Todos los personajes y escenarios pertenecen a J.K. Rowling


Draco salió de la habitación de su padre y se encontró con su madre con expresión de preocupación poco común en su rostro.

-Draco ¿cómo está?- indagó su Narcissa acercándose a su hijo

-Estable. No te voy a mentir, madre; sus pulmones están muy mal, tienen un hongo que se ha desarrollado por años, quizá desde su tiempo en Azkaban, no lo sé. Pero los síntomas se empezaron a notar claramente hace dos años. Quizás antes tosía levemente o sentía algún malestar que no le dio importancia. Afortunadamente aceptó seguir el tratamiento que le voy a recetar.- dijo Draco con una sonrisa amable.

-¿De verdad? Eso es… fantástico. Gracias, Draco- dijo su madre abrazándolo- ¿Puedo verlo?

-Claro, es más, necesitaré que te asegures que de verdad siga el tratamiento. Yo ahora voy al laboratorio para preparar las pociones.

Draco estaba en el laboratorio que tenían en la mansión, de aquellos días cuando Draco aún estaba en Hogwarts y debía practicar para pociones. Narcissa daba órdenes a algunos elfos para que consiguieran ingredientes que Draco necesitaba y no había o estaban echados a perder. Lucius por su parte, decidió salir de la cama, no era ningún inválido.

Se puso de pie y se apoyó en su bastón, que algún día fue señal de clase y elegancia y hoy era su soporte para mantenerse en pie y poder caminar.

Salió de la habitación y comenzó a caminar con dirección a las escaleras. En ese momento entró una lechuza de los Malfoy. Lo cual lo extrañó. La interceptó y quitó la carta que traía en su pata.

Al ver que el destinatario era su hijo decidió guardarla para dársela después, pero al ver quién era el remitente, cambió de parecer. Regresó a su habitación y selló la puerta para que nadie entrara y abrió la carta.

Querido Draco, Que bueno que todo va bien, amor; te dije que podrías pasar un buen momento. Y si lo consideras prudente, también envía mis saludos a tu madre. Yo sigo aquí en la Reserva, estos días ha habido muy mal clima, los dragones están un tanto alterados, el frío es más fuerte cada vez, he tenido algunos problemas con mi cabaña pero nada demasiado grave. Espero que tengas una gran navidad, cariño. Por cierto, sé que quedamos de vernos el 30 para ir a la Madriguera pero tengo un cambio de planes. Te veo el 29 en tu apartamento después del trabajo, alrededor de las 8pm. Te tengo una sorpresa, después podríamos ir a cenar a ese restaurante refinado, caro y pomposo que tanto te gusta. Te amo, Charlie Weasley.

Lucius estaba molesto después de leer es carta, pensó en desaparecerla, quemarla, romperla; pero decidió regresarla al sobre y dejarla como cuando llegó. No podía dejarse cegar y actuar como un idiota Gryffindor sin pensar.

Tenía que ser más astuto, planear bien su siguiente paso. Si de verdad sus pulmones estaban tan dañados como Draco sugería, podría ser que las pociones no hicieran nada y su muerte estuviera más cercana de lo pensado. No podía dejar a su hijo y esposa desprotegidos sin su futuro asegurado por todos lados. Y eso significaba tener que quitar de su camino a ese Weasley que nada tenía para ofrecer a su hijo.

Sus cavilaciones se vieron interrumpidas por un toquido en la puerta, regresó a la cama, quitó el sello en la puerta y permitió la entrada a su hijo.

-¿Por qué estaba la puerta sellada?

-No es nada, creo que alguna vieja costumbre- dijo Lucius haciendo referencia al tiempo en que su casa fue sede del Señor Tenebroso.

-Bien, aquí tengo un par de pociones, son las bebibles, por el estado de tus pulmones, puede que la mejoría tarde algunas semanas en mostrar avance. La que es inhalada aún se está haciendo, tarda unas cuantas horas más. Te dejaré suficiente hecha de todas para que puedas concluir el tratamiento sin problema- dijo Draco entregando dos viales a su padre.

-Bien. Necesito que me des alguna poción vigorizante, odio no poder moverme y tampoco quiero que tu madre se siga preocupando.

-De acuerdo, bajaré a hacer un poco y te la traeré cuando esté lista. Tómate las pociones- dijo Draco antes de volver al laboratorio.

-¡Posty!- Llamó Lucius a uno de sus elfos.

