Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin no me pertenecen.
Advertencias: Lenguaje vulgar. Alusión a consumo de drogas y prostitución.
CAPÍTULO 1
−¿Eres un mafioso?
El muchacho de quince años se encontraba recostado de una pared desgastada al lado de una puerta tan mohosa y gastada como las otras del edificio. Tendría una hora esperando que viniera el inquilino del apartamento 13. Los números de la puerta estaban decolorados y torcidos, la madera ya se estaba abultando por la humedad y el pomo se había vuelto negro carbón. Su propio departamento, que se hallaba bajando el corredor, tenía las mismas condiciones.
Era un chico de piel olivácea, con unos ojos verdeazulados tan grandes que hacían apreciar su rostro más huesudo de lo que era, pero había cierta fiereza dentro que no podía ser eludida. Tenía una camiseta ancha beige que en algún momento fue blanca, unos pantalones de chándal negros y unas chancletas raídas.
−¿Quién te dijo eso? –Preguntó el recién llegado de vuelta, girando la cerradura para entrar al departamento. Se complació de oler todavía el desinfectante de lavanda, era lo que usaba para limpiar el suelo.
Eren se encogió de hombros, sin mirarlo al pasar dentro. El otro resopló por el atrevimiento, pero no se quejó, solamente cerró la puerta tras los dos.
−¿Y bien, mocoso? –Cuestionó, quitándose los zapatos y dejándolos junto al otro par unas tallas más pequeñas. Le irritó descubrir que no era tanta la diferencia.
−Es lo que dicen todos. –Respondió Eren sin miramientos, dejándose caer en uno de los sillones, mirando alrededor como siempre hacía. –Que estás huyendo de la mafia y que por eso te escondes aquí. ¿Es cierto? Porque eso sería muy cool.
Al muchacho le gustaba el departamento de su vecino. Por dentro, era muy agradable, nada parecido al suyo. Se notaba que los muebles no eran viejos, todo estaba ordenado, limpio y tenía un aroma rico. El hombre de cabello negro se perdió en una habitación unos minutos, el ruido del agua del grifo fue todo lo que se escuchó.
Volvió secándose las manos con una toalla. Su vecino era muy pulcro, todo su aspecto lo demostraba. Tenía un rostro afilado, un afeitado militar, una piel que se notaba bien cuidada, vestía siempre algún traje oscuro. Sus ojeras podrían indicar que no dormía bien.
−No estoy huyendo. –Fue lo que respondió, cortante. –Tampoco soy mafioso.
El chico se alumbró como una lámpara.
−¿Eh? ¡Ya decía que no lo eras! –Farfulló alegremente Eren. –No me hubiera molestado que lo fueras, pero se ve que eres un buen hombre, Levi.
Levi Ackerman suspiró, yendo hacia la cocina. Puso una tetera al fuego y le vertió agua. Era imposible deshacerse de su vecino Eren Jeager, quién tenía un interés particular en Levi. Siempre lo esperaba afuera de su vivienda, como si no tuviera algo mejor que hacer. Y cada vez que hablaban, parloteaba sin cesar de todo, hacía demasiadas preguntas. Acabó insistiendo tanto que finalmente dejó que entrara al departamento.
−No soy un buen hombre. –Le respondió, volviendo a la sala de estar. –Y no me digas Levi.
Era un departamento pequeño. Una caja de fósforos tenía más espacio. Consistía tan solo en un recibido/sala de estar/comedor, una cocina, una habitación y un baño. Tuvo que comprar muebles, pintar de blanco y limpiar el suelo incansablemente. Pero, al menos ya estaba decente.
−Lo siento, señor Ackerman. –Se burló Eren, acomodando las piernas encima del taburete.
Levi puso los ojos en blanco. Era un chico malcriado.
Al volver de la cocina otra vez, traía un par de tazas de té. Las dejó sobre la mesa, para luego traer un envase con galletas y el tarro de azúcar. Eren ya se encontraba sentado en su asiento para esos momentos, no tardó en agarrar una galleta para mordisquearla. No pudo evitar preguntarse si el muchacho estaría comiendo adecuadamente.
−¿Cómo está tu hermano? –Le preguntó al menor, observando atentamente su expresión.
Eso consiguió desinflarlo, sus hombros bajaron un poco, incluso parecía que comía más lentamente su galleta.
−Está como siempre. –Murmuró, pero su incomodidad no duró más que un segundo. –Pero, eh, eh, escucha esto. Uno de los amigos de Zeke me prestó su teléfono. ¡Y tenía internet! ¿Puedes creerlo? Vi un tutorial de cómo hacer manicure. ¡Mira!
