin embargo, las cosas nunca ocurren tal y como planeamos, y eso, es lo que hace tan entretenida a la vida misma.

- Y ¿si me equivoco nuevamente?

- No existen las decisiones equivocadas, no hay ninguna persona que te pueda impedir continuar escogiendo hacia el futuro en el que te diriges.

- Sólo hay un futuro que quiero

- Debes recordar que, todos los incidentes que ocurren en el mundo tienen su significado, incluso el nuestro.

- ¿Ahora qué…?

Las palabras murieron en su boca al escuchar las cantarinas voces de Maru y Moro anunciando la llegada de un nuevo cliente y, como ya era costumbre, él se levantó para poder guiar a la persona precisamente hacia la habitación en la que se encontraba, para que Watanuki pudiera hacer lo que sea que tuviera que hacer en aquella ocasión.

- Supongo que nuestra conversación quedará pendiente – dijo el azabache antes de salir de la habitación

- Lo que suceda de ahora en adelante, depende de tu elección, lo que sea que tu elijas, será tu verdad – le dijo antes de que se perdiera del alcance de su vista

- Sí, sí

El chico de lentes se quedó sentado, esperando a que el ojiazul trajera al que sería su nuevo cliente con un deseo bastante peculiar. Sonrió sinceramente.

- ¿De verdad cumplirás este deseo? – preguntó la cosa parecida a un conejo negro

- Una oportunidad de hacer algo conlleva un sacrificio. ¿Cuál será el precio a pagar? ¿Lágrimas? ¿Sangre? ¿O tu propia vida? No importa su deseo, si tiene para pagarlo, lo concederé. La energía de la juventud surge del amor y de las adversidades

- Te pusiste muy romántico – se burló

- Bueno, el amor verdadero es muy difícil de encontrar hoy en día – dijo encogiéndose en hombros – dijo parándose y siguiendo el camino que tomó el ojiazul.

Cuando Ranma llegó a la puerta de entrada, su corazón dio un brinco y se olvidó de cómo respirar, frente a él, se encontraba la persona que menos esperaba ver en esos momentos. En un principio no la pudo reconocer, o tal vez su mente no quiso creyendo que se trataba de una alucinación, estaba algo diferente a la última vez que la vio. Llevaba un hermoso kimono y su largo cabello ya no existía, ahora lo llevaba corto, justo como a él le encantaba, se veía mayor a lo que recordaba, hasta podría decir que él mismo se veía más joven, pero había aprendido que, en esa tienda, el tiempo corría de forma misteriosa, sin embargo, hubo algo que lo terminó de convencer, él podía reconocer aquellos brillantes ojos cafés donde fuera.

- Creo que… Lo siento, creo que eh entrado sin darme cuenta

- ¡Bienvenida! – Canturrearon nuevamente las niñas

- Que tu hayas podido entrar a mi tienda no ha sido un error. Un corazón anhelante. Un fuerte deseo. Un juramento de nefastas consecuencias. Si cierras los ojos, tu deseo se cumplirá. Si desvías la mirada, todo será como te lo imaginas. Pagarás lo que debes o romperás el círculo de causa y efecto. Nuevas consecuencias vendrán por las decisiones tomadas. En este mundo no existen las coincidencias, sólo lo inevitable.

FIN


Notas del autor

Y este fanfiction llegó a su fin. Disculpen el retraso en la entrega de este capítulo, pero las festividades están a la vuelta de la esquina y he tenido muchas cosas por hacer, pero no quería que este año llegara a su fin sin darle una conclusión.

Este capítulo llegó con un fanart que cree específicamente para esta escena y que ha estado guardado por varios meses, pueden encontrarlo en deviantart o tumblr con mi usuario aikohiwatari, o en instagram con el usuario . Es increíble que me haya tomado tanto tiempo escribirlo, se sintió como un abrir y cerrar de ojos

Espero que les haya gustado leer mi fanfiction tanto como yo disfruté escribiéndolo y sacándome de la cabeza esta historia que poco a poco fue tomando forma porque, como les dije, en un inicio la idea era para un fandom completamente distinto y decidí adaptarlo para este fandom y, realmente fue muy satisfactorio ver como la historia fue tomando vida propia.

Agradezco a todos los que siguieron esta historia hasta el final porque todos ustedes le dieron vida a este fanfiction, sin ustedes, el lector, esto jamás habría sido posible.

Solo me resta decir, hasta la próxima historia