Regina Mills era bióloga marina y ha trabajado en la universidad de la ciudad como profesora de biología los últimos diez años, allí ha vivido experiencias inolvidables, sus estudiantes la querían mucho y la llenaba de satisfacción que ellos la recordaran incluso después de graduados, pero lo más bonito que le había sucedido fue, que entre su colectivo de compañeros de trabajo, encontró el amor, ella que siempre fue desdichada en esos temas románticos, pensó que junto a su compañera Emma Swan, profesora también de biología, por fin esos días de oscuridad habían terminado, primero se hicieron amigas, compartían mucho tiempo juntas, se fueron conociendo detalladamente, crearon tal confianza que se revelaron cada secreto de su corazón hasta que su atracción mutua las llevó a confesarse que se habían enamorado, fue hermoso ese día, salieron a celebrar a un club y en medio de la pista, Emma la tomó por la cintura y le habló tan bajito al oído que todo su ser se estremeció llevándola también a corresponder la confesión que acababa de recibir, allí bailaron una canción romántica a petición de los espectadores quienes las dejaron solas en medio de la pista y se orillaron alrededor de ellas para admirar su intercambio romántico, literalmente se volvieron las estrellas de la noche, hecho que marcó el inicio de una relación colmada de felicidad y días de luz, así pasaron cuatro años, rentaron un apartamento donde se mudaron, lo llamaron su burbuja de amor, donde se refugiaban cuando el estrés del trabajo las asfixiaba, cuando la monotonía de la vida las desesperaba o cuando simplemente, querían ser libres para amarse, pero, un buen día, todo ese sueño de amor, desapareció como un castillo de papel desvanecido por una tormenta, apartándolas sin posibilidad de reconciliación y ahí estaba Regina, hoy, en el día de su cumpleaños, amaneciendo sola en su casa, extrañando esos días que Emma levantaba su ánimo y convertía en luz su oscuridad, llevaban tres meses separadas y le parecía que el tiempo no había pasado, que de momento, entraría a la habitación con un pastel, una velita cantándole las mañanitas, miró varias veces para la puerta esperanzada, mas nada ocurrió, no lo pensó más, se levantó y se preparó para enfrentar un nuevo día en la universidad, tenía clases hasta el último turno de la tarde, sería un día extenuante, quizás lo quiso así pues de esa forma no pensaría en que a la hora de partir, nadie la esperaba en casa para celebrar esa fecha, limpió las lágrimas que mojaban sus mejillas, cerró la casa y se fue a tomar un taxi.
El tan ansiado día había llegado, si cinco meses atrás le hubieran dicho que esa mañana abriría los ojos para encontrarse sola en su cama, no lo hubiera creído, era el cumpleaños de la mujer que tanto amaba, quien poco a poco desapareció sus cicatrices de amor, nadie antes la había comprendido tanto como Regina, esa mujer que se metió en lo más profundo de su corazón y lo revolucionó todo en su vida, ella se enamoró como una adolescente, hoy sentía ese amor latir con más fuerza y a la vez con un profundo dolor, era su cumpleaños y no podría entregarle todo su cariño tal como se lo había prometido, no se le podía olvidar que por su culpa, estaban distanciadas por ella no quererle confesar la verdad, cuando ocurrió ese desafortunado suceso, no tuvo el valor de hablarle claro, quizás si lo hubiera hecho las cosas hoy serían de otro modo, pero ella no quería arruinar todo, por eso calló, permitiendo que ante los ojos de esa mujer que amaba, ella fuera la mala de la película, imaginaba que tendría que cargar con esa culpa en su conciencia, dejó de darle vueltas al asunto y se animó a levantarase de la cama, aunque todo su ser le decía que hoy no sería un lindo día, no haciéndole caso a esas premoniciones del alma, llegó a la universidad y con lo primero que se encontró fue con la mujer que ocupaba sus pensamientos, allí estaba, conversando con un estudiante, llevaba un vestido negro hasta encima de la rodilla y su cabello suelto, le gustaba llevarlo corto, otra cosa más que le encantaba de ella, la miró de arriba hasta abajo y no pudo evitar suspirar por su belleza, irguió la frente y continuó su camino.
