Hermione no conocía bien a esa joven como para estar segura si fuera capaz de lanzar un hechizo imperdonable sobre ellos, pero no estaba dispuesta a averiguarlo, así que sin pensarlo ni un momento, se puso frente a Draco dispuesta a recibir el hechizo en su lugar, todo pasó tan rápido que no se dio cuenta en qué momento George llegó y desarmó a Daphne.

Estaba segura que si no fuera por qué Draco estaba sosteniéndola de la cintura se hubiera desplomado ahí mismo de la impresión.

Hugo quién había permanecido al lado de George corrió hacia su madre abrazándola. Draco, al asegurarse que ambos estaban bien, se dirigió hacia Daphne y George quiénes parecían tener una discusión acalorada.

— ¡¿Qué te pasa? ¿Acabas de intentar hechizar a Hermione?!— gritó fuera de sí, pero la joven no se intimidaba y le miraba de frente.

— ¡El hechizo era para ti!¡Pero esa tonta se interpuso!

— ¡Daphne cállate!— gritó George, sin embargo ella le vio desafiante.

— ¡Draco!— se acercó corriendo hacia el Hugo—Tengo miedo…vámonos de aquí.

Draco se agachó a su altura y lo cargó mientras le hablaba en tono calmado y le aseguraba que nada había pasado. Se acercó a Hermione y los tres se tomaron de las manos para desaparecer de allí.

Daphne quiso ir tras ellos pero George la jaló del brazo impidiéndoselo. La joven furiosa se deshizo de su agarre y apuntándole con el dedo empezó a despotricar en su contra.

—Escúchame bien: no le diremos a nadie lo que pasó aquí, hablaremos de esto después ¿está claro?— la tomó de los hombros mientras le hablaba.

— ¡Suéltame ya y deja de creer que puedes mandarme!

— ¿Por qué haces esto? ¡Tú no eres así!— exclamó George.

— ¡Tú no me conoces, no sabes nada sobre mi!

Escucharon las voces de los padres de Daphne acercarse, y eso hizo que George accediera a dejarla ir.


Al llegar a la casa Lovegood, Ginny ya los esperaba con una sonrisa en el rostro, la cual desapareció al verlos llegar con las caras serías y enojadas. El niño al bajarse de los brazos de Draco fue corriendo hacia la sala dónde su primo James hablaba con el señor Lovegood sobre criaturas mágicas que en su vida había visto.

Ginny se acercó preocupada a Hermione y le preguntó:

— ¿Qué pasó? ¿Por qué traen esas caras de pocos amigos?

La chica soltó un suspiro y contestó:

—Astoria intentó suicidarse y yo perdí el control y le grité—al decir esto su amiga se llevó las manos a la boca totalmente sorprendida—Y Daphne intentó hechizar a Draco por mi culpa.

Draco se acercó a ellas con el semblante enojado y fastidiado. Agarró a Hermione del brazo intentando apartarla de Ginny y llevarla al jardín donde pudieran hablar a solas, sin embargo Ginny lo jaló del brazo regañándolo.

— ¡Oye! No tienes porqué estar enojado con ella… ¡Anda, sal a caminar! ¡Despéjate! cuando estés de mejor humor entonces regresas ¡Anda, muévete! —le ordenó, pero él hizo caso omiso.

Malfoy rodó los ojos y soltó un suspiro antes de hablar.

— ¡Ginny no empieces!

— ¿Es que no te das cuenta lo asustada que está? ¡No podría dejarla contigo en ese estado!

Draco renegó recordando la valentía o estupidez de la chica al ponerse enfrente de Daphne hace solo unos momentos.

— ¡Ah, no te preocupes! ¡Ella puede cuidarse sola!—pronunció sin dejar de mirar a la chica de cabellos castaños, y ella al sentir su reproche bajó la mirada avergonzada.

—Ginny, por favor…—le pidió su amiga y ella, tras mirar a Draco y a Hermione de nuevo, decidió dejarlos solos para que hablaran, no sin antes decirle a su amiga qué si necesitaba de su ayuda solo tenía que gritar.

