–Ven aquí antes de que te quedes dormido.
Yacchan había desocupado su escritorio tirando todo lo que estaba sobre él despreocupadamente al suelo, agachándose para recoger un par de lápices y un cuaderno. Las primeras veces Toono se había sentido horrorizado, pero ahora le provocaba un cariño exasperado. Ya podrían ordenar después.
Sentándose junto a Yacchan, recibió el libro lleno de marcadores de colores que le tendía.
–Esta es la lectura del mes. Un hermano de uno de los chicos lo había leído ya para el examen con la misma profesora, así que si lees las páginas marcadas deberías rendirlo bien.
Toono examinó los marcadores, que le parecieron muchísimos, preguntándose si habría algún motivo por el cual eran de colores diferentes.
–Porque sabes leer… ¿Verdad?
Los ojos de Toono se abrieron con incredulidad y se giró para ver a Yacchan, que había empezado a reírse muy fuerte. Las palabras se le atascaron en la punta de la lengua, haciéndolo tartamudear, hasta que pudo exclamar indignado: –qué dices, Yacchan, ¡por supuesto que sé leer!
Yacchan se reía tan fuerte que se atoró y comenzó a toser. Toono rodó los ojos, pensando que se lo merecía por burlarse de él, pero cuando recuperó el aliento y chocó su cuerpo contra él juguetonamente, pasándole un brazo por los hombros para apaciguarlo, su molestia se evaporó dejándole sólo la sensación del cuerpo de Yacchan, cálido contra el suyo.
–¡Es broma, es broma! –Se rio Yacchan. Le dio un apretón en el hombro, dejando que su mano se deslizara unos segundos por el brazo de Toono, hasta que se alejó y siguió riéndose un poquito más.
–Sólo estaba pensando que si tiene tantos marcadores sería mejor que leyera el libro entero.
Yacchan lo miró directamente a los ojos y Toono supo por su expresión que dudaba que fuera capaz. Tal vez debía sentirse ofendido, pero en el fondo sabía que Yacchan tenía razón.
–Sólo ponte a leerlo ya, tengo que devolverlo pronto.
Toono suspiró quedamente. De sólo leer el título le entraba un aburrimiento enorme, pero debía pasar el examen. Sobre todo considerando que Yacchan se había tomado las molestias para hacer su lectura más fácil.
Qué dulce.
En la voz más teatral que pudo conseguir, comenzó a leer en voz alta.
–En el número siete de la calle-
–Ya, me ha quedado claro que sí sabes leer, pero mantén la voz dentro de tu cabeza.
Había sido el turno de Yacchan de rodar los ojos. Toono sonrió, pero decidió que era mejor no molestarlo más. Respiró profundo y se dispuso a leer.
owomowo
–Toono.
Una mano lo mecía suavemente del hombro, la voz de Yacchan susurrando su nombre otra vez.
–Toono, despierta.
Con los párpados pesados, Toono giró la cabeza para ver a Yacchan erguido sobre él, dedicándole una pequeña sonrisa.
Esa burbujeante sensación que comenzaba en su estómago y se extendía por todo su cuerpo, haciéndole sentir cálido y expectante, no se hizo esperar. Desde el comienzo Yacchan no había tenido que hacer gran cosa para que Toono se sintiera así, pero ahora…
Se dio cuenta de que se había quedado dormido, sentado en el escritorio, con los brazos cruzados sobre el libro haciendo de almohada.
–Tienes suerte de que hoy me sienta particularmente benévolo.
–Benévolo –repitió Toono, riendo. Era una de las palabras que habían aprendido en clase esa mañana.
–Más te vale aprobar el examen de biología, porque si llegaste tarde aquí tan cansado después de haber estudiado con Yuu que no pudiste leer el libro porque te quedaste dormido y aun así repruebas, te patearé el trasero.
Toono asintió con los ojos muy abiertos, intimidado y asombrado porque Yacchan había dicho todo eso sin coger aire entre medio.