"buenos días", saludó al ver a una de sus colegas.
"Emma, buenos días, ¿participarás en la fiesta sorpresa que le hemos preparado a Regina?", le preguntó con cautela, todos sabían que ellas no estaban juntas, quizás le incomodaba el hecho de compartir con ella.
"no lo sé Dorothy, tengo mucho trabajo hoy", se excusó, mirando de reojo a Regina quien caminaba hacia ellas, "tengo que irme", se apresuró a marcharse.
"Regina, buenos días", saludó a su compañera que llegaba.
"directora, ¿qué tal?", nunca en todos los años que trabajaron juntas, la dejó de tratar con ese respeto, a pesar de ser las mejores amigas.
"muy bien, ¿cuántas veces tengo que decir que somos amigas?", negó con la cabeza, como no aceptando ese regaño, allí en la escuela ella era la máxima autoridad, como tal debía ser tratada.
"déjeme hacerle una pregunta, ese proyecto de biología en el que estamos trabajando, ¿podremos involucrar a un grupo de estudiantes interesados?", de eso era lo que hablaba con el estudiante que la esperó en la entrada para obtener esa información.
"si consideras que serán de ayuda, yo encantada, considero mucho tu opinión profesional", explicó Dorothy.
"gracias, directora", le sonrió, todo estaba bien, hasta ahora nadie se le había ocurrido felicitarla por su cumpleaños, era mejor así, no estaba para ponerle a su rostro una felicidad que realmente no sentía.
"recuerda que en la tarde tenemos una reunión extraordinaria en el teatro de la universidad", acotó Dorothy, ella rodó los ojos, siempre era quien primero llegaba a cada actividad, era su trabajadora más destacada.
"nos vemos directora", sonaba el timbre para comenzar las clases, así estuvo todo el día, tapada de encuentros con los estudiantes, terminó tan cansada que olvidó esa reunión que con tanta exquisitez le había recordado la directora en la mañana, recogía sus pertenencias para marcharse, tenía planeado llegar a su casa, darse un baño e irse a la cama.
"aquí estás", su compañero Augusto la sorprendió.
"te veo sin aliento, toma aire", parecía haber corrido un maratón.
"te esperamos para la reunión en el teatro quien único falta eres tú", se puso la mano en la cabeza, se olvidó por completo.
"no hay tiempo que perder", le dijo Augusto, ya le parecía extraña esa insistencia, terminó de recoger todas sus cosas y fue con él hasta el lugar donde la esperaban.
"está todo oscuro, Augusto", resaltó, parecía no haber nadie, su compañero no le respondió, en su lugar...
"¡SORPRESA!", exclamaron a coro, estaban escondidos esperándola con todo adornado, las luces se iluminaron de momento, allí estaban sus compañeros con una amplia sonrisa para festejar junto a ella su cumpleaños, hizo recorrido visual, hasta que sus ojos se detuvieron en ese lugar donde añoraba regresar, a donde todavía se preguntaba el porqué ya no podía estar, allí donde se sentía como en casa, "¡felicidades!", exclamaron nuevamente, comenzando así la fiesta, el entusiasmo la contagió y se dejó llevar, bailando y disfrutando ese día como no lo imaginó.
"parece que no la estás pasando bien", Emma solo observaba la diversión sin ser capaz de unirse a ella.
"así no era como había planeado este día Lily", dijo con pesar.
"las cosas en la vida no siempre son como uno las sueña", sabias palabras, la miró con aceptación, Lily era su amiga desde la adolescencia, con ella no se podía andar con rodeos, "deberías aprovechar esta oportunidad para decirle la verdad, ¡qué mejor regalo de cumpleaños!", la ragañaba por su cobardía.