Draco y Hermione salieron al jardín para tener mayor privacidad y al cerrar la puerta detrás de ellos el primero en hablar fue el joven.

— ¿Pero qué crees que haces?— empezó Draco.

—Lo lamento yo…

— ¿Por qué te pusiste en frente de Daphne para recibir el hechizo? ¿Por qué?

Al reclamarle esto, ella levantó la mirada y con el ceño fruncido comprendió que él no estaba enojado porque le haya gritado a Astoria sino por poner en riesgo su vida.

— ¿Es por eso que te enojaste? Yo pensé que…

— ¿Qué pensaste mujer? ¿Qué pensaste?

—Creí que estabas molesto por lo que le grité a Astoria.

El levantó los brazos al aire — ¿Por qué me enojaría? ¿Acaso le dijiste algo malo? ¡Le dijiste que como era capaz de lastimarse a sí misma! Pero ahora tú vienes y haces lo mismo. Te pusiste en riesgo por mí, Hermione ¡Y no era necesario!

Ella frunció el entrecejo sintiendo como la culpa se disipaba de su interior.

— ¡Eso no tiene nada que ver! ¡No es lo mismo!—respondió con terquedad.

El llevó sus manos a la cabeza en una clara señal de frustración, para después soltar un suspiro y girar sobre sus talones tratando de controlar la ira.

—Te digo que es lo mismo ¡El resultado hubiera sido el mismo! ¿Y si George no hubiera llegado en ese momento? ¿¡Qué hubiera pasado!? ¡Tal vez ella te habría hechizado de muerte!— ella intentaba defenderse pero él no la dejaba hablar —¡Por qué rayos te pusiste como un escudo?

— ¡Porque te estaba apuntando!—dijo con los ojos llorosos.

—Y eso a ti ¿por qué te importa?¡Acaso se te pegó el complejo de héroe de Potter!

—Claro, porque el único héroe aquí eres tú ¿verdad?— respondió enojada dando un paso hacia el frente.

—Deja de provocarme, mujer—dijo Draco dando un paso también al frente.

—Entonces deja de gritarme—la joven dio otro paso al frente, sin dejar de mirarse fijamente a los ojos con furia.

—Entonces no te pongas frente al peligro.

— ¿Qué pasó? ¿Tuviste miedo? Es por eso qué gritas.

— ¡Sí, maldición!… Sí, tuve miedo ¿Y eso qué?

Ambos estaban tan enfrascados en su pelea que no se dieron cuenta en qué momento el señor Lovegood estaba parado a cierta distancia escuchándolos pelear, hasta que aclaró la garganta e hizo saber su presencia. Hermione fue la primera voltear y se alejó unos centímetros de joven.

—Señor Lovegood… Disculpe, no lo vimos— el hombre la miraba serio — ¿Escuchó lo que dijimos verdad?

El anciano no dijo nada. Solo se limitó a asentir con la cabeza y ambos supieron que no se salvarían de una reprimenda.


Ya era de noche, cuando en la mansión Greengrass George veía llegar a Daphne, abrazando a su hermana acompañadas de sus padres y de su hermano Ron. Sintió unas terribles ganas de ir sobre su hermano ya que sabía de sus malas intenciones, así que tuvo que hacer acoplo de toda su fuerza de voluntad para contenerse.

Entraron a La mansión y todos se dirigieron a la sala principal, dónde su elfa doméstica los recibió con gusto, a la espera de recibir órdenes. Daphne ayudó a su hermana a sentarse en el sillón, colocó una almohada detrás de su espalda para que estuviera más cómoda, intentado hablar con Astoria, pero ella le rehuía la mirada con ojos tristes.

— ¿No gustas acompañarnos a tomar una taza de té?—preguntó la señora Greengrass a Ron.

—Nada me encantaría más, señora. Pero creo que es hora de retirarme. Ya es tarde y deben descansar.

—Pero estuviste todo el día con nosotros y nos acompañaste hasta aquí—dijo Astrid y su esposo estuvo de acuerdo.

