Notas para los de habla inglesa: Voy a empezar a editar y traducir otra de las historias. ¿Prefieren "Entrelazados" o "¡No pudo ser!"? Dejo abierta la votación hasta el viernes 16 a la medianoche, ya que la idea es empezar el fin de semana.
PPP
El Sr. Gardiner al leer la triste noticia, habló con algunos de sus conocidos y en menos de una semana consiguió tres compradores para los libros del Sr. Bennet, y otros dos potenciales compradores para las otras rarezas que tenía a la venta.
Posteriormente fue a Longbourn a buscar los libros y todos los objetos valiosos que estaban a la venta, y en pocos días Thomas recibió 800 libras para dividir entre sus cuatro hijas.
Además, el Sr. Gardiner habló con Fanny y su cuñado ya que había un caballero que recientemente había vuelto de America con una fortuna que años atrás había estado muy interesado en Jane, el Sr. Pratt. Incluso le había escrito unos poemas, pero como en aquel entonces Jane era muy joven, y el aun no tenía buenos ingresos, todo quedó en nada... Ahora la situación era distinta, el Sr. Pratt tenía 30 años, acababa de comprar una casa muy bonita en Londres donde vivía con su madre, tenía una fortuna superior a 10.000 libras y era socio del Sr. Gardiner.
Al principio, Fanny titubeó ya que aspiraba a que Jane se casara con un caballero muy rico o incluso el hijo de un conde; pero cuando llegó la carta de Elizabeth diciendo que iban a venir recién a fin de año y que en Pemberley no había vecinos solteros, decidió que era mejor pájaro en mano que 100 volando.
Por su parte, el Sr. Bennet era mucho más realista y sabía bien que era prácticamente imposible que el hijo de un conde se casara con la hija de un caballero de menor rango que tenía una dote tan pequeña.
Finalmente, sobre mediados de octubre, Jane se fue a Londres a pasar una temporada con los Gardiner. Dos días después de su llegada, la Sra. Gardiner invitó al Sr. Pratt y a su madre a cenar…
Al principio la conversación entre el Sr. Pratt y Jane fue relativamente incomoda. Ambos estaban relativamente nerviosos, y no tenían temas en común. La Sra. Gardiner con su simpatía y habilidad logró salvar la situación, haciéndole preguntas interesantes al Sr. Pratt e instando a su sobrina a que participara de la conversación.
"… es una gran pena que nuestro Reino este nuevamente en conflicto con América. Desde hace muchos años que me pregunto cómo es la vida en América y en particular en Boston."
El Sr. Pratt sonrió ya que hacía unos minutos que estaba tratando de entablar conversación con la Srta. Bennet sin éxito, "Sin duda es muy distinta a la vida que llevamos en Londres." Hizo una pausa, "Si bien la ciudad en los últimos veinte años creció muchísimo y constantemente llega gente a establecerse, es mucho más pequeña que Londres. Es un país que ofrece grandes oportunidades para las personas que quieren trabajar y prosperar." Sonrió, "Una de las cosas que me llamó mucho la atención es que hay muchas mujeres que trabajan a la par de los hombres."
Jane lo miró y preguntó intrigada, "Pero, ¿En que trabajan las mujeres?"
"Varias de ellas atienden los comercios junto a sus maridos, padres o familiares, o incluso hay mujeres que son dueñas de sus propios comercios." Sonrió, "Por supuesto hay otras que prefieren quedarse en la casa a cuidar a sus hijos, y no les gusta involucrarse en los negocios de su marido, padre o hermano."
"¡Qué interesante!" sonrió la Sra. Gardiner, "Cuando era joven, me encantaba estar en la librería que tenía mi padre en Lambton, y estoy segura que si no me hubiese casado probablemente aún sería dueña de la librería y yo misma la atendería."
El Sr. Gardiner sonrió y comentó galantemente, "Me alegro mucho que logré convencerte que te casaras conmigo,"
Todos rieron y el Sr. Pratt mirando a Jane preguntó, "¿y usted Srta. Bennet? ¿Le gustaría ser dueña de un comercio?"
Jane no supo que contestar, hasta ese entonces, como hija de un caballero, nunca había pasado ni remotamente por su cabeza la idea de trabajar. Siempre pensó que algún día se iba a casar con un caballero, iba a tener una casa grande y bonita, varios sirvientes a su disposición y se ocuparía de criar a sus hijos…, pero, ¿era eso lo que realmente quería en su vida? ¿O simplemente era lo que se esperaba de ella?
Con honestidad contestó, "Hasta ahora nunca había pasado por mi cabeza la posibilidad de tener un comercio o trabajar…"
El Sr. Pratt la interrumpió, "Es normal que nunca haya pensado en eso." Sonrió levemente, "me olvidé por un instante que usted es la hija de un terrateniente, y como tal, probablemente desde que nació le inculcaron que una señorita no debe trabajar."
Jane quiso negar tal afirmación, pero sabía que lo que decía el Sr. Pratt era verdad, y solo se limitó a contestar, "Cuidar a los niños, coser, bordar y ocuparse de la casa, son tareas que el ama de casa debe hacer…"
Siguieron hablando sobre varios temas, y los Pratt se retiraron sobre las 10:00 PM. Ni el Sr. Pratt ni Jane quedaron conformes con la reunión después de tantos años…, pero se iban a volver a ver en tres días.