"ya no vale la pena", se reprimía por no haberlo hecho en su momento, ya para qué se molestaba en seguir lastimando la herida.
"Regina es la única mujer que le ha sacado el brillo a esos ojos azules, no dejes escapar esa oportunidad", la dejó sola con su pesar y se incluyó a la fiesta, moría por ir a la pista y sacarla a bailar, tomó de un solo sorbo su trago para que le diera el coraje que necesitaba, cerró los ojos y para cuando los abrió y se dispuso a ir, Daniel, el profesor de matemáticas, le tomó la delantera, se llevó a Regina a la pista y el muy coqueto no la soltó hasta que se acabó la fiesta, que se marcharon juntos.
"no debiste molestarte", insistió llevarla a su casa, ella no se negó por no hacerle un desaire, "sabes qué, te invito a un bar cerca de aquí", dijo en un impulso.
"para luego es tarde, ¿dónde es ese bar?", muy presto aceptó.
El bar quedaba a solo tres cuadras, allí entraron y se sentaron en la barra, comenzaron a beber, Daniel se sorprendió porque Regina bebía a la par de él, probaron todo tipo de tragos preparados y ella ni enredado hablaba, mientras él comenzaba a contar obejitas delante de sus ojos.
"nunca uno entiende a las mujeres", comenzó Daniel, tenía un amor imposible y ni caso le hacía.
"¿a qué viene eso?", conversaban de un tema relacionado con sus vidas y él de momento cambió con esa afirmación.
"Lily, ni me mira", se lamentó, en medio de sus tragos de más, el sentimentalismo se elevó.
"lo sabía, nunca quisiste confesármelo, pero siempre lo supe", ella con alegría mandó a que les sirvieran otro trago.
"me tiene embobecido", confesó, el pobre llevaba años intentando conquistar el corazón de la mujer y ella ni caso le hacía.
"bienvenido al club, colega", ella también estaba embobecida por Emma y se tenía que conformar con verla desde la distancia.
"celebremos nuestros fracasos amorosos", alzó su trago y Regina lo siguió, ahogaron sus penas hasta la madrugada, se fueron de ahí tambaleándose por toda la calle.
"mejor vamos a mi casa", a estas alturas de la noche, ya los tragos se le habían ido para la cabeza y ni coherencia tenía en sus palabras, el enredo era notable.
"durmamos juntos entonces", respondió Daniel quien estaba peor que ella.
Regina intentó abrir la puerta con la llave y por su borrachera veía doble imposibilitándole lograr su objetivo.
"amigo, creo que tendremos que dormir en el portal, la llave no quiere cooperar", informó después de una fuerte batalla entre la llave y ella, ambos sentados en el suelo uno del lado del otro con la cabeza pegada, esa sería la terminación de semejante noche de copas, pero como siempre hay un alma caritativa que te salva en los momentos de urgencia, un vecino con el que tenía excelentes relaciones, pasaba por ahí de casualidad y terminó abriendo la puerta, entraron, la cama fue su último lugar, allí cerraron los ojos hasta el otro día, que el dolor de cabeza los despertó.
"cierra esa ventana, Regina", pidió Daniel, los rayos del sol incidiendo directamente en sus ojos.
"lo que tenemos que hacer es levantarnos para ir a la universidad", intentó predicar con el ejemplo, sus pies no le respondían, el estómago le daba vueltas del hambre y la cabeza parecía una bomba atómica.
"me duele todo el cuerpo", protestó.
"ya se te quitará, vamos holgazán, levántate", hizo su segundo intento y pudo vencer.
"he llegado a la conclusión de que no beberé más contigo", él también tuvo que hacer un gran esfuerzo para levantarse.
"espera que te sorprenda la melancolía y me buscarás, ya verás", se fue al baño, se echó agua en el rostro para quitarse el sueño de encima, "iré a preparar café", salió de la habitación para darle privacidad, un café bien cargado y sin azúcar los ayudaría a empezar el día.
