Demonio de ojos verdes.
Romper. Cortar. Rasgar.
Primero empieza con los brazos. Comienza a trazar patrones y dibujos dolorosos e irreconocibles para el ojo humano.
Luego son las piernas. Lentamente líquidos y bichos comen y desgarran la piel tan delicada.
Después es la espalda. Y al ritmo de una canción que empieza a tararear esculpe todos tus pecados, desde el más pequeño y olvidable hasta el más grande y motivo de tu sufrimiento.
El que sigue es el pecho. Quita, desacomoda y vuelve a poner los órganos en su lugar. El proceso lo repite siete veces y luego se detiene.
Por último es la cara. Venda los ojos para que solo vean oscuridad. Arranca la oreja de manera relajada, cose los labios con las cuerdas vocales, quita pelo por pelo de la nuca. Baña la nariz en sangre. Y por último saca la tela de los ojos y permite ver su rostro.
Cabello rubio y lacio. Aparentemente suave como el algodón. Con insectos muertos enterrados en el.
Piel bronceada y perfecta. Sin cicatrices ni cortes. Manchada de sangre y lágrimas en la nariz y oídos.
Sonrisa inocente y brillante. Sea volvía retorcida y sínica. Con dientes filosos que salían cada vez que se escuchaba un grito y llantos.
Pero lo más hermoso y terrorífico eran sus ojos.
Ojos color esmeralda y bonitos. Mostraban mil demonios dentro de ellos. Se iluminaban con el dolor y se apagaban con el silencio.
Era lo último que veían. Después les quitaba los ojos y morirían.
Todo pararía por un segundo o dos.
Y luego volvería a empezar.
Todo gracias a un demonio de ojos.