—Muchas gracias, pero sólo lo hice porque estaba preocupado por ustedes y ahora que los dejo en casa, me voy más tranquilo. Además no se angustie. Volveré en otra ocasión ¿De acuerdo?

—Pero eso no está bien, hijo—dijo el patriarca de la familia.

—No te preocupes Cyrus, ya es tarde y Astoria debe descansar —dijo posando una mano sobre el hombro de la aludida—cuídate mucho por favor, querida—le habló con fingida amabilidad.

—Bueno, está bien—dijo el hombre mayor.

—Y por favor, no duden en contactarme si necesitan algo ¡Estaré a su entera disposición!

—Gracias—respondió Daphne en el nombre de la familia, mientras su padre escoltaba a ron a la salida.

Astrid se sentó al lado de sus hijas, acariciando la mano de Astoria y depositando un beso en su frente.

—Hija ¿Ese hombre tan amable es el mismo que Granger acusa de golpearla?—Daphne asintió—Quién sabe qué tanto le habrá hecho a ese pobre hombre para merecer todas esas golpizas que dicen que le dio.

—Yo no le creo nada a esa Granger—soltó Daphne.

—Seguramente son mentiras de esa mujerzuela— secundó a su madre.

Astoria por su parte se sorbió la nariz mientras ahogaba las inmensas ganas de llorar.

Daphne la abrazó y se levantó del sofá para ir a su recámara por unas mantas para su hermana, mientras le ordenaba a su elfa que le preparara un té para Astoria.

Abrió la puerta de su recámara y al entrar noto la luz de una varita qué la apuntaba desde su cama. Esforzó un poco los ojos y pudo ver de quién se trataba.

— ¿Así es como me das la bienvenida, cariño?—dijo sarcástico.

Daphe sorprendida y alterada por partes iguales se apresuró a cerrar la puerta detrás de ella.

— ¿Pero qué estás haciendo aquí?¡Mi padre está en casa!

George se levantó y se plantó frente a ella.

—Lo sé, y no solo tu padre está aquí… ¡Mi hermano Ron también ¿Acaso es el nuevo amigo de la familia?

La joven se cruzó de brazos—Si, es nuestro amigo ya que nuestras antiguas amistades hicieron que mi hermana casi se quitara la vida… ¡Ahora sal por dónde llegaste y lárgate!

—No. No me voy a ir hasta que me des una explicación de lo que hiciste esta mañana.

—Sí, intenté matar a Draco y esa estúpida se interpuso ¿Y qué? Yo solo quería que sufrieran igual como mi hermana está sufriendo.

— ¿Ah, sí? Pues la única lastimada aquí serías tú.

—Y ¿se supone que debo sentir miedo?—respondió a la defensiva — ¿Tú me harás pagar por lo que hice?

El se acercó a ella sin dejar de mirarla —Estás muy equivocada si piensas qué no te haría daño.

— El que debe tener cuidado eres tú…no entiendo cómo das la cara por esa Granger y por Malfoy.

El sonrío — ¿Qué pasa? ¿Estás preocupada por mi?

— ¡No seas imbécil!

Dicho esto Dafne lo jaló del brazo hasta llevarlo a la ventana de dónde él había entrado, para que se largara de una vez de ahí. Pero no contaba que sus gritos habían llegado hasta los oídos de su padre y en ese momento el hombre entraba hecho una furia a la recámara.

— ¡¿Qué estás haciendo aquí, desgraciado infeliz?!—el hombre corrió hacia el joven pero no lo pudo alcanzar.

— ¡Papá!

— ¡Espera a que te atrapé! —le gritó desde la ventana pero el joven ya había desaparecido.

— ¡Papá, no sé cómo entró pero...

— ¡Tú, quédate aquí!… ¡Hablaremos después!

El señor Greengrass perdió el rastro del joven Pero sabía dónde lo podía encontrar así que se dirigió allí.


Ron llegó a su mansión y recordó que Alexander aún seguía en su estudio tendido en el suelo, amarrado de pies y manos esperando a su llegada para recibir su castigo, sonrío ante la idea de tener con quién desquitarse de la furia. Se acercó a su lado y con la punta del pie le pateó las costillas.