"esto está fuerte, ¿dónde aprendiste a preparar el café así?", protestó, se sostenía la cabeza y cerraba los ojos por la sensibilidad a la luz.
"mejor te lo dejo para que lo imagines", se bañó, se arregló y salieron de la casa.
Esa noche no durmió, pensando en ella, se imaginaba que podían haber pasado un rato romántico luego de que la fiesta terminó, pero lo que realmente ocurrió fue que la soledad la golpeó, dejándola devastada, por eso, se levantó temprano y fue cerca de la casa de Regina, se le había hecho una costumbre perseguirla sin que se diera cuenta, a veces la seguía hasta la casa, otras como esa mañana, se apresuraba para verla salir al trabajo, para su muy desagradable sorpresa, la vio salir muy sonriente con Daniel, el mismo que no la dejó ni a sol ni a sombra el día anterior, sus ojos se llenaron de rabia y celos, muy rápido la había sustituido, ni sabía por qué se torturaba de esa manera si ellas ya no estaban juntas.
Por suerte, ese día ni coincidieron, no quería verla, pero se moría por ir a reclamarle su proceder, ella misma se frenaba porque no estaba en posición de exigirle nada, la relación terminó por su culpa.
Pasaron varias semanas y la distancia entre las dos fue creciendo, si se encontraban en los pasillos de la universidad, se evadían, ni una mirada se dedicaban, esa situación duró hasta un día que Regina no tuvo clases y prefirió quedarse en la universidad en el laboratorio de biología para terminar un informe del proyecto del que ella era la responsable, Emma tuvo clases en el mismo lugar y casi no pudo concentrarse por su presencia, sus miradas asesinas no cesaban creando entre ellas una tensión que debían resolver.
"esta situación debe acabar", de atrevida, Regina esperó a que los estudiantes se marcharan y quedaran solas en el laboratorio.
"¿de qué hablas?", jugó a la inocente.
"desde hace días noto como si tuvieras algo que decirme", ya bastante tenía con su separación como para que su ambiente de trabajo fuera incómodo.
"nada, todo lo que yo te quería decir, te lo dije aquel día", mintió, claro que sí porque había quedado mucho por decir.
"por supuesto, confesarme la verdad nunca estuvo contemplado entre tus planes", encontró varias llamadas de la misma mujer en su celular, le reclamó, consiguiendo que se pusiera extremadamente nerviosa sin saber qué decirle.
"miren quién habla de la verdad, tú no te quedas muy detrás, tan pronto pestañé y te fuiste con otro, ¡qué calladito te lo tenías!", Regina no sabía de lo que ella hablaba, por eso la miró esperando a que explicara, "no te hagas la inocente, te vi salir de tu casa con él, iban muy contentos señal de que la noche fue muy divertida", la discusión se les estaba yendo de control.
"¿ahora te dedicas a expiarme?", preguntó ofendida.
"si estuviéramos juntas no tuviera que expiarte", confesó entre líneas sus deseos de retomar la relación.
"si no te hubiera visto abrazando a esa mujer, esta conversación sería otra", esa era la verdadera razón por la que se habían separado y ella se lo calló.
"¿por qué, por qué nunca me dijiste?", toda su furia quedó en el olvido.
"porque pensé que serías lo suficientemente mujer como para confesármelo", las dos se mantuvieron la mirada por unos minutos, "es mejor continuar como hasta hora, lo nuestro no estaba destinado a ocurrir", cerró los libros con lo que trabajaba y se marchó, Emma parecía un alma en pena, nunca pensó que una sorpresa provocaría ese tan terrible malentendido.
Regina salió de la universidad a caminar, tenía que despejarse, cómo Emma se atrevía a llamarla infiel si la verdadera traidora era ella, la vio abrazarse con esa mujer y su corazón volvió a romperse en pedacitos, luego esos mismos pedacitos se hicieron más pequeños cuando tuvieron esa discusión donde no quiso decirle la verdad, donde todo terminó, las lágrimas de sus ojos parecían cascadas, es que la amaba, cómo podría hacer para olvidarla, quizás tomar distacia, pero eso significaba dejar su carrera como maestra y ella amaba la docencia, no, otra solución debía encontrar, huir nunca fue una solución, de tanto caminar se le hizo de noche, regresó a su casa donde la esperaba una persona, sorprendiéndola con su presencia.
