Después de un rato Draco se tranquilizó y entró a la mansión, pero antes de dirigirse a su habitación se desvío a la alcoba donde se encontraban Hermione y su hijo. Al abrir la puerta con cuidado de no ser escuchado, pudo verlos a ambos dormir. Se acercó y se arrodilló a un lado de Hermione, observándola, fue inconsciente de como su mano se aproximó a la mejilla de la joven en un intento por acariciarla, pero al detener su vista en su anillo de bodas se detuvo y cerró la mano en un puño.
Soltó un suspiro y se levantó dirigiéndose a su habitación no sin antes darles un último vistazo.
A la mañana siguiente Hermione despertó antes que su hijo y asegurándose que no tenía fiebre le dio un beso en la mejilla y se bajó de la cama con el firme propósito de hacerle algo de desayunar a su hijo.
Bajó las escaleras y sintiéndose algo desorientada al estar en esa enorme mansión, giró hacia la izquierda y miró un largo pasillo, comenzó a caminar y vislumbro una puerta de dónde provenía un delicioso aroma a pan recién hecho.
Estaba por entrar cuando la voz de Narcisa la hizo girar sobre sus talones.
— ¿Qué crees que haces?
—Lo siento señora Narcisa…yo solo buscaba hacerle algo de comer a mi hijo— respondió apenada
La rubia la miró con mala cara y respondió:
—me pregunto ¿qué clase de mujer eres tú? Aquí nadie te quiere
La joven tragó grueso tratando de que sus palabras no la lastimaran
—Eso lo tengo muy claro, si estoy aquí es porque su hijo insistió en traernos
Narcisa la miró con odio — Tú hiciste que se rompiera el compromiso de mi hijo con Astoria —la chica abrió los ojos, sorprendida —Pero una cosa si te digo: tú nunca te convertirás en mi nuera ¡Nunca! Antes muerta que llegar a permitirlo
Hermione sintió un extraño alivio internamente y no pudo evitar preguntar
— ¿Él rompió su compromiso?
Narcisa notó un deje de felicidad en su voz y con una sonrisa le contestó— no cantes victoria tan pronto, muchachita… Ayer Draco visitó a Astoria y le devolvió la argolla —dijo sonriéndose y notando cómo sus palabras afectaban a la joven— Mi hijo le dijo: Jamás te dejaría por esa zorra y su hijo
En ese momento Draco se aproximó a ellas, y aunque su madre trató de fingir amabilidad hacia Hermione, él había escuchado todo
—Madre, déjala en paz ¿Hasta cuándo la molestarás?— gritó enojado
Tras de él llegaron Ginny y sus hijos en compañía de George, ya que Harry había salido temprano a trabajar.
— ¿Qué es lo que pasa?—preguntó la pelirroja
—Sí ¿porque tantos gritos?— secundó George
Narcisa dejó de fingir y apuntando con el dedo a la joven le exigió a su hijo qué se llevará a a la mujer y a su hijo
—Juro que le prenderé fuego a esta mujer si no se larga de mi casa. ¿Hablé claro?
—Tú no harás nada, madre—dijo y tomó a Hermione por los hombros dándole la vuelta para que no siguiera escuchando a su madre —Ve por Hugo. Nos iremos de aquí
Narcisa al oírlo lo tomó del brazo —Tú no irás a ningún lado ¡Es ella quien debe irse!
—Mamá ya basta ¡Es suficiente de esto! No dejaré que sigas insultándola —sentencio soltándose de su agarre y dirigiéndose a Ginny, habló —Ayúdala ¿Si?
—Ginny no, lo mejor es que me vaya… Llévenme a tomar un autobús — dijo Hermione al borde del llanto
—Nada de eso….iremos con el sr Lovegood —dijo Draco y a regañadientes subió con Ginny por el Niño
Al verlas perderse de vista se dirigió a su madre con el semblante totalmente enfadado
—No permitiré que sigas torturándola. Mientras yo la protejo de ese animal, tú no pierdes oportunidad de lastimarla. ¡Tú te lo buscaste! ¡Me la llevaré dónde tu veneno no pueda alcanzarla!