— ¡Qué bueno es que estás despierto, Alexander!—hizo un movimiento con el pie de tal forma qué el hombre quedó boca arriba y pudo mirarlo a la cara— Ahora me dirás ¿Cómo fue que dejaste escapar a mi hijo?

El hombre tragó saliva y respondió con dificultad —Hugo….lo mejor que sabe hacer es escapar….Es igual a su madre.

Esa respuesta hizo enardecer de furia las entrañas de Ron y apoyándose en una pierna se sentó a su lado, sacando su varita y encajándosela en el cuello volvió a preguntar:

—Responde otra vez… ¡Hugo de quién es hijo!—le dijo entre dientes—Piensa de nuevo ¡Pero si me das la respuesta incorrecta, juro que lo pagarás con tu sucia vida!¡Dime de quién es hijo!

— ¡Es su hijo!— dijo con voz débil Alexander, mirándolo con odio.

— ¡Dilo una vez más!

— ¡Es… Su hijo!

— ¡Una vez más!

— ¡Es su hijo!— gritó con las pocas fuerzas que le quedaban.

Ron suspiró satisfecho y quitó la varita del cuello del hombre.

—Al decirlo de esa manera me has quitado las ganas de matarte, aunque no del todo—sonrió malicioso, y con un hechizo lo desató.

Alexander apenas y pudo sentir el alivio en su cuerpo, pues lo sentía entumecido y con fuerzas nulas.

Ron se levantó, yéndose a sentar al sofá sin dejar de observarlo y disfrutar su sufrimiento.

—Duele ¿Verdad?— pero el hombre no contestó —Tus músculos no responden y no puedes pensar… Hice lo correcto en no matarte. Después de todo no sería inteligente matar a un hombre que depende de mi como un perro, debido a la gratitud y la gratitud se gana ¿No es verdad?— dijo sonriente y Alexander poco a poco se fue incorporando, quedando de rodillas frente a él, ya que se sentía mareado al tratar de levantarse del todo.

—Sin embargo, una de mis reglas no se cumplió ¿Recuerdas?— Alexander permanecía en silencio observándolos con desprecio— Por ejemplo, en un perro la gratitud puede volverse traición, pero si lo asustas lo suficiente, ese perro tendrá miedo de traicionarte—con su varita levantó la barbilla del hombre— porque si llegara a hacerlo créeme que tendría un castigo interminable —sonrió al ver el temor en los ojos de Alexander y lo soltó —Dime ¿Qué tal pasaste la noche?

—Fue un infierno.

— ¿No estarás planeando traicionarme, verdad?

Alexander negó con la cabeza— ¡Nunca!

Ronald sonrió complacido —Bien, ya puedes levantarte.

Alexander reunió todas sus fuerzas para poder levantarse lo más pronto posible y alejarse de su presencia qué tanto le desagradaba. Se apoyó sobre una pierna y luego sobre la otra y finalmente se irguió con dificultad.

—Espero hayas aprendido la lección y tengas en cuenta de que la próxima vez no seré tan benevolente… ¡Ahora largo!

Al decir esto, el hombre comenzó a caminar lo más rápido que le permitían sus pies, dirigiéndose a la salida.

…..

George llegó como una bala a sortilegios weasley, encontrándose con su amigo Neville cerrando el lugar, debido a que lo había dejado a cargo del negocio en su ausencia .

—Ah, hola George…

El joven abrazó a su amigo y con voz preocupada le dijo —Estos años que hemos pasado juntos a sido un tiempo muy bueno, hermano.

Neville le observaba confundido y preguntándose qué habría hecho ahora.

— ¿Estás bien?

—Una última cosa: No le digas a Daphne que tuve miedo o me revolcare en mi tumba.

— ¿Pero qué estás diciendo? ¿Qué hiciste?

— ¡Soy hombre muerto!—dijo y observó cómo a lo lejos Cyrus Greengrass se acercaba a grandes zancadas con la varita en alto—Y mi verdugo ya llegó.

— ¡Te encontré maldito! ¿Creíste que te saldrías con la tuya?—dijo azotando un puñetazo en la cara a George.