Levi se quedó perplejo un instante, mirando las uñas de Eren pintadas de colores, unas rojas, algunas verdes, otras amarillas. Todas habían sido decoradas con perlas que formaban un corazón. Sinceramente, estaban pésimas.
−No están mal.
−¡¿Verdad?! ¡Están monísimas! –Prácticamente gritó.
Estaba bastante convencido de que Zeke Jeager vendía su cuerpo por drogas. Era un adicto sin remedio a la heroína, uno de tantos por esa zona. Pero, vivía con su hermano de quince años y aunque Eren no mostrara señales de que pasara nada demasiado horrible con él, Levi estaba seguro de que habría problemas. Nunca faltaban cuando se trataba de chicos, pensó amargamente, él había tenido su propia experiencia.
Bebió de su té en silencio, escuchando lo que parloteaba Eren sobre la manicure. No salió del trance hasta que el chico dijo algo que lo desconcertó.
−¿Por qué preguntaste por mi hermano? –Dijo en tono acusador, mirándolo con sospecha. −¿No será que te gusta?
Casi se atragantó con el té. Ya no recordaba lo que era una risa, pero le salió un ruido de la garganta que sonó como una tos ronca.
−No me hagas reír, mocoso. –Espetó Levi, mirándole ahora con dureza. –Preferiría tirarme del balcón que gustar del mono que es tu hermano.
Eren sí rio con ganas, tanto que se agarró el estómago y los ojos se le humedecieron. Cuando finalmente se calmó, miró al otro con una sonrisa brillante. Ese chico tenía un don para sonreír, para traer luz.
−Qué bueno, porque tú me-
Lo interrumpió el ruido de la puerta siendo tocada. Alguien la golpeaba con insistencia.
Levi enarcó una ceja. No recibía visitas jamás y ya había pagado la renta, así que el dueño no tendría por qué fastidiar. Quizá fuera otro vecino chismoso, pedían azúcar sólo para echar un vistazo dentro del apartamento.
Al entreabrir la puerta, se encontró con las narices de Zeke Jeager. Maldijo en su cabeza, intentando mostrar sólo el rostro. Zeke vestía unos jeans rotos, una franela deportiva y, como siempre, tenía el rostro todo barbudo, grasoso y flacuchento. Qué asco. Estaba rascándose el cuello, mirándole con intensidad.
−Buenas tardes. –Dijo, ahora colocándose bien las gafas. −¿No habrás visto a mi hermano Eren? No ha llegado de la escuela, creí que podría estar aquí. Los vi conversando hace unos días.
−No está. –Respondió inmediatamente Levi, sin inmutarse. −¿Eso era todo?
El tipo ladró una risa seca.
−No, es que, verás, ya he preguntado en todos lados. Eren no es de quedarse mucho fuera. Tiene que estar aquí contigo.
−¿Estás diciéndome mentiroso?
Zeke palideció, claramente sorprendido por la rudeza del otro. Se removió más incómodo que antes, pero no se echó para atrás.
−No, claro que no, yo sólo decía que… −Suspiró, tirándose del cabello. –He visto como lo miras ¿de acuerdo? Sólo tiene quince años. Si lo que deseas es follar, podemos hacerlo cuando quieras, eres sexy. Pero, no lo tendrás. Al menos no gratis, podemos negociar.
No esperaba la patada que fue directo a su estómago, lanzándole contra la pared de atrás. Levi cerró la puerta de un trancazo, pero se quedó unos segundos parado hasta que escuchó al tipo maldecir y finalmente largarse.
Eren salió de la cocina, viéndose como si hubiera escuchado todo. Tenía los ojos húmedos, aunque no parecía haber llorado. No lo miró al dirigirse hacia la puerta, aunque se detuvo al llegar hasta ella.
−Gracias por las galletas, señor Ackerman. –Murmuró. Y añadió: −¿Ves? Creo que le gustas.
Levi también dejó que se fuera, apretando los dientes. No fue hasta que escuchó la puerta cerrarse que golpeó la pared con todas sus fuerzas. Ese chico definitivamente sería vendido por unas dosis de heroína.
Y él no podría ayudarle.
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Hola, hola, ¿cómo están?. Les traigo una historia que tengo rato guardada. Está basada en la película "The Man From La Chinita", pero no será totalmente igual, porque ya va harto de que la vi y no recuerdo cómo iba. Tengo algunos capítulos ya listos que iré subiendo cada tanto. Y y espero que le puedan dar una oportunidad. Saludooooos.
-Cece