—Pero hijo…
Draco negó con la cabeza y siguió los pasos de Ginny y compañía. George se quedó a solas con Narcisa y solo pudo aplaudir irónicamente antes de seguirlos.
Pronto Hermione, Ginny y Draco cargando a Hugo bajaron de las escaleras rumbo a la chimenea pues viajarían por polvos flu hasta la casa de los Lovegood.
El niño al ver a Narcisa escondió su rostro en el cuello del rubio y esto no pasó desapercibido para la Pelirroja. Narcisa por su parte negó con la cabeza, viéndolos partir. Mas de algún modo, encontrará la manera de hacer entender a su hijo.
El sr. Lovegood los recibió con una sonrisa mientras los encaminaba a una recámara para recostar al Niño en lo que prepararan la comida.
—Pero mamá ¡Estoy aburrido de estar en la cama!
—Lo siento mi leoncito pero debes descansar
El Niño renegó, pero obedeció. Y más aún cuándo Draco prometió enseñarle a montar una escoba.
—No creo q sea posible, tal vez a tu novia le disguste — reprochó Hermione pero antes de que el joven pudiera responder Ginny los interrumpió.
— ¡Anchoas!
— ¿Qué?—ambos se giraron a verla
—Se me antojan unas anchoas — miró a Draco — ¿Podrías traerlas? Yo las prepararé
Ginny lo observó pidiéndole con los ojos que debían hablar. Él entendió el mensaje y salió de la recámara, dejando a Hermione y a Hugo en compañía del sr Lovegood.
Estando solos por fin, Ginny habló:
—Rompe ese compromiso ¡Ahora mismo, no me hagas enfadar!
—No puedo hacerlo ¡Ya te lo dije!— dijo cansado de la situación
—Claro que puedes, si no lo haces ¡te juro que te tumbaré de la escoba cuando le enseñes a Hugo!
El rodó los ojos y se dirigió a la chimenea murmurando— Pobre de Potter, ¡Que mujer tan fastidiosa!
—Deja de murmurar, Draco… ¡Anda y no olvides mis anchoas!
—Sí, sí. ¡Te traeré tus malditas anchoas!—dijo antes de desaparecerse
Astoria al quedarse sola en casa decidió mandar un patronus a Draco pidiendo que fuera para informarle de su decisión aprovechando que no había nadie en casa, debido a que sus padres estaban en sus propios asuntos y su hermana se encontraba en San mungo haciendo sus prácticas.
Después de saludarse, decidieron hablar en el jardín, por si alguien llegaba fuera fácil desaparecerse de la mansión.
—Y bien ¿Qué haz decidido?— Preguntó con la esperanza palpitando en su corazón
—Yo… Yo no quiero terminar el compromiso —dijo tímida
—Ya veo— dijo él con algo de decepción
— ¡Secuéstrame!— pidió la joven en un arrebato caprichoso
— ¿Qué? ¿Qué estás diciendo?
—Secuéstrame, Draco—repitió, anhelando que el aceptara
— ¿Perdiste la cabeza o que te sucede?
— ¡No! Pero es la única opción — bajó la cabeza tímida—Mi padre… Él no está de acuerdo con nuestro compromiso y anoche me dijo que si volvía a usar esta argolla me fuera de la mansión
El suspiró —Entonces te has acobardado ¿Es eso?
—No te entiendo
— ¿No entiendes o no quieres entender?...No pudiste enfrentar a tu padre y se te ocurrió está ridícula idea
—Pero yo quiero casarme contigo —respondió con timidez.
—Si lo que quieres es casarte conmigo deberás enfrentarte a tu padre y resolver esto con madurez
Astoria negó con la cabeza —No puedo hacerlo, no puedo ir en contra de mi padre ¡Simplemente no puedo!