"¿Dorothy?, ¡qué sorpresa!", ella y la directora de la universidad eran mejores amigas, cuando comenzó la universidad siempre pensó en ella para que formara parte de su claustro de profesores, se lo agradecía, gracias a eso, descubrió su segunda pasión, porque la biología marina era la primera, enseñar ya era para ella como el aire para respirar.
"tengo que decirte dos cosas", la veía impaciente.
"entremos", se sentaron en la sala de su casa.
"tan organizada como la última vez que vine a visitarte", siempre la elogiaba por su forma tan estricta de organizar la casa.
"y eso que la tuve medio abandonada", se le fue el comentario.
"por supuesto, los años que duró tu relación con Emma", esa era la consecuencia de que su lengua se soltara, "todavía no entiendo y no lo entenderé", ellas le dijeron a todo el que las conocía que su relación simplemente no funcionó.
"tenías dos cosas que contarme", cambió el tema.
"la primera es que cumplo aniversario de bodas con Ruby, tengo que darle una sorpresa, tú eres la persona indicada para esa tarea", ella era una mujer poco romántica, no entendía, "te daré el contacto de una agencia de organización de eventos", sacó una tarjetica de cartón de su cartera, "tengo la plena convicción de que saldrá todo perfecto", depositaba en sus manos una tarea algo complicada, pero por su amiga lo haría.
"¿y la otra?", estaba segura de que había dejado lo mejor para el final.
"tu proyecto de biología obtuvo el primer lugar en un evento internacional al que lo envié sin que lo supieras", Regina quería matarla, bien claro le especificó que no quería enviar ese proyecto a ningún evento, "eres famosa", le dijo para evitar la furia de su amiga.
"¿qué haré contigo?", en su casa sí la trataba sin tanto respeto.
"preparar la fiesta sorpresa para el amor de mi vida", tuvo que reírse.
"lo haré por Ruby porque tú no te lo mereces por lo que me acabas de hacer", advirtió.
"anda mi gruñona, sé que estás contenta porque tu esfuerzo valió la pena", se le ocurrió achicarla para ver si conseguía su compasión.
"lo haré, no tienes que seguir congraciándote conmigo", entre las dos, prepararon la cena, invitaron a Ruby, quien con mucho gusto, acceidió visitar a su amiga, por el ajetreo del trabajo, casi no se veían, pasaron una maravillosa noche de chicas.
Dos días después, Regina tenía una cita con la dueña de la agencia que la ayudaría a preparar la fiesta sorpresa para su amiga Dorothy.
"mucho gusto, Regina Mills", se citaron en un restaurante, eso ayudaría a mantener intacto el secreto.
"mi nombre es...", a Regina le pareció conocerla de alguna parte, de hecho, le pareció que la muchacha frente a ella tenía la misma impresión.
"¿nos conocemos de alguna parte?", sin dejarla decir su nombre, preguntó.
"dudo que yo olvide un rostro de hecho estaba a punto de comentarle que hace varios meses me contrataron para hacer una fiesta de cumpleaños para una mujer con su mismo nombre, solo que nunca la vi en persona, quien me contrató deshizo el contrato tres meses antes de la fecha", explicó aquella mujer sin nisiquiera conocerla.
A Regina le pareció totalmente normal, lo que sí no causó en ella el mismo efecto fue cuando mencionó su nombre, ahí sí palideció.
"bueno, esas son cosas que pasan, mi nombre es Mary Nieves", cerró los ojos, ese nombre lo reconocería hasta con los ojos cerrados, se había pasado varios días soñando con todas las veces que vio en el celular de Emma ese nombre, se aclaró la garganta y toda la verdad se esclareció frente a sus ojos, solo le faltaba aclarar la última interrogante.