— ¡Oiga! ¿Pero qué le…?— defendió Neville apartándolo de su amigo.

Los hombres sacaron sus varitas, apuntándose unos a otros.

— ¡Este tipo entró a la habitación de mi hija a mitad de la noche!

—Señor Cyrus, es verdad qué entré por la ventana. Pero solo fue para hablar con su hija ¡No tenía otra intención!

—Señor, baje la varita —exigió Neville— somos dos contra uno ¡Está en desventaja!

Cyrus entró en razón notando su desventaja y poco a poco fue bajando su varita, acto que los jóvenes imitaron.

— ¿De qué tenías tú que hablar con mi hija?— exigió saber.

—Yo… —el cerebro de George se había quedado sin ideas para no decir la verdad y exponer a Daphne.

—Su hija intentó matar a Draco y a Hermione está Mañana — contestó Neville, ganándose una mirada asesina por parte de su compañero y una mirada escéptica del hombre.

—Mi hija no haría algo así.

— ¡Vaya y pregúntele a su hija…a ver si es capaz de negarlo!

— ¡Por culpa de ustedes y de Malfoy una de mis hijas casi termina en la tumba y la otra en Azkaban!

— ¡Cálmese, señor!— exigió George.

— ¡No me calmare mientras ustedes sigan molestando a mis hijas!

Neville desvío la mirada ¿Era posible que el hombre supiera de su interés por Astoria? No lo creía posible.

— ¡Usted no se merece a sus hijas!—le gritó George —Y si quiere guerra ¡Guerra tendrá!

—Te aseguro que está guerra, la ganaré —respondió Cyrus guardando su varita en su saco y alejándose, perdiéndose en la negrura del callejón diagon.

Tan pronto el hombre desapareció de su vista George empujó a Neville, enojado por boquiflojo.


Al día siguiente Draco salió temprano del ministerio y en lugar de seguir a Potter hasta la casa de los Lovegood para ver a Hermione y a Hugo, decidió dar una parada en el callejón diagon, más específicamente en la tienda de varitas de ollivander, tal vez con la buena memoria del viejo le daría la varita exacta para Hermione sin necesidad de que ella acudiera y así poder darle una sorpresa.

Pero la sorpresa fue para él, cuando saliendo de ollivanders desvió su mirada hacia un nuevo café que habían inaugurado hace unos meses y pudo distinguir tras el cristal de la ventana a Hermione hablando animadamente con Cormac Mclaggen. La ira y los celos se apoderaron de el y apretó el paquete en sus manos inconscientemente. Al darse cuenta, relajó su agarre y respiró hondo, tranquilizándose a sí mismo.

"Seguramente solo está hablando con él por cortesía"— pensó — ¿Pero por qué le sonríes? ¡Maldita sea!

En ese momento notó como ambos se levantaban de sus asientos abrazándose y despidiéndose con un beso en la mejilla, que a él le pareció demasiado cerca de la boca. Eso le hizo hervir la sangre y se acercó a grandes pasos hacia ellos.

—Espero de verdad que logres tu felicidad —dijo Hermione a Cormac con una sonrisa —y que no le des importancia a lo que los demás puedan decir de tu relación.

—Eres la primera a quien se lo cuento —respondió, tomándola de las manos amistosamente —y créeme: nunca olvidaré tu apoyo— Cormac levantó la vista y se percató de que Draco venía a toda prisa hasta ellos—Ah, hola Malfoy…

Sin embargo Malfoy ignoró su saludo y tomó a Hermione de la mano y se la llevó, a duras penas dejándola que se despidiera de Mclaggen. Salieron del café y se alejaron unos metros cuando ella se zafó de su agarre.

— ¡Suéltame! ¿Qué te pasa?— dijo enojada.

Él, conteniendo la ira, le contestó — ¿Qué me pasa a mí? ¡Más bien que te pasa a ti! ¿¡Cómo se te ocurre venir a verte con ese imbécil!?

—Eso es mi asunto ¡A ti no te concierne que haga o deje de hacer!