Draco puso los ojos en blanco y tomando la argolla de Astoria de su mano se dispuso a ponérsela pero ella le interrumpió:
— ¿Qué vas hacer?
—Dame tu mano, te pondré la argolla
— ¡No! Solo lo haré si me secuestras
El negó con la cabeza, hastiado — ¿Este es el sueño de tu vida? ¿Salir de la mansión a hurtadillas en lugar de hacer las cosas bien?— suspiró y siguió — Pondré la argolla en tu dedo y hablaré con tu padre
—No puedo
—Astoria tienes que enfrentarlo con madurez
—No, no puedo
—Bien. Hablaré con él y le diré lo que has decidido
—No por favor, si se entera me echara de la mansión
—Eso no es problema, puedes ir con familiares o amigos… Incluso a mi mansión
Ella negaba una y otra vez aguantando las lágrimas
— Escúchame bien, yo no soy el tipo de hombre que secuestra a una mujer y huye como un cobarde
Astoria con el corazón partiéndosele en pedazos tomó la mano de Draco y sacó el anillo y junto con el suyo los aventó lo más lejos que pudo, dejando al joven sorprendido
—Si me amarás me llevarías contigo…No puedo perder a mi padre si tú no me amas— sentenció con tristeza —Que seas feliz Draco — dijo alejándose a paso veloz, antes de que las lágrimas la traicionaran
Mientras tanto Xenophilus salió a su jardín a recolectar verduras para la comida, en compañía de Hermione y James. Ginny se quedó haciéndole compañía al Niño, mientras su pequeño hijo dormía en una improvisada cuna, y aprovechando el momento a solas le preguntó:
—Dime una cosa Hugo ¿Le tienes miedo a la Sra Narcisa? ¿Te asustaron sus gritos?
El Niño la miró con el miedo plasmado en su rostro — ¿Prometes no decirle a nadie?— pidió y Ginny lo prometió
—Ella me entregó a mi padre— confesó con tristeza
Ginny soltó un bufido de coraje —Dime, ¿Por qué no le has dicho nada a Draco o a tu madre?
Hugo bajó la cabeza con pesadumbre y comenzó a relatar — Una vez mi papá y mi mamá estaban hablando y los escuché…Mi mamá le contó a mi abuelo que mi papá la golpeaba y mi abuelo murió…Papá le dijo a mamá que si no le hubiera dicho nada el estaría vivo y que todo era culpa de mi mamá
—Mi niño— dijo Ginny con lágrimas en sus ojos
—No quiero que lastimen a mi mamá…Si yo no hablo mi mamá no morirá
La joven miró al niño enternecida y consternada por partes iguales, le dió un beso en la frente y acaricio su mejilla.
—Tranquilo, nadie lastimará a tu mamá ¡Te lo prometo!—dicho esto lo abrazó
Pasaron unas horas y por fin Draco volvió con varias bolsas en cada mano. Hermione le ayudó con una bolsa y pudo percatarse que el anillo de compromiso ya no estaba en su dedo, lo cual la sorprendió y alegró internamente.
— ¿Dónde está Hugo?— preguntó ignorándola
—Está arriba, durmiendo
El pasó de ella y subió escaleras arriba con las bolsas de las compras. Ginny junto a James se acercaron a Hermione y ella sonriente les expresó:
— ¡No trae el anillo!
—Excelente, ahora ve tras el y consigue que te cuente que paso
Hermione borró la sonrisa de su rostro pues no se sentía lista para indagar en su vida.
—Pero yo…
—Anda ve…nosotros prepararemos las anchoas—dijo quitándole la bolsa de las manos
—Pero mamá —renegó James —Yo siempre te ayudo…no quiero
—Claro que quieres. Algún día me lo agradecerás…
Hermione negó, sonriendo ante la pequeña pelea de madre e hijo y decidió alcanzar a Draco en la alcoba de su hijo.
Abrió la puerta y lo encontró depositando las bolsas en el piso, sin hacer ruido para no despertar al Niño.