–Mientras dormías traje algo de cenar, deja eso ahí y comamos.
Irguiéndose, Toono puso las manos en un extremo del escritorio, arrastrándolas hasta botar todo al suelo por el otro extremo. Para Yacchan no fue nada especial, pero a Toono le causó horror y extrañamente, una gran satisfacción a la vez (pero no quería decir que fuera a hacer lo mismo en su propia habitación).
Sentado hombro con hombro junto a Yacchan, mientras cenaban y conversaban, sentía paz y agitación al mismo tiempo. Era como estar en casa, pero a la vez había algo que lo mantenía alerta, a la espera. Creía saber qué era, pero aún no se sentía listo para nombrarlo, ni siquiera para sí mismo.
Al terminar de comer, Yacchan bostezó grande, estirándose.
–Vayamos al baño y a dormir. Estoy cansado.
Toono asintió. Expectante, esperó que Yacchan liderara el camino.
Pero Yacchan no se puso de pie, sólo se le quedó mirando. Toono pensó que tal vez tenía restos de comida en el rostro, y se limpió rápidamente con la mano. Entonces empezó a sentir ese cosquilleo en el vientre que le era familiar, cada vez que estaba con Yacchan, que pensaba en él.
Sus mejillas se sentían calientes y cuando creyó que ya no soportaría la tensión, Yacchan apartó la mirada, con las mejillas sonrojadas.
–Vamos.
owomowo
Una vez listos para dormir, los dientes cepillados y los pijamas puestos, se acostaron en la cama.
A estas alturas, era una rutina. Yacchan sacudía el cobertor, Toono se deslizaba hasta estar cerca de la pared, Yacchan se tumbaba también y los cubría a ambos. La mayoría de las veces Yacchan se acostaba dándole la espalda, pero esta vez ambos estaban boca arriba.
No había nada especialmente diferente, pero la sensación de que algo tremendo iba a suceder le estaba erizando la piel.
¿Está Yacchan sintiendo lo mismo?
Entonces, Yacchan se movió, sólo un poco, quedando de lado. Por un momento dejó de respirar, siendo demasiado consciente del calor que emitía el cuerpo de Yacchan, de los latidos desbocados de su propio corazón.
–Toono –susurró Yacchan.
Girándose, sus ojos encontraron los de Yacchan, que se desviaron un segundo a sus labios.
Toono sentía que su corazón latía tan fuerte que se preguntó si Yacchan era capaz de escucharlo.
Una oleada de calor recorrió todo su cuerpo, viendo cómo Yacchan se acercaba a él.
Sus ojos se cerraron por voluntad propia cuando la respiración de Yacchan le hizo cosquillas en el rostro.
Entonces los labios de Yacchan, suaves y cálidos, se posaron por los dos segundos más largos de su vida sobre los suyos.
Yacchan se separó, y Toono abrió los ojos encontrándose su rostro muy sonrojado, notándolo incluso en la oscuridad de la habitación.
No dudaba que el de él estuviera igual.
–Buenas noches, Toono –susurró Yacchan apresuradamente.
La mente de Toono había quedado reducida a estática, pero la perspectiva de Yacchan volteándose y dándole la espalda hizo que abrazara a Yacchan contra su pecho lo más fuerte y rápido que pudo.
Ambos se quedaron paralizados. Toono estaba tratando de respirar correctamente al tiempo que en su mente gritaba, impactado.
Después de lo que se sintió una eternidad, Yacchan se movió, buscando una posición más cómoda, abrazando a Toono por la cintura y enterrando su rostro en su pecho.
La cabeza de Yacchan había quedado bajo su barbilla, y Toono aprovechó para olisquear su cabello, que olía siempre tan bien. Sus labios, que aún le hormigueaban por el beso de Yacchan, esbozaron una amplia sonrisa.
–Buenas noches, Yacchan.