—Ese tipo es un aprovechado ¿Qué no te das cuenta?— explicó enojado y ella chasqueó la lengua.

—El no es ningún aprovechado, vine a despejarme un poco, me lo encontré y nos pusimos a platicar —dijo ante su mirada iracunda— ¡Es más, no tengo por qué darte explicaciones!—sentenció dándose media vuelta, alejándose mientras murmuraba lo estúpido que era Malfoy.

Draco antes de seguirla alcanzó a ver cómo Víctor Krum llegaba al café y saludaba amistosamente a Cormac para después sin ninguna inhibición besarlo en la boca. Tuvo que tallarse los ojos varias veces hasta convencerse de lo que estaba viendo era real y no una ilusión. Sonrió internamente y corrió tras Hermione, alcanzándola metros adelante.

—Hermione ¡Espera!—dijo tomándola del brazo, y ella se volteo molesta — ¿A dónde vas?

— ¡Lejos de ti!

El, sin perder tiempo la agarró del brazo para aparecerse detrás de Borgin Burkes, y así poder hablar abiertamente sin mirones a su alrededor. Ella se soltó de su agarre empujándolo con coraje.

— ¡¿Quién te crees que eres para tratarme así!?— él estaba por replicar pero ella no lo dejó

—Te agradezco infinitamente que nos hayas protegido a mi hijo y a mí, pero eso no te da derecho a hacer esto… ¿O es que te quieres convertir en Ronald?

Malfoy la pegó contra la pared, casi perdiendo la razón al verse comparado con Weasley.

—Yo no soy como él y te lo he demostrado.

—Entonces no te comportes como un neandertal — espetó empujándolo. Pero él no se movió ni un centímetro.

— ¿¡Qué no entiendes!? ¿¡Cómo se te ocurre salir sola y sin avisarme!?— gritó fuera de sí.

— ¡Y para colmo, para encontrarte con ese rubio insípido! ¡Pudo pasarte algo!

—Como te dije antes, el que te hayas jugado el pellejo por Hugo y por mi no te da derecho a tratarme como si fuera una cosa tuya ¡Porque no lo soy!—le gritó con las mejillas coloradas.

— ¡Te equivocas!—dijo desconcertándola y con sus miradas chocando entre ellas —¡Sí lo eres! ¡Eres mía y de mi corazón!— declaró y en un hábil movimiento atrapó sus labios en un beso.

Un beso que llevaban anhelando desde que se volvieron a encontrar… Un beso que contenía tantas emociones y sentimientos encontrados.

Ella, en un principio confundida y sorprendida por igual le llevó varios segundos asimilar la situación. En un principio intentó separarse, sin embargo el la atrajo de la cintura profundizando el beso y Hermione fue correspondiendo poco a poco.

Duró apenas unos segundos y, ambos abrieron los ojos mirándose fijamente, con sus corazones bombeando velozmente. Draco pudo percatarse de los miedos, la incertidumbre y miles de dudas en los ojos de Hermione. Quería decirle tantas cosas, pero nada salía de su garganta, ya que temía asustarla.

Pasó un segundo y pasó otro, en los que sus ojos no dejaban de mirarse, convirtiendo ese breve instante, en uno interminable dónde el mundo giraba solo para ellos. Malfoy contuvo la respiración al tiempo que el miedo al rechazo se acrecentaba en su mente, pero entonces la joven acercó su mano temblorosa a la pálida mejilla de Draco, y de ahí la deslizó hasta detrás de su nuca, acariciando el suave y liso cabello rubio.

Lentamente cerró los párpados y envolvió sus manos alrededor del cuello de Malfoy, y movida por un impulso, estampó su boca contra la suya, dejando sus miedos de lado y dejándose llevar por lo que sentía, recordando aquellos encuentros en el baño de prefectos y en la sala de menesteres y por un instante se sintió en el pasado antes de que las intrigas y mentiras de Ron los separaran, antes de la violencia, las amenazas y la muerte de su padre.

El choque de realidad le hizo separarse abruptamente del beso y con lágrimas en los ojos susurró un "no puedo", y salió corriendo, escapando de él y sus sentimientos.


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