— ¿Por qué duerme? Ya no tiene fiebre —dijo sintiendo su frente
—Es por las pociones, le producen sueño
El asintió y se dispuso a abrir una de las bolsas entre tanto la joven le observaba con curiosidad.
— ¿Qué es eso?
—Es el uniforme de quidditch de slytherin —dijo orgulloso y ella frunció el ceño
— ¿Disculpa?
—Disculpa aceptada, ahora admira está belleza—dijo extendiendo el uniforme en la cama para después dirigirse a las demás bolsas y sacar unos cuantos dulces y depositarlos en la mesita de noche
Malfoy se sentó en la cama admirando el traje de quidditch recordando sus años escolares y Hermione miraba las demás bolsas.
— ¿Y lo demás?
—Son regalos. No los abras…estoy seguro que le encantarán
—Bien— dijo seca, sin saber cómo abordar el tema —Draco— empezó con timidez
—Hermione— respondió sintiéndose raro al hablarle por su nombre
—Ya no traes la argolla
—¿Ah, sí? ¿No me digas?— dijo con ironía
Ella le miro curiosa— ¿Dónde está?
El sin despegar la vista del uniforme contestó —Se fue directamente a la tierra…Astoria las aventó por los aires como una bludger furiosa
—Mírame a la cara, Draco
—Shhh, no grites. Despertarás al Niño
Hermione enojada por no obtener respuestas claras se le acercó — ¿Por qué las aventó por los aires?
—Oye ¿Qué es esto? ¿Un interrogatorio?— dijo divertido dejando el uniforme de lado y sentándose en la cama
—Solo es simple curiosidad…además a mí no importa, si ella quiere, que te la lance por la cabeza de piedra que tienes
El joven sonrió y observó cómo se sentó a su lado enojada. Finalmente suspiró y habló — Ese anillo fue puesto en su mano por una locura
—Y ahora que Astoria se la quitó ¿No me digas que recuperaste tu cordura?
—Hermione, ella se quitó la argolla y la lanzó al aire eso fue lo que pasó
— ¿Estaba enojada?
El asintió
— ¡Quién sabe qué le habrás hecho a la pobre!
El suspiró —Debes saber que yo no abandone a Astoria, ella fue quien lo hizo ¡Así que no me culpes a mí!— resopló cansado— Es lamentable, el matrimonio no se hizo para hombres como yo
—No digas eso, algún día la mujer indicada aparecerá y te hará cambiar —le sonrió y el le devolvió la sonrisa sin dejar de mirarla a los ojos
—No sé, tal vez esa mujer ya apareció…pero quizás no está lista para este loco— ella parpadeó varias veces bajando la mirada sonrojada —y tampoco debería estarlo…Por ahora me conformo con verla sonreír— dijo y ella levantó la mirada perdiéndose en sus ojos grises, hasta que Hugo comenzó a moverse incorporándose, haciendo que ellos salieran de su ensoñación
Ambos sonrieron al Niño, quien desvío la vista al uniforme de quidditch y a las bolsas en el piso
— ¿Es para mí?
—Claro que sí, campeón ¿Para quién más?
El aludido se levantó de un salto y lo abrazó mientras decía alegre— ¡Hurra, hurra! ¡Draco es el mejor! ¡Hurra, hurra! ¡Draco es el mejor!
Se soltó del abrazo y fue corriendo hacia el uniforme, lo miró con ojos brillantes y un nudo en la garganta se le formó
—Nunca pensé que usaría uno…Ya sabes… En la otra casa no me dejaban salir— dijo melancólico
Draco se aclaró la garganta y tratando de animarlo le dijo — Anda pruébatelo. Te compre el mejor uniforme, de la mejor casa de Hogwarts: Slytherin
El Niño sonrió — Mamá estuvo en Griffindor
—Así es mi leoncito, y el sombrero seleccionador elegirá la mejor casa para ti
—Que será slytherin —dijo Draco provocando que Hermione le lanzara una mirada asesina
—Háblame más sobre las casas de Hogwarts, Draco —pidió sentándose a su lado, sin soltar su nuevo uniforme
La joven observó la paciencia y la ternura de Draco hacia su hijo mientras le contaba a su manera la historia de Hogwarts y sus casas, y por un segundo se imaginó que eran una familia, pero pronto Ginebra la sacó de sus cavilaciones, llamándola para que le ayudara en la cocina.