-Dígame, Amo; ¿en qué le puede servir Posty?- dijo el elfo haciendo la tan marcada reverencia.

-Llévale esta carta a mi hijo, dile que una lechuza llegó y al no tener acceso al sótano tú la recibiste.-ordenó Lucius arrojando la carta al elfo.

-Como usted ordene, Amo.

Horas después la cena estaba lista, por insistencia de Lucius, los tres cenaron a la mesa, tal y como manda la tradición y costumbre de los Malfoy en víspera de Navidad. A la mañana siguiente, Draco abrió el regalo que su madre le había conseguido y él le entregó a sus padres un obsequio de igual manera.

Después de un par de horas de charlas triviales, Draco decidió volver al sótano a verificar que las pociones de reserva estuvieran completas. Igualmente decidió hacer unas cuantas extra para el malestar de cabeza, para dormir, vigorizantes, para heridas, calmantes, para la tos, etc.

Cuando terminó, ya era casi hora de la comida, subió a almorzar con sus padres. Todo estaba saliendo mejor de lo que creyó, sin contar el episodio del problema de salud de su padre, todo iba bien. Por la mirada en el rostro contento de su madre, podría casi jurar que la invitación a pasar Navidad ese año ahí, fue parte de una treta para que viera el estado de su padre y pudiera ayudarlo.

Era ya entrada la noche cuando Draco pudo al fin leer la carta que le había dado Posty. No pudo evitar poner una sonrisa en su rostro, ¿qué sorpresa le tendría Charlie? Debía ser importante si había considerado ir al "restaurante refinado, caro y pomposo que tanto le gustaba". Bueno, ahí podría aprovechar para darle la sorpresa que él igualmente le tenía guardada.

Draco decidió no responder a la carta, total, en unos días se verían.

Draco partió a Paris la mañana del 26 de diciembre, no sin antes repetir a su madre el tratamiento de Lucius. Ella lo abrazó amorosamente y le dijo que no dejara de escribir, que deseaba tenerlo de visita pronto.

.

..

Era 28 de diciembre, Charlie sentía frío en cada parte de su ser, este invierno fue mucho más duro que cualquier otro en Rumania desde su llegada hace años. Había viendo, lluvia, nieve; un maldito árbol cayó causando averías en diferentes cabañas. Igualmente, se crearon goteras por el reblandecimiento del techo con las constantes y fuertes lluvias. La cabaña de Charlie tenía al menos 2 en la sala y una en la habitación, no importaba cuanto intentara cerrarlas, se volvían a abrir en la siguiente lluvia.

Estaba tratando de terminar de empacar para al día siguiente ir al departamento de Draco, tenía todo lo importante listo cuando alguien tocó la puerta de su cabaña. Cuando la abrió definitivamente no esperaba ver a esa persona.

-Se.. señor Malfoy- tartamudeó Charlie- ¿en qué le puedo ayudar? Si busca a Draco él…

-Por su puesto que no busco a mi hijo, sé perfectamente donde está- interrumpió Lucius con disgusto.- ¿Me invitarás a pasar o ni siquiera para eso dan tus modales?

Charlie salió de su estupor y se quitó del marco de la puerta permitiendo el paso al elegante hombre que miraba a su alrededor con repugnancia, hastío y aversión.

-¿En qué… en qué le puedo ayudar, señor Malfoy?- preguntó Charlie nervioso.

-¿Tú? En nada, claramente- contestó Lucius con antipatía.- Mi visita a este… lugar es meramente informativa, de hecho, es posible que cuando termine de decirte lo que vengo a comunicar, me agradezcas.

Como seguramente sabrás, mi hijo pasó estas pasadas fiestas en la Mansión. Su madre y yo aprovechamos la ocasión para tener una reflexiva y sincera conversación con él. Nos preocupaba de sobremanera su estilo de vida, no es propia de alguien como él. Podrás estar de acuerdo que Draco es un hombre sumamente inteligente, capaz, preparado y sensato. Sus habilidades están siendo desperdiciadas en Francia, por lo que aludiendo a esa misma sensatez de la que ya hablamos, le pedimos que de favor considerara hacer un acuerdo con nosotros, donde él volvería a Inglaterra, para tomar su lugar como legítimo heredero de la Familia Malfoy, hacerse cargo de los negocios familiares y contrajera matrimonio con la hija menor de los Greengass y a cambio, él podría poner un consultorio médico donde ejercer su profesión como medimago episódicamente y podría atender a su madre, quien se encuentra delicada de salud.