"¿por alguna casualidad el nombre de esa persona era Emma?", la muchacha afirmó con la cabeza, de momento una lágrima se le salió, lo que su novia no quería confesarle era que le estaba preparando una fiesta sorpresa, ella con sus celos y su histeria compulsiva de saberlo todo, le arruinó sus planes
"¿usted está bien?", limpió su rostro y fingió que nada ocurría.
"perfectamente, es un gusto conocerla", la conversación continuó sin más preámbulos, Mary terminó siendo muy profesional en su trabajo, los preparativos para la fiesta estuvieron al tiempo que se los solicitó.
Pasaron dos meses y la fecha había llegado, por supuesto que ella fue la invitada de honor, Ruby y Dorothy parecían recién casadas, su felicidad contagiaba, la fiesta fue todo un éxito, pero había una persona que no se sentía muy complacida por estar ahí.
"Lily, vamos, por favor", Emma le suplicaba a su amiga para marcharse del lugar que tantos recuerdos le trajo, desde el primer momento que supo dónde sería la celebración.
"no seas tan amargada, mírala, ha sido la más feliz de la fiesta y tú estás aquí protestando", Regina bailaba alegremente con Dorothy y Ruby.
"no es por ella, es por mí", se creía que a su mejor amiga la engañaría, recibió una mirada cargada de fuego, se intimidó, de pronto…
" ¡atención a todos!" , el DJ habló por el micrófono, la música se detuvo, la pista se despejó y Regina ni aparecía por toda la escena, " esta canción va dedicada a Emma", anunció y todos comenzaron a silbar, las luces se enfocaron en ella y cuando la canción comenzó, se dio cuenta de que era la canción que ella y Regina habían bailado aquel día en esa misma pista cuando se confesaron su amor, " que pase a la pista, por favor", estaba en el bar del club y a tanta insistencia, caminó hasta donde solicitaban su presencia.
"con esta canción quiero confesarte que eres todo lo que quiero para mi vida", el corazón se le aceleró al escuchar su voz, las luces solo las enfocaban a ambas, ella en el centro de la pista, Regina del lado del DJ, sonrió porque de sobra sabía que ella era una reservada excesivamente exigente consigo misma y estar expresando sus sentimientos delante de todos ya era demasiado, "te amo, Emma Swan y me quiero pasar muchos años a tu lado", asintió, era imposible negarse ante tal confesión, la vio caminar hasta ella, la ansiedad por volverla a sentir, la empujó a reducir la distancia y encontrarse a mitad de camino entrellándose mutuamente en un abrazo necesitado.
"te extrañé mi reina", así la llamaba en la intimidad, se aprovechó para susurrárselo al oído.
"yo también mi cisne", correspondió también con el sobrenombre que usaba cada vez que estaban a solas, "prométeme que a partir de hoy no me esconderás nada", Emma entendió perfectamente.
"prometo que no habrán más secretos entre nosotras", ambas debían cuidar el amor tan grande que se tenían.
"¿ya puedo besarte?", con esas promesas hechas, debía pidirle autorización, estaban delante de todos, no quería molestarla, la acababa de recuperar.
"claro tonta", diciendo esto, Emma la besó tan intensamente que sus piernas temblaron, los aplausos no se hicieron esperar, bailaron pegaditas toda la noche, incluso, cuando todos se marcharon, se quedaron allí a solas, sorprendiédolas el amanecer en medio de la pista de baile.
"te amo Regina", le confesó mientras bailaban la misma canción, que ahora se había convertido en su himno de amor.
"¿qué tal si la celebración la terminamos en mi cama?", propuso haciéndola reír, moría por tenerla cerquita, por tocarla, por verla haciéndole el amor y sellar para siempre esa reconciliación tan hermosa, dándose muchos besos, esos que por un desafortunado malentendido, no pudieron darse.
FIN