—Pero yo no quiero anchoas mamá
—Hijo, ni siquiera las has probado ¿No crees que merecen el beneficio de la duda?
El niño miró a Draco y negó con la cabeza —Draco dice que saben horrible, así que no quiero
—Genial Draco, ahora no sé comerá las anchoas—le reclamó Hermione, entre divertida y molesta al mismo tiempo
Draco y Hugo se alzaron de hombros al mismo tiempo.
Astoria se encontraba en el alfeizar de la ventana de su alcoba, con la mirada fija. Sus pensamientos daban vueltas como torbellinos en su cabeza. En la soledad de su habitación, la tristeza la embargaba, pues en el fondo siempre supo que no debía casarse con Draco, ya que él no la amaba. Recordaba lo que un día Neville le dijo, aquel día que la visitó sin previo aviso:
— ¡Despierta de una vez, mujer! ¡Draco no te ama! Creo que Ron y tú son los únicos que no quieren ver lo que esta pasando...
— ¿A qué te refieres, Longbotton? Mi matrimonio con Draco es un hecho desde hace tiempo... Y ese tiempo es el que hará que él me ame... Ya verás
—Eres una ilusa... Pierdes el tiempo, en lugar de ganarlo con alguien que de verdad te ama— dijo desesperado
— ¿Alguien como quién?
— Alguien como yo... ¿Acaso no lo notaste?— susurró acariciando dulcemente la mejilla con el revés de sus dedos
Suavemente con su mano tomó su mentón y de manera lenta y seductora la besó, haciendo que en ella se desataran un mar de sensaciones que jamás había sentido al lado de Draco
Y aunque esa fue la última vez que lo vio, su corazón sigue deseando volver a encontrarlo.
— ¡Maldito Draco! Me jugué la felicidad por estar contigo, y ni siquiera así logré que me amaras...— Se dijo a si misma mientras las lágrimas brotaban de sus ojos
Daphne, quien acababa de llegar de San mungo, fue a la habitación de su hermana para ver cómo estaba, sin embargo al encontrar la puerta entreabierta la escuchó llorar y pronunciar el nombre de Draco,sintio una furia y una impotencia en su interior al verla sufrir por él, e ignorante ante la ruptura del compromiso, decidió tomar su bolso y dirigirse al callejón diagon.
En Sortilegios Weasley, George se encontraba haciendo los planos de un nuevo invento, cuando dos golpes en la puerta de su oficina lo alejaron de su diseño.
—Adelante—dice dejando a un lado su labor. Una sonrisa se apodera de su rostro al ver de quien se trataba
—Daph... Viniste a llenar mi alma de color con tus bellos ojos— Dijo esperando escuchar lo que anhela hace años.
Ambos trajeron a su mente esa tarde gris de su vida, cuando su hermano recibía el último adiós de sus seres amados. Él decidió quedarse para charlar por última vez con su hermano…
— ¡Ay, Fred. Cuánta falta me haces! Sin ti, ¿cómo voy a mitigar el dolor de no tenerla? Es inalcanzable, una estrella brillando fuerte en el firmamento de mi alma… y aun así no consigo siquiera tocarla… ¿Recuerdas la felicidad que tenía el día que por fin probé sus dulces labios?
— ¿En verdad mis labios son dulces?— resonó una melodiosa voz a sus espaldas.
Su corazón galopaba y su mente se llenaba de pensamientos de amor… Ella era la mujer con quien quería pasar el resto de su vida, y mermar la inmensa tristeza que su alma albergaba en esos momentos.