Como era de esperarse, Draco se puso un poco a la defensiva al principio, pero cuando terminamos de explicar que él podría tener una vida un poco más cómoda de la actual y seguir practicando como sanador. Nos pidió unos días para reflexionar, al final, nos comunicó su decisión y determinó tomar la oferta, sobre todo por el bien de su madre.- terminó su discurso Lucius.

-¿Qué? Eso no… no es cierto- susurró Charlie conmocionado, su mente estaba nublada.- me lo habría dicho, yo…

-Lo es, él en este momento se encuentra en la mansión, disponiendo de su antigua habitación, sus bienes han sido trasladados y una vez empezando el año comenzará con los trámites para hacerse cargo de los negocios, asimismo de la planificación de la boda. En los próximos días se hará el anuncio a los periódicos, pero Draco deseaba que tú te enteraras antes, cree que... te lo debe, por estos años. Por eso me encuentro aquí.- explicó Lucius mientras sus ojos se clavaban en las goteras de la sala.

-¿Y por qué no vino él personalmente?- razonó Charlie no queriendo creer las palabras del hombre frente a él. Draco nunca le haría algo así.

-Bueno… supo que sería difícil anunciar la decisión, de igual modo acordó que sería mejor cortar cualquier comunicación y vínculo entre ambos, por lo que estoy aquí, como parte del acuerdo con él.- aclaró el rubio con una cara que dejaba claro la repulsión y poca disposición a estar ahí más tiempo del necesario.

-No, yo… yo necesito verlo… yo quiero que él me lo diga, que… - dijo Charlie cada vez más desesperado y desconcertado.

-Mira, Weasley, ya cumplí con mi parte del trato con Draco y te informé antes de que lo vieras en los diarios. Ahora, si tanto dices amar a mi hijo, date cuenta que esto es lo mejor para él, incluso para ti, ¿de verdad crees que van a ser felices por mucho tiempo? Draco está acostumbrado a otro tipo de vida, por mucho que se niegue a aceptarlo en voz alta, a él le gusta el lujo, lo elegante, lo exclusivo. Has estado en su departamento, supongo, no me digas que está en una zona baja de París, una ciudad de las más caras en Europa debo mencionar, su departamento es opulento, ¿crees que cambiaría eso por… esto?- dijo Lucius señalando la humilde cabaña y las claras goteras.

-Tú no tienes nada que ofrecerle a mi hijo, ni un techo digno, ni la oportunidad de desarrollar su carrera plenamente, siempre estaría atado aquí. Incluso, no podría caminar por Londres a tu lado sin que crean que te ha hechizado o dado una poción de amor para sacar ventaja de ti. Draco nunca sería realmente feliz a tu lado. ¿Alguna vez te mencionó de sus deseos de ser padre? Apuesto que no- concluyó Malfoy cada vez más hastiado.

-No, no, no. Draco y yo tenemos una cita mañana, yo iba a…

-Ah sí, sobre eso… nos lo comentó, quiere dejar en claro que se cancela, obviamente, esa… reunión. Por eso no respondió a tu carta anterior. Ahora hazle a todos un favor y deja a mi hijo en paz. No lo busques, no le mandes lechuzas porque serán intervenidas en la mansión, la flú está cerrada y su departamento en Francia está siendo vendido en estos momentos. Gracias por tu transigencia, ten un buen día.- dijo Lucius saliendo de la cabaña, dejando a un muy aturdido y atormentado Charlie.

Su respiración era errática, sus ojos se empezaban a llenar de lágrimas y sintió un gran dolor en el pecho que no le permitía respirar, se acercó a la chimenea, intentó llamar por flú al departamento de Draco pero nadie contestó. Charlie no sabía qué hacer, no sabía qué pensar. Miró a la mesa de centro, donde tenía una cajita negra y sólo pudo pensar que era muy tarde.

Fue a su habitación y tiró la valija que tenía en la cama al suelo. No quería saber nada de nadie. Quería a Draco ahí, a su lado, diciendo que todo era mentira. Quería que ese dolor en su pecho se fuera. Sintió varias gotas caer sobre su rostro, volteó al techo y vio la gotera sobre su cama, estaba lloviendo de nuevo.

Lucius Malfoy tenía razón, él no tenía nada que ofrecer a alguien como Draco.


Nota de la autora:

Pues vengo con un poco de drama, hay que sufrirle un poquito y entonarnos otro poquito.

Ya estamos en la recta final, quedan muy poquitos capítulos para terminar.