—Mira bien Freddy. Ella es LA MUJER… La chica de mi sueños, la dueña de mi corazón…
Ella lo miraba obnubilada. Jamás nadie la hizo sentir tan especial, amada, deseada. Y en ese pequeño momento decidió darle una oportunidad a su corazón. Se sentó junto a él y hablaron toda la tarde. Cuando el sol caía en el horizonte, fue el momento de partir…
—Por favor, no te vayas. Te lo ruego—decía con un nudo en la garganta
—Debo hacerlo, o mi padre…
— ¡Huye conmigo! Vivamos felices donde nadie nos conozca, ni manipule nuestras vidas.
Por un instante Daphne sopesó la idea, sabiendo que la felicidad estaba golpeando su puerta. Y para qué negarlo, si su padre no fuese tan importante para ella, seguiría a George hasta el fin del mundo. Pero tenía una responsabilidad en sus hombros.
—Sabes que no puedo, tengo un deber para con mi familia
George bajó su cabeza vencido, sabiendo que ella era la única que podría decidirlo…
—Entonces te pido un favor. Regresa a mí solo cuando decidas que tu felicidad está a mi lado, y aceptes ser mi esposa. Para ninguna otra cosa. Mi corazón estará esperando ese momento…
Y cuando ella intentó levantarse, él la detuvo con su cuerpo, el cual suavemente la llevó al verde prado, para que se vieran cara a cara, y un beso apasionado selló ese sentimiento que ambos se profesaban. George no quería que acabara, ni Daphne tampoco, pero lentamente se separaron. Ella con un nudo en la garganta, se incorpora y comienza el retorno a su hogar. George se levanta y le recuerda…
—Solo hasta entonces… No antes. Te amo, Daphne.
—Hola— responde tímidamente— Necesito tu ayuda...
— ¿Mi ayuda? ¿Para qué?— dijo totalmente desconcertado
—Astoria tuvo una discusión con mi padre, porque ella esta decidida a casarse con Draco, ya que él le entregó nuevamente el anillo que mi padre había devuelto a su familia para romper el compromiso en el que Granger se interpuso y yo…
— ¡Detente! En primer lugar no digas que Hermione se interpuso, porque bien sabes que no es cierto... Y por otro lado, yo no pienso meterme en ese asunto. Eso es algo que solo le concierne a tu hermana y a Draco... Nosotros somos ajenos a eso
—Es que no entiendes... Necesito...
— ¡Por dios, Daphne!—dijo colérico — Por un mísero segundo me había ilusionado con la idea de que habías venido a jugártela por lo nuestro. Pero como de costumbre, termino chocando contra una realidad que no va a cambiar...
—Veo que no vas a escucharme. Que tristeza...— dijo con lágrimas en los ojos
—Una vez te dije que solo te escucharía cuando vinieses a decir que me amas y que aceptas por fin ser mi esposa.
—Pero como no es así... —continuó en dirección a la puerta—te pido por favor que te marches. Interrumpes mi trabajo
Daphne ahogada en llanto, lentamente se dispuso a salir, y al pasar junto a él, rozaron sus manos mientras George decía:
— Ojalá no sea tarde el día que decidas amarme
La joven levantó la vista hacia él tratando de decir algo, pero nada salió de su boca. En el fondo le había dolido la frialdad con la que la trató, la misma frialdad que ella siempre le mostró.
Al salir de sortilegios weasley, Daphne lloraba sin poder detenerse. Las palabras de George calaron hondo su corazón, y la hacían sentir muerta en vida. Pero ella era una Greengrass, no debía darse el lujo de flaquear ante la tristeza. Secaba sus lágrimas con rabia, sin lograr que dejaran de asomarse de manera rebelde. Pasó por una vitrina con productos de quidditch, maldiciendo que todo le recordara a ese hombre que la tenía atrapada entre la felicidad y la desdicha. De pronto...
— ¿Cómo estás, querida Daphne?— dijo una voz a sus espaldas, haciéndola voltear
— Weasley...
¡Hola de nuevo!
Nuevo capítulo porque la inspiración me ha llegado
¡Nos leemos